Llorar como un salvaje

"Canción del bárbaro"

Martín Tonalmeyotl

 

¿Poesía para qué? ¿Tiene algún sentido escribir poesía? ¿Se puede cambiar a la sociedad y sembrar esperanza desde la poesía? Preguntas como éstas y otras tantas las hay en este tiempo y las ha habido tiempo atrás. Para muchos la poesía tiene sentido, una forma de ser, de vivir, de convivir y explorar otros espacios, una finalidad específica en materia de creación y así; mientras que para otros la poesía “no sirve para nada”: lo he escuchado decir un par de veces.

En México hay toda una tradición poética que se ha venido forjando desde hace algunos siglos; sin embargo, nuestra poesía mexicana ha quedado estancada y los poetas no han hecho otra cosa más que imitar formas y crear poesía porque sí. Se han olvidado que la poesía nació para decir lo indecible, para describir el tiempo en el que vivimos, para pintar y sembrar ideas, para pensar acerca de nosotros y desde la palabra, gritar rebeldías, injusticias, amor a la tierra, a una mujer, a los hijos y así. Este poemario que lleva por título Canción del bárbaro nos ofrece otras palabras, otras historias que muy pocos poetas se atreven a contar o, mejor dicho, a preguntarse de sí mismos y del mundo en el que viven. El poemario cuenta la historia de un hombre (salvaje) que conoce la ciudad y el pueblo, conoce los males y rituales existentes. El libro está compuesto por cerca de 50 poemas y dividido en tres partes: Lamentación del salvaje, Casi canto y Tribada.

El personaje principal del libro es un hombre que desobedece las reglas de una “civilización” maltratada, impuesta a conveniencia de muchos, una sociedad que ha perdido el amor a la naturaleza, a la familia, a las costumbres antiguas, a las calles, a la libertad de sí misma: Pocos entienden lo difícil que es / hallar hoy un verdadero bárbaro: / hace tiempo que ven televisión / en casi todos lados / y quieren pollo frito / y ven cine de Hollywood.

Los versos aquí escritos no te remiten a escuchar bellas palabras, sino a describir realidades que muchas veces nos golpean. Ángel Carlos se ha caracterizado por ser un poeta solitario, uno de los poetas mayores del estado de Guerrero, destacado por su producción poética y el compromiso hacia lo que escribe. Tal como lo dice el poeta Adriano Rémura en uno de los prólogos para el libro Reflexiones de la poesía. Ayer y hoy

del maestro Enrique González Rojo: “pensar al poeta del siglo XXI como un actor social clave para la transformación integral de la realidad y punto esencial para la materialización de un mundo que no tema a la crítica ni al ejercicio lógico de la poesía”, él nunca se ha interesado por estar en los chismes literarios, en los grandes festivales, en el periódico o las revistas; sin embargo, sigue ahí, escribiendo y creando una poesía muy propia, de protesta, de denuncia y de autorreflexión hacia sí mismo y hacia la sociedad actual. Ha optado por darle vida a la palabra, por darle sentido y razón de ser a la poesía. Es un hombre rebelde, un poeta bárbaro al que le duelen las injusticias, grita sangre en las calles, siembra ideas para el futuro de los niños.

En México tenemos muchos poetas o al menos muchos se hacen llamar poetas que no tienen ningún compromiso con lo que dicen. Ángel Carlos realiza la acción de cada palabra o cada verso que escribe, por ello no usa bellas palabras sino aquellas que se usan en el lenguaje cotidiano y las retrata el bárbaro cuando dice: Yo traigo un viento entre la sangre, bailo, / y a veces soy el agua, duermo, / yo canto, lloro, sueño, / soy el bárbaro, porque aquí importa más decir algo que decir algo bello pero hueco. El bárbaro nos sitúa en aquello que se ha olvidado: busqué un empleo, me casé, / sostuve a mi familia, / compré a plazos un coche / y olvidé aquella aldea en no sé dónde.

La canción del bárbaro es este grito donde se describe a un hombre maltratado en una sociedad donde no cabe, donde se le desprecia por ser distinto y no cumplir con los requisitos de la “civilización”. El poeta lo describe como: ¡Salvaje!, ¡lépero!, ¡aborigen!, / ¡ignorante!, ¡vándalo!, ¡grosero! / ¡patán!, ¡inculto!, ¡loco!, / ¡gañán!, ¡bruto!, ¡majadero!, / ¡indio!, ¡primitivo!, ¡bárbaro!… Sin embargo, muchos queremos seguir siendo salvajes y vivir a nuestro modo y en lugares en donde no se cobre el agua, el aire, el piso, donde nada se venda porque todo es un intercambio con la naturaleza. Y los expertos en esto son los pueblos originarios como los me’phaas, los kichuas, los nahuas, los wixárikas y otros que también son mencionados por el poeta: Que no deje que nadie me arrebate, / espíritu del pueblo, esos lugares / donde germina el agua, donde nace, / y pueda cantar abiertamente / espíritus alegres, con la voz / que mis abuelos apenas ya susurran.

 

 

 

 

 

 

Vacía de dioses

espero la noche para volverme polvo

 

Primer libro de Alejandra Estrada Velásquez

 

 

Por Adriana Tafoya

 

Nada cura el dolor de descubrirnos solos, "Dios ha muerto" nos anunció Nietzsche y, con ese dios, los hombres que lo crearon y le daban su fe. Ahora, en este poemario reflexivo Vacía de dioses, Alejandra Estrada nos confirma lo que en el fondo muchos sabemos: "La memoria es una procesión de tumbas", "Nos han mentido. Nos han hecho creer en la permanencia, en la perpetuidad, en lo intangible", "Nacemos para mentirnos, para decirnos que la vida es un propósito o un fin. Ni siquiera hay medio, no hay camino". 

La poeta acentúa con estos versos lo difícil de aceptar, lo que conmueve hasta los huesos, lo que los pone en ansiedad a la hora de dormir; la muerte de un dios “actual”, la muerte en sí, sin más. Pone su dedo en la llaga y, a pesar de que lo han dicho otros pensadores, el mencionarlo, el escribirlo, sigue haciendo estremecer a muchos al grado del dolor, incluso al grado del más profundo odio. Es aflicción tremenda el saber que hasta los dioses mueren.

 

Así, al saber esto, mencionemos por ejemplo, que la tumba de Zeus el gran dios de Grecia, la enseñaban a los visitantes en Creta todavía a los comienzos de nuestra era. Que el cuerpo de Dionisos estaba enterrado en Delfos, junto a la dorada estatua de Apolo, y su tumba tenía la inscripción: "Aquí yace muerto Dionisos, hijo de Semele". Según un relato, el mismo Apolo estaba enterrado en Delfos; se dice que Pitágoras grabó en su tumba una inscripción explicando cómo había sido muerto el dios por Pitón y enterrado bajo el trípode. El antiguo dios Cronos fue enterrado en Sicilia, y los sepulcros de Hermes, Afrodita y Ares fueron descubiertos respectivamente en Hermópolis, Chipre y Tracia. Los mismos grandes dioses de Egipto no son excepciones al destino común. Llegaban a viejos y morían, pues al igual que los hombres, estaban compuestos de cuerpo y alma, y, como aquéllos, sujetos a todas las pasiones y debilidades de la carne. Su cuerpo, es cierto, estaba formado según un molde más etéreo, y duraba más que el nuestro; sin embargo, no podían conservarlo para siempre contra el asedio del tiempo. La vejez convertía sus huesos en plata, su carne en oro y sus bucles cerúleos en lapislázuli. Alrededor de 1886, los groelandeses creían que un viento podía matar a su más poderoso dios y que moriría también seguramente si tocara a un perro. Cuando oyeron del dios cristiano, preguntaron si nunca murió y habiéndoseles dicho que no, quedaron muy sorprendidos y dijeron que debía de ser en verdad un grandísimo dios*.

La muerte de los dioses ha sido común a través de los tiempos, así sabemos de la caída también de Thamus, Pan, Adonis, etc.

Los dioses mueren y nacen otros, ya sea por necesidades ideológicas o políticas, o por la necesidad del capital; vemos en México como los templos religiosos forman parte del mapa turístico de cada pueblo o ciudad.  

 

Los dioses mueren, insisto, pero eso no quita que en la entraña de muchos, este duelo provoque enfrentamientos tanto con los demás, como con ellos mismos. Pues estas deidades a imagen y semejanza nuestra, están conectadas directamente con nuestros temores, con nuestras dudas e incertidumbres. Es terrible enfrentarse a la nada, al "sin sentido", al "aquí y ahora". Y de esto nos habla la poesía en "prosa poética" de Alejandra Estrada, del descubrimiento, el desencanto, el primer vistazo a la asimilación de que "no todo tiene que tener una meta u objetivo, un sentido o una razón", pues en el pluriverso, existen todo tipo de posibilidades o perspectivas o laberintos de comprensión para las existencias.

 

Este libro nos da la oportunidad de esa catarsis, de ese enfrentamiento con el desengaño y por ende, con la realidad, pero una realidad poética, una realidad con emoción y belleza conjugadas, donde deja al lector, el espacio, el silencio para la reflexión. Después de todo, cito: "Fuera de  ti soy transparente, liviana y minúscula", fuera de dios y de la deidad inspiradora en la que convertimos -en lo cotidiano-, a nuestros gobernantes, nuestros maestros, incluso a nuestros consortes, a la vez, también a nuestra imagen y semejanza.

Podríamos agregar  que aceptando la muerte de dios, -es más la no existencia de él-, somos transparentes, livianos, minúsculos y libres, llenos de dudas, maravillosas dudas que alimentarán la curiosidad del  yo científico, del  yo pensador.

