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Martes, 20 Diciembre 2016 21:51

Tánatos instaura su trono

 

 

Tánatos instaura su trono

Rocío García Rey

Posgrado en Letras, FFyL-UNAM

 

 

Resumen:

 

El presente texto es una reflexión de la presencia simbólica de Eros y Tánatos en la película húngara, “Opium. Diario de una mujer poseída”. Planteamos que en la historia de la película son prácticamente invisibles las fronteras entre enfermedad y salud mental. La película permite que nos preguntemos ¿Cómo puede el médico de la historia suavizar el dolor existencial de su paciente, si a él mismo le duele la existencia? ¿Cómo develar el cuerpo de Eros si es Tánatos quien hace girar las manecillas de la vida? Es por estas preguntas que narramos las conductas y las percepciones tanto de la paciente Gizella Klein, como del médico Brenner.

La escritura desenfrenada que lleva a cabo Gizelle es lo que le servirá de salvación al médico. Mientras ella, al final, forme parte del espacio de la muerte.

 

Palabras clave: Enfermedad mental, Eros, Tánatos, Escritura, Olvido.         

 

Abstract

This paper is a reflection on the symbolic presence of Eros and Thanatos in the Hungarian film "Opium. Diary of a Madwoman.” I suggest that in this story the borders between illness and mental health are virtually invisible. The film brings up several questions: How can the physician in the story soothe the existential pain of his patient, if his own existence hurts? How can Eros’ body be revealed if it is Thanatos who turns the gears of life? Based on these questions I narrate the behaviors and perceptions of both the patient, Gizella Klein, and Brenner, the physician. Gizelle’s rampant writing will redeem her doctor, while she remains part of the geography of death.

 

Keywords: Mental Illness, Eros, Thanatos, Writing, Oblivion.

 

  

 

 

Gizella Klein escribe de manera obsesiva, pero no es considerada como una mujer letrada ni culta, al contrario su no alfabetismo la presenta frente al cuerpo médico constituido por hombres, como una más de las mujeres histéricas que habita uno de los tantos ¿hospitales psiquiátricos? Gizella es diagnosticada como enferma mental. Por ello es significada como mujer loca, histérica, incapaz de controlar-se, de dominar-se, ante ello el cuerpo del poder clínico, la somete a una serie de prácticas tortuosas que supuestamente la curarán.

Gizelle escribe, llena cuadernos, traza insaciablemente líneas, frases, acaso oraciones; también se masturba porque cree que el demonio la posee. La práctica irrefrenable de la escritura aunada al ejercicio de su sexualidad son las pulsiones que la acercan a Eros. Pero bien sabemos que Eros halla su contraparte en Tánatos esa poderosa fuerza que guía hacia lo lóbrego, hacia la penumbra en que Eros sólo es sombra. Y es precisamente en las prácticas para curar a una mujer “poseída”, que Tánatos se hace presente: encierros, choques eléctricos, sumergimientos en tinas con agua fría.

Gizelle es el personaje principal de la película húngara: “Opium, Diario de una mujer poseída” (Ópium: Egy elmebeteg nö naplója, 2007), de János Szász. El eje de la película es la relación que en el manicomio se establece entre Gizella y el Dr. Jozsef Brenner quien llega para aplicar novedosos métodos psicoanalíticos. Lo que en un principio es una relación médico – paciente, en el transcurso de los meses culminará con una relación sexual entre ambos.

En esta película, János Szász presenta a los personajes en un ambiente lúgubre, porque ellos mismo cargan un peso de la llamada “locura”. Gizella mediante la escritura obsesiva y Brenner mediante su depresión porque como él lo expresa: “desde que inicié las sesiones de psicoanálisis la necesidad de escribir desapareció”. Brenner entonces ya no tiene inclinación a escribir. Hecho contrario de su paciente cuya escritura, aunque hecha en un estadio de delirio, no deja de ser interesante.

La historia se desarrolla en 1913, nuevos métodos de tratamiento habían surgido, entre ellos el psicoanálisis; esos son precisamente los que Brenner aplicará con Gizella. Es en este punto donde se rompe la frágil línea entre malestar mental, pues Brenner para soportar la propia existencia debe inyectarse opio. Además, sentir que no puede escribir lo hace caer en estados de desesperación y lamento hacia sí mismo. El asombro entonces aparece: ¿Cómo Gizella quien en alguna sesión le dice “estoy completamente demente”, puede hacer lo que él no? Es decir, ¿cómo puede escribir y repetir: “Tengo que decirle que soy el brazo de su Dios”? ¿Cómo surge esa conexión con la palabra cuasi literaria? Finalmente médico y paciente sufren. La paciente sufre al sentir deseos irrefrenables de masturbarse. La culpa la atrapa porque está convencida de que “El Diablo está sentado en el trono del mundo”.

Eros y Tánatos, como hemos dicho, se conjugan, pues al tiempo que Gizella goza su cuerpo cuando se autoerotiza, está convencida de que aquel acto no le pertenece, aquel acto lo percibe con un salir fuera de sí, una pérdida de control porque esta “demente”. Incluso escribiendo se percibe cierto sufrimiento debido a la obsesión con que traza las letras. Una de las pocas escenas donde la personaje goza sin culpa es cuando en la mañana sale al patio y abre los brazos como una mujer libre, el sol parece protegerla, y ella disfruta ese momento.

Brenner, por su parte, también halla en la sexualidad una forma de huir de su propio caos existencial. Tiene como él lo escribe, coitos con desconocidas. La sombra de la tristeza lo guarece, pues así como Gizella está convencida de ciertas “máximas” dictadas por su mente, el médico no duda en releer lo que en algún momento escribió: “La esencia de la vida es un bien costoso”. “Debemos morir incluso antes de nacer”.

¿Cómo podría el médico suavizar el dolor existencial de su paciente, si a él mismo le duele la existencia? ¿Cómo develar el cuerpo de Eros si es Tánatos quien hace girar las manecillas de la vida? Lo que la paciente dice cuando está con Brenner en una sesión de asociación de palabras, son palabras que el mismo médico dice en su propia infelicidad: “Sufro mucho”, “Mi vida es mísera, oh, mi Dios! ¿Cómo puede ser medido el grado de trastorno? Cuando el médico llega al hospital el director le dice: “Una mente trastornada es como un reloj descompuesto”. Lo dice mientras practican una lobotomía en una paciente; “los hacemos olvidar”, declara. Tánatos, entonces, puede tener muchos rostros: el del olvido, el de la desolación, el del vacío existencial, el de la ausencia de palabras, incluso el de las mismas palabras, pues éstas asumirán un significado marcado por el estado emocional de cada personaje. Por ejemplo, las palabras que escribe Gizella en sus diarios, son anheladas por Brenner porque “en sus escritos hay una suerte de fuerza inusual”, mientras que para los otros médicos son palabras sin valor, palabras de una loca que serán borradas y quemadas cuando aquella paciente le pida como último acto de “amor” a Brenner que le saque el cerebro.

En efecto, hay un acto de amor y erotismo entre paciente y médico, pues es en una prueba que Brenner le hace a Gizella que ésta declara, cuando él le da a oler una sustancia, “Huele al Diablo”, es decir huele a deseo. La sexualidad y el deseo por Brenner han aparecido en Gizella, sin que el médico sea ajeno a éste. Es en una noche, en un espacio lóbrego, que paciente y médico están juntos, mientras él se inyecta, ella escribe. Después sus cuerpos se unen, aparece Eros como un anuncio urgente de la debacle. Para Gizella se ha cumplido el deseo y su creencia “Conozco a alguien que me ama […] puedo convertirme en su esposa”. Brenner se ha unido a la mujer que pese a no ser abrazada completamente por la razón puede hacer lo que él tanto anhela: escribir. Por ello una vez que han estado juntos una nueva fuerza abarca al médico. Se apropiará de la escritura de Gizella. Su pulsión hacia Eros lo hará plagiar aquellos textos contenidos tanto en grandes cuadernos como en hojas sueltas.

Sin embargo, las sanciones existen, por ello una vez que el director del hospital se entera de que el médico ha  estado con la paciente, despide a Brenner quien, a pesar de ello, tiene la posibilidad de cumplir el último deseo de Gizella.

-       ¿Tiene alguna petición?

-       Sí.

-       Dígame.

-       Sáqueme el cerebro.

Brenner entonces cumple la petición de su amante-paciente. “Máteme”. Aquel método en el que no creía (la lobotomía) es empleado por él para salvar de su propia aflicción a Gizelle. En la siguiente escena veremos la misma acción con la que inicia la película: una mano anónima pinta las paredes en las que en sus momentos de mayor obsesión, Gizella escribió. A continuación vemos una fogata en la cual las monjas del hospital, como en un ritual de muerte, arrojan los innumerables diarios.

Esa locura que implicó para nuestra protagonista la sanción, pues su compañera de cuarto se suicida al no soportar ver a Gizella escribir arduamente, se vuelve cenizas. Nadie recordará el sufrimiento que padeció cuando a causa de la muerte de su compañera, le negaron papel y lápiz. La ceniza que ardía aún por momentos es apaciguada por la lluvia, mientras una Gizella ya sin memoria observa por un recuadro de la ventana; pero como ella ya no puede significar el hecho, el cineasta presta a los espectadores ese recuadro para que veamos como todo se apaga, porque con la lluvia también llega la noche. Brenner mientras tanto, también contempla la lluvia mediante una ventana, aunque él seguirá portando la vida. Se alejará de aquel hospital con la herencia de una mujer loca, que por serlo no podía ser considerada como escritora.

Lluvia, frío, olvido, palabras disueltas, quemadas y una mujer ausente nos dicen que en esa historia Tánatos instauró su trono.

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Miércoles, 23 Noviembre 2016 08:56

Escritores del Karst

Escritores del Karst

(Parte primera)

 

 

 

" En Yucatán no está pasando nada que me llame la atención.

Me parece que por el momento seguirá igual.

A pesar de que el resto de la República conoce el nombre

de uno o dos poetas yucatecos, no se interesa

y desconoce realmente el panorama estatal."

Marco Antonio Murillo (nacido en Mérida, Yuc. 1986)

al contestar una entrevista.

 

 

Tres mujeres, tres décadas diferentes de nacimiento.

La península yucateca, es una planicie kárstica resultado de la meteorización de las rocas calcáreas en que se sitúa el verde espacio de la selva subtropical. Al carecer de ríos superficiales (ríos Palizada y Candelaria en Campeche; río Hondo en Quintana Roo, frontera con Belice), el escurrimiento es casi por completo subterráneo, dando lugar a los cenotes (una de sus manifestaciones kársticas de mayor claridad) de los cuales se han contabilizado no menos de ocho mil, tan sólo para el estado de Yucatán. Los climas que brinda la vegetación que se desarrolla en la península de Yucatán (de duna costera, sábanas, selva baja subcaducifolia –que pierden sus hojas en una época del año-, hasta la selva alta subperennifolia –que no pierden las hojas) permiten que la mirada viaje sobre paisajes verdes, en época de lluvias (junio a agosto), temporada de huracanes (septiembre-octubre) y nortes (vientos fríos que se desprenden del polo norte y que bajan las temperaturas, de septiembre, noviembre a febrero), lo mismo que para el espacio de los amarillos, cafés, y cálidos naranjas en que nos vamos presintiendo en la época de secas (marzo a mayo). Y desde Palizada, en lo más occidental de Campeche, hasta Chetumal, bajando por el Mar Caribe, frontera con Belice; como en aquellas islas que rodean la península (El Carmen en el Golfo de México; Holbox, Contoy, Isla Mujeres y Cozumel, en Quintana Roo), el universo sea vasto. Sobre esta vastedad miran los ojos de los autores que nos abren el pecho y la pluma, y que se describen hoy como "Escritores del Karst". Y desde esa riqueza en que se distribuyen plantean sus esperanzas de comunicar el pensamiento, mediante la palabra escrita. El karst yucateco es de poco relieve, abundante en roca calcárea que se disuelve y precipita ante la precipitación pluvial. De la misma forma, la literatura que los autores acá discutidos presentan temáticas similares, capaces de diluir los antiguos pensamientos de una sociedad internacional que va fundiéndose con la tradición, para darnos los textos que acá discutiremos.

En este documento comentaré sobre los 21 autores compilados en la antología Karst, escritores de la península yucateca en 2016, que han sido documentados en estas regiones kársticas, donde los paisajes, las esperanzas, las melancolías de sus espacios vitales se dejan sentir en cada una de sus propuestas literarias, ya sea como poemas, minificciones, o cuentos. Voces frescas, no sesgadas por grupismos literarios de otras épocas (Centro Yucateco de Escritores, nacido en la década de 1990, o la Red Literaria del Sureste que apareciera en la mitad de la primera década del 2000), y tampoco cinceladas desde las Academias Literarias existentes en los tres estados que forman la Península de Yucatán (de este a oeste: Campeche, Yucatán y Quintana Roo) Escuelas de Escritores, de Creación Literaria o Licenciaturas en Literatura de las Universidades Autónomas de Yucatán o de Campeche. Voces literarias llenas de esa novedad en las que pueden, queridos lectores, ir descubriendo qué cosa es Yucatán, cómo se mira Campeche, cómo se descubre Quintana Roo. Porque en estos autores, cuyas edades fluctúan de los 45 hasta los 20 años, se miran los espacios de interacción en que pueden descubrir sus necesidades de comunicar ideas, que nos ayuden a descubrir ¿para qué están escribiendo?

La generación de los nacidos en la década de 1990, presenta la voz de una mujer, junto a la de cinco autores hombres. Violeta Azcona, estudiante de veterinaria quien, determinada a dejarse escuchar por los derechos de la mujer, hace que sus personajes ya sea niñas, jovencitas o jóvenes adultas, tomen decisiones con seriedad, y sean combativas. Sus textos son evidencia y confesión. No paran de ser grito para la reflexión y el cambio de posturas, la transformación y evolución de las sociedades, al reclamar sus errores, y evidenciar las nuevas posibilidades. En su discurso, Violeta sabe apretar la voz, el signo, y transcribir un claro uso del lenguaje para desarrollar su propuesta narrativa. Establece la diferenciación marcada socialmente por el género: "Habría que verlo, tan chaparro y gordo, además le he notado unas cuantas verrugas en la papada y en el cuello, parece un sapo. Y yo tan hermosa, tan espigada, tan blanca y limpia como la leche; pude haber sido actriz o modelo, pero no, estoy atada a éste hombre; es que no lo puedo dejar, y a pesar de lo que me ha hecho sigo aquí, tomándole la mano." "Mi madre me ha dicho que sea obediente, que sea más dócil. Pero es que no puedo, algo en mi interior es rebelde y quiere guerra con la hegemonía masculina."

Después de la autora Patricia Garfias (Mérida, Yucatán, 1985), o de Carolina Luna (1964), en el sureste no había surgido una voz tan clara y ágil para las narraciones, y conscientes de que el trabajo de Garfias jamás pudo despegar en la literatura, como en la promoción cultural (lo cual siempre será una lástima), es Violeta Azcona Mazun (Mérida, Yuc., 1993) la promesa de la narrativa hecha por mujeres de la península yucateca. La autora posee la ironía, y la inteligencia para mirar el mundo que le rodea, y sabe plasmarlo en sus textos. Como cuando unas jovencitas cometen un robo en una plaza comercial, en el cuento Mi primer reloj

"Éramos un grupo de cuatro muchachas. Brisa era la más guapa, con ese cuerpo perfecto que dictamina el estereotipo de la sociedad; la condescendiente del grupo, todos la querían por ello, y otras la odiaban por guapa. Misha era flaca, alta y guapa también, la "loca" del  cuarteto; siempre andaba de fiesta, de novios y pasando las materias de 'panzazo'. Ariel era la chaparrita, morena y también guapa, por supuesto; era la criticona, se la pasaba quejándose de todo, siempre se peleaba con todos y todas,  muchos la odiaban. Yo era la 'nerd', la más alta de todas, no era fea pero jamás me consideré guapa. No porque tuviera baja autoestima, o porque me comparara con mis amigas, sino, pura y llanamente porque para mí resultaba vano y superfluo aquello de la 'belleza' exterior."

 

Violeta hace que su narrador viaje al pasado (flash back), cuando se escaparon de clase, pensando en gozar la libertad adquirida por decisión propia; renuentes a la vigilancia de padres, maestros, para enfrentarse al mundo real, en el que poca experiencia tienen, como la autora evidencia su cúmulo de errores. Que, cínicas y entronas, deciden que nadie puede rajarse, hasta convertir la travesura de niñas de familia, en delito de jovenzuelas de la calle.

"Al llegar a la plaza reparamos en que no teníamos dinero suficiente para gastar. Habíamos comprado helados y papas, pero ya no quedaba más que para comprarnos unos moños que habíamos visto en un local. 'Realmente quería mi moñito', me quejé tristemente mientras hacía una mueca con la boca. Misha me miró y por un momento no dijo nada, me tomó de la mano y me sonrió, 'Ven, vamos' dijo y todas las seguimos.

Entramos de nuevo a la tienda y hacíamos como que observábamos la bisutería, la ropa, los lentes y de repente ¡Vi cómo Misha tomaba el empaque de los moños y los metía en mi bolsa de la camisola!, ¡No pude decir nada ni hacer nada!, tragué saliva y  abrí los ojos intermitentemente, como las alas de un pájaro que apresura su despegue. Casi no podía moverme y si no hubiera sido por Brisa, que me abrazó de repente, despistando a la vendedora, mientras Ariel le daba las gracias para distraerla, seguramente me hubiese dado un ataque de pánico o algo por el estilo.

 

Al dejar la oración "Realmente quería mi monito", en voz de una de las actuantes del texto, Violeta hace evidente el infantilismo de las jóvenes de la historia; esta idea que hace que las chicas vuelvan y cometan el hurto, es muestra del talento observador de la autora sobre su sociedad. Mientras al inicio las describe como "guapas", poco aplicadas "pasando las materias de 'panzazo'; o cuando señala "cuerpo perfecto que dictamina el estereotipo", o cuando se declara "nerd"; contrasta con las actitudes añiñadas de jóvenes con ese dejo de sexualidad, en pleno berrinche para hacerse de un adorno. Esa dualidad en el carácter de las jóvenes continúa durante todo el texto. La observadora Violeta hace evidente los pocos valores dentro del núcleo familiar, de padres y maestros, incapaces para saber dónde andan sus hijas, sus alumnas; pero eso no las excluye de saber discernir entre "lo bueno y lo malo" de sus acciones:

"Cuando nos disponíamos a salir de la plaza, después de que mi nerviosismo se acabara, de que mi corazón recuperara su ritmo, de que al fin perdonara a Misha por haber tomado algo que no nos pertenecía ¡Y de meterlo en la bolsa de mi uniforme!, después de creer que la habíamos librado… El vigilante no nos abrió la puerta para salir de la plaza y pronto llamó por radio a dos compañeros más, que llegaron para impedirnos la huida.

