EL CORREDOR DE LAS NINFAS / novela, tercer entrega /

Adán Echeverría

 

 

 

5.

 

 

"¿Quién?", preguntó Enrique poniéndose detrás de la puerta de su departamento, y cogiendo la pistola como un acto reflejo.

-- Rilma. Vengo por ti para ir a la estación.

-- ¿Qué haces acá tan temprano?,-- preguntó Enrique quitando los cerrojos y abriendo la puerta.

-- El sospechoso ha despertado y tenemos que hablar con él, ya son más de las 10 de la mañana. --Enrique cubría la puerta con su cuerpo. Rilma estaba de pie mirando el hermoso cuerpo de su compañero enfundado únicamente en una toalla blanca. --Estás herido--, miraba cada una de las quemaduras sobre el cuerpo de su compañero.

-- Entra no te quedes en la puerta. Voy a vestirme.

-- ¿Quieres que te lleve al hospital antes?, --pero Enrique ya se estaba exprimiendo un tubo de pasta dental en las quemaduras de los brazos, el rostro, el muslo, y le acercó el tubo a Rilma para que le pusiera la pasta en las quemaduras de la espalda.

-- No tienes que fingir que no te duele.-- Enrique la miró sin ánimo.

-- Gracias. No tienes idea de cómo me ayuda la pasta en este momento.

-- Es un tipo extraño, el sospechoso; --comentó Rilma mientras manejaba.-- Cuando lo encontramos en la camioneta pensamos que estaba muerto, no se movía. Los paramédicos nos dijeron que seguía vivo pero inconsciente. La camioneta esta limpia, no encontraron mas huellas que las suyas.

--¿Ya supieron cuántos muertos hay?

-- Más de 40. Casi todos son jovencitos. El expediente nos espera en la estación.

Enrique nunca volvió a la Ciudad de México. Un amigo se quedó con el departamento que acababa de conseguir y le mandó sus cosas por paquetería. Decidió ingresar al sistema judicial de inmediato. Su físico, tanto como su intelecto y su dedicación le hicieron lograrlo en menos de dos años. Quería estar cerca de la investigación sobre el asesinato de Elena, pero estaba entrampado; el o los asesinos se habían borrado del mapa. El capitán Lorenzo Segura lo recibió al instante en su departamento, los casos rebosaban los archiveros, se dedicaría a "todos los casos relacionados con violencia contra la mujer, violaciones, asesinatos, robos, discusiones domésticas"; fue cuando comenzó a trabajar con Rilma sobre los abusos sexuales que ocurrieran en la ciudad y en el estado. Con dos meses apenas en el departamento, se metieron en la denuncia que hicieron de un profesor al que acusaban de abusar sexualmente de dos preparatorianas, y que inundó la prensa, gracias a una mamá que acudió al periódico en busca de la ayuda que según creía, ni el Instituto ni la policía le estaban brindando.

Fue un caso poco complicado. El profesor no negó ni aceptó los cargos. Sólo una muchacha acudió a las pesquisas; los familiares de la segunda no quisieron seguir con la denuncia, no se presentaron, y no quisieron hablar con la prensa ni con la policía. En cambio, la otra, Patricia Cáceres, si habló con la policía y dijo que estaba enamorada del profesor y que por supuesto que lo visitaba en su casa porque ahí tomaba asesorías para sus materias de la preparatoria. Dijo que él jamás se había propasado con ella, pero que ella insistentemente le mandaba cartas y notitas para meterlo en problemas con su esposa, la directora del plantel, para que su esposa lo dejara.

La madre de Patricia encontró las cartas sexualmente explícitas. Y la joven dijo haber escrito todas las cartas sólo como una fantasía, para que la esposa las encontrara, lo metería en problemas y terminaría por dejarlo. Pero que nada de lo que las cartas decían era cierto. Los estudios físicos en la joven, realizados a petición de la madre, mostraron que no era virgen; pero Audomaro, un muchacho –compañero de la misma preparatoria- que dijo ser su novio confirmó la versión de Patricia, de llevar meses teniendo sexo con la joven. Los padres de ambos se pusieron de acuerdo y reprimieron a los jovencitos, pidiéndoles que llevaran un noviazgo en forma. Pero los chicos ya se habían distanciado, y al no haber indicios de embarazo ni de aborto, los cargos en contra del profesor se desestimaron. Aún así la directora, y esposa del profesor, le pidió la renuncia y el divorcio, y éste accedió sin problema. Llegaron a un acuerdo, se retiró la denuncia, y el profesor y la directora se divorciaron.

--¿Sabes cómo se llama el sospechoso?

--Dime.

--Óscar Garfias.

--¿No es el profesor que habíamos investigado antes, por la denuncia de aquella mujer? ¿Al que luego protegiera la alumna? ¿Se desestimó el caso, verdad?

--Es el mismo. Lo entrevistamos porque la madre dijo a la prensa que había violado a su hija pero no pudimos probarlo porque la chica lo defendió. Sólo le pidieron su renuncia en el Instituto. Pero no sólo eso. Las víctimas, quizá la mayoría, son estudiantes de la misma escuela donde estudiaba aquella chiquilla de secundaria, ¿cómo se llamaba?, Mariana Bojórquez, que entrevistamos cuando desaparecieron tres jovencitos de una banda de delincuentes del sur.

-- O sea que este es el tercer caso en el que se involucran alumnos de ese Instituto.

-- Parece que todas las víctimas del incendio son alumnos de ese lugar.

-- Pero el profesor qué hacía ahí, ¿no que le habían pedido su renuncia?

-- Exacto. Parece que a esta excursión igual venía esa misma chica que conocía a los niños desaparecidos, a los chicos banda. Pero no me creas, hay que cotejar bien todos los datos que tenemos hasta ahora. Y no sólo eso, la excursión en la Hacienda Tabi, era organizada por el mismo plantel. Y eso no es todo, no aparecen ni la directora, ni cuatro chicas que eran estudiantes y…

-- No me digas… Una de las chicas es la misma Patricia Cáceres. ¿Acaso esta Patricia es la misma Jill Inked?

-- ¿Jill Inked?

-- La que mencionaran tanto Patricia Cáceres. ¿Recuerdas que había otra chica involucrada? Al menos que fuera solo una. Que siempre se haya tratado de solo una. Jill Inked puede ser cualquiera.

-- Cierto, eran dos las chicas que supuestamente habían sido abusadas por el profesor.

-- Pues la Mariana Bojórquez había mencionado también a Jill Inked. Hay que revisar su declaración. Pidió que se le llamara. Y vino una chica, en uniforme escolar, y con lentes de sol –jamás la voy a olvidar- acompañada de una mujer adulta que pagó la fianza de la chamaca. Ya que sólo se le había detenido porque se le vio brincar hacia dentro de una propiedad, justo cerca de la casa de uno de los chicos que habían desaparecido. Pero no teníamos de qué más acusarla. ¿Entonces la tal Mariana Bojórquez, se cuenta entre las víctimas del incendio?

-- No lo sé. Hay que identificar a esa Jill Inked y ver por dónde nos lleva. Pero espérate. Ahora mismo están entrevistando a los padres de todos los estudiantes. En total hay 45 cadáveres entre 13 y 17 años. 35 niñas y 10 muchachos. Más los cinco desaparecidos. En la camioneta del sospechoso se encontraron palas y picos, y él tenía la ropa y las uñas llenas de tierra. Pero no había más huellas. Se encontró igual el cadáver de una mujer adulta. Quizá sea la esposa del profesor, la ex esposa, la que era directora.

-- Pensaba enterrarlas. Pero a ver, dime, un día se le antojó matar a 50 personas todas juntas ¿y nadie se iba a dar cuenta? Entonces por qué enterrar a cinco. ¿Por qué desaparecer el cadáver de tan solo cinco personas?

-- No lo sé. Él no presentó quemaduras de ningún tipo. La camioneta está a su nombre. La compró con el dinero que le dieron al liquidarlo del Instituto.

--A ver, a ver, Rilma, no saquemos conclusiones apresuradas. No sabemos qué es lo que está pasando. Necesitamos citar a los padres, a los maestros, a los vecinos. Por lo pronto tenemos que volver a hablar con él. Esto es lo que creo, y si tú tienes otra idea dímela, para continuar armando la investigación. Al tipo lo deja la esposa, que es al mismo tiempo la directora del plantel, de donde lo corren. Lo dejan como hombre, lo arruinan como profesor. Porque la prensa lo había acusado de "violador de sus alumnas".

-- Al menos de acosador. Pero la prensa igual dijo que se desestimaron las pruebas.

-- Pero la duda ya está sembrada. El tipo no puede conseguir trabajo, y su vida se ha arruinado. Ahí tienes el móvil. Se entera del campamento y va a matar a su ex esposa, prende fuego –por eso no tiene quemaduras- pero se le sale de control porque estamos en secas, y todo coge fuego demasiado rápido, por lo que termina matándolos a todos.

-- Es muy probable. Te ves terrible, ¿en verdad que no quieres ir al doctor?

-- Bueno ya veré a la doctora de la estación. No es nada grave, son quemaduras leves.