 

Hay académicos y lectores que opinan que el poeta o la poeta sigue siendo un sacerdote, “el religare sigue uniéndonos con los demás”, afirmación cierta en algunos aspectos, pero también cierto es, que hay poetas ateos que también sin ser budistas (religión sin dios) nos unen a los demás, a través de su escritura y lectura, como Lucrecio, Unamuno, Edgar Allan Poe...Si bien sabemos que no son muchos, esto más que importante, es valioso y mucho más, al respecto de la parte histórica mexicana, donde quedaría situada la poesía de la joven poeta Alejandra Estrada, pues al tratar un tema que en la mente de muchos todavía es un asunto radical o de tabú, la retira del lugar común y, por lo tanto, en esa transgresión radica el aire de vanguardia en su trabajo literario. Pues el tema de “la no existencia de dioses”, en una sociedad con un sistema de valores aún conservador, le hace fresco, confrontativo y de interés. Pues esta, es una poética que apuesta por hablar de esa depresión, ese desengaño y esa crisis existencial en muchos al  ver como se desploman las ideas preconizadas, por no decir tribales de las cosas espirituales. 

También importante es mencionar unos versos de Estrada, donde aconsejo al lector tomar interés: “Allá  afuera, entre hombres que conversan y toman las palabras como si fueran suyas, amanecer es un requisito”, “Envidio al primer hombre. Anhelo su asombro. Su vida era un amanecer genuino, perpetuo. Solo, en medio de la nada, de una nada no por inerte sino por desconocida, por  nueva, dueño de la confusión y de la existencia. Dueño del orden de las cosas. Anhelo la boca del primer hombre porque pudo nombrarlo todo”. 

Las aseveraciones de estos versos, dejan lugar para el recuerdo del maestro poeta Eduardo Lizalde en “Cada cosa es Babel”. Silvia Eugenia Castillero, en un texto publicado en la Revista Luvina, desmenuza sobre esta obra;  

“Lizalde entra en el cuerpo del castellano para apuntalar sus aristas, sus bordes. Crea espacios donde los límites son los bordes de los continentes de las cosas. Y justamente en los bordes reside la sutileza, lo que les permite a los objetos ser algo y no ser lo otro. En este libro, el autor se centra en la materialidad; desde allí abre las compuertas a objetos imaginarios que se acomodan de manera más clara entre lo real, las coordenadas se amplían y el tiempo cambia. El tiempo se manifiesta en el nombrar, la cosa es el espacio donde florece el curso de ese nombre. Por eso el tiempo continúa eternamente aunque los sitios fenezcan. El nombre sobrevive al objeto, se transforma en ataúd o en cascarón para guardar el polvo o el cuerpo destrozado de la cosa vencida”.

Podemos notar la aproximación exacta y perspicaz de la ensayista al hablar, por no decir “nombrar”, el trabajo poético de Lizalde, el ser testigo textual del trabajo del maestro que “nombra”, lo que solo puede hacer un vate, un bardo, (hoy un poeta, una poeta), un ollave, desde la antigüedad; nombrar, renombrar, recrear, remitificar, mitificar lo otro, lo no nombrado, lo nombrado, lo que se podrá nombrar y omitir y silenciar.

Transcribo aquí unos versos de “Cada cosa es Babel”:

 

Y le digo a la roca:

muy bien, roca, ablándate,

despierta, desperézate,

pasa el puente del reino,

sé tú misma, sé mía,

dime tu pétreo nombre

de roca apasionada.

 

Y no sabe decirlo,

no cabe un alfiler de labios

en su cuerpo sin rostro.

Pero yo sé su nombre:

 

roca, le digo,

y comienza a ablandarse.

 

Aun la palabra roca no viene de las rocas.

La palabra es más densa que la roca,

resquebraja la roca,

es el cardillo armado, que sabe de su imagen,

el agua enternecida con lo que refleja.

Es cierto, la palabra viene del poeta.

 

La palabra roca

no es criatura del mármol

y no viene del hombre a la manera

que el pájaro aparenta ser invención del árbol.

El mundo del poeta

no concede el sufragio

ni a las más altas rocas.

Pero el mundo sin rocas del poeta

procede, en fin, del mundo de la roca.

 

 

Alejandra Estrada, la poeta dice (no sin cierta ironía),  “envidiar” al primer hombre por su cercanía al lenguaje, cuando el lenguaje está vivo y es pertenencia inherente de la humanidad, del poeta y la poeta, capacidad que tienen, he mencionado, de nombrar, renombrar, recrear, remitificar, mitificar lo otro, lo no nombrado, lo nombrado, lo que se podrá nombrar y omitir, y también silenciar. Trabajo indudable, que han hecho con belleza los y las poetas durante siglos.

La poeta, también nos conmina paradójicamente a la oscuridad, le apuesta con melancolía a la noche, con sus parajes aún no nombrados, porque bajo la luz azulina de la oscuridad hay demasiado por nombrar que no se ha nombrado y por lo tanto aún “no existente”. Recordemos que algunas cosas incluso insulsas, por el solo hecho de que se “nombran”, existen. Por eso hoy en día, aún se puede discutir “la existencia” de los “reyes magos”, de “santa clos”, del “coco” y “el señor del costal”.

No hay nada nuevo bajo el sol, pero si bajo la luna. Y vacíos de dioses, esperamos la noche para volvernos polvo, tal vez a usanza de Pita Amor, cito:

Polvo constructor del mundo,

mundo de sangre impregnado,

lo  gris por rojo has mudado,

lo estéril por lo fecundo.

Es tu poder tan profundo,

que de sangre has hecho ideas;

temo que divino seas

pareciendo terrenal,

pues te presiento inmortal

porque tú mismo te creas.

 

 

Me resta culminar nombrando que Alejandra Estrada es una poeta que en este libro Vacía de dioses, nos entrega poemas de una lírica sutil, elegante, emotiva, bella, y que en su oscuridad, sobre todo en su oscuridad, radica la fuerza de sus versos, de la propiedad de sus palabras, que traduce en poesía.

(Editores Suicidas, 2018)

*Tomado de La Rama Dorada, James George Frazer, 2011.

 

 

 

 

 

 

AIDA CARTAGENA PORTALATIN Y

LOS AREÍTOS DE LA SOLEDAD

Javier Alvarado

 

 

 

Tierra se hará silencio,

Risa no harán los hombres para que me haga eterna,

Llanto no harán las piedras para que me haga arena

A.C.P.

 

 

 

 

Cierta vez cuando pregunté por Anacaona, la princesa indígena de las Antillas, me contaron que poseía el don de transmitir poesía e historias en los areitos a su pueblo. Toda la poesía de los taínos podía contenerse en la memoria de una mujer ahorcada por esas tantas injusticias que registra nuestra historia. ¿Dónde habrán quedado esas sagas, esos poemas, esas floraciones de la naturaleza sobre la ofrenda de las canoas? Lamentablemente esa conquista política y religiosa, en su deseo de dominar, conllevaba a la exterminación de los individuos, a su avasallamiento y a sepultar y destruir sus culturas y a robar la riqueza de los “babeques”, que significa tierras con oro. Poco ha sido lo que ha sobrevivido a nuestros días de esas tradiciones y en muchos casos, lo que sobrevive es de manera parcial o interpretada. Según los cronistas, el primer fuerte, levantado en esta isla se construyó gracias a los maderos de un galeón encallado. ¿cómo no remitirnos en Quisqueya-Ayti, a ese pasaje de Cien años de Soledad tan febril como la búsqueda del mar del sur o de la piedra filosofal:

Cuando despertaron, ya con el sol alto, se quedaron pasmados de fascinación. Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas.

El hallazgo del galeón, indicio de la proximidad del mar, quebrantó el ímpetu de José Arcadio Buendía. Consideraba como una burla de su travieso destino haber buscado el mar sin encontrarlo, al precio de sacrificios y penalidades sin cuento, y haberlo encontrado entonces sin buscarlo, atravesado en su camino como un obstáculo insalvable.”

Y aquí encontramos el mar Caribe que llega a mi Panamá y entra sigilosamente por el Canal encontrándose con el Pacífico, en ese chorro multiétnico que proviene de las Antillas. La República Dominicana ha llegado hasta mí a través de muchos referentes femeninos: las hermanas Mirabal, asesinadas y vivas aún en el pensamiento colectivo, Salomé Ureña de Henríquez, madre de la educación, Anaísa la de las siete vueltas y con una voz poética que llamó mi atención cuando sostuve

entre mis manos una delgada edición de la poesía de Aida Cartagena Portalatin en una feria del libro dedicada a la literatura dominicana. Añoré tener más libros de ella y aun espero también por su Escalera para Electra. Bebí de aquella poesía y me transporté no sólo a la soledad de una mujer cuando está sola, también sopesé mi soledad de hombre, porque también un hombre puede estar solo, los poetas siempre estamos solos y es la poesía la que nos sigue convocando, con su ansia sorprendida.

Y seguimos celebrando la poesía sorprendida, a pocos meses del año del centenario de Aida Cartagena Portalatin, quien junto a los poetas Rafael Américo Henríquez, Manuel Llanes, Franklin Mieses Burgos, Manuel Valerio, Freddy Gatón Arce, Manuel Rueda, Mariano Lebrón Saviñón, Antonio Fernández Spencer y José Glass Mejía, conformaron este grupo y publicaron esta revista en plena dictadura trujillista, donde se tenía vedada la libertad de expresión, pero la poesía igual lleva esa impronta de las mariposas, su deseo de propagarse desde las metamorfosis del discurso, la crisálida del pensamiento y las alas multicolores del mensaje. El pensamiento ideológico soterrado en los versos y en los poemas y la permanencia de las publicaciones y el sentido de “estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy, de mañana, con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre”, ha impactado enormemente en la historia y en el corpus de la literatura dominicana de todos los tiempos y hoy día es materia de estudio no sólo en la isla, sino a nivel del continente y de otras geografías.

