José Miguel Lecumberri

José Miguel Lecumberri

J. M. LECUMBERRI

 

Mupeta, lúsico y poco, sí, muy poco. Nacido en la punta del millenialismo, escribe sobre el Caos, la discordia y la putrefacción. Canta al apocalipsis y a las perversiones sexuales. Chamán, sin poderes ni conocimientos sobrenaturales. Nigromante, vasallo de Lucifer. Hombre que piensa. Espíritu de una vía negativa hacia la liberación. Arterrorista, fundador y colaborador incansable de varias zonas temporalmente autónomas (ya casi todas destruidas) y actos de magia del caos: Los Brhams Stalkers, Monsieur Morrison, Los Filósofos Malditos (R.I.P.), los Furiósofos, Ediciones y Punto (R.I.P.), Maljim (R.I.P.), entre otras. Autor de varios tomos de letra muerta: Manual de Neurocirugía para Zombis (Inferno Ediciones), Esquizófrasis (Ediciones y Punto), Pirosofía [teoría de cuerpos delirantes] (Barbas Poéticas), El Matemático Negro (Mezcalero Brothers), H1 (Rojo Siena Editorial), Alter Satan (Versodestiero), Moncloe Piscis (Verso destierro), El libro Negro (1914) (Ediciones y Punto), Las Rojas Raíces del Insomnio (Barbas Poéticas), Monsieur Morrison (Barbas Poéticas-mardeojo), este último a estrenarse el 20 de octubre de 2018, si el Caos lo permite.

LOS SIETE TITANES CULTERANOS:

APROXIMACIÓN A LA DISIDENCIA

DEL ESPACIO POÉTICO 

/ José Miguel Lecumberri /

 

  1. El laberinto sonoro

“... Por eso también los libros

sagrados están escritos en lenguaje ritmado, lo cual, como se ve, hace de ellos otra

cosa que los simples “poemas” en el sentido puramente profano del término que quiere

ver el prejuicio antitradicional de los “críticos” modernos; y, por lo demás, la poesía no

era originariamente esa vana “literatura” en que se ha convertido por una degradación

cuya explicación ha de buscarse en la marcha descendente del ciclo humano, y tenía un

verdadero carácter sagrado.”René Guénon- El Lenguaje de los Pájaros

 Como afirmara Gastón Bachellard, el poeta “habla en los umbrales del ser”, ese ser que para Hegel es la Nada: “El hombre es esta noche, esta Nada vacía…”*, ¿y el poeta?, portavoz quizás, del silencio infranqueable “es la noche del mundo que se presenta ante nosotros”*

 En este contexto, Ernesto Fernando Iancilevich, al hablar de los cinco niveles ontológicos de la poesía, inicia preguntándose, no sin cierto recelo: ¿Qué es poesía?, como parte del mundo fenoménico Iancilevich la hurga, encontrándole cinco principios de ser en sí:

Así, la poesía, en su aspecto fenoménico, aparece en cuatro niveles ontológicos: 1) lingüístico (acontece en la lengua), 2) literario (se ubica como género en la literatura), 3) histórico (se sitúa en la historia de la literatura), 4) crítico (interroga su propio hacer). Por cierto que el cuarto estadio no excluye los tres precedentes, sino que los conserva y proyecta, al modo de interrogación provisional, en su ir hacia la visión.

 […]El quinto grado ontológico de la poesía es el metafísico; allí acaece cognoscitivamente en la visión.1 Como representación en el mundo, la poesía es ante todo la revelación de la paradoja de identidad entre el ser y la nada. Con base en lo anterior, resulta indispensable que, antes de ahondar en el análisis de Espacio en Disidencia, aclaremos estas dos cuestiones principales: ¿Qué es poesía? Y, por consiguiente: ¿Es poesía aquello que los siete titanes han publicado?

 De todo el universo teórico, que intenta desde varias perspectivas brindar una concepción adecuada de la poesía, para efectos de este breve ensayo, tomaré la senda, como ya se podía adivinar desde sus primeras letras, de la poesía como fenómeno cultural, como un movimiento del espíritu humano que se manifiesta y revela a los sentidos en la forma sublime de la melodía y la armonía, y no tanto como ese mero ejercicio de lirismo arbitrario, al que nos han acostumbrado, a una especie de parodia poética, que circula indiscriminadamente en las esferas oficiales de la cultura. Antes de dar un concepto de poesía, quiero referirme a la advertencia que José Lezama Lima escribió en su diario, en el sentido de la inaccesibilidad de la poesía como conceptualización meramente racionalizada, y los peligros de intentarlo:

 Cuidado con la filología [...] Pudiera pensarse que el objeto último

de la filología es el intento diabólico y perezoso de definir la poesía.

Hay en esa ciencia la obstinación diabólica de querer hundir un alma.2 Sin perjuicio de lo anterior, y en el entendido de que este no es un trabajo de investigación sino un ensayo, es importante dar cierta luz sobre el criterio específico a usarse para dar mi concepto de poesía, por ello recurro a la definición que en su deslumbrante y breve texto El parásito de los poetas, Emil Cioran nos brinda sobre el poeta:

 En esto reconozco a un verdadero poeta: frecuentándole, viviendo largo tiempo en la intimidad de su obra, algo se modifica en mí: no tanto mis inclinaciones o mis gustos como mi propia sangre, como si una dolencia sutil se hubiera introducido en ella para alterar su curso, su espesor, su calidad. Valéry o Stefan George nos dejan allí donde les abordamos, o nos vuelven más exigentes en el plano formal del espíritu: son genios de los que no sentimos necesidad, solo son artistas. Pero un Shelley, pero un Baudelaire, pero un Rilke intervienen en lo más profundo de nuestro organismo, que se los apropia como lo haría con su vicio. En su proximidad, un cuerpo se fortifica, y luego se ablanda y se desagrega. Pues el poeta es un agente de destrucción, un virus, una enfermedad disfrazada y el peligro más grave, aunque maravillosamente impreciso, para nuestros glóbulos rojos. ¿Vivir en su territorio? Es sentir adelgazarce la sangre, es soñar un paraíso de la anemia, y oír, en las venas, el fluir de las lágrimas...3

 Un poeta, alguien que hace poesía, es pues ante todo un “agente de destrucción”, luego entonces se infiere que, al menos para el pensador rumano, la poesía es destrucción, ¿pero qué clase de destrucción sería esa? La poesía es tal vez como esa “noche oscura del alma” que los místicos describían de la siguiente manera:

 En esta noche oscura comienzan a entrar las almas cuando Dios las va sacando de estado de principiantes, que es de los que meditan en el camino espiritual, y las comienza a poner en el de los aprovechantes, que es ya el de los contemplativos, para que, pasando por aquí, lleguen al estado de los perfectos, que es el de la divina unión del alma con Dios.4

 Tal vez y como sugirió Pablo Picasso, en clara referencia a las antiguas tradiciones orientales: “todo acto de creación es en primer lugar un acto de destrucción”, la poesía destruye y, a diferencia del arte, la poesía interviene no sólo en el sentimiento, en la formalidad del espíritu, sino que conmociona los cimientos de su existencia y conduce, con la ternura de una madre enloquecida por su propia belleza, a un estado de videncia, que sólo es posible lograr por medio de las palabras como materia prima de la conciencia, esa misma que el demiurgo trabajó a partir del barro primigenio, la palabra es pues fuente, emanación de luz que se proyecta en el instante y conduce a la eternidad por las venas putrefactas del tiempo, la poesía es la imagen de aquello que sólo es posible para el hombre, aprendiz de divinidad.

 Tal y como Rimbaud la concebía, la poesía es ese “largo, inmenso y sistemático desarreglo de todos los sentidos”, donde el espejo queda inmaculado, para siempre puro, libre de reflejos donde el ser y la nada se identifican en toda su plenitud.