—Hay reportes de dos tiendas, señoritas; de que cuatro colegialas han tomado algunas cosas 'prestadas' —lo decía con tono morboso, y dándole énfasis a la palabra 'prestadas', como si disfrutara el hecho de que no fuera así.—  No podemos dejar que se vayan sin que se les revise. Casi sentí cómo me iba a desmayar pero, guardé la compostura—. Síganme, en una fila por favor, una detrás de otra."

 

Violeta caricaturiza la "detención" de las jovencitas por los guardias de seguridad de la plaza donde ocurre la escena del cuento. Las hace caminar "en una fila", como en aquella escena inicial de la película de 1973, Papillon (dirigida por Franklin J. Schaffner); imaginarlas caminando por la plaza comercial, en fila, y rodeadas de los vigilantes de la misma, es una trágica forma de humillación por su "delito". Lo que bien podía terminar en una llamada de atención, se había vuelto una forma de humillar a las cuatro jovencitas:

"Si no lo pagábamos, 'Un vigilante las va a acompañar a la escuela y hablará con el director o la directora, para que llamen a sus padres. O les hablamos de una vez desde acá, denme los teléfonos… o a la policía ¿Sería mejor, no?'"

 

Y esta situación la que motiva la ruptura de las falsas amistades, que impulsan a las chicas de golpe hacia la madurez, para entender que en el transcurrir de la vida, las relaciones sociales tienen que ser escogidas con mucho detenimiento. Violeta Azcona puede narrar esa historia grupal de las amigas, pero igual puede abstraerse hacia textos más íntimos, en el que desarrolla su propia postura sobre la depresión, el abandono social, y la soledad de la complejas relaciones familiares que ocurren en las familias mexicanas, en las que ambos padres de familia tienen que salir a trabajar para obtener el ingreso económico suficiente, disfrazado además de "liberación de género"; como ocurre en De pulgares, orejas y otras partes, minificción en la que el personaje se va mutilando poco a poco, en su imaginación, como en su realidad, y que en la prosa de Violeta el paso entre realidad-fantasía es tenue pero directo.

"Desde que tengo memoria me ha gustado jugarme las orejas. He intentado dejar la manía pero no he podido; me da placer y una tranquilidad inigualable."

 

El nerviosismo del personaje de Violeta en busca de la autocomplacencia que le ayude a su tranquilidad es creíble en la línea anterior. Y de ahí, Azcona Mazun, evidencia esa violencia personal, que tanto impulsa a las juventudes actuales para hacerse cortes en las piernas, en los brazos. Azcona lleva la idea al exceso:

"Decido cortarme las orejas. Tomar un cuchillo de la cocina, afilarlo y ¡zaz!, realmente no es tan doloroso. Supongo que mi vanidad es más fuerte. Tomo el lóbulo de la otra oreja y ¡zaz!, en menos de cinco minutos se tiene una cabeza libre de orejas. Se cocinan muy bien en caldo, y se las da a la perra. Lo bueno de los perros mestizos es que comen de todo."

 

Otro tema que toca la autora, es el amor a los animales, que en la actualidad llega hasta el exceso, con personas que incluso proclaman "Prefiero matar toreros, matar rancheros y campesinos que gustan de la fiesta brava, para lograr impedir la muerte de los toros". Esa posibilidad es la que Violeta nos retrata: la adolescente solitaria que prefiere lastimarse a sí misma, mientras consciente a su mascota alimentándola con su propia carne cortada; una mascota que además no es de raza, sino que se trata de un perro mestizo. La actualidad cuelga de su obra, y nos hace celebrar su capacidad de observadora natural.

Y desde esa capacidad, la autora Violeta Azcona, puede trazar la violencia desde la infancia, en una de sus prosas de largo aliento, titulada: Mi rata Potter, que al puro estilo de Los hombres que no amaban a las mujeres (2005) de Stieg Larsson, llevada al cine con el nombre de La chica del dragón tatuado (de David Fincher, 2011), muestra como una chica logra castigar a su violador; de la misma forma Violeta Azcona presenta esta actitud para México y toda Hispanoamérica. El texto, además nos permite ver –de nuevo- su visión generacional (nacida en los años 90) al bautizar a su violenta mascota, que usará para castigar, como Potter, en referencia al mago personaje de la saga de J.K. Rowling: Una niña de seis años, junto con su niñera de 14 (Juanita), son violadas por la nueva pareja (padrastro) de mamá; texto del cual recreo unos pasajes aterradores:

"Creo que tenía alrededor de 5 años cuando Carlo se vino a vivir con nosotras. Mi madre inmediatamente se olvidó de mí. Me encargaba con doña Chepa, pero ya era muy viejita; así que me contrataron una niñera: Juanita. Juanita tenía 14 años y jugaba conmigo todo lo que yo quería, luego en las tardes se escapaba de mí para irse a ver las novelas con Chepa, mientras yo jugaba en mi cuarto, en donde Carlo se escurría para verme los calzones".

"Carlo se volvió más cariñoso que nunca, me abrazaba todo el tiempo y me sentaba en sus piernas, donde algo duro siempre me rozaba las nalgas, haciéndome sentir extraña".

"Sentí una mano que se posaba sobre mi trasero, y que a pesar del calzón, pude sentir cómo no le costaba trabajo embarrar los dedos en mi raya. 'Mi niña, ¿qué haces ahí?', dijo Carlo mientras me jalaba de una pierna. Rápidamente me paré, más emocionada por contarle lo del ratoncito que incómoda por su atrevida caricia. Es que a los 6 años todo es nuevo, todo parece tan normal."

"Carlo me llevó al cuarto donde estaban mis regalos; me sentó sobre el mueble y con una voz áspera —que muchas ocasiones después de esa seguiría aguantando—, me dijo 'Te voy a dar mi regalo, no seas una niña grosera y acéptalo. Si no te gusta, te aguantas'. Se bajó el pantalón y sacó una tripa negra y peluda que mientras la iba frotando iba quedando gruesa y dura. La pelaba y tenía la punta rosada. (…) De pronto algo me raspaba, giré a ver y era su barba. Carlo me daba lengüetazos en mi raya, sentía su lengua adentro y afuera; de pronto su rata dura se metió en mi trasero, lentamente, yo sentía que me estaba haciendo popó; luego comencé a sentir mucho dolor, y en eso una rata real cruzó el cuarto, era la misma rata que vi debajo del mantel."

"Luego me limpió todo con la sábana que cubría el mueble. Me obligó a jurar que nunca diría nada. Y me sacó del cuarto para regresarme a la fiesta".

"Juanita bajó la cabeza y se puso a llorar. Creo que ahí fue que me di cuenta de que no había sido la única."

"Mi madre nunca quería verme, Juanita se la pasaba en la televisión y Carlo siempre entre mis piernas".

"Cuando cumplí 10 años, mi madre decidió que yo ya era muy grande para seguir teniendo niñera. Que además ni jugaba con juguetes ni con Juana. Regresó a Juanita a su pueblo esa misma semana, dejándome más sola que nunca."

 

Por prosas como ésta, Violeta Azcona Mazun representa ese músculo vital en el que se pueden discursar las historias sin tapujos de esta Mérida, la de Yucatán, en este 2016. El personaje infantil que ha sufrido una violación durante cuatro años, ha logrado la venganza, ¿a costa de qué? habría de preguntarse. A costa de matar a su madre y a su padrastro, y entonces pensar –contrario a lo retratado por Stieg Larsson- ¿cómo sobrevirá esta niña de 10 años en el mundo? La narración de Violeta no lo dice, sin embargo, como lectores quedamos "complacidos" con mirarla liberarse de sus violadores, y abrimos la esperanza de ese final ¿feliz?

El escritor necesita recrearse en su entorno, alimentarse de él, y conocer el pasado mediante sus lecturas. Esta dualidad experiencial es la que le impulsa a escribir, para llenar aquellos espacios de la literatura que le gusta abrevar. Para los Escritores del Karst nacidos en la década de los 80, encontramos la voz de cinco mujeres; cada una con sus búsquedas propias de voz y realidades. En una antología apenas accedemos a un fragmento de la obra de un escritor. Justo es que los antologadores y los autores vayan poniéndose de acuerdo con qué fragmento podría ser representativo de su obra, porque el trabajo literario de los escritores evoluciona con el paso del tiempo, y las lecturas. Abrevan en la vida cotidiana, como en los libros que comparten, esa búsqueda de la felicidad como derecho inalienable en el cual parpadean los instantes de sus lecturas.

Entre las mujeres escritoras del Karst nacidas en la década de los ochenta, Ángel Nimbé (Campeche, 1988) es la más joven. Nace en Campeche donde estudió literatura en la Universidad Autónoma de esa entidad; actualmente radica en Cancún, Quintana Roo donde cursa la maestría en Creación y Apreciación Literaria, como una clara muestra de la continua movilidad existente en la península de Yucatán; y desde ese recorrer kilómetros de selva define su palabra poética: " Yo, Dios, y soy gusano, tecla y tinta de otro dios más fuerte". Nimbé ha sido becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico en Campeche (Pecda) en su emisión 2012; es autora de Las danzas de la serpiente, con el que obtuvo el premio estatal de poesía 2015. Y dentro del trabajo poético que acá revisamos, Leptomar (Las bitácoras del desahuciado), se observa el trazo de posibilidades artísticas con los que se mira a la sociedad y que la autora percibe; se deja sentir el abandono en que el que sus hablantes líricos se encuentran sumergidos; así como la búsqueda interior que no termina de fracasar.

El desahuciado hablante lírico de Nimbé no logra salir de la depresión que el mundo le impone: la niñez, la familia, los amigos, los otros, la vida toda: "Este recinto blanco me sofoca. Debe tener el sabor del abandono. Con esta esclavitud deben vivir los muertos." La fallida esperanza que narra en sus poemas, huele a derrota, a miseria, al abandono en el que uno se nutre cuando quiere llegar a lo más hondo de la tristeza. Pero igual entre sus textos se percibe esa presencia marina, ese olor oceánico que rodea a la península, su natal ciudad Campeche, situada a la orilla del Golfo de México, y Cancún, donde ahora reside, situada a orillas del Mar Caribe; por ello puede percibirse el espíritu de mar en el que la autora ha crecido, mar y religión como un viaje que se complementa en la actualidad de su mirada: "Vengo a ti como el rey de los ejércitos, para enfermarte como enfermé estas olas, provocar un nuevo amanecer aún más oscuro. Hay otro mar allá, tras esas sombras. Hay otro mar allá, cae en picada sobre la arista del cuadrado mundo."

Esta desolación puede mirarse en los versos de su Día tercero; las relaciones del hablante lírico con personajes débiles, tiernos, y en esa docilidad de carácter 'como solían ser las princesas de los cuentos', Nimbé remarca a la sociedad enferma contemporánea, enferma por lo políticamente correcto, enferme con el neoliberalismo, enferma con esa necesidad de "no exacerbar los caracteres, reprimir las pasiones, evitar ser contestatario, privando de reacción a la juventud que languidece como "la dama de las Camelias", de una enfermedad del alma, ante ese fantasma que les absorbe el cerebro, como aquel monstruo retratado por Horacio Quiroga, que iba succionando a la mujer, hasta matarla en El almohadón de plumas. De esa forma la autora presenta a sus personajes:

"Mi mejor amigo tenía el cuerpo diminuto y delgado. Era un niño blanco como solían ser las princesas de los cuentos. Tal vez cuando crezca halle un hada y se case. Tal vez se acuerde de mí, que solía devorar los corazones de los lobos.

Mi mejor amigo de la infancia se desmayaba a ratos. Mucho tiempo bajo el sol le hacía desvanecerse. Solía cargarlo y correr hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído. (…)

Creo que mis intentos de felicidad ya fracasaron, murieron desde la primera vez que abrí los ojos."

 

Y sin dejar además de señalar a esa sociedad capaz de lastimar al que se presiente débil. Con ello, Nimbé remarca la batalla contemporánea contra el Bullyng (acoso físico o psicológico al que someten de forma continua a un individuo sin importar el sexo, por el hecho de presentarse débil ante una persona o un grupo social): "hasta ponerlo a salvo de las patadas de los otros que hacían leña del caído". En su poema Cuentos de hadas desgraciados, Ángel Ninbé hace eco de las narraciones de Violeta Azcona, retratando la pobre educación de la familia. Y con la sutileza que permite la poesía, sus versos se acercan igual al miedo que sienten los infantes ante el acoso de los adultos: "Mamá me dijo que el hombre de arena no es real, /que no morderá mis juguetes, /ni jalará mis pies si resbalo /cuando juegue en el columpio a medianoche." Y en ese miedo por los adultos, igual prevalece el miedo a los narcotraficantes que les acercan las drogas. Es interesante que mientas muchos "activistas" se inclinan por la legalización de las drogas, la joven poeta nos diga, desde su hablante lírico: "No me arrastrará a su reino de morfinas /debajo de la cama /ni me convertiré en una de esas niñas /a las que a veces se les caen los ojos /que los rincones devoran." Y es en los tres versos finales donde la autora deja ver su postura ante la "trata de blancas", o nos permite imaginar a las chicas suicidas, las que han sido diagnosticadas con algún problema mental, que viven de píldoras, y pastillas recetas por el psiquiatra, o que han sido incluso recluidas en clínicas mentales. La alusión "a veces se les caen los ojos /que los rincones devoran", puede ser una referencia de aquella canción infantil mexicana de Francisco Gabilondo Soler "Cri-Cri", "La Muñeca Fea" (grabada en 1958), que vive "escondida por los rincones"; y cuya letra ha estado en el imaginario colectivo de las familias mexicanas ininterrumpidamente desde su grabación.

Entre los nacidos en la década de los setenta la única mujer entre los Escritores del Karst, es Gema Cerón Bracamonte (Mérida, Yuc., 1979), licenciada en nutrición por la Universidad Autónoma de Yucatán. Sus relatos vienen cargados con las emociones vitales de una observadora ávida. Una mujer mira hacia la prisión de otra mujer, en busca de la libertad y la determinación, consiguiendo el juicio de las autoridades que la reprimen. ¿Tiene justificación el asesinato? ¿Tiene límites el abuso sufrido? La lucha de la mujer para dejar el papel de víctima, o con la firme intención de asumirlo como ocurre en el cuento Sentencia.

"Cuatro años de matrimonio teñidos con sangre, ¿quién lo hubiera imaginado? Recuerdo el día de mi boda y ese hermoso vestido blanco. ¡Nunca me sentí tan dichosa!, como princesa en cuento de hadas. ¡Qué decir de Rogelio!, tan guapo, con ese frac negro, corbata de moño y sus ojos marrones mirándome embelesado.

Todo era perfecto, hasta que Rogelio decidió que debíamos abandonar la casa para vivir con su madre."

El personaje-narrador de la historia de Cerón termina por dar muerte a su suegra, que durante la relación a la que se enfrenta se la ha pasado atormentándola. Este texto es evidencia de que el Machismo que tanto daño hace a las familias, a la mujer, a los hijos, en ocasiones es estimulado por otras mujeres, ya que como decía Simone de Beauvoir: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos", como en este caso Madre-Hijo son quienes someten a la Nuera-Esposa, hasta enloquecerla, cegarla, y orillarla a defenderse: "Sumida en mis recuerdos, no escuché con claridad la sentencia. Al parecer, jamás podría ver a mis hijos, esto me derrumbó. ¡No podía creerlo!, ¿por qué me condenaban?, la víctima era yo."

Gema Cerón carga su discurso con la sencillez de las palabras y las escenas que plantea denotan la experiencia del diálogo y de saber escuchar a las personas que nutren sus reflejos literarios. Tal postura se vislumbra en la segunda narración que analizamos Pedrito: donde una mujer busca corregir y educar a su hijo, por lo que el texto se carga de la magia literaria del absurdo. Se reconocen las lecturas de Gema, el apropiarse de la tradición literaria infantil para poder construir sus propias intenciones, el nombre del personaje de inmediato nos lleva a reconocer al personaje de la fábula de Pedro y el Lobo, que acá es mezclado con aquel pillo de los cuentos llamado Pepito (de ahí el diminutivo) que siempre se sale con la suya, y que en la contemporaneidad nos haría pensar en Daniel el Travieso (tira cómica de Hank Ketcham, estrenada en 1951), o al más reciente Bart Simpson (personaje de Los Simpson, creados por Matt Groening en 1989).

"Pedrito, niño malcriado de 3 años y medio, el menor de tres hermanos. Era el consentido de sus padres. (…) Pedrito se había enfurecido tanto, que comenzó a golpear a su progenitora a puño cerrado."

De inicio Cerón llama a su personaje "niño malcriado", y lo evidencia mostrando como es capaz de golpear a su madre. La fabula que la autora propone, pasa a ser un cuento que pretende espantar a los niños, y de nuevo hace referencia a Gabilondo Soler con la letra de la canción de "El ropavejero", quien compra o cambia: "Chamacos malcriados /miedosos que vendan"; evidenciando además cómo son los Padres los que crean y refuerzan los miedos en los niños.

"El reloj se detuvo; para un pequeño de tres años, un minuto sin su madre parece una eternidad. El silencio retumbó en la casa. Pedrito subió las escaleras, entró al baño, exploró cada habitación sin hallar a nadie. Hasta sus hermanos se esfumaron. Creyó que jugaban a las escondidas y buscó debajo de la cama, dentro del ropero y nada."