Sorprende, otra vez el verbo y el adjetivo, la presencia femenina de Aida Cartagena Portalatín en este grupo. Su voz íntima y transgresora a la vez nos remite desde su primer libro Víspera del sueño, a una soledad y a una sombra que se dilataría aún en pleno sol del trópico con el tiempo:

 

Ausencia tuya nunca ha estado sola: tu recuerdo es el pasaporte de mis viajes.

 

Si tu ausencia fuera la ausencia de los otros,

y te presintiera como estrella lejana, vacilante,

entonces, no sería tu ausencia la ausencia,

sería el dolor de la muerte.

Si tu ausencia no se hubiera eternizado,

como una luz o una sombra,

yo no estaría ausente.

En un continuo viaje iría hacia ti,

persiguiendo tu presencia.

En este primer libro, la autora persigue la ausencia del otro, la claroscura presencia de lo que se ama. Decía el poeta chileno Gonzalo Rojas, ¿qué se ama cuando se ama? Aida nos da los oximorons de la luz y la sombra, de la presencia y la ausencia, y la ausencia de ella en su vida y en sus versos, será su permanencia. En su segundo libro, Del sueño al mundo, la voz trasciende desde ese deseo de lo personal a trascender a lo universal. Vicente Huidobro accionaba: ¿Por qué cantáis a la rosa?, oh poetas. Hacedla florecer en el poema; mientras que la poeta peruana Blanca Varela apunta:

A rose is a rose

inmóvil devora luz

se abre obscenamente roja

es la detestable perfección

de lo efímero

infesta la poesía

con su arcaico perfume

 

La rosa, ese leiv motiv para las floraciones lúgubres y sentimentales en el Siglo de Oro español, en el Romanticismo, en el modernismo y en el posmodernismo y en las sucesivas vanguardias hasta nuestro presente, puede ser tomada desde el hastío hasta el acto de llorar su muerte, así como los caballos lloraron la muerte de Patroclo en el poema de Kavafis. Aida Cartagena Portalatín no sólo toma la rosa como un motivo para llorar, sino también el trasfondo es la insensabilizacion y la deshumanización:

 

Hombres no han llorado

Porque caen los hombres

Cómo llorar la muerte de una rosa?

 

Recordemos también el hermoso cuento de Oscar Wilde, donde el estudiante buscaba irremediablemente una rosa roja y el ruiseñor para cumplir la rogativa, entrega su corazón a la espina de la rosa, desangrándose hasta dar el color escarlata de las pasiones, para finalmente la rosa, quedar olvidada o confinada al olvido. La detestable o admirable perfección de lo efímero o de la permanencia, he aquí el dilema hamletiano del ser o no ser y hubiese sido interesante la discusión entre

Aida Cartagena y Blanca Varela. En el mismo libro, en su poema Elegía Antillana, prosigue la alusión a las rosas:

 

Hay una cruz de mariposas blancas

En la acendrada soledad que traje desde Eva.

Hoy: estoy vuelta rosa de sal,

En el perfil de rosas

De mi rosal de islas.

 

La soledad, la fragilidad femenina, la vida, la muerte y la insularidad se reúnen en esta Elegía Antillana, como un ars poética. Si Virgilio Piñera, apuntó “la maldita circunstancia del agua por todas partes”, Aida, en su libro Mi mundo el mar, nos habla de esa insularidad hermanada y desbordada desde si en una prosa poética con fuerza, desgarrada, siempre desde su condición de mujer:

 

 

 

Querer hermano del mar, Aída tiene un sueño de hermanos, silencio de sueños, como el pensamiento manso que puebla los contornos de los calamares.

 

Y más adelante, nuevamente, la condición de mujer en el mar:

 

Si esa mujer que hace fugas al mar, que le gritan las trenzas, que se hiere los ojos por romper tu piedra, … dolida en sus intentos, … se quedaría en el llanto de una espina de tierra.

 

Chiqui Vicioso, poeta y crítica y gran estudiosa de la obra de Aida Cartagena Portalatín, sostiene: “Es importante señalar que ambas corrientes, la de la llamada “poesía pura”, representada por la Poesía Sorprendida … y la del movimiento de la joven poesía o de poesía de posguerra, consideraron a Aida Cartagena Portalatin como la máxima exponente femenina de la poesía de su tiempo, y de todos los tiempos, aunque ninguna de las dos escuelas poéticas puso énfasis en su poesía negroide… donde ella abarca no sólo la realidad de los negros u negras de nuestra isla, sino también de la población negra en los Estados Unidos.” En nuestro Panamá, poetas como Gaspar Octavio Hernández, aborda el tema de la condición de negro:

 

Ni tez de nácar, ni cabellos de oro

veréis ornar de galas mi figura;

ni la luz del zafir, celeste y pura,

veréis que en mis pupilas atesoro.

 

Con piel tostada de atezado moro;

con ojos negros de fatal negrura,

del Ancón a la falda verde oscura

nací frente al Pacífico sonoro.

 

O Demetrio Korsi en su Incidente de Cumbia, donde relata la trágica historia de Chimbombó, que arrebatado de los celos mata a una mulata por irse con un amante gringo:

 

Húyese hacia el Cauca el negro bravío

y otra vez la cumbia trepidando está,

pero se dijera que no tiene el brío

de la vieja cumbia de Pancha Manchá...

 

Es que falta Meme, la ardiente mulata,

y es que falta el negro que al Cauca se huyó;

siempre habrá clientela y siempre habrá plata,

¡pero nunca otro hombre como Chimbombó!

 

O nuestro Rogelio Sinán con su Candombe:

 

 

Zamba, zambé, zarabanda! ¡Mi perro, la luna y tú! ¿Por qué te pones tan brava cuando te llaman Chombita del Curundú?

 

Estos autores abordan la temática negroide desde lo personal, hasta lo humorístico y lo trágico cómico. En una gran antología, publicada por Ediciones Era en México en 1976, realizada por José Luis González y Mónica Mansour, titulada Poesía Negra de América, loable esfuerzo antologador y de investigación, por República Dominicana, aparecen los nombres de Francisco Muñoz del Monte, Domingo Moreno Jimenes, Tomás Hernández Franco y Manuel del Cabral y resulta curiosa la omisión de Aida Cartagena Portalatín. Siempre las antologías resultarán incompletas. La mencionada Mónica Mansour, en su prólogo sostiene:

 

“La trata de negros -injusta y cruel- fue un elemento importante en la conformación de las sociedades americanas. No sólo en el aspecto económico, su única causa, sino igualmente o tal vez aún más en la formación de sus culturas.

Igualmente, variado fue el impacto de su cultura sobre la que se iría formando. No obstante, existe un elemento común: el aspecto cultural que más influyó sobre esas sociedades fue la música, y con ella la danza y la poesía.”

 

Otoño negro de Aida Cartagena Portalatín, es un poema antológico. Representa la defensa de la negritud desde cualquier punto de la esfera terrestre. La muerte de cuatro niñas negras en Alabama, encoge la sensibilidad de la poeta quisqueyana:

 

 

¡Hasta la muerte llora las cuatro niñas negras!

¿Cómo habitar sus huecos?

Malvadamente muertas porque la muerte es propia,

otro no debe usarla.

Sus tiernos esqueletos levantarán su raza.

Con sus cabellos crespos se tejerán banderas.

Cuatro fueron las niñas en una iglesia muertas.

Antorchas inmortales sembradas en el Sur.

¿Cómo se escribe en Alabama l i b e r t a d ? pregunto.

Yo que lloro al árbol, al pez y a la paloma.

 

Su poema Cuando una mujer está sola se ha convertido en una consigna de la poesía feminista. Aida Cartagena Portalatín nos dice:

 

 

Una mujer está sola. Sola con su estatura. Con los ojos abiertos. Con los brazos abiertos. Con el corazón abierto como un silencio ancho. Espera en la desesperada y desesperante noche sin perder la esperanza.

 

 

 

Una mujer está sola. Sujetando con sus sueños sus sueños, los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.

 

Desde las Antillas y desde Quisqueya, su voz aguarda:

 

Viví en oscuro monte. Luego la tierra

Se llenó de la alabanza de aquel vientre

Cuando llegué a la vida en busca de corderos.

Cuando subí sobre los caballos,

Cuando subí sobre los carros,

Cuando subí sobre las piedras,

Cuando bajé a la raíz del agua,

O cubierta de harapos

La tropa de los mundos

Me descubrió en un canto.

 

Una poesía que esplende por sus referentes telúricos, cósmicos y en plena comunicación con la naturaleza. Una poesía legada desde varios libros como un archipiélago de perlas rituales. Un divino ajiaco que ha heredado todos los tubérculos de la creación. Hay que comer de todos esos árboles y si hay uno prohibido hay que hacerlo con el riesgo de encontrar a la poesía con pulpa americana como dijo José Lezama Lima. República Dominicana con sus mariposas y sus niñas negras. Su música de mangulinas extasiadas, merengues vertiginosos y bachatas de cristales melancólicamente quebrados en la noche del azúcar. El cañaveral que nos espera en esta y otra tarde; el larimar que es una gema que titila en la noche como una rosa de sal en los labios. Unos labios blancos, unos labios negros, unos labios mulatos para cantar. Y tras ese canto, femenino, unánime, estarán la princesa Anacaona y la poeta Aida Cartagena Portalatín, con sus verbos y sus poemas, mujeres de nuestra América, para nuestra historia y para nuestra cultura, alimentando el latinoamericano y universal areíto de los pueblos.

