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Antes que la muerte nos bese el silencio

Miriam Mancini

 

 

 

 

Capullos de estrellas, desplomándose sobre las ganas,
reptan sobre mí.
Los signos antiguos
que arden la piel
Y ponen a girar la esperanza.

Las nuevas certezas de un sitio dónde somos arcilla
sin mancillar, sin roer.

Quiero nombrarte en las llamas.

En las hojas que el viento a su antojo, sacude y eleva.
Y prende del alma.

En el derrotero de las heridas que nos citan a deshoras, y
luego sin preaviso, se fugan con nuestra aurora.

En el resplandor de nuestras pupilas riendo a carcajadas.
Al compás de una danza secreta en las orillas del tiempo.
Sin tiempo.

Deleite de sal en el rito de los cuerpos.
Tan distantes.
Tan juntos.
Tan ciertos.

Cuando se halla la desembocadura del silencio en los labios, y es río y es mar,
y brotan las manos en lucha por asir lo inasible.

Latidos de la sangre
en la nave del sueño.

Se hacen trizas las buenas razones,
cuando
fecunda voraz el sentimiento:
no hay sombra capaz de perseguir
semejante vuelo.

Quiero nombrarte
en el sabor del suspiro
de esta noche,
que clama
respirar, a la par aire nuevo.

Cuando aún
somos.
Cuando aún
podemos.

Antes que la vida nos nombre en un verso.

Miriam Mancini

 

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Miércoles, 15 Abril 2020 01:40

Lejos del rayo del sol / César Rito Salinas /

 

 

Lejos del rayo del sol

/ César Rito Salinas / 

 

Buenos días a los seres

que son como un país

y ya al verlos

es viajar a otra parte.

Homero Aridjis, Buenos días a los seres

 

Para Angélica

 

La transcripción de la entrevista se perdió en

la noche del coronavirus.

Dr. Berna dijo:

Sólo hay tres cosas para atender a las mujeres:

“Amarlas, amarlas, amarlas”.

Sobre las piedras encontré la traducción de sus palabras:

“bien cogidas, bien comidas, bien vestidas”

-nunca nadie sabrá el orden,

el no saber el orden de las palabras

concreta la traición de la traducción, dijo Paz.

Entre los ebrios la botella corre de izquierda a derecha,

nadie sabe el por qué.

“Lo demás será cosa de la suerte,

que no está en tu mano”,

dijo Dr. Berna.

Pidió permiso, dio un trago largo de mezcal.

  • ¿Se puede conservar esperanza? -pregunté.

En la mañana de la muerte por coronavirus nadie

podía adelantar algo, los ebrios

beben, no tienen más quehacer.

En la calle corren bicicletas, sobre grandes estornudos.

Aquellos hombres cargan en los bolsillos

un montón de preguntas -tintinean,

níquel y cuerpos,

como ociosas

monedas del vacío.

Dr. Berna adelantó en la boca desdentada

su convicta sonrisa.

“Soy viejo,

fui borracho toda la vida, conservo

esperanzas de que llegue el día

en que deje de serlo”.

La historia se pierde en la tarde de la pandemia.

Del viejo ebrio, sus palabras,

sólo quedará un aguacatal cuyas hojas

una mujer cada tarde

llega a recogerlas,

el lote baldío,

un montón de piedras que nadie mueve

desde los tiempos

de Montalban.

Dr. Berna dijo:

“ámala siempre”, cerró los ojos,

recostó la sucia cabeza,

lejos del rayo del sol.

 

 

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La muerte dando la vuelta al mundo

Cristina Arribas González

 

Vamos a morir todos: ese es el requisito de lo global. Desencadenando una fractura de caída tras caída. Puede que todo esto no sea solo un síntoma, una opción para algunas personas. Puede que haya llegado el momento de no especular con cómo moriremos, a pesar de seguir haciendo bromas absurdas en torno a ella: la muerte. ¿Por qué reír ante la tragedia? ¿Por qué no hacer que el orden sea nuestra tragedia? El orden, la medida, la prudencia. La conciencia vital de una sola vida. No la de los medios críticos, la vida que está en los confines de nuestro ser y ahora despega en forma de realidad mortal. Pienso en la intemperie, en la “soledad mortal”, en aquellos que no llego a saber qué son, somos, y me pregunto quién soy y qué hago aquí. Cómo puedo seguir sabiendo que la tragedia se acurruca como una especie de ovillo (rosa) en mi estómago y me dice. Ya estoy aquí. No me puedo imaginar la herida, el hueco, el vacío que dejo, deja (el valor) en todos vosotros aquellos que nos vamos, iremos. Al fin nos iremos como dormidos, mecidos por nuestro grito (interno): podríamos haber hecho más, hicimos lo que pudimos. Cristina Arribas González

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La vida es un cúmulo de ilusiones.