La referencia obligada acá es a la película "Mi pobre angeligo (Home Alone), película de Chris Columbus, estrenada en 1990, sobre el niño que por distracción de su familia que se va de viaje, se queda solo en casa. Pero en el texto de Cerón, el niño es de una edad mucho menor que el protagonista de la saga hollywoodense; por lo cual tiene un mayor contacto con la obra de Gabilondo Soler:

"Se sorprendió al ver un anciano sucio de barba desordenada, con una bolsa negra al hombro. Parecido al hombre que buscaba en la basura cuando mamá sacaba las bolsas. Aquel que un día le vio jugar en el jardín y dijo: 'Ven conmigo pequeño, en mi casa hay muchos juguetes, eres un niño muy lindo. Te enseñaré un juego muy bonito mientras te cuento un secreto'. Ese hombre, del cual rehuía mamá, debido a su nauseabundo olor y porque algo le habían dicho sobre él, sobre algo terrible que les sucedía a los niños, cuando se cruzaban en su camino, y de lo cual, jamás una madre podría comentar a sus hijos."

 

Y con el final de este párrafo, Cerón Bracamonte, vuelve a tocar el mismo punto que Violeta Azcona y Ángel Nimbé, el posible acoso, secuestro y abuso sexual de los infantes; lo cual marca una constante en la prensa mexicana, en las noticias de todos los días cargados de desaparecidos (los 43 estudiantes de una normal rural de Ayotzinapa, en el sexenio actual de Enrique Peña Nieto, o los 16 jóvenes estudiantes asesinados en una fiesta en Ciudad Juárez en Villas de Salvárcar, en el sexenio anterior de Felipe Calderón Hinojosa). ¿Cómo estas tres escritoras no desarrollarían textos en los que se denote la vulnerabilidad de los pequeños, y permeé el miedo latente?

En este pequeño apunte sobre la obra de tres mujeres (Violeta Azcona Mazun, Ángel Nimbé y Gema Cerón) sirve de base y cimiento para poder analizar a los otros 17 autores compilados, (21 en total), ya que cada una de ellas sitúa su nacimiento en una de las tres décadas (70s, 80s y 90s) del nacimiento de los demás autores. Pero habrá que evidenciar que la literatura no tiene genitalidad, como veremos al continuar nuestro análisis, ya que los temas vienen a ser correspondientes con los que hasta ahora ellas tres han sugerido. Lo cual nos deja claro que el género del autor no debe seguir siendo una validación para la creación literaria. Toda vez que la literatura tiene como primer objetivo la comunicación de ideas; con base en la estética, que cada quien determinará por su habilidad lectora y su experiencia como creador, asimilando las estructuras que mejor impulsen sus creaciones. Lo cierto es que, el género es una creación social determinada con base en las significaciones de cada persona sobre los infantes, ya que el desarrollo de la literatura actual, contempla la validación de dichos pulsos sociales, y no es sino en la capacidad de asumir esa postura, como cada autor se nutre de su entorno, y puede desarrollar su actividad creativa y creadora.

En este primer fragmento, las autoras revisadas presentan en la violencia sobre la infancia, vasos comunicantes que deben llamarnos la atención, sobre las preocupaciones actuales de los escritores de la península de Yucatán, de México, y tal vez de toda  Hispanoamérica.

 

 

 

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Miércoles, 23 Noviembre 2016 08:39

Las revoluciones invisibles

Las revoluciones invisibles

] axiología de la corrupción en la poesía mexicana [

 

Una vez determinado este cielo imaginario y su respectivo infierno, podemos saber todo lo que tiene que hacer un recién ingresado para llegar a la presidencia de la poesía. Donde la figura del poeta porro, el grillero, el capataz, el supervisor, el policía (o granadero), el subdirector o secretario, y cualquier otra figura dentro de la escala de valores políticos de México, no queda exenta como una plaza, que continuamente quedará vacante; apetitosa para los mejores prospectos que sabrán atender las necesidades de los mandatarios (y sus patrocinadores). Y dentro de esa lógica la poesía se dividirá en empleados, subempleados, desempleados y auto-empleados, todos bajo la misma regla operativa de la pirámide vectorial que da peso al imaginario colectivo de la poesía y sus ciudadanos en regla, según los requerimientos para estar en el padrón.

            ¿En qué consiste esta serie de valores, mismos que promueven los paradigmas pragmáticos de la operatividad de las instituciones (incluyendo la familia) y sus fluctuaciones estadísticas? Son valores que determinan qué tan eficaz es el individuo (ciudadano económicamente activo) a partir de dos directrices: a) los intereses de altos funcionarios, b) los intereses de sus propios compañeros de grupo (sean personales o sectarios). Por supuesto en muchos casos pueden coincidir ambos.

            La lógica de una estructura de este tipo, dentro del gremio de la cultura, per se el de la poesía, obedece principalmente a valores, extraliterarios; extra-poéticos, como bien lo apunta Samuel Gordon en su Breve atisbo metodológico a la poesía mexicana de los años setenta y ochenta (página 23); pero no sólo eso, sino que esta lógica responde a valores de cúpulas privadas, antes que a valores de carácter político social como presupone una institución pública, situación que deriva en que el capital —en sus diversas facetas— se invierta en intereses particulares y manipule los visores mediáticos para sumar y mantener el poder con el partido que administra, así como sus respectivas asociaciones empresariales, que le empoderan.

            Los valores de la corrupción son “adecuaciones” de los presuntos estatutos planteados para mantener una igualdad social, y que se han creado desde las propias instituciones, problema que desarrolla de manera clara Ikram Antaki, en El manual del ciudadano contemporáneo, donde plantea esa problemática de “la irresolución” de conflictos sociales, desde el núcleo de una cultura mexicana que se pasa las leyes por el “arco del triunfo”, sea desde el rol de autoridad o desde el rol de ciudadano, y donde desarrolla también el tema del monopolio de la violencia (o de la Estética, en este caso), que presupone la idea de Estado. No está de más, recordar a Mario Vargas Llosa, con su reflexión a partir de T.S Eliot sobre la educación fincada desde la familia (que argumenta “estamos en un mundo donde le primer lugar de la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento , y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal, donde la cultura es diversión y lo que no es divertido no es cultura”); también es valioso el análisis de la descolonialización de lo familiar de Ramón Grosfoguel (que analiza el génesis de la opresión a partir del “patriarcado europeo cristiano; por tanto monogámico. Entonces el patriarcado europeo se organiza alrededor del concepto de familia monárquica), para entender que la familia es el primer lugar en donde se aprende a vivir, y es ahí donde se enseña la pirámide del “desclase” social: axiología de la corrupción. 

            Por eso nadie puede imaginar a un grupo de eruditos de la poética, discutiendo honestamente sobre un canon de la poesía mexicana; ¿por qué?, porque esos eruditos se ven desde el filtro del propio valor de exclusión, y competencia desleal (bajo el agua), y que en una política social se pensarían como herramientas de sabiduría, antes que de imposición del interés de un solo sector. Es decir, un funcionario intelectual, tendría por deber político, estructurar medios para el reconocimiento de todas las diferentes culturas y manifestaciones poéticas que se dan en el territorio mexicano (independientemente de su calidad, porque son manifestaciones de cultura), antes que establecer un filtro para detentar una idea cerrada de lo nacionalmente aceptable, dejando fuera del visor una mayoría abrumadora.

Lo que nos coloca antes una hipótesis: la política de Estado se ejerce desde la individualidad abstracta del interés. Y aunque en el caso de una masacre (ejemplo macro) es más visible, por ejemplo, la lógica de la omisión en lo privado (ejemplo micro), no es diferente al caso mayúsculo. E incluso es similar en la censura personal (ejemplo nano). ¿Por qué no podemos pensar en los sabios hablando de un canon para nuestro país? Porque en México no hay un solo canon, y porque hablar de un solo canon es equivalente a de-significar lo otro, en favor de lo único. Apoyar la monarquía poética, y por ende la erección del monarca.

El ejemplo evidente de nuestro tiempo es que en México no se discute, se asesina (sea física, o simbólicamente). Y no sólo en la escena de la política nacional, sino en los distintos gremios culturales. Si no estás, no existes. Si no existes, no estás. Desaparecer o estar muerto es sinónimo en esta nación, y el asesinato simbólico se vive en la praxis cotidiana dentro de las propias familias (bajo el visor de una economía falogocéntrica, como apunta Judith Butler en Prohibición, psicoanálisis y la producción, y que si traspolamos la estructura, puede leerse desde cualquier ejercicio de dominio en el halo de la ley de la casa, plano primero para la iniciación de cierto sector de poetas varones, y desde otro ángulo, para ciertas mujeres poetas de carácter religioso: la casa como la morada); fuera de los núcleos iniciados, difícilmente encontraremos un núcleo emocional donde la gente logre organizarse para convivir y desarrollar un proceso de evolución, sin terminar peleándose, y por ende, anulándose entre sí. Por eso el idealismo mágico se inyecta en altas dosis a la población en general, para alimentar la neurosis y el alcoholismo como principales fuentes de sentido en la identificación grupal. Además de generar un mecanismo de consumo para la constante renovación de los mismos patrones, que garantizan un estancamiento, sujeto a los parámetros de realidad circundante. Es decir, no sólo los refrigeradores y los autores son desechables en esta segunda década del siglo XXI. También las relaciones personales se han vuelto desechables, y la pertenencia de grupo se da en consecuencia directa a satisfacer una necesidad específica (sintetizada en un rol). Este pragmatismo lleva a una alienación donde cada individuo busca la forma de satisfacer lo mínimo de su entorno para sobrevivir, sin percatarse que sus gustos, trabajo, etc., los determina una economía global, y no la serie de decisiones que asume tomó por sí mismo cuando navegaba en red.

El paradigma de lo posmoderno —o en busca de dar continuidad al programa de lo Contemporáneo, llamado Postemporáneo— es cabal. En las familias no existe una ley hecha a la medida de su hogar, porque los hogares responden a una ideología única —fincada desde los medios visibles (televisión, radio, internet, etc.)— y responden a una economía impuesta que no necesariamente entienden y que es dictada por diversos ejecutores (políticos y empresariales) que defienden los intereses “ganados” a lo largo de generaciones, de gente invisible que se desarrolla en “otro nivel de vida” (universidades internacionales, sectas globales) y una educación que proyecta una “nueva raza” (especulativamente intergaláctica).

Por eso el salario mínimo no se incrementa proporcionalmente a la inflación; por supuesto, el poeta mexicano no ilustrado, parte de esta misma problemática, no tiene modos de vida dignos que le den la libertad de trabajar para su propia lengua en conflicto, que sea congruente con su propia comunidad, o dé posibilidades de desarrollo e identidad a la misma [Yolanda Lastra, apunta datos cruciales sobre este tema, y detalla Joel Sherzer, en Lengua y cultura enfocadas en el discurso]5, y por el contrario, en el mejor de los casos, si el poeta, en modalidad de académico, cuando logra acceder al núcleo ilustrado, a través de la universidad, sea pública o privada, consagrará su tiempo a la investigación de los Siglos de Oro, López Velarde y su patria chica, o a las vanguardias de principios del siglo XX. Y en sus tiempos libres escribirá poemas —pero una vez ahí, no hay tiempos libres— y entre la docencia, la burocracia y la investigación, su poemario será apéndice de la misma especialización a la que dedica su tiempo entero.

Esta problemática la tienen presente muchos de los poetas que viven de lleno en esta estructura, y de la cual tampoco hay tantos medios para librarse. Su conciencia genera poéticas de resistencia desde la ironía, y en la mayoría de la veces, desde un cinismo posmoderno, muy de la mano de las clasificaciones de Peter Sloterdijck, donde el ensimismamiento arguye su propia cápsula de existencia, y desde la figura de un “Sócrates reintegrado”, que posee una “falsa conciencia ilustrada”, y de tal modo, desde esa inserción, el poeta, tendrá que ejercer jornadas triples de investigación extra oficial, para consolidar el acercamiento crítico a las realidades circundantes de la poesía. (Véase el caso del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea y su revista online de crítica Ancila, que ha trabajado con la editorial Malpaís o con Verso Destierro).

Pocas veces desde el saber (o como diría Enrique González Rojo Arthur, desde la clase intelectual) se concibe una resistencia que no termine por enajenarse en su propia ideología, y que ejerce de modo inherente el consabido saber es poder, apoyándose en la consabida frase que arguye las leyes generales sólo existen para los tontos.

Es este apretado esquema el que orilla a los poetas (y mexicanos en general) a ajustarse al modus operandi de la supervivencia, donde la pirámide axiológica de la corrupción se impone sobre cualquier política social, y desvanece la idea de ley en común, dividiendo la ley de la casa en un sistema culposo que incrimina a la cabeza de cada hogar, y que mantiene así el ejercicio de la competencia sucia —siempre bajo el agua— y el cambalache de favores. Y se vuelve a imponer el imperativo único, de los más fuertes desde el pódium de lo mediático, para mantener la idea de que existen vencedores (los visibles —incluyendo a supuestos representantes del interés popular, cual diputados—) que lograron apoderarse de los medios y estructuras de difusión, promoción, publicación, etc. (perteneciendo a los grupos que poseen dichos medios), y los vencidos (los invisibles), que son amenazas latentes, que quedaron fuera de la nómina y que no representan sino la carne de cañón que llenará el espacio de los gobernados.

 

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Miércoles, 23 Noviembre 2016 02:31

El otro apando

 

 

El otro apando

Rocío García Rey

 

 

“Estaban presos ahí los monos, nada menos que ellos,

mono y mona; bien mona y mono, los dos en su jaula[…]”

José Revueltas

 

 

 

En 1929, año de la depresión, una tal Virginia Woolf se atrevía a publicar un libro que en español se conoce como Una habitación propia. 87 años después releo el texto para comenzar un escrito  que iniciará con una pregunta conminatoria: ¿Cómo se atreve a calumniar al comandante? Conminación en el aire, mi personaje cuyo rostro recién he conocido comienza a perfilarse para algo que quiero convertir en cuento. La tal Woolf y la mujer que puede situarse en cualquier geografía latinoamericana se apoderan de mi mente. Por ello a primera hora de la mañana además del café, bebo una porción de oraciones con las cuales podré enunciar una historia de violencia sexual.

Es la mañana y debo salir a trabajar. Una cotidianidad más se adhiere a mis pasos. Cruzo el eje uno norte para entrar a la estación del metro Guerrero; aún tengo sueño, y con desgano inserto el boleto en el torniquete. Así, con Woolf, el otro personaje y mi somnolencia me enfrento a la primera representación de barricada oficial del día.

No esperaba un “Buenos días”. Me hubiera conformado con el barullo de siempre, pero a éste se une la concentración en el pasillo antes de llegar a los andenes. Quedamos inmovilizados porque el número de pasajeros aumenta conforme pasan los minutos. La gente se enoja, sacan el celular para comunicar el retraso. “No hay metro”. Silbidos. “Ya, cabrones, déjenos pasar”. Las mujeres golpean sus tacones contra el piso. Estamos atrapados en medio de dos rejas.  Estamos atrapados en medio de las rejas. Sublevación anémica. Sublevación niña.

En el minuto 10, después de mi arribo a la estación, aparece el nítido recuerdo del inicio de aquello que de adolescente leí: “Estaban presos ahí los monos, nada menos que ellos, mona y mono […]”. Presos, presos, aun no me abarca la desesperación porque obsesivamente repito mono y mona, mientras los gritos arrecian. Por fin dejan pasar al mono y mona. La prisa es una oleada de pasos con un ritmo que parece no haber sido nunca de calma. Estamos en el andén; aséptico andén en que las mujeres somos cuidadas de los hombres. “Qué se creen esos tales”. “Es para su protección señoritas”. Y entonces el andén es dividido: monos de un lado; monas del otro. Mientras tanto, la vigilancia abraza los movimientos por medio de cámaras. Otros textos, como El panóptico, pueden ser recordados. Pero estamos en un lugar en que la prisa se vuelve desesperación y entonces teorizar es una falta de respeto, porque lo debido es cuidar la bolsa, empujar a las otras con la ansiedad guardada en los puños y en las ojeras. Mira nada más, y tú que querías meditar sobre la habitación propia y la violencia sexual. Al minuto 20 puedes subir al tren, al tiempo que absurdamente crees que si contiene la respiración cabrás mejor. Mira nada más a mono y mona a quienes la nueva CDMX les espeta que los ciudadanos lo único que merecen es el hacinamiento pútrido y triste. Cansancio en el minuto llamada perdida. Rezos en el minuto 40. Indignación en el minuto 42. “Recórranse. Avance rápido”. Ruido de silbatos. Silbatos para que terminemos de despertar y de recordar que esto se llama vida.

Los minutos siguen contando, y sí, la mona se atreve a reflexionar en ese trayecto en el que ni siquiera puede sujetarse de algo; pero la mona piensa que si se atreve a pensar, construiría una caricatura de sí misma. Pensamiento oximorónico. Jajajaja habitación propia en un vagón repleto de un enojo vacío e informe. Los minutos transcurren y yo mona agotada dejo de pensar en el inicio de mi texto, y la pregunta conminatoria ¿Cómo se atreve a calumniar al comandante? La coloco en el ventilador que no funciona. Lo único que me convoca el espacio, ahora lóbrego de tantos relojes apremiantes, es respirar y tratar de sostenerme.

Mono y mona tienen un destino. Mona y mono tienen una brújula que les otorga el valor de empujar, pisar, patear, gritar. Monos ensangrentados por dentro de tanto desafío en los viajes. El periplo a la memoria no cabe. En el andar cotidiano de mono y mona sólo estará el presente  porque lo único que quieren es sobrevivir. En el andar cotidiano de mono y mona lo único que se puede es sobrevivir. Por eso se entiende que conforme avanzan los minutos, pero no los trenes, las palabras se reduzcan. La única petición colectiva es: “quiero llegar”.

Después de 50 minutos o una hora, el mundo se vuelve asfixia y cualquier talega llena de libros para alumbrar la razón se vuelven lo más inservible para mona y mono. La crisis del 29 se desliza en el olvido, en el desconocimiento, en la pregunta y petición vuelta cliché. “¿Bajas a la que sigue?” “¿Si me das permiso de favor?” “Pinches viejas, si no van a bajar para que se quedan en la puerta”. Tal vez todas anhelemos un cuarto propio, aunque no conozcamos a la tal Virginia Woolf. Tal vez algunas lo tengan, pero a las 9 de la mañana esta mona, aun rescata su trasnochado vocabulario y dice para sí, “Vamos a vender nuestra fuerza de trabajo”. “Vamos a vender nuestra fuerza de trabajo”. Por ello mona, entiéndelo no es momento de pensar en cómo unirás dos personajes. Imposible imaginar a la escritora de Bloomsbury en estos andenes y en estos trenes del otrora tercer mundo. Y ahora, además sabes que la escena conminatoria para defender al comandante ya se ahogó por falta de aire.