 

 

 

INSTRUMENTISTA & AYUDANTE 1, 2, ∞

Edgardo Theodoro L. Mantra

 

Lo primero es: invitarle a comprar un bisturí, lo segundo es: buscar un manual de anatomía, lo tercero es: leer este libro y preguntarse: ¿qué pasa cuando se mezcla lo etílico con lo clásico, lo luciérnago, lo femenino de un nombre (cualquier nombre), lo bestial, lo mitológico ≠ los dioses prehispánicos (el sol y la luna), el autoconsumo en sacrificios, el asecho, la observación perpetua que no te dejan ver en sus ojos los cetáceos, la vida como campo abierto, el campo como prisión, la introspección como celda siberiana, la eterna búsqueda del deseo pasando frente el versador, lo liquido de lo nunca obtenido y las biológicas sombras que se filtran entre líneas que se hacen presentes? ¿Por cosas como estas la intermite nostalgia y el reflejo de la muerte hacen mella en los brincos espiralicos del soneto, al poema libre y en catapulta al relato?

¿De dónde provienen los temas del Rodrigo Aldaco?

La penúltima vez que me encontré en un terremoto fui acompañado por el autor de este libro. Asumimos juntos la catástrofe, pero antes de la partida (de la tierra y de nosotros), me dijo, a punto de la distancia: ¿leerías mi libro?... y claro, yo dije: sí. Ambos nos mantuvimos de pie en el interludio de incertidumbre, alertas sísmicas, el caos y el adiós. Después, nos despedimos con las trepidaciones a cuestas. ¿Y luego? Él, ha cumplido con darme su libro y yo intento corresponder.

Conozco a pocas personas que tienen un objetivo claro en el desarrollo de su quehacer literario, y de ellos, menos son, los que se preocupan por trabajar sus silabas y acentos medidos (como en una cirugía) en búsqueda de realizar un acto fino y delicado. Más bien, creo que en los tiempos posmodernos, el verso libre se ha infiltrado hasta la medula, cosa que por contrario que parezca, desde mi humilde perspectiva, bloquea las posibilidades de la experimentación. Quizá esta idea sea absurda; pero, son temas en los que ya me he ocupado con Rodrigo, quien siempre se detiene a mirar libros, saludar y meditar; para luego escaparse con una prisa eterna rumbo al su hospital. Ahora, pienso en hacer una invitación a una versatilidad estilística, que irá poco a poco descubriendo el lector:

corrompiendo eufónicas almas ebrias / en el espléndido estallido que eres / nada hay más bello / a tus pestañas que guardan mi aliento / ante mi urgencia por embestir / mis aurículas ventrículos / subyugarla y ocultarla del mundo en un recoveco de mi núcleo / esta es la única cuestión natural en la que la presa elige al depredador / vivirás o morirás / el estallido de sangre y meteoro / masa andante y babeante que infecta lo que toca / oquedad / la letra es terrible y letal criatura / como ninfa buganvilia que hechiza la ciudad / tempestad de luces y corolas / sólo los perdedores podemos deslumbrarnos / dejo todo excepto el azúcar / mi sombra no me sigue / me arrastra hasta la pista / por no ser violento y contundente alarido /el bosco delirio de felicidad me abandona, y me inunda un frio cadaveroso / la torrencial lluvia que nos sorprende, ahuyenta a las últimas personas que aún observan / de tórax quebrado hasta la noche / de mis ancestros aprendía, que a la muerte no hay que temerle / pero hoy mi consciencia me arruina / porque algunas noches me cuelo en tus sueños / brindo por ti, con tragos de tequila y humo / imponentes redes de angustia y miedo / nada quieres de mi salvo mis líneas / y yo escupiendo los versos que mancharon el asfalto / precipitación de angustia por la aflicción causada / ¿cómo le digo que puede confiar en mí? / el agua brota en los ojos de todo aquél que siente / ¡de nuevo las deslumbrantes y caóticas luces! / ahí se dio cuenta de algo; que nunca había estado triste, y esto lo llevó a otro pensamiento, si no conocía la tristeza, ¿cómo podría conocer realmente la alegría? / tomé valor e impulso, y golpee con todas mis fuerzas / la oscura creatura que me compone, no puede evitar deslizarse en tu luminiscente ventisca / vesperal.

Versos propositivos, múltiples temas, visiones, reflexiones, mitos; son elementos que conforman “El Vórtice de la Penumbra”. Órganos de un cuerpo que no exime a la obra de contener una sensibilidad compartida, ya que, al avanzar la lectura uno se puede sentir identificado en situaciones y formas, lo que facilita la empatía con el joven poeta, que por su naturaleza, parece obedecer a la ciencias exactas, pero que poco a poco se va revelando con palabras que a uno lo dejan al descubierto. Títulos como: Licantropía, Helar de Anima, A Puro Hueso, Volada Atavismo, Perro Silencio, Vasos de Brandy y Vuelo Vesperal, van describiendo al animal interno que ha de aullar su sentir en este mundo tan fome. Han de salir los colmillos y la sangre como vino, para compartirnos los tragos de una necropsia asistida, y cada parte es seccionada por un instrumento quirúrgico que auspicia nuestro propio entramado de emociones. La presente lectura es un autoanálisis desde la mirada de la fiera, evoca a la bestia que habita detrás de las ventanas de su rostro. Así que querido lector, no me queda más que insistir en invitarle a leer y esterilizar su bisturí, para darle uso e indagar; para conocerse y lacerar el encuentro de su parte más temerosa, esa parte que nos une: lo visceral e incómodo de vivir domesticado por una cultura insensible: me refiero pues, a su malestar individual de estos tiempos modernos, a los que les hace falta más poesía.

Pd. Si persisten las molestias: Consulte a su Veterinario.

 

Edgardo Theodoro L. Mantra

San Jerónimo de Juárez:

“El Grande”, Guerrero.

a 20 de diciembre de 2017

 

Craquelado/ hacia una poética del taller de Ricardo Yáñez

Una mirada desde el taller

Por Isolda Dosamantes

 

 

Ricardo Yáñez, poeta, periodista, narrador y excelente conversador es originario de Guadalajara, lo conocí, por el año 2000 en Coyoacán en una lectura internacional bajo el sol de mayo, el poeta leía sus versos bajo un domo blanco junto a los poetas Federico Granados de El Salvador, Zonta de Costa Rica; abajo en el público estábamos Marco Fonz (ahora en otros mundos), Tanya, Julieta Cortés, escuchábamos los poemas, compartíamos ese calor que inunda los meses de primavera en la ciudad. Fue precisamente Julieta Cortés quien nos presentó y luego nos llevó al Covadonga a festejar la publicación de su libro, bebimos, reímos al son de la alegría, que en mi caso me deparaban los rones. Yáñez ha sido de muchos poetas de diversas generaciones de este país.

El trabajo de Ricardo ha girado alrededor de las palabras, como editor, fundador de periódicos, articulista, ensayista, colaborador, narrador, poeta y como tallerista. He comentado antes mis acercamientos al poeta, sin embargo, quien realmente me acercó al maestro fue Ignacia Muñoz, quién decidió formar un taller con diversos interesados en las letras. En aquella época, amante de la ciudad, venía esporádicamente a Tlaxcala, y en muchas ocasiones coincidían mis visitas familiares con el taller de Ricardo; era un gusto llegar a hogar del caminito de flores cultivadas y con olor a comida recién hecha. Tres características fueron definiendo al taller: la amistad, el compartir platillos, la creación literaria, con el tiempo el taller se volvió itinerante, se fue a Puebla a un foro de teatro; y actualmente vaga entre México, Tlaxcala, Oaxaca y Puebla, si mal no recuerdo. Ahí conocí a Ricardo Yáñez como tallerista, siempre ha sido un placer asistir, como a una fiesta a sus clases, y degustarlas, realmente disfrutarlas.

 

¿Qué es un tallerista? Quizá sea alguien capaz de transmitir a los otros sus avances, sus aprendizaje, o alguien a quien le gusta compartir, ser guía. No sé si estos acercamientos son una definición de tallerista, pero sí, es lo que Yáñez, entre muchas otras, ha sido para los aprendices de poesía, narrativa, dramaturgia, música, canto, dibujo y otras artes.

 

Y precisamente, Caquelado, me recuerda, me transporta a la sesiones del taller de Ricardo, en donde el poeta siempre deja un espacio para la reflexión sobre la poesía, las palabras y el poema. Así cuando abro el libro (dice Ricardo: Plaquet, digo yo: libro), me encuentro con una serie de premisas, tesis, aforismos y hasta sentencias, reunidas de tal manera, que me desbordan.

 

Recordando.

 

Los talleres de Ricardo inician, digamos a las doce del día, a veces hay música, o botanas; siempre reflexiones, luego taller, plática, se alargan las sesiones y terminan, por compromisos familiares, a las 9 o 10 más de la noche. Cada taller deja a sus asistentes con imágenes, pensamientos, dudas sobre el quehacer creativo; de la misma manera,  muchos párrafos al que nos enfrenta Craquelado, nos puede dejar rondando una idea, por tiempo indefinido.