-- Pues se ven terribles... ¿Pero, qué tiene que ver entonces la chica aquella… Jill Inked?

-- Aún no lo sabemos. Solo su nombre ha salido en dos casos distintos. Por ahora tenemos a un profesor, al que investigamos por segunda vez. Tenemos igual cuatro nombres, bueno tres nombres y un alias: Patricia Cáceres, Mariana Bojórquez –que sabemos que estudian en ese colegio-, tenemos a la directora ¿cuál es su nombre..?

-- Me parece que se llamaba Luisa… Luisa Sebastián, o algo por el estilo.

-- Y a este profesor que atrapamos huyendo de la escena del crimen. Creo que tenemos suficiente material para que cualquier juez nos de "bateo libre" para interrogar a todos los personajes… Ah… y el alias… la tal Jill Inked.

Antes de entrar a hablar con el sospechoso, Enrique se asomó al cuarto del video, y se percató de que dos cámaras se encontraban filmando la sala del interrogatorio, y miró al profesor Óscar Garfias, sentado, erguido, la espalda derecha, y mirando fijo hacia la puerta. Desde que lo metieron ahí se había portado por demás silencioso. Le estaban sirviendo un café y cigarrillos. Llevaba tres horas aislado en aquella habitación. Enrique y Rilma repasaron la evidencia que les habían entregado. El informe del departamento de bomberos. Al parecer el incendio se desató a las 4.45 de la mañana.

Había dos fogatas en la parte exterior del complejo de las cabañas. La hacienda de Tabi se había vuelto un parador turístico, y así como se había remodelado el casco de la hacienda para servir de hotel, de la misma forma se habían construido un pequeño complejo de cabañas. Cada cabaña podía albergar hasta 10 personas. Se contaba con tres literas y cuatro hamacas por cabaña. Las cuatro cabañas tenían un pequeño recibidor y formaban un pequeño cuadrado con un patio interior, donde se había dejado espacio para una plaza de desafíos, que había sido habilitado para levantar una tercera fogata, la mayor de las tres. La que les sirviera para el entretenimiento y no para cocinar.

Las personas se fueron a dormir, y el viento que sopló en la madrugada parece haber levantado pequeñas brasas hacia la paja de las cabañas. Eso aunado a la yesca que había en la plaza de desafíos, tanto como las hojas secas del suelo y la vegetación que había alrededor, hicieron prender las cabañas de manera inmediata. Las cabañas poseen dos puertas, una hacia el exterior y otra hacia el patio interior. Pero por meter más personas a cada cabaña, habían tapado las puertas exteriores de las cabañas acostándose en el suelo, o pegando las literas a las puertas o atravesando las hamacas, por lo que las puertas exteriores estaban todas cerradas, bloqueando las salidas.

Sólo dos adultos se encontraron muertos. Uno era una mujer joven, y el otro era un hombre que al parecer cuidaba la hacienda. Hasta acá todo parece indicar que se trató de un fatal accidente, sin embargo, en todas las cabañas los cadáveres se encontraron desnudos. En lo que se pudo rescatar de algunos cadáveres que no se carbonizaron, se pudo notar rastros vaginas, rectos y el interior de bocas, resequedades de semen. El fuego destruyó la mayor parte de la evidencia, pero esas pequeñas pistas encontradas en jóvenes de distintas cabañas y en distintos sexos, hace tomar las precauciones de los accidentes. Eran jóvenes relacionados a actos sexuales, eran jóvenes menores de edad, más de cuarenta, y sólo dos adultos, que terminaron muertos.

El profesor Óscar Garfias fue encontrado cerca de la escena del crimen, en una camioneta. El detective Enrique García dio aviso de una posible fuga al escuchar el ruido del motor que intentaba escapar, y luego se le encontró desmayado en una camioneta que chocó contra un árbol. Sin embargo existen indicios que permiten creer que el hombre se encontraba inconsciente mucho antes de que el incendio sucediera.

-- No comprendo. Qué quiere decir esto de que llevaba más tiempo desmayado.

-- Lo es. El incendio ocurrió a las 4 de la mañana, y según los rastros encontrados en la camioneta el choque pudo ocurrir desde las ocho de la noche. Hay hojas, insectos, picaduras en el cuerpo del sospechoso que parece indicar que llevaba horas desmayado.

-- Eso es imposible, Rilma, yo escuché la camioneta salir huyendo. La vi incluso y quise correr tras ella. ¿Crees que no sé lo que vi?

-- Te estoy leyendo lo que dicen los reportes y la evidencia. El sospecho demostró en su análisis de sangre y orina, todo un coctel de químicos que parece un milagro que esté vivo. Despertó hace unas horas, muy confundido y silencioso. No ha hablado con nadie.

-- Eso tiraría por la borda la teoría de que el incendió las cabañas.

-- Eso parece.


 

 

 

6.

 

 

-- Claro que no, jamás... No estoy en busca de nuevas relaciones, sino de nuevas emociones... ¡entiéndase!-- Les gritó Jill, mientras caminaba en la plaza de desafíos, dejando que toda su belleza irradiara ese mágico brillo de placer sobre el rostro de los jovencitos. La noche no quería terminar, y el aroma que manaba de las plantas de alrededor del casco de la hacienda cubría los cuerpos, aún, llenos de besos, llenos de sangre, llenos de fluidos. Las Dead Planters corrieron tras ellas, dejando que sus tetitas rebotaran en su cuerpo con la pequeña carrera que hicieron. La orgía había entrado en un receso. La juventud y la inexperiencia hacía presa de los pequeños y delgados cuerpos que rodaban por el pasto. Jill se paró justo antes de entrar a su cabaña. Gogo Flux le puso la capa roja de nuevo sobre la espalda, mientras que Irly Salpe se ponía en cuatro patas, para que Violeta Sookie se subiera en su espalda y coronara de nuevo a Jill, ante la risa y el grito de todos los presentes. Gogo se paró delante de todos.

-- ¡¡Viva nuestra reina!! Viva nuestra querida Jill. Diosa del sexo, del amor, de la rebeldía. Es Jill la que nos ha regalado esta noche. Esta noche toda carne. Esta noche toda fiesta. Una noche lejos de los padres. Una noche lejos de todo aquello que nos ha causado represión. ¡¡¡Viva Jill!!

Y la multitud clamaba enardecida: Salve Valve Vulva Inculda. Salve Valve Vulva Iculda. Salve Valve Vulva Aguida. Y Jill se paraba encima de la espalda de Irly Salpe, y elevaba al cielo El Cetro del Amor que se había construido, y que representaba –como bien lo había dejado claro en el cuerpo de aquel pobre velador- representaba la Furia de la Juventud que sabía castigar la opresión.

Dentro de la cabaña, Luisa escuchaba los gritos, mientras dejaba que dos jovencitas de catorce años siguieran lamiéndole la vulva. Ella sabía que la soledad es el espejo en el que nadie quiere mirarse. Y detenida dentro del sexo, sabía muy bien que su destino se había esclarecido desde que sintió los labios de aquella pequeña desgarbada Victoria Lamas, antes de que se convirtiera en la reina Jill Inked, antes de que asumiera su destino.

Porque el destino de cada quien es único pero se deja influenciar e influencía el destino de los que te rodean. Ese donde uno se mira y puede buscar en cada gesto, en cada arruga, los retazos de recuerdos que le irán armando la experiencia. Luego del divorcio, Óscar Garfias se mudó y se llevó con ello su soledad y la esperanza de poder olvidarse un poco de lo que había vivido los últimos cinco meses. Desde que la hermosa Jill Inked había ingresado al Instituto el huracán de su presencia se había desatado. ¿Dónde aquellas palabras de amor entre Luisa y él? La tienen hipnotizada. La mantienen drogada. Ni siquiera quiso mirarme de frente cuando me hizo firmar la renuncia, y tampoco quiso verme cuando comenzamos las pesquisas del divorcio. Ellas siempre están con ella. Van en su carro las cuatro, con mi Luisa. Necesito hablar con ella, ponerme de acuerdo. La soledad es un ave extraña, come de a poco, y nunca se sacia.

-- Estoy calmado, capitán.

-- Bien, porque te necesito en este caso hasta el final. Tienes que ser inteligente para que podamos obtener lo que necesitamos.

-- Se muy bien quienes son las chicas que no aparecen.

-- Entonces usted acepta que ellas estuvieron también en la hacienda.

-- Se lo estoy diciendo detective, se que ellas estuvieron allá, se de lo que son capaces y sé muy bien dónde pueden estar ahora.

-- ¿Dónde? Díganos, sus padres están esperando noticias de sus hijos, quieren saber qué ocurrió. Nuestros forenses tienen un maldito rompecabezas que armar con tantos fragmentos de cuerpos.

-- Son tres niñas de preparatoria y una chica de la secundaria. Dos tienen 16 años, una de 15 y la otra de 13 años. Jill Inked, Gogo Flux, Irly Salpe y Violeta Sookie.

-- A ellas se refiere. ¿Así las nombra?

