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Martes, 16 Marzo 2021 20:31

El adiós a “La Safo” / Sergio Salinas /

 

 

El adiós a “La Safo  

Sergio Salinas

 

“Las cosas que terminan dan paz y las cosas que no cambian
comienzan a concluirse, están siempre concluyéndose.”

José Donoso, “El lugar sin límites”

 

¡Ay, mi querida Safo, hace tanto que no me acordaba de ti! Pero hoy precisamente pasé por nuestro edificio en tu calle de Santa Sor Juana, donde creciste con ella como una de tus musas y encontraste el amor a las palabras, esas que de tu boca borbotaban como de una fuente. Recordé esas tardes de domingo de ensueño en los lavaderos de la azotea. La frescura de nuestras sábanas, el aroma a jabón Zote y tu evidente cruda se mezclaban mientras lavabas esos hermosos vestidos de lentejuela que usabas las noches anteriores. Esos que entre tú y tu madre confeccionaron, los que reflejaban tan bien la luz del sol vespertino entre las burbujas, como también reflejaban los reflectores de los escenarios que llamaste hogar. ¡Cómo pude olvidarte por tantos años! Una estrella como tú aún sigue brillando, pero detesto recordar historias tristes y la tuya me llena de tanta culpa. Pero a pesar de lo cabrona que fue la fortuna contigo, hoy me atrevo a ponerle fin a esta amnesia voluntaria para no permitirme borrar tu gran recuerdo de la faz de mi memoria.

Te conocí sólo por tus relatos, por tus versos, por las canciones que con enjundia entonabas. Daba lo mismo si te pedía un soneto de Pita Amor o “Tu muñeca” de Dulce. Siempre me fue tan difícil darle rostro de diosa a un chiquillo diseñador veinteañero flacucho y tostado. Lo que de altura te faltaba, tu nombre te alzaba al cielo y tu voz estruendosa al edificio cimbraba. Hacías hablar hasta a los ladrillos de la azotea. No era de sorprenderse que después de varios domingos coincidiendo también conmigo harías sucumbir enamorado a las tertulias de lavanderas. Así te conocí, hasta aquel domingo que no apareciste.

En las noches de sábado sobre mi techo escuchaba tus tacones punzando el suelo, tu puerta cerrándose de chingazo y tu infame grito de “¡buenas noches, vecinas!” que exasperaban a los más viejos de aquel edificio de Santa María. Más de uno quiso golpearte, pero con tu labia y sensualidad femenina, les encantabas con tu casi infantil candor. Un par de veces me asomaba con la excusa de un cigarro en mi balcón para despedirme de ti, como si hubieras sido mi gran amiga, mi pequeña novia, y tú con tus pelos de Amanda Miguel o de la diva ochentera que tocara encarnar esa noche en los bares de República de Cuba, me volteabas a ver y me mandabas un beso tronado. Luego recuerdo esas madrugadas en que regresabas bien entonada, declamando a Sor Juana, despertando a todos.

Fue una madrugada de domingo cuando me levanté a tomarme mi café y a esperar escuchar tu alboroto, que ese alboroto no sucedió. Llegaste tarde, directa a la azotea, donde te esperaba para nuestro chismecito, pues a esa hora siempre recitabas tus trapitos al sol, como heroína de las noches. Esa tarde fue distinta. Andabas contentísima. Recuerdo que te expresé mi preocupación cuando no apareciste como siempre y tú con soltura me confesaste: “no seas celoso, pasé la noche con un gran amor”.

|A aquel canalla lo conociste saliendo del antro. Andaba de juerga el hombre, en alguna cantina cercana y se le hizo fácil ir a buscar a un “maricón”. Y tú, en tu gracia ingenua, tu sed de amor, le viste tan guapo que en algún callejón húmedo del centro se ahogaron en más tequila y pasión. Estabas orgullosa de haber cazado a tan viril cuarentón, aventurero como tú.

Pasaron los domingos y dejaste de ir a lavar la ropa. Dejé de escuchar las aventuras de “La Safo”. Siempre pensé que te habías puesto aquel nombre por “zafada”, porque loca como tú no existe, pero fue por el nombre de otra mujer trágica que el poeta de tu amado y difunto padre solía nombrar. Hasta ahora sé que el destino te hizo una perversa jugarreta al escoger ese nombre, al escoger a ese hombre, a ese tu Faón.

Nunca supe qué fue de ustedes dos en ese mes. Esa historia me llegó en fragmentos, en pedazos de rumores como ecos en los pasillos del edificio, en pedazos de las trifulcas fuera del portón entre tú y él o los llantos de tu anciana madre que atravesaban los muros. Tu voz dejó de inundar estrepitosamente las costas de nuestros oídos, el brillo de tus lentejuelas se fue descosiendo. La oscuridad de aquel cabrón te domaba. Ahora eras el peor despojo mudo, un fantasma desangrándose en lamentaciones sobre Eje Central, caminando con el tacón roto hasta los brazos enclenques de tu madre. ¡Ay, mi querida Safo! No entendiste que en ese hombre cobarde no encontrarías el amor de tu padre muerto; ese sólo podrías reencontrarlo en el Cielo.

Todos sabíamos en el edificio tu trágica historia. Cada verso alegre que ya no nacía de tu pecho fue una advertencia. Pero preferimos no involucrarnos, como los televidentes no intervienen en el desenlace de la telenovela. Te miramos decayendo en silencios, enamorada de un hombre casado y discreto. Me arrepiento tanto de haber sido solo un morboso voyerista de tu declive, un testigo pusilánime, un aliado de tu desventura. ¡Me arrepiento de no haberte dicho adiós!

Aquel lluvioso domingo no regresaste. Escuchamos a las sirenas azules y rojas llorándote a lo lejos. Asomé el corazón por el balcón y pude ver tu fantasma regresando en lentejuelas, enamorada de las palabras, mas no fue sino un aire de tu ausencia, pues aquellos policías te llevaban en una brevísima declaración para tu madre, para notificarle que era necesario ir a reconocer tu cadáver.

Fue el lunes camino a la Universidad cuando leí en la nota roja que a putazos habían callado tu voz escandalosa. Me lastimó el alma leer de algunos redactores rufianes tus últimos momentos y aunque decían no saber quién era el culpable, todos sabíamos quién te había molido a golpes afuera de los Finisterre, en el mar de las lluvias de agosto sobre San Rafael. ¡Ay, Safo! No fue el mar violento sobre tu piel que te resquebrajó la vida como a tu homónima, si no los puños de un cobarde y sus compadres, que te citaron en los baños con una trampa amorosa, para borrar de él un amor indeseado y el reflejo esplendoroso de un brillo que envidiaba. Te viste seducida por una promesa de perdón y olvido, tentada por la muerte o por el reencuentro con tu padre y caminaste a un inminente suicidio, para cumplir un injusto y despreciable destino. Nadie fue para ayudarte a plena luz de la mañana, nadie fue para acusarlo, nadie fue para socorrer a tu madre en la desdicha. A esta Safo, a ti nuestra Safo, no te mató el mar, te matamos toda la pinche gente.

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Martes, 16 Marzo 2021 20:22

El tatuaje Por Felipe Díaz

 

 

El tatuaje

Felipe Díaz

 

— ¿Por qué tatuarse unas alas? — Preguntó Eduardo después de varios minutos de haber aterrizado su mirada en la espalda desnuda de Tatiana. El tatuaje era fastuoso: unas alas, cuyas plumas se extendían de hombro a hombro y del cuello a las dorsales.