Rocío Prieto Valdivia

 

 

 

"El vuelo de los ojos rompe lo invisible" Raúl Renán

 

Hemos de cerrar el telón

y abrir la puerta violeta; para dejar salir al miedo,

a esas palabras que nos desgarran el alma.

Romper a puñetazos el estigma de ser víctimas.

Hemos de entrar por ella con el alma

y las alas bien amarradas a las vísceras

para que nadie nos confunda.

Para ser fuertes, y tomarnos de la mano.

La infancia infeliz quedó atrás. 

¡La puerta violeta se abrió para dejar salir y para entrar!

Una lágrima cae, cae y sigue cayendo en lo profundo del concreto para penetrarlo

y florecer en libertad.

¡ Atrás quedarán esas nostalgias!

¡La pequeña oruga ahora vuela!

La vida ilusiones en violeta.

 

 

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AVES MIGRATORIAS Y OTROS POEMAS

MARINA CASADO 

 Traduction Par Miguel Ángel Real

 

 

 

AVES MIGRATORIAS
 
Estoy queriendo tanto
a una estación desvanecida
que tengo miedo de extinguirme,
miedo de deshacerme como las golondrinas
que en las tardes recónditas de octubre
deshabitan aldeas.
 
Es necesaria ahora esta nostalgia;
ahora que han arrancado la flor de la costumbre
y en las salas oscuras del corazón
estallan las primeras
revoluciones.
 
El verano cabría también en una lágrima.

 

 

 

OISEAUX MIGRATEURS

 

J'aime tellement

cette saison évanouie

que j'ai peur de m'éteindre,

peur de me défaire comme les hirondelles

qui dans les soirs secrets d'octobre

dépeuplent les hameaux.

 

Elle est nécessaire cette nostalgie maintenant;

maintenant qu'on a arraché la fleur de l'habitude

et que dans les salles obscures du cœur

éclatent les premières

révolutions.

 

L'été tiendrait aussi dans une larme.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL EQUILIBRIO
 
A veces tengo al viento de mi parte
a las puertas heladas del invierno.
A veces me limito a contemplar
la sed anquilosada de la vajilla sucia
y el mundo también finge detenerse
para desenredar mis pensamientos.
Una vez me quisiste bajo la madrugada
y fue como tocar un vals en el piano
sin ensuciar la melodía,
como sacar los ojos con cuchara
al semblante del miedo.

 

 

 

L'ÉQUILIBRE

 

Parfois j'ai le vent de mon côté

devant les portes glacées de l'hiver.

Parfois je me borne à contempler

la soif ankylosée de la vaisselle sale

et le monde feint aussi de s'arrêter

pour dénouer mes pensées.

Une fois tu m'as aimée sous l'aube

et ce fut comme jouer une valse au piano

sans salir la mélodie,

comme arracher les yeux avec une cuiller

du visage de la peur.

 

 

 

 

 

 

 

Poemas inéditos, publicados en la revista española El Coloquio de los perros

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Viernes, 10 Abril 2020 18:35

RESIDENCIA EN EL CIENO / Azahara Palomeque /

 

 

RESIDENCIA EN EL CIENO

Azahara Palomeque

 

Poèmes de “Rest in plastic” (RIL editores, 2019)

Traduction par Miguel Ángel Real

 

 

RESIDENCIA EN EL CIENO

 

Ya casi

no se siente. Llueve a pedazos, se recoge

en el reloj templado de la madrugada, tres minutos

apenas es lo que tarda la criatura herida

en subir la escalera, menos

si va rodando. Casi

no pertenece si aprendo a dominar la presencia, ser fría

tras la máquina, hacer los gestos oportunos y asentir

bajo los techos. Ya casi

no desgasta, existe en la sima pero, desde la tos, parece un

pájaro

desnudo, exilio que se habitúa,

manoplas en descomposición

me descubren América.

 

 

 

 

RÉSIDENCE DANS LA VASE

 

On ne ressent

presque plus. Il pleut par morceaux, elle se recueille

dans l'horloge tiède de l'aube, trois minutes

à peine met la créature blessée

à monter l'escalier, sauf

si elle roule. Elle n'appartient

presque plus si j'apprends à maîtriser sa présence, à être froide

derrière la machine, à faire les gestes opportuns et à acquiescer

sous les toits. Elle n'use

presque plus, elle existe dans le gouffre mais, depuis la toux, elle ressemble

à un oiseau

nu, éxile qui s'habitue,

moufles en décomposition

me découvrent l'Amérique.

