LORETO CASADO

Traduction de Marceau Vasseur et Miguel Ángel Real

 

Llévame

a través de

corrientes de aire

y mareas vivas.

 

Quítame

telarañas

enredadas

a cada paso

en mis pestañas

 

Lévame

donde viven

los gatos y las lilas

donde vuelan

gaviotas y golondrinas.

 

 

 

 

Emmène-moi

à travers

les courants de l’air

et les marées vives

 

Enlève-moi

les toiles d’araignée

enroulées

à chaque pas

dans mes cils

 

Emmène-moi

là où habitent

les chats et les lilas

là où volent

mouettes et hirondelles

 

 

***

 

Negro y amarillo

 

Serán

espectros de día y de noche

los árboles

cerrados los poros

los cuerpos

de invierno.

Pero todavía no.

Todavía corren las nubes

respira el suelo

las calles

estampadas de hojas

mojadas

avispas de octubre

ponen alas a los pies.

 

Noir et jaune

Ils seront

des spectres de jour et de nuit

les arbres

refermés les pores

les corps

de l’hiver.

Mais pas encore.

Les nuages courent encore

le sol respire

les rues

imprimées de feuilles

mouillées

des guêpes d’octobre

donnent des ailes aux pieds.

 

 

***

 

 

Respiración

y nada más

semihundida en arenas pisadas

descansa

resquebraja tinieblas de silencio

 

Cae la sábana

se posa

sobre cuerpo y alma

desnuda

sagrada forma

suelta

libre

brisa suave

caricia blanca

de la noche oscura

 

Casa del fantasma

Descascarillada hoy

Vacía

Casi abandonada

Cual casa de murciélagos

 

Frente al castillo

La playa de los Locos.

 

Adiós Berlín.

 

 

Respiration

et rien d’autre

à moitié plongée dans des sables foulés

se repose

craquèle des ténèbres de silence

 

Tombe le drap

se pose

sur corps et âme

nue

forme sacrée

déliée

libre

brise suave

caresse blanche

de la nuit sombre

 

Maison du fantôme

Ebréchée aujourd’hui

Vide

Presque abandonnée

Telle une maison de chauves-souris

 

Face au château

La Plage des Fous

 

Adieu Berlin.

 

 

 

DIVAGACIÓN DE MADRUGADA

José N. Méndez

 

 

 

El líquido que en el cristal deambula

o el hálito

desde la punta del cabello, nacido

hasta la médula

cuando es trigo

en plena cadencia

de aire gélido.

 

Desde el iris

piedra golpeteada

por la divergencia

del riachuelo

hasta lo que, sin letras,

ni estructura

ni una variable

ni una condición

ni entendimiento

ni alcances

ni un algo

que alcance a definirse.

 

Este es el tránsito

tras un oleaje

que desconoce su flujo.

 

Y ese líquido

hundido

puede amanecer

incendio

amanecer vendaval

amanecer gota o

fragmento de luz

que una luz más grande, nutre…

 

Es la hendidura

en que la psique hace piruetas

y de algún modo

la despoja

y la vuelve

sin más pregunta de por medio

ni la forma de expresarlo

y el roce justo

donde no alcanzó a posarse una caricia

es bóveda celeste

o polvo de Antares

en la punta del índice.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

Por uno más y el alto precio del cobarde

MIRIAM MANCINI

 

 

Por uno más

 

Mate que te quiero verde

como las esperanzas que portas

te quiero suave

como las miradas que unes

y acarician almas en tempestades

 

Mate que te quiero de la anchura del mundo

pronto y listo

cuando arrecia el cansancio bajo el sol

Y también segundos antes de amar

 

Mate que no diferencias entre pobres y ricos al fraternizar

Y se convida al hermano, al desconocido, al ladrón y al decente por igual

 

Mate que eres historia y cargas la sangre de pueblos que ya no están

Y barres fronteras, enlazando manos

en pos de hermandad

 

Mate que te bebo, pidiendo dignidad

para los peones

que tu yerba han de cosechar

 

Ni un mate me falte nunca en esta vida al transitar

Ni en la noche postrera,

cuando ya no quepa una cebada más

 

También te quiero mate con tu espuma nueva, y con mano bien firme,

para robarle a la muerte,

una mateada más.