— Yo no elegí el tatuaje… las alas me eligieron a mi— respondió Tatiana somnolienta y pausadamente. Él se echó a reír con franca vulgaridad. Ella levantó con sutileza la cabeza y con la mirada le respondió que le daba lo mismo si le creía o no.

El silencio y el transcurrir de algunos segundos, hicieron crecer la pena y la intriga en Eduardo. — Bien, ya dime, ¿cómo es eso de que las alas te eligieron?

 

Ella se sentó de frente. — No existe mejor tatuadora que Pandora. Su trabajo está más allá del entendimiento humano. Su arte ha recorrido el mundo y lo puedes admirar en las mejores revistas de tatuajes. Yo estuve en lista de espera durante cuatro meses. Y, créeme, pagué bastante por mis alas, sin saber que, el día que ella me recibió, saldría con ellas. Yo quería unos alcatraces en mi pierna derecha, a todo color… pero ya sabía cuál era su manera de trabajar, iba dispuesta a servirle de lienzo. Ella me aclaró que jamás utilizaría a alguien de lienzo, que en ese caso preferiría hacer otro tipo de arte. Yo sólo descubro lo que en el alma ha estado lleno de máscaras y lo pongo a germinar en la piel —me dijo—. Nos sentamos cara a cara, me tomó de las manos y se puso a meditar, digo meditar porque nadie me cree cuando afirmo que estaba en trance. Tú no eres un alcatraz, mi niña, no eres para estar atada a la tierra —susurró, sin que yo hubiera mencionado los alcatraces—, al contrario, tu alma es inquieta, ligera y volátil. Sin dar más explicaciones, me colocó boca abajo en una camilla y comenzó a tatuar. Al inicio lloré con mucho dolor, como si las lágrimas fueran de sangre y arrancadas del corazón. Para distraerme y hacer más llevadero ese sufrimiento, particularmente cuando trabajaba cerca de las costillas, intentaba hacerle plática. Nada, ignoró mis palabras, no dejó de trabajar un sólo momento. Únicamente me daba descansos cuando cambiaba la tinta. Y yo aprovechaba para tomar un respiro y agua. Después, hubo momentos en los que me dormí, pese al dolor, o quizás… estaba también en trance. Recuerdo que vinieron a mí imágenes de mi madre, de mis primos, de un viaje a Veracruz, la escuela a la que iba de niña; visualicé mi primer orgasmo… recuerdos que nunca había hecho conscientes en ese momento flotaban y bailaban al sonido de la compresora, frente a mis ojos cerrados, vívidos, como si los pudiera tocar.

 

No utilizó dibujos, no necesitó fotografías, no bocetónada, tampoco hizo trazos en esténciles, simplemente grabómi piel. Cuando terminó, hizo que me levantara y me llevó a una recámara con espejos en los cuatro muros. Lloré sin poder contenerme. Mis alas, mis hermosas alas, movieron unas lágrimas que, entonces, mi alma lloraba de gusto, de libertad, de realización… Me sentía ángel, o paloma, o cóndor… Me dieron ganas de volar, realmente volar. Sentí como si pudiera moverlas, aletear. Floté… o al menos así me pareció.

 

Eduardo se levantó, corrió la cortina. La luz del alumbrado exterior avivó aún más el desinhibido plumaje.Tatiana parecía una sílfide.

— Está precioso. Tendrás que pasarme el teléfono de Pandora. Nunca he tenido la intención de tatuarme, pero con ella, seguro que lo hago.

— Muy tarde, ya no vive en la ciudad. No tatúa más.

— ¿Por qué? ¿qué pasó?

— Me interesé mucho en ella. Quise conocerla más, era como una sanadora ¿sabes?, una médium, una chamana. Un domingo en la mañana toqué a su puerta, llevaba un termo lleno de café. Ella dudó unos segundos y después me invitó a pasar. No puedo decir que nos convertimos en amigas. No es el tipo de personas con quien puedas platicar de noviazgos, ropa o películas, o de cualquier banalidad. No, tienes que elegir un tema que le interese y sea un reto a su pensamiento. A veces pasaba varios minutos en total silencio, con los ojos cerrados, pero sonriendo, muda; meditando… creo. Me platicó que aprendió a tatuar con técnicas ancestrales, y poco a poco empezó a… mmm… leer el alma de sus clientes. Cuando no recibía ideas o cierto tipo de vibraciones que le indicaran qué tatuar, simplemente les decía que no podía hacer el trabajo y les cancelaba, así nada más, sin pena, en su cara. Nunca accedió a tatuar algo distinto a lo que ella sentía. Sólo una vez… la última, porque fue forzada a hacerlo…

— Bueno, ya cuéntame ¿qué pasó?

Se puso de pie, caminó al refrigerador y destapó una cerveza— Pandora iba a tatuar a mi amigo Santiago, a quien yo había recomendado. El día de la cita, en cuanto le abrió la puerta, un tipo, junto con tres guaruras, los empujaron hacia el interior del departamento. Uno de los gorilas tomó a mi amigo por el cuello y el patrón le dijo a Pandora: “Perdón por los modales, mis amigos son un poco atrabancados. Haz lo que te digo y todos estaremos en paz y habremos ganado. Me han contado que eres muy buena tatuadora, y hoy amanecí con ganas de tatuarme un dragón en la espalda. No te preocupes por el dinero. Tatúame y tu clientecito estará sano y salvo. ¡Apaguen sus celulares!”. Sacó una hoja que tenía impreso un dragón chino. Le estaba pidiendo un tatuaje Yakuza.

— ¿Era de la mafia china?

— No tenía nada de chino, pero sí de mafioso. Por más que ella le explicó que no era su manera de trabajar, que era ella quien decidía qué tatuar. Él se rio y le dijo “el que paga,manda; quien llevará la piel marcada seré yo, así que ponte a trabajar, mija”. Mientras decía esto, a Santiago le doblaban con fuerza su brazo. Pandora, contrariada, no tuvo opción y le pidió que se acostara en la camilla. El trabajo era muy complicado, lleno de color y de gran tamaño. Después de algunas horas, ella le pidió que hicieran una pausa, necesitaba descansar. Ellos hicieron unas llamadas y en unos minutos tenían un servicio de comida tocando en la puerta:carnes argentinas, refrescos y botellas de whisky. Ella aprovechó el tiempo para dormir un poco.

 

Empezó a tatuar a las once de la mañana y concluyó a las cuatro de la tarde… del día siguiente. El trabajo era impecable: las cúspides agresivas del dragón se deslizabanpor el costado izquierdo, cruzaban la espalda y se asomabanhacia el frente, por el hombro derecho. Los colores parecían tener luz propia: rojos, amarillos, verdes, morados; contorneados por un negro vibrante.

 

Se fueron tan intempestivamente como llegaron. El departamento quedó desordenado, con desechables por todos lados y apestando a porro. Le dejaron cincuenta mil pesos en la mesa.

 

Santiago me llamó esa misma tarde para contarme y fui a verla. Cuando llegué, ya estaba haciendo maletas. —No puedo quedarme. Tú tampoco deberías venir. Esa gente está endemoniada—. Entre las dos guardamos sus limitadas pertenencias. Un poco más tarde llegó la dueña del departamento, le explicó lo ocurrido y le entregó un sobre con dinero. Le recomendó no rentar el departamento durante algún tiempo.

 

Tres semanas después me llamó la casera, los individuos regresaron a buscar a Pandora. El jefe estaba fuera de sí. Abrió la puerta a patadas gritando groserías. Al parecer el tatuaje estaba perdiendo el color y algunos rasgos empezaron a esfumarse de la piel.