 

 

 

 

LA RED

 

Nos asalta la red.

Hay escaleras de incendios en cada angostura de mis

poros, madres

en la madera, madres

como lombrices tejiéndonos crisálidas. Todo

lo que toco ha sido ya ajado y sabiamente protegido.

Tus ojos terreros. La máquina gástrica

de nuestros pensamientos, el viaje lento a la cocina.

Caminamos

y sabemos que podríamos morir, que el cuerpo

es una báscula de escombros

y las corrientes siempre van hacia atrás, adonde el rojo

las mande. Pero estas pancartas

con las que cubrir ataúdes nos surten de lluvia.

Nadie cree

hoy en los dioses, pero los dioses

colectan masa de nuestros tobillos, continúan su juego

en los raíles oxidados del tiempo.

 

 

LE RÉSEAU

 

Le réseau nous assaille.

Il y a des escaliers d'évacuation dans chaque recoin de mes

pores, des mères

dans le bois, des mères

comme des lombrics qui nous tissent des chrysalides. Tout

ce que je touche a déjà été flétri et savamment protégé.

Tes yeux de terre. La machine gastrique

de nos pensées, le lent voyage vers la cuisine.

Nous marchons

et nous savons que nous pourrions mourir, que le corps

est une bascule de décombres

et que les courants vont toujours en amont, où le rouge

leur ordonne. Mais ces pancartes

avec lesquelles couvrir des cercueils nous pourvoient de pluie.
Personne ne croit

aujourd'hui aux dieux, mais les dieux

collectent une pâte de nos chevilles, continuent leur jeu

sur les rails rouillés du temps.

 

 

 

SUICIDIO IMPERFECTO

 

Es plástico

nuestro último órgano, lápiz

con que se dibuja

una ventana: salto mortal

de los amantes.

 

Todo cuanto se quiere

o se destruye ha de pasar

por cuévanos de aceite finito, materia

cancerígena de la luz:

 

ella, cualquiera,

 

poderosas hebras construyendo

el calor vertedero, puente

del sudor vencido

al sudor en tuberías sin nombre,

segundo piso

en el múltiple epitafio nuclear,

nuestro cuerpo de eco.

 

 

SUICIDE IMPARFAIT

 

C'est du plastique

notre dernier organe, crayon

avec lequel on dessine

une fenêtre; saut périlleux

des amants.

 

Tout ce qu'on aime

ou qu'on détruit doit passer

par des hottes d'huile finie, matière

cancérigène de la lumière:

 

elle, n'importe qui,

 

des brins puissants qui construisent

la chaleur déchetterie, pont

de la sueur vaincue

par la sueur dans des tuyaus innombrables,

deuxième étage

dans le multiple épitaphe nucléaire,

notre corps d'écho.

 

 

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 foto: Emma Real Molina

 

 

L’homme de l’écume

 

Bruno Geneste

 

 

 

Traducción de Miguel Ángel Real

 

Ouvre une porte

accroche la lune

au fleuve

 

trempe

le soleil

de plume dans la pierre

 

l’oiseau noir dans l’étoile

 

un homme vertical

comme un bâton

de prière

boit l’eau

la lumière

ouvre les cercles

dans la parole

trouée de sommeil

de rêves tombés dans la cendre

qui volent la nuit à l’écume

 

Lichens aux lisières

qui nous longent

dans un miroir

d’ombre disparu avec une aile

dans un feu infini de sable

 

Brûlant

un poème

de lampe froide

de navires

enfouis

 

Dans les reflets

aux parois de sel

de jour sans fin

de lumière sans fin

de ciel sans fin

à l’angle

fissuré d’une pierre

une route

en toi dévale

et tu repenses l’île

au dehors qui te trace

 

un signe dans la poussière

d’un ermitage

aux sources inaudibles

remuant

la solitude dans le silence

 

l’écoulement

comme jadis

chemin d’écume d’oiseaux

à fleurs d’os

aux plis sonores des varechs

sur les contours

 

Tu la savais

si fragile

cette ligne de force

l’empreinte de son éclat

dans l’estuaire

 

Tu me précédais

sans me voir

sous la pluie d’avant l’éclair

 

à flanc de falaises glissait

la mer l’eau de tes mains

mains de sommeil

mains de  lampe

mains sous les cieux noirs

à flanc de péninsule

pas à pas

mains indéfinissables

corps et dunes

ourlées d’algues

dans les plis et replis

aiguisés des roches

mains en flottaison

dans l’imprononçable

reflux contraire en fusion

mains ouvrant au noir

dans le blanc et le rouge

mains-visage

mains des remuements

aux frontières percutées

de ton ombre

mains posées sur ta bouche

mains des seuils

mains aux doigts

attrapant les faisceaux d’astres liquides

 

d’un ciel invisible

mains d’écumes

des circonvolutions atlantiques

 

d’un surréalisme des grèves.