 

 

El alto precio del cobarde

 

Ansiedad,

manos siempre sudorosas,

temiendo extenderse

en una caricia

que quiebre la segura y siempre tentadora comodidad.

 

Y suelte

de una puta vez

la magia inaudita

que salve el crepúsculo

Y ponga a todos los dioses a rezar

porque acabe la eternidad

 

Cuando tanta libertad

asusta,

sólo queda enmascarar

 

Rogás que otro venga y te rompa la larga lista de excusas

 

que la boca no cesa de enunciar

 

Los miedos carcomiendo el espejo,

estampando grietas por doquier

 

Sentándote a mesas dónde la gente habla, ríe,

la música suena y vos estás lejos, lejos del suelo,

convertido en muecas

 

Estás

corriendo,

siempre corriendo,

yendo a su encuentro

atravesando el puente

con el sol entibiando la cara

Y los ojos incandescentes

 

de saber que estaba cerca

Ya se acercaba

el amor

 

Nadie sabe que ahí fue

 

Nadie sabe que de ahí es de dónde no volvés

 

¿Cuántas derrotas  acumulan tus párpados?

Cae el peso sobre la noche de acero

 

Añorar lo infinito

es tarea insoportable

 

Eyacular, escupir, maldecir, siempre huir

 

Y vas al filo de las horas buceando por nuevos escudos que te protejan

Que te retengan en la silla,

para no extrañarte hasta enloquecer

 

Deseando que el trajín de la gente, siempre con sus ruidos conocidos,

su ronroneo de cuna,

aniquilen la mirada de esa mujer,

 

y sepulten los sueños que no querés volver a ver

 

Y en un sólo golpe certero se borre

lo que cala hasta los huesos

sin porqués.

 

No hay silencio más

espeluznante que el de los muertos a los que aún no les llegan sus diez.

 

Vivir es inventarse

siempre el paraíso,

a cada minuto, renacer.

 

Y arriesgarlo todo,

incluso por nada

 

Por nada,

¡por NADA!

¿Acaso no lo ves?

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

Trópicos I Antología personal

Eduardo Cerecedo

 

 

ÁRBOL SU SOMBRA

 

El ambiente con su temperatura quiebra lo que ha dejado de hacer

la mano amiga.

Caricia de ortiga, afelpando un ligero rumor que despide el cactus

al saberse despojado de algún piropo, envuelto en la gente,

golpes de ecos a lo oscuro del tiempo.

El estanque revuelve al árbol su sombra, sus agujeros son escozores

de quietud que el espejo pule en cardumen de follaje clandestino.

 

 

RECINTO DEL AGUA

 

La casa es un recinto que el tiempo hace para entretenerse,

un juego para la memoria, navaja para despertar la armonía

que fabrica la imaginación en este puerto venido de otras latitudes.

Pero esos muros tensan un regreso pospuesto

que ha de sostener la lejanía en escollos, rompiendo de espuma

a las iguanas,

bebiendo del tejado un cauce detenido.

 

 

 

 

AGUA SOSTENIDA

 

En la espalda siento un verdor auspiciado por el agua prensada

en el muro, el respingo de la luz, apenas tierna se acomoda junto

a la mesa en la que escribo.

Azota el calor un brío que gobierna el estómago a esta hora

del día.

La pared afirma la nervadura de la lluvia, trasluciendo la humedad

de su raíz en sonido como despeñando para filtrarse en la espesura

que cruza el temblor de mi mano.

 

 

 

UN FONDEO

 

Pensar en el agua, pincharse un ojo a lo suave de lo amargo, clima

sobre los árboles de caucho, preciso instante

que empujado por el parpadeo hace de la imagen un río crecido,

por donde transita lo redondo de la piedra.