 

Días después, el fulano armó un escándalo en un centro comercial. Desnudo de la cintura para arriba, berreaba en la fuente central de la plaza: “Maldita Pandora, ¿qué me hiciste? ¡Mira mi cuerpo! ¡Me las vas a pagar, estúpida!”. Su espalda estaba roja, como encendida, y el tatuaje estaba perdiendo la forma de dragón.

 

— Ah, claro, era El Balas, el sicario que capturaron poco después de hacer su teatrito.

— Exactamente. Por más que sus guaruras trataron de controlarlo, no pudieron hacer nada. De hecho, lo abandonaron cuando sacó su arma y comenzó a disparar sin control. Se hizo un escándalo en la plaza, llegaron reporteros y militares. Se aventó a la fuente para calmar el ardor en la piel y ahí lo capturó la autoridad, ridículamente fácil, muy penoso.

 

Días más tarde, el secretario de Seguridad Pública informó que se había quitado la vida en un penal de máxima seguridad, ahorcado, se sospechaba que sus jefes lo habían mandado matar, para que no “cantara”. En las redes sociales trascendieron otras historias, las de los compañeros de celda: “Vimos como el maldito tatuaje cambiaba día con día, iba perdiendo la forma de dragón y se iba convirtiendo en serpiente, ¡por Dios que el maldito dibujo se transformaba y avanzaba en la piel! Sus gritos eran desgarradores, hasta que ya no tuvo voz ni aire para gritar. ¡La serpiente lo ahorcó!”.

 

— Cuando vi las fotos en los periódicos… efectivamente… tenía tatuada una serpiente alrededor delcuello, morado, estrangulado.

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Martes, 16 Marzo 2021 18:17

HEMOFOBIA / Aída López /

 

 

HEMOFOBIA

Aída López

 

Cuatro pies entrelazados, las uñas esmaltadas en morado y negro, era lo único que sobresalía de entre las sabanas color bermellón. En la habitación recién iluminada por la aurora, dos mujeres, una a un lado de la otra, sin visibles marcas de violencia, permanecían silenciosas, como dormidas, aunque los que estaban ahí las sabían muertas. Cualquiera podría imaginar que reposaban después de horas de orgasmos; lalente no alcanzaba a ver la diferencia entre estos y la muerte. Los agentes escudriñaron los cuatro metros cuadrados de paredes blancas y alfombra vetusta apenas decoradas con el poster de un grupo desconocido de rock. Registraron cada detalle, el más mínimo podría servir para esclarecer los hechos. El sol había comenzado a hacer sus primeros estragos, el bermellón ahora candente ofuscaba las pupilas que poco a poco iban cediendo al exceso de claridad. Claridad que necesitaban para encontrar las pistas que los llevarían a resolver el crimen, suicidio o lo que fuera.

 La fotógrafa sacó de su bolsa un par de guantes blancos y se los colocó en sus manos temblorosas, mismos que enseguida absorbieron el sudor destilado. Cuidadosamente destapó los cuerpos. Parecía que tenían un acuerdo entre ellos, estaban cuidadosamente acomodados, los brazos de ambas estaban cruzados tocando el sexo de la otra, los dedos de una se perdían entre el vello púbico de la otra. Sus carnes tatuadas, perforadas, escuálidas y descuidadas, dificultaban calcular las edades. Una era visiblemente mayor. Después enfocó con temor la lente hacia el único buró que se encontraba al lado izquierdo de la cama. Encima estaban dos copas vacías, una botella a medio terminar de cerveza Palma Cristal, un cenicero con seis colillas de Benson mentolados y junto a este una cajetilla con aún tres cigarros sin fumar; hojas de papel arroz y una pequeña libreta parecida a un directorio. En el piso entre la cama y el buró, un calcetín de hombre, azul marino, al revés.

 Posterior al recuento de los hechos, acordonaron el sitio y el equipo de investigación bajó del cuarto piso en busca de la salida. Una voz de mujer blasfemódesde el interior de uno de los departamentos cuando los vio pasar: Así tenían que acabar, acotósentenciosa, siempre lo dije, ese tipo de cosas que no son de Dios, tarde que temprano son castigadas. Eso de meterse entre mujeres es del diablo y peor aún,cuando se meten entre varios. El Ministerio Públicoaprovechó la lengua suelta de la mujer, la dejó hablar mientras le hacía preguntas, mismas que eran respondidas a borbotones como lava expulsada de un volcán: verá, varios vecinos ya se lo habíamos dicho al dueño que no debía rentarle a putas o maricones, menos a lesbianas, o a drogadictos, pero con tal decobrar su renta no le importó, ahora a ver cómo sale de este lío. ¿Usted vio algo raro anoche?, preguntó un agente, pues raro todo desde que se cambiaron hacetres meses, respondió. Salían de mano hombres con hombres y mujeres con mujeres, hasta extranjeros.Olían a hierba, como a petate quemado, espetó la mujer.

 Mientras esperaban la llegada del forense para ellevantamiento de cadáveres, la fotógrafa tomó imágenes del exterior. La calle arbolada, uniformada con edificios amarillos de cuyas azotehuelasserpenteaban telas de colores, lograban distraerla de su ansiedad. Los carros estacionados, las placas, los transeúntes, la fachada de la casa de enfrente con el anunció: “Se vende yelo”.

 Intentaron reconocer algún rostro, algo que pudiera despejar el enigma. Parecían envenenadas a laRomeo y Julieta. Nadie hablaba, solo cruce de miradas, como si alguno tuviera la mejor línea de investigación que los llevaría a la verdad.

 En el camino no encontraron nada que pudiera llamar su atención. Algunos bares entreabiertos derramabanagua jabonosa, vendedores ambulantes, una tienda de abarrotes desolada en la esquina. Cien metros a la redonda y sin una pista aparente de lo sucedido en el sórdido departamento de la calle Oyamel del paradisiaco Cancún.

 Cuando llegaron a la oficina la fotógrafa se sintió mareada, con nauseas, pálida y temblorosa pidió permiso para retirarse. A últimas fechas decía que no le hacía bien estar en la escena del crimen, eso la ponía mal debido a que estaba desarrollando fobia a la sangre, afirmación que sostenía aun sin tener diagnóstico médico e incluso en escenas sin sangre. Los síntomas disimulaban el verdadero origen de su nerviosismo.

 Salió a esperar a un taxi. Le urgía avisar al “Cubano”. La botella de cerveza en la habitación abriría una línea de investigación hacia personas de esa nacionalidad, que llevaría a desmantelar la red de pornografía para la cual ella se desempeña en lo mejor que sabía hacer: tomar fotografías.

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Rezo luego existo

Adrián Eduardo Albores Martínez

Las novenas de mi pueblo me traen gratos recuerdos, existen las novenas dedicadas a los Santos, también las novenas para salvar las almas de los seres que dejamos de verlos, escucharlos y quizá sentirlos. A esas personas que ya jamás se les verá comprando en él tianguis, asistiendo a misa, paseando o sentado en alguna banca del parque o simplemente caminando por el pueblo. Cuando alguien muere joven es una fatalidad, existe profundo dolor y la resignación es más lenta, en cambio quien fallece, está en edad avanzada, el dolor es menor (probablemente). Entonces deberíamos de hacer de esa su novena, nueve días de celebración, fiesta por haber llegado, a lo mejor a cumplir cabalmente su ciclo de vida. Después de tantos años de haber vivido, seguramente esa persona ha hecho una novela, no escrita de su vida, —¿imagínense que todos escribiéramos nuestras anécdotas o nuestras historias más sensibles? —el planeta sería una biblioteca de experiencias, sería un legado muy especial a las generaciones venideras, sería un árbol literario de profundas raíces e inmensas ramas. En fin, la muerte no sería tan tétrica, dolorosa y trágica, sin embargo; gracias a las novenas, el duelo es menor. Las novenas son un regocijo de muestras cariño y amistad, donde los vecinos, amigos y familiares acompañan a los dolientes, tratando así, de hacer más compartida, menos dolorosa y triste la despedida del ser querido.

