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La llegada a los cincuenta de Ricardo Alias el drácula

Waldo Contreras López

 

 

Capitulo I

Recién salido del centro de rehabilitación fui a buscar al drácula para recuperar los meses perdidos sin droga en las venas. Lo encontré en cama, apenas recuperado de una larga convalecencia a causa de un mal en el hígado que lo dejó en los puros huesos. Daba miedo el cabrón; su cuerpo apestaba a jaula de coyote y de la boca le salía un olor a escusado insoportable; apenas y se podía respirar dentro de ese puto calabozo en donde vive. Además, sus ojos se veían como si trajera un vidrio amarillento encima y los traía llenos de lagañas; por esto y más, no podía evitar el pensamiento de contagiarme del mal que traía mi compa en el cuerpo. Su aspecto de calaca parlante me hizo entrar en pánico mariguanesco y hasta sentí que me iba a desmayar de la impresión; juro que parecía una alucinación de esas que uno ve en los sueños. Lo peor es el sonido que produce al hablar: la voz del pobre Ricardo parece salir desde un lugar desconocido, como desde un cuarto vacío, el fondo de una bodega enorme o algo así. Parece como si sus pulmones estuvieran tapados con una cobija o ese sonido aguardentoso fuera emitido por alguna cosa muerta dentro de su panza en vez de su boca. El drácula notó mis terrores funerarios y dijo entre risas que no me paniqueara y por favor, me quedara acompañándolo pues se sentía como dado a la jodida. "No seas gacho", me dijo. Lo entendí en parte. La soledad es muy culera; nada que ver con esas fantasías mafufas y puñeteras que tienen algunos intelectuales quienes nada saben acerca de lo que es estar abandonado en un anexo, recibiendo chingazos a diario y muriéndose por un perico o una jugosa nalga para alegrar la noche. Mi compa está solo de verdad, por decirlo de alguna manera; solo en su enfermedad y solo como una araña, cosa que no esperaba, pues la mujer de quien se podía esperar cualquier cosa menos que volará lejos del solar del macho lo había abandonado después de que el cabrón le puso una putiza por haberse gastado un tercio del dinero mensual de la jubilación en un negocio de licuados energéticos. El drac miraba la carpita verde del Herbalife y no podía evitar volver a encabronarse:

-es que esta vieja es una pendeja! ¿Cómo se le ocurre armar un malviaje como este sin antes avisarme? ¡Pinche panzona! ¡Según me quiso turiquear con la verbena de que esto era pura salud y nos ayudaría a enflacar sin arriesgar los órganos vitales! ¡Semejante loquera! ¡Mírame, pinche camelias! ¿Cómo he estado físicamente desde siempre? -me preguntó levantándose la playera mugrosa y saltando las costillas forradas por un pellejo descolorido- pues bien flaco, mi Richard, le contesté a punto de soltar la risa. ¡Pura hambre, mi camelias! ¡Esto es pura hambre! -replicó con una carcajada de sarcasmo enconado- no necesito invertir siete mil quinientos pesos en semejante empresa para enflacar! ¡La cosa es bien simple! ¡Una comida diaria y un chingo de cocaína enflacan hasta al puto Victorino y su tonelada de rock! ¡Pinche capitalismo culero! Y de pilón, la pinche Carmina quería que le contratara un servicio de internet  pues según ella, iba a vender esa putada desde la comodidad del hogar con solo dar un click en un disque portal cibernético de ventas! ¡Por si fuera poco, me pidió cien pesos para sacar una tarjeta de débito del Oxxo! ¿Cómo la ves? ¡Con eso tuve! ¡La saqué a patadas y la subí al camión a punta de vergazos!

Tú me conoces, mi camelias, me conoces bien! ¡No en vano soy licenciado en filosofía y di clases en la UAS como maestro emérito y trabajé durante treinta años en la secretaría como encargado de los préstamos sindicales! Además, con lo que vendo de drogas y lo de la jubilación de la SEP, ¡vivimos como reyes! Tú sabes que no soy ni culero ni pendejo. Mal por ella, que no quiso volver y ya se largó a Durango a comer verga de alacrán. Mal por ella. Y, mírame ahora, ¡todo puteado y más solo que un perro! No seas culero. Quédate; ahorita le hablo al tingi para que te traiga un quinientón de perico y unas cahuamas, la cosa es que no me dejes esta noche; yo pago.

Cómo buen compa, me dejé querer y no tuve que hacer más que esperar el regalazo y terapearme para aguantar el choro sentimental del buen Ricardo. El drácula se empezaba a poner aburrido cuando le entraba la ventolera del coraje o empezaba a hablar de su vieja. Me gustaba más cuando nos hablaba a toda la bola de locos sobre la mentada filosofía y sus conocimientos de la vida que son muchos, aún y cuando no dejaba de pendejearnos por no estudiar y ser unos enanos mentales que no pueden ver más allá de lo rico que son las morritas y las drogas. De hecho, gracias a las aspiraciones pedagógicas de este loco, formamos un clan de superación "anti enanismo mental", como él mismo lo llamó con toda la solemnidad que le es posible expresar. El drácula comenzó a impartirnos gratis, clases de filosofía bien chingonométricas además de regalarnos algunas lecturas de poesía, cuentos y novelas. La Carmina no dejaba de pendejearlo por perder el tiempo en nosotros quienes nunca pasaríamos de perico-perro, según su juicio. Fueron muchas tardes memorables como aquella en la que se colocó cuidadosamente un cigarro en las ligas del culo y lo hizo arder con la fuerza de sus intestinos, nomás para exponer de manera científica, que tan capaces éramos de "percibir de manera gestáltica" un evento que, por ejemplo, en Suecia, no era de ninguna manera mal visto o causante de risa: "de hecho, enanos mentales, en los países nórdicos hay certámenes anuales en donde los ganadores de distintas categorías se hacen acreedores a grandes premios en euros. El actual campeón es una mujer finlandesa que fue capaz de consumir una cajetilla completa de cigarros Chesterfield en menos de seis minutos, trece segundos y 15 centésimas (récord impuesto por un gigantesco noruego) con la pura fuerza de succión aero-centrípeta en su panocha”, aseguraba. O como aquella vez cuando el runga arremetió con un palo sobre la humanidad de nuestro profe cuando éste se atrevió a compararlo, en un disparatado y peculiar afán académico, con un disque novio de un emperador romano. El runga llegaba de los barrios del sur, con la cara de asoleado y temblando como una gallina al filo del cuchillo, muriéndose por una caguama y un pase de perico; nosotros teníamos dos cubetas llenas del preciado líquido y unos garrotes tipo Bob Marley de mariguana recién bajada de Badiraguato; el Richard lo recibió a voz en pecho con esta poderosa frase: "¿¿¿¡¡¡tú también, Bruto!!!??? Pero el runga no entendió, al igual que los demás allí presentes, que el drácula estaba haciendo una referencia literaria, antropológica e histórica. El recién llegado se le fue encima garrote de guayabo en mano. Nuestro fallido profe quedó en el piso a causa de la furia ignorante del runga y, después de sobarse un rato la espalda y quejarse como un perro, nos explicó:

- ¡vayan a la verga todos! ¡Runga! Casi me cuesta una costilla tu ignorancia, así como a Adán le costó una costilla la ignorancia de dios, creador de la peor calamidad que ha habitado el mundo. ¡Entiendo tu pendejismo y te perdono los palazos! ¡Pero déjame explicarte antes de que se te ocurra hacerme algo peor! No quise ofenderte llamándote Bruto, al contrario. Sea esta paliza como una bandeja para servirles un conocimiento que ni los doctorados en historia pueden brindarles. Décimo Bruto fue el amante de un emperador romano llamado Julio César. Este hombre floripondio fue parte principal de un plan para matarlo. Cuando Julio César era apuñalado en las escaleras del Senado por todos sus testaferros, intelectuales y mayatones, su amante estaba en la primera fila de quienes se daban gusto imperial dándole de puñetes en el cuerpo hasta dejarlo como falda de hawaiana. Había recibido más o menos unas diez tarascadas de los traidores cuando entre aquellos vio a su amante preferido y le dijo, con lágrimas en el rostro y el fundillo encogido de tristeza: "tú también, Bruto?" Así terminó el pobre Julio, césar de césares y más culero que el mismísimo Cayo "Calígula". Esta memorable frase joteril y sentimental te la dije a ti, no porque seas bruto o puñalón, cosa que no me interesa comprobar; te la dije a manera de honorable recibimiento pues te vimos llegar con el envase de cheve vacía, sediento y asoleado y, pues nosotros andamos en la misma chingadera de andar tomando a estas horas del mediodía.

¿Entiendes la coherencia de la referencia, pinche burro lazado de las verijas?



Obviamente que ninguno la comprendimos en ese momento, pero el runga puso la peor cara de pendejo que hasta entonces le habíamos conocido y solo le alcanzó el talento para replicar:
-pinches romanos jotos! No conformes con usar faldas, se picoteaban el fundillo y mataban entre ellos. Todos soltamos la carcajada, pero la clase no terminó allí. El drácula nos explicó en esta memorable sesión que el uso de la falda es saludable en los hombres pues los testículos están siempre en su forma natural, colgando como bellos higos y lo suficientemente secos por el aire para evitar un corto eléctrico, por decirlo de alguna forma; nos dijo también que la ciencia ha comprobado que los testículos están directamente conectados de forma socioemocional con el cerebro y el instinto de imperialismo; nos dijo también que la ciencia explica que Roma pudo sostener, gracias al uso masculino del vestido, un reino que duró décadas gobernando los destinos del mundo y, por si esto fuera poco, que comprobado antropológica mente está, que Roma ha sido desde entonces y hasta el día de hoy, la cultura que más ha influido en la evolución intelectual de la historia humana. Todos nos quedamos con la boca seca ante el despliegue de sabiduría del drac. Yo, de mi parte, alguna vez sospeché que eso de la conquista estaba de alguna manera conectada entre el cerebro y los testículos pues, cuando por ejemplo la Rafa no quería coger conmigo, los huevos me dolían de forma espantosa durante horas y no dejaba de pensar en ella, y más concretamente, en ese suculento par de nalgas por las cuales sufrí meses antes de conquistar sus cimas y declararlas de mi propiedad única y exclusiva. Se lo expliqué alguna vez al Richard y el aprobó mi analogía. Para terminar la clase, nuestro extravagante maestro remató con la atractiva teoría conspiranoica de que las trusas habían sido inventadas por las mujeres feministas con el afán de ahorcar ese poético lazo entre los huevos y el cerebro y, por supuesto, el instinto imperialista, facultad puramente masculina la cual provocó que se escribiera en los anales de la historia el nombre de tantos y tantos hombres quienes no nomás tuvieron los huevos bien gordos sino que además, perfectamente conectados al cerebro. El drácula también nos explicó que los hombres, en respuesta al artilugio de las trusas, inventaron los brasieres, para que las mujeres no nos gobernaran con sus bellos frutos, y los tacones de aguja para que estas fallas de Dios no pudieran, además de putear a nuestra estatura, llegar tan lejos con sus pretensiosos y rítmicos pasos como alguna vez llegaron Atila, Alejandro Magno, Shen Li Ye-Gon, Carlos Salinas de Gortari, Joaquín Guzmán Loera, Julio César Chávez, Zinadine Zidane, Pablo Apóstol, Bill Gates, Jean Luc Picard, Jesucristo y todos los hombres que construyeron el negocio socioeconómico que las hijas de Lilith hoy intentan derrumbar con estrépito. Fue entonces cuando comprendí porque el drácula no usaba trusas. De esto me di cuenta aquella vez cuando unos cuicos nos hicieron la parada para pasarnos báscula a ver si traíamos algo de droga. Nos esculcaron hasta por debajo de la lengua, supongo yo, debido a nuestro aspecto de desamparo. Cuando llegó el momento de bajarnos los pantalones y sacudirnos las ropas íntimas para demostrar que no escondíamos algún envoltorio sospechoso en esta prenda, el drácula les dijo que él no usaba. Recibió un macanazo en la cabeza como respuesta y no le quedó más remedio que demostrarlo. Se llevó un puntapié en las espinillas y un jalón en los testículos cuando su dicho fue puesto en oscilante evidencia. Le preguntaron que si porque eran tan marrano; mi compa quiso explicarlo, según sospecho ahora pues lo veía a lo lejos manotear con pasión, con su teoría conspiranóica; los policías se lo habían llevado a parte en cuanto vieron sus huevos al aire, quesque para darle un trato especial. En resumen, le dejaron caer el teaser eléctrico, nomás por mamón. Cuando los policías al fin nos dejaron en paz, el drácula exclamó triunfante: "ves porque estos pendejos son lo que son? A estos infelices les ahorcaron sus madres los huevos desde que los concibieron. Las mujeres son una calamidad, aunque sean las autoras de nuestros días"
Como pueden darse cuenta, las sesiones académicas de mi anfitrión son todo un alucín si además le agregas al asunto un buen tanque de mariguana, hierba bendita que tiene el poder de elevar la imaginación hasta en el más pendejo del mundo y que él, gustosamente nos compartía de su eterno ladrillo que regalara un hijo del Viejón del Sombrero por asesorarlo para entrar a la universidad.