 Aquí, se aprecia un complejo juego de forma y fondo, de estructura y contenido en el cual la poesía se va desarrollando. La poesía es un camino fuera del espacio y del tiempo, una primera referencia de la desintegración del cosmos, ejercicio de contemplación que nos conduce a un irrefrenable asombro de la Nada, a una inactividad y a una falta de potencia vital por virtud de la cual, se llega al “Misterio de todos los misterios/Llave de toda mudanza”5

 La poesía es de los pocos objetos sagrados que aún perduran, a través de ella, las eras imaginarias quedan testificadas, grabadas para siempre en música y silencio, en un laberinto eterno de diáfanos simbolismos.

 

  1. Los ídolos de cobre sobre el río

 

“Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa dicen que soy poeta..., cuando no porque iluso suelo rimar –en verso de contorno difuso- mi viaje byroniano por las vegas del Zipa...,”

                León de Greiff

 Tras aceptar el encargo que me fue conferido, respecto a la elaboración de un ensayo crítico sobre una antología de siete poetas mexicanos de mi generación, titulada Espacios en Disidencia, una incierta emoción me afectó profundamente. Me había colocado en una posición de dilema doble, por un lado la inevitable vanidad y el escepticismo receloso que la enmascara, como a una rosa, por otro lado, la rasgadura del velo, es decir, el deber de limpiar la vista por la “fuerza del conocimiento” como diría Nietzsche y así, a la manera de un cabalista medieval hacer guematria, sopesando cada adjetivo al medir las redes rítmicas y diseccionar sintagmas hasta conseguir el núcleo lleno de vida, que es la verdad poética.

 De esta forma, la misma noche en que recibí el texto aludido coeditado por Editorial Praxis y Ediciones Velamen, comencé a darle una primera lectura de aproximación. Para grata sorpresa de mi ego, desde los primeros versos que leí comencé, poseído por una tristeza de asbesto, impermeable al aciago fuego, a notar la pobreza del lenguaje, lo tropezado del ritmo y la falta, por no decir ausencia, de contenido en los poemas. Me tope, con patéticas plegarias de ateos.

 Pese a que más adelante en este trabajo, describiré el análisis efectuado a los poemas, puedo adelantar, a manera de ejemplo y a la vez fundamento de estas tan abruptas aseveraciones, lo siguiente:

 “Confundido, iluminado

Descendiendo del tiempo

Como alguien que se hunde en la marea

Al fin soy

Al fin descanso

Al fin me tengo

Al fin me entiendo

Al fin suspiro con un beso

Ya muy lejos de mi cuerpo.”

                                                      Leopoldo Lezama. “Canto Metafísico”

 

Ejemplos como el anterior abundan en la antología. Dulcemente agraciados con las más altas cualidades de los poetastros oficialeros: excesivo uso y abuso de los gerundios, arritmia, lugar común recurrente hasta el asco, divismo, cursilería posromántica y una generosa ración de mensajes obtusos y vacíos. Cito:

 “La vida ha sido amar con el amor de los ciegos. Escribo en el silencio. Miro la lluvia que nunca pasa, en la ventana. Mi padre no se pudo ir a la guerrilla porque tenía el pie plano…”

                  Rafael Mondragón. Cuarto Fragmento.

 Pirotecnia literaria, verborragia que no llega siquiera a ser infecciosa, sino simple y llanamente sosa, fragmentos tan reveladores y hermosos como aquel canto escolar que dice: Juanito tiene una pelota redonda.

Una consecución de ripios sonoros, que en lugar de musicalidad, provocan cierto extrañamiento de la razón que confundida, deriva casi irremediablemente en la desidia, y al fin, en el desentendimiento de la obra. Por ello, es imperativo cuestionar no sólo al autor y a la obra, sino también a quienes tenemos la desgracia de pasar nuestros ojos por sus páginas. ¿En dónde se ubican estos siete titanes con sus voces desplomadas del Olimpo? ¿En qué espacio ontológico anidan estas lívidas urracas con pretensiones de cuervo?

 Para Leopoldo María Panero, quien a pesar de estar recluido en una institución de “salud mental”, parece ser la potencia poética más lúcida de estos días, el poema es “el dios más siniestro que existe”6, en este sentido, este dios extranjero, peligroso, matemático e indiferente que uno execra del alma como prueba de una existencia que se presupone vacía, como un cadáver anticipándose a la propia muerte, presupone un cierto desequilibrio, una debilidad enfermiza por la autodestrucción, cuando no un divismo, una exagerada megalomanía, la cual sólo puede producir composiciones tan lamentables como la que a continuación cito:

 “Una flor, fingiendo

Se jacta desde el aire:

La mariposa”

                            Luis Téllez. “Una Flor, Fingiendo…”

Respecto a este poema de Luis Téllez, se puede decir por ejemplo, que es un vergonzoso intento de imitar la poesía japonesa, con una pretendida profundidad que a fin de cuentas se evidencia más bien como una estructura vacía, pétalos sin flor, pues no sólo se limita a ser poco original, sino que más aún, se convierte en menos que el polvo de la sombra de piezas tan maravillosas, como la que a continuación me permito citar:

 “¿Una flor caída

volviendo a la rama?

Era una mariposa.”

Îo Sógui

 

Ciertamente la culpa no es del todo de quienes publican estos textos, sino de aquellos que, jactándose de su calidad de académicos o eruditos, les permiten publicar textos que debieran de ser sólo ejercicios personales para el perfeccionamiento del oficio. Lo anterior, es aún más grave en tanto que siendo conocedores de las letras hermosas, patrocinaran la publicación de estos ensayos, como si fuesen la labor de poetas con oficio, seguramente sus intenciones para con estos jóvenes poetas, no han de ser cien por ciento literarias, de otra forma ¿porqué bautizarían con su hedionda saliva negra a este infortunio literario? Parafraseando a Edgar Allan Poe: sólo vale la pena escribir cosas nuevas, o escribir de cosas viejas de nuevas formas.

 Ahora bien, analizaremos algunos de los textos de esta antología, a la luz del método de las Redes Rítmicas, el cual pretende desenterrar el núcleo del poema, es decir el paradigma que contiene lo que realmente el autor quiere decir, a través de la detección del ritmo y las palabras acentuadas, ubicando los acentos de calidad en cada verso. Asimismo, también muestra la técnica de composición, la armonía y la melodía, las rimas y, en este caso, por tratarse de versos blancos, el metro, que da la cadencia a los poemas:

 

I.- “(9/11)” de Iván Cruz:

1Con / qué / cer / te / za 5 A: 2, 4

2Nos / en / ca / mi / na / ban / al / ma / ta / de / ro, 11 A: 1, 5, 10

3Con / qué ab / ye / cta / pa /cien / cia 7 A: 2,6

4Con / su / mie / ron / ge / ne / ra / cion / es 9 A: 3, 8

5Y o / ri / na / ron / a / nues / tros / muer / tos. 9 A: 3, 8

6Hoy, / la a / bun / dan / cia / de / sus / cer / te / zas, 10 A: 1, 4, 9

7La ab / yec / ta / pa / cien / cia / de / sus / le / gio / nes 11 A: 2, 5, 10

8Se / mi / de en / el / rau / dal / de / sus / es /com / bros. 11 A: 2, 6. 10

II.- “Los Gatos” de René Morales:

1Por / que / soy / lib / re 5 A: 3, 4

2Te in / vi / to a / co / rrer / a / los / te / ja / dos 10 A: 2, 9

3A / co / mer / tór / to / las, / a / ver / quien / se a / ho / ga / pri / me / ro / con / las

[17 A: 3, 4, 8, 9, 11, 14

4plu / mas / en / la / gar / gan / ta 7 A: 1, 6

5Te in / vi / to a / la / mer / nos / los / lo / mos 8 A: 2, 5, 8

6A ha / cer / el / a /mor / con / do /lor, / co / mo / lo ha / cen / los / ga / to

[15 A: 2, 5, 8, 11, 14

7A / mau / llar / has / ta / que / se / nos / re /vien / te / la / gar / gan / ta 15 A: 3, 10, 14

III.- “5” de Luis Paniagua:

1El / dí / a 3 A: 2

2Vis / te / la / tran / qui / li / dad 7+1 A: 1, 7

3Co / mo un / a / bri / go 5 A: 2. 4

4Al / am / pa / ro / del / cual 6 A: 3, 5

5Llo / viz / na 3 A: 2

6Y / nos / sal / pi / ca 5 A: 4

7(co / mo / con / tra un / mu / ro) 6 A: 5

8la / de / ses / pe / ran / za. 6 A: 5

IV.- “1” de Alberto Trejo:

1De / be / ser / la / ven / ta / na a / bier / ta, 9 A: 1, 3, 6, 8

2son / ri / sa / del / ár / bol / que / se hi / zo / pri / ma / ve / ra; 13 A: 2, 5, 8, 12

3o es / ta / sen / sa / ción / de / noc / tur / na / car / ne, 11 A: 1, 5, 8, 10

4o el / sa / bor / a / dis / tan / cia / de / los / o / jos / que / re /cuer / dan,

[15 A: 3, 6, 10, 14

5o la / len / ta a / go / ní / a / de u / na i / ma / gen 10 A: 2, 5, 9

6que / no / ter / mi / na / de / mo / rir 8+1 A: 4, 8

7lo / que / vie / ne 4 A: 3

8to /dos / los / dí / as 5 A: 1, 4

9al / ca / fé / de / las / ma / ña / nas. 8 A: 3,7

 

Como se dice popularmente “al buen conocedor, pocas palabras”, los textos número I, II y II ni siquiera pueden considerarse poesía, son prosas a renglón cortado, no existe la más mínima noción del verso libre, ni por asomo se les puede dar una lectura rítmica, los acentos están acomodados de formas tan arbitrarias que los “versos” carecen de toda musicalidad. No vale la pena siquiera que profundicemos en el estudio de estos deplorables pasajes.

 Por lo que hace al texto número IV, es evidente que Alberto Trejo asistió siquiera a alguna de sus clases, ya que el suyo, es un poema que cumple los criterios del verso libre, aunque ciertamente en los tres últimos versos, el ritmo se cae por completo.

 Por lo que hace al estudio de fondo de este poema, llama la atención de forma especial el tema, cliché de la melancolía, aquella carne nocturna, aquellos ojos recordados, la imagen que aún entra por la ventana abierta, el medio morir y la rutina previsible del café. Con una sobrada ingenuidad simbolista, el fondo de este poema lo podemos encontrar en un sin fin de cantos populares. Extraña forma esta de hacer “poesía culta”, componiendo una cursi balada estilo Ricardo Arjona, disfrazando todos sus lugares comunes con versos de arte mayor. Alberto, no te confundas, lo tuyo son los octosílabos trovescos.

 

  1. La antipoesía como un fracaso del espíritu

 

“¡Ah, preocupaciones de los hombre!

¡Ah, qué gran vaciedad hay en las cosas!

‘¿Quién leerá esto?’ ¿A mi me dices tu eso? Nadie, por Hércules.

‘¿Nadie?’ O dos, o nadie. ‘¡Vergonzoso y compasible!’ ¿Por qué?...”

Aulo Persio Flaco

"Cállate o di algo mejor que el silencio."

Pitágoras de Samos

¡Vaya profanación!, la de estos titanes. Momificando en el lugar común, el cuerpo ya tantas veces resucitado de la inspiración. De vez en cuando es saludable comer carroña y vomitar plumas de pavo real, según la más pulcra exégesis sobre la poética de Carnero. Quienes realmente nos dedicamos al oficio de unir y desunir palabras, de modificar la esencia escondida con las diferentes posturas del nombre permanente, sabemos que la fama no la merece nadie, y que la Historia, ese Leviatán afeminado, conoce a quienes “están hechos para el látigo” como diría Baudelaire al desnudar su corazón, y golpeará, no por justicia sino por capricho.

 La poesía no es recomendable para quien busca la gloria, la fama o riquezas, pues es el viaje de uno con su propio cadáver a cuestas, la poesía debe revelar el no-ser como única verdad posible, como aquello hacia lo que todo ser tiende y en lo que el universo entero acabará, la poesía es un Nirvana terrorífico, porque es posible llegar a ella en cualquier estado mental, ese es su peligro, una receta infalible para el insomnio perfecto.

 En este espacio yo sólo veo una disidencia, sin excepción, los siete autores renuncian a la poesía y se adhieren a aquel ya caduco movimiento de antipoesía que ciertamente hoy es por demás anodino. La matemática precisa a la que responden el ritmo, el metro y la sintaxis, aún en el verso libre y en el verso blanco, estos dos últimos que supuestamente son trabajados por los titanes, aunque a veces parecen indecisos sobre este punto al grado de perder en ocasiones los estribos y coquetear con la prosa sin un sentido aparente de las proporciones poéticas ni del aliento, ese que provoca la asfixia, en última instancia, la música del poema. Así, la ausencia de esta labor de medidas y cuentas de las sílabas y los versos, de fonemas y de acentos, parece no alterar el firme propósito de los titanes de escribir poesía, de colocarse como ídolos adentro del lecho del río y cortar su cauce.

 Así, esta poesía culta que pretenden hilvanar los siete titanes en laberínticas ramificaciones, no puede ni siquiera ser considerada parte de esa carga renovadora, de esa verdadera actitud de exploración de los rojas raíces del insomnio intelectual, cuando se cae por falta de talento, o lo que es peor, por falta de dedicación, en tantos ecos de silencios mal ubicados, en tantos derroches de imágenes desarticuladas y naiff, donde el lenguaje poético no es más un ordenamiento de lo enigmático, a la manera de pensar de Borges, sino una simple estructura de perdición, donde quien escribe es el último en disiparse, pues ni siquiera él está presente en su propio engendro.

 Espacios en Disidencia, es un ciego testigo más de la ignominiosa actitud de un statu quo que ha encontrado la fórmula de acallar el espíritu revolucionario, regalando puestos y oficinas de mediocre gestión, y ya que si bien es cierto que la burocracia es el purgatorio de los revolucionarios, es un malogrado umbral del infierno, donde el Estado puede y de hecho crea un espacio libre de toda subversión y por tanto desarrollo en el discurso literario actual. Por tal motivo, en Espacios en Disidencia, no encontraremos las nuevas voces de la poesía mexicana, por el contrario, encontramos la decadente letanía del automatismo esteticista por el que se pretende justificar la caducidad del espíritu humano.

 

 

POEMAS DEL PROFUNDO ESPANTO

M. LECUMBERRI

 

 

 

Me lavo en el rocío y valles en el brillo de tu fuego, mi señor.

El Galdrabók

 

 

Misterio de pensar en nada

Mi madre bebía

Como una piedra

Y volaba en círculos.

 

+

 

Bajo por un café todas las mañanas

En un elevador amarillento

Palíndrimo de la ascensión

Ruina enredada como una serpiente

Al tronco vacío del movimiento.

 

+

 

El vapor del otoño

El vapor de la luz putrefacta

La lluvia es de tierra

Y la tierra es de carne

Carne seca cubre el fango

De la tristeza otoñal.

 

+

 

A la psiquiatría debo

El lago de la penitencia

Las sesiones de golpes

Con monjas irredentas

Su espuma de opio

El Diablo en el tigre

El espejo en el Diablo

Que llora frente al mar

Donde se espesa

La soledad y el desierto

Que es un espejismo

De hierro soldado a la luz

Las tinieblas del paraíso perdido

Que azules

Mienten al señor del espejo

Al doctor Lacan.

 

+

 

Orfeo

Que vuelas como un grito

Y vacías las flores

Para que brillen las lágrimas

Dices saber

De memoria el camino de regreso

A la nada

Entre los vidrios rotos

Del espejo de Medusa

Encontraste el globo carmesí

Que aprisiona

El último aliento de Cristo

En este mundo

el que maldijo el nombre del Padre

Orfeo

Tú que conoces el regreso a la nada

Cuánto sabe la nada

De ti

Como una lágrima perdida

Entre las cerdas

De la guitarra.