 

 

 

 

 

El hombre de la espuma

 

Abre una puerta

cuelga la luna

al río

 

baña

el sol

de pluma en la piedra

 

el pájaro negro en la estrella

 

un hombre vertical

como un bastón

de oración

bebe el agua

la luz

abre los círculos

en la palabra

agujereada de sueño

de sueños caídos en la ceniza

que le roban la noche a la espuma

 

Líquenes en las lindes

que nos bordean

en un espejo

de sombra desaparecido con un ala

en un fuego infinito de arena

 

Ardiente

un poema

de lámpara fría

de navíos

enterrados

 

En los reflejos

de paredes de sal

de día sin fin

de luz sin fin

de cielo sin fin

en el ángulo

fisurado de una piedra

una ruta

por ti desciende

y de nuevo piensas en la isla

en el derredor que te marca

 

un signo en el polvo

de un retiro

de fuentes inaudibles

removiendo

la soledad en el silencio

 

el discurrir

como antaño

camino de espuma de pájaros

a flor de huesos

por los pliegues sonoros de las algas

en los contornos

 

La sabías

tan frágil

esa línea de fuerza

la huella de su brillo

en el estuario

 

Me precedías

sin verme

bajo la lluvia antes del rayo

 

bajo el acantilado se deslizaba

la mar el agua de tus manos

manos de sueño

manos de lámpara

manos bajo los cielos negros

junto a la península

paso a paso

manos indefinibles

cuerpos y dunas

dobladas con algas

en los pliegues y repliegues

afilados de las rocas

manos flotando

en lo impronunciable

reflujo contrario en fusión

manos abriéndose a la oscuridad

en lo blanco y lo rojo

manos-rostro

manos agitándose

en las fronteras percutidas

de tu sombra

manos puestas sobre tu boca

manos de umbrales

manos con dedos

que atrapan los haces de astros líquidos

 

de un cielo invisible

manos de espumas

de las circunvoluciones atlánticas

 

del surrealismo de los arenales.

 

 

 

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 Poesía Chilena Actual

DOBLES

 CUARTO SET 

Juan MalebránPaula Ilabaca Núñez

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Malebrán

 

 

A medida que avanza la tormenta

 

De todos modos
no hay
manera de evitar el riesgo
que suponen ciertos territorios 

 

—urticaria y necrosis—
los dominios del ciempiés o

el vello de la apasanca
(bol.-pollito, tarántula)

mañas aprendidas en terreno
prácticas imposibles 

sin holgura

porque no hay manera 

una vez que la boca se llena de mosquitos

quizás en eso consista hablar claro

 

igual que volver la vista
hacia un río tibio
pero infranqueable

 

y ver tan solo vaho
ante lo poco que se distingue

 

avanzar tras el rastro de la hierba

como único indicio:

las huellas de un galope
que el lodo cubre a mitad del sendero

 

 

A contraluz y a mitad del aire

 

como un suicida contoneándose en plena asfixia
o un puentista balanceando la tensión del elástico
ejecuta acrobática su movimiento la oruga


caso omiso el que hace a cualquier fatalismo
que sobre ella pese

 

absorta en el vértigo que la contiene
grácil como una suerte que muy bien conoce

 

algo en ella provoca recelo

 

preocupada tan solo por la brisa
ajena a todo tipo de lapsus

como si fuese cuestión de sincronía
soltar el respiro que descarga al cuerpo 


justo antes que el letargo agote su frescor

tuerce la voluntad del día 

desde el filo de una hoja mientras pendula

al compás de una danza discordante

y en espera de una adultez que sinuosa rechaza

 

 

 

Breve anotación sobre un reptil al caer la tarde

 

elgecko no es más que un lagarto

que atraviesa claros y cambures

una sombra entregada al ruido

que los grillos proyectan entre la hiedra

 

una silueta invertida

contrariando la gravedad o

un cuerpo inmóvil frente al cálculo
previo al impulso y la embestida

parecido a la imagen

que guardamos de él siendo niños
cuando el mundo se mostraba
ajeno debajo de las piedras


un pequeño reptil
transparente en su tibieza
                                              

mínimo en su quietud

como el viraje del girasol

bajo el que ahora mismo reposa.