 

Capitulo II

 

Pero ahora, el gurú está postrado y deprimido. Busca en el techo de lámina de asbesto la redención. Pero antes, se pone a recordar a todos los amigos del barrio que han sucumbido al embate de los años. Espero jamás ponerme a quemar cinta de la forma en que lo hace el drácula. Y es que antes me parecía un ser superior y hoy, se me hace tan humano, tan muchachita, tan desprotegido y vale-verga. Humano y muchachita porque, ¿quién se pone a recordar compas matados como si estos pobres muertos hubieran sido jotos o, peor aún, como si el joto fuera uno?

¿Quién recuerda al sopy, leyenda urbana de los años ochenta y primer cholo asesinado de la colonia por pandillas rivales, de la manera poética con la que lo hace el Richard?

-pinche sopy, venía corriendo por dentro de la secundaria seis, huyendo de la gente del tijuanas, pero ni eso lo salvó. Estaba tomando la calle quince de septiembre, saliendo de la calle geranio, cuando recibió el balazo. Le pegó en el mero tronco de la oreja; se fue derrumbando poco a poco pero no dejaba de huir de la muerte quien ya lo traía sentenciado desde que se cogió a huevo a la hija de don Emilio, el abarrotero-gomero más poderoso de la colonia buenos aires. Corría y corría y manoteaba y manoteaba para no perder el equilibrio, como un pajarito aterrizando. Recuerdo clarito que esa tarde había una disco en las canchas de fútbol amenizada por el luz y sonido Black Stone; el Kiki estaba poniendo puras rolas perronas para bailar. Cuando el sopy estaba dando las últimas patadas, las bocinas sonaban una pieza bien locochona, el rock de la langosta. Era como si el Kiki supiera lo que pasaba pues la rola sonaba como dicen en el cine: bien incidental. Siempre que recordamos los años ochenta, época en que fuimos muy jóvenes, le hacemos los honores al sopy, tipazo valiente de los que ya hay muy pocos.

¿O quién se pone a recordar a la camada de hijos de la chingada que fueron el clan de “la primera”, ¿una enorme bola de cabrones, primos y hermanos entre sí, que conformaban una de las pandillas más temidas de la zona sur de la ciudad? ¿Quién los menciona ahora como si fueran los guerreros que vencieron a Troya, cuando en realidad fueron la peor calamidad que azotó durante años la ciudad?

El drácula los describe como si fueran sus hijos:

-grandes y bravos amigos todos ellos! A nosotros no nos cargará la verga como a ellos, gracias a la gracia de Marx. No me imagino muriendo como el Charro, por ejemplo; pobrecito, lo abatieron de tres balazos a las afueras de su hogar, dulce hogar, cuando al fin había agarrado el rollo y era un hombre de bien pues era comandante de la policía municipal y tenía a su cargo a una bola de matones para cuidar la plaza de uno de los narco juniors. Amaba a sus hijos y a su esposa. Pobrecito, un rival de la juventud lo estuvo cazando durante años para lavar el honor de su hija cuando el clan, le hizo el amor de manera tumultuaria a la chavala en uno de los predios abandonados de la diez de mayo. Esperó a que estuviera desarmado y así lo ultimó. Pobrecito. Le hablaba a su madre. Cada que decía: ¡amá! ¡Un chorro de sangre le salía del pecho! La esposa le lloró a gritos como si hubiera sido un gentón tipo Luis Donaldo Colosio; sus hijos se le quedaban viendo y riendo nerviosamente como si su padre estuviera bromeando.
Carajo! Jamás moriremos como el ñoño, el Pavel, el Erik y el huevo. A los primeros tres, ya sabes, los mataron en las canchas del Jimmi Ruiz, cuando jugaban la final del torneo de los barrios categoría libre. El Pavel y el ñoño metieron los cinco goles que les dieron la victoria contra el rival: el rancho las garzas fútbol club. El error de ellos fue ir a festejar, de manera burlesca, cada gol en las narices del dueño del rancho y del equipo. Siempre fueron así: burlescos y culeros contra quién se le pusiera al brinco; solo que aquella vez se toparon con la sombra de papá vergota y mamá chichotas. El viejo de nombre Dámaso Imperial, había apostado trecientos mil pesos contra el Pancho Arce, propietario y manager económico del equipo Bitache Aguilar FC. Narcos pesados ambos. Al finalizar el partido, cinco sicarios del güero Imperial, fueron hasta la cancha y le dispararon primero al ñoño y luego al Pavel; el Erik, que no jugaba fútbol pero fungía como aguador oficial, se quiso meter a impedir la balacera contra sus parientes pero fue tomado entre dos y un tercero le puso una enorme Glock .21 en el cuello, justo debajo de la quijada, y le boló la cabeza con una expansiva. Una triste carnicería. Meses después y en esa misma cancha, fue ejecutado el panchón Arce con balas de a erre quince; gran amigo también, un gordito muy generoso que apoyaba el deporte local y a las mujeres del barrio dándoles trabajo bien pagado en sus tortillerías, prostíbulos y cantinas.
Al huevo, que Tiresias le perdone el infierno, fue el primer objeto de venganza de aquel que terminara de redimir a su hija con la muerte del charro. Con este no batalló tanto. Lo agarró dormido. Una amiga de su hija, putilla de poca monta, le ayudó con el cuatro. Puso una pastilla para dormir en la caguama del huevo y cuando este terminó desmayado, llamó a don Nabor y aquel le vació toda la carga de la Smith & Wesson 380. El huevo era el más cabrón del clan y por eso, lo tuvieron que agarrar jetón. A los demás, al chivo, al callejas, al chavo, al pelochas, al mochomo y al pocho, los fueron exterminando metódicamente tras las paredes de la penitenciaria de Aguaruto. Ya no queda ninguno. El charro fue el último. En paz descansen todos; en la CLC, la diez de mayo, la Margarita y la república mexicana, siempre los recordaremos.

 

Cápitulo III.