 

+

 

El Diablo tiembla

Se parece al viento

Que disipa las cenizas

De los difuntos

El Diablo se enfrenta hoy

En la Arena México

Al Santo

Y se hunden como piedras

Los corazones de la lotería

Y el folclore que adulteró

El mezcal traslúcido

De su saliva.

 

+

 

Virginia Woolf como una madre alcohólica

Anarquista exanguinada

Por los guijarros y la blasfemia

Parece una gota de marfil

En mi librero

El camino inhóspito del Diablo

El fango inhóspito de Orfeo

Que mira desde sus gusanos

La tinta hojarasca en mis pupilas

La tinta silenciosa del otoño

Virginia Woolf

Repta por la pared de mi departamento

Busca en mis tazas desechables de café

Al viejo editor

Al que el viento rezaba

Pasa por mi espinilla como un gato callejero

Nebulosa y cruelmente

Virginia Woolf me guarda en su silencio.

 

 

+++

 

 

Miércoles, 12 Agosto 2020 01:11

LOS AGENTES DE LA NSA / Miekl Huehuecóyotl /

 

 

 

LOS AGENTES DE LA NSA

Miekl Huehuecóyotl

 

Para los ingenieros de la devastación

y los guayabos coolturetas.

Reverendos HDSNarcisistaM.

 

El día de hoy

Agentes de la NSA

Tocaron a mi puerta

O aquello que llamaban puerta

Los hombres cuando podían salir

Antes de la reclusión voluntaria

En fin

Estos hombres pasaron y repasaron

Un pocillo de peltre por las rejas de mi puerta

Mientras esperaban que saliera de mis aposentos

A darles un espectáculo

La luz enceguecedora de la computadora

3:30 am que es la hora del Cristo invertido

LGBT+++ como dios manda

Be queer motherfucker!

Or be nothing!

Decían

En tono impositivo

Be queer, muthefocka!

Or be dead!

No sólo de carne vive el hombre

Sino del Gran Espíritu que mantiene en cohesión a todos los seres

Les respondí

A quien le importa si chupas vergas o vulvas

En un mundo

¡¡¡Donde no se te puede ver ni la sonrisa!!!

Donde los buitres se sientan al otro lado de tu jaula

Y esperan la hora de tu despertar del insomnio eterno

De la pandemia

Del insomnio negro al que llaman paranoia

Dos agentes de la NSA

Vestidos de Drag Queens al otro lado de mi jaula

Me observan

Con sus ojos hundidos en oleajes de diamantina

Y sus labios encendidos por las llamas

De L’oreal París

Con la flecha que asesino a Aquiles debajo del bralette

Uno de ellos se aprocimó por la pantalla de mi computadora

Y escribió

¿Estás listo para despertar!?!?!?!?

ONE:                                     כי היום יום חמישי

                                          היום של

                                 Τετραγράμματον

Una matriz de rejas invisibles

Se desdibujó frnete a mis ojos

Esmeraldas llovían con signos alienígenas

“estoy en The MATRIX”

Mierda

Pero no recuerdo la trama

Estaba demasiado grifo

Volví a cagarme en la oficina

Y esta vez

No habría deidades de carne y hueso

Vestidos en cuero y látex

Para guiarme hacia el teléfono público

Que conecta con   إلى

 

El único y verdadero ingeniero

De los desiertos interiores

Dáimon de la liberación sexual

Dos agentes de la NSA

Apuntaron sus 357es

En mi alma eterna

Y leyeron De exorcizandis Obsessis a Daemonio

¡Muy en alto!

Para que el cielo del inframundo los escuchara

Y el insomnio raquítico de mi libertad

Se esfumara

Como una pesadilla

Y volverme a mi ruina

A mi ruina tropical

Llena de sangre y maledicencias y pus

Y hacinada de personas

Que usan libros para limpiarse el culo

Que usan al cine como pretexto para nadar en su narcisismo

Que usan el arte como mingitorio dada

Como hadas destetadas

Como rimas cacofónicas

Y musiteos de orina y semen

Pulpos adheridos a vaginas estrechas

Y frustradas

Penes como dedales

Dedales de meñiques mutilados

Sin honor

やくざ

Sin pabilos ni cera

Solo las cenizas de un suicida

Captadas por dos agntes

De la NSA

En una ZTA

En una utopía hacker

Que está en ruinas

Mi alma eterna

Condenada a vagar

Por las estrechas laderas

De mi jaula interior

De mi eterna noche desértica

Como el jaguar maldito del poeta ciego

Del poeta argento que marcha ahora

Y sosiega las llamas laberínticas del אָלֶף de los tiempos

Soy yo ése

No

No soy sino su silencio

Su muerto silencio que hiede trópico y sal

Y jade roto.+++++++++++++++++++++++++

 

 

 

LA PRIMER GUERRA PSYCHOTRÓNICA

  1. M. Lecumberri

 

 

No, escucha, lo que ocurrió fue esto: te mintieron, te vendieron ideas sobre el bien y el mal, te hicieron desconfiar de tu cuerpo y te avergonzaron de tu profesión del caos, se inventaron palabras de asco por tu amor molecular, te mesmerizaron con su indiferencia, te aburrieron con la civilización y con todas sus roñosas emociones

 

-Hakim Bey

 

 

 

 

¿Cómo es que China ganó una guerra a occidente sin haber siquiera disparado un sólo balazo?

----- entre las montañas de mierda y el hechizo humeante de la decepción

Se renovó el Caos,

 

Renació de su nada un Imperio para los Enajenados

 

De este régimen saldrán cosas innombrables: (i) el hombre ganado;(ii) la hombre granada; (iii) el multiculturalismo unidimensional; (iii) la antropología del desastre; (iv) la melancolía blanca; y

Más devastadora aún:

(v) la orden de los días

Con su jurídica sangre fría, con su guante de látex tirando de las cloacas a los beés

Rodando por las cloacas entre el infierno y Tiffany & Co.

 

Porqué ordas de publicistas endemoniados pensarán que es cool llenar un Huawei con diamantes de cristal

 

Y poner nombres de rinocerontes famosos a la Sagrada Familia y hacer llover leche materna en el Adriático

Invadirán las costas de Acapulco

 Nuevamente María Félix será un ídolo zombi

Y Agustín Lara será reproducido en fantasmales cavernas de sexgore

Mientras niñitas tailandesas hacen actos de coporfilia en 120 días

 

Para diplomáticos amarillos

Rojos

Y cafés

 

Mientras Dios nace de la masturbación del Gran Capital

Envuelto en la placenta programática de WebBot

 

Crudificado en la psicoesfera de los embutidos

 

Cargando las tres cruces del delirio

La conspiración

Y el resentimiento

 

Y el Verbo se hizo

Carroña de Dios

En vez de Palabra de humano

 

Cada significante proferido alguna vez

Será procesado en nubes contaminantes

Y la lluvia ácida disolverá nuestro criterio

 

Y en las redes habrá arañas metálicas cosechando nuestras ideas

Y nuestros sueños

En un délfico pandemónium

Una permanente diarrea conceptual

Nos será suministrada a manera de neuroléptico

 

Los hombres danzarán en ombligueras sobre las ruinas de NYC

Los mismos hombres que conducían aviones

 

Y las prostitutas los rejonearán

Y hervirán sus huesos para obtener litio

 

El tráfico de baterías inmateriales

Para deseos de cristal

 

Habrá chamanes en todas las azoteas

Y cada tribu se volverá caníbal

 

Se servirán albóndigas de poetas muertos para la cena

En las casas más pudientes

 

Los pobres desollarán dealers y beberán sus sangre intoxicada

 

Así la primer guerra psicotrónica

Será un germen residual en la conciencia humana

 

Que devastará al cosmos entero

 

Llevándolo a su estado natural de Caos.

 

No se diga más

 

¡habrá que bendecir la sintaxis del nuevo-nuevo orden mundial!