Mona, por qué insistes en seguir salvando tus historias si sabes que es otro lugar el que se necesita para re-crear la fatiga del mundo. Pero ¿qué sucede? Lo comprendes. Las voces empalmadas son el absoluto cadáver exquisito de esta cárcel. Y es así que se escribe en el aire la primera participación. No es la voz de Woolf; son las palabras de una mujer rebelde. “Manden uno vacío. Manden uno vacío. Nunca vamos a poder irnos”. Olas asfixiantes detienen la marcha y es entonces que se acumulan otras oraciones, frases palabras para tu esquizofrénico cadáver exquisito. Son las voces de los otros viajantes: los vendedores ambulantes. “Ya no cabemos”. Pero esas mujeres y hombres también están vendiendo su fuerza de trabajo. El cadáver exquisito aumenta porque en el primer exhorto de compra, una voz interrumpe: “¿Por qué te fuiste atrás si y vamos a bajar?”

-Por sonsa mana, pero ahorita bajo porque bajo.

Cruce de bolsas, de cuerpos, de preguntas y también de quejas.

Toallitas con acetona/ discos compactos/ protectores de teléfonos celulares/ Esos son los versos relucientes que debes capturar, querida mona. Los versos se agolpan, muestran su ritmo. Mientras esa poesía improvisada reclama ser escuchada, hay una mujer sentada que recita los otros versos; ritual para acaso pedirle al señor dios que el metro ya no se detenga tanto. La mujer de los otros versos tiene en sus manos un rosario, y con los ojos cerrados difunde en silencio las palabras inefables de tanta longevidad.

Las demás construimos la imposibilidad de la coreografía. ¿No ven que nuestros cuerpos son casi uno? Una masa informe de mujeres atrapadas mientras llega el momento de descender para recordar que sí podemos movernos. Es el otro Apando, el que vivimos en la libre CDMX. No te espantes, mona. Mejor intenta creer que se trata de la cotidianidad, de la vida normal. Vida normal, hacinamiento. Vida normal, mona. “Disculpe, pero me está clavando su tacón”. –“Pues, si es tan delicada hubiera tomado taxi”.

“Empújese con cuidado señorita.” “Por su seguridad detrás de la raya amarilla”. Anáfora, anáfora. “Por su seguridad “. “Por su seguridad”

Es entonces que en el minuto llamado eternidad, la mona sólo quiere llegar a dar su clase, pero cómo la dará si la mujer de Bloomsbury se vuelve irrelevante ante la incredulidad de tener un cuarto propio. Mona, sábelo a las 7 o a las 9 o las 13 horas, en este espacio no cabe la reflexión, por ello más vale que vomites tu tal cuento del comandante acusado de violación. Haz trizas a la tal Woolf. ¿Te has dado cuenta? Así es como se abortan las ideas. No cabe un nuevo ser en este Apando. Ahora de lo que se trata es de sobrevivir, de ser capaz de derrotar a los cuerpos que están delante de ti y poder abrirte paso entre ellos. Alientos agazapados. “No voy a bajar, pero ahorita le doy permiso”. Luego habrá más pasillos que recorrer. A esas horas, a esas alturas, en esos transbordos, es una ofensa pensar en un texto, porque el texto lo somos todos, cadáver exquisito que por momentos claudica y por otro vuelve a tomar forma de pasaje triste, anónimo. Aciago. Aciago como el desayuno que veo que una mujer prepara para sus hijos. Abre el termo, introduce una bolsita de té. El niño mayor saca la bolsa de pan tostado. Los panes son multiplicados. En la siguiente estación bajo. No me queda duda. Es en este Apando donde se conoce la otra parte de la devastación.

 

 

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Lunes, 21 Noviembre 2016 13:09

Desmontar estereotipos femeninos

Desmontar estereotipos femeninos

 

 

“Alguien asiste mi agonía. Me hace

beber a sorbos una docilidad difícil

y yo voy aceptando

que se cumplan en mí los últimos misterios”.

 

Testamento de Hécuba, Rosario Castellanos

 

 

Dolores Castro, contemporánea y amiga de Rosario Castellanos (1925-1974), en su artículo “La vida y Rosario Castellanos” afirma que: “el escritor [es] el que dispone a Lázaro para la resurrección en cada palabra, en redes de palabras”. (1975:16) En efecto, Castellanos mediante sus escritos, ora poemas, ora ensayos, ora novelas, quita el manto que la cultura tradicional ata a nuestros ojos. Una vez que leemos con cabalidad sus textos no podemos evitar sentir que ha cambiado nuestra óptica para nombrar el mundo, para sentir el mundo.

Es el cambio de óptica provocado por el quehacer literario de una mujer que asumió como eje discursivo el ser y el deber ser de las mujeres. Lo hizo porque observa que hay un problema: el mito; se trata de un discurso fuera del tiempo histórico, aquel que reduce a las mujeres “en un receptáculo de estados de ánimo”, un ente “monótono de significado.” (Castellanos, Mujer que sabe latín, 1984: 7) Las mujeres, entonces, provenimos de un constructo cultural cuyo entramado ha sido producto de un mundo nombrado y significado por los hombres. En Mujer que sabe latín… esto queda perfectamente claro cuando afirma que como una antítesis de Pigmalión el hombre aspira a convertir a las mujeres en estatuas. (Cfr. Castellanos, Mujer que sabe latín, 1984: 7)

Si bien Mujer que sabe latín…  fue publicado en la década de 1970, hay que considerar que hubo un texto antecesor que abre las puertas para entrar a la biblioteca en la que nuestra autora rebate los planteamientos que minimizaban la existencia y el ser de las mujeres. Se trata de su tesis de Maestría en Filosofía que presentó en 1950. Su título: Sobre cultura femenina. Creo que este es el libro con el que nuestra autora comenzará sistemáticamente a hacer una labor para desmontar lo que la prosa cuasi falocentrica había dicho de las mujeres. Varios son los pensadores rebatidos por la poeta. En el apartado “Planteamiento de la Cuestión” hay una cita de lo que el “ilustre” Schopenhauer plantea en Sobre las mujeres: “Sólo el aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia ni a los grandes trabajos materiales.” (Citado por Castellanos, Sobre cultura femenina, 2005:43) Es con enunciaciones como las de Schopenhauer y otros pensadores que la feminidad fue construida con características como la pasividad, la falta de juicio, y por lo tanto de pensamiento. Pero es importante no obliterar que esa pasividad, también como parte de las subjetividades, hallará su contraparte: la heredera de Lilith. La misma Castellanos dirá que los hombres advierten en las mujeres “algún principio, generalmente maléfico, generalmente antagónico”. (Castellanos, Mujer que sabe Latin…: 8)

Foucault en las Palabaras y las cosas dejó asentado que existe una prosa del mundo; sin embargo dicha prosa puede ser deconstruida para hacer una nueva re-narración de quiénes somos y una deconstrucción de quiénes nos han dicho que debemos ser. Es aquí donde entra la labor de poiesis que cobrará vida en asertos, imágenes, metáforas, palabras que pueden colocar en la duda y en la sospecha lo que hemos creído una sola y auténtica historia. 

Si las feminidades son construcciones culturales que marcan un estereotipo ya de comportamiento, ya de costumbres, ya de creencias para las mujeres; nuestra poeta no duda en afirmar en su poema Meditación en el umbral: “Debe haber otro modo de ser humano y libre otro modo de ser.” En efecto, debe haber otras formas que permitan nombrar-se personas dignas.

Es por lo que hemos asumido como feminidades que nos enfrentamos ante escollos que nos impiden saber cómo salir de la caja de cristal en la que nos hemos colocado. Hélèn Cixous se refiere al féretro metafórico en el que como Bellas Durmientes debemos esperar a quien se cree aguardado por nosotras. Cree que lo esperamos a él: “al todo” (Cfr. Cixous, 2003: 523) Esa espera es perfectamente visible en el canto número 6 del poema Kinsey Report. El sujeto lírico es la Señorita que ha aprendido a ser paciente y virtuosa, y que por ello está segura de que un día llegara el “Príncipe Azul.” Ser femenina, en nuestra cultura, ha significado ser paciente, por ello debemos colocarnos la túnica de Penélope y esperar dentro de nuestro féretro de cristal. Los mitos respecto a la feminidad los hemos asumido y les hemos dado el significado de “verdad”. Son mitos que como la misma Castellanos afirmó no se examinan.

Paciencia y virtud: dos características de la feminidad que si son cumplidas serán premiadas, sobre todo por los hombres: los esposos, los hijos, los padres, aquellos cuyo rol de masculinidad les hace tener el poder de calificar nuestro deber ser. Sin embargo, como hemos señalado, los significados no son incólumes; aunque debemos reconocer que rebatirlos implica una crisis. Es ante la crisis que necesitamos con más ahínco una luz, potente luz que le dé nuevos significados a las palabras. Necesitamos otros sintagmas, otras enunciaciones para saber que existe “otro modo de ser” para aquella mujer del poema que una vez que haya roto el manto de Penélope, deambulará por el vacío existencial y la falta de identidad. Necesitará tener la certeza de que Tánatos no la atrapará para siempre, aunque deje de creer que si el esposo es borracho ella lo sacará del vicio. (Cfr. Castellanos, “Kinsey Report”)

Si como bien dijo Castellanos, en una entrevista realizada por Ma. Luisa Cresta: “Ser mujer, en México, es un problema, entonces hay que planteárselo de la forma más lúcida posible porque creo que es un paso hacia la solución” (Cresta, 1976: 8), entonces la lucidez arribará cuando hayamos despertado de nuestra propia muerte como decía Adrienne Rich. Se trata de salir, precisamente de aquel féretro de cotidianidad y espera. Una vez que hayamos salido podremos resituar nuestra mirada y nuestra enunciación. Podemos hacerlo porque afortunadamente no hemos sido inhumadas completamente. Ello representa un ancla a la posibilidad de volver a marchar como Lázaro. Podemos, entonces volver a andar, ahora teniendo más de una perspectiva: la del féretro de cristal que equivale a los estereotipos que hemos tenido que cumplir y a los que mecánicamente les decimos sí, y aquella que nos permite re-nombrar el mundo, lo que equivale a renombrar-nos.

Para re-nombrarnos es necesario conocer los nombres que nos otorgaron, los nombres en los que nosotras mismas quedamos atrapadas. Esos nombres han sido configurados históricamente y son connotados por Castellanos en sus poemas: “Meditación en el umbral” y “Kinsey Report”. La poeta muestra los nombres de pila y los adjetivos de mujeres cuya imagen puede transfigurarse en nuestro propio reflejo. Hay que romper espejos que nos mostrarán rostros, cuerpos de mujeres suicidas, tristes, castigadas, recatadas; jamás heroínas. Leamos completo el primer poema:

No, no es la solución

tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoi

ni apurar el arsénico de Madame Bovary

ni aguardar en los páramos de Ávila la visita

del ángel con venablo

antes de liarse el manto a la cabeza

y comenzar a actuar.

 

Ni concluir las leyes geométricas, contando

las vigas de la celda de castigo

como lo hizo Sor Juana. No es la solución

escribir, mientras llegan las visitas,

en la sala de estar de la familia Austen

ni encerrarse en el ático

de alguna residencia de la Nueva Inglaterra

y soñar, con la Biblia de los Dickinson,

debajo de una almohada de soltera.

 

Debe haber otro modo que no se llame Safo

ni Mesalina ni María Egipciaca

ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.

 

 Ese otro modo de ser humano y libre sólo puede ser posible si nos atrevemos a develar lo que ha estado oculto en el castigo de Sor Juana, en la sexualidad penada de Clemencia Isaura, en la escritura temerosa de Jane Austen. ¿Y qué es lo que ha estado sancionado? La prohibición de estar y ser fuera de las feminidades; aquellas subjetividades ambiguas que dicotomizan el ser de las mujeres, pues o se es mujer recatada y prudente o se es heredera de Lilith, como María Egipciaca. En “Kinsey Report” podemos leer:

Al principio me daba vergüenza, me humillaba

que los hombres me vieran de ese modo

después. Que me negaran

el derecho a negarme cuando no tenía ganas

porque me habían fichado como puta.

 

Y ni siquiera cobro. Y ni siquiera

puedo tener caprichos en la cama.

 

Bajo la prohibición, bajo el ocultamiento, bajo la denigración, ¿cómo hallar nuestra capacidad de SER? Una primera forma es asumiendo precisamente que es posible otras formas de ser, y que como una derivación podemos encontrar en el espejo imágenes propias, imágenes que permitan re-situarnos en el mundo y nombrarnos nosotras mismas, aunque esto implique cierto grado de dolor.

En “Kinsey Report” es precisamente lo que hacen varias mujeres: la casada que ejerce una sexualidad por obligación; la soltera que ejerce su sexualidad, pero que es “tachada como puta”; la divorciada que no se atreve todavía a abrazar su libertad; la prudente que para continuar siéndolo, le ofrece a Dios su abstinencia sexual; las lesbianas que se atreven a decir que serán madres mediante inseminación artificial; la señorita que espera, espera.

            Nombrar la carencia, la falta de plenitud es también un acto revolucionario que como hemos dicho, nos situará en la crisis, por ello debemos armarnos de discursos que sean nuestro soporte. Para ello debemos desempolvar la que debería ser la propia biblioteca, aquella cuyos volúmenes no sólo deben ser de los grandes pensadores; sino también de las poetas, las filósofas, las historiadoras, las economistas, las sociólogas, al fin y al cabo grandes pensadoras.

Creo entonces que una vez que visitemos los propios textos, tendremos un apoyo para construirnos más allá del panteón en el que no en pocas ocasiones nos han situado los estereotipos llamados feminidades.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Castellanos, Rosario, Mujer que sabe latín…, México, SEP/ FCE, 1984, (Lecturas Mexicanas, No. 34).

 

  • ________ Bella dama sin piedad y otros poemas,  México, SEP/ FCE, 1984 (Lecturas Mexicanas, No. 32).

 

  • _______ Sobre cultura femenina, México, FCE, 2005, (Letras Mexicanas).

 

  •   Castro Dolores, “La vida y Rosario Castellanos”, en Ma. del Refugio Llamas (Recopilación de textos y selección poética), A Rosario Castellanos. Sus amigos, México, 1975, Publicación específica del Año Internacional de la Mujer Programa de México.

 

  • Hélèn Cixous, “La joven nacida”, en Araujo, Nara y Delgado, Teresa, (Selección y apuntes introductorias), Textos de teorías y críticas literarias (del formalismo a los estudios postcoloniales), México, UAM/ Universidad de la Habana, 2000, (Libros de texto, manuales de prácticas y antologías).

 

  • Cresta de Leguizamón, María Luisa, “En recuerdo de Rosario Castellanos” (entrevista), México,  Revista “La Palabra y el Hombre”, Universidad Veracruzana, 1976.

Versión PDF en Repositorio de la Universidad

Veracruzanahttp://cdigital.uv.mx/handle/123456789/4125 Fecha de consulta 7 de mayo del 2015.

 

  • Guerra, Lucía, Mujer y escritura. Fundamentos teóricos de la cultura feminista, México, UNAM/ PUEG, 2007.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Lunes, 31 Octubre 2016 20:26

Las revoluciones invisibles

Las revoluciones invisibles

] Uno [

 

La poesía está afectada por la misma peste que asola todos los sectores de México. Y aunque es verdad que la poesía, como obra final, es independiente —hasta cierto punto— de los cables que la condicionan, también es cierto que responde directamente a las circunstancias en que el poeta la gesta y pare. Por lo anterior dicho, no será sorpresa entonces pensar que la poesía está afectada por la misma escala de valores que rige la vida en el país, y que ésta puede entenderse sólo si nos abocamos a construir una axiología de la corrupción.  

Suena escandaloso, pero no es descabellado afirmar que (al menos en el panorama de lo mediático) la corrupción es la que define qué es un poema en México, y que incluso el canon derivado del Ateneo de la Juventud, los Contemporáneos, Taller o cualquier otro grupo fundacional, ahora sólo es base para la demagogia de los políticos de la poesía, que al igual que cualquier otro candidato a un puesto popular, se rigen por el valor pragmático de la “gobernabilidad”, y de tener la visión-cúspide de lo que puede entrar dentro de una jerarquía —monoaxial— de la poesía nacional. Por supuesto, la pirámide que sostiene este ojo estético, está determinada por la corrupción y no por la revisión histórica de la crítica ejercida hasta la actualidad.

Pareciera que en el México de los diccionarios y de los documentales, lo que define eso que  llaman canon, es una respuesta, antes que una pregunta, y ésta se salta algunos pasos, y conjetura quiénes componen el “espectro” de la poesía mexicana, antes que pensar cuáles son las características que pueden delimitar “la poesía mexicana”, dentro de la gran magnitud de la gama de estilos. Pero, ¿podemos hablar de poesía mexicana? ¿Poesía mexicana se refiere a la poesía escrita en Mérida, Chiapas, Chihuahua, Baja California, Guadalajara, Nuevo León, Guerrero, Distrito Federal, Tamaulipas, y cada uno de los estados del país, que incluye a sus pueblos, sus sierras, selvas, comunidades, y cada una de las sesenta y ocho lenguas vivas (y sus trecientos sesenta y cuatro dialectos), así como la poesía escrita por mexicanos que radican en Estados Unidos, por ejemplo, por no hablar de otros exilios geográficos o conceptuales?

¿O estamos hablando de que la poesía mexicana se refiere únicamente a la poesía escrita por académicos, funcionarios y poetas que lograron tener una plaza, puesto gubernamental o estímulo, otorgado por alguna institución universitaria o cultural, en alguna de sus sucursales estatales?

La pregunta —por absurda que parezca— expone la ironía de la realidad. “El padrón” de poetas que define lo que se “asume” como poesía mexicana y que determina también las preceptivas “críticas” para pensar en ese canon abierto2, se construye, efectivamente, por académicos, funcionarios y becarios. Así mismo, los poetas que integran ese padrón son los mismos poetas que se desenvuelven dentro de ese hábitat. Todo lo demás que no está dentro de este espectro, llanamente no existe, o dejará de existir en la medida de que no quede registro alguno de su ejercicio.