-- Ese es su nombre de batalla. Tiene que creerme. Darse cuenta de lo que está ocurriendo. Se tratan de Irma Suelí, Irlanda Escobedo, Mariana Bojórquez, y Victoria Lamas. Mire bien: Irma es Gogo Flux, la encargada de contactar a los clientes. Irlanda es Irly una de las guarda espaldas, es muy violenta. La más fogosa es Gogo Flux la de 15 años; Mariana Bojórquez es la chica de 13 años, hace todo lo que Jill le dice, jamás desobedece, es Violeta Sookie, y Jill, oh dios, Jill, ella es un íncubo, se llama Victoria Lamas, es una pequeña rubia bipolar diagnosticada, de dieciséis años, que ha dejado atrás todo respeto por las autoridades. Tiene tatuadas en el bajo vientre dos libélulas en pleno vuelo, y en la espina dorsal se ha tatuado una espada Excalibur, como señal de su unión, son un solo ente con cuatro cabezas. Jill es una muchacha traicionera, calculadora. No puedo negar que a mi mismo me aterra. Debí advertir a Luisa cuando Jill comenzó a actuar por su cuenta. Debimos haber desbaratado el club, pero maldita sea, se que no soy un santo, por eso aceptaré toda la culpa que quieran imponerme. Ellas tienen a mi esposa.

-- Tu esposa está acá, con nosotros, en la morgue; te hemos mostrado la foto de su cadáver.

- No es ella. ¡Lléveme a verla! Revisen la escuela, los archivos, revisen mi casa, la casa de mi ex esposa, busquen detalles, o simple, déjenme identificarla. Jill no pudo haberla matado.

-- De qué hablas, profesor. Es a ti a quien estamos por acusar del asesinato de tu esposa, y de cuatro decenas de estudiantes.

-- Ustedes no entienden. Yo fui a la Hacienda Tabi a rescatar a mi esposa. Si soy culpable de algo es de intentar matar a cuatro jóvenes menores de edad. Eso era lo que intentaba. Me descubrieron. Intenté huir y choqué. Ustedes me tienen desde que desperté.

Apenas a los dos meses de conocernos. Nos casamos. No invitamos a nadie, le pedimos a cuatro desconocidos que firmaran como nuestros testigos y nos casamos al salir del turno de la mañana. Cogimos como locos, siempre cogíamos con tal desenfreno, y luego del delicioso bañó abrazaditos, nos regresamos a la preparatoria a cubrir el turno de la tarde.

-- Pero de quiénes habla profesor, quienes son los que siguen huyendo. Hay muchas cosas que aún no entiendo. Tabi es una reserva, cómo llegaron a ella.

-- Pero detective, ¿quiénes cree que son aquellos clientes a los que servíamos en el club?

-- Capitán, esto no tiene pies ni cabeza.

-- Pues tiene que hallarlos detective, hay 45 menores de edad muertos y calcinados, y tengo que entregar a un asesino. ¿Él sospechoso ha dejado entrever que gente pegada al gobierno ha sido partícipe y quizá comience a decirnos nombres que ensucien a muchas personas del gobierno? A dios gracias, detective, es una mujer la gobernadora, quien me ha llamado personalmente para que sea ella a la única a la que se le informe de los pormenores del caso. Así que sólo usted Rilma, Enrique y yo tenemos acceso al sospechoso. Si alguien tiene que caer, pues que caiga, la gobernadora no arruinará su nombre y el del partido por proteger a unos pederastas imbéciles que salgan salpicados por lo que acá ha ocurrido.

-- No tiene tintes políticos, capitán. Eso créame que pude descartarlos.

-- Ya le estás creyendo, Enrique.

-- No se trata de creerle o no. Necesitamos que los forenses cotejen listados, con padres, con fragmentos de ropas, con…

-- Acá tengo otra pista más. Viene de los forenses… Mira… si había otro grupo de huellas de neumáticos.

-- Era una reserva que funcionaba como hotel, en el campo; claro que habrá mayor número de huellas de llantas.

-- Pero si tomas en cuenta lo que dijo el sospechoso, y lo que concluye el peritaje; parece que era otra la camioneta que escuchaste escapar, y no la camioneta que encontramos. Mandaré personal a entrevistar personas de la región, veremos si en el horario que atrapamos al sospechoso, alguien vio salir otra camioneta por las carreteras aledañas. El juego de llantas, va del casco de la hacienda, hacia entroncar con la carretera a Ticul.

-- ¿Y qué me puedes contar de Patricia Cáceres?

Qué tan mal están los pensamientos dentro de uno, que al despertar continúa furioso... Nadie debe despertar enojado. Lo importante en la vida es darse cuenta que al despertar se tiene una nueva oportunidad de mirar la vida, uno despierta y esa primera bocanada de aire debe decirte: carajo sigo vivo... qué suerte, y esa es la felicidad, saberse vivo... uno debe transcurrir el día para que esa felicidad dure hasta que llegue la hora de volver a dormirse en la noche, entonces sabrá que ha vivido bien... despertar enojado es no darse cuenta que se está vivo. Despertarse enojado es pensarse muerto. Pero no había otra forma de ver las cosas. Los intentos por recuperar a Luisa, después del divorcio habían sido en vano. Las cartas de Patricia habían sido una broma. Las cosas se salieron del control, Y Luis enloqueció cuando el buen nombre del colegio apareció dentro de un escándalo en la prensa.

-- ¿Cómo puede ser mi culpa? Yo siempre he hecho lo que tú me pides que haga. Pero desde que empezaste por hacerle más caso a Victoria que a mí las cosas no tienen llenadera. Lo sabes bien, ella controla ya todo. Las cosas se han salido de control Luisa, pero yo te sigo queriendo.

-- Esa es la diferencia, querido; Jill y yo nos amamos.

-- Victoria, dile Victoria; deja eso de Jill para las chamacas como ella. Tienes 38 años, no puedes estar jugando a las locuras de estas chamacas. Jamás serás parte de esa locura en la que andan.

-- La locura ha sido de los tres, pendejo, no te salgas más de cuentos. Si no hubiéramos hablado con el Audomaro para que dijera lo de ser amante de la Patricia, hoy estarías en la cárcel, por violador de menores.

-- ¿De qué me acusas? Los dos estamos en esto. He hecho muchas cosas para darte gusto.

Rilma miraba al profesor Oscar Garfias respirar profundo mientras iba desperdigando las palabras de la historia sobre la grabadora portátil, mientras era filmado por las cámaras de video.

-- Lo supe al mirarla de frente. Al tenerla cerca de mi, sin la continua presencia de Jill Inked. Luisa me quiere, está protegiéndome, está con ellas porque las quiere como hijas y no quiere que les pase nada. La avalancha ya no puede detenerse, Luisa tiene que entenderlo. Yo fui a buscarla justo para eso. Cuando llegué escondí la camioneta cerca de donde me encontraron. Era una fiesta sexual, pero no involucraba adultos. Era como una ordenación. Las Dead Planters empezaron a endiosar al íncubo de Jill Inked,. Victoria Lamas.

Victoria llegó al colegio a medio curso, para enero. Venía expulsada de un colegio de mucho dinero.


 

Publicado en Novelas por entrega

 

 

 

 

Comentarios del Escritor Alberto Calderón Pérez sobre la novela

“Miedo azul sobre un aletear en llamas” de Roberto Rosales

 

Miedo azul sobre un aletear en llamas

 

“Con una reflexión sobre el desprendimiento que necesita el protagonista para no parecer a su progenitor con quien lo comparan continuamente, mostrando las grandes diferencias, esto dicho con una prosa poética cuando menciona la libreta de apuntes de su padre en la cual muestra su elocuente y original sabiduría que atrapa “como pedir deseos a una estrella pálida o como iluminar una casa sin sonreír”, desde la primera frase salta a la vista un envolvente torbellino de acontecimientos que  inician con un incendio silencioso que todo consume incluidos los viejos recuerdos.

Los acontecimientos suceden más allá del bien y el mal, brotan en los momentos inesperados cargados de reflexiones filosóficas con tintes poéticos, a medida que introduce nuevos elementos la historia se torna enigmática” (Alberto Calderón Pérez)

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Miedo azul sobre un aletear en llamas está escrita de una forma “minimalista”, se eliminó toda la parte descriptiva para hacerle al lector una autopista de letras y abandona la pretensión de ser una lectura de entretenimiento para poner a prueba al lector sobre su habilidad de leer entre líneas como lo propone Daniel Cassany en su Análisis del discurso.

 

“Los acontecimientos suceden más allá del bien y el mal, brotan en los momentos inesperados cargados de reflexiones filosóficas con tintes poéticos, a medida que introduce nuevos elementos la historia se torna enigmática, el detective que busca una solución a un caso extraño, a su realidad, a la existencia misma que percibe. Muestra los efectos de una vida cotidiana con personajes que sorpresivamente aparecen y se desvanecen”. (Alberto Calderón Pérez)

 

En la novela he mezclado el género negro, poemas y surrealismo, la formación de un híbrido es arriesgado, pero le da al novel lector la oportunidad de encontrar en una novela el género al que deberá seguir.