Yo en cambio, de niño las novenas me alegraban. Recuerdo bien que cuando doña Lucila, mi madre; vestía alguna ropa discreta y se disponía a asistir a un rezo. Mi corazón se alegraba, después esperaba con ansia su regreso del rezo novenario. Desde la calle de pie, frente a aquella casa donde viví, esperaba su regreso, mi objetivo estaba centrado en la variedad de bocados, galletas o pastelitos que mi madre llevaba y bien sabía que eran para mí. Comprendo ahora el sacrificio que ella hacía en no comérselos, con la única intención de ofrecérmelos, yo como el crío de pájaro que con algarabía espera la llegada del ave madre, abriendo el pico en espera del primer bocado. Así era yo, brincaba, reía y danzaba; cuando ya tenía el banquete en mis manos. Por eso las novenas me gustan, para mí, siempre han sido una fiesta que remata en tamales de hoja, café, pan, chocolate y con suerte hasta jerez (por qué hasta eso reclamaba). Ahora cuando escucho el murmullo del santo rosario, huelo a incienso o veo a señoras vestidas de negro y además llevan en sus manos un platillo. Me detengo, suspiro, recuerdo mi infancia y pienso en Lucila.

 

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Caronte o una inútil encuesta

Daro Soberanes

 

En Mi Óbolo a Caronte (Evocación del general Bernardo Reyes) —edición inédita y extensa hecha por el INEHRM en 2007 de aquel manuscrito que en 1925 escribiera Alfonso Reyes y que Cuadernos Americanos pretendiera publicar en 1962 sin tener éxito— la narración líquida del lance histórico que envuelve al padre del regiomontano ilustre es silenciosa, colmada de un respeto devoto, objetiva a veces, subjetiva siempre en la medida que lo describe, parcial y lícita. Ahí, en ese óbolo, hay bastante dolor que pesa sobre el alma de don Alfonso.
Y queda el pasaje-evocación.

Pero esto que escribo no se referirá a la familia Reyes, a la parentalia Reyes, sino a un número de Letras Libres, el que corresponde a diciembre de 2004, número que, al buscar mi traspapelado Óbolo, asomó su portada vieja justo debajo de aquel maravilloso libro. No hay vínculo, a mi parecer, entre la revista y el escritor de Monterrey que valga la pena mencionar —sólo tal vez las páginas del Diario inédito (LL2)—, sin embargo, me gustan algunas características de la revista de Krauze. La edición final de aquel año llamó mi atención (o volvió a llamar mi atención ahora) por el tema central que se propuso tratar aquella vez: la poesía mexicana. No hay mucho que decir sobre los artículos escritos en ese número en torno a tan infinito tema, sólo una inusitada convocatoria que hace la revista merece esta mención, no por ser “osada”, ni por preguntar lo que pregunta, sino por lo insustancial que se puede ser en una encuesta redactada.

La invitación que nos hizo Letras Libres aquel diciembre (¡hace más de quince años! Eso la salva. Cosa vieja, cosa del pasado. O tal vez, no) fue para responder quiénes eran entonces los diez mejores poetas mexicanos vivos. Debo entender que se refería a los diez poetas más sobresalientes en aquellos días. Vaya pregunta, a la que debemos dimensionar dentro del marco de las publicaciones literarias de prestigio hoy exoficial. ¿Quiénes llegan a nuestra cabeza? ¿Qué nombres? ¿Cómo saberlo? El Cielo es como lo describan los apóstoles.

No condeno este acto, como lo menciona la revista: es un ejercicio. Lo que provoca extrañeza es la idea y el hecho de que sea la propia revista quien ofrezca un listado de nombres posibles a los cuales aludir, y en el extremo del caso, a los cuales socorrerse. Ya en el mayor de los atrevimientos —entendibles en Krauze, no necesariamente inteligentes— Letras Libres ofrece una lista base de doscientos poetas mexicanos vivos, “para que de ahí el lector elija a diez”. Al releer aquello puedo imaginarme a los señores editores en Tennyson 133, rodeados de amigos entrañables y con la carta Puyol en mano, también entrañable y también dispendiosa. Letras Libres y su número 72: cosa de chefs.

Peligrosa y sutil la consigna de considerar como público lo propio.

Para la poesía mexicana un listado de doscientos nombres propuestos por la revista es algo insustancial, ya que la enumeración es excluyente por regla (toda relación es así), y sólo denota los gustos de sus lectores y suscriptores y no el juicio de una hélice literaria. Ahora, pregunto: ¿por qué doscientos? ¿Sólo eran doscientos los contiguos a un inventado paradiso literario? ¿Por qué no quinientos? ¿O mil? ¿O diez?

Paz llamaba cortesano a todo aquél que se dejaba seducir por el patrimonialismo. Cortesano uno, patrimonio literario el otro. Pasa el tiempo y no pasa el tiempo: Otra vez la revista de Krauze yendo de la mano de una nada hastiada presunción cultural y de un supuesto parnaso literario que termina, como siempre, en un esnobismo orgánico. Otra vez fraternos.

No me agrada la lista. Siendo más claro: no me gusta que se enliste a poetas. La poesía, el acto de ejercerla y las personas que la ejercen no son productos (o no deberían serlo) que entren a competir o a jerarquizarse, no es ese su designio. Nada se reduce a una imaginaria circunferencia de nuestro albedrío. Pero está de más pretender que Letras Libres lo haya comprendido al principio de los días bautismales, como aquella vez, o que lo pueda comprender ahora.

 

 

 

 

 

 

 

Daro Soberanes

(Ecatepec de Morelos)

Poeta y ensayista.

Autor de Las Esfinges y La Soga, piezas teatrales; del Tratado sobre la Deslealtad (Burroughs Editorial, 2o17) y del ensayo de investigación A letra vista se sirva usted: los documentos históricos del Generalísimo. Preludios de una literatura mexicana (Burroughs Editorial, 2019). Además del libro de versos 1854.

En 2007 formó parte del Consejo de Redacción de la revista de Literatura y Filosofía “ARCA”, con apoyo de CONACULTA/FONCA. Este mismo año colaboró en la Mesa de Reseñas de Periódico de Poesía de la UNAM. En 2015 dicta la conferencia “Morelos y el cenotafio en San Cristóbal”, en el Centro Comunitario Casa de Morelos (INAH), en San Cristóbal Ecatepec, por motivo del bicentenario de la muerte del Generalísimo, acaecida en este recinto. En 2016 crea y coordina el «1er Poetry Slam de la Liga EJEKA», en el municipio de Ecatepec de Morelos. En 2017, funda junto con Ángel Corral, el círculo de estudio ante la poesía: El Ojo de Faetón.  coordina e imparte los talleres de literatura “Los Scriptoria”.

 

 

 

 

Publicado en El Ojo de Faetón

El mirar alucinado en la poesía

alucinante de Leopoldo María Panero

 

Julio César Aguilar

 

Baylor University

“Ninguna gran mente ha existido nunca sin un toque de locura.”

Aristóteles

“La imperfección es belleza, la locura es genialidad.”