Por su puesto, este problema no es responsabilidad o culpa de los mismos poetas que se ven limitados por esta realidad, sino que existe un círculo vicioso en donde la necesidad académica de marcos referenciables (es decir, que consten de bibliografía), sujeta —sea por tiempo, o imposibilidad para la investigación de campo— a los miembros de este sistema de legitimación, a reproducir la forma de constituir sus marcos referenciales. Y en muchos casos, los programas institucionales que se crear para fomentar la expansión del canon-abierto, se vuelven llano templete para los autores que sumarán a su campo de investigación una conquista más, asunto, en el cual es importante hacer hincapié, tampoco podrán hacer nada para dar un empuje a las poéticas o poetas, que son parte del hallazgo de su avanzada.

Sin embargo, esta complicada situación, no es una situación que alcancen a percibir, o imaginar siquiera, los poetas nóveles (jóvenes menores a dieciocho años), los poetas amateurs (que no se dedican profesionalmente a publicar) o los lectores en general. Por el contrario, este sector fácilmente se deja llevar por las opiniones vertidas en la franja mediática que mueve las estadísticas en favor de los políticos, más que de las instituciones, incluso. Y de ese modo, es común que tiendan a opinar que la poesía se define de modo espontáneo, y que todos saben —naturalmente— qué es poesía. O en otros grupos más maleados, se asume que lo que es poesía se define de una manera democrática (con robo de urnas y toda la cosa) y de ahí se define quiénes son los poetas trascendentales  para los intereses del país.

Esta situación podemos saber que es real, si atendemos a las charlas que se dan en los pasillos de las escuelas, cafeterías, o en las fiestas; donde se afirma y hasta se discute acaloradamente, con argumentos que sostienen la Historia será una especie de heroína que salvará a “la verdadera poesía”, o que digan lo que digan, sólo existe “buena” y “mala” poesía, y la buena es la que puede conmover a cualquiera. Y así es como el imaginario colectivo cree que la historia realizará una selección pura del dream team que representará a México en las olimpiadas poéticas de la eternidad, con pura buena poesía. Y los malos, por supuesto, ni en la foto, ni en la cancha. Para ellos está el infierno del resentimiento y la podredumbre de la envidia. Para ellos está el olvido.

 

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Jueves, 20 Octubre 2016 07:19

EL EJERCICIO DE LA POESIA EN TIEMPOS VIOLENTOS

 

Si el poeta refleja la realidad que lo circunda. Como librarse del odio generalizado  que  lo  envuelve.   Que  escribir  en  un  ambiente hostil  marcado por la cultura de la muerte  y  la  ignominia.  la  NOTA ROJA es la nueva poesía en el mundo globalizado . Basta abrir un  numero  cualquiera de las   revistas  político social,  que  se  publican  en  cualquier  rincón del  planeta. Nunca  falta grandes espacios destinados a la violencia  y  sus  múltiples  fauces destructoras.  Hay una  constante  de exaltar  el odio o de señalarlo con morbo comercial y otras veces en forma chovinista. La poesía ha perdido su combatividad. La búsqueda constante de la verdad y el anhelo  de justicia latente y se va convirtiendo en una palabra de odio y de venganza.

Cuando algún conflicto social estalla en violencia, en desapariciones y ríos de sangre, el discurso del poeta cambia, se centra en los resultados del dolor humano. Algunos toman caminos equivocados y hacen de la poesía una arma mas de guerra, agitando aun mas la ferocidad latente.  otros utilizan una violencia mas sutil. Acallan la palabra, la  desaparecen, guardan silencio ante el conflicto.

Ante tanto odio social, marcada por la cultura de la muerte y la violencia debería existir un arte que mire  mas allá de las trincheras ideológicas,   y aun mas allá de la sangre derramada. Que  estimulen la conciencia para ahondar en la condición humana y así  lograr entender la dimensión de la tragedia y el sufrimiento de las victimas . Que si bien este comprometida con el dolor y la rabia. También pueda reflejar una postura firme y combativa , sin ser una edición mas de la nota roja explotando la tragedia para fines políticos y literarios. O  peor aun siguiendo el espejismo barato de querer registrar la historia social del país  con realizaciones que son paja . Esa obsesión de decir por decir  sin detenerse ahondar  en como decirlo y mas hoy que la misma palabra esta en  crisis. Pues hay tantos poetas que intentan construir la paz lanzando palabras ha diestra y siniestra   ocupando la silla del usurpador. Sentándose en la mesa del escarnecedor. La  palabra ha perdido credibilidad  pues cuando hablamos de justicia y libertad el rumbo puede ser catastrófico pues pueden venir de la misma estructura mal sana de las líneas de un estado de derecho corrupto.

Este texto no tiene la idea de legitimar algún camino.  Sabemos que el proceso de creación en estos momentos es complicado para el poeta en medio de tanta violencia e injusticia social. Podemos abominar los crímenes de las dictaduras y los asesinos con sueldos en las altas esferas de la sociedad, o el ajusticiamiento político ante una ciudadanía indefensa y el nulo castigo de los victimarios  pero; la poesía  debe procurar que cada alumbramiento se aleje de la esfera de lo irracional y pueda entrar en un ejercicio critico y de permanente reflexión ante los conflictos. Buscar bajo la piel del lenguaje la palabra justa. La esencia de trasgredir sin ser palabras al aire a manera de nuestra política nacional. Darle sentido y carne en una estética congruente de resistencia y lucha. Estar a favor de la no violencia. Entendiendo como violencia el hecho de impedir a las conciencias a ocupar su lugar natural. De modo que solo puede medirse en términos de libertad.

 

Deberíamos estudiar a fondo nuestro entorno cultural: la violencia verbal en los medios de comunicación. La proliferación de los juegos electrónicos que emulan sangre. Los programas televisivos de chismes y diretes. Y sobre todo la manera de los gobiernos de idiotizar el arte comprometido encausándolos en los modelos comerciales que limitan la razón. Tanto es que nuestra literatura se encuentra inmersa en estos temas no por una convicción de justicia y libertad. Tanto que ya se le ha ido atribuyendo como una cultura y se le a rotulado en géneros destazando a  la poesía como si fuese una res cuya única finalidad es saciar los apetitos y los gustos de una sociedad hambrienta    de publicidad y marketing.

 La violencia a rebasado la esfera del arte, creando nuevos sicarios que asesinan la poesía  y la exhiben ajusticiada, con las coyunturas rotas, y una capucha de plástico estrangulando el cuello: fiel metáfora de la descomposición humana.

 

HOMENIC FUENTES

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La necesidad

de una poética laica

        o del porqué no hay nada nuevo bajo el sol

 

 

Ciña ¡oh Patria!

tus sienes de oliva de la paz

 el arcángel divino,

que en el cielo tu eterno destino,

 por el dedo de Dios se escribió.

 Himno Nacional Mexicano

 (Fragmento) Francisco González Bocanegra

 La actitud de las masas

ante los estilos artísticos,

sean nuevos o viejos, sigue dependiendo

 esencialmente de la naturaleza de la educación

 que reciben de su

s respectivos Estados.

 Kurt London

A Roberto Nava y Hortensia Carrasco, por la empatía

Si bien hablamos de poesía, es importante también, hablar de sus paredes, de sus ventanas, y sus cimientos, de sus carreteras, y de sus caminos sin pavimentar, que sigue el poeta para poder dar a conocer su trabajo, dar a escuchar su voz, su precisa dicción, y entonación adecuada a sus versos, ante escuchas, muchos o pocos de diferentes partes del país, incluyendo los sitios más recónditos. De esto también necesario es hablar, cuando hablamos de poesía, pues los largos caminos que recorre el poeta, no sólo tienen que ver con el deseo que lo impulsa y el primer poema escrito,

 

174 también con la decisión de estudiar letras o no, tomar un taller u omitirlo, si publicar el primer libro con una editorial o por sí mismo, o esperar a ganar algún galardón para entonces tener la seguridad de hacerlo, y que el libro en cuestión automáticamente sea aceptado. O tal vez, aprender a llenar formatos (tomar un curso para hacerlo), y obtener una beca, una pequeña cantidad económica para estimular la inspiración al ver los billetes en la mesa y escribir el poemario prometido. Esto por supuesto, no va a acabar ahí, después de este primer idilio, se debe trabajar ya no el libro, sino el nombre. Entonces, es necesario hacerse visible en ferias y en encuentros. Hasta aquí todo esto parece el trabajo natural por parte del escritor honesto. Que  normalmente se acostumbra hacer. Pero hay una serie de hilos negros, cabos sueltos, por no decir, siniestros, que van más allá del simple recorrido poético. Y que algunos, los más perspicaces, le llaman “tradición”. Así están las cosas en el panorama de la poesía. Un ejemplo entre miles Antonio Salinas Bautista, poeta, promotor cultural y también fundador, en 2010, del Encuentro Nacional de Escritores Barco de Libros en Acapulco, Guerrero, a finales de 2013 lanzó una carta, que circuló por la redes sociales y algunos otros medios de comunicación, para denunciar a la denominada Fundación Cultural Cristo Rey, que “anunció que gracias a las gestiones del diputado federal, Manuel Añorve Baños, ante el Congreso de la Unión y el Consejo

 175 Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) obtuvieron recursos por el orden de más de veinte millones de pesos para la construcción de un auditorio para mil personas y diversos salones de usos múltiples debajo de la que será la nueva catedral de Acapulco. En conferencia de prensa en la casa episcopal, miembros de la asociación civil, el mismo diputado y el arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos, no ocultaron su felicidad por haber conseguido tales recursos para erigir un centro cultural con evidentes fines religiosos y a expensas del dinero que como contribuyentes pagaremos, puesto que como ellos mismos informaron hay siete millones más ya etiquetados para el año próximo a la misma causa. De esta situación dieron cuenta en su oportunidad medios impresos y electrónicos: desde declaraciones de abogados señalando que esta entrega de recursos es ilegal puesto que se viola el Estado laico que indican los artículos 40 y 130 de la Constitución política mexicana (Novedades Acapulco, martes 10 de diciembre), pasando por innumerables charlas con analistas en Radio y Televisión de Guerrero (RTG), hasta el hecho de que el mismo Conaculta aceptó desconocer el destino real de los recursos por ser sólo mesa de trámite ante un proyecto aprobado desde la Cámara de Diputados (El Sur, martes 10 de diciembre y sábado 14 de diciembre). Es por ello, que la sociedad civil, en especial la comunidad cultural de Guerrero se manifiesta y externa su rechazo por la corrupción, el tráfico de influencias y el cinismo con el que fueron etiquetados estos recursos” (cito documento textual). Así la situación en Guerrero. Pareciera que nada más en este estado, sin embargo es una situación que se 

176 expande de diferentes formas y toma diferentes nombres en todo el país, en distintas situaciones por supuesto, pero el fenómeno siempre se encamina a lo mismo. Antes de entrar a tema, es bueno recordar en qué consisten los artículos mencionados de la constitución: Artículo 40. Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental. Artículo 130 (del cual solo transcribiré los incisos c, d y e, que son los concernientes al tema). El principio histórico de la separación del Estado y las iglesias orienta las normas contenidas en el presente artículo. Las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley. Corresponde exclusivamente al Congreso de la Unión legislar en materia de culto público y de iglesias y agrupaciones religiosas. La ley reglamentaria respectiva, que será de orden público, desarrollará y concretará las disposiciones siguientes: c) Los mexicanos podrán ejercer el ministerio de cualquier culto. Los mexicanos así como los extranjeros deberán, para ello, satisfacer los requisitos que señale la ley; d) En los términos de la ley reglamentaria, los ministros de cultos no podrán desempeñar cargos públicos. Como ciudadanos tendrán derecho a votar, pero no a ser votados. Quienes hubieren dejado de ser ministros de cultos con la anticipación y en la forma que establezca la ley, podrán ser votados. e) Los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna. Tampoco podrán en reunión pública, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios.

 177 Artículo 24 (el documento anterior no lo menciona, pero viene al tema). Toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones ética, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política. El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna. Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de éstos se sujetarán a la ley reglamentaria. (De este artículo, en 2011, se derogó el fragmentó que especificaba: “o no tener ni adoptar, la religión o las creencias de su elección”). ¿Y qué es un Estado laico?: “…o Estado secular se denomina al Estado, y por extensión a una nación o país, independiente de cualquier organización o confesión religiosa o de toda religión y en el cual las autoridades políticas no se adhieren públicamente a ninguna religión determinada ni las creencias religiosas influyen sobre la política nacional. En un sentido estricto la condición de Estado laico supone la nula injerencia de cualquier organización o confesión religiosa en el gobierno del mismo, ya sea, en el poder legislativo, el ejecutivo o el judicial. En un sentido laxo un Estado laico es aquel que es neutral en materia de religión por lo que no ejerce apoyo ni oposición explícita o implícita a ninguna organización o confesión religiosa. Es importante señalar que no todos los Estados que se declaran laicos lo son en la práctica. A diferencia del Estado laico, un Estado

178 aconfesional es aquel que no se adhiere y no reconoce como oficial ninguna religión en concreto, aunque pueda tener acuerdos (colaborativos o de ayuda económica principalmente) con ciertas instituciones religiosas. Y este último no es el caso de México. Cabe también recordar porqué los gobiernos de Ignacio Comonfort y Benito Juárez, entre 1855 y 1857, con las leyes de Reforma y la Constitución de 1857, decidieron hacer cambios constitucionales en favor de una sociedad igualitaria, derogando los fueros religiosos y militares, puesto que esto no fue basado en una cuestión sencilla de “pareceres”, sino en una situación de crisis y abusos en el país, ya que la iglesia católica tenía completamente monopolizado el Estado tanto ideológicamente como en su economía (incluyendo un diezmo obligatorio, propiedades, tierras, etc.), y por supuesto la alienación educacional había tomado niveles alarmantes, por las limitaciones impuestas desde el clero. Y por último, es importante no olvidar la guerra cristera, que se desató con objeto de reivindicar los derechos de la Iglesia, entre 1926 y 1929, que al son de “!Que impere doquiera triunfante su ley! ¡Viva Cristo Rey, Viva Cristo Rey!”,  les costó las orejas a unos, y a otros miles la vida; entre ellos maestros, civiles y soldados. Esto nos da el panorama histórico que justifica la molestia, no sólo de Antonio Salinas por este desvío de fondos a grupos religiosos, sino de muchos más promotores culturales y poetas que atestiguan cómo se desvían los recursos del erario de manera cínica, en ocasiones, y en la mayoría de las veces, a discreción, entre miembros que ofician veladamente como poetas o funcionarios públicos,

 179 o ambos (y también de manera simultánea y a la luz, como pastores, sacerdotes u obispos) y que obedecen a sepas religiosas, sectas u otras asociaciones de este carácter que son soporte de bancadas políticas. Evidentemente el ejemplo anterior demuestra que las guerras religiosas o de secta contra el Estado, no han terminado, pues a la manera más antigua de los Jesuitas, que hasta el mismo Napoleón renegaba de ellos, y cito: “Los jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es el general de un ejército, no el mero abad de un monasterio. Y el objetivo de esta organización es Poder, Poder en su más despótico ejercicio, Poder absoluto, universal, Poder para controlar al mundo bajo la voluntad de un sólo hombre [El Superior General de los Jesuitas] El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos y, a la vez, es el más grandioso y enorme de los abusos”. Así mismo, el Opus Dei, en el siglo XX surge como una organización que en forma corriente se infiltra y toma cargos públicos, ya sea de senadores, embajadores, diputados, presidentes, hasta promotores culturales y poetas. Es tal la militancia que estos mismos dentro de su ingenuidad de “defensa de creencias” arruinan el trabajo de la alfabetización científica, pues aunque en teoría está el conocimiento de la ciencia y la filosofía, incluyendo sus diferentes disciplinas, al alcance de la mano, no hay un “empirismo” que se refleje en los actos cotidianos y mucho menos en los ideológicos, a la hora de ejecutar el arte en general. Regresando al tema. Nos enfrentamos a una problemática que no merece ser subestimada: pues estos  millones de pesos no podrán servir para el arte de poetas y escritores que honestamente esperaban obtener

180 financiamiento para realizar un encuentro de poesía, acceder a un modo de supervivencia, o tener una publicación, porque como bien sabemos, por el desvío de fondos, el recurso siempre es “limitado”. Y el acto ilegal no solamente es un acto de corrupción política, sino también religiosa, que representa un retroceso de dos siglos en la construcción del Estado mexicano. El templo de la ignorancia, un jardín para la religión Es un hecho que no se ha logrado erradicar la costumbre, arraigada en la mente de políticos y ciudadanos, de supeditar el arte a la religión (puesto que esa ha sido la tendencia a lo largo de siglos) por eso es común en los estados de la República, el florecimiento de un arte sacro que aunque marchito, por no decir, kitch, sigue invadiendo conciencias y museos. Ya en 1935, Bertrand Russell plantea que “es difícil para la mente moderna darse cuenta de lo reciente que es la creencia en el desarrollo y crecimiento evolutivo; en efecto, es casi por completo posterior a Newton. Para la opinión ortodoxa, el mundo fue creado en seis días, y desde entonces contenía todos los cuerpos celestes que ahora contiene y toda clase de animales y plantas y algunos otros que perecieron en el diluvio. Lejos de que el progreso constituyera una ley del universo como muchos teólogos sostienen ahora, existió, según lo creían todos los cristianos, una terrible combinación de desastres en la época de la caída (…) Se entendía que todo esto era literalmente un hecho histórico, ya sea relatado efectivamente en la Biblia o deducible de lo que se

 181 relataba”, y efectivamente, en este adelantado 2014, incluso, no sólo los funcionarios de las instituciones, sino la mayoría de los poetas, siguen referenciando al Génesis como principio del mundo y no acuden a las actuales teorías que hay al respecto. El poeta, por no mencionar al ciudadano que ejecuta otra profesión, sigue poetizando el lugar común bíblico; reescribe y reescritura este mito una y otra vez supeditando el conocimiento adquirido a la experiencia religiosa como testimonio de fe y cultivo evangélico, haciendo caso omiso inclusive a su experiencia de vida. Si vivimos en un Estado laico, también damos por cierto que hay un derecho al culto, pero, ¿no es antiético ocupar el dinero de nuestros impuestos, del erario, para financiar la construcción de un templo y la propaganda de una industria religiosa? ¿No es el Estado un intento sistemático, de avanzada hasta cierto punto, de generar un espacio de igualdad para todo tipo de pensamiento, sea religioso, escéptico, ateo o racional? ¿Y no es voluntad de gobiernos actuales mantener a la religión fuera del orden gubernamental, para dejar afuera el retroceso que representa la imposición de una “creencia” en vez de un valor de verdad basado en procesos científicos? (En el artículo 27 de los Derechos Humanos dice: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”). Siguiendo el argumento del filósofo y matemático, Premio Nobel, Bertrand Russel: “La religión se basa, principal y primariamente en el miedo. El miedo es el padre de la crueldad, y por tanto no

182 es sorprendente que crueldad y religión han ido tomadas de la mano. La ciencia puede ayudarnos a superar este cobarde temor en que ha vivido la humanidad por tantas generaciones. La ciencia puede enseñarnos, y yo pienso que nuestros propios corazones pueden enseñarnos, a dejar de buscar apoyos imaginarios, a dejar de inventarnos aliados en el cielo, sino mejor a mirar a nuestros propios esfuerzos aquí en la tierra para hacer de este mundo un lugar más adecuado para vivir, en vez de la clase de lugar que las Iglesias han hecho de él durante todos estos siglos”. Por esto mismo tanto el ciudadano como el poeta moderno, y el promotor cultural,  (incluyendo México) tienen una fuente enriquecida de elementos para vivir y construir su realidad, y no necesariamente obedecer un monopolio que opera bajo premisas “espirituales”: (Russel) “el hecho es que la religión ya no es lo suficientemente vital para asimilar nada nuevo; se formó hace mucho para satisfacer ciertas necesidades antiguas, y ha subsistido por la fuerza de la tradición, pero ya no es capaz de asimilar nada que no pueda ser visto de manera tradicional”. En definitiva queda claro que es ilegal el Estado invierta nuestro dinero en templos. La pregunta que se suma es, ¿no será una negligencia social, igual de ilegal, que sólo se apoye poesía de una sola corriente religiosa? ¿Que incluso la poesía católica sea el “canon” para determinar la calidad? Aún vivimos en un estancamiento lamentable de sor juanas y lópez velardes de tercera, donde los máximos exponentes intelectuales de nuestra sociedad poética son Santo Tomás de Aquino, San Agustín y Fray Luis de León.