“ En la intriga policiaca vemos al solitario detective que tiene presente el recuerdo de la separación de su esposa y por otro lado surge el personaje de la chica que desde pequeña quiso volar y que ahora siendo una joven posee un don lleno de magia en un entorno paralelo en donde finalmente estos dos personajes se cruzan mostrándonos el mundo con otra mirada, rompiendo la realidad aparente con un toque de encanto proporcionado por las aves, destacando el manejo del humor fino, a veces imperceptible, el autor juega con el lector haciendo por momentos una triangulación entre una prosa poética, ficción policiaca y fantasía, todo ello en un ambiente urbano, perturbando su tranquilidad como resultado de la aparición de los cuerpos de grandes figuras del rock en los más inesperados lugares como si fuese el producto de una confusa violencia enrareciendo el ambiente. El mundo concreto aparente es afectado por un caso absurdo pero exquisito a la vez, que plantea una solución a las apariciones de los cuerpos con la frase con la que precede a todos ellos “es mejor la muerte”, que sale de la racionalidad, en una conexión entre dos o más existencias misteriosas, mostrándonos lo real y lo que no lo es, lo auténtico y lo aparente, quiénes somos en verdad, esos otros mundos que influyen al grado de afectar nuestras vidas al punto de ponerlas en riesgo. La aparición de simbolismos que se hacen presentes en su tatuaje, en la frase con la que aparecen los cuerpos, en el alacrán, en la poesía; todos ellos son recursos de la técnica literaria que maneja el autor para proponer otras variantes a la historia. El perfil del detective se presenta cargado de desidia y desánimo aparente sin embargo va tomando en cuenta los acertijos que emergen y que en algunos casos quedan sin respuesta, la historia flota en una realidad con momentos de fantasía, buscando respuestas a su vida y a la problemática de su investigación”. (Alberto Calderón Pérez)

 

Miedo azul sobre un aletear en llamas es mi primer novela y he tratado de cuidar lo verdadero en el texto aunque no se amolde a las formas clásicas de la novela, en el proceso de creación hay una búsqueda interior, una auto-indagación en todo lo que necesita ser palabra escrita, sonido y sentido.


 

El autor va más allá del realismo mágico para incrustarse en la corriente de la literatura japonesa actual al hacer un manejo destacado hacia el interior del personaje principal y a la vez exponiendo su existencia hacia fuera cuando actúa en su entorno, como lo vemos en la narración. La obra hace la propuesta al lector para que observe la vida actual como una rutina monótona convertida en todo lo que tenemos para ofrecer a los demás como consecuencia de un mundo industrializado e insensible cargando cada uno sus problemas emocionales sin poderlos liberar completamente, como decía Cortázar “el hombre se ve sumido en una rutina sin fin” llegando muchas veces a desenlaces inesperados. 

(Alberto Calderón Pérez)

 

 

 

 

 

 

 

Testimonio

El ojo que todo lo ve

Sergio palma

                       Desde el triángulo de las Bermudas                       

  Año: 2003

 

 

 

Testimonio del Ojo que todo lo ve

 

Cursaba la Preparatoria allá por el año 2003. Cierto. Hace un buen  tiempo donde aún existía el audiocassette. En  esa época  tenía un programa radiofónico llamado Spanglish que se transmitía puntualmente los martes y jueves a las cinco de la tarde en XHNAL, Digital 89 que actualmente es concesión radiofónica del Gobierno del Estado de Chiapas. En cada transmisión compartía micrófono con Melvin y Yareth. Realmente éramos jóvenes inquietos que charlábamos sobre temas juveniles novedosos e interesantes; además, lanzábamos los demos musicales que estaban en estreno de cualquier grupo de pop emergentes y bandas de rock alternativo.

       Pero un día llegamos a la estación y no teníamos tema para abordar en el programa; nada para charlar. De inmediato se nos ocurrió hablar sobre el Ántrax que era un tema de moda en diversos medios de comunicación: tanto televisiva como vía  internet (en ese entonces me acuerdo que estaba el buscador Altavista). Y bueno, nosotros inexpertos nos guiábamos por lo que escuchábamos.  Sobre el Ántrax se rumoraba una cosa; otra cosa y raudo la histeria colectiva no se hizo expresar. Decían que mandaban por aviones paquetes y sobres con polvos letales que contenían agentes patógenos propios de una guerra química y biológica. El terrorismo a la alza, vaya. Por cierto recién había sucedido lo del 11 de septiembre, pues estaba “fresquecito” el asunto. Aún recuerdo que el gerente de la estación —que era un comunicólogo cuarentón tan inquieto con alma de joven; pero eso sí, con  un ojo crítico muy agudo y hostil—  respiró profundamente y quedó meditabundo por un par de minutos mientras en su oficina se imprimían los contenidos de  la  información en  hojas de fax.

        A las cinco abrimos cortinilla, y entramos al aire como de costumbre. Me acuerdo que abrimos con la rola  “The zhephyr song” de los Red Hot Chilli Peaper. Animosos y aireados con un poco de fama  nos presentamos; enviamos saludos y atendíamos las peticiones musicales como de costumbre.  A las cinco con quince nos destapamos como acá dicen en la costa; pues empezamos a comentar y a definir qué era el Ántrax a nuestra manera y según las fuentes consultadas. De pronto —ring, ring, rig —escucho el teléfono. De inmediato me tocó recibir la llamada puesto que me situaba al lado de aquel teléfono negro ya desgastado por el uso. ¡Para mi sorpresa! Una voz masculina media “agringada” me empezó a cuestionar que de dónde habíamos sacados la información sobre el Ántrax. El sujeto robotizado y de temple frio afirmó comunicarse desde el Triángulo de las Bermudas e insistía que dejáramos de estar de hablando sobre las guerras biológicas y químicas porque eran asuntos delicados y nos estaban monitoreando vía satélite (ahora entiendo “google maps”, pues ellos tenían una tecnología más sofisticada —me imagino—).


 

       Mis compañeros notaron en mí una palidez y un desbordante nerviosismo que de inmediato mandaron a corte musical. Pero ahí no termina todo, pues les cuento el misterio.

       Durante mi comunicación con aquella voz anónima les confieso que el sujeto tras la bocina empezó a describirnos desde los rasgos físicos hasta las prendas de vestir que llevábamos puesta. Me acuerdo que me dijeron: —A tu lado está un joven moreno con camisa de cuadros color roja; también una joven de orejas amplias; tú que portas una camisa azul y el operador que tiene audífonos puestos y se sitúa  a ustedes— recuerdo que no pude más y le colgué con cierto miedo. De inmediato les comenté a mis compañeros y de manera ingenua miraban hacia el techo y a la alfombra de la cabina en búsqueda de alguna cámara. Pero… ¿cuál cámara? sino había, solamente unos cuantos huecos de los clavos de concreto que se habían retirado.

     Al culminar el programa nadie quería salir de la estación; nadie, ni un pie fuera de las instalaciones que se ubicaba en el edificio Pineda: calle Francisco I. Madero y Avenida Juárez. Y bueno. No tardamos de comentarle al jefe y luego, luego nos exhortó a ser cuidadosos con la información y contenidos que manejábamos. Recuerdo que nos subió a su coche —un Jetta color verde— y nos fue a dejar a cada uno a nuestra casa.

   Desde ese momento entendí que el Imperio nos tienen vigilados a cada segundo, a cada minuto; el ojo luciferino y la era luciferina  va tras el control, manipulación y poder.

 

Quiebracanta

 

Sobre los matorrales dormidos

ha florecido la  quiebracanta

que en su corola blanda

guarda el rocío de la mañana

Porqué siendo tan bella

nace entre escobilla y cizaña;

entre dientes de león, pápalo y verdolaga

¡Oh Quiebracanta!

Quiebra que cantas

campana abierta del alba

que a cualquier mirada encantas:

Azul místico que callas.

Las flores de los pobres

con manos honestas son cortadas

y entre todas las que crecen en el monte

eres la más agraciada

Le pido a Dios que cuando me llame a cuentas

sea en octubre cuando tus botones estallan;

que en vez de carolinas y trinitarias

sean tus campanas que cubran mi lustrosa caja.





Santos óleos

 

 

Estoy tan enfermo que apenas despido el aliento

Mi Alma agoniza a ritmo lento

como agoniza el final de este verso

‹‹¡Ay de mí Astros longevos,

qué estaré pagando!››

―me pregunto en mis adentros―

Cuanto añoro marcharme al Valle de los Huesos

donde florece el lirio negro.

En mis ayeres creyéndome Dios

hice de mi soberbia coraza y yelmo

y de mi lengua una lanza afilada

que apuntaba a los Cielos.

Y es que el cartílago traicionero

en sapiensa de incauto

sala el Alma para años postreros.

Al fin. No tiene hueso y serpentea ofendiendo.

    En verdad cuanto me arrepiento.

¿Qué será de mí ahora que tengo

el embalse hasta el cuello y la muerte

lapida mi agonía por oscuros senderos?

Dios socórreme en esta travesía

que me estoy hundiendo

en un lago de fuego.