 

del ojo que nada lo ve

porque seremos un reino invisible

una pocilga de espectros orbitando en torno a una motherword de helio y metales radiactivos

 

seremos un ápice de desgracia en el amanecer tras la masacre

 

los hombres morirán sus vidas

zombificados por el sueño de vivir hasta la muerte

 

de comodidades absurdas

y de música new age

 

de bongs de cobre y cántaros de cuarzo

 

en las prísitnas aguas del Lago Meme

donde imágenes cargadas de imbecilidad generarán tsunamis de sin sentidos

 

trasnformados en máquinas reproductoras

perderemos definitivamente la capacidad de deseo

 

y de nosotros quedará una sombra de sangre en el pavimento agrietado

 

apenas la centella absorta por la agonía

de la especie. Sueño en una noche estrellada en que toda persona se encamine

a suicidios de masa

como si fueran raves

 

intoxicados

danzantes

erotomizados

 

coloridas máquinas reproductoras

sólo capaces de ofrecer su carne y su movimiento

a la gran bobina Tesla del Nuevo-Nuevo Imperio

 

segmentado en feudos de colores

como un arcoíris de nacionalidades

 

lisérgicas

festivas maquinitas que se reducirán a un orgasmo fallido

a una mentira absoluta

 

hacia esas oscuridades nos dirigimos

en esa isla de atrocidades

 

habremos de encallar

 

una vez que se cierre el pacto

una vez firmado el armisticio digital

 

la huella cibernética implantada en nuestro cerebro

 

desde hace décadas

implotará

 

our own personal big crush!

 

Todo habrá de ser un orden despiadado sosteniendo al autocracia

Del Caos

 

Ave Eris!

 

El sueño de la década terminó con un golpe de estado

En que el totalitarismo violó despiadadamente a todas y cada una de ustedes

Mujeres humanas

Madres humanas o

Hijas humanas

Transexuales trasnustanciales y/o trasnpolares

 

Da igual

 

A todas se les ofrecio la delicia

Y recibieron

En cambio el holocausto

 

Por lo que hace al aspecto masculino de nuestra especia

Especimenta la especiatura de letárgica monta

 

Por la que nunca habrá de soñar jamás otra cosa sino la castración

La psicosis ha terminado

Porque nunca la hemos asimilado por completo.

 

Felices borregitos biofractales

Felices ovejas al matadero

 

Hemos ganado nuestro derecho a perder la vida

La libertad

La voz

 

Nada quedará de este templo de piedra

Sino unas cenizas pálidas

Y alguna flor podrida

 

Edificios como cementerios

Se extenderán desde Shangai

Hasta la colonia Roma, y más allá

Donde también hay hípster y otro tipo de fauna perniciosa.

 

Clases de Tai Chi programático

 

En todas las escuelas

 

Más comida orgánica de escorpiones y murciélagos

 

Más medicamentos conceptuales

Más Ziziek como aderezo: ja-ja-ja.

Usted

Sí, usted que lee

Ha muerto.

 

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Miércoles, 26 Febrero 2020 06:17

YO, EL DISCORDANTE Por, J. M. Lecumberri

 

YO, EL DISCORDANTE

Por, J. M. Lecumberri

 

La mierda hace crecer las flores y eso es hermoso.

Malaclypse EL JOVEN –Principia Discordia

 

 

 

Las 5 Nobles Revelaciones. -

 

Mi primer texto lo escribí cuando apenas contaba con poco más de un año de edad. Lo ejecuté con mi propio excremente sobre las paredes de mi cuna, algunos infortunados juguetes y mi propia piel. Sólo fue leído o experimentado por tres lectoras: mi madre, mi abuela y mi nana, Grego. Después de eso fue borrado para siempre de los anales de la Historia de la Literatura, como debiera pasar con todo texto después de haber llegad a quienes debe llegar.

Esta fue, tan sólo, mi primera experiencia, de las cinco grandes experiencias que me han llevado por el camino de Discordia. Pese a no recordarla sino por borrosos esquemas de la memoria y la imaginación y por la tradición oral de mi familia, este suceso resulta clave para mi posterior desarrollo de lo que considero el trabajo poético discordante.

Muchos años después de mi primera revelación de la Diosa, mi camino me llevó hasta Oaxaca, donde en una Feria del Libro Independiente conocí a Leonardo Da Jandra por intervención de un amigo mutuo, Max Ramos, excelso escritor, bibliófilo y anticuario.

La tarde en que conocí a Da Jandra, de manera muy expedita, básicamente sólo me dio tiempo de obsequiarle un ejemplar de mi Matemático negro y otro de mi Manual de neurocirugía para zombis.

Posteriormente, la amistad con él y con su mujer, Raga, se haría muy intensa, al grado que mi esposa y yo le editaríamos sus Diarios en tres tomos artesanalmente manufacturados, con un tiraje limitado y numerado de 100 ejemplares. Tesoro que fue muy bien recibido por la crítica y hasta llegó a ser considerado como una de las publicaciones de ése año. Los lazos siguieron estrechándose y Da Jandra, de manera obsequiosa se ofreció a participar en Lateralia y algunos otros eventos literarios y filosóficos en los que estaba inmiscuido por aquel entonces.

La segunda revelación de la Diosa vendría poco tiempo después de la voz de Da Jandra. Cuando le entregué para su lectura mi último manuscrito, lo que después se publicaría en Barbas Poéticas bajo el título de Filosofía Cuántica Vol. 1, Da Jandra me dijo sin rodeos algo como: “El libro tiene cosas buenas, pero ya necesitas dejar de lado los panfletos y escribir una obra en serio, filosofía de verdad…”

La tercera revelación, muy relacionada con la segundo, vino por boca de una figura a quien yo admiro por su falta de delicadeza ante las atrocidades del destino, su impertinente nostalgia y su disimulado ascetismo. Un artista en toda la extensión de la palabra, un genio arruinado e incomprendido, como el que más, pese a ser muy afortunado, un ser en plena desgracia cuya humanidad resultaba ingenua y cuya devoción hacia lo Bello, llegaba a asfixiarlo.

Un voraz lector y un pensador bestial, con una gran capacidad de abstracción (rara en los artistas gráficos).

Pues encontrándose el y su esposa alojados un fin de semana en nuestro departamento de Coyoacán, este artista (cuyo nombre prefiero omitir, por el momento) se acercó, sosteniendo una taza de café recién preparado, a eso de las 6:30 am, hacia la pared de la sala, donde cuelga tres grabados hechos por mí. Casi de forma devota y simultáneamente agnóstica, se quedó contemplando los grabados, inmerso al grado de no percatarse de mi cercanía en la mesa del comedor.

Comenzó a murmurar mientras depositaba la taza en una repisa y se rascaba la piocha: “… esto es un error, es tan discorde, no tiene sentido, está mal impreso…” logré escuchar, mientras yo daba sorbos a mi infusión de rooibos con vainilla.

Aquí, el poder de estas dos últimas revelaciones de la Diosa, me golpeó fuertemente la pineal y lubricó mi ojo reptil. Trajo a mi mente memorias de otras dimensiones, stills de planos astrales donde yo moría y reencarnaba sin cesar, en un angustiante y luminoso Samsara.

Así la Diosa, mi mostró el camino, por vez primera, en la forma de una serie de alucinaciones lúcidas y, por demás, caóticas, estridentes.

La cuarta revelación, quizás la más compleja para mi entender, se desató de palabras de mi pequeña hija, Amaia.

Para entenderla a cabalidad he de recurrir al principio de Mu, “ausencia” o “nadidad”, del chino tradicional: .

Para explicarlo, recurriré al kōan zen que se plantea desde una raíz herética o, cuando menos, trasgresora, de la aparentemente ingenua pregunta de parte de un monje anónimo al maestro Jōshū:

― ¿Tiene un perro la naturaleza de Buda o no?

A lo que el maestro respondió, tajante y sereno:

Mu.

Para la escuela Rinzai, esta respuesta denota delirio categórico, falacia sin respuesta correcta alguna.