 183 El funcionario público es supersticioso y se lava las manos de la ignorancia o falta de especialización (es paradójico que en puestos culturales y académicos no haya gente preparada) y que al no conocer la poesía nacional ni la obra de los autores, ni su nombre siquiera a veces, sepan qué clase de religión están auspiciando. No es raro que suceda esto, cuando las instituciones educativas y gubernamentales más importantes de México han sufrido estafas, por ejemplificar: cartas astrales y reencarnaciones avaladas por la UNAM, máquinas de movimiento perpetuo financiadas por el Conacyt, carreras y especialidades en pseudomedicina, como la acupuntura, por la UAM, y la homeopatía por el IPN. Chamanización de la salud pública, terapias voodoo disfrazadas de multiculturalismo, así como la profesionalización de la brujería, por la Secretaría de Salud, y hasta la seguridad nacional basada en artefactos mágicos, como el detector molecular GT-200, así como  permisos para la proliferación de charlatanes y productos milagro. Para información detallada pueden leer el artículo completo en el link a pie de página. Cuando no se respeta la ley laica se produce toda serie de retrocesos y fraudes, que se traducen en proliferación de intereses, competencia desleal de sectas que fomentan indirectamente los monopolios religiosos, que incluyen la expansión del poder de cultos secretos, sean esotéricos o exotéricos, transformando los estímulos estatales, becas y premios, en campos de batalla para guerras de creencias, ocupando dinero del erario para que bajo el nombre de títulos de Premios, se consigan mecenazgos mayores y también lograr mayor efecto evangelizador en “nuevas biblias” bajo el título

184 pareciendo todo esto licitación para una industria evangelizadora en concilio con el Estado. Todo esto bajo un canon, que irónicamente se le llama en México, la poesía del “arte por el arte”, cuando en realidad los intereses son otros. Muchos argumentarán que es el precio de la regulación del arte, por parte del Estado, y que si bien, lo anterior escandaliza, mucho se ha ganado con que el gobierno otorgue estas becas y premios a la poesía, siendo un género donde sus escribanos caminan casi en harapos. Pero también es cierto que hay una responsabilidad, por no decir una ética, gubernamental, de mantener el laicismo, y más tratándose en la poesía, pues también forma parte de la educación de nuestro país, esto demostrado con creces, en los libros gratuitos de la SEP. Lo cierto es que bajo el alegato de expresión “artística” para manifestar su fe a través del arte, los galardones y becas se han convertido en verdaderos manifiestos religiosos, que alcanzan honores y respeto (equivalentes a un valor de verdad) financiados por un Estado laico. No es de extrañarse, por nuestras raíces culturales, siendo un país conquistado por el catolicismo español y que hasta la fecha parece tener una alianza con el Estado mexicano, pues desde 1821, la bandera nacional ha mantenido sus colores; que para el ejército Trigarante el verde significaba independencia, ya que quería luchar contra los 300 años de mandatos españoles; el rojo, representaba hermandad o unión entre europeos y americanos, y en el centro por supuesto el color blanco que hacía referencia a la fe católica, misma que ya se había adoptado en todo el país gracias al trabajo eclesiástico;

 185 colores que hasta la fecha no se han modificado, como si en efecto, en el fondo la alianza religión-Estado se mantuviera en un subtema siempre latente. Con esto claro, es de entenderse el fenómeno actual de resucitación de una serie de padrecitos sin sotana, que a la manera de la más rancia inquisición están tratando de restaurar viejas y caducas ideas político-religiosas, para no solo evangelizar e imponer un credo, sino bajo ciertos templetes de poder, tener injerencia en la reforma constitucional. Pareciera que el poeta religioso ha venido a sustituir al clérigo que en otros siglos “daba” una filosofía, o una instrucción moral a los ciudadanos o los habitantes. Se da por sentado que encontraron una grieta —la poesía—, por la cual los oficiantes han visto por donde colarse con su ideología, para dar misa desde el poema, como si fuera este su púlpito en la casa de su dios. ¿No es el poeta una especie de servidor público en la medida que escribe para que otros lo lean? ¿No es la catarsis, o la identificación, una forma de estar y mover al otro a pensar o hacer o sentir lo que el mismo poeta siente, piensa y hace? ¿Cuál es entonces ahí la responsabilidad del poeta? ¿Es similar a la del funcionario que premeditadamente ocupa el presupuesto público para sus propios intereses? Que vengamos de una tradición religiosa, principalmente cristiana, no quiere decir que otros no estén en rivalidad, tratando de ganar más adeptos, como templarios, evangelistas, testigos de jehová, budistas, masones o algunas religiones primarias (basadas en el fetichismo y totemismo o en el animismo) que hasta la fecha sobreviven, tanto como los cultos druidas, órficos y pitagóricos. De todas estas creencias están

186 Hablemos de poesía empapados, mejor dicho, “improntados”, nuestros maestros de la poesía; por falta de espacio, pongo sólo algunos ejemplos: Comencemos por Alberto Blanco, que argumenta: “Si tomáramos al pie de la letra la historia bíblica del génesis, algo que nos quedaría claro, es que si hemos sido creados a imagen y semejanza de un creador, entonces también nosotros somos creadores. Esto quiere decir, que como seres humanos, tenemos dos alternativas para nuestra creatividad: la biológica, como especie, y la del homo faber, el hombre que hace cosas. Y esto de que hacemos cosas es relativo, porque en realidad sólo las juntamos. Nosotros no creamos los materiales con los que trabajamos, sino que los reconstruimos. (…) Es en este sentido en el que todo arte podría calificarse como religioso en el sentido etimológico de la palabra: religare, volver a unir. La poesía es el contenedor”, de donde podemos notar que su razonamiento deriva de una referencia bíblica, es decir, se basa en una premisa mitológica, para argumentar un valor de verdad de carácter académico. Otro poeta es Vicente Quirarte, cuando declara: “Yo creo firmemente en la pasión como una fuerza afirmativa, o sea, la pasión es algo que nos lleva a crear aunque de pronto la pasión sea destructiva; quien sufrió la pasión por excelencia, el que sufrió la crucifixión, Jesucristo, estaba padeciendo; pasión significa pater, de padecer, entonces la pasión está en el erotismo, en el arte”7, para él la asociación corporal, el eros, necesariamente debe ser comparado con una figura mística, en este caso el dios cristiano, convirtiendo la figura paterna en sinónimo de arte. Valdría la pena aclarar el significado de pater: “Sacerdote, sobre todo

 187 aquel cuyos feligreses son militares, y en la antigua Roma, pater familias, cabeza de familia, persona que ejercía la potestad en ella. Antónimo de mater”. Este rasgo también es notorio en la obra de Ramón Bolívar, que Jeremías Marquines describe, al hablar de su libro Memorial de la noche, como “la síntesis de una caligrafía de las sombras que brillan donde erotismo, fe y religión se enlazan. Es también la búsqueda de la ‘objetividad sagrada’, que como escribe Ramón Xirau, hace posible, la mística, el arte, la poesía y el juego”8. Y que Ramón Bolívar en una declaración sobre su poética deja claro que la religiosidad en su escritura se antepone a todo proceso científico: “Estoy convencido que la única manera de modificar esta realidad, esta sociedad, este mundo que vivimos, es a través del pensamiento y de la cuestión espiritual, si no se hace así, seguimos en esta rueda agotadora de los conceptos actuales que no nos llevan a ningún lado, y sí a un deterioro del mundo”, y respecto de su temática, agrega: “Es el hombre, entendiendo al hombre desde sus realidades religiosas, sus realidades esotéricas, el concepto de la razón de la existencia”. Por su parte, Verónica Volkow, relata: “Desde muy joven opté por ese camino donde no estaba presente ni la ciencia ni el pensamiento político, a mí me llamaba más la atención esta búsqueda espiritual”, y continúa: “Cuando te desarrollas y maduras, la poesía pasa a través de la experiencia de lo espiritual y de la lenta integración de una vasta tradición cultural”. Y empatizando con ella, Aglae Margalli, habla sobre su libro que fue merecedor al Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa, en el 95, que se llama Poemas desde el claustro: “Hay mucho del debatir en voz alta la cues

188 Hablemos de poesía tión de la fe, la religiosidad, yo tengo una religión, que está en mí acendrada, mi abuela era muy religiosa, y este es el espíritu que se queja dentro de la cárcelcuerpo”, y vale citar un par de fragmentos de su libro Las lumbrerías: “Invoco a un dios / que no conozco / un dios / que yace / con la cabeza baja / mirándose los pies / agujereados (…) Un dios / agazapado / en el silencio sordo / de su propia agonía”. Así mismo, siguiendo la cadena de incubación religiosa, Kenia Cano, escribe sobre Pura López Colomé lo siguiente: “Asiste al Colegio Mount Marty Highschool, en Dakota del Sur, una escuela de monjas benedictinas. Dejó el estudio de la guitarra clásica para dedicarse a la escritura y consagrase a este templo, que es Dios. (…) Me cuenta una anécdota del Popol Vuh, todos querían ver más allá del horizonte, retan a la divinidad con soberbia y desaparecen”. Pura no reta a la divinidad, la solicita: “bendita seas. / Déjame soñar / tu materia indisoluble, / tocar la frente al alba / volver en mí, a mí, / siempre despierta”. Que evoca casi literalmente el cierre del poema Primero sueño, de Sor Juana: “Repartiendo / a las cosas visibles sus colores / iba restituyendo / entera a los sentidos exteriores / su operación, quedando a la luz más cierta / el mundo iluminado, y yo despierta”. Sobre su instrucción, Jorge Esquinca confiesa: “Me parece que la experiencia de lo sagrado sí puede ser frecuente, por lo menos en mi caso lo ha sido, y he tratado de mantenerme en lo posible fiel a esa experiencia y a su surgimiento en lo que escribo”, luego comenta que echa de menos aquella escuela en donde se impartía la materia de religión: “Desde niño recuerdo que una de las clases que me gustaba

 189 más en la primaria era una clase que se llamaba ‘historia sagrada’, que no sé si aún se siga impartiendo en los colegios particulares, yo lo dudo. Era una clase fascinante porque todo sucedía en torno a pequeños relatos entresacados de la Biblia, sobre todo del Antiguo Testamento”. Como las declaraciones anteriores hay muchas, entre maestros de bastantes generaciones de jovenes poetas, lo que nos hace entender por qué los temas religiosos o esotéricos se manifiestan en la obra de gran parte de los poetas mexicanos, quienes dan por cierto que esto es la cumbre del conocimiento humano, sin apelar en ningún momento a la duda o a la lógica. Como concluye Max Weber: “La religión tiene poder suficiente para construir la representación que un individuo se hace del mundo. Esa representación afecta a su vez la percepción de sus intereses y en definitiva el curso de su acciones”. Cuando el poeta se vuelve un vendedor de Biblias Punto aparte es el activista Javier Sicilia, que con sus declaraciones y su trabajo literario representa un personaje emblemático de la cultura católica, por no decir controversial, pues fue motivo de escándalo por plagio, con su libro Tríptico del desierto, con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes. En una entrevista con Ricardo Venegas, responde a la pregunta: ¿Qué lugar ocupa en México la poesía religiosa?, con lo siguiente: “Creo que es una poesía que sólo hasta recientes fechas se ha empezado a valorar en su verdadera dimensión. México es un país que

190 Hablemos de poesía ha tenido grandes poetas religiosos. Curiosamente, como una ironía del espíritu, nuestro poeta nacional (Ramón López Velarde) es un católico que escribió en muchos momentos una muy alta poesía religiosa que nació de su drama interior: la ascesis y el erotismo. Otros grandes poetas religiosos son Carlos Pellicer, el Gorostiza de Muerte sin fin y Gilberto Owen. Lamentablemente, nuestra crítica no ha analizado con profundidad estos aspectos, contentándose con ver sólo el lado sagrado que hay en toda poesía. El problema se ha complicado cuando los poetas manifiestan una expresión relacionada abiertamente con el catolicismo. Estos poetas han sido marginados y sólo hasta recientes fechas han comenzado a ser valorados. (…) Otro caso es el del padre Alfredo Plascencia, del que gracias al CENCA pudimos ver, creo que en 1989, una reedición de El libro de Dios; hay poetas religiosos que permanecen en el olvido y confío irán saliendo poco a poco a la luz. (…) Es sólo hasta recientes fechas que el sentido religioso, como una realidad profundamente espiritual, comienza a ser valorado. De hecho, mi generación tiene grandes poetas que aunque no son católicos, tienen una profunda preocupación religiosa: Elsa Cross, Tomás Calvillo, Alberto Blanco, Luis Cortés Bargalló, Jorge González de León, por nombrar solo algunos”.  Sicilia responde también a otra pregunta de Venegas. ¿A qué se ha debido esta marginación?: “En primer lugar al terrible jacobinismo que ha imperado en nuestra nación y que sospecha de todo lo que huele a religión, particularmente si es católica. Ese jacobinismo prestigiado ha obligado a muchos católicos a tener una visión vergonzante de su ca

 191 tolicidad. En segundo lugar, a que la jerarquía de la Iglesia católica mexicana es muy inculta y ha visto siempre con desdén al arte. Ha olvidado que las mayores expresiones del misterio de Dios en su Iglesia, después de los santos, se encuentran en el arte (…) Lo kitch, por desgracia, se ha ido apoderando del misterio. Hay un tercer factor: la ideología marxista que durante mucho tiempo fue un sello de distinción entre muchos intelectuales”. Luego responde, el director de la revista Conspiratio, a otra pregunta derivada: ¿La poesía de elementos bíblicos puede ir hacia lo social? 15: “Sí, pero en segunda instancia. El objetivo de toda poesía es profundamente espiritual, no sólo con elementos bíblicos, sino con elementos religiosos y espirituales, y creo que toda verdadera poesía los tiene; es valga la redundancia, espiritual, creo, como lo sostenía Tarkovsky, el cineasta, que la misión de todo arte es elevar la conciencia espiritual de los hombres. Si se logra entonces la poesía adquiere también una función social. Si el hombre crece espiritualmente, entonces, la sociedad se mejora en sus relaciones económicas, productivas, políticas, culturales, el objetivo de la sociedad dejaría de ser mundano y se volvería trascendente. Una sociedad verdaderamente espiritualizada viviría de manera fraterna y pobre”. Y cuando le pregunta Venegas sobre el compromiso de un poeta, agrega: “Creo que un ser humano es más original como hombre y como artista, es decir, es más él, y por lo mismo le puede dar algo a sus semejantes, no en la medida que busca innovar, sino en la medida que desciende al origen y busca decirlo y encarnarlo en sus actos con toda la sinceridad que es posible”.