Nick Vujicic

 

            Hijo y hermano de poetas, Leopoldo María Panero (Madrid, 1948 – Las Palmas, 2014) es autor prolífico de una obra singular en la que prevalecen las imágenes poéticas, con predominio de las visuales. Afectado emocionalmente por la depresión y la esquizofrenia a lo largo de su vida, Panero fue consumidor de alcohol y de todo tipo de drogas desde su juventud, por lo que vivió durante largos períodos en hospitales psiquiátricos. A uno de ellos precisamente hace referencia el título de un poemario suyo publicado en 1987, Poemas del manicomio de Mondragón. Con la lucidez de su locura, Panero fue capaz de crear una poesía emblemática de los últimos tiempos, en cuyos versos el dolor existencial se destila dando origen a la misma vez a una obra de arte de matices intensos y de un tono desolador y en muchas ocasiones lúdico.

            De este modo, en su obra literaria se recrea el mundo delirante del poeta que padeció la esquizofrenia con mucho de resignación y, siendo hospitalizado por cuenta propia, aferrándose a la locura irónicamente como un medio de salvación. La esquizofrenia, seria enfermedad mental de pronóstico reservado, se caracteriza por la presencia de ideas delirantes, alucinaciones y conducta inapropiada. Por lo tanto, este trastorno psiquiátrico con tendencia a la cronicidad puede cursar con variados síntomas, tales como alteraciones en el pensamiento, el ánimo, la percepción y el comportamiento. Aún en estos tiempos de grandes avances médicos y científicos en los que la práctica de la biotecnología se encuentra en auge, son vigentes las palabras de Jacob Kasanin, psiquiatra ruso que vivió en la primera mitad del siglo XX, con las que se refiere a este padecimiento mental. De acuerdo a él, “[la esquizofrenia es la enfermedad más desconcertante de la psiquiatría, si no es que de toda la medicina. Las principales características de esta enfermedad son una deterioración intelectual y una marcada perturbación de la vida emocional” (17).

            A lo largo de la historia, muchos artistas ¾y por lo tanto poetas¾ se han visto afectados por alguno o por más de alguno de los varios padecimientos psiquiátricos, como por ejemplo esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, ansiedad o trastornos de personalidad, entre los más comunes. Leopoldo María Panero, escritor español incluido en el grupo de los “Novísimos”, a partir de la antología Nueve novísimos poetas españoles de José María Castellet y publicada en 1970, se forjó a sí mismo como un poeta maldito a través de su autodestrucción. Por consiguiente, si su obra destaca por los rasgos de la visión desquiciada del hablante lírico, esto se debe principalmente a que su poesía es sin lugar a dudas de índole autobiográfica, tal como se observa en el siguiente poema sin título:

           

         Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero

            hijo de padre borracho

            y hermano de un suicida

            perseguido por los pájaros y los recuerdos

            que me acechan cada mañana

            escondidos en matorrales

            gritando por que termine la memoria

            y el recuerdo se vuelva azul, y gima

            rezándole a la nada porque muera (24).

 

Del texto anterior sobresale la autorreferencialidad en el primer verso. Es frecuente encontrar en la obra poética de autores con trastornos mentales este recurso que equivale al desdoblamiento y por consiguiente a la introspección, muchas veces utilizada ésta como un recurso terapéutico. El segundo y tercer versos establecen el parentesco del autor del poema con las figuras centrales de su biografía, pues se sabe ciertamente que Leopoldo Panero, padre del poeta, era en realidad alcohólico. Por otra parte, conocida es la existencia de antecedentes de enfermedades mentales en la familia de Leopoldo María Panero, específicamente por el lado materno, ya que algunos miembros de la familia de Felicidad Blanc, madre de Leopoldo María, sufrieron de esquizofrenia y uno de ellos se suicidó. Enseguida los versos que siguen en el poema de arriba, con sus imágenes poéticas, ubican al hablante lírico en una situación desafortunada, ya que sus recuerdos lo atormentan y su propia identidad peligra. Es el poema citado con anterioridad uno de los más líricos y legibles de la obra poética de Panero, y se encuentra incluido en Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul. Sergio Piro, un psiquiatra italiano y estudioso del lenguaje en los esquizofrénicos, menciona lo siguiente: “En muchos sujetos esquizofrénicos es frecuente, sobre todo en las formas iniciales y en las formas paranoides, el uso de simbolismos, de metáforas, de metonimias. La simbolización es usada las más de las veces de modo ambiguo o vago; el uso del lenguaje elíptico (elipsis sintáctica o semántica) da a veces al discurso una cierta sugestiva expresividad” (482-483). Es decir que, muchas de la veces, el discurso de un esquizofrénico puede tener las características del hablar poético.

            Junto a los delirios y el lenguaje y conducta desorganizados, la esquizofrenia cursa en su fase activa con alucinaciones. Las alucinaciones pueden ser de cualquier modalidad sensorial: visuales, auditivas, olfativas, gustativas y táctiles, siendo sin embargo las más comunes las alucinaciones auditivas. En su obra poética, Panero se vale en repetidas ocasiones del sentido de la vista para plasmar su propia visión alucinada del mundo. En su libro Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul, se mencionan, por ejemplo, los siguientes versos que contienen vocablos que aluden al sentido de la vista, ya sea mencionando el verbo “ver” conjugado en diferentes tiempos y personas o nombrando al órgano de la vista, el ojo : “Oh, ved cómo alguien llama” (17), “sin ver nada, llorando” (18), “viendo como en una película” (40), “y los ojos se abren una vez más / para contemplar el fin del poema” (45), “cuando el amanecer nos ve / sollozando en la sombra por un ser que no ve” (65), “el enigma del rey de cuyos ojos se burlan” (71), “muerto y sus labios sólo veo / te veo a ti mi flor” (75), “Qué atroz es estar sin labios ni ojos” (76), y “ver ya sin alma habiendo vendido” (80).

            Sin embargo, también la mirada delirante del sujeto lírico en la obra de Panero puede rastrearse a través de la presencia de las imágenes poéticas, mismas que abundan en su producción literaria. Como es sabido, la imagen poética es una figura retórica que consiste en la recreación literaria de una sensación ya sea visual, olfativa, auditiva, etc., o en otras palabras, es una construcción verbal que origina una representación o imagen mental. Las imágenes poéticas visuales equivalen a usar descripciones para recrearle una escena al lector. Baste el siguiente texto incluido en Poemas del manicomio de Mondragón (1987) para ejemplificar lo anterior:

           

         Un loco tocado de la maldición del cielo

            canta humillado en una esquina

            sus canciones hablan de ángeles y cosas

            que cuestan la vida al ojo humano

            la vida se pudre a sus pies como una rosa

            y ya cerca de la tumba, pasa junto a él

            una Princesa (15).

 

El lector se imagina entonces al personaje del poema y visualiza su pobre condición humana. En un tono narrativo, el hablante destaca las peripecias por las que atraviesa el loco, y al final del texto muy posiblemente la princesa representa a la muerte. Contrario a la legibilidad de algunos libros de poesía de Panero, Teoría (1973) es un poemario denso, de una escritura críptica, hermética e intertextual en el que la voz poética utiliza diversos recursos que asemejan al habla esquizofrénica, como el uso de varios idiomas dentro de los textos, entre ellos el alemán, el latín, el francés, el inglés, el italiano, el griego, entre otros, la tangencialidad en el discurso y el descarrilamiento de ideas. Además, el hablante menciona dentro de los textos el nombre de varias drogas, tales como la morfina, el LSD, etc. Ya José Luis Campal Fernández ha descrito con veracidad la poética de Panero en su texto “Leopoldo María Panero, el último poeta maldito”:

 

El sujeto poético que habla en sus poemas desprecia la realidad inmediata, tangible, y con ello todo lo que ésta lleva aparejado, lo que le empuja en sus libros de los años 70 a desfigurar el lenguaje, introducir sintagmas y poemas enteros escritos en otras lenguas, insertar voces del argot del lumpen y crear códigos de comprensión y relación demasiado crípticos, propuestas asociativas ante las que el lector se siente desarmado.