 

Juan Malebrán (Iquique, Chile - 1979)

Ha publicado Reproducción en curso (Edit. YMC, 2008), Bozal (Edit. YMC, 2014 / Edit. Hebra, 2015), Entretenciones mecánicas (Edit. Cinosargo, 2016) y Trópico (Edit. Aparte, 2019). Ha sido compilador de f/22 Antología poética cochabambina (Edit. La Ubre Amarga, 2011) y, en colaboración con Gladys González, de Ulupica, trece poetas bolivianos actuales (Edit. Libros del cardo, 2016). Ha obtenido la beca de creación literaria del Fondo del Libro y la Lectura, Chile los años 2005, 2016 y 2018. 

 

 

  

 

Paula Ilabaca Núñez 

 

 

***

 

Tuve sueños, padre. Sueños que no me ayudaron en lo absoluto. La tierra y las hierbas eran nefastas. Sagrada fue el agua cuando calculé el espacio entre mi misma terquedad
y sus rostros. Caminé y caminé, padre. Iba de frente. Dejé atrás el patio. Hondas mañanas se pusieron de acuerdo para mí. La sensación triste no desaparecía. Inventé nombres, combatí con ansias. Cada noche murmuraba: padre, soy yo en medio de todas estas religiones.

 

***


Ellos me querían cazar. Ellos se venían en el dorso de mi mano, padre y no había cómo alimentarlos. Tenían cicatrices. Buscaban las maneras. Y siempre mi voz se erguía como una tormenta amplia batiente entre sus bosques. Vamos al bosque decía (era el perro negro) lleva el par de hachas decía (la voz escondida en mi clóset) que a esta bruta raíz del veneno la sacaremos entre ambos. Papá, soy yo en medio de todas estas religiones.

 

***



Desde el fondo cargante y negro emergió un ángelus, padre. Tenía el rostro escindido. Puso la miel y las armas a mi costado. Nos amamos todas las noches desde que nos conocimos. Teníamos el lumbre de una fogata y desde allí salía una lanza. Teníamos todo, padre: el mal la lluvia los
corderos deshilvanados la corteza el hambre gangrenas deseo plenitud ahogo respiración. Por las noches dormíamos muy juntos. Por las mañanas amanecíamos de la mano. Pasábamos por la tierra y la herrumbre. Teníamos un grito para llamarnos. Decíamos: todo se congela si es
que tú no estás. Decíamos: ven y trae la roca; golpéame, soy tuyo.


de su libro Penínsulas, RIL Editores, 2019.

 

 

Paula Ilabaca Núñez (Santiago, 1979) es escritora, editora y docente, Licenciada en Letras y Educación por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Recibió el Premio Pablo Neruda 2015 por su obra poética, el Premio Juegos Florales 2014 por su novela La regla de los nueve y el Premio de la Crítica de Prensa Literaria en Chile 2010 por su libro de poesía La perla suelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Viernes, 06 Marzo 2020 03:23

PADRES / Rocío García Rey /

 

PADRES

Rocío García Rey

 

 

Tecleo para curarme
el miedo por su ausencia.
Hay un reloj que nos dejaron
para medir el tiempo con las
manecillas de nuestra noche memoria.

Tecleo humildemente esta noche.
para visualizarme niña entre sus nombres.
Adicta a sus nombres soy desde mi nacimiento.

Creí que bastaba invocar el grito ahogado después
de su partida.
Creí que bastaría deshacer la luna que me cobijaba
y desgarrar mi piel hasta medir mi sangre.
Pero avanzó el oleaje llamado incomprensión.

El luto también en los poemas.
Padre obrero, sé que tengo tu voz grabada
en una cinta.
Papá y memoria obrera.
Yo niña de cinco años
queriendo impedir tus lágrimas de obrero despedido.

Hay luto en las historias y en las noches

 y en los claveles
que huelen a  mi infancia.

Mamá adicta a la limpieza.
Lavar la estufa y cocinar el miedo.
No supe abrazar tu miedo, ni tu ansiedad
por ordenar el mundo.

 

II

Hay un cuerpo que durmió en el vientre del miedo
ahora lanza palabras contra los feminicidios.
Hay un cuerpo que se ahogó en la muerte,
pero hoy destejo una y otra vez su historia.
No me basta el ADN.
Quiero aquel recuerdo inventando para ustedes.
Quiero la noche tranquila para conversar de nuevo.
Luego, madre, volveré a usar el mismo gotero
de clonazepam como aquella noche.
Dormimos como hermanas y no quise alertarte
de los nuevos barcos.