 

Arrepentimiento

 

 

Tanto que quise ser

Tanto que ambicioné

Tanto que desprecié

En fin…

Puedo decir tanto y tanto

de lo que me envenenó mi pasado

y seguir conjugando verbos dolorosos

que definieron mis motivos y actos

cuando jugaba a ser dios

y me proclama un divino santo.

¡Qué osadía la mía!

De pensar que nada somos en la Vida.

Nos inflamamos tanto de soberbia

que al caer derrotados en nuestro nicho de dolencias

nos tornamos más noble que una corola tierna

—¡Qué tarde lo entendí!—

Saeta clavada en mi alma gris

Ahora que no puedo probar bocado

que mi verbo se ha secado

y mis riquezas están en el bazar de la miseria

deseo un bálsamo sagrado que venga

de lo Alto o de un Monte Santo.

Dolor ya no te aguanto

Día a día estoy menguando y

mis ojos son dos cántaros llenos

que rebasan día y noche

en mi lecho almidonado

Oh mi Dios, ¿Hasta cuándo será levantado mi calvario?

 

 

 

Bendita miseria

 

 

¿Qué tengo?...

―Nada―

Ni la Vida comprada.

Como me ven me tratan:

perro callejero de las avenidas empolvadas.

Así me definen las almas pútridas de vanidad

que deambulan por los senderos de la Vida Sagrada.

Jamás expreso escozor. No es lo mío.

A menudo pudientes, opulentos  

y sarnosos de la burocracia

me humillan y escupen en mi cara

alegrándose de mí desgracia

Pero el Tiempo es buen amigo

y a la vuelta del destino

me encuentro a muchos de ellos lamiendo el piso

o durmiendo sobre bancos carcomidos.

En fin.

Así  son los giros inesperados de un andar calcinado.

En ocasiones me acerco a enseñarles

las tácticas de todo pordiosero

Desde buscar los desperdicios

en las ramplas de los basureros

hasta hacer un camastro modesto

con cartones a ras de suelo.

Y es que en los andenes de la miseria

he aprendido a ser noble porque se vive

de cualquier caridad.

Deambulando por  senderos grises

le he puesto color a lo poco que tengo

y que por permisión Divina me queda: Vida

Es un martirio vivir y morir al mismo tiempo

mientras el Mundo  se devana en alegría.

   

 

Náufrago

 

I

 

He aquí a la deriva

en este mar de aguas cristalinas

moribundo y con alucinaciones extintas

Olas de sueños me llevan al sol durmiente

donde no hay albatros o gaviotas que en cielo vuelen,

ni peces que a mis pies de muerte se acerquen

Ya van cinco soles y cuatro lunas menguando

más sigo envuelto en este telar argento

—¿Qué queda en mí?—

Un espíritu quebrantado

clamando socorro a llanto amargo

para que se abra la bóveda celeste

y devenga un milagro  

 

II

 

¿Alucinación o milagro?

Diviso a ras de agua

el venir de un Hombre

con rostro de relámpago

que en sus manos trae

constelaciones y astros

—¿Quién puede ser?—

No lo sé…

Solo me dijo:

«Tal como Yo puedes andar sobre el agua

A diferencia que mientras vos des un paso

Yo puedo saltar a otro océano. ¡Levantaos!

Cree y se salvó; salta al arrecife más cercano».

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Jueves, 27 Julio 2017 04:58

El casino Servando Clemens

 

 

 

El casino

Servando Clemens

Augusto revisó su cartera y maldijo al no encontrar dinero. Deambuló entre las maquinas tragamonedas en busca de algún conocido y se topó con Federico, otro vicioso.

—Necesito un préstamo —dijo Augusto—, me robaron la billetera, hermano.

—¿Otro préstamo?

—Por favor —suplicó Augusto—, siento que hoy puedo ganar.

—Todavía no me pagas lo de la vez pasada… no tienes vergüenza.

Augusto le entregó su argolla de matrimonio a Federico.

—Suerte —dijo Federico y le dio un billete que no representaba ni la mitad del valor del anillo.

Después de una hora, Augusto perdió el dinero que le restaba en el blackjack y tuvo que salirse del casino con los ánimos por los suelos. Recargado en un poste y fumando un cigarro recordó que gente de la mafia había prometido quebrarle las piernas si no pagaba sus deudas de juego la semana entrante. Pensaba en suicidarse cuando sonó su celular. Era su esposa.

—Amor —contestó Augusto.

—¿Dónde estas?

—Ya voy a casa, no te preocupes.

—Sólo te quiero pedir algo —dijo la esposa—, si no traes dinero ya ni vengas.

—Ten paciencia, estoy a punto de cerrar un negocio.

—¿Paciencia?, ni siquiera hay comida en casa —dijo la esposa y colgó.

Augusto se metió a su automóvil y al encenderlo se percató de que el tanque de gasolina no le alcanzaría para llegar a su casa. Apagó el coche y enseguida hizo una llamada.

—¿Quién habla? —preguntó una señora.

—Soy Augusto… lo voy a hacer.

—¿Seguro?

—Sí.

—Mañana nos vemos.

Augusto salió del vehiculo y se fue caminando a su casa. Durante el trayecto pensó que si la venta de su riñón salía bien podría pagar sus deudas y tal vez su suerte cambiaría en el casino.

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

 

Sin ventaja alguna

Adán Echeverría

 

 

YA SONABA LA MÚSICA que lo introducía a la Arena. Brincaba en puntas de pie y lanzaba los puños, hacia adelante, derecha, izquierda, gancho, upper, recto, derecha, izquierda. Seguía con los ejercicios de la mandíbula, abrir al máximo, cerrar, mascar al aire, porque era necesario no descuidar la concentración, una quijada fuerte para sostener el protector bucal. Para esta ocasión era él quien subiría primero al cuadrilátero. Todo era distinto. Su nombre ocupó el segundo lugar en las marquesinas, y la bolsa de los premios, ganara o perdiera igual era dos tercios menor. Ellos piensan que no se dio cuenta que las letras de su nombre eran hasta un punto más pequeño en toda la publicidad que había circulado, y cómo no. La oportunidad de pelear con Money había llegado quizá demasiado pronto. Era cierto que él también se mantenía invicto, y que no se jugaba nada en esta ocasión, porque Money no había querido arriesgar la corona con él. ¡Vaya! no se trataba de arriesgar nada más que su propia integridad. ¿Callarás voces? Si ganas tus críticos ya nada tendrán que objetar, le decían todos, desde su agente, hasta aquellos periodistas de la televisora que llevaba varios años haciéndose cargo de impulsar su carrera. No podía saber si la Arena estaba llena para verlo ganar de nuevo, o para alegrarse si caía derrotado. La gente gritaba, pero no como otras veces. Todo era diferente. El alarido de aquel México, México, se escuchaba pero… como si los miles de asistentes se hubieran puesto de acuerdo, nadie gritaba su apodo como en otras ocasiones. Voy a morirme en el cuadrilátero, había dicho una y otra vez durante los meses de preparación, en cada entrevista. Me he matado entrenando. Estoy concentrado. Hemos planeado una verdadera estrategia para ganar. Pero ellos quieren que pierda. Todos quieren que pierda, pero sé que algunos aún tienen esa ligera esperanza de que yo salga adelante en esta pelea. Era esta la pelea que estaba esperando. Seguía brincando en puntas y comenzaron a caminar hacia el cuadrilátero, puso sus manos en el hombro de uno de sus asistentes que caminaba delante de él. La gente brincó de sus asientos. El público era un alarido continuo, y como era su costumbre había podido aislar los sonidos y concentrarse solo en su respiración, con la vista hacia el frente, y la cara levantada; pudo cerrar los oídos para escuchar apenas un monótono beeeeeeeeep que se alargaba cuan largo era el camino a recorrer hacia el cuadrilátero. A su paso las personas lo iban tocando, como si intentaran tocar al Cristo que atravesaba muchedumbres, pero mientras aquel dejaba en cada roce a su piel, un poco de su paz y milagrería, él en cambio lograba que en cada toque el miedo fuera desapareciendo de su cuerpo. Cada contacto de aquellas manos que se alargaban para tocarlo e intentaban saludarlo, lo iban deteniendo, y él dejaba que todos los temores y los nervios fueran cayendo con cada roce, para que al subir al cuadrilátero, y pasar entre la primera y la segunda cuerda, se hallase vacío de cualquier debilidad. Su concentración era plena. Siguió dando brinquitos sobre el entarimado, abría y cerraba la mandíbula, movía cintura y cuello. Todo se hizo una oscuridad azul, los flashes saltaban por todos lados. Mantuvo la vista en un punto fijo, para evitar ver a su contrincante caminar hacia el cuadrilátero. No sería él quien validara cada uno de sus pasos. Nadie cree en mí. Todos esperan que caiga ante el campeón invicto. Esperan mi derrota. El silencio entró hacia sus oídos, se había cerrado por completo, y ya lo tenía de frente. Money estaba parado junto a él, como una estatua de ébano, tantas veces repetida en las leyendas, como un oscuro dios de la guerra, respirándole en la cara. Esta era su oportunidad, y no pensaba dejarla pasar. El réferi daba las instrucciones de siempre, levantó los puños hacia adelante, Money los golpeó hacia abajo con sus propios puños, y se dio la espalda para ir hacia su esquina dando más brinquitos como bailarín de tap. Miró una vez más la multitud. Ellos lo odiaban, y podía sentir su odio mascándole la piel; endureció los músculos. Escuchó algunas palabras de su entrenador que abandonaba el cuadrilátero. Lanzó una última mirada hacia la oscuridad de su memoria; sonó la campana, y miró a Money venir hacia él, con el brazo izquierdo doblado y pegado a su torso, como un guerrero que carga un escudo, y lo supo… esta sería su primera derrota y solo deseaba no terminar noqueado.