 

Pareciera efectivamente que ese libro señalado con anterioridad, Teoría, hubiera sido escrito en un trance alucinatorio y delirante, o por lo menos bajo el influjo del alcohol o las drogas a las que era tan proclive el autor. Con su locura, su bisexualidad, su personalidad rebelde y actitud transgresora, su alcoholismo y drogadicción y sus experiencias en prisión en repetidas ocasiones, Panero encarnó a cabalidad la figura del poeta maldito de la poesía española de la última mitad del siglo XX, aunque a veces él no estuviera de acuerdo con esa denominación para su persona, incluso a veces también negaba su locura, ese estado mental que hizo de él, sin ninguna duda, un autor excepcional que buscó incansablemente en la escritura su propio yo. Una vida consagrada a la escritura poética fue la de Panero, quien es autor de un poco más de un medio centenar de títulos de poesía, pero además publicó obra narrativa y ensayística. Su trayectoria literaria se remonta a la infancia, según él mismo lo dice en entrevista:

 

Yo empecé a escribir poesía muy pequeño, cuando apenas sabía escribir, y me atrevería a decir que poco más tarde de aprender a hablar. Yo se las dictaba a mi madre. Recuerdo que eran muy amargas. No eran propias de un niño que empieza a vivir y a experimentar sensaciones. Daban la impresión de ser poesías hechas por una mente atormentada y muy amarga. Tenían también una carga de crueldad encima muy grande. Aún conservo los cuadernos donde los escribía mi madre y de vez en cuando las leo. Mis padres estaban bastante asustados por esto. Procuraron ocultar el asunto. Luego me volví muy cursi y escribía cosas muy tontas (citado por Fernández 51).

 

            Por la biografía de Leopoldo María Panero, El contorno del abismo, escrita por J. Benito Fernández, se sabe que a los 19 años de edad, el poeta comenzó a sufrir de períodos depresivos y a ser hospitalizado, teniendo algunos intentos de suicidio, el primero de ellos ingiriendo dos cajas de barbitúricos. En esa misma época, Panero inició también el consumo de la marihuana, pero luego llegarían otras drogas a su vida. Las alucinaciones, además de ser un síntoma clásico de la esquizofrenia, pueden ser causadas por el consumo de drogas, tales como la cocaína, la heroína, el LSD, los hongos alucinógenos, por mencionar sólo algunas. De las incursiones de Panero con las drogas, su libro Heroína y otros poemas (1992) es un claro testimonio. Compuesto en su mayoría por poemas muy breves, generalmente de cuatro versos, el poemario comienza con el siguiente epígrafe del mismo autor: “Tengo mi pipa de opio al lado / de un libro de metafísica alemana. / El tiempo, y no España, dirá quien soy yo”. Tal como lo señala Panero, el tiempo, juez insobornable, lo ha colocado finalmente en su sitio como uno de los mayores poetas españoles de la actualidad.

            Panero se apropia de la locura para subvertir en su obra literaria los discursos de poder en una sociedad franquista. Él mismo se refiere a la locura en un texto titulado “Acerca del caso Dreyfuss sin Zola o la causalidad diabólica (El fin de la psiquiatría)” que forma parte de su libro Poemas del manicomio de Mondragón. Según Panero: “La locura se puede definir, muy brevemente, como una regresión al abismo de la visión o, en otras palabras, al cuerpo humano que ésta gobierna. En efecto, la zona occipital, que regula el desarrollo de la visión, controla, según mi hipótesis, el cerebro, y el cerebro controla todo el cuerpo” (57). Nuevamente el concepto de la visión se relaciona con la locura. De este modo, a través de la portentosa imaginación de su obra poética en la que se muestra una cosmovisión delirante, Leopoldo María Panero transgrede el orden establecido de una España convulsa en su situación política y social.

            El poetiso, como se llamaba a sí mismo Panero, creó una obra deslumbrante desde los puntos de vista cuantitativo como cualitativo: tan sólo la cantidad de títulos publicados es en sí misma delirante, ya que toda su vida la dedicó a la escritura como su modo de estar y ser en el mundo; por otro lado y por la misma razón de haber publicado tanto, difícil resulta clasificar su estilo literario, por lo que puede decirse que su poesía difiere según el libro y la época en la que fue escrita y se nutre en general de los autores admirados o tan sólo releídos por el poeta, como son Artaud, Poe, Baudelaire, Mallarmé, Nerval, Rimbaud, Blake, Rilke, Elliot, entre otros. La poesía de Leopoldo María Panero, rica en imágenes poéticas visuales y en la que el sentido de la vista pravalece a lo largo de la misma de diferentes formas, recrea el fantástico universo interior de su autor y su percepción alucinante de la realidad, a través de un hablante lírico que la mayor parte de las veces es identificable con la peculiar voz del poeta.

 

 

 

Bibliografía

 

CAMPAL FERNÁNDEZ, José Luis (2014). “Leopoldo María Panero: El último poeta maldito”. ABC. Madrid. https://www.abc.es/cultura/libros/20140306/abci-leopoldo-maria-panero-poeta-  201403061058.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F [20.05.19].

KASANIN, J. S. (1958), “Palabras de introducción”. Lenguaje y pensamiento en la esquizofrenia. Trad. Abraham Apter, Buenos Aires, Ediciones Hormé.

PANERO, Leopoldo María (1999), El contorno del abismo: Vida y leyenda de Leopoldo María Panero. De J. Benito Fernández, Barcelona, Tusquets Editores.

---. (2004), Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul. Madrid: Hiperión.

---. (1987), Poemas del manicomio de Mondragón, Madrid, Hiperión.

PIRO, Sergio (1987), El lenguaje esquizofrénico. Trad. Carlos Martínez Moreno. México, Fondo  de Cultura Económica.

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Novelas underground

del sida en México

 Eriko Stark

 

 

Imagina historias donde encuentran la cura del sida, imagina proyectos secretos patrocinados por el gobierno para tratar el virus con imanes, imagina que una de las pocas novelas donde el amor homosexual triunfa se debe al VIH…

Ahora imagina que todos estos libros nunca fueron leídos, todos y cada uno de ellos terminaron en la basura o en las librerías de segunda mano debido al miedo, al horror de ser señalado como un sidoso por tenerlos; ir a una librería y comprarlos era igual que ser diagnosticado con VIH, por ese motivo, las personas se congelaron, se permitieron degradar en los horrores de la enfermedad; muchos, prefirieron morir antes que informarse, antes que confiar en la ciencia.

Existe una literatura underground del sida en México. Desde 1990 se comenzaron a publicar una cantidad interesante de novelas, libros educativos, ensayos científicos y también textos alucinantes donde se encontraban supuestas curas para erradicar el virus y también la homosexualidad.

Sin embargo, esos libros quedarían olvidados debido a que no fueron leídos por miedo, por falta de tiempo y por el enorme estigma que representaban; su existencia generaba rechazo, también odio por parte de la sociedad donde se crucificaban condones y hacían quemas públicas de homosexuales acusados de sidosos. Por otra parte, las editoriales no se atrevían a publicarlos por miedo o sus tirajes eran muy pequeños; no existían campañas publicitarias y la gente se informaba literalmente en antros, bares, obras de teatro, así como en pequeños grupos de resistencia.

La respuesta tardía de los activistas influyó mucho ya que ellos se convirtieron en enfermeros de todos esos pacientes a los cuales nadie quería ver, enfocando sus esfuerzos en aprender a cuidarlos, en calmar sus malestares y en su momento, darles eutanasia de manera clandestina e ilegal.