 

III

Casi es navidad y soy adulta
y aun así necesito columpiarme
en sus nombres.
Exigirles que regresen en mis sueños.
Quisiera ser Tituba para volver a verlos.
Hablaré de ustedes cada día
me aferraré a cada palabra recordada.
Papa, Mamá, miren estoy en la cuerda floja,
pero no caigo porque hay epitafios que sostienen
y hay luces que aun rotas alumbran
su memoria.

 

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Viernes, 06 Marzo 2020 00:06

OTRAS CARTAS / AT CAS /

 

 

OTRAS CARTAS 

AT CAS

 

 

Tengo una palabra aguda en la epidermis

y su significación acorazada,

indescifrable al tacto y a la vista.

 

Un ciento de pájaros ciegos

chocando en las paredes

y mi boca es tumba de sus cuerpos.

 

Tengo un silencio de agua,

lluvia piel adentro,

cautiva y sola,

esclavizada.

 

Una voz de engrane quebrantada

dominada por la hiedra y su veneno;

 

la vasta superficie

de testas asomadas en el lodo

es sinónimo de linfa

que separa su volumen de las venas

y abunda su textura

para alcanzar la redención.

 

Este silencio líquido y larvado,

es una habitación

donde se guarda la palabra

más sutil y vulnerable:

ojo de tormenta,

epicentro del colapso

que transforma la verdad

y la desnuda.

 

No existe dogma

capaz de definir

todo fenómeno dentro de la psique,

ni figura continente de la luz;

 

mi soma es una suma

de letargos y mutismos

que hierven y queman

cada vez más dentro.

 

 

Int.

Ciudad desierto,

"Otras cartas"

At Cas

 

 

 

 

 

Carta a Artaud.

 

Donde esté tu corazón

estará siempre mi trinchera

 

Artaud,

no me alcanza el humo en los pulmones

para reflejarme en tu pupila.

Te recuerdo con frecuencia,

escucho tu gravedad

raspando los dientes

uno

contra otro,

doliendo fuerte en cualquiera de tus flancos.

 

Te he escrito antes,

algo de ti siempre está implícito en la herida

que sana y pare a la siguiente

en la empresa de encontrar el justo instante

en que la locura comenzó.

 

Silva un espectro de pájaro

seguido muy de cerca por su carne sola

y todo el cielo se comprime

para alienar esa agonía

y conservar entero su recuerdo;

 

hablaste varias noches con sus días

de este fenómeno evidente

y del hondo impacto en la víscera del hombre.

 

No entendí entonces,

todavía no es tan claro,

pero esta tierra que lame nuestra huella agradecida,

escupe después otros homúnculos

más lentos y devotos.

 

Qué serenidad en la altura del nihilismo,

qué forma abstracta

de suturar la erosión de tus pasos en la tierra.

Quiero decir,

tu cuerpo está en pendiente

y yo mismo pendo junto a él,

pero algo de más dentro

sigue atado a lo inmundo

y lo profano,

 

Quise hablar de ti

con la lengua bífida de un golpe

y todo lo que flota invisible alrededor,

todo eso que existe y no se nombra

me atravesó la carne

y reposó en mi sombra,

entendimos en silencio

el tamaño de la muerte.

 

Artaud,

no pretendo condonar con esto nuestra hambre,

pero enunciarte en esta carta

abre la voz de la memoria.

 

 

 

Carta a María.

 

Sobre tu apéndice nacieron otras flores,

levantamos tu muerte en un jardín

y seguimos conteniendo

la respiración.

 

Cuánto tiempo,

mujer,

nos ha golpeado la máscara y la espalda,

cuánto tiempo.

 

Te escribo esta carta sobre el aire,

porque todo alrededor

es un campo de batalla

y las superficies huecas

son fosas donde el hombre

ha de arrojar su dignidad.

 

Nada ha cambiado dentro nuestro,

seguimos llorando a solas,

levantando el polvo

para no acabar mordiéndolo de bruces;

aún no nos salva nadie

y la sangre se nos rompe

cuando gritan las esquirlas

y los humos belicosos en la calle.

 

María,

si no te hubieras muerto

hace tantos años,

no me hubiera muerto a diario desde entonces;

 

quise apelar a la palabra de tus santos

antes de enredar la lengua en la violencia.

 

Un poco de tu rostro ocupa la tormenta

y puedo verte,

toda plata y vaselina

gota a gota

persignándome la frente...

pero es falso.