Es un fondeo de lágrima acusando a la esfinge detenida por el ojo.

Justo en la estaca afilada por la frescura con que eleva la verdura el verano

sobre las calles más cerradas a la lluvia que desgaja en vapores la mañana

en un vuelo de pichíchiles.

 

 

 

 

Publicado en Boca de río

 

Anoche vi nauseabundos vídeos y otros poemas

José M. Viniegra

 

Anoche vi nauseabundos vídeos 
depravadas villanías
deplorables actos
que se adjudicaron orgullos
insensatos Medios masivos

vendiendo libertinajes ocultos
bajo el disfraz de albedríos
solapados y desobligados derechos

provenientes de un futuro incierto

 

Decían que viviremos plenos

y pletóricos pero nos llevarán

-arrastrados por su ejemplo-
hacia la conducta bizarra
hacia el final de sociedades
hacia el civismo ausente 
como sucedió antes
-está en la historia- 
con el ardor de Roma 
con la caída de Grecia 
con el hervor de Sodoma y Gomorra

 

(Ojalá otros ojos vean 
lo que observo
aunque sangren por igual)

 

El orgullo de otros tiempos fue la acción exitosa
el valor la bravura
la cultivación

al menos la riqueza


Hoy lo ostenta el más bruto

el ignorante

el abogado del diablo 
el mercader con cualquier chance


Más vale -lo juro-
ver la atadura
de ojos oídos y alma
para cortar con tijera certera

la marionetería moderna
en que el poderoso el corrupto 
lo mismo que el mediocre y depravado
vano y villano
nos indica grandilocuentemente
como acelerar del hombre
su paso hacia la muerte

 

 

***

 

 

 

¿Detrás de cual asteroide
-pensó el principito- soltaré
la memoria de mi rosa?

 

No la abandoné
(procuró convencerse)
me separó su orgullo

 

Pero en este mundo encontró 
más de una y en cada una estaba

también aquel recuerdo

 

 

***

 

 

Como los eternos

entre nosotros

perviven tus letras

                        poeta

de la carne

 

Dime               Raúl

“Hot Wheels”

                        Parra

¿Así lo deseabas?

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Sábado, 23 Marzo 2019 07:08

LA LEYENDA DE MELUSINA / Daro Soberanes /

 

 

LA LEYENDA DE MELUSINA

Daro Soberanes

 

Capítulo que trata cómo la deslealtad es una primera desilusión que se vuelve un discernimiento.

 

Raymondin, Conde de Lusignan, juró la promesa que su futura esposa Melusina le pidió: nunca visitarla en su habitación en días sábados, ni siquiera mirarla, y preguntar jamás el porqué.

La vida le dio alegrías al matrimonio Lusignan, tantas como estrellas sobre los alcázares de su castillo. Sin embargo, pasado el tiempo, al conde lo socavó la sospecha. En un día negado escondiose Raymondin tras un tapiz para espiar a su mujer. Entonces la miró. Bañándose estaba la Melusina en una tinaja de laca, peinaba sus cabellos como hacía habitualmente, pero ahora éstos parecían verdosas algas; y vio Raymondin que de cintura para abajo —oh estupor— en lugar de dos piernas tenía Melusina una gran cola de serpiente. En aquel momento el conde no albergó ningún horror, sino una gran desolación por haber roto el juramento que tan religiosamente había hecho a su esposa. Ella, al darse cuenta sintió también una infinita tristeza marina que oscureció su rostro. Las promesas rotas traen consecuencias perpetuas. Saltó al alfeizar de un postigo, miró por última vez a su esposo y, tras batir unas alas de murciélago, se alejó volando del castillo de Lusignan.