Hoy, las investigaciones narrativas sobre el VIH han dejado desplazados todos estos libros debido a la falta de investigación, búsqueda y acceso. Todos los títulos, aproximadamente entre 40 a 60 obras estuvieron enfocadas en cinco temas principales: informar sobre el virus, autoayuda y tanatología (aceptar que si tienes VIH-sida, vas a morir), prevenir el virus, explicar el virus (¿qué ocurrió con el virus a México?) y testimonios (las vidas lloradas).

Estos temas perduraron hasta el año 2000 con la llegada de un nuevo siglo y también con la evolución de nuevos antirretrovirales que acabarían con estos episodios de inevitable muerte. Para poder entender la llegada de estas novelas es preciso explicar el contexto del sida en México.

***

El expresidente Miguel de la Madrid reconoció públicamente la llegada del sida en el año de 1985 con 32 casos confirmados, sin embargo, el primer registro documentado en nuestro país fue en 1983 en el Instituto Nacional de Nutrición. Gracias al tiempo y a los rastreos epidemiológicos que hoy formulan nuevas teorías sobre la llegada del sida a Estados Unidos podemos decir que, en México, el virus de inmunodeficiencia humana tuvo su origen entre 1975 a 1978, tiempo suficiente para que el virus desatara una cadena de infecciones. Hasta fecha no existen investigaciones certeras sobre un rastreo del virus en México, sin embargo, esto nos ayuda a ubicar la existencia de novelas que ya estaban desarrollándose ante la respuesta tardía de las instituciones y los medios de comunicación.

***

Parece ser que la primera novela sobre el sida en México fue “El HOMOSIDAcom” del escritor Oscar Brondo, publicada en 1990. La historia es una ficción que habla sobre la evolución de una raza que se enfrenta a una enfermedad antigua llamada “Sida”. Mientras esta novela fue publicada en Tabasco otra novela extranjera ya estaba circulando en el país. “Más allá del sida” (1989) de George E. Melton y Will García es una narración autobiográfica y de autoayuda sobre dos hombres que deciden enfrentar el virus a toda costa. Emprenden un viaje a México para buscar medicinas y reflexionar sobre la llegada del virus. Su decisión es prolongar sus vidas hasta el límite de la resistencia humana.

Después, el escritor Alberto Sánchez publica “Sueños de piel caliente. El testimonio veraz y descarnado de un gay con Sida”. (1995). Esta novela es la historia de un chico que narra el inicio del VIH en Zamora, Michoacán. La historia inicia en una fiesta gay de un pueblo que permite ver otras historias, todas expuestas en la vida nocturna y la homosexualidad en México. El virus es incurable, no hay forma de sobrevivir, es por eso que los gays llevan sus vidas al camino de la destrucción hasta el grado de cometer suicidio para no caer en estado de enfermedad total, dando un recordatorio a las futuras parejas y chicos que salen del clóset, haciéndoles recordar que su destino puede ser el mismo si no aman honestamente, confían o se apoyan los unos a los otros sin traicionarse.

Para 1996, la escritora Edmée Pardo se convierte en la primera mujer en abordar el tema del VIH a través de una historia cómica y sentimental que cuenta la vida de una chica que vive con la incertidumbre de haber contraído el virus. En esta novela corta somos testigos no solo del humor y la sinceridad que habita en nuestra protagonista sino en la decisión de aceptar el virus y vivirlo con dignidad. Esta historia se genera un cambio, por primera vez una mujer habla del tema desde una perspectiva más relajada y consciente, nos regala un mensaje de prevención sin caer en cruces morales, un mensaje positivo y enternecedor.

Para este momento los libros informativos se convirtieron en la primera línea de defensa ante el virus, su principal objetivo era explicar las vías de transmisión y cómo prevenirse a través del uso del condón. Sin embargo, ya se estaban publicando ensayos e investigaciones en contra de los sectores conservadores que satanizaban el uso del condón.

“Cómo propagar el sida. Conservadurismo y sexualidad” es una investigación de Edgar González Ruiz publicada en 1994 donde expone los movimientos de ultraderecha que hacían movilizaciones en contra del aborto, la homosexualidad, el uso del condón y la educación sexual; estos movimientos empeoraron la situación del virus llevándolo al extremo de decir que “solo los homosexuales se contagiaban de sida” (sic); motivo por el cual se hicieron campañas para prohibir el uso del condón y prohibir la educación sexual. Uno de los partidos que apoyaron estas campañas fue el PAN (Partido Acción Nacional).

Este error de estigmatizar a los homosexuales como únicos portadores le costó caro a la sociedad. Las trasfusiones de sangre contaminada a niños y el incremento exponencial en mujeres portadoras de VIH por parte de sus parejas que eran infieles tuvieron un impacto mediático doloroso. Los ensayos e investigaciones sociales se convirtieron en la manera más sensata de hablar sobre las mujeres (el primer caso documentado de una mujer con virus de inmunodeficiencia fue en 1985, caso que ayudó al expresidente Miguel de la Madrid a hacer pública la existencia del VIH-sida).

En 1998 se publica “Una Pareja Serodiscordante” del escritor Alain Blanchard Goicochea. En esta historia es la segunda parte de una trilogía documentada en tres etapas: la búsqueda del amor homosexual (el primer libro llamado “Mi peregrinar”), vivir una relación amorosa con una persona que vive con VIH y el luto amoroso al perderlo (la tercera novela: “Alfredo. Amor Eterno”) publicada en el año 2000.

***

Para la entrada del nuevo siglo ya estaban publicadas cinco de las obras más importantes del sida en América Latina: “Antes que anochezca” (1993) de Reinaldo Arenas, “Loco afán: crónicas de sidario” (1996) de Pedro Lemebel, “Un año sin amor” (1998) de Pablo Pérez, “Salón de belleza” (1999) de Mario Bellatin, “Poesida” (se publica en el año 2000, sin embargo, esta obra fue concluida en 1996. Escrita desde la poesía) de Abigael Bohórquez.

En 2001 llega la obra más leída y más reseñada sobre el sida. “El desbarrancadero” de Fernando Vallejo. Esta novela nos ayuda cerrar una etapa narrativa y abrir otra. ¿Mientras estas novelas sobresalían convirtiéndose en referentes del sida, qué ocurría con la narrativa underground?

En el año 2000 se publica “Sida en el año 2010” de Luis Arcaraz. En esta ficción se descubre la cura del sida gracias a la evolución humana; todo parece un milagro hasta el momento en que una horda de enfermos destruyen las instalaciones y asesinan al hombre que tiene la cura. Con el tiempo, los doctores descubren a nuevos superhumanos, pero las ambiciones de terribles mafiosos llevan a asesinar a otro ser milagroso. Es aquí cuando descubren que la cura solo actúa bajo una transfusión sanguínea, motivo por el cual el doctor escapa con sus mutantes y se enconden en una caverna para crear una nueva civilización.

“Sida. Testimonio de una madre” (2003) son las memorias de Rosa Feijoo dedicadas a su hijo quien murió de sida. Aquí, el testimonio de una mujer se convierte en un acto primordial porque es la madre la que narra, dándonos la oportunidad de entender el virus gracias a la voz familiar.

Es momento de saber qué ocurre con las mujeres portadoras de VIH. La periodista Lydia Cacho escribe una novela sobre una mujer víctima de la infidelidad de su marido. Al convertirse en portadora sus defensas de destruyen demoledoramente enfermando de un cáncer incurable. Narrar su muerte se convierte en un primer testimonio poético a las mujeres, por fin las mujeres hablan desde su cuerpo enfermo en “Muérdele el corazón”, escrita en 2006.