 

Antes de decir tu nombre

huyo a otros cuartos,

a otras sombras

para no perderte el paso,

me escondo luego

en medio de los gritos y las balas

que mascan la tierra

y después la carne,

me escondo también

bajo un cadáver

o a su lado;

 

María,

no puedes imaginarte el duelo

en que tus hijos se alimentan.

 

Hace tanto ruido fuera de tu cuerpo

que no consigo escuchar tus oraciones,

lejos vibra tu voz

de agua que se estanca y se suicida.

recostada igual que tú,

dormida.

 

Dentro de tu sangre martillada

tuve que dejar mi última plegaria.

 

Ahora tengo que volver

y buscar mi propia muerte bajo el lodo

para consagrarme en tu mirada

y estar seguro de que sabes

que jamás dejé de amar tu canto

de pájaro asfixiado.

 

 

 

Carta a Lena

 

Todo de tu voz sigue en mi memoria,

todo de tu herida

todavía es el origen de mi cuerpo.

 

Quiero decirte tantas cosas que me rompen,

hablarte de lo alto y lo profundo,

quiero hablar el idioma de la aguja

y el bordado

y zurcir contigo

un fragmento de este imperio

donde debo describirte

como si fueras un secreto.

 

Pienso en mi otredad llena de infancia,

en las últimas canicas sumergidas en el lodo

y un golpe de hielo se me enjuga en la mirada.

 

Te aprendí el matiz que doma el sismo,

la voluntad de respirar bajo la muerte.

 

Te aprendí mi voz

y la modulación dispuesta a la verdad.

 

Lena,

desde aquí parece haber un mundo a parte.

 

Hay estos días de temor y de venganza,

infantiles gritos,

de dolores que quedan archivados o pendientes;

 

no mires esta tierra de ruindad,

no hables con la gente,

Lena,

no des tu nombre

en su empresa de infamia y sobresalto:

 

el hombre ahora

corre un riesgo construido por el hombre.

 

Hay días en que quiero echarme en tu regazo y sonreír,

hay días en que quiero despertar bajo tu brazo

y no hacer nada.

 

Murmura la ciudad

su máxima expresión de libertad

y alguien perece,

cobija el asfalto su cadáver

y otros reencarnados

multiplican el dolor con su metralla...

así nos damos cuenta

de que aún estamos solos,

que no somos suficientes

y esta sangre que me diste

ya no me pertenece.

 

Todos tenemos miedo,

Lena,

levamos la cabeza

y clavamos nuestra fe en el frente

antes de la devastación,

 

Y allí,

lleno de lodo o sangre,

- no se sabe bien -

buscamos la libertad

de la que poco hablamos,

porque la creímos nuestra.

 

Temo también por ti,

por tu cuerpo que anda en medio de la ira sin saberlo,

tu boca abierta que respira el humo de una guerra

que se arrastra por la tierra

y todo enferma.

 

Te escribo sin saber exactamente qué decirte,

porque todo mi consejo me ha sumido en la ansiedad

y cada palabra que construyo es una mina

en donde alguien pronto morirá...

donde alguien ya ha muerto.

 

Basta asomar la testa

para intoxicarse de estas formas,

emular a otros héroes

y esperar el golpe en multitud.

 

Antes de decirte amor,

quiero decir ceniza,

porque debe haber un gesto en tus arrugas

que pueda salvarlo todo

o detonar todas las muertes,

para que podamos descansar.

 

Lena,

esto que soy

es semejante a uno de tus hijos

y te ama infinito como tal,

pero el frío me tomó desde la sombra

y me enseñó a partir la piel igual que el hierro.

 

Te veré muy pronto,

o pronto tendrás que verme

y comprenderlo al fin.

Que sepas,

sin mi voz,

lo que llena este desierto,

su silencio cálido y su luz

que todo rompe

y en todo se suspende.

 

Aquí tienes un colgajo,

pana,

suma de testa y tintas

que me labraron cuando joven

y hoy tiemblan conmigo

cuando la sangre se me ensucia;

 

Hace falta un dolor de vientre

para recordar el hambre

y la mera contracción:

quizá falte algo pétreo y seco

que friccione su paso en mi epidermis.

 

Dónde está la otra tierra tibia

que se hunde bajo el mar,

dónde el pueblo

acunado por mi lengua,

 

Busco una angustia

que pueda definir

para dejar de temer al alarido general

que viene y va,

que hace nido en todas las esquinas de mi seso.

 

Que sepas lo oscuro

de otra voz que no sea mía,

que me encuentres antes de partir

psique adentro

y cuerpo afuera.

 

 

 

 

Deconstrucción

 

Mi cuerpo es la marcha

y su corazón macera el rumbo...