Y así siguió el drácula, recordando toda la noche una larga lista de cabrones que construyeron con sus vidas y sus muertes las calles trágicas de estos barrios. "No hay calle que no nos recuerde un muerto" -dice el Ricardo, con lágrimas que le mojan los huesos de la cara. Casi al amanecer, me dijo que nosotros no fuimos de esa índole huevuda y que seríamos olvidados así como la historia olvidó o repudió a Eróstrato, Vlad Tapes, Nikola Tesla, Rockdrigo González, Roberto Baggio, a Heraclio Bernal y a la liga veintitrés de septiembre. Me dijo que estábamos condenados a terminar como el kiko o el chachalaco Mayorga: locos y vagando por las calles. Que terminaríamos como el Dani o el cáncer, colgados por el cuello de tanto tenerle miedo a la vida, o bien, abandonados, solos y enfermos tras haber sido vistos como pendejos por todas las mujeres del mundo, incluidas nuestras propias madres. "Me gustaría ver cómo terminan, pinches enanos mentales, pero como van las cosas con mi salud, creo que no podré terminar de darles mis clases de filosofía. Tenía pensado para el semestre próximo, introducirlos a la filosofía alemana y a un diplomado en estudios socio-filósofos basados en la saga de Star Trek. Cabrón! He llegado a los cincuenta años de edad. Dicen los jefes de la psicología de la inteligencia emocional que esta edad es crucial y el pináculo de la madurez humana. Yo creo que es la etapa más culera de la vida pues es cuando muchas cosas te empiezan a mandar a la chingada o a abandonarte" -terminó diciendo el Richard antes de envolverse con todo y cabeza con su hedionda cobija San Marcos y quedarse dormido enseguida.
Salí de su casa nomás salió el sol, con una pinche tristeza en el cuerpo y con la firme convicción de dejar las drogas y ponerme a estudiar, de perdida una carrera técnica en el Conalep.
Duré mucho tiempo, casi dos años, sin ver al Ricardo pues estuve otra vez preso en un anexo durante casi un año, pero está vez, por desición propia; duré otro tanto, buscando la manera de ser mejor persona por medio de la psiquiatría. Creí que Ricardo estaría muerto. Cuál fue mi sorpresa cuando al llegar a su casa esta ya era otra. Nada que ver con el muladar apestoso y en obra negra que nos hizo apodar al buen Ricardo con el nombre del célebre vampiro. Pintada de blanco con verde, césped y plantas florales alrededor, enjarrada y con vitro-piso; con un anuncio que decía: centro de distribución Herbalife y ciber café, la casa parecía ser ya de otra persona. Los dependientes eran una pareja como de cuarenta años. La mujer, muy delgada, atlética y bella; el hombre, un güero bien peinado, guapo y musculoso. Me di la media vuelta. Estaba a punto de tomar rumbo hacia la calle Juan N. Méndez, cuando escuché mi nombre: "ese pinche camelias! A dónde vas con tanta prisa, pinche enano mental!!"
Sí, ese hombre guapo y atlético era el buen Ricardo; no lo reconocí por su musculosa presencia y porque además, se había tumbado esas putas barbas hediondas que le daban el aspecto de filósofo ermitaño. La mujer era la Carmina. Había regresado con él al saber que se estaba muriendo. Lo salvó de la muerte y no nomás eso, lo hizo un hombre que de ser un pinche loco con ínfulas de profesor anti-capitalismo, pasó a ser un güey que ahora vive de enredar personas con tandas y esa cosa disque saludable y vitamínica. Salí del lugar con una dotación de esa putada llamada Herbalife y un tríptico en el que se me hacía la invitación a un diplomado gratis en teorías literarias femeninas basadas en Simone De Beauvoir y Sor Juana Inés de La Cruz. El curso lo impartiría obviamente, Ricardo Malcampo Ruiz.

 

 

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Miércoles, 20 Enero 2021 05:32

Laura y Aura / Aída López /

 

 

Laura y Aura

Aída López

Premio Estatal de Literatura 2020: Tiempos de Escritura

 

 

Pasa, Aura, dijo con su voz vieja. Mamá, ya te he dicho, soy Laura, contesté enfadada Con sus casi setenta años no disminuía su preferencia hacia mi gemela; otro día escuchando las “virtudes” de Aura y los “defectos” de Laura. Mi hermana era la bonita, la inteligente y todos los calificativos que engrandecen a un ser humano. El espejo confirmaba sus dichos, con minutos de diferencia nací baja de peso y una marca en el cuello la cual se fue agrandando con la edad. Mamá, durante el eclipse de luna se rascó la panza estando embarazada y por eso la “chivaluna” en mi piel. Los dermatólogos no lograron con cremas, ni con láser, borrar la mancha violácea o tan siquiera difuminarla. Urgía que transcurriesen las seis semanas del postoperatorio y el médico le quitara la venda de los ojos; la venda respecto a Aura nunca se la podría quitar yo.

         Lo bueno es que tú sí vienes a acompañarme, Laura ni se para por aquí. A pesar de tus ocupaciones con mis nietos y tu esposo, no me desamparas. Cuando una hija es buena, una madre lo nota cuando es pequeña. Esas palabras retumbaban en mi cabeza, las había escuchado desde que tuve uso de razón. Una vez más le repetí que mi hermana no podía estar por las razones mencionadas por ella misma. Las vacaciones del despacho me facilitaban cubrir el turno diurno; el nocturno lo hacía la enfermera. No solo estaba ciega, sino también sorda; mis palabras, no las oía, seguía llamándome Aura como su nombre; el desdoblamiento de su perfección. Narcisista en exceso. Decidí cumplir su anhelo, no le aclararía quién era y que siguiera creyéndose junto a la sacrificada de mi hermana y no conmigo, la solterona mala hija.

       ¿Tan ocupada estará la malagradecida? Atiende mejor a su perro, por eso no me arrepiento de haberte dado más a ti. Siempre se lo dije a tu padre, la gente fea es mala, pero él decía que soy clasista y por eso la traigo contra Laura. Quiero que sepas, todas mis joyas son para ti, hija, en cuanto me quiten estos trapos de los ojos te las entregaré. Mejor en vida, así ella no tendrá derecho a reclamar. La casa la pondré a tu nombre... La interrumpí tajante, ¿crees justo dejar a mi hermana sin la mitad de la casa? Ella no se quedará conforme, trabaja con abogados y reclamará lo que por ley le corresponde. Mi madre estuvo callada y pensativa por segundos que parecieron eternos, enseguida reaccionó, ¿Me estás pidiendo la propiedad en vida? En automático repelí esa posibilidad. No, no te estoy diciendo eso.