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)
Miércoles, 19 Julio 2017 05:33

Vivir entre sueños / Carlos Ernesto Millán /

 

 

Vivir entre sueños

Carlos Ernesto Millán

 

 

 

Mi esposa y yo vivimos entre sueños. Por el día casi no hablamos. Ella solamente me dirige la palabra en caso de que sea muy necesario. O para quejarse de alguno de mis defectos, ordenarme sacar la basura o arreglar un desperfecto del hogar. Siempre con una mueca que no distingo si es de indiferencia, asco o enojo. Yo en cambio, trato de no hacer cosas que le molesten. Trato de cumplir con mis deberes en el hogar. Lavo mi plato después de usar. Trato de mantener en orden mis cosas, lavo mi ropa, lo que ensucio lo limpio. Además de que evito por el día el contacto con ella. No le envío mensajes. No la llamo. Trato de no interrumpirla en sus actividades. Es por eso que todos los días vuelvo a casa después de las nueve de la noche. Espero que se ponga la pijama, se meta a la cama y justo un minuto después de que apaga la televisión es mi momento para entrar a la habitación.

Cuando se encuentra en estado de somnolencia, ella me reconoce. Me abraza, me besa y me dice que me quiere. Me pregunta por qué tardé tanto para ir a la cama. Que me extrañaba mucho. Después de unos minutos ella se duerme. Yo me quedo despierto, sintiendo su cuerpo entre mis brazos. Le cuento alguna de mis historias, le digo lo mucho que la quiero. Me paso largas horas platicando con ella, imaginando que mis palabras se escurren entre sus sueños. Que las vive dentro de su mente.

Por las mañanas es ella la que me despierta con un beso. Siempre de buen humor. Comienza a contarme a detalle los sueños que tuvo.

Soñé que el fin de semana íbamos a un lugar perdido entre las montañas. La pasamos bien. Yo me divertí mucho. Tuvimos una cena muy romántica bajo las estrellas. Estábamos en un lugar hermoso. Hacíamos el amor en una cabaña. Corrimos por un campo verde lleno de árboles con la lluvia mojándonos. Pero no hacía frío. Era cálido y agradable. Éramos como niños, nos divertíamos como niños. También soñé que me dejabas. Ese no me gustó. Fue una pesadilla. Que ya no me querías. Que te ibas con otra. Discutimos, nos reconciliamos, todo fue tan real. Qué bueno que todo fue solo un sueño.

Se levanta, me besa y se mete a la ducha. Pero cuando regresa, ya no es la misma, el cariño y buen humor han desaparecido. El agua le ha devuelto a la realidad. Ya ha salido de ese estado de ensoñación. Lo que pasa después ya no me importa. Sirvo el café y lo bebemos en silencio. Cada quien toma el camino a sus destinos. Nos despedimos sin besos, sin decirnos nada. Sin un abrazo. En cuando llego al trabajo, saco el diario donde anoto todos sus sueños. Pongo la fecha y escribo los de la mañana. Cuando me pongo melancólico o me siento aburrido abro el diario y leo alguno de ellos. Lo memorizo, los imagino, los hago parte de mí.

- ¿Qué tal tu fin de semana? - me pregunta compañero del trabajo.

- ¡De maravilla! Salí con mi esposa a dar un paseo por las montañas...

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

El asesinato del conspirador

José Manuel Vacah 

 

Cuando revises tu Whats-App y escuches esta grabación, tal vez mi cuerpo ya estará en la morgue. Este es el último día. Debo dejar un registro de cómo inició todo —antes de que vengan a matarme.

Discúlpame por elegirte a ti, pero no sé a quién más podría dejar este mensaje. Hice todo lo posible para evitar el crimen, nada ni nadie podrá salvarme. Nomás me queda esperar.

La oficina luce como un cementerio, todos han salido a comer. Oigo a los cuervos graznar del otro lado de la fotocopiadora. No es mi imaginación, es la muerte acechándome.

El principio del fin comenzó con el peor augurio de todos: una llamada telefónica. “Doña Fonseca se ha colgado en el cuarto de intendencia. ¡La conspiración ha sido descubierta!”, la voz de Armando era un chillido que me erizó hasta los pelos del pubis. Tal vez a esta hora, en que recuerdo todo, Armando ya fue asesinado.

Armando es… debo decir era… mi mero bro-dínez y mi huevo izquierdo —como me gusta decir— porque aquí en la oficina todos somos los testículos de otros, siempre trabajando pegados, aunque nos divida una pared, como un tejido delgado y blando.

Por ejemplo, yo soy el huevo izquierdo de Bernardo y él es para mí mi huevo derecho. Así está la cosa en esto de las caballerizas, estos pinches cubos donde uno se pasa lamiendo los memorándums del jefe, aguantando órdenes, tundiendo teclas, archivando los sueños propios en gavetas llenas de mierda, aplastando el culo aunque duelan las almorranas, día tras día.

Resistir a todo, en fin, perseguir la maldita chuleta, o, para decirlo con una expresión más cabrona: cambiar la vida por lana.

Pero mi vida no valía la cantidad que recibía en la quincena. Valía más, mucho más que ese miserable salario, por eso decidí aceptar cuando me propusieron entrar a la conspiración contra la empresa. Todo hubiera salido bien, salvo por un detalle insignificante: alguien nos había delatado.

A doña Fonseca me la tiré en el cuarto de intendencia, el único lugar donde no había cámaras. Sino imagínate. ¡Uf, pinche cogidota que nos aventamos!, capaz que si la veían los de seguridad la suben a Youporn, y hasta me hago estrella porno. Lástima, no a todos se nos hace.

Bien cogelona la ruca, según ella porque su marido no tenía potencia viril, pero puro choro. Era una ninfómana insaciable.

Nunca supe cuántos años tenía, calculo que andaba por los cincuenta, pero se conservaba entera. Dicen que a esa edad el orgasmo en una mujer es más difícil de conseguir, que se necesita más estimulación, más punch, mucho más, más, más y más, pero yo la hice vibrar, entre gemido y gemido descifré el enigma de toda hembra.

¡Qué nalgas!, aguantaban un piano, como que la vieja se daba sus sentones bien seguido, por eso mantenía firmes sus carnes… Todavía recuerdo el golpe de aquellas chuletas sobre mi pelvis. Mientras te platico todo esto, he tenido una erección. ¿Sabías que antes de morir, en el último suspiro, el cerebro lanza estímulos al pito, como si se tratara de un orgasmo?

La doña ya se la sabía, seguramente se habrá cogido a todo el personal. Aquella tarde me dijo, con una voz que parecía el maullido de una gata en celo: Oiga joven, ¿me ayuda a retrancar un mueble? Ese día fui el único en quedarme a comer en la oficina porque llevé mi tóper.

No hay que negarle el favor a nadie.

Ahí fui de ofrecido. Dentro del cuarto, que se me empina, y pus órale, no me lo esperaba. Se la metí sin pensarlo; claro, es mi instinto de macho alfa. Y mientras le empujaba el mueble que me dice, méteme el dedo en el culo, méteme el dedo, papacito, me pedía a gritos —por un momento fantaseé con la idea de que toda la oficina nos estaba escuchando, y no sólo la oficina: el mundo entero.

Terminé metiéndole una botella de vidrio de Coca cola, a petición suya, era verdaderamente insaciable. No mames, al final tuve que romper el envase porque se le había quedado atorado. No sabía qué hacer, pero ella sí, como que ya tenía bastante experiencia, pinche ruca, y todavía quería más.

Ahora sé, después de reflexionar con demasiada profundidad, que aquel acto sexual fue una especie de iniciación, una forma perversa de sellar un pacto, porque el sexo y la muerte son el mismo chorro de semen negro, lo comprendo en este momento, a escasas horas de mi muerte.

A partir de aquella súper cogida —te digo, todavía se me pone tiesa, nomás de recordarlo— en el cuarto de intendencia sellé mi destino, ya era un conspirador.

Todos los miembros de la conspiración habían pasado por las nalgas de doña Fonseca.

La llamada de Armando me provocó unos retortijones espantosos. Corrí a los baños y desalojé el vientre. Hice una caca muy pequeña, en contraste con el pinche dolor que me trenzaba las tripas. En esa minúscula porción saqué todo el miedo que me devoraba por dentro. Mientras me limpiaba alguien me tiró un papel.

Salí rápido del excusado, con los pantalones en los tobillos, pero apenas vi una sombra correr por la puerta.