 

Este índice desmesurado en mi espalda

abre la tierra y arroja a nacer

sin lengua aún

cada palabra de la hondura.

 

Como fetos moluscos

reptan y respiran los símbolos del mundo

lamen la sal aún intacta

y se levantan igual que sierpe amenazada

a reconocer lo vertido en sus oídos

y creer

o no

que todo está dispuesto.

 

Carta a Cas.

Parte 1

 

Quién es éste,

que habla bajo el mundo:

 

No puede nadie

sino yo

tu largo reflejo y tu pupila;

 

nada de ti entra en un espejo

y nada de lo tuyo tiene historia.

 

Hermano mío,

cuánta sangre corre

dentro y fuera de tus venas,

cuánto mártir ha golpeado tu garganta

para delegarse a sí

al imperio del silencio

y la quietud.

 

Tú y yo fuimos capaces

de legitimar un dolor atemporal

en la frente de los santos

y ungimos el placer

en el vientre de las bestias.

 

Nada nos deja abandonarnos,

nada nos distiende

y lo sabemos.

 

Habrá un momento perdido entre nosotros,

algo que podemos traducir

en un recuerdo cárnico y salado:

 

la náusea que nos quiebra

es la misma que lamemos

para recordar que estamos vivos.

 

Yo sé bien tu movimiento y tu reflejo,

todo lo que un espejo no conoce

y no debe conocer.

Sé tu párpado infantil,

conmocionado,

libre y sin estigma,

 

sé tu abismo

y la cantidad de nombres que contiene.

 

Hermano,

sangre densa,

espacio entre nos...

 

no puedo construir ahora

todo el eco que hubo en nuestro oído

y hay palabras que debes olvidar

de esos derrumbes

para volver a descubrirnos solos,

enunciando solos

nuestros solos nombres.

 

At Cas

 

 

 

Carta a Gus.

Ha caído sobre nuestros nombres
toda tu videncia,
ya estamos enfermos y lejos de nosotros.
No nos vemos,
Gus,
nos perdimos.

Arañado el dibujo
en que se vertió nuestra sonrisa,
húmeda la estera
en que guardamos el cansancio.

Hablo de ti
como se habla de la hierba,
quiebro en cada paso tu palabra
que apagaba incendios
y rompía maldiciones.

Quizá quedó pendiente
el último grano de sal en nuestro muro
y la promesa de ser hermanos para siempre.

Esta suerte de navío abandonado
que dejamos al pie de nuestras voces
masca su propio óxido y enferma;

de allí viene el contagio,
Gus,
de otra palabra que era nuestra
y ahora es sarro pegado en la garganta.

Quiero decir que extraño las alturas,
asomar la nariz y oler al pájaro grabado en la ventana,
el café,
el verso,
la noche siempre viva
y el tacto del papel sobre las palmas.

Yo estoy allí,
dentro de un espejo,
entre el humo y el oscuro sepia en los pasillos.

Algo de mi cuerpo no comprende
o no quiere abandonar esas paredes.
Por eso sé,
grande amigo,
que se puede morir de poco en poco
en los sitios en que la psique estuvo viva.

 

 

 

Algo se rompe,
algo hierve dentro de este recipiente roto
y se derrama.

Todo corazón habitante de mi carne
cierra su puerta y se oscurece,

No hay herida que pueda justificar tanta sangre y tanto frío.

Dentro de mí,
quiero decir,
bajo mi piel,
sobre el graso trozo que maquina el movimiento,
laten como larvas y serpientes,
mis palabras y los gestos
que sucumben y enaltecen el temor ante lo oscuro
y su golpe piedra poro
donde dios comprime su rabia y su tristeza.

No hay nadie aquí,
aquí dentro nada existe sino espejos,

justo cuerpo

justa sangre en un espejo.

He dicho que uno de estos que me cargan,
tiembla igual que yo
dentro del espejo
que repite su figura
y se oscurece.

Escribo para salvar mi vida y nadie sabe
en dónde empiezo
y donde acaba el rastro de mi muerte.

"¡Maldito el que crea que esto es un poema!"
J.S

He roto la sombra y la pared con un nudillo,
para buscar mi nombre o mi silueta entre lo oscuro,
masqué la raíz del hierro
y tragué la hiedra que nace entre las grietas del asfalto
para hallar alguna fibra que sostenga mi caída.

Quiero decir
qué látigo de mierda y qué fastidio,
qué hueco en la pared será mi tumba,
qué sonrisa espera mi tacto de piedra entre la escarcha.

Solo espero descubrir
el lenguaje reprimido de los muertos
y enunciar frente a ellos mi llegada.

 

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