En ese momento mi hija que tendría poco más de dos años, me estaba ayudando a cocinar un plato tailandés para la cena, separando las verduras y condimentándolas, mientras yo ponía a calentar la mantequilla y a sofreír el arroz.

En un tonto descuido de mi parte agarré la tapa metálica que cubría el wok sin usar un trapo, lo que me ocasionó una fuerte quemadura, en ese momento grité, con enojo, una expresión aparentemente coloquial y vacía:

― ¡Me cago en la leche! ¿Tenía que quemarme para despertar?

A lo que mi hija respondió, tajante y serena:

Mu.

 La Diosa, manifestándose a través de mi hija, me sonrío y comenzó a cantar, a todo pulmón, una de sus canciones favoritas: “Tengo una vaca lechera…”

La quinta y última revelación me ha sido dada a cuenta gotas en la carne y espíritu de mi mujer, quien comparte nombre que el príncipe de los dáimones: Lucero, la portadora de luz.

Lo más probable es que aún no me haya sido declarada del todo. Se trata, pues, de una revelación viva, en constante flujo, e incluso contradictorio devenir. Como una hacker afectiva, erótica e intelectual, que día a día me va reseteando la conciencia y me impide quedar en completo estado letárgico. Luz sin luz, flor del empíreo, que todo lo comprende y no abarca nada, piel de mí, todo lo mío que se desposee y trasciende, es por ella: καλλίστῃ.

Como dice Ovidio: “gutta cavat lapidem, non vi, sed saepe cadendo

Ella, manantial inexorable de agua, leche y miel, se deja venir sobre mí, gota a gota, como un apacible martirio para el santo, como una violenta ola para el surfista, como un código indescifrable para el programador, como orbital de conciencia en el que radican los arquetipos del amor, la libertad y el coraje. Ilegible y clara, la Diosa, en toda su sabiduría la eligió a ella, legible y oscura. Doble contradicción que se me revela con el ímpetu deseante de una máquina indómita, de una ninfa feral.

 

 

La poesía es un Espacio de Libertad Absoluta. -

 

            Como siempre había intuido, los mensajes más profundos de la Diosa, proviene de las personas más superficiales con las que nos topamos. En este caso fue un burócrata de la cultura de Morelos quien me obsequió tan brutal paradigma poético.

Ayer, siendo cuarto para la media noche, enfermo de la garganta, sostenía una infusión herbal, con leche y miel (alusión a Lucero), sentado en el mismo lugar en donde e senté al ocurrirme la cuarta nombre revelación de la Diosa, levanté mis ojos. Frente a mí, el contenido de aquellas palabras de Iván Gardea (entrañable amigo, taciturno arcángel y lúcido artista), uno de mis grabados que retrata de manera imperfecta, ingenua pero desgarradora, en colores negro y rojo, uno de mis ataques de migralepsia, compartiendo pared con un iridiscente reloj que contiene la leyenda: “Hoy es un gran día”.

A partir de esta imagen entendí que todo lo que he hecho a lo largo de mi vida no es más que un fallido poema. Que, como a todos los poetas, les atormenta y satisface por igual. Un poema inabarcable, inorgánico y viral. Un texto y un metatexto que se multiplica y duplica, se serializa y decodifica sin cesar, apareciendo tanto en la mierda como en la tienta o en el monitor de un teléfono móvil, en un estatus de Facebook o en una fotografía, en Los Brahms Stalkers y desde Malajim (los mensajeros dentro de mí), en un beso y en una lágrima, en una visita al cementerio, en el sexo, en el trabajo monótono de la oficina y en los juegos y cantos con mi hija. Es imparable, no se puede evitar. Soy en tanto poetizo mi realidad y ella, a su vez, me versifica a mí. Algoritmo encarnado, autárquico, discordante.

 

Todo en mí es un acto poético, una Meta-Patafísica extraída del más acuciado delirio de Alfred Jarry.

Espiritualidad aberrante, sensualidad patética que me destila en cada atisbo hacia la Nada en que soy una forma más, sin forma del encuentro fortuito entre un ángel sifilítico, una nube de lluvia y una laptop sobre el FNORD. Summa daemoniaca! El matrimonio de Fiona Mont y Lautréamont.

 

AVE ERIS!

 

 

Index Librorum Prohibitorum et Derogatorum.-

 

            Especialmente lo prohibido está permitido. Principio fundamental del autócrata. Pues no es el crimen, la miseria, la estupidez ni la degeneración lo que se prohíbe, sino lo que se estimula y lo que se premia, en esta sociedad profundamente enferma.

Las leyes, las reglas, los credos, las convicciones morales, son sólo textos y fábulas vacuos, carcasas a la medida de una cárcel sin barrotes ni paredes, exoesqueletos de un parásito sin contenidos: el Virus, origen de la cultura bipolar de la adaptación al miedo: Manía/Depresión e Inercia/Ansiedad.

Según el aberrante y facho lexicón de la RAE, Discordia es definida, aristotélica y cristianamente como: “Oposición, desavenencia de voluntades u opiniones” Esta definición se muestra patética para darnos un atisbo de la gloria de la Diosa.

Para Deleuze, la definición no es tan importante como lo definido, así como el pensamiento (filosofía) es menos importante que lo se da a pensar (poesía).

En física cuántica, las partículas elementales, el electrón, por ejemplo, no es una esfera material, ni un filamento, ni un caparazón de energía, es una nube, pero no cualquier tipo de nube, sino una nube de probabilidades (un devenir en estado puro) que, al ser sometida a la observación, adopta cuerpo, es decir, una particular sustancia y ubicación.

La localidad no es propia de la conciencia, que es expansiva, indeterminada, inconstante.

  

Miércoles, 11 Diciembre 2019 05:20

Lux / José Miguel Lecumberri /

 

 

Lux

José Miguel Lecumberri

 

 

 

Cancina el jade de los años

El corrupto Ángel diluvia

De sí musgo

Arcos de alianzas rotas

Yacen en tu respiración

Lóbregos arquitectos de las sombras

Un pirul arrasado por la tormenta

Aguijones de granito

Costillas de Prometeo

Sangre de una bestia mineral

Sangre que el fuego recuerda al diluirse en los rostros

Llaga que hiende el espíritu de un cedro

Cíclope recuerdo

Endrina

Seta mis labios en tu vientre

Cría el sol tus senos

Jaguares en la noche de los lienzos

Tu corazón polígono que nieva

Cerezo con vocación de arteria

Negro diamante fumaba mi lengua

Negro demonio

Careta de cisne tu espalda

Áureo rosetón custodian tus glúteos

Fugaz como Amazonia la respiración

Ofídea acariciada entrepierna

Tacto de algodón la nuca

Las tejas ronroneo

Tu voz caleidoscopio

Febril guijarro lame tu espinazo

Nácar el gemido

Perla acuifera

Fulgor que tu piel bautiza.

 
 
 
 
Jueves, 21 Noviembre 2019 06:16

VIH Por J.M. Lecumberri

 

 

VIH

Por J.M. Lecumberri

 

Entes atractivos

¡Sólo haz lo que quieras hacerme!

Botones cromados en mis ojos... ¡oh sí!

Se siente bien...  y Ella dijo:

                     Necesito sentir la enfermedad en ti

te seleccioné

Quiero hacerte algo ¿Qué carajo es diferente, hombre?

 

te mostraré por qué:

 

 

No puedo creer que estoy haciendo esto

¿Y qué mierda es diferente, hombre?

 

no lo dudes

Te arrastras por mi cráneo

en superficies de cuero

somos los testigos afortunados

de la caída de Minerva.

 

Ahora para calmarme

Lucharé con Jimmy

 

Se trataba del coño, si puedes ganar.

No de los corazones que rompes, cada vez que gimes...

 

todo ... entumecido

 

Mi papi, él me repudió

porque usaba la ropa de mis hermanas

dijiste VIH

Es como si tuvieras alas

Ahora te sientes humo

tan viajado

 

Te he visto cambiar

Así que me inyecté el frío

El sincero corazón

De tu muerte

Acércate un poco

Encenderé la tele.