En el papel estaba escrita mi sentencia, la hora precisa en que vendrán a matarme. Le tomé foto al mensaje, como prueba. Te enviaré la imagen, aunque ya nada importa, salvo dejar un registro de todo. Es la hora de la comida, soy el único ser en la oficina, y falta un par de horas para que me maten. Hasta los policías que están investigando el deceso de doña Fonseca salieron a comer.

Ahora estoy tranquilo, espero, resignado, qué más puedo hacer, la muerte es el precio que paga uno por conspirar contra el amo, es el costo de morder la mano que te da de tragar. La consigna era clara, una vez adentro del sistema había que estallar. Los planes se trazaron en una serie de procesos en clave, nadie los conocía todos. Cada miembro de la conspiración era la pieza de un engranaje fantasma. Pero no quiero morir como una rata atrapada en la maquinaria.

Si tan sólo supiera quién es el delator, lo mataría con mis propias manos, lo estrangularía, le clavaría un cuchillo en las entrañas, y empalaría su cadáver, lo juro…

Pero te sigo contando, después de echar el miedo en el excremento me sentí muy mal, empecé a marearme bien cabrón, y me desmayé. Tuve una alucinación terrible.

Katy Perry se aparecía en mi cuarto. Pero estaba en la oficina, algo muy raro, como que sabía que era la oficina pero era también mi cuarto. Estaba vestida con un camisón de dormir que le transparenta todo: la aureola de sus pezones rosas y la mancha oscura de su sexo, del que emana un olor a cereza que aroma toda la habitación.

Entonces Katy, con el cabello teñido de azul eléctrico, se acercó hasta la cama, donde yo estaba acostado. Se quitó el camisón, la blancura de su piel hacía que sus chichotas se vieran más tiernas, más dulces, más necesitadas de mis labios. Mi pene se elevó tanto que tuve miedo de que ella se asustara de su inmensidad, pero se recostó a mi lado, sin darle importancia a la estatura —que le rozaba la espalda— y me pidió que chupara uno de sus pezones.

Dijo: elije uno, cada uno te mostrará una visión diferente. Pero sólo podrás elegir uno, me advirtió.

Así que escogí el izquierdo, fiel a mi posición política. Además, fue el que me gustó más, no sé, tenía algo, una belleza insoportable.

Acaricié su piel cálida, el contacto elevó aún más la altura de mi verga—que ahora le rozaba la nuca. Toqué su pezón, quería sentirlo antes de probarlo. Lo apreté entre mis dedos, era infinitamente suave como la seda, más delicado que un pétalo. Acerqué mis labios y lo chupé, instantáneamente tuve un orgasmo.

Me había venido justo en el instante de tocar el borde de su botón con mi lengua. Mi semen le mojó el pelo, y en ese momento, sucedieron una serie de acontecimientos que jamás olvidaré.

Katy se cubrió la cara con las manos y comenzó a estremecerse, pensé que la había lastimado con mi potente eyaculación. Le pedí perdón. Traté de abrazarla pero me rechazó violentamente. Al empujarme dejó al descubierto su rostro: era doña Fonseca, ¡Nos han descubierto!, chilló.

Al desmayarme me partí la frente y comenzó a salirme un chorro de sangre. Salí alarmado del baño en busca de ayuda, me había caído por correr con los pantalones en los tobillos. Temblaba, sin poderme controlar. Me quité los pantalones y corrí a la oficina del jefe, abrí la puerta, y cuando entré vi a un inmenso perro Rottweiler montado sobre una mujer.

Gemía como si le dolieran los embates de la bestia, me quedé pasmado.

La mujer se dio cuenta de que alguien había entrado, empujó al perro con las nalgas, y me miró. Era mi madre.

—¡Mamá qué chingados estás haciendo con ese perro!

—Ay, hijo, ya nada importa, descubrieron la conspiración, te van a chingar. ¿Ya ves, por qué eres tan pendejo?

—Mami, pero si yo no tuve la culpa.

—Sí hijo, tú tuviste la culpa. Los conspiradores y los asesinos siempre se delatan. La cagaste. ¡Échatelo!

El Rotwailler se lanzó sobre mí, intentó morderme los huevos pero lo esquivé. Volvió a lanzarse con más furia. Luché por mantener sus fauces lejos, pero era más fuerte y más feroz. Rodamos por el suelo trenzados en la última pelea de nuestras vidas.

A pesar de que estaba usando toda mi fuerza, sus terribles colmillos comenzaban a desgarrar mi carne. La sangre me cayó en los ojos.

Al abrirlos, la inmensa jeta del jefe me escupía. Me miraba con sus ojos de bestia iracunda, ¡malditos ojos de perro! Y me daba órdenes, ¡maldito! ¡imbécil! ¡Todavía peleando contra él me daba órdenes! “¡Godínass, tranquilícese!”, ordenaba con su aliento pútrido, y en mi cabeza las órdenes se repetían como un despreciable chirrido. Hundí el cuchillo hasta el fondo de su cuerpo, y la sangre le brotó estupendamente.

Alguien detrás gritaba “¡PUTA MADRE, PUTA MADRE!"

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

 

LA SOLEDAD DE UNA RATA

                                                                                                                 

                                                                                                                       Ileana Mayanin

 

 

¿Amaneció? Sí ya amaneció, la luz entra por la ventana tan suavemente que recuerdo la playa, ¿recuerdas la playa viejito? ¿Recuerdas como pasábamos tardes enteras en ella? Claro que recuerdas. Te preparare tu café que tanto te gusta, te ayudo a vestirte, anda ya levántate que es un nuevo día y hay que disfrutarlo, tu pantalón ya necesita que le arregle el botón, has subido de peso amor, eres tan guapo…

Amor deberíamos volver a la playa, a comer esos filetes que tanto te gustaban, seguramente los siguen preparando igual de ricos, ¿recuerdas cuando fuimos a Canadá? ¿Qué comparación con el frio no? Aunque como te gustaba, viejito esa camisa a cuadros te sigue quedando muy bien, te ves radiante esta mañana, ven a la mesa está listo tu café, el pan paso más temprano y no lo escuche, pero te preparare algo rico de almorzar, siéntate, anda siéntate, ten cuidado con tu barba que la mojas con el café, te ayudo a limpiarla, tenemos que recortarla un poco, ha crecido, sigues teniendo esos ojos cafés que tanto me gustaron cuando te conocí, aunque tu barba ya sea blanca, ¿recuerdas cuando te conocí? Tenías esa sonrisa pícara que aun conservas, me decías hola a lo lejos, yo leía como siempre, nunca olvide esa imagen de mi mente, la sigo conservando como si fuera ayer, aunque han pasado muchos años. ¿Cuánto amor? ¿Cuantos años, 56? Como nos ha pasado la vida ¿no crees? Ha sido hermoso compartirla contigo, ver crecer a nuestras hijas, ver como se iban, realizar los viajes que tanto trabajo nos costaron, cada momento a tu lado ha valido la pena, ¿sabes? ¡Este café está muy rico, jajajaja amor ensuciaste tu bigote! Te ayudo ven, ya no estés tan serio, yo te arreglare tu pantalón. ¿Qué te parece si vamos al parque a ver las jacarandas?  ¡amo las jacarandas! ¡Llenan de color el parque, si, si! ¡Vamos! Antes te arreglo ese pantalón, no puedes salir así. ¿Te invito unos dulces de esos que tanto te gustaban de tamarindo? ¿Recuerdas cuando me los comprabas y había que esconderlos de las niñas? Jajaja que recuerdos, ¿cómo estarán las chicas? Habría que llamarles esta tarde ¿no crees? Deben estar esperando saber de nosotros, amor tu almuerzo está listo, anda ya comamos que es tarde, dormimos mucho. Me despertó la rata de nuevo, ¡maldita rata! ¡No la soporto! Me da miedo y el gato no ha servido de nada, ya puse veneno dicen que ese polvo blanco es dulce como el azúcar y es letal, con solo lamerlo muere al instante, que bueno porque ha roído los sillones y es intolerable tenerla aquí, ¡es sucia! ¡Pero claro tu duermes como una roca y no te das ni cuenta! ¡Oye recordé cuando en uno de los viajes que hicimos había un restaurante debajo de la habitación y nunca podíamos dormir, pero no nos importaba! Que divertido era desvelarnos toda la noche y despertar tarde, solo para abrir las ventanas y seguir dormidos hasta medio día y solo salir a pasear, ahora ya no podemos viajar tanto, ¿qué te parece si planeamos uno? Podríamos ir a un lugar tranquilo, donde hubiera mar, allá no te dolerían tus rodillas por el frio. ¡Si amor vamos a planearlo! ¡Viejito este problema con la rata tenemos que solucionarlo, la maldita rata ha roto uno de mis vestidos! ¡No la soporto más! Tendré que mandarlo reparar, ¿recuerdas cuando salíamos de compras y las niñas nos acompañaban? ¡Que lío! jajaja siempre era un desorden y nunca lográbamos ponernos de acuerdo, ¿y las navidades? ¿Para seleccionar la cena? Que si pavo, que si lomo, que si ensalada, tenían gustos tan diferentes, al final comprábamos todo y terminábamos comiendo cena de navidad durante días y días, disfrutaba tanto estar solo los cinco, las pláticas interminables con las chicas, como les iba en la escuela y como se nos pasaron los años viéndolas crecer, ¡ay amor que gratos recuerdos! ¿Amor gustas más café? Esta rico ¿no? ¡Mira nada más! Ese gato no deja de dormir, claro como el correteó toda la noche con la rata, maldita rata un día la mataré. Se está haciendo tarde y aun no pasa la señora que vende las tortillas y necesito hacer de comer para irnos a ver las jacarandas, que gente tan impuntual, que te parece que te cocine pollo asado y ensalada, ya sé que no te gusta, pero debemos cuidar la dieta, hemos subido de peso, y si por ti fuera comeríamos comida china todos los días, jajaja ¿recuerdas amor cuando me invitaste a comer esa comida china en ese restaurante donde solo estábamos nosotros y el servicio? Jajaja que cantidad de comida llego a la mesa, creo que cene y comí al otro día lo mismo, ya habían pasado 26 años de conocernos, ya las niñas eran unas adolescentes y nuestro bebe casi entraba a la primaria, no sabes cómo disfrute esa comida, te sentaste a mi lado y me dijiste que nunca te irías, ¿recuerdas? Tomaste mis manos y las besaste y me dijiste no quiero mi vida sin ti, ya había pasado una vida, no sabía todo lo que nos faltaba por vivir, ha sido maravilloso. Pues si… pollo y ensalada.