192 ¿A qué atribuyes que la mayor parte de la poesía religiosa católica, al menos en México, se apegue a la métrica?: “Supongo que es una secuela arraigada en el inconsciente colectivo de los que hacemos poesía en una relación profunda con nuestra catolicidad, de los estatutos del Concilio de Trento sobre el arte. Trento fue muy brutal al respecto (…) Trento creía que el poeta estaba imitando a Dios y por lo tanto su creación debería ser perfecta. Por desgracia, o por gracia, Trento definió los cánones de perfección. Por ejemplo, una de las prohibiciones fue el uso de la sinalefa; la veían como un uso espurio, imperfecto. Esa visión de las cosas llevó a Gonzalo de Berceo a no utilizar ninguna sinalefa en sus Cantigas a la Virgen”. La visión de Sicilia respecto a la religión es clara: debe ir vinculada intrínsecamente con la política y que ambas se fundan en una misma ley, porque lo que cree de López Velarde también es lo que admira en el Premio Nobel, Seamus Heaney, que “es poeta, católico y nacionalista”. La posición de Sicilia frente al arte, concluye que una mezcla de poesía, religión y nacionalismo es la fórmula para una “nueva realidad”. Tal vez no ha tomado en cuenta, que los viejos cimientos de nuestra poesía son completamente católicos, desde la llegada de los españoles, y lo que demuestra este declive, es precisamente esa concepción kitch que actualmente se manifiesta en los estados de la República. Y ahí donde él cree se necesita el reconocimiento, es precisamente en donde se descubre la decadencia de un concepto. Porque si hacemos una revisión de las antologías de los poetas de los siglos de oro, el siglo XIX, y la primera mitad del siglo XX, veremos que la gran mayoría, no sólo son católicos,

 193 sino que lo manifiestan abiertamente en su trabajo literario. Si tomáramos en cuenta que hay algo “rescatable” en lo decrépito de este arte, y si tomáramos como verdad que la Institución no premia y reconoce a esta clase de poesía, entonces no estarían atestados los libros premiados de la palabra dios, como lugar común, palabra muy usada y presente en los poemas de Marco Antonio Campos y el laureado Luis Armenta Malpica, entre otros. Vale la pena incluir las diversas respuestas de Sicilia, porque es el exponente más visible de lo que representa una “cruzada” católica por retornar al México novohispano, dejando de lado todos los cambios filosóficos y científicos que han tenido influencia en la evolución mundial (tanto en lo social como en lo tecnológico) a lo largo de estos tres siglos. La rebeldía de Sicilia hace recordar a Ortega y Gasset cuando escribe en la Rebelión de las masas que “el hombre integrante de la masa cree que con lo que sabe ya tiene más que suficiente y no tiene la mínima curiosidad por saber más”, porque opina que el poeta “trasciende no en la medida en que busca innovar, sino en la medida en que desciende al origen”, para él, toda poesía que no tenga elementos religiosos o espirituales no es verdadera poesía, pues “el objetivo de toda poesía es profundamente espiritual, no sólo con elementos bíblicos, sino con elementos religiosos y espirituales, y creo que toda verdadera poesía los tiene”, afirmación que si habla de “verdadera poesía”, entonces vuelve “falsa” la otra poesía: los otros modelos; dejando fuera la de carácter “no religioso o espiritual” como lo es mucha poesía filosófica, científica, atea, contestataria, política (socialista, comunista, marxista, anarquista,

194  y que contrario a lo que argumenta Sicilia, este otro tipo de poesía ha tenido muy poco reconocimiento por las autoridades y los mismos académicos y poetas, ya que si bien se premia mayoritariamente los poemas “intrínsecamente” religiosos, no se reconoce en lo más mínimo la poesía de otras características. Por otra parte las corrientes filosóficas y artísticas no son modas: representan aprendizajes históricos que ayudan al ser humano a replantearse ante la realidad. Por lo mismo el “marxismo” no puede ser una postura pasajera, sino que es parte del aprendizaje, al igual que los preceptos que dieron origen a la Revolución Francesa, por ejemplo, y que fueron pauta para la fundación de nuestro presente. Por lo mismo es importante aclarar que el jacobinismo, que no sólo Sicilia sataniza sino varios círculos intelectuales de derecha y de izquierda, es otra cuestión, que cualquier curioso puede esclarecer de manera sencilla, incluso buscando en internet: “El nombre de Los jacobinos era proveniente de sus reuniones en el convento de la orden de los jacobinos, extremistas, duros y muy bien organizados, respaldados por el Consejo y el pueblo de París. Estaba principalmente integrado por profesionales y modestos propietarios que querían abolir definitivamente la monarquía y proclamar una República democrática, con derecho a voto para todas las clases sociales. En la Asamblea Nacional existían dos sectores, ambos pertenecientes a la burgesía y coincidentes en la lucha contra el rey, la nobleza e imponer los principios liberales, pero distanciados con respecto a sus intereses y los medios para lograr sus objetivos. En este sector están incluidos los Jacobinos y los Giron

 195 dinos, los segundos eran los empresarios y grandes comerciantes que integraban la gran burguesía, por provenir de una zona situada al sur de Francia, denominada Gironda, eran moderados, contaban con el apoyo de las provincias y consideraban prudente hallar un acuerdo con la monarquía y la nobleza, limitando el poder real, pero sin permitir el derecho a voto a las clases pobres, que no pagaban impuestos. La razón era el temor de este sector burgués, que había alcanzado gran prestigio, de perder sus privilegios por obra de los movimientos populares. Los Girondinos se colocaban para deliberar a la derecha en la Asamblea, y los Jacobinos, a la izquierda, y de allí proviene la posterior división entre partidos de derecha y de izquierda. Los Jacobinos eran defensores de la soberanía popular, su visión de la indivisibilidad de la nación los llevaba a propugnar un estado centralizado. Se confunden a menudo con El Terror, en parte debido a la leyenda negra que divulgó la reacción termidoriana sobre Robespierre. En el siglo XIX, el jacobinismo fue la fuente de inspiración de los partidos republicanos que promovieron la Segunda y la Tercera República Francesa y se crearon movimientos que adoptaron el adjetivo jacobinos en muchos países europeos para reclamar libertad política y de conciencia, el fin de la dominación de la aristocracia y la elaboración de una constitución basada en la soberanía del pueblo”. Si por estadística se hace un balance de la crueldad de los sectores, entre los ejecutados en la etapa de El Terror de Robespierre, donde se estima que “el número de muertos que produjo es también muy variable según las fuentes; desde las 35 a 40 mil muer

196  tes hasta las más conservadoras que estiman que el número oscila entre las 11 y 14 mil”, en comparación a la cantidad de asesinados en las cruzadas (que duraron casi 200 años) o por las guerras de religión (en Francia, 1562-1598, y en Europa, 1524-1697), la Inquisición o las dragonadas, la diferencia es brutal. Tan sólo en la Noche de San Bartolomé, en el siglo XVI, donde los católicos franceses mataron más protestantes que la Inquisición en cuatro siglos, fueron 17 mil los muertos en una noche, o las 100 mil brujas quemadas en Alemania y las 50 mil en Inglaterra por la Inquisición. Torquemada solo “purificó con la muerte” a tres mil de los 30 mil herejes condenados en España. Y aunque la Inquisición (fundada en el siglo XIII por el papa Honorio III en 1220 a petición del emperador alemán Federico II Hohenstaufen, que reinaba en el sur de Italia y Sicilia) fue creada para evitar los avances de la herejía, se ocupó también de una amplia variedad de delitos que sólo indirectamente pueden relacionarse con la heterodoxia religiosa, y entre 1560 y 1700, hubo un total de 49 mil 92 procesados. Estamos hablando sólo de algunos datos y matanzas en comparación de lo que en la Revolución Francesa sucedió para generar un cambio radical, del cual se suscitó justamente lo contrario a lo que se había vivido por cerca de más de quince siglos y que definiría lo que ahora vemos como “normal”, pues Robespierre atacó el “absolutismo monárquico, abogó por los principios de libertad, igualdad y fraternidad; se reveló como un elocuente que defendía el sufragio universal y directo, la libertad de prensa y asociación, la educación gratuita y obligatoria y la abolición de la esclavitud. Su fama de

 197 hombre íntegro y de costumbres austeras le gano el favor de la gente”. Lo cual nos hace entender que no se puede satanizar por satanizar una corriente o idea, así como desdeñar el aprendizaje histórico. Si Sicilia busca cerrar las posibilidades de los “jacobinos” estigmatizándolos, es necesario traer a mención la muerte de Jean-Paul Marat que fue asesinado por “ser jacobino”, por la clase aristócrata y alta burguesía en manos de una girondina, hija de un “gentilhombre”, de parte de los “moderados”, escena que retrata Jacques-Louis David. “Marat fue uno de los gigantes del vendaval revolucionario, tan protagonista como víctima, fue científico, periodista, filósofo y polemista, que escribió textos fundamentales como Las cadenas de la esclavitud, que publicó gracias a la libertad de prensa británica pues en Francia no existía. Un panfleto en el que denunciaba “los sórdidos atentados de los príncipes contra los pueblos” y en él aconsejaba “no votar a los parientes ni amigos del rey” y su contenido no vería la luz en Francia hasta 1792 cuando la Revolución ya era imparable hacia la abolición del trono. Marat describía en un opúsculo la dramática realidad de la burguesía y del pueblo llano, desposeído de derechos y agobiado por cargas fiscales. También publicó otro texto crucial e histórico que es la Constitución o proyecto de declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, escrito premonitorio que terminará siendo fundacional. Sus planteamientos democráticos se acuñan en una frase: “De qué sirve la libertad política para los que no tienen pan, sólo tiene valor para los teorizantes y los políticos ambiciosos”. Si la poesía enviste al poeta como un profeta de la palabra verdadera, “un pararrayos celeste”, acuñó Da

198  que representa la voz divina, la ley de cielo en la tierra, con esas afirmaciones, entonces no sorprende la siguiente frase de Bakunin: “Un jefe en el cielo es la mejor excusa para que haya mil en la tierra”. Si el poeta es un rey, un semidiós, es también un nexo con el “emperador de arriba” y justifica la existencia de los “gobernantes de abajo”. El Estado contemporáneo ha concebido “la libertad”, como un derecho del ciudadano, que lo convierte así en un ente “activamente social”. Contraria es la opinión de Sicilia, donde esa “función social” de la poesía es secundaria, pues afirma que “los seres más libres que conoce son los santos”, de ese modo el poeta como “santo”, se vuelve un modelo religioso para reproducir en el seno de los todos los hogares en la tierra. Es una especie de mártir con la palabra divina, ante lo cual vale la pena traer a colación la siguiente frase de Bertrand Russel, que ayudará a entender la paradoja de este pensamiento: “Los cristianos liberales modernos, que sostienen que la Biblia es éticamente valiosa, están dispuestos a olvidar tales textos y los millones de víctimas inocentes que murieron a causa de que en un tiempo los hombres aceptaban sinceramente la Biblia como una guía de la conducta”. Pero si el poeta por fin dejara de ser promotor de la Biblia y la voz de dios, (con la que se “dictaban” normas morales y rituales para la vida cotidiana), ¿cuál será su nueva función social? Y lo que es arriba es abajo: el poeta como figura pública Bien valdría la pena preguntarse hasta qué grado la oración, la plegaria o la reescritura de la biblia

 199 es poesía, pues en la actualidad reescribir la experiencia religiosa como testimonio de fe y cultivo evangélico sigue siendo muy común, y son muchos los que consideran que escribir sobre dios y los cielos, es la poética más alta a la que puede aspirar un vate, provocando un pensamiento hermético donde no hay cabida a las múltiples posibilidades de la poesía, generando, por decirlo así, un monopolio de la idea; desgraciadamente para el artista, los valores religiosos se anteponen a los valores artísticos, dejando a la cuestión artística como un segundo objetivo. Zaid ya hace una reflexión oportuna sobre esta religiosidad encubierta, a sabiendas de todos, en el Himno Nacional: “Los himnos nacionales suelen ser obras de arte mediocres, ennoblecidas por la devoción, el incienso y la pátina de la repetición, que ya no dejan escuchar lo que se está cantando”, “¿qué se canta en los himnos nacionales? La exaltación de nosotros frente a los otros, el llamado a las armas para defender como sagradas las fronteras de cada centro del poder, la presunción de tener a Dios (a la razón, a la Historia milenaria) del lado nuestro”. Algunos proponen e insisten que una forma de salir de “las trampas de la fe”, es a través de un concepto muy difundido y aceptado por muchos talleristas del “arte por el arte”, y que termina a fin de cuentas dando el mismo resultado, haciendo del arte un objeto “hermético”, ¿por qué? Enrique González Rojo apunta al respecto de este parnasianismo, que es necesario “un arte realizado con gran respeto y exaltación por lo intrínsecamente artístico, pero sin inmolar el contenido y sin dejar al significante — ausente de significado— en la masturbación de un

200 infecundo esteticismo”. Esto último en el mejor de sus casos, pues al menos en México, este purismo se traduce en una intrincada codificación de ocultamientos donde supuestamente “no hay una conexión entre arte y moralidad”, caso que termina siendo falso puesto que sólo encubre un entramado ideologizante a través de códigos que desprenden la más profunda religiosidad primaria. Tal vez, en parte, por estas cuestiones es que ha perdido la poesía la oportunidad de tener más lectores, dejando ir cada vez más y más simpatizantes del género. Por tanto, se puede concluir que cuando un poeta escribe secretos himnos “de Sion”, pero asegura que obedece a una poética del parnaso, ¿éste, en realidad, no termina siendo un promotor de ciertas ideologías religiosas, aunque “encubierto”? Algunos pueden considerar que esto es una exageración en el panorama mexicano, pero los datos reflejan lo contrario, pues es muy notorio que libros de poesía escritos con códigos religiosos tienen muchas más posibilidades de ser premiados, es más, podríamos decir que en la mayoría de los casos, es un requisito, ya que los jurados son los mismos talleristas que adoctrinan a los futuros premiados, haciéndoles creer que los temas religiosos o esotéricos son “la cumbre” del conocimiento humano. Ejemplo de lo anterior es el poeta Balam Rodrigo Pérez Hernández, que ha logrado ganar más de veinte premios nacionales. No es casualidad que cuente con un diplomado en teología pastoral por el Instituto Teológico Internacional Vida Nueva para el Mundo, A. R., que dice tener la siguiente misión: “Creemos que la iglesia cristiana debe influenciar

 201 también a la sociedad donde se desarrolla fuera de sus muros y no solamente dentro de ellos. Esto para cumplir el propósito que el Señor Jesucristo nos dejó en la Gran Comisión (Mateo 28:18-20). Anhelamos pues, ser una parte activa de esta Gran Comisión a través de la predicación del evangelio de la gracia de Dios, el discipulado y las misiones mundiales. Estamos convencidos que una de las principales necesidades del liderazgo espiritual actual es una mejor preparación teológica, por lo que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo en preparar a esta futura clase de líderes del reino de Dios”. Y lo manifiesta en versos como estos: “Y a la hora de colgar el animal que somos / en el otro animal que ya no fuimos / revelaremos el vero nombre del Verbo / a los herejes de la letra. / Benditos los acaudalados de los sueños: / Benditos los perros, / los poetas”. Otro ejemplo es el ex premio de poesía Aguascalientes, 1996, Luis Armenta Malpica, con más de cuarenta premios. Que con echar un vistazo a los títulos de sus libros nos queda clara su tendencia: Voluntad de la luz, Cantara, Terramar, Des(as)cendencia, Vino de mujer, Nombradía, Desde el hielo anterior, Ebriedad de Dios, Luz de los otros, Ciertos milagros laicos, La pureza inaugural, Mundo Nuevo, Mar siguiente y Sangrial. Estos son jóvenes maestros que han seguido sin lugar a dudas la forma de enseñanza de Alí Chumacero, Ernesto Cardenal, Marco Antonio Campos, Elsa Cross y los mencionados páginas atrás, y que a su vez impregnan de estos criterios a sus pupilos, pues como es obvio su tarea es evangelizar a través de la poesía. Y como lo que es arriba es abajo, otros brotes han surgido bajo los nombres de Daniel Baruc Espinal Rivera,

202   sacerdote de la Iglesia Anglicana y Carlos Santibáñez Andonegui, tallerista y apóstol, supuesto miembro del yunque (organización cuyo objetivo “es defender la religión católica y luchar contra las fuerzas de Satanás”), y prueba de esto es su reciente antología Es tiempo de más (algunos poetas del tercer milenio), Editorial Nautilium, 2013, donde sin tapujo alguno hace una selección de su talleristas (convocados por el INBA), con “poemas” abiertamente católicos, y donde se refiere a uno de sus alumnos favoritos a tono de piropo, del siguiente modo: “Ha suscitado interés en la red social, debido a su original forma de establecer contacto, a través de ella, con Dios, en una suerte de ejercicio filosófico y poético que pone en juego recursos de la red y perspectivas de la vida moderna, con las que el poeta induce a la reflexión y gana ciber-adeptos, lo que sin duda rendirá buenos frutos”. El trabajo de estos dos últimos poetas es cercano al módelo de la Teología secular, que es un movimiento que “sugiere la legitimidad de la búsqueda de lo sagrado fuera de la iglesia; sugiere que la iglesia no tenía derechos exclusivos sobre la inspiración divina en sentido de que existe una fuerte revelación continua donde la verdad religiosa se encuentra en la poesía, la música, el arte o incluso en la calle”. Se puede pensar en alguna exageración o suspicacia sobre estas conclusiones, pero cierto es que hay muchos estudios al respecto y que cualquiera de los lectores que tenga en sus manos este ensayo, puede darse a la tarea de investigar más sobre el tema, por poner ejemplo de lo dicho (y ratificar que realmente se ejecutan estas militancias en lo cotidiano), a Max

 203 Weber, quien realizó trabajos muy importantes sobre la sociología de la religión, y analiza su influencia en el devenir histórico de la psiquis, argumentando sobre una forma de gobierno basada en el mérito, denominada “meritocracia”, esto quiere decir “que por medio del éxito en las actividades”, refiriéndose a premios, al ascenso en la escala social, riqueza en las empresas, etc., “se sabe cuál es la voluntad de Dios”, pues son señales del “divino” para que el exitoso sepa si será salvado o condenado, pues “si el trabajo genera pobreza o los resultados son malos, es porque Dios no lo desea y se estará de lado de los condenados”, y sostiene que este pensamiento propio de la época capitalista, es herencia del puritanismo, y de igual modo sus teorías sostienen, a propósito de este fenómeno evangelizante, que “la religión tiene poder suficiente para construir la representación que un individuo se hace del mundo. Esa representación afecta a su vez la percepción de sus intereses y en definitiva el curso de sus acciones”. Lo que parece sólo teoría, es práctica; espejo de este estudio es la Teología de la prosperidad, de la cual hace un análisis Martín Ocaña Flores, en su libro Los Banqueros de Dios, una aproximación evangélica a la Teología de la Prosperidad, Ediciones Puma, Lima, 2002. Por supuesto hay muchos más argumentos para constatar esta situación como una verdadera problemática que está anclando los escasos avances en materia poética en México, la cual amenaza con sumergirnos en la superstición religiosa de siglos pasados. El poeta del siglo XXI, a diferencia de los poetas de otras épocas, tiene en su favor a las llamadas “ciencias blandas”, que contrario a lo que muchos creen, debe