El relato lo reescribí a partir de la leyenda popular francesa del hada Melusine. Esta historia, aparte de hipnotizar por la categoría muy alta, ideal, de las visiones medievales (queda uno hechizado al conocer al hada), ilustra la culpa de la abjuración a grados superiores. A la decepción se actúa en consecuencia con el abandono. Si los seres humanos (e incluso Dios) perdonan, las consortes que son hadas, no. «Sí, es la mujer perdida. La que canta en la imaginación del hombre, pero también será la mujer recuperada», escribe Bretón en una nota a pie de página de la novela Nadja, novela donde yo conocí a Melusina. ¿Recuperada? No, André. A menos que, iluso, escribas poemas lamentando la ausencia de aquella quimera y entonces sí, en versos ingenuos, la “recuperes”. Melusina no es como nosotros, su palabra orbita sobre sus actos, ¿por qué tendría que perdonar ella como hacen los hombres y las mujeres, si no es ni lo uno ni lo otro?

Se dice, se cuenta, se rumora, que Raymondin rompe su promesa por la sembrada convicción —falsa— de la existencia de un supuesto amante del hada. Todas son percepciones irracionales, están fuera de contexto, pero eso no hace ninguna diferencia. Aquel que ha sido visitado por la lengua hendida de Yago, ya no se detendrá hasta confirmar [imposible] la mentira. ¿Dónde nace esta duda-afirmación? ¿Qué veneno es el alimento de todo esto? Como siempre: la conciencia depende. Las señales aparecen —nunca mejor dicho— en la variación de la conducta de quien será inculpada. Cambiar de horarios; vestirse distinto; evitar, o, por el contrario, acercarse a determinada circunstancia; tener otro ánimo; hacer cosas quiméricas, que en el caso de Melusina es llana y sencillamente encerrarse en su habitación todos los días sábados. Cada una de estas señales activa una imaginación negra, un celo indeciso, que se convertirá en hoguera de delirios. ¿Cómo culpar, nosotros, a Raymondin, si la elevación en la lealtad es menos humana que la concreción de la deslealtad?

En la única novela que escribió Breton hay varios dibujos del hada hechos por la propia protagonista Nadja. En mi concepción del mundo nadjiano, la locura de la francesa (personaje y mito: Nadja) es semejante a la condena de Raymondin abandonado, también francés: Melusina enamora, pero es un amor —a la manera que menciona Ortega y Gasset en las facciones de esta emoción— de enamoramiento por frenesí, “abandonado a sí mismo se irá multiplicando hasta la extremidad posible”. La fisgonería innoble y maldita que cometió Raymondin con su esposa fue inevitable, porque el amor que sintió hacia ella demostró ser obsesivo, frágil, y se hizo enfermizo. El origen desencadena la causa. En cambio, el amor del hada es el amor de un ser extraordinario, es perfecto, es decir: puro. Años antes le ha pedido un pacto de virtud a su esposo. Él lo rompe y ella, en consecuencia, se aleja, es congruente. No hay resarcimiento. O el resarcimiento es el castigo del abandono.

Somos la deslealtad del Conde de Lusignan, personas imperfectas y variables, que hablan de lo maligno “del otro” para justificar conductas propias. No hay un indicio verdadero ni información comprobada de “ese otro”, y sin embargo… ¿qué importa?, ya viviremos engañados. Vivimos.

Pero Melusina no es nuestra igual, no. Ella nos hará pagar la deslealtad. ¡Ah metonimias que están en la vida! La leyenda indica secuencias de una lealtad rota y sugiere la belleza del dolor en un noble castigo. Las palabras que confiesa Raymondin horas después de la partida de Melusina no las sabremos nunca, vivirá errante y en soliloquios por una esposa perdida.

A orillas de aquel mar está siempre un hombre desleal, de sangre azul. Porque, si bien el poblado de los Lusignan no se circunda a una boca marina, las características fantásticas de Melusina nos harán pensar que ella, inmediatamente después de la traición, se retiró al océano limítrofe, como serpiente marina o como sirena medieval, y su cola siempre es de reptil y también siempre es de pez. ¿Un dragón celta?, ¿una sirena para el marino, crédulo y lego? El lugar de autoexilio será el golfo de Viscaya en la propia Francia o en las costas de Chipre, donde también vivieron los Lusignan. La inmensidad y ocultación del mundo marino ante la belleza, inteligencia, gracia y velo de Melusina son una condición melliza provocada por un hombre sin palabra, un hombre sin honor.