¿Tocan? si están tocando, quizás sea la señora de las tortillas, espérame viejito ahorita vengo.

No amor, no eran las tortillas, era don Pablo le dije que sin falta le depositamos la renta el lunes, que extraño que no la hayan depositado las chicas, les voy a llamar, no mejor no solo las molestare, bueno, aunque pensándolo bien aprovecharía para saludarlas, espérame y te las comunico para que las saludes.

Bueno parece ser un día que nada esta como debería, el teléfono no da línea, que extraño, cuando vayamos al parque pasemos a la compañía de teléfono a poner una queja por el servicio es pésimo, ¿qué te parece si compramos helado? ¿recuerdas ese helado de durazno que me encantaba cuando siendo una niña me llevabas a comprar? Hace mucho que no comemos, se está haciendo tarde, ya, ya quiero mi café está muy frio y así me gusta, le puse leche y ese nuevo endulzante que compramos hace unos días; está muy rico, también cuando vayamos a la compañía de teléfono pasaremos a comprar más veneno para esa maldita rata, ya se terminó y no logro matarla, no la soporto más, ¿sabes? Está muy rico el café, amor tengo un poco de sueño, es extraño, pero estoy cansada, ¿crees que podamos recostarnos un poquito? ¿Tú también estás cansado?  vamos a amor yo te ayudo. Si amor, abrázame siento un poco de frio, tus manos siguen siendo tan lindas, ¿recuerdas cuando me las regalaste? Nunca olvide tu regalo amor, ¿hace viento verdad? Siento frio, si amor me recuesto junto a ti, amor moje mi cabello en el café, gracias por limpiármelo, gracias viejito, ¿me platicas un cuento? una de tus historias, si amor abrázame me estoy quedando dormida. ¿Viejito y esa luz? ¿Abriste la puerta? Tengo frio. ¿Porque tardas?

La rata sigue viva, por fin me desharé de la maldita y de ese gato inexistente, olvida lo de las niñas y las jacarandas; La soledad suele contarte mentiras al oído.

 ¡amor! ¡Llegaste! Hace una vida te esperaba, mira tú barba negra y esos ojos hermosos, ese traje me encanta, te hace ver tan elegante y guapo, ¿fue con el que te conocí? y sigues teniendo esa misma sonrisa que nunca olvidé. ¿Alguna vez te dije cuanto te amo?  ¿No? Recuerdo que no pude decirlo, ¡pues te amo! Qué bueno que llegaste. Vámonos amor. Salgamos de este lugar...

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)
Viernes, 16 Junio 2017 07:23

Lluvia de letras / Víctor Arista /

 

 

Lluvia de letras

Víctor Arista

 

Elías era un niño muy curioso. Dicen que se pasaba los días recorriendo su pueblo con un libro abierto entre las manos, sosteniéndolo así hasta que terminaba de leerlo y entonces comenzaba de nuevo con otro. Siempre parecía distraído, inmerso en sus lecturas, y por donde quiera que iba, la gente lo miraba con extrañeza. Sólo volvía a la realidad por unos instantes, cuando por iniciativa propia intentaba contarle algo de lo que había aprendido al primer habitante que aparecía en su camino, era rechazado porque la gente prefería ocupar su tiempo en actividades vanas antes que escuchar a un niño que pecaba de saber más de lo que debía.

Cierto día, cuando ya todos estaban hartos de la pretenciosa actitud de Elías, decidieron ir a su casa y quemar todo aquello que pudiera servirle como objeto de estudio. Nada parecía detenerlos en su empeño. No sirvieron ni los argumentos, ni los conocimientos aprehendidos entre las desgastadas páginas que a diario leía.

-Mi cabeza está llena de ideas; las suyas, vacías – intentó defenderse él, inútilmente.

No había otra solución: Elías escapó por el patio trasero, cargando una pila de libros tan alta, que casi parecía traspasar las nubes. Se fue caminando como siempre, sin rumbo, sin darse cuenta que subía por un peñasco que dominaba el paisaje. Dicen que mientras caía, se desvaneció en el aire y se convirtió en una lluvia de letras que se fundió con sus libros, inundando con ellas los techos de cada casa y las calles de la pequeña población.

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

NO SOMOS MÁS QUE NOSOTROS

Octavio Ollin



                                                                                                                                                                                  A  JUAN RULFO


 

Ya era tarde. Doña Consuelo dejó las flores en el respectivo lugar.

— ¡Comadre! —era Susana la que llamaba.
— ¿Cómo está usté? —preguntó apenas volteó a verla.

Y es que ya hacía frío. Un frío abrumador que conquistó la carne de sus habitantes en el pueblo de Tlacotepec. Los niños solían llamarle ‘’pueblo taco’’ para reírse cada que podían, y no sentirse solos, en los eternos momentos que no eran vistos.

—Ay, Conchita. Los tiempos corren como un perro a prisas.
—Figúrese usté, que tiene mucha razón.
—Ay, y los jijos que dejamos allá. ¿Qué será de ellos? —comentó preocupada la parlanchina de Susana, mientras cubría su boca con el rebozo.

 

Afligida, doña Consuelo, respondió:
—Nosotros siempre dejamos a los nuestros como Dios manda.
Pero ya verá, Susanita, llegarán pronto. Nosotras a lo nuestro.

Esponjosa, brillante, la flor  en los maceteros o cubetas arrinconadas sobre las personas que dormitaban en el eterno silencio. En este inmenso silencio que habita en el pueblo.

 —Ya llegué mamá.

Ignacio, se encontraba en casa. El ambiente era triste cuando Consuelo, su madre, entró. Era silencioso; vacío de vida.

— ¿Qué tienes?
—Nada. Deja que me quedé con mis dolencias, míjo.

La madre se tapó con el rebozo desgastado y sucio y  fue a encender una vela, para alumbrar la casa.

— ¿Pusistes el cocol y el agua?
—Sí, mamá. Aunque me siento extraño. Siento…
— ¿A qué te rejieres? —indagó Consuelo, mirando la vela.
—Hoy no desperté a tiempo.
—Ay, míjito. Aquí estarás mejor—dijo—. Parece que uno es eterno, pero después…
Después ya no sabes si estás dormido o de plano…
 
Ignacio, crédulo, frunció su ceño.
—Tienes razón. No hay qué temer.
—La preocupación eras tú, míjo. Tu salud, tan débil. Por eso tanto he rezado para que Dios te socorra.  Eran tristezas, preocupaciones.

Consuelo, miró a su hijo. Tomó su mano. La apretó duro para saber que estaba con ella, para saber que no era un sueño.

—Las nubes se ocultaron.
—Sí, las veo míjo.
—Tus ojos, mamá. No llores—susurró Ignacio.
—Deja mis ojos. Es tu primer día aquí, alégrate tú.

El perro acompañó a Ignacio durante todo su recorrido por el pueblo, en busca de su madre. Ladrándole de un lado al otro. Contento, feliz, el cachorro de seguir a su dueño; en guiar al hombre a ver a su madre. 

La noche brillaba al tono de las veladoras, del papel  picado: rojo, blanco, purpura. Todo era alegre, para los habitantes en esa noche.

Doña Susana, entre la multitud que se congregaba en el camino, fue a ver a su comadre y decirle que ya estaba aquí su hijo, Ildefonso.  

— ¡Pudo llegar! ¡Llegó comadre!
— ¡Mi Ignacio, igual! —afirmó—. Le dije, le dije que los veríamos. Ya están con nosotras, comadre.
— ¿Nosotras? —cuestionó Susana.
—Es igual. Vives tanto que ya no sabes…
—No es nosotras. Es nosotros. No somos más que nosotros, Conchita—sonrió Susanita, tapándose con su rebozo, cuando caminaba detrás de su hijo.


 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)
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