Sus deseos de orinar desviaron el tema. La ayudé a levantarse de la cama y con cuidado la dirigí al sanitario. Vinieron a mi memoria los días cuando en ese mismo lugar el shampoo entraba a mis ojos. Mi “mala suerte” a la hora de la ducha era habitual. La mirada de Aura nunca se vio empañada con el jabón, pocas veces tenía motivos para llorar mientras que a mí me sobraban. Mamá, ¿recuerdas lo chillona que era Laura cada vez que la bañabas? Me sorprendió cuando dijo que adrede me lo echaba y el placer al verme con los ojos enrojecidos. Un sentimiento de rabia e impotencia me atrapó, sin embargo, la levanté del inodoro con el mismo cuidado y la regresé a su cama. No tengo hijos, pero supongo que a todos se les quiere por igual. Quizá mi mala suerte no era eso y mis desventuras eran provocadas por su perversidad.

Mi gemela acostumbraba hablarme por las noches para saber cómo había pasado la jornada nuestra madre; su familia la tenía absorta y por eso no iba a verla. Los compromisos sociales de su marido, empresario exitoso digno de ella, y de sus hijos adolescentes a quienes llevaba a la escuela, al karate y al ballet, además de dirigir un séquito de servidumbre, la tenían agobiada. Aura cumplía con pagarle la enfermera a doña Aura, la diferencia conmigo es que yo no contaba con el dinero para solventar el costo de otro turno. Desde las ocho de la mañana llegaba para prepararle todas sus comidas, bañarla, administrarle sus medicamentos y ser depositaria de los sentimientos de la mujer que me parió y nunca me quiso.

A ratos la dejaba hablando sola y recorría la casa: el cuarto de cada una de nosotras, el jardín trasero con el centenario árbol de mango, la salita de música con paredes de madera donde papá solía escuchar a Elvis Presley, a Los Platters… ooonlyyy yuuu… Cada rincón estaba impregnado de recuerdos buenos y malos. Apenas advertí, el cuarto de Aura es más grande que el mío y tiene closet, eso le permitía tenerlo arreglado, motivo frecuente de mis castigos al no mantener el mismo orden. Mi periplo culminaba en la cocina preparando la dieta recetada por el doctor: baja en grasa y sal, abundante verdura.

Cada vez me resultaba más difícil levantarme temprano e ir a atender a mi madre para escuchar el nombre de mi hermana en vez del mío. Deseaba tener los recursos para pagar a alguien que lo hiciera, pero mis ingresos no eran fijos. En pocas semanas conoceríamos su estado. Era probable que al quitar el vendaje siguiera necesitando ayuda, en tal caso tendría que solicitar licencia indefinida en el bufete. La sola idea me avasallaba.

                       

La rutina hubiera sido benévola de no enterarme de sus patrañas. Un día me dijo, ¿te acuerdas de Fernandito, el niño que jugaba contigo en el parque? Apenas recordaba sus lentes y el pelo negro y crespo del regordete. Pues tuvo una hermanita mongolita y un día me contó su mamá que la niña se ahogó en la bañera. En aquel tiempo las señoras comentamos que ella seguramente la dejó sola para que la muerte se la llevara. Sin titubear deduje que eso mismo hubiera deseado hacer conmigo. Quise adentrarme en su mente, le pregunté si consideraba justificado hacer eso con un hijo enfermo, tomando en cuenta que ella se reconocía como una verdadera católica y no de esas que van a misa los domingos y de lunes a sábado las invade el “efecto Lucifer”. La ambigüedad de su respuesta me orilló a pensar que sería capaz “por el bien de la familia”.

Enajenada, tratando de recordar a la mamá de Fernandito, aquel día olvidé administrarle los medicamentos a la hora precisa. Mientras le llevaba el consomé a la boca, me horrorizó la vulnerabilidad de los niños ante sus padres: así como te dan la vida, te la pueden quitar sin uno poder defenderse. En más de una ocasión me sacó de mis pensamientos cuando levantaba la voz porque le mojaba la bata con el caldo. Mi silencio la preocupó: ¿tienes problemas con tu marido?, estás muy callada, dijo convencida de ser conocedora de los conflictos de pareja, los cuales eran constantes con papá por los extremosos cambios de humor de ella.

No veía el fin del martirio. Mis vacaciones arruinadas y con el riesgo de prolongarse sin sueldo, sin alternativa de huir o deslindar en alguien la losa que cargaba a cuestas. ¿Y si en lugar de que la mamá de Fernandito se deshiciera de su hija, la hija se deshiciera de su mamá? La idea iba y venía, rondaba y se agazapaba…se olvidaba.

Corrían los días, se aproximaba el plazo para conocer el rumbo de mi destino. El trasplante de córneas le devolvería la vista o no a mi madre, ¿y si no? Aura estaba en condiciones de seguir pagando a la enfermera, pero yo no tenía la disponibilidad para atenderla indefinidamente. Mis malos modos fueron resentidos, el agua del baño demasiado caliente, la comida salada, escueta conversación, heladez por el aire acondicionado, la música estridente. La mamá de Fernandito, la hermanita de Fernandito, Fernandito…

Una mañana llegué a la casa de mi infancia como siempre, me invadía una felicidad inexplicable, ella misma lo percibió. Mi yerno con seguridad te trató con cariño anoche, es evidente, dijo maliciosa. Así es, mamá, respondí dándole por su lado. Puse en el reproductor a Elvis, ambas recordamos a papá. El árbol de mango daba sus primeros frutos, el cielo de intenso azul resplandeciente, la primavera revoloteando en las coloridas alas de las aves.

A las doce del mediodía el agua de mango, la favorita de mi madre, estaba lista. Agradeció a la naturaleza su generosidad. Recostada en su mullido colchón, antes de ingerir sus alimentos, elevó una oración “por el pan nuestro de cada día”.

A la señora Aura le di de comer y beber y beber y beber y beber… Mojando la bata, las almohadas, las sábanas, la cama… Llenándole la boca, la garganta, la nariz, los pulmones, del dulce néctar amarillo hasta ahogar su respiración.

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Miércoles, 23 Noviembre 2016 01:05

MANSALVAS QUEMANDO ROPA A QUEMARROPA

 

MANSALVAS QUEMANDO ROPA A QUEMARROPA

 

I

Nos golpearon,

nos arrancaron el alma a macanazos,

nos hundieron el orgullo a punta de miedo.