 

En este libro, algunas veces sonreímos con sorna pues nos acerca, con esa magia de la ironía, a casos o momentos específicos, como cuando dice:

 

“El lector es el fantasma del libro”

 

“Amor propio hay que tener, mas no a la hora de escribir; a la hora de escribir hay que tener amor por los demás”

 

“Si no mides tus silencios, ¿cómo podrás medir tus palabras?

 

“—Soy lo que la poesía hace de mí.

—Pues ya déjala. Por lo que se ve, nomás te maltrata…”

 

Si bien es cierto, Craquelado, aborda como eje central la creación en sus diversas manifestaciones, y su poética; es también un fruto de los talleres que imparte el maestro, sin embargo estos talleres, o al menos el Taller Itinerante, que es al que me he acercado (he de confesar que más que como una alumna ejemplo, como una aprendiz cometa); se convertía en momentos, en más que un taller artístico, en una comunidad de creadores, llegando más allá de la búsqueda hacia el buen verso, o excelente frase, o el tono de la nota musical, o la transmisión de alguna emoción, esta comunidad de creadores, junto con Ricardo, es una especie de taller para la vida, y así, en el libro que nos ocupa, existen aforismos, reflexiones, iluminaciones (no quiero encajonar esos momentos de luz al que nos lleva Yáñez), pues además de ser útiles en un aprendiz artístico (que todos siempre todos lo somos), son útiles en cualquier ser humano pues nos habla, sin sermones de valores universales, de aprendizajes que la experiencia le ha brindado y nos comparte, sus reflexiones, sus vivencias filosóficas:

 

“Aceptar con sencillez, la sencillez no es asunto sencillo”.

 

“Ser feliz es fácil, pero cómo cuesta trabajo”.

 

“No te exijas ser feliz, pero procura estar contento”.

 

Quiero finalizar diciendo que el poeta Ricardo Yánez, además de haber recibido importantes reconocimientos por su obra poética, ha sido el creador de una metodología interdisciplinaria de talleres de creación artística y que este libro: craquelado /hacia una poética del taller es un testigo fiel de su entrega en la formación de creadores artísticos a lo largo de país. Es un libro que, al tenerlo entre nosotros, se convierte en una herramienta indispensable, que no debe faltar en la biblioteca personal de poetas, narradores, dramaturgos, ensayistas, músicos, artistas plásticos, bailarines; de todos los creadores de arte, pero también de todos los que disfrutamos de los libros escritos con maestría y sentido del humor.

 

 

Craquelado, Mantra, México, 2018.

 

 

El asidero de la memoria

( MARCA DE AGUA DE MARTHA FAVILA)

Por HOMENIC FUENTES

 

El reflejo es una propiedad de las sustancias líquidas, nosotros somos análogos parciales del agua, que a su vez es sinónimo total del tiempo  y el tiempo fluye como el agua, pero  también lo diluye todo.  MARCA DE AGUA poemario de Martha Favila de la coleccion "hilo rojo" nos muestra un dilatado paisaje donde los elementos del agua , el fuego y el viento  cimientan un largo camino hacia los abismos  de la memoria. En el tiempo, la poeta tiene un diálogo con las cosas y consigo mismo en la experiencia de la pérdida, en la experiencia de la deuda. El tiempo es el problema , es aquello con lo que está constantemente en contacto sin saber qué es, como un interrogante que no se soluciona. El poema no surge como posible respuesta, como resultado de una contemplación, ni mucho menos como una teoría o una hipótesis de la soledad existencial. sino que es la marca de agua donde la poesía eterniza una poética terriblemente amorosa.

 

 

4

Nos tocó

estar separados

por el tiempo;

 

nadie, ni yo, acepta

la distancia:

 

ventana sellada

que revuelve los malos humores

en el interior del cuarto,

 

que sólo permite,

a través de vidrios empolvados,

perderse en lo inalcanzable.

 

 

 

En realidad, la vida interior,  es inabarcable e incomprensible; no podemos captarla, no podemos conceptualizarla es la vida originaria de la psique, que sólo puede ser vivida. La explicación racional sólo puede alcanzarse a través de la intuición. Para la  poeta, la distancia no es sólo dolor y suplicio que provoca la ausencia, martirio o calvario , sino un elemento efectivo y total de contundente seguridad y supervivencia ,es una necesidad urgente para escapar de la muerte.

 

 

15

Déjame rezar por ti, pedir al cielo

que Dios te acompañe.

Me voy de la historia, salgo de cuadro,

me voy sin hacer ruido,

para que cuando lo notes

ya no sientas nada.

 

 

 

La poesía de Martha Favila se caracteriza de manera muy particular por aludir no sólo al hecho amoroso, sino también a todo lo que de alguna forma la acerca y la aleja de lo amado. La imagen que prevalece es la del agua, el cual lejos de destruir construye. Los elementos opuestos se acercan en lugar de abismarse: sol, luz y calor  y viento aparentan oponerse a la noche, lo oscuro,  cuando en verdad son el complemento imprescindible de toda relación,

 

12

Levanto los brazos

 

son dos flechas que apuntan

a las nubes de lluvia

 

son dos chorros de agua

de dos fuentes gemelas

 

que enarbolan la camisa blanca

 

Azotea que me acerca al cielo al mar

cuando la ropa tendida

 

velas infladas por los vientos alisios

parece que llevara la casa

a nuevos mundos.

 

A lo lejos el cerro verde

vivo

 

en las casas de enfrente

inicia el ritual de la luz

el ritual de la merienda

 

Yo espero a que aparezca la luna

luna menguante

 

que alguna vez llegó a mi costa

iluminando el interior

de una botella.

 

 

Hacerse mayor es reconocer la tristeza que oculta un rostro. Esa consciencia de uno mismo, de los demás y de nuestro lugar en el mundo,  no es otra cosa que adquirir conocimiento. COMO UNA MARCA DE AGUA busca en la transposición del dolor un plano de perfección estética. Los ojos de la poeta inevitablemente abiertos como un párpado violentamente levantado a la fuerza ven un mundo atroz que descompone todo. La angustia de ver a lo vivo muriéndose incesantemente:

 

5

Un bordo, un bache

y aquel accidente divino

nos arrojó lejos

para que no nos conociéramos

a tiempo.

 

Si esto no hubiera sucedido

seríamos los primeros

de felicidad entera

y quizá, también,

hubiéramos conocido

el rechazo de los otros

sin acceso al paraíso,

 

como el de aquellos que no soportan

la belleza de las flores

y las ven morir

lentamente

en el centro de la estancia.

 

 

La poeta sabe bien que el único instrumento que conoce para revelar y rebelarse es el lenguaje, es así que nos encontramos con una poeta de mirada limpia, abarcadora, Detiene el tiempo  se abstrae hasta alcanzar una voz plena y distinta, original. La poeta no puede desasirse de la  mujer que la habita y en ese contexto vuelve a los orígenes.

 

1

Despierta bajo la piel

la sensación antigua

                                      la primitiva

la incontrolable.

 

 

Fruto maduro

en toda la belleza

                                     y la ternura

de lo en su punto.

 

La memoria ha llegado a convertirse en el único asidero del yo, Muchos son los recuerdos que se desvanecen para siempre en los abismos del tiempo, saberlos irrecuperables anega de añoranza y melancolía al escritor La lucha contra el poder destructor del tiempo la angustia de no poder detenerlo y pensar que la vida, en un

momento dado, empieza inexorablemente su cuenta atrás no detienen a la autora de este poemario en el olvido. la poesía la sustenta hacia un espacio infinito

 

 

16

Una red de mirada

mantiene unido al mundo

Roberto Juarroz

 

Una red

                          abraza

el mundo.

 

Tejida de pensamientos

                                 brilla

si se mira

                         desde lejos.

 

Entre ese orden

                         en desorden

de hilos de luz

                          te encuentro.

 

No sé cómo funciona

la certeza es

                         que esos cordeles

se conectan

y las memorias

                      las alegrías

las tristezas

                                             las risas

se entrelazan

                          se mezclan

 

en esa red que nube

                              nos envuelve y hace

que nos encontremos

                                       por instantes

en otra línea de tiempo.

 

 

 

Este libro está lleno de ecos, de presencias que siempre acaban de abandonar una estancia a la que siempre llegamos tarde. Lo que ocurrió queda grabado como una marca de agua.Y es ahí cuando comienza el inventario nostálgico y hermosamente triste de todo lo perdido. Sólo eso nos reconcilia con el tiempo.Es difícil poder soportar tanta ternura sin cierta conmoción, ver cómo la voz poética cuida a través del tiempo esa misma ternura, en medio de una noche que parece no tener compasión de quien una vez floreció a la luz y que también en la soledad busca el abrazo:

 

8

Mi amigo sonríe

pero me teme,

cree que esta carne y estos huesos

son de otros confines,

que tienen algo que los de él

no tienen.

 

Mi sarcasmo lo desconcierta,

el dolor que éste revela

no lo cree,

él cree que darse cuenta

trae felicidad,

 

que soy feliz porque puedo

garabatear estos versos

y se aleja

 

y yo lo miro, lo huelo

dejando

ese aroma a yerba recién cortada

 

miro la ligereza de su paso

como meciéndose en el viento

y mi corazón se hace pequeño.