 

 

 

[Capítulo V del Tratado sobre la Deslealtad, Burroughs Editorial, 2018]

IMAGEN DE RIMBAUD

 

 

Síntesis del poeta:

Hombre sin alma. Moscón de edad frívola y de afonía imbatible.

 

 

*

 

Ha dominado todo, incluso la ecometría de las bóvedas. Ha envenenado a sus amistades en un idioma exquisito y afable. Ha timado por doquier.

“El tiempo no conjetura el tiempo”, le escribe hace unas horas a Verlaine.

 

Dentro de su canto solista, el brazo se le rompe cada vez que utiliza la confesión como un rubor, que ensaya. Ha asistido a todas las asambleas a primera hora, consonante a su rutina.

 

Jean Nicolas Arthur Rimbaud llegará a una edad en que no mojará más su vestido al andar por las riveras del Mosa. No tomará prisioneros en las Ardenas, como soñó algún día.

 

*

 

Ahora monta sobre una virgen editora. En abismo, una cámara fotográfica fija su alegría.

También ahora, los desdentados ancianos redactan ensayos de la imagen de este pequeño Napoleón.

 

AMY  JADE

 

 

Amy Jade

dibuja el ombligo de dios [ausente]

 

trance,

se queda uno [en trance] al onomatopéyico solo de tus entrañas

y la locura es briaga y se sume

 

arqueada

eres terriblemente cándida, Amy

 

oh niña de prado

 

ocular la luna

 

y en la pared de un pedestal la erección apócrifa

y tu boca de micrófono oxford, mujer

negra

 

vuelve aliento-bastidor mi amor

 

de esta piedad sedúceme tu vicio estrepitoso

puesto a la indulgencia absurda

 

oh reina Winehouse

árdeme

entre tus piernas una mariposa

azabache violácea de cabeza de coatlicue y de vientre alcatráceo escurre

 

benditos los sustantivos que se vuelven exentos

y bendita la consecuencia que se vuelve burda llorona esfinge rosario cascada en trago

 

1983-2011

Amy Jade    electra

Amy Jade    antígona

Amy Jade    circe

beehive

y pinchazos infames en tus pómulos, tus inocentes pómulos

 

sonro a tus absolutos pómulos, infestados en corro

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Viernes, 08 Febrero 2019 06:35

COLMILLOS DE LECHE J. M. LECUMBERRI

 

 

 

COLMILLOS DE LECHE

J. M. LECUMBERRI

 

 

 

 

1

 

Helios acurrucó su hígado en la fuente del balazo. Llovía aquel miércoles. Los Ensombrecidos se esfumaron. Gigantes de polvo y paja que deambulan entre las pesadillas de los mortales, como citatorios del juzgado o enfermedades venéreas.

 

2

 

Las lágrimas del último caribú se esparcieron río abajo. Los niños apedrearon a una cría de zorro en su madriguera hasta asesinarla. Reían, sus risas parecían colmar el bosque con una neblina más espesa que la nata de la abuela en el chocolate caliente. Les espera un ángel a esos pequeños asesinos al llegar a casa. Dulce consuelo del verdugo. La destrucción como paraíso. El hombre es un ogro, ya lo decía Gargantúa.

 

3

 

Color óxido, caoba purpúrea, tendiendo al labio una caricia, un murmuro de hojarasca, un otoñal incienso para las acongojadas plañideras. El aroma a ocote y copal, humo como sombra de los vivos en la patria de la Muerte. Los Ensombrecidos callan. La vida es un relámpago en el que lo fatuo y lo resplandeciente entran confundidos en una misma carne. Dios es devorado por los vivos y vomitado por los muertos.