Lloran,

la niña llora,

la esperanza llora.

Él llora.

 

Rojas lágrimas.

 

 

II

Sólo se sentían los golpes,

y la voz de la inconsciencia

que cercenaba los miembros

ira por ira.

 

A lo lejos se oían los gritos,

la rabia desbordaba de los ojos.

La impotencia se vestía en sangre,

el humo cegaba la incertidumbre

y las lágrimas salían con el paño en la boca.

 

El caos se vertía en estampida

con las bestias dando de tumbos,

el odio se apoderaba del aire.

Dios estaba dormido.

 

 

III

Desde el cielo

se dejaban caer las nubes.

Lastimaban los ojos.

Las lágrimas salían corriendo,

caían unas sobre otras

hasta volverse una.

El agua de aquella fuente

se bebió el dolor de las mías:

los ojos purificaron sus pecados.

 

El aire seguía blandiendo su bandera,

gallardamente.

 

I

Nos golpearon,

nos arrancaron el alma a macanazos,

nos hundieron el orgullo a punta de miedo.

Lloran,

la niña llora,

la esperanza llora.

Él llora.

 

Rojas lágrimas.

 

 

II

Sólo se sentían los golpes,

y la voz de la inconsciencia

que cercenaba los miembros

ira por ira.

 

A lo lejos se oían los gritos,

la rabia desbordaba de los ojos.

La impotencia se vestía en sangre,

el humo cegaba la incertidumbre

y las lágrimas salían con el paño en la boca.

 

El caos se vertía en estampida

con las bestias dando de tumbos,

el odio se apoderaba del aire.

Dios estaba dormido.

 

 

III

Desde el cielo

se dejaban caer las nubes.

Lastimaban los ojos.

Las lágrimas salían corriendo,

caían unas sobre otras

hasta volverse una.

El agua de aquella fuente

se bebió el dolor de las mías:

los ojos purificaron sus pecados.

 

El aire seguía blandiendo su bandera,

gallardamente.

 

 

José Germán Solórzano Hidalgo.-

Nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 24 de Noviembre de 1976. Es miembro del Taller Literario “Syan Ka´an” de Bacalar, fundado por el Profesor y Poeta Ramón Iván Suárez Caamal y actualmente forma parte del Grupo Literario Colibrí. Es maestro de profesión, Licenciado en Educación Primaria.

Sus poemas han sido publicados en las Antologías Poéticas: “En la puerta del Cielo”, 1996; “Voces del Agua”, 2013 (del Taller Literario “Sian Ka´an”); “Dispersión”, 2013; “Los Caminos de la Lluvia” Muestra Poética de Cancún, 2013; “Preludios del Mar”, 2014; “Aquí y Ahora” Selección de Haikús, 2015 y "Desde los siete azules", 2016.

Poemas suyos han aparecido en las revistas: “Resumen de Olas” y “Resquicios de la Imagen”, Bacalar 1996; “Salvo el Crepúsculo”, Cancún 2013; “Tropo a la Uña”, Cancún, 2013 y en “Trinchera” de Chilpancingo, Guerrero, 2013. También en el periódico de circulación estatal, “El Heraldo de Chiapas”, 2013 y 2014.

Publicó el libro de Poesía “Introspectum Vide”. Actualmente ha incursionado en la industria de la Promoción de las Artes y la Cultura organizando festivales, talleres y eventos literarios.

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FRAGMENTO DEL POEMA

CICATRIZ QUE TE MIRA (TSÍNA RÍ NAYAXAA’)

 Hubert Matiúwàa

 

 

Hubert Matiúwàa, [1986], pertenece a la Cultura Mè´phàà (Pueblos asentados en la Región de la Montaña de Guerrero). En 2016 obtuvo el “Primer Premio en Lenguas Originarias Centzontle”, publicó con la Editorial Pluralia, su Libro “Xtámbaa/ Piel de Tierra”, además ha publicado poemas en diversas  revistas del país.

 

 

 

FRAGMENTO DEL POEMA

CICATRIZ QUE TE MIRA (TSÍNA RÍ NAYAXAA’)

 

En memoria de Fortino C.

Asesinado en la Montaña de Guerrero.

 

III

Nueve postas te tumbaron del Tordillo,

bajo las púas se colgó tu ombligo

amarrado a los mechones de tu vientre,

para que no te bebiera el mbòò wuèn[1],

las hojas rezaron a tus heridas.

 

Las hormigas siguieron pedazos de tu carne

para darte el ultimo respiro,

esconderte en su nostalgia

y dar valor a tus dedos.

 

Siguieron tu rastro para rematar

la noche en que naciera la abuela en tus ojos,

cuentan las piedras que te recostaste

y a tiros gritaste su nombre.

 

Pasó entre los mangos el xtá lìti[2]

pidiendo a la lluvia se fuera,

que no te esperara,

tu fuerza se apegaba a sus alas

y el último recuerdo brotaba al tronar su voz.

 

Al juntarse tus huesos,

se abrió la fisura donde hundo el silencio,

caído tronco fuiste

en donde brotó la raíz que ató mi cuerpo.

 

IV

 

Llegaron las urracas

a contar que te habían tirado,

tallaron lianas en los pechos

para encender tu ánima.

 

En Santa Cruz del Rincón

nadie quería velar tu cuerpo

y limpiar tu sangre,

yacías solo en la plaza,

mirando las campanas

que masticaban miedo entre dientes.

 

Para darte sepultura,

a caballo bajaron los de Malina,

sitiaron entre polvo, rifles y truenos

los pedazos que de ti quedaron,

de regreso, en el camino de la piedra torcida,

papá te cargó toda la noche

hasta salarle la lengua.

 

Hermano, en nuestro hombro pesa el silencio del pueblo,

la llaga de piel que quebrantó tus huesos.

 

V

 

Llegaste al amanecer,

los principales te recibieron con flores contadas

y humo para ofrendar a los cielos,

las mujeres que te criaron, envolvieron tus pies

con hojas de borracho y toronjil

para decir que no habías muerto,

que el olor de tu cuerpo andaba en la Ciénega.

 

En la casa vi arder de rabia los comales,

hincharse de sol las tortillas

y en el remolino del hijo que no conociste

se incineró de presagios la madera.

 

Para sembrarte en el vientre de tus viejos,

te envolvieron en petate

y en la procesión, hermano, goteabas a cada paso,

tu rastro nos decía que los cobardes matan a traición

y a traición quieren acabar con nuestro pueblo.