***

Por otra parte, la narrativa tuvo casos totalmente opuestos como el del escritor Carlos Cuauhtémoc Sánchez con su novela “Juventud en éxtasis. Joven en libertinaje” publicada en 1994, obra que se popularizó en los dos mil y fue utilizada como manual educativo para promover una sexualidad sana a estudiantes de secundaria bajo un discurso moral donde las personas con VIH se convierten en peligros de nuestra sociedad. Justo en ese momento la educación sexual de las escuelas en México comenzaron a promover la película “Punto y aparte” (2002). Un filme del director Francisco del Toro quien expone las consecuencias espirituales del aborto e incita a las mujeres a no cometerlo. Otro producto promovido fue la novela “Cañitas” (2002) del escritor Carlos Trejo en donde los temas paranormales nos permiten ver un incidente documentado en los ochentas donde varias personas pierden la vida al invocar espíritus. La novela está escrita con profundos tintes machistas donde el mismo espectro sabe utilizar el lenguaje homófobo.

Pero el caso más alucinante fue el libro escrito por el doctor Isaac Goiz (a quien se le debe dedicar una investigación especial). “El sida es curable” fue publicado en 1993. En esta investigación científica se encuentra la cura del VIH-sida gracias al uso de imanes o mejor conocida como La terapia Biomagnética, donde se somete al paciente a energía electromagnética para generar una vibración positiva en el cuerpo. La investigación no solo fue llevada a la práctica, El doctor Isaac comenzó a enviar cartas al presidente Ernesto Zedillo Ponce de León para la pronta creación de un departamento de investigación. Lo más absurdo es que estuvieron a punto de experimentar con personas, sin embargo, las autoridades médicas denunciaron al doctor Isaac quien continuó sus investigaciones en otros países de Latinoamérica.

***

Esta es una pequeña muestra de cómo la narrativa empieza a evolucionar desde un pequeño susurro, a pesar de no ser todas las novelas, los temas se desarrollaban bajo una misma inquietud, recuperar el valor a la vida de una manera justa.

Hoy, comienzan a publicarse las memorias de personas adultas que sobrevivieron al virus, personas que encabezaron la lucha contra el sida desde el activismo y las memorias ocultas de muchos sujetos que no sobresalieron, pero ayudan a encajar las partes de una historia que hasta el momento no tiene existencia ni conciencia social.

 

 

Publicado en Los Hombres del Alba
Lunes, 10 Octubre 2016 20:24

Revista Blanco móvil

TODO LO GRANDE, COMIENZA SIEMPRE PEQUEÑO

                                                                                                                          LAO-TSE

 

Un poco de historia

 

La revista nació en verano entre libros, hace 30 años. Su sala de partos, cuna y primeros lugares de juego  fue  la librería Gandhi. Desde ese momento continuamos en la travesía de encaminarnos a muchos puertos y desde ellos nos apropiamos selectivamente de ejemplos de  la literatura de muchos países, abarcando una gran cantidad de América Latina y del continente americano, como de Europa , África y Asia. Asimismo,  realizamos números con  temas monográficos, que retomaban, por ejemplo,  la danza, la violencia, la novela negra, la ciencia ficción,el lenguaje, el insomnio, el erotismo, además , nos  acercamos a través de suplementos,  a la literatura chicana y a la de los jóvenes creadores en los estados, en fin, de esta forma,  quisimos rescatar y  presentar al lector una muestra pequeña, pero amplia, colorida y profunda del amplio universo de la escritura. 

 

Alguien ha dicho que la creación literaria supone intercambios humanos; el escritor no puede nunca querer que su pensamiento no sea esperado, que no sea importante para los humanos con quienes vive. Y ha sido este componente, el de los intercambios humanos, el que más placer personal me ha dado al dirigir la revista. Intercambios  creados no solamente en el participar en la difusión literaria, en la lectura de los textos, sino en el observar y dialogar con un sinnúmero de amigos/as poetas ; y así haber ido tejiendo, sobre la propia piel de la vida,  en la creación de un vínculo afectivo  que nació a partir de la palabra escrita,  que se corporizó en  vínculo amistoso, de cofradía abierta, de solidaridad; hecho que en este planeta habitado por la miseria, el egoísmo, la violencia de las guerras, las hambrunas motivadas por el comercio, las fronteras vigiladas y militarizadas, este hecho de crear vínculos de amistad basados en el desinterés material, y sólo en el interés de la difusión literaria y artística, es ya un pequeño respiro de puro oxígeno humano. 

 

A lo largo de estos 30  años se fue creando un largo poema único, producto de la conjunción de creadores en diferentes idiomas: español, inglés, italiano, náhuatl, francés, hebreo, árabe, idish, , zapoteco, guaraní,  danés, catalán, euskera,  en fin, ese largo poema se encuentra en la memoria de los lectores  y en la revista impresa. Es parte de nuestro presente poético. Y la presencia de centenares de narradores han dado como resultado la novela de los mil y un cuentos, expresada en varios idiomas, mucho mas allá de las lenguas romance.  Y así tejimos junto con los lectores una gigantesca alfombra voladora. 

 

Por último, un saludo, un apretón de manos, para todos aquellos que han participado abiertamente solidarios en este proyecto,  y para aquellos que participarán. Un saludo a la generosidad y un abrazo a la creación por la creación. Sigamos en este pacto contra el egoísmo.

 

¡Viva la vida! ¡Viva la literatura!

 

Eduardo Mosches

 

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Viernes, 30 Septiembre 2016 04:51

Lucha de Clases

Lucha de clases en la poesía

Es indudable que hoy en día nuestra sociedad mexicana, es gobernada por intereses de grupos y clases dominantes. Cerrar los ojos ha esta verdad. Seria comer las migajas que caen al suelo de la mesa de un sistema tecnócrata y déspota, que califica, dicta y conduce a la dominación y sujeción de las conciencias.

La poesía gira también en esa dinámica estructural clasista. Como una especie de sedante, desviando la atención del verdadero conflicto. Sigue una clara estrategia global de control social y responde a quienes detentan el  poder político y económico. Van generando en los poetas una dependencia, una necesidad por los espacios propositivos que impone el sistema institucional. Es así como muchos han renunciado a la libertad y ha decidido esa relación de codependencia con el estado.

La burguesía o el poderoso como usted le quiera decir. Lo único que busca es la estabilidad y seguridad de su pequeña parcela. Por eso crea sus propios espacios recreativos. Proveyendo así una válvula de escape, la cual no les genere un arte contestatario desestabilizador. Marginando de esta manera a todos aquellos que no quieran unirse al rebaño. Becas, premios, fomentos económicos. Concursos son algunos de las artimañas.

Ante este contexto totalizador de aquellos que crean el modus operandi. Es necesario replantear el propósito de quien escribe o para quienes lo hacen. Cual la convicción que lo cierne y la postura que lo sostiene. Y es que a través de la historia en esta división de clases. Existe la contradicción entre los valores esenciales de la vida: la justicia y la libertad. Y en medio de esa contradicción el poder del estado ejecuta la opresión e intimidación legitimando de esa forma a sus artistas e imponiendo su propio juego circense. Por otro lado hay quienes hacen de la poesía un ejemplo de libertad y la asume con responsabilidad, tanto  que puede pagarlo con su vida y ha si ha sido en infinidad de casos. Ya que el sentido de la poesía es la afirmación que se persigue, es una afirmación de lo que somos. En ese sentido debemos saber a quienes privilegiamos. Somos la voz del acaudalado. O la voz de los que no la tienen.

 

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