                                       (nadie está seguro)

 

 

 

BALAS DE PLATA DE MORDOK MALLAKO

ENTRE ISCARIOTE Y DRÁCULA

 Por J. M. Lecumberri

 

Sólo a un monstruo como Dios se le ha podido ocurrir meter todo un universo dentro de una existencia.

¿Cómo no sentirnos siempre desgarrados?

                                                   Murdok Mallako

 

 

Murdok Mallako es sólo la máscara que cubre el rostro. El apóstol de una vida apócrifa, de un evangelio maldito. En esta colección de aforismos titulada Balas de plata, con cierta ironía y, a la vez, misticismo, el autor nos muestra que se trata de la oscuridad disfrazada de oscuridad, aquello que por la escritura desvela.

 

El volumen, editado por Huerga & Fierro (editorial de culto nacida de la llamada Movida Madrileña) está plagado de bellezas furibundas y aullidos melódicos. Profundamente inspirado por los Escolios del gran Nicolás Gómez Dávila, Mallako se acerca a un continente misterosófico lleno de herejía y vacuidad.

 

El oxímoron es su escudo ante la tangencial mirada de la Medusa posmoderna: “no se elige caer en la desesperación, pero nos podemos revelar contra las humillaciones a las que conduce”, sentencia el autor en una especie de manifiesto de la ruina, de lo fragmentario del humanismo, de su hipócrita progreso que avanza en un carruaje de hierro sobre las osamentas, como lo profetizara Blake.

 

Amante de los excesos hedonistas y, paradójicamente, de la desgarradura fundamental, Balas de plata es un libro espiritual, una especie de anecdotario de la derrota y del golpe de Estado respecto de la divinidad interior. Como escribiera Cioran: “Sólo las almas agrietadas poseen aberturas al más allá”, y está claro que este libro dispara certero hacia el cráneo del ingenuo lector.

 

Lectura no sólo recomendable sino mandatario, en el mismo sentido en que lo es una borrachera o una pelea de bar, de esas a las que Kerouac era tan asiduo. Buscador de un Dharma noctívago, de una traición ejemplar, Mollako nos pone enfrente al precioso mineral que asesina al werewolf de la mitología medieval, al bohemio rebelde que se instaura como cuestionamiento incisivo de un sistema de cadente y putrefacto.

 

Mallako no nos especifica la cantidad, pero pueden ser treinta esas balas de plata, con las que al fin podremos liberarnos de la decimonónica ideología cristiana y sus abusos, sus infamias y ser libres en un mundo sórdido, tomados de la mano hacia un ocaso infinito.

 

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JUEGO DE SOMBRAS:

LA ABSURDA TRAGEDIA DE NUESTRAS LUCHAS SOCIALES

Por J. M. Lecumberri

 

Si han sentido esa especie de satisfacción, plenitud incluso, al momento te aplastar una cucaracha, araña o mosquito, o de vaciar un litro de insecticida sobre un hacinamiento de hormigas en su casa, imagínese ahora el éxtasis divino ante las aniquilaciones, genocidios y guerras humanas.

Los dioses se alimentan de nuestras emociones.

Nosotros, criaturas vanidosas e insignificantes, nos sentimos ahora más que nunca el centro de la creación, habitantes de una burbuja pletórica de vida en un desierto oscuro y vacío, poblado por los ángeles de la muerte.

Se dice que Calígula se fue a la cama y en sueños le fue revelado que estaba sufriendo una metamorfosis, resultado de la cual había dejado de ser humano para convertirse en un dios.

Este dios emperador, hizo enemistad con nada menos que con el poderoso Neptuno, señor de los océanos. Motivo por el cual envió a legiones enteras de su ejército a pelear contra el mar.

La escena debió de haber sido épica: miles de centurias dando espadazos a olas y espuma, arremetiendo con furia contra la marea y lanzando las aguas. Esto sucedió hasta que los soldados terminaron exhaustos y confundidos, mientras el océano, indiferente continuó siendo lo que es.

Esta lucha no difiere en mucho de las actuales causas de diferentes facciones y credos: de capitalismo, ecologismo, pro-vida, feminismos, fundamentalismos religiosos, cientificismo, derechos humanos, y un largo etcétera de centuriones dando espadazos contra las sombras.

“Nuestras revoluciones son puramente verbales – afirmaba Albert Caraco—cambiamos las palabras, para tener la sensación de haber cambiado las cosas”, ejemplo de esto son el lenguaje incluyente o los himnos fascistas.

Pero ¿quién es realmente el enemigo?, ¿existe, acaso?, ¿es posible confrontarlo, vencerlo?

La lucha verdadera, no es social, ni siquiera es de esta realidad, se trata de una lucha espiritual, sintérgica, para ofender menos y usar este maravilloso concepto de Grinberg.

Efectivamente, desde hace más de sesenta años que hemos estado dando espadazos a las sombras, por no decir al vacío, todas nuestras revoluciones no han

sido más que una maraña de ideales y palabras que endulzan el oído y por las cuales millones de personas han sacrificado sus vidas en todo el mundo.

¿Esto ha detenido los infames abusos de sacerdotes a niños y niñas?, ¿ha detenido la ingente cantidad de horrendos feminicidios? La respuesta a eso es un rotundo: NO.

Ninguna de nuestras supuestas luchas sociales, revoluciones o motines han logrado una mierda para evitar la matanza, los holocaustos.

Esto responde a una cuestión muy sencilla, que no estamos atacan do al enemigo, es más, ni siquiera vemos al enemigo, no lo conocemos, sólo vemos sombras, cortinas de humo, títeres.

No olvidemos que somos el rebaño del Señor, jajajaja. ¿Quién chingados nos pastorea, entonces? ¿Cristo, Buda, los aliens?

Será posible, entonces, que como lo prefigurara Allen Gisnberg, la gran mayoría de esos niños y jóvenes secuestrados sean utilizados por ritos de una élite ancestral y sin escrúpulos para calmar la ira de los dioses. ¿Será acaso Moloch?

 

…¡Moloch cuya mente es maquinaria pura! ¡Moloch cuya sangre es un torrente de dinero! ¡Moloch cuyos dedos son diez ejércitos! ¡Moloch cuyo pecho es un dínamo caníbal! ¡Moloch cuya oreja es una tumba humeante!

¡Moloch cuyos ojos son mil ventanas ciegas! ¡Moloch cuyos rascacielos se yerguen en las largas calles como inacabables Jehovás! ¡Moloch cuyas fábricas sueñan y croan en la niebla! ¡Moloch cuyas chimeneas y antenas coronan las ciudades!..1

 

Hay quienes afirman que el dinero es el descendiente de Dios judeocristiano. No están del todo equivocados. Sin embargo el dinero es sólo un símbolo que representa el conjunto de avatares que conforman al Dios judeocristiano en nuestra era. La tecnología es otro de esos símbolos o ídolos, si se prefiere. Igualmente, tenemos la “libertad sexual”, esa suerte de sexualidad en apariencia desmoralizada, manumisora, tántrica, espiritual, pero que oculta un trasfondo obsesivo-compulsivo. Todos estos ídolos están entrelazados por una misma obsesión: la Individualidad. Santo de todas nuestras devociones, ilusión de todas nuestras realidades, potencia sin poder, causa sin fundamento alguno, más que, quizás la de un egocentrismo sin parangón.

Nos damos baños de pureza, compartiendo imágenes en redes sociales, sobre las matanzas en Siria o en cualquier lado de áfrica, ponemos banderas a nuestras fotos


1 Ginsberg, Allen. Aullido. Traducción inédita de Rodrigo Olavarría.

https://web.uchile.cl/vignette/cyberhumanitatis/CDA/creacion_simple2/0,1241,SCID%253D14605%2526ISID%253D287,00.html

 

de perfil, somos la viva imagen de la sororidad y nos descosemos en discursos para sacar a relucir nuestro dramático humanismo prefabricado.