 

4

 

Ek Balam, el jaguar negro, los dioses se precavían de la noche calcinada, de los astros bizcos, de la molienda putrefacta, de los hongos en los pies, de la herida caliente. Todo lo que nos hace daño nos renueva, dijo un sacerdote. El tigre tiene el fuego en la piel, como el hombre en la mente. Hay moscas danzando sobre el cuerpo de la princesa. Los Ensombrecidos hacen fila para besar sus muslos, para lamer su entrepierna y estrujar su corazón. La belleza es siempre una maldición y una advertencia. Los Ensombrecidos usaron a la princesa como vasija para el veneno más decantado, la más sublime neurotoxina, que ahora la está matando como a un ciervo. Ella busca sanar sus heridas en el agua inmunda del manglar. El légamo le deshace la piel aperlada y la devora como una serpiente a u huevo de quetzal. Caldo putrefacto, la sangre roja de la princesa es ahora la sangre negra del chechén. Pero su espíritu, inalcanzable para los Ensombrecidos, es la savia del Chacá.

 

 

Las calles enrojecidas, el viento rancio, el polvo denso. El futuro es un objeto interestelar, dijo el maestro hoy en la facultad de ciencias. Nuestro futuro ha dejado de existir en otras dimensiones, nos ha exterminado, mientras nosotros permanecemos aquí, ahora. No es lo que habrá, sino lo que dejó de ser. Camino con mi chamarra negra de cuero sintético, mis pantalones roídos, las botas destrozadas por el ardiente asfalto. La Universidad es un viejo animal herido que reclama su entierro bajo ideas muertas.

 

6

 

 

Caminar taciturno, decían los antiguos poetas del siglo pasado. Caminar como una metáfora de la escritura.

 

 

7

 

El dolor ajeno es el más delicioso. El dolor ajeno. Un vaso de Brandy en la mano izquierda y una botella de lejía en la derecha. La situación política del mundo era insoportable para Eduardo. Mezcló la lejía con el Brandy y dio un generoso trago. No se hicieron esperar los calambres estomacales, la lepra esofágica, el intenso dolor que restituyó universos perdidos.

 

8

La caída era de más de tres mil metros. Buda quiso tomarla de la mano, pero Isabel no lo permitió. Dio el salto al vacío, sola, sin dudar. Una pared en el Himalaya cubierta de hielo, adornada por un elegante y delicado hilo de sangre y vísceras.

 

 

 

Publicado en ZONA DE DESASTRE

 

SEIS POETAS EYACULAN EN LAS CENIZAS DE SÓCTRATES

J. M. Lecumberri

 

 

 

Caber en el mundo es  una de las cuestiones más estudiadas

El fenómeno aeroespacial de la dimensión equis

Aquellos que formulan sus indagatorias sobre tan fútil cuestión terminan en psiquiátricos

Hablando con los riñones de Dionisio

Bebiendo de las tetas de Minerva

Mujeres cursis y malcogidas

Que aceptan la poesía como un orgasmo

Negros esclavos que trabajan mezclando rimas baratas

En un secuenciador digital

Descendientes de algodoneros

Hip hop y crimen

Lo más parecido al amor posmoderno

El hombre caucásico

No sangra

No escribe poemas

Pues los poetas ya no salen del fondo gris y sin sustento de la melancolía

Esa hembra inteligente y deliciosa

Que nació del metal de Durero

Dama de la guerra

Ángel de la traición

Los poetas se masturban en la osamenta de la filosofía

No hay quien los corra

El cráneo es marrón como un pedo

Delgado como pétalo de lirio

Como huevo de ámbar es traslúcido

Enigmático

En sus vetas se puede distinguir el perfil de Hermes

Tres veces abortado

No deseado [del mismo palo del relámpago que nos ha enloquecido]

 

El semen se escurre como un rebaño

Que huye de los lobos del delirio

Escurre entre los dientes negros

Entre la noche y el insomnio

Como una sed mística

Como un oficio infame

La tinta me lame

Y lame el final de cada silencio

De cada reparo

 