 

VIII

 

Hermano,

traigo el gabán,

el paliacate del barranqueño

y la pistola pintada desde que te fuiste,

para romper los años,

traigo esta lengua de arranca muertos,

este colibrí para encontrar tu hueso,

para medir los gusanos de la rabia

y esparcir el polvo de tu carne

entre los platanares,

en los cafetales, en los labios de la muchacha que quisiste,

en doquier que anduvo tu ánima,

traigo una tristeza que entregué a la tierra,

una vela para encender la piel,

tres botellas que curen tu boca

y una bala para buscar tu nombre.

 

 

 

Ajngáa  rí màrma’aán àkuian ló’ gàjnè dxáma Fortino C.

 

TSÍNA RÍ NÀYAXAA’ (CICATRIZ QUE TE MIRA)

 

III

 

Mijna gùwá’ xndúu ajuàn’ rí ninbatiguíín tsudùù Tordillo,

ná agóo ñuwiin ajuàn’ niguanúu xuviá,

niriya’nè rumiá khamí niru’wa mináa nè gàjmàá chámboo awuán’,

rí maxagàan mbòò wuèn i’diaa,

niwá tsakuramaa iná ná nijambiyáa.

 

Nigòò àkuán ná nikaraguanúu xuwiá

nindúun muxnáa imba xe’,

nindúun mukra’wiín ná kuijíín gìnúun

ikanjgóo muxnáa tsíaké ñawuán.

 

Nigòò mangiin tsúdáa xàbò tsí nìdáa,

nigòò xóó tsúdáa rí mònè mbámbáa rìgán,

mbro’ón rí nirma’a akuín xìña ló’ ná idáa,

na’tha itsí rí drìgà’ ná Xkuaá

rí nìthabáa nijíun nè, nirathúun ajuàn’

khamí nitharmidájmii xàbò tsúkuè,

ìdo nithatsáwá mbi’yuu xìña ló’.

 

Ninunjgoo xtá líti ná inuu ixè xndú xkudí,

nì’thun ru’wa rí ma’gàà,

rí maxagijthan nè,

numuu rí skiyáa niguanù ná inuu xphíphíù

khamí akhìaa nà’nii akhuín ìdo naxphatriyáa a’óo.

 

Ìdo nìwuàà ítsaa,

nìnba’thoo ná najnguáan ajngáa ngìnu’,

dxoò xó ixè rí rìga ná jambaà ja’nii

ikhaa rí ni’kaa ajmuu khamí niru’waa nè xuwiú’.

 

IV

 

Nigùwáan wandá

nithéen rí niwá’xnáa,

nìdáa ajma rí ma’ne gìgáa nimiá’ ná xóxtaa xò’.

 

Ná Xkuaá

nimbáa xàbò rakóo matsíka ndèlaa,

khamí ma’ne ká’úu i’dia,

mbawíín ninìñaan ná xúaa,

xóó kanjba’tha idáa

natiaxií ajuàn’ rí bràkha ná gu’wa dxákuun

rí ni’dúu ngamí ja’níi.

 

Rí màgoo majnguáan’,

niguatán gajmíí guayo angìán ló’ tsí mañuwìín,

nirugáa gájmàá yojnda’ khamí a’óo xkamida’,

jamboò Xkuaá ná nìwatachikurigaa xuwiaa,

ìdo nithangíín ná jambaà itsí bi’mbi,

dàtiáa ló’ niguiín jañíín mbro’ón

asndó ne’ne rìnáa rajúun gájmàá iya idúu.

 

Dxoò ná xphápha xò’ rìgu jèño ajngáa wiyuu xuajián,

ikhaa ská rí nixpí’ta itsáa.

 

V

 

Mi’cha nidxa’núu ná mañuwìín,

xi’ñá ló’ nibrìguíín gájmàá re’è rí kixnúu

khamí gùní rí ma’ne gamákúu mikuií,

xó ma’ nàna tsí nènè mbáján,

nimbra’áa nakuá gájmàá iná skémbaa khamí iná láxa,

rí máxna nè xè’ khamí rí ma’ne nè asndó xó rí thajañáa xóó,

rí mà’tha nè rí xùù xuwia grigoò ná Namáa.

 

Ná gu’wá ló’, ndiyóo nitsíkaminaà siàn’ ná inuu ifíí,

ndiyóo nikaxii àkhà’ ná awún goma,

khamí ná nànùu a’diá tsí nanguà nijgoò matànè nuwíín

nitsíkamináa ixè rí nindiáwa ló’

 

Rí magoò mudíín ná jùbùún xi’ñan ló’,

nimbra’an gájmàá àgú,

ìdo nìkaji’daan ná jambaà guajén,

nìtsóò i’dia agoò ejna,

ná mbámbá nikaraguajín ndiyáa xùùn khamí nitsakuramáa,

i’día ni’tha xò’ rí xkuaníi nurandíín ajngiá ló’ tsi tsinìña’ mijna,

mi xkuaníi nandúun muradíín xugììn ijíín xuajián ló’.

 

VIII

 

Dxóo,

jàyá xàyáa

khamí pañìtii druwii,

khamí jàya ajuàn’ ki’níí asndó nakhi rí nidxúu,

rí maxpíta ga’kuì tsi’gú,

jàya anjgáa rí naguwíín guajén e’nè,

jàyáa mangaà tsù’tsún tsí mba’yáa i’tsáa,

ikhaa tsí magèwíin adíín siàn’ ló’

mí mastíngaa yojndóo xuwia,

ná awún ixè dxáma,

ná awún ixè café, ná raún dxá’gù tsí ndiyáa xtáyáa

asndó náa nirigòò nimiá,

jàyá mangaà mbá tsingìna rí nixnaxíí inuu jùbà’,

mbá ndèla rí matsíkáa xuwia ló’,

khamí jagoò atsú tsi’tsún iya mika rí ma’níin rawuán’,

khamí jàya mangaà mbá xndúu ajuàn’ rí mba’yáà mbi’yáa.

 

 

 

[1] Espíritu del aire malo.

[2] Tipo de pájaro que anuncia las lluvias, aguilucho. 

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Martes, 22 Noviembre 2016 20:31

Sangre desolada

 

 

 

***Arte gráfico Jordi Alós

 

 

Sangre desolada

 

 

Las vejaciones más flagrantes se produjeron

 cuando las subieron a un camión junto a varias decenas de personas:

 “Nos metieron en un camión, donde nos empezaron a golpear todo el tiempo

 con las porras y con patadas. Además de que nos insultaban muchísimo,

 a nosotras por ser españolas nos llamaban etarras, putas y más cosas.