Pero hay una fuerza invisible en las sombras, hay algoritmos, bots y hay inteligencias artificiales que levantan inventario de nuestras emociones, palabras y preferencias. Detrás de ellos hay maquinarias estadísticas, fábricas de deseos, san nicolases, monstruos y toda suerte de fantasías infantiles, de historias hollywoodenses, de estereotipos y maquetas de ciudades utópicas, para alimentar nuestra sed de progreso, trabajo y lucha.

Desde las sombras nos guían hacia el abismo.

Y todo esto es parte de un complejísimo armado teatral, para darnos la idea de control sobre nuestros cuerpos y nuestras mentes. ¿Quién demonios controla mi cuerpo? Digo ser yo, y ese yo quién es. La conciencia, la mente, la expresión individual de la lattice que se manifiesta físicamente en un organismo, en un cerebro humano dotado de razón, emoción y sensibilidad.

Todas estas palabras siguen siendo algoritmos, juicios perfectamente diseñados para que no pueda escapar de la “prisión sin paredes”. Además, se trata de una serie de controladores cínicos y viles que nos muestran lo suficiente para darnos cuenta que nos están controlando y de qué manera lo hacen, porque saben que no podremos nunca descifrar sus códigos, acceder a sus flujos de deseo, de creación y destrucción.

Somos computadoras que están siendo controladas vía remota, que llevan inserta una serie de virus que les impide operar por sí mismas. La libertad es un juego de la estadística, una treta esclavizante.

¿Qué sentido tiene, entonces, oponer resistencia? Pues aun la resistencia es parte del sistema que sustenta todos los sistemas que corren por nuestras conciencias, eso que Jung llamó el inconsciente colectivo. No sólo existe un destino, sino una programación para nuestras rutas de acceso y salida de cada sistema por el que transitamos.

De eso se han tratado las vías esotéricas durante miles de años, se han consagrado a descifrar los incontables laberintos de la Nada, los demonios que habitan cada plano astral, sus poderes, sus debilidades, sus utilidades.

Hay maestros que han dominado el arte de seducir a los demonios, de hacer comercio con ellos, de ofrecerles carne a cambio de favores y de cierto poder.

Claro, no tengo pruebas, todo esto son divagaciones. Mientras, podemos seguir regodeándonos en la vanidad de nuestras compasiones, en nuestro éxito personal y baladí.

 

 

UN POETA, UN SUICIDA

Por J. M. Lecumberri

 

Ningún placer, por suculento que sea, merece la pena ser vivido a costa de todo el sufrimiento que implica la existencia. En cada goce subsiste el fantasma del desastre.

Hegesias de Cirene lo pensó así y llevó al suicidio a un gran número de sus seguidores. La potencia de sus ideas sólo la podemos suponer gracias a Diógenes Laercio y algunos otros, pues todos sus escritos fueron incinerados por órdenes de Ptolomeo II.

Se supone que para este discípulo del hedonismo “tradicional” de Aristipo, el placer no resulta lo suficientemente bueno para justificar cualquiera de las incontables penurias que nuestras existencias deben soportar de manera gratuita.

Muchos siglos después, un filósofo rumano, sintetiza el espíritu de la doctrina hegesíaca en un paradójico y revelador aforismo: “Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera. Sin la idea del suicidio, si no fuera por la posibilidad del suicidio, ya me habría matado”. El suicidio como tónico contra el mal de la muerte, la ironía como estimulante de la tolerancia existencial.

Es lugar común el hecho que el oficio poético conlleve la marca del infortunio. Muchos son los vates que han decidido levantar la mano contra sí-mismos para poner fin a sus días y a sus miserias. Lo que algunos podrían juzgar como un acto de cobardía y locura, es para el poeta, una consecuencia de la libertad más absoluta y sublime: la de no depender de criterios y directrices políticos, como lo asume la sociedad occidental desde Aristóteles o quizás desde antes. El individuo se alza triunfante sobre los poderes del mundo y el orden social por medio de la autoaniquilación.

“Próximo está tu olvido de todo y próximo también el olvido de todo respecto a ti”, reza una máxima de Marco Aurelio, el olvido es pues el ingrediente sustantivo de la vida, pues no son los muertos quienes olvidan, sino los vivos, pues la Muerte representa un cambio radical de paradigmas, sea cual sea su insondable naturaleza.

El poeta no es el ser que piensa, sino el que da a pensar, lo cual es aún más relevante, según lo proponía Deleuze: El poeta crea afectos, a diferencia del filósofo que es un creador de conceptos.

Así, el poeta vive por y para lo desconocido, de ahí que el misticismo encuentre su única vía de expresión a través de la poesía, pues ni siquiera la más excelsa de las artes, la música, resulta eficiente para comunicar el vértigo y la oscuridad en su estado puro, como se lee en este fragmento del célebre poeta de Paul Celan, Fuga de Muerte:

 

Negra leche del alba te bebemos de noche

te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania

te bebemos por la tarde y en la mañana bebemos y bebemos

la muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul

te acierta con bala de plomo te acierta preciso

un hombre habita en la casa tu pelo dorado Margarete

atiza sus perros contra nosotros nos regala una tumba en el aire

juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania

 

La Muerte, sea sueño o la realidad más poderosa de la existencia, es motor del acto poético y detonante de la consagración atemporal de su lenguaje y sus imágenes.

El alma del poeta busca su propia muerte como la avispa que desea el néctar de la orquídea, con la misma naturalidad y la misma soltura, se trata de un fenómeno dancístico de una suerte de malabar siniestro que fascina y aterroriza por igual.

Es, quizás, en los versos de Pizarnik donde el testimonio de este baile trágico queda descrito de una manera a la vez difusa y obvia:

 

Se fuga la isla.

Y la muchacha vuelve a escalar el viento

y a descubrir la muerte del pájaro profeta.

Ahora

es el fuego sometido.

Ahora

es la carne

..la hoja

..la piedra

perdidas en la fuente del tormento

como el navegante en el horror de la civilización

que purifica la caída de la noche.

Ahora

la muchacha halla la máscara del infinito

y rompe el muro de la poesía.

 

Para Jabés, el pensamiento y la poesía son siameses unidos por la cabeza, yo diría más bien, que son amantes separados por la cabeza. Todo sistema es la ruina de la expresión poética, como toda política y la ruina de la individualidad. El amor propio, en nuestros días, nace estigmatizado por una serie de convenciones sociales que castran al deseo y lo convierten en una teatralidad idiota, ya sea la de Edipo o la de Hollywood. Ritualismos plásticos que deviene en la necesidad de reclamar la propia vida a costa de ella misma. No se puede ser con base en la constante premisa de no ser uno mismo, sino una colectividad de pensamientos y emociones compartidas y enajenantes. Escribe Juan Eduardo Cirlot:

Nunca supe quién soy,

pero voy

a ser lo que tú quieres sólo siendo

en el sol absoluto donde ardiendo

mueres porque eres.

Para el poeta no hay amor ni compasión que valgan más que la vanidad y el egoísmo, pues el hombre es un ser escindido y múltiple al que se ha pretendido enclaustrar y clasificar como objeto de laboratorio en aras de un bien común inalcanzable que no justifica ningún crimen histórico o religioso.

El poeta no es un libertador ni un caudillo, es la esencia misma del virus del antialgoritmo, de aquello que repele incluso su propia codificación y fluye sin sentido. Esto resulta un verdadero inconveniente para el estatus quo que hoy día, hasta quiere sistematizar el suicidio, con leyes y normas eutanásicas, privándolo así de su salvajismo intrínseco y su convulsión axiomática.

El poeta es el único ser que se toma en serio la Nada, de otra manera, la humanidad no sería sino una granja de hormigas laboriosas y obedientes.

El poeta da cuerpo a lo invisible y carne a lo imperceptible y para lograrlo ha de renunciar a todo de forma irreversible. El suicidio es el único acto de alegría de los poetas.

 

++++ FIN+++++

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