 

Él se va triste,

yo me quedo triste,

con la tristeza

de un potro

huérfano que me galopa

dentro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

la literatura es ante todo oficio de solitarios y un instrumento para soportar el

paso del tiempo y entender la vida; COMO UNA MARCA DE AGUA de Martha Favila es  un ejercicio poético que ahonda en la sensibilidad del espacio-tiempo. asegura no solo la supervivencia de su espacio, sino de todo su territorio

 

 

2

Una vez fui salvada,

quien me salvó nunca lo supo

 

nunca que su huella

quedaba

                              como una marca de fuego

                              como una marca de agua

 

Tuve razón de ser

                                                  aquella vez

el paréntesis se volvió pasado

                                                      agradecí

y empecé a cantar de nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

Palabras reconstruidas / entrevista a Rocío Cerón /

por Lourdes Castañón

 

 

 

Era 11 de febrero. Ese día había llovido y en el aire se respiraba la tierra mojada de las numerosas jardineras que rodean la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda del Centro Nacional de las Artes de la Ciudad de México. Llegué puntual a nuestra cita. Entreabrí la puerta del Salón de Usos Múltiples. Ahí estaba ella, impartiendo un taller de poesía. Gentilmente me hizo pasar. Adiviné un ambiente rebosante de entusiasmo entre profesora y alumnos. Me pregunté en ese momento qué relación guardaría la poesía con las artes plásticas. La respuesta llegó a mis oídos como olas de mar. Ahí entendí todo. Y es que la poesía de Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) es eso: versos que se antojan viajeros y se transportan hacia otra dimensión. Al terminar su sesión nos fuimos a las bancas exteriores y así empezó nuestra plática:

 

¿A qué generación perteneces?

 

Por nacimiento, a la de los setenta. Pero hay algo más que nos une. No sé si en la cuestión de tratar de llevar la mirada del autor hacia otros lados. O se había perdido o no estaba presente, por lo menos en la generación que nos antecedió. Recordemos a Octavio Paz y su interés por lo visual, por la mirada y por esos ejercicios de caligrama. Él tuvo su momento de exploración y experimentación en el sentido de la poesía con otras artes. Mi generación, a ese respecto, está no con el peso encima de lo que fue Paz, pero sí con una apertura a leer y observar otras experiencias poéticas no necesariamente desde la literatura sino desde otros medios. No es gratuito que a nuestra generación le interese un autor como Ulises Carrión, muy conocido en la literatura pero también en las artes visuales. De hecho, a él lo conocí por mi cercanía con las artes visuales no objetuales y regresé a él por la parte poética. Mi generación tiene un interés en llevar la poesía hacia otros temas, espacios y territorios. También nos caracteriza la multiplicidad de voces, de formas y de acercamientos a la poesía.

 

¿Qué poetas son contemporáneos tuyos?

 

Curiosamente la mayoría son autoras. Eso habla de una sensibilidad y de una búsqueda no por el género sino por una cercanía con el cuerpo. Por ejemplo, Mónica Nepote, Amaranta Caballero, Julián Herbert, León Plascencia. En el caso de Julián, él tiene una banda de rock y en el caso de Plascencia, él se dedica a las artes gráficas y pintura. En otras palabras, es una generación caracterizada por la apertura hacia el cuerpo, a lo performático; a trabajar en colaboración con artistas, con la exploración de lo digital. Eso pasó en algún momento con Gabriel Macotela que hizo un proyecto llamado Babel con video, música y texto. Fue una experiencia increíble porque yo era muy joven. Ahí fue donde vi esta parte interdisciplinaria. No era una obra de teatro, más bien una puesta en escena abismada en algo que no tenía pies ni cabeza pero todo sucedía y confluía en el mismo tiempo. Pienso que hoy día, todas las plataformas digitales te permiten que el poema se expanda a muchas otras áreas.

 

¿Cuál crees que sea tu lugar dentro la literatura mexicana?

 

Yo lo único que he hecho es producir. Sé que estoy en un lugar descolocado e inestable. Los puristas de la poesía no entienden esto que hago y que llamo acciones poéticas, de performance, es decir, llevar el poema hacia todo eso. Tampoco entienden por qué el poema se desestructura y se vuelve otra entidad distinta a la que está en el libro.

 

¿Qué características sociales y religiosas hay en tu obra?

 

Un lector atento encontrará cosas muy marcadas desde Basalto (Ediciones sin nombre/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Difocur Sinaloa/FOECA, 2002) hasta Borealis (FCE, 2016). Hay una escena bíblica donde Jacob se pelea con el ángel y le descoyunta el fémur, lo renombra Israel. De ahí viene toda la idea de las tribus y del pueblo de Israel que tiene que ser rebautizado. La poesía, en ese sentido, es una lucha contra el ángel o duende en esta búsqueda de renombrar el mundo. Es una metáfora de lo que el poeta hace todo el tiempo: descolocar las palabras y recolocar el sentido que lleve más allá de sí al lenguaje, a las percepciones, al sentimiento y al pensamiento. Ahí está la cuestión religiosa. Reconozco que es una parte judeocristiana porque de ahí vengo. Por ejemplo, mi poemario Basalto está escrito casi en versículos. Respecto a características sociales, siempre he tenido interés en hablar sobre la violencia y la guerra pero vista esta última desde lo minúsculo. La guerra empieza cuando en el padre, la madre y los hijos se suscitan envidias y deseos, como en la Biblia. Caín y Abel pelean por el amor del padre. Uno mata al otro. Entonces, este tipo de escenas, más allá de su sentido religioso y del punto de vista de los católicos, expone la podredumbre y belleza de la condición humana. Sí, mis poemas abordan el aspecto social pero no en un plan contestatario. Yo pienso que todo poema es político.

 

¿Cómo fue que tu obra se tradujo al sueco, al finlandés y al alemán?

 

Los poemas hablan de la migración, de lo que significa migrar. La mujer que migra, lo cual significa hacer cuerpo y tierra en otra que no es la tuya. Tienes que ir cambiando y te vas reconstruyendo para hacer historia. En ese sentido, Tiento (UANL, 2010) habla sobre la memoria y la recuperación. Aunque tengas otro nombre, otro apellido y estés en otra tierra, siempre tienes un punto de partida. Tiento comienza en Belgrado donde el padre muere, así que la madre y la hija vienen a América Latina. Está narrado desde el punto de vista de ambas y a partir de lo que ellas tienen que hacer: cambiar de apellido, de formas y de estructuras. Entonces, el libro regresa a Europa traducido al sueco y al alemán. La parte central del poemario llamada América está traducida al francés y una parte al turco. Por otro lado, Ulrika Ferlig y Simone Reinhard estuvieron presentes en algunas lecturas que di. Ambas son traductoras. Leyeron algunos poemas y me dijeron ‘nos interesa publicar tu obra’ e hicieron todo el proceso de traducción.

 

¿Quiénes son tus influencias?

 

Mi gran perversión poética es el poema nación que tiene un eje fundante en el lenguaje, en sus formas y en sus estructuras. Es un microcosmos donde todo gravita y tiene movimiento. En otras palabras, todo se condensa en aquél. Ejemplos: Primero sueño de Sor Juana Inés de la Cruz, Muerte sin fin de José Gorostiza, El cementerio marino de Paul Valery. Todos estos poemas tienen movimiento interno, gravitación interna. En la parte plástica tengo influencia de Francisco Goya, Francis Bacon y Lucian Freud. No es que no existiera una influencia poética, más bien va en paralelo con la parte visual, con lo que miro y lo que escucho.

 

¿Por qué en México no es tan fácil encontrar obra tuya?

 

La distribución de mi obra poética en México es mínima. Por otro lado, me interesa que mis libros salgan en el formato que yo quiero. Siempre he sido especial para ver dónde se van a publicar. He tenido la fortuna de contar con cómplices como la Universidad Autónoma de Nuevo León. En mis publicaciones se incluyen partituras y fotos. Mi proceso de escritura se ha venido dando con otros soportes.

 

Hablemos de tu poemario Diorama ¿Por qué el título?

 

Nació pensando en la idea del teatro del mundo. Es una idea sobre la memoria y cómo haces que ésta recuerde y codifique al orador para crear esta concepción del mundo y del discurso. El gran teatro del mundo para mí seguía siendo visible. El diorama es una imagen. Lo que hacemos ahora son dioramas desechables: las mismas escenas, incertidumbres, dudas; los mismos cuestionamientos y miedos; las mismas cosas terribles y bellas de la condición humana, pero sólo cambian los decorados y las vestimentas. Cuando estuve en Holanda y vi un cuadro de El Bosco, era exactamente igual a lo que había visto en un parque. Lo único que cambiaba era el vestuario y la gente. Nos repetimos como una mala broma y vamos creando derivas o versiones de nosotros. Diorama (UANL, 2012) habla de eso y del ruido sordo de las cosas que no queremos escuchar, decir u oír pero que están ahí en la superficie como una especie de estática. Habla sobre las simulaciones, los decorados y la falsedad. La primera parte es un homenaje a Trece maneras de mirar un mirlo de Wallace Stevens, es decir, cómo miramos a partir de un mínimo punto, un residuo o gesto que se abre el mundo.

 

¿Hay unidad entre los poemas de Diorama o son totalmente independientes?

 

Sí, hay una repetición de ciertos versos que son los goznes y las articulaciones. Me gustan los goznes que se dan entre cada sección. Tiento es caudaloso. Entre cauda y cauda se encuentran estos enclaves en movimiento. En Diorama hay un cierto sonsonete, balbuceo poético o música de fondo que hermana todos los versos. Esto hace que todo el libro tenga unidad sonora que permea todo el libro.

 

¿Qué pasaba por tu mente al momento de escribir Diorama?