Después nos cambiaron a un camión más grande,

 donde pasaron lista a todos –creo que éramos 38–

 y nos agredieron sexualmente a las mujeres”

 La Jornada.

 

 

 

Es nada la luz

                                           -Ocaso,

                                                            talvez-

 

La desnudez

                deja salir de su confín

 

gotas gruesa

                                                           libido

 ignición

                   que fragua los cuerpos.

 

 

Ya no hay sueños

                entre el tumulto

                 -solo sombras

                               pasados recónditos-

 

El sabor a muerte

se dispersa en torrentes sanguíneos

 

Los senos se hinchan

 

a dónde  debo ocultar la mirada

 

Un croar de ranas

sale de las bocas excitadas.

 

Quisiera cantarles una canción de cuna

decirles que el” coco” no existe

 

pero;

               un vals

                   de reses amontonadas

de pieles como cerdos

                           erizadas

                                  me nublan la razón.

La selva me traspasa.

                                 Caninos

                                              

desprenden

            los pezones

            de las hembras

 

 

 

hunden puntas de metal circular

en las cavidades

y desprenden pelambre

con tenazas:

                  dedos

                          amaestrados.

 

 

La carroña

                  se agrupa

                             pisa

                                desgarra

                                             tritura.

 

 

El motor del furgón se apaga

el preámbulo a terminado

la jauría destila efervescencia.

 

 

Las compuertas de par en par

                                            dejan que la luz penetre

 

“En color sepia

                   la realidad se expande”

 

Gota a gota

                        ondulantes

las siluetas

                          caen

                                       - al filo de la autopista-

 

 

El cielo se oscurece

                           llueve

                                 cuajos marrón

La tormenta arrastra

            cascajo arterial:

                                           sangre

                                                                  desolada

 

                       

 

 

 

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Martes, 22 Noviembre 2016 19:36

Éxodo del hambre

 

***Arte gráfico Jordi Alós

 

"Éxodo del hambre"

 

tierra y libertad para quién

¿para quien trabaja la tierra?

¿para quien trabaja la libertad?

¿libertad y tierra son pertenencia?

¿si la libertad pertenece es libertad?

¿si la tierra pertenece ] su fruto

su sombra [ puede ser de nadie?

¿la luna es de quien la pisó primero?

¿la idea es de quien la pensó primero?

que los manden a chingar a su madre

dice el taxista sobre eje central

secundado el chiste del payaso en el radio

el taxista dice enardecido

pinches haitianos

nueve mil

nueve y tres ceros

que no vengan a robar

nuestro trabajo

nuestra tierra

nuestro patrimonio

que no vengan dice el señor al volante

en tijuana en tjtitlán

casa de puentes

umbra de umbrales

nueve y tres ceros

de haitianos

deambulan

buscando qué

qué tierra qué sueño

no aquí, aquí es su más cërca

y los unaited su "ya no fue"

caminan hacia la tierra de quién

no a los muros

quiten los muros

que derrumben los muros

cantan miles de miles en el zócalo

¿usted está en favor de los muros?

¿le parece apropiado un muro

para dividir norte de sur?

abajo el muro dice usted

pero no abre ] tumba borra [

los muros de su casa

su tierra su libertad

arriba el muro dice usted

esta es mi casa mi tierra mi libertad

con qué palabra abrirá usted

su jaula para guardar tres pájaros más

con qué grito volverá usted

su jaula en alas para planear

junto a nueve aves y tres ceros

pero teme al hambre

¿quién le dará de comer ahora

si sale de su cuarto dos por dos?

¿quién le pondrá la comida

masticada en su plato?

¿es usted humano o naturaleza?

¿son los humanos la carne negra

entre las costillas de natura?

¿o tal vez su cara blanca?

¿un yinyang de tierra y luz?

¿no siente culpa porque nunca

ha sido capaz de arrancarle

la vida con sus propias manos

al ser que ahora yace en el plato;

pero ir a trabajar representa

el hecho de asesinar su comida

triturada y condimentada

por el invisible señor para el

que usted trabaja?

¿no es el cazador intelectual

quien retribuye a natura la muerte

que ocasiona, con más muerte?

¿quién muere por usted todos los días?

ahí entre sus muros

con su plato lleno de comida

que sepa de qué campo

de concentración ha venido

usted se ha resignado a sobrevivir

y cierra los muros para que nadie

toque su ración de comida

el casero humano como yo

hermano sangre de mi sangre

cerrará su muro a mis pasos

me pedirá amablemente

salga de su tierra

pues mi trabajo

no suma

no alimenta su casa

hermanos haitianos no se vayan

hermanos haitianos mejor ya vámonos

hermanos haitianos canto su éxodo

ahora que caminan sin jaula

sin tierra sin libertad

con nada

ahí

donde nada es de nadie

donde no hay muros

de casas fortificadas

ahí donde no hay caminos

ahí, hermanos haitianos

cada quien en la distancia

caminamos juntos

 

Video "Éxodo del hambre"

Voz y musicalización:

Ivan Alvarez

 

Cantante y bohemio; Nacido en la ciudad de México el 2 de Agosto de 1973. Con mas de 20 años de trayectoria musical participando en diferentes proyectos musicales y en diferentes generos; siendo su predilección el blues, el jazz y la trova. Actualmente ubicado en la ciudad de Querétaro participa activamente cantando en los lugares mas conocidos y frecuentados de Querétaro. Siempre influenciado por las voces poetas, queda atrapado con el proyecto de "LA PIRAÑA" y nos comparte su narrativa y música para disfrutar de mejor manera las letras y pensamientos de grandes artistas.

 

Arte gráfico

Jordi Alós

 

23 años, soy mexicano, autodidacta. Estudie diseño publicitario, pero el arte siempre me atrapo desde que tengo memoria.
Mi trabajo plástico, gráfico y pictórico es un conjunto de experiencias, momentos, instantes  y personajes. Interesándome  en plasmar, sea con el material que sea, y que este al alcance en ese momento, emociones y sensaciones. Realmente, mi trabajo es una fusión, un rompimiento de elementos gráficos, experimentales y contemporáneos . No tengo ningún estilo en particular , un día me gusta algo muy clásico, otros más abstractos y surrealista , el arte es jugar. Con la práctica y con los años vas descubriendo quien eres realmente.

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