Hoy amaneció gris

Nublado el centro del pecho

La ciudad bosteza vapor de aguas negras

Entre el día y la ensoñación

Crecen estalactitas de carne frustrada

De labios perdidos en una marisma

De lodo pardo

De aguas con mierda

De modelos de lujo

Buscando una rajadura en el negro velo de Netflix

Una espina para clavarse en la pupila

Un casting

Donde pronunciar las palabras vacías

De bardos vacíos e idiotas

Líneas de fuga

Para tramas sosas

 

 

Sócrates es el vómito

Discursivo

De esta generación

Hipersensible

Obsesionada con vanidosas

Compasiones

Con efímeras espiritualidades de vitrina

Y luces neón

Con música robótica y alucinógenos

Bastardos de hippies

Luces en un estanque profundo y más negro que la noche

Más negro que la tinta

Hombres que simulan ser hombres

Tristes machos cabríos

Que buscan ser degollados

Por la hoja sagrada de una bruja carmesí

Asesinos

Esclavos de una hombría conceptual

Desvencijada

Hijos de la baratija y el espejito

El hombre que sombra el hombre

Tras unas barbas perfumadas y aceitosas

Músculos de en polvo

Leche de Hades

Músculos de huecos

Pan ácimo el hombre

Alimento maldito de una feminidad en crisis

Especie destinada al laboratorio

Somos nuestro propio experimento.

 

++++++++++

Publicado en ZONA DE DESASTRE
Miércoles, 16 Enero 2019 05:43

TE ROGAMOS, SEÑOR / Homenic Fuentes /

 

 

TE ROGAMOS, SEÑOR

Homenic Fuentes

 

 

 

 

¿Cuántas veces

se tiene que hinchar mi voz

maldiciendo tu VERBO?

¿cuántas veces?

Blasfemar contra ti, Señor

¿cuántas veces?

Huir de tu inmaculada creación

nacer, crecer, reproducirse y morir

¿cuántas veces, Señor?

Señor, cuántas veces

escupir tu cielo

de pobres y camellos

¿cuántas veces?

Cuántas veces

nuestra costilla hurtada

matarte en vida

piedra sobre piedra

¿cuántas veces?

Desahuciar tu mano santa

reproducir tu imagen en probeta.

Dime (dinos):

¿cuántas veces?

¿cuántas veces?

¿cuántas pinches veces?

Cuántas veces

Alabarte

Glorificarte

Amamantarnos

con tu savia de fuego.

Señor cabrón.

Maestro, hermano mayor.

Cuántas , cuántas, veces…

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

El suave tiempo y otros poemas

José M. Viniegra

 

 

El suave tiempo remueve las hojas 
que aferran con ansia la precariedad
de algún árbol y el campesino piensa 
que han cambiado su fuerza por debilidad

 

Labrador
en girar el mundo el universo 
deja de ser estático

 

Ni el crepitar del fruto ni su deseo
vertiginoso por separarse de la rama
ni aun su estrepitosa caída

-¡sabe!-
dirá que el fruto desde la fronda cae

cuando su mejor edad llega

 

Hay hojas verdes que también caen gustosas
sólo por pintar otoños

 

 

 

 

Encuentro en la cocina

restos de tu hambre como fondo del plato
fantasmas en el baño
que lavan transparencias
y máculas antes tuyas

No digamos ya la alcoba
que terca llena el aire
con recuerdos que custodian
mi cama cuando ésta duerme

 

Lo juro y no exagero

el problema no soy yo
sino estos ojos necios
o el hechizo con que ven
en tanto sitio y en tanta cosa 
reclamos de tu ausencia

 

 

 

 

Abrevar nuevamente

como antes -amén-
la misma sustancia amarga
manicomio antiguo donde vengo

a contar huesos
y coleccionar penurias
por impuro placer macabro

 

Atisbo así
hacia la nada

 

Enciende
Clemencia
tu veladora
pero aprende a conjurar conmigo

-y por mí-
para que vea en ella
la tibia luz y no el mismo

encantador cirio de sombras

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Página 4 de 36

Invitados en línea

Hay 6041 invitados y ningún miembro en línea