 

La primera sección fue articular la mirada. Específicamente, en la primera parte, colocarla en un punto que de pronto se abre a la imagen de la ballena muerta en el acuario. Son como estallidos de muchas imágenes que están ahí y van articulando un discurso visible. Todo está lleno de experiencias de vida muy concretas y de reflexión cuando en la parte del bar el tender dice ‘¡Ay, madre mía!’. En efecto, eso me sucedió. Fui a presentar Tiento a Nueva York. Estaba lloviendo y me metí a un pequeño bar. Todos era güeros y el ayudante de barra morenito y chaparrón. Entonces me dirigí hacia él y de pronto sólo dijo ‘¡Ay, madre mía!’, como cuando uno suspira. Ahí entendí que la lengua es un refugio. Entonces, yo quería destacar esa experiencia.

 

¿Entonces Diorama es algo vivencial?

 

Es algo que escucha a la gente en las calles o en el metro; ese ruido sordo del que todo mundo sabe pero nadie quiere decir. El disimulo, para no querer decirlo frontalmente, está cargado de imágenes y poses atravesadas por estas figuras como la mujer que aparece y que se va enrollando la piel, la Baden Baden que florece, está ahí y va contando. También está la cardencha que quita lo sobrante. Es una asociación de imágenes y el resultado es Diorama. Un día fui a una exposición fotográfica y a la vuelta vi un nicho donde estaba el ave penumbra y me dije ‘esto es el diorama perfecto’. El ave penumbra se compone del pájaro azul presente en nuestros cuentos de infancia, el pájaro de la libertad cuya cabeza estaba empalada. Entonces le puse Sonata mandala al ave penumbra y empecé a escribir el poema. Para ese tiempo estaba escribiendo sobre los residuos y todo lo que vas dejando del universo. El libro también es profundamente biográfico. Hay muchas cosas de mi familia plasmadas ahí.

 

Háblanos más de esa ruptura de las palabras en Diorama

 

Si te fijas, encontrarás algunas seguidas y sin comas, precisamente por la música y la provocación. La imagen en la cabeza del lector es el largo enunciado. En el caso de los árboles, se crea un solo cuerpo. Es también cuestión de placer. A mí me causa placer carnal. Cuando yo digo bonarda, que es una cepa, siento la salivación, la bonarda de las uvas. Cuando yo decía fresnosahuehuetesbababs sentía esta acumulación, todos estos árboles en mi cabeza. Lo que quiero provocar en el lector es esa ruptura. Todo eso suspendido en un instante específico. En cuanto a las palabras separadas silábicamente, tienen la intención de marcar y desmarcar la palabra o rematizarla de alguna manera. Todo eso va conformando ese diorama sonoro que es mi lectura del mundo contemporáneo, de esa América Latina.

 

Hablemos de tu poema Enfrentamiento.

 

Imperio (Ediciones Monte Carmelo, 2008), poemario de donde viene Enfrentamiento, tiene varias vertientes. El libro nació de una frase de Takfir wal-Hijra, el pensador de Al Qaeda. Digamos que es la parte teórica y poética, sobre todo la guerra y la fe. El gran problema es la fe, pero también es una cuestión de ‘hermanos’. Si te das cuenta, el cristianismo, el judaísmo y el islamismo se la pasan peleándose desde hace miles de años porque lo único que cambia son las traducciones. Eso mismo lo trasladé a una familia: papá, mamá y tres hermanos. La única que sabe qué está sucediendo es la mamá. Cuando ella está condimentando la carne dice ‘la guerra nace del hambre, no importa de qué’ y en verdad, la guerra nace del hambre de la tierra del otro, del cariño del padre, hambre de muerte o de lo que sea. En el poema Enfrentamiento están las imágenes terribles de lo que sucede ahí, del cuerpo, de la violencia y ahí están las palabras, como si las hubieran levantado de los escombros de una guerra brutal o de la muerte. Es un poema terrible.

 

¿Qué fue primero? ¿El lenguaje o las imágenes?

 

Primero el lenguaje, luego las imágenes. Mi abuela fue una especie de Sherezada. Oyes una palabra y se abre un campo mental. Ella iba contando y yo pensando imágenes como caricaturas. No es primero la imagen, más bien es el lenguaje que ya tiene esta parte sonora, visual y táctil pero no lo entendí hasta después. Primero tuve que estudiar historia del arte y consumir el mundo de manera visual, sonora, corporal y performática hasta entender que todo eso ya existía en el lenguaje. Y entonces, me dediqué a escribir y empecé a negar mi pasado como artista visual. Me di cuenta de una necesidad imperiosa: sacar al poema de la página escrita. En texto era muy corto y se habían olvidado otras cosas como la voz y el video. Así empecé a hacer acciones poéticas.

 

¿El lenguaje es un personaje en tu obra?

 

Es la materia prima. Yo no hago más que escribir. Lo que pasa es que esa escritura se condensa en el lenguaje y luego empieza a desplazarse a otras plataformas. Comienza a transcurrir y a dialogar con otros lenguajes artísticos. Amo los libros, la literatura y el lenguaje. Mi casa está construida con palabras. Mi casa es el lenguaje.

 

Como poeta ¿mueres en tu obra?

 

El texto desaparece y reaparece de otra manera. Me interesa más la experiencia sensorial y multiperceptual de lo que sucede. No me importa por qué muere el autor en lo más mínimo. Yo me vuelvo intérprete de ese poema y al mismo tiempo creadora de algo más. A mí no me importa matar al poema y revivirlo porque se estructura de otra forma. Conozco sus deformidades y errores. Lo puedo accionar y expandir en el espacio. Por eso, cada vez más voy por lo sonoro que por la imagen. Usar luces y estrobos es tan poderoso que sólo necesitas la voz. El hecho de que tu cuerpo se vuelva la metáfora creadora que vivifica o acciona al poema es increíble. El cuerpo resuena, se vuelve un campo de energía. Yo, que he trabajado con la potencia de la corporeidad, me interesa más eso y la voz humana.

 

Entonces ¿Qué pasa con el poeta?

 

El autor no muere. Más bien se transforma, como la energía. Tienes que ser muy generoso porque hay gente que te dice ‘no se escucha tal cual lo escribiste’ y no es así. También me dicen que no entienden. No me importa que no entiendan. La percepción y la experiencia ¿Qué te dejan entre lo visual y lo sonoro? En la realización de las acciones la gente se involucra, llora sin entender cabalmente qué acaba de escuchar. La palabra encarna en el cuerpo del otro pero también encarna si lo lees. En esa lectura del poema donde no está el cuerpo del autor, también hay una lectura. Hay gente que sí le gusta y dice que el poema no es el mismo que leyó. Depende del espectador, de la percepción del lector.

 

 

LUBRICANTES

poemario del escritor Uriel Martínez

"Una viscosidad que estimula"

 

Eriko Stark 

 

 

 

A finales de noviembre del año 2017 se terminó de imprimir el nuevo poemario del escritor Uriel Martínez. Lubricantes es un acercamiento íntimo a la historia de la vida de cualquier persona y sobre todo, el acercamiento a los pensamientos íntimos que nos acompañan a lo largo de nuestra vida como una segunda persona que interactúa con nosotros. A lo largo de 69 poemas —Número más acercado al equilibro entre dos personas cuando tienen sexo oral, número que representa del signo de Piscis y también el Ying y el Yang— distribuido en siete capítulos que ayudan a descubrir faces, personalidades integradas dentro del mismo autor.

Lubricantes, como su nombre lo dice, es la sustancia que ayuda deslimitar o quitar la áspera o dolorosa fricción entre dos cosas, también ayuda al cuerpo brindándole de una viscosidad que estimula a llegar a lugares tan desconocidos, alguno de ellos sería el orgasmo; sin la existencia de lubricantes, la penetración anal sería un acto de dolor y transgresión pura.

Esta metáfora del líquido que ayuda a cumplir ciertas funciones corporales y mecánicas tiene mucho que ver en la poesía. Cuando se leen los poemas, leemos historias inconclusas, historias que no terminan o son pequeños prefacios a los cuales les vamos a dar un empujón imaginando atmósferas con imágenes muy claras y otras veces poco nítidas.

Es importante reconocer que la obra de Uriel se sitúa en el cotidiano de una forma fuera de lo común. Cuando se reseña lo cotidiano como algo sorprende o que no le tomamos importancia debido a la repetición, sabemos que eso es una mentira. Uriel demuestra que lo cotidiano no existe, cada día y cada acción está plagada de diferencias, incluso la repetición es diferente. Cada poema habla sobre un tema distinto aunque puedan encasillarse en conceptos como la noche, la deterioración del cuerpo, el tiempo o la vejez; cada verso tiene su propio núcleo e historia con suma intensidad y pasión.

 

***

 

A finales de diciembre conocí a Uriel de una forma muy extraña, estaba sentado en una pequeña banca afuera de un Oxxo, vestía de ropas oscuras y tenía entre sus manos el poemario que leí con sumo cuidado. Fuimos a una librería Gandhi a revisar las ofertas, el tiempo corre diferente en otros Estados, había pequeños sillones y sillas para tomar café y poder revisar los libros con más calma, recuerdo que compró una obra de Fernando Pessoa y un par de películas. Comenzamos a platicar de diversos temas, pero era importante escuchar parte de su pasado cuando vivió en la Ciudad de México y la relación que tuvo con otros autores. El tiempo me ayudaría a entender el carácter fuerte y a veces ácido que representa su persona, mucha de su poesía tiene fuego y dolor, mucho dolor, tanto que es posible sentirlo en nuestros cuerpos.

Todos los días lee poemas y reseña en su blog, el número de entradas es incontable, casi nadie lee su portal, pero es una verdadera enciclopedia de la poesía LGBT en México y Latinoamérica. Después de charlar caminamos y terminamos en el Centro comiendo en un restaurante, poco a poco pude abrirme y confesarme, la situación que vivía en la ciudad me estaba agobiado por las noticias que vivíamos, pero pude darme cuenta de muchas cosas. Nos despedimos y supe por un momento que la vida gay siempre será diferente, pero existen oficios como la escritura que ayudan a reconciliar.