204 rían ser soporte lógico de su obra, y sin embargo la mayoría de las veces no son tomadas en cuenta, saltándoselas (por considerarlas inferiores) y recurriendo sólo a las “ciencias duras”, pero estas sólo como una especie de elemento “experimental” o de carácter “estético”, entre otros usos, sin mayor  profundidad que mostrar un aparente conocimiento de la ciencia. Por eso es importante atender a la siguiente reflexión de Tedi López Mills: “Yo tiendo a sospechar cuando la tradición milita, cuando prescribe y no ironiza, cuando se adopta como un canon de usos y costumbres que no admiten las desavenencias, salvo si se ejecutan con cierto grado de solemnidad”, (p. 149, de P), que nos hace pensar en lo importante no de la “sospecha”, sino de la duda; dudar de lo que parece ser verdadero en el “contexto político” que sustenta nuestra realidad poética. Así el poeta tendrá la responsabilidad de estudiar, de conocer las ciencias duras, pero sobre todo darles desarrollo a las ciencias blandas. No caer en la politiquería de buró, en el sermón de cantina o academia, porque como criticaba ya Fernando Savater, en 1980: “La izquierda va perdiendo sus más sanas tradiciones en un proceso de depauperación que no parece tener otro fruto visible que el reforzamiento de las tradiciones de la derecha. La ambigüedad y falta de convicción propias no pueden dejar de alentar la radicalización triunfal de los planteamientos de un enemigo que jamás contemporiza, salvo si ve real fuerza en su contra. Quizá la tradición izquierdista que uno más añora hoy (…) sea el viejo, cuerdo y sabroso anticlericalismo. ¿Cómo no sentir nostalgia de los feroces comecuras de antaño, al ver a los líderes progresistas actuales

 205 en respetuoso contubernio con los diversos especímenes de la raza frailuna y enarbolando ellos mismos maneras untuosas, paternalistas e hipocritonas en la mejor escuela teatral del clero?”. A diferencia de Savater, no se trata de abogar por los heredados vicios de la “cacería de brujas”, sino hacer reflexionar al poeta sobre su crucial quehacer y la importancia de su conciencia política, porque incluso “no tener una postura política es una postura política”, porque el poeta es una figura pública, que aunque no lo quiera, o no lo tome en cuenta, representa una postura social. Por eso George Orwell “propone la conservación en todo momento de un espíritu de rebeldía que permita el rechazo de cualquier forma de dictadura, ya sea totalitaria, paternalista o supuestamente benéfica”. No conviene fomentar una “religión”, pues acaba con la diversidad de pensamientos y desencadena la intolerancia a todo lo que no tome parte de sus credos. A sabiendas de que muchos poetas en México profesan una “doctrina”, también es necesario resaltar que no todo lo apoyado por la mayoría está en lo correcto, las coincidencias de la mayoría no representan necesariamente un acierto, a veces sólo representan el eco del error. Porque no puede haber armonía donde todas las sectas coinciden en su planteamiento de poseer “la verdad absoluta” y cada premio que gane el poeta militante de la secta significa el triunfo de un credo o evangelio sobre los otros. Cuando no se respeta “la ley laica” produce (irónicamente) monopolios de la idea estética. Es como el agua y el aceite, porque no puede haber “arte y propuesta” dentro de un sistema “canónico” que se plantea de manera dogmática y en absolutos, donde se dice “todo está

206  dicho” y “no hay nada nuevo bajo el sol”, pues el “sol”, encarnación simbólica de dios nos dice con esto que no hay nada nuevo bajo él y si queremos que haya arte y que evolucionen las propuestas artísticas debemos separar la “verdad” para las posibilidades del arte futuro, un arte sin ataduras, pues arte es percepción, propuesta, evolución en distintos ángulos, y anclarlo a la “verdad” es darle muerte, por eso algunos sostienen que la poesía “está muerta”. El peligro que corremos con estas afirmaciones es que se construya sólo un arte de la dogmatización; la obligación de ser explícito es elemental, pues los poetas también son ciudadanos, una sola verdad no puede representar un arte mexicano, y tampoco puede identificar a los lectores con su realidad, propiciando una reducción de los contenidos y por ende una reducción de lectores. Sabemos que la mayoría de los rituales sociales son procesos poéticos, o en términos legales, escritura que laza, une, desune o determina la condición de un individuo con su comunidad. Y aunque la historia está plagada de religiosidad y la mayoría de los rituales de carácter poético han sido conformados desde las religiones, no quiere decir que no puedan componerse rituales desde otras perspectivas más contemporáneas que respondan a la necesidad de sus sociedades. Ejemplo de esto es la antología de El árbol rojo, editada en 2010 por Andrés Rubio “para reivindicar los valores civiles y laicos (…) donde reúne poemas para ceremonias, bodas, bautizos y despedidas a los muertos, porque hubo un tiempo en el que solo los creyentes eran los dueños de ritos y ceremonias, algo que ha cambiado”. Es evidente que si el poeta no asume esta nueva realidad, reducirá las

 207 posibilidades no sólo de temáticas, sino de propuestas y formas de vida. ¿Sólo hay buena poesía o mala poesía? Una propuesta indecorosa Abogar por el laicismo no implica una marginación del arte religioso, sino una definición y claridad para su adecuada categorización, pues al ser regulado por el Estado trae más pros que contras y al esclarecerse (sacarlo de la ambigüedad) logra una valorización más justa, y hay una revaloración o reivindicación de este género, y a su vez da paso a otras categorías en la misma poesía, que se presentarán más fácilmente para dar una representatividad a las múltiples posturas y voces poéticas del país. En teoría, esta acción apoya futuros análisis académicos más objetivos y menos centralistas. Donde efectivamente no sólo se aplicarían las políticas de “tolerancia”, sino también las de respeto y valoración de la riqueza cultural (entiéndase también la ideológica), tanto oral como escrita, y se crearía un panorama o atmósfera adecuada para una mayor libertad creadora. Esto muy al contrario de lo que pareciera, no desequilibraría los criterios de la preceptiva, al contrario, abre la posibilidad de una mejor labor analítica que afianzará mejores márgenes respecto de la obra y el pensamiento del creativo, y se romperá esa idea actual que sumerge en una generalidad lo que se entiende por poesía (actualmente su regulación recae en manos de intereses personales de jurados y en una somera avalación, por no decir negligencia, delegada

208 en los premios). En consecuencia, esto en vez de entorpecer los criterios, delinea en retrospectiva los límites y argumentos para el debido discernimiento del trabajo literario. Desde esta óptica, la figura del poeta es también la del pensante, el consciente ético, el poeta ante el ojo crítico. Lo cual Jaime Labastida expresa del siguiente modo: “La ética nos indica límites. Si Dios no existiera, dice Dostoievski, todo estaría permitido. ¿Es así? ¿Qué sucede en una filosofía que no acepta la existencia de Dios? En esa filosofía, ¿todo está permitido? Una filosofía atea, ¿carece de fronteras? No, una filosofía, tal como la que yo sustento, una filosofía laica, sin Dios, también establece límites. No es lícito valernos de los otros como si fueran herramientas inertes en las manos de alguna idea incierta. No hay Dios: el límite, pues, nace de la responsabilidad propia. Oscilante en el abismo, una filosofía sin Dios tiene a la conciencia como su único fundamento. Exige de nosotros el uso despiadado de la razón. El cimiento radica en nuestro interior. El paradigma ético es construido por cada uno, por sí y ante sí, de manera libre, dejando atrás cualquier barrera exterior. En este sentido profundo, la filosofía es una escuela de la libertad: nos obliga a que actuemos por convicción, no por coacción, sin estar sujetos a ningún dogma impuesto desde fuera”. Estamos en una época, por no decir una crisis, en donde la necesidad innegable es más que ganar premios, ganar lectores. Donde el laicismo puede ser una herramienta, y que el contexto lo convierte en una propuesta innovadora, que aunque ha estado a la mano no ha sido ocupada como tal, y posiblemente,

 209 también saque a la poesía de las aguas estancadas en que la ha sumergido la teocracia en curso. Concluyendo, la aplicación del laicismo en la poesía mexicana da mayores posibilidades de una “pluralidad”, en vez de marginarnos en una engañosa unificación que en realidad encierra la uniformidad: y en donde la escritura es uniforme no puede haber creación poética. Por reincidir en un contenido que aunque se le dé voz en diferentes estilos una y otra vez nos llevará inherentemente a la misma verdad absoluta del lugar común.  “El profesor Albert Bayet, presidente de la liga de Enseñanza Francesa y uno de los más ilustrados promotores del laicismo en su patria, lo define así: ‘El laicismo es la idea de que todos los seres humanos —sean cuales fueren sus opiniones filosóficas o creencias religiosas— pueden y deben vivir en común dentro del respeto por la verdad demostrada y en la práctica de la fraternidad. Quienquiera que de buena fe y piensa que el hombre debe amar a sus semejantes, es un laico’. El laicismo significa defensa de la Libertad de conciencia. No es proclama de ateísmo, ni movimiento antirreligioso; es espíritu de libertad y nace de la necesaria secularización de la ciencia, la filosofía, la historia y las instituciones y la actividad general humana. Sostiene que el Estado, como entidad de derecho, no puede profesar culto alguno; que especialmente en la democracia, la educación es una función primordial del Estado; que la educación laica es el método educativo específico de la democracia; que el Estado debe proponerse formar hombres libres, con discernimiento propio y que, como lo ha expresado el profesor Rondanina,

210  no es posible fundar en el dogma la educación del hombre libre; y que, además, el laicismo escolar es la condición sine que non para que la libertad de cultos no sea una ficción carente de valor real. El laicismo significa, esencialmente, una alteración de la relación entre el mundo y la religión; en lugar de ocupar ésta el lugar central y dominante de todas las actividades humanas, como ocurrió en cierta fase de la historia de Occidente, se la reduce a lo que debe ser su propia esfera”35, escribe al respecto Agustín Álvarez. Es urgente que se ejerza la secularización del arte, y en este caso, la poesía. ¿Qué es secular? Seguramente todo los saben, pero no está de más recordarlo: “Es el paso de algo o alguien de una esfera religiosa a una civil o no-teológica. También significa el paso de algo o alguien que estaba bajo el ámbito o dominio de una doctrina religiosa (siguiendo sus reglas o preceptos), a la estructura secular, laica o mundanal”, y específicamente en nuestro tema: “En un tercer sentido, secularización se refiere a la pérdida de influencia de la religión en la cultura. Si en alguna época estuvieron sometidas a la influencia de grupos religiosos, con la secularización la ciencia, la moral, el arte y otras expresiones humanas recobran su papel al margen de lo religioso”. Si vivimos en un Estado laico, lo normal sería que cumpliera con su función, precisamente de secularizar, o por decirlo más claro, de regular estos premios, estímulos y donaciones a instituciones seudoculturales, como el primer problema mencionado en Guerrero, y denunciado por el poeta y promotor cultural Antonio Salinas, donde es obvio que aprovechando ciertas lagunas legales, la ignorancia, el

 211 tabú o la credulidad de la población, y el poco poder político y económico que tienen los civiles (y los poetas, por supuesto) para presionar al Estado a cumplir con sus obligaciones de ley, están construyendo una iglesia con fondos de todos los ciudadanos. Pues los ciudadanos confunden el Estado laico, “que admite todas las religiones, pero no apoya ni financia ninguna”, con el Estado “multi religioso” que financia a todas la religiones por igual y mantiene clérigos, sus templos y actividades. Y aun así cabe notar que esta segunda opción sería la menos grave respecto a la real teocracia que se está definiendo con impunidad, pues esta iglesia es católica y por lo tanto la religión dominante que ocupa mayor poder en el gobierno y suprime todas las demás y que desde 1992 a la fecha goza de privilegios ilegales, como el estar exenta de todo tipo de impuestos (al igual que en Chile, Uruguay y España, entre otros). A pesar de que tenemos una educación laica, la SEP está editando libros de primaria y secundaria con una intención abiertamente evangelizadora. Así como Conaculta libros de poesía apostólica. Sólo basta echarle un vistazo a muchas de sus publicaciones. Gianni Vattimo dice: “Si profeso mi sistema de valores —religiosos, éticos, políticos, étnicos— en este mundo de culturas plurales, tendré también una aguda conciencia de la historicidad, contingencia y limitación de todos estos sistemas, empezando por el mío”45, lo cual nos lleva a observar y cuestionar toda clase de intentos o propuestas de evangelización a nuestro alrededor, empezando por la nuestra. Contrario es lo que sucede con la mayoría de las becas, o al menos las más representativas, donde nuestros

212  maestros se dan a la tarea de darles el “catecismo” a los jóvenes monaguillos con el pretexto de la tradición. Lo mismo sucede con los criterios de lo que “debe ser premiado” y representativo de las “letras mexicanas” (como si estuvieran unificadas bajo un mismo secreto credo). ¿Qué es lo que debe hacer el Estado? Tal vez es pertinente que por fin se perfilen categorizaciones a lo que será “premiado”, en diferentes tipos de premios de poesía de diversas “corrientes”, si es que van a ser pagados con nuestros impuestos, como ya se ha logrado hacer con los estímulos a la creación en lenguas originarias, así como premios creados ex profeso para la obra literaria construida por mujeres. Esto no con la intención de crear una etiqueta de marginalidad, sino por el contrario, una forma de ajustarse a la realidad, porque simplemente, la riqueza de lo diverso nos hace “minoritarios”. Somos un conjunto de minorías. Podría agregarse así con claridad el perfil que determina el enfoque de ciertos premios, del tal modo, tendríamos el Premio Nacional de Poesía Católica Nacionalista Ramón López Velarde; o el Premio Nacional de Poesía Mística San Juan de la Cruz; el Premio Nacional de Poesía Popular Jaime Sabines, y por qué no, para fomentar la tolerancia política, también el Premio Nacional de Poesía Marxista José Revueltas o un Premio Nacional de Poesía de la Diversidad Sexual Salvador Novo, etc., etc. Para muchos esto puede ser escandaloso, pero es importante que el creativo conozca los parámetros reales y críterios con los que se gana cada premio o estímulo.

 213 El Estado debe cumplir con su función de mediador y hacer evidente cuáles son los perfiles e ideologías que están “enriqueciendo” el panorama cultural de México, para que no se enturbie, y si su intención es esclarecer que es un Estado democrático y fomenta la libertad de pensamiento y propicia con igualdad el crecimiento en todos sus factores intelectuales. De este modo ninguno tendrá que buscar erigirse como la poesía “representativa” del Estado, pues todas las poesías tendrán un lugar dentro de México. Con lo cual no sólo exige más en su tema a los poetas, sino que también los compromete a ofrecer argumentos estéticos y filosóficos sobre sus formas de pensamiento y obra. Es urgente una categorización, en premios que se dan ya por ende “cumbre” de las letras, como el premio Aguascalientes, que se ha desprestigiado en últimas fechas y entrado en controversias por los criterios y apoderamiento de mafias, que es secreto a voces. Esta propuesta sería factible para que, efectivamente, al dividirse este premio en categorías, pudiera fomentar la pluralidad y esclarecer los criterios al ser seleccionados los jurados de diferentes propuestas canónicas en dichas categorías. Así tendríamos el Premio Aguascalientes dividido en su presea al “poeta masónico”, otro al “poeta espiritualista”, y uno más al “poeta ateo”, por poner ejemplo. Para muchos tal vez lo adecuado sería retirar mejor los premios, las becas, etc., pues se dan por enterados de que la poesía es “sagrada”, y por lo tanto, “religiosa”, entonces se caería en un absurdo al ser apoyados por un Estado que se dice laico. Por supuesto, habrá también quienes piensen que un premio de poesía católica debe ser lanzado desde el Vaticano o la 

214  Basílica, y no pagar por él las instituciones del Estado, a menos que se divida el premio en categorías según las creencias registradas en México. Entre el origen de la palabra y el porvenir de la lengua No es herencia de la religión la constitución de una sociedad. Y en una sociedad liberada, cabe también el aspecto no solo de la “libertad” de tener culto sino también de “no tenerlo”, por lo que viene a colación definir el sentido estricto etimológico de la palabra “religión”, que “equivocadamente —a decir de Salomón Reinach— se ha querido derivar religio de religare (atar), como si la religión fuera esencialmente el lazo que une a la divinidad con el hombre. La lingüística obliga a desechar esta etimología; en cambio adopta de buen grado la que ya recomendaba Cicerón: religio viene de relegere, que se opone a neglegere, como la vigilancia extrema (decimos cuidado religioso) al descuido y la negligencia. La religio sería por tanto, la observación fiel de los ritos”. Antes de la era cristiana, aparece el término religio en voz del poeta latino Publius Nigidius Figulus, 98-45 a. C, amigo de Cicerón. Pero es hasta siglos después cuando Lucio Cecilio Firmiano Lactancio (llamado el Cicerón cristiano) vincula “religión” a “religare” en vez de “relegere”. Relegere (es la etimología real de religión) que significa “observar escrupulosamente” e indica “lo importante que era para los romanos la observancia escrupulosa del culto” ya que su función era de carácter social-político antes que de naturaleza

 215 divina, concepto contrario para Lactancio, para quien “la primera función de la justicia es unirnos con nuestro hacedor; y la segunda unirnos con nuestros semejantes”. Si logramos entender esto y sobre todo ejercerlo en las políticas de la literatura nacional, México será un centro modelo para el ejercicio contemporáneo de la poesía con el amplio abanico de sus poéticas, y la democracia será un soporte para que los poetas no queden aprisionados entre las redes de la hegemonía de las sectas, el mercado o el narcisismo estético. De igual modo estamos a tiempo de protegernos del fanatismo (como los neonazis panistas, o los brotes de Islam en Chiapas o Tijuana), de la histeria colectiva o pánico moral y las futuras guerras de religión. Se dice que todo nos lleva al eterno retorno, volver al origen, ¿pero es este el momento adecuado para regresar, o es el óptimo para el avance al descubrimiento? Es necesario generar una poesía laica, libre de dogmatización, nutrida por el pensamiento, por los avances científicos (que no tecnológicos): activa, propositiva, que reflexione; una poesía que sea mancuerna de la filosofía y no sólo “diga lo que la gente quería decir y no sabe cómo”. Si tomamos en cuenta que la religión es herencia local en la mayoría de la población, y no fue elegida, la pregunta final es: ¿Qué es una poesía laica? Y esa es una respuesta que tiene que desarrollar cada poeta en su poética, pues en ello se juega su individualidad, su pensamiento, su vida y sobre todo el sentido y la profundidad con las que realizará su obra.

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