 

***

 

Leer Lubricantes es la reconciliación de las personas personas con el mundo y enemas, un puente a los sentimientos; es un libro que debe llegar a la esfera pública porque a diferencia de otras obras, esta clase de libros tiene la particularidad de quedarse en la mente. Los invito a leerlo, a dejarse llevar por las historias e identificarse con algunos escenarios, y también a darles un epílogo a estos poemas.

Me despido con uno de sus versos.

 

 

LA PERRA

 

La perra del segundo piso

llegó a la hora del ángelus,

por quinto mes consecutivo

portó entra una y otra oreja

un moño rosa desleído;

me pidió un gesto de buena

vecindad y le acerqué

un hueso salvado del basurero;

la perra y yo somos amigos

a partir un piñón desde

aquel entonces que compartimos

galletas Emperador de chocolate;

era una tarde soleada

de junio, cuando empiezan

las amistades duraderas

y fincadas en la honestidad;

ella sabe que somos

semejantes de pocas pulgas:

que se beba o no la leche

que le alcanzo, el hueso duro

de roer que soy o la galleta

integral, seremos amigos

aquí y ahora, allá y después.

 

 

 

 

Los hombres zanate en el Ritual de los olvidados

Hubert Matiúwàa

                                                                                                                   

“Mi gente quiso ser ave un día, /por el simple placer de volar sobre las nubes, /pero tardaron en decidir /y llegaron los buitres, y con sus filosos picos, /lastimaron al viento y le cortaron la cabeza.” Martín Tonalmeyolt  poeta nahua de Atzacoaloya, Guerrero, tierra donde los Ardillos y los Rojos han acorazado la nostalgia como costumbre, donde todos los días la tierra abre su vientre para recibir a sus hijos, aunque no sea su tiempo, las familias son desplazadas y las mujeres levantadas para ser violadas sin que nadie diga nada; “En las calles la moda es andar /con algo reluciente en la cintura. /Los más pequeños son muy aficionados a esa moda /y, por eso, algunos padres sacan a los hijos de sus casas.”

 

El Tlalkatsajtsilistle  ‘Ritual de los olvidados’,  título que da Martín a su primera obra poética,  nace del dolor de los sin cabeza, los sin brazos, los sin pies, tema relacionado con la inseguridad, que ha cobrado a muchos inocentes, el libro se circunscribe en una poética que toma desde la visión de los pueblos originarios la temática de la violencia generada por el control del opio, en ella encontramos animales de la memoria oral que se han transformado en seres carniceros, como los pájaros zanate,  para referirse a los hombres encapuchados que rondan el pueblo.

            Nuestro idioma es dinámico renombra el dolor desde el ojo en que mira el mundo, lo nombra para dejar testimonio  y sembrar la memoria en corazón de sus hijos, la palabra de Martín  florece de la muerte para cuidar la vida, demuestra a través de la metáfora las heridas que han producido estas aves de rapiña a nuestros cuerpos. Martín es otra ave, descendiente de un pueblo con cantos milenarios, como él dice;  “desde mi origen, he traído pegada  en la garganta un ave colorida y de bello plumaje que, según me dijo mi madre, voló y me dejó su canto.”

 

 

Chilapa es el escenario de la cacería, la tierra de los olvidados, los hombres zanate ofrendan gusanos y balas a la palabra, no hay secretos, el miedo ronda con su pico de acero: “Las veredas que pisas tienen sus espías /llamados hombres-viento, /mujeres-abuelas /y niños-flores,”. Al padre de Martín le preocupa el cambio de oficio de sus hijos:

 

“Mi padre está cruelmente molesto, /derrama amargas lágrimas. /Quiere arrancarse los ojos /y enterrarlos bajo tierra. /Reniega mirar a la calle /porque sus competidores /son más sangrientos que él, /hacen trizas a sus propios hermanos, /mientras que él /sólo lo hace con los marranos./ Por ello, /el corazón comienza a enfermársele. /Se le forman sismos en todo el cuerpo /porque, mañana o pasado, /sus nietos pierdan la vista /y lleguen a ser /carniceros.”

 

Martín escogió caminar con la palabra, para que a través de ella, miremos como ha cambiado su pueblo, por eso escogió ser poeta en el lugar más violento de México, ser poetas en estos tiempos significa: “Ser hombres, llevar en nuestro propio trabajo el sufrimiento humano, significa hoy, sobre todo, ser los intérpretes, los jueces, y si es necesario, los acusadores despiadados de nuestro tiempo. Porque la voz del escritor es una, pero la sustancia de su voz, su móvil, su justificación, son todos aquellos que lo circundan y lo inspiran”. (Russi, 1967.)

La violencia en Guerrero tiene sus propios matices, lo que con el tiempo alimenta trabajos como el de Martín, tan acostumbrados como estamos a una sociedad en donde los diarios publican imágenes de cuerpos mutilados, cadáveres, enfrentamientos armados en todos los Estados de la Republica, se hace necesario nombrar las palabras para que sean aves mensajeras, como ritual nos liberen del olvido y de la muerte.  “No es lúcido ver una ciudad antes tan religiosa /llena de artesanos y campesinos /la cual hoy es invadida por tanques de guerra /y hombres con rostro de zanate.”

Nuestra palabra jamás la podrán ejecutar, hacerla pedazos, colgarlo en los puentes, nuestra palabra seguirá encendiendo las velas para que regresen nuestros desaparecidos, seguirá siendo manantial para nuestros hijos, que un día levantarán nuestra sombra del miedo, desterrarán de nuestra tierra a los hombres zanate. Como bien lo precisa Martín, “Cuentan que a mi lengua náhuatl /le han cortado la cabeza, /amarrado los pies /y vendado los ojos. /Yo, un hombre de Atzacoaloya, /mostraré lo contrario, /ella tiene cabeza, /goza de pies ligeros /y una vista inalcanzable”.

            Martín es uno de los escritores que en México han llamado “la nueva generación de poetas indígenas” ante esto,  es necesario llamar la atención:  Que nos dejen de llamar escritores en lenguas indígenas, que nos dejen de enfrascar  en ese concepto de índole clasista y racial, somos poetas que escribimos desde una filosofía y poética propia, como cualquier cultura del mundo, escribimos la realidad cotidiana de nuestros pueblos y exigimos el respeto a nombrar y que sea nombrada nuestro idioma como debe ser, en su lenguaje original. Somos consecuencia de los poetas que nos antecedieron, para nosotros solamente hay un camino en la que cada tiempo tiene sus relevos, en donde cada historia vale por que hace crecer nuestra voz en colectivo, no enterramos a los que nos anteceden, somos parte de una sola voz que desde un principio se negó a morir y buscó cobijo en cada uno de sus hijos, no somos nuevos, no venimos de la nada.

            En México hay una guerra que nos está deshumanizando y no solamente la poesía tiene que nombrarlo, hay que volverlo oídos y ojos de todos, no miren a los poetas,  escuchen lo que dicen, la palabra permanecerá sobre los cuerpos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Hubert Matiúwàa (1986). Pertenece a la cultura Mè’phàà. Estudió la Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Guerrero, Maestría en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Es autor de los libros Xtámbaa/Piel de Tierra. (2016) y Tsína rí nàyaxà’/ Cicatriz que te mira, (2017).

 

 

 

 

 

Todo el equipaje


Antología Poética

Como plumas de pájaros 
Chary Gumeta 
Biblioteca Chiapas, México, 2016

Por Víctor Hugo Díaz

 

 

 

 

 

Desde el principio y hasta el final de este bello e intenso libro, es como abrir y cerrar una maleta de viaje, como la vida, un abrir y cerrar los ojos, una maleta con todo el equipaje que llevamos muy adentro.

Como plumas de pájaros es una Antología que unifica lo más significativo de la obra poética de Chary Gumeta, poeta mexicana. Pájaros que siempre están en viaje, pero de algún modo también, siempre anclados a la nostalgia y a lo que ha quedado atrás: personajes, voces, cuerpos, lugares.

Una voz poética permanentemente atenta, con los ojos abiertos como un chillido en el oído de un sordo, pero a la vez con temor a la finitud y a estar a solas rodeada de muertos e iniciar un viaje a ninguna parte.

Hay alguien que deja sueltos los pájaros en enero pero no sabe cantarle al fuego, pero sí a los corazones que arden entre los surcos de un poema.

Como señalaba, un gran peso de este equipaje son las pérdidas, lo dejado atrás y que ya no es, se quedaron en aquella fecha/ que borré con la primavera o te volviste aire para quedarte con nosotros.

Otro peso importante es el sentido crítico y social, hablar de la acción, ya que mientras se escriben líneas unos padres buscan desesperados/ a sus hijas e hijos desaparecidos… hasta entre las piedras más pequeñas de su pueblo. y la cobardía me ha llevado/ a la tristeza y el desgano,

El equipaje contenido en esta Antología se desplaza como plumas de pájaros eludiendo los controles, evadiendo a las aduanas del sentido y la memoria; su contenido no es más que el peso de lo real, la poesía, es decir el peso de la experiencia: como morir cada día, como las caracolas que te cuentan un secreto que todos saben. Sólo quemaduras de luciérnagas actuales, pero a pesar de todo: el sol y la añoranza ya están entrando por la ventana.

Madrugada , Santiago de Chile, febrero, 2018

 

 

 

 

 

De ausencias

Al abrir la puerta de la casa
el silencio pregunta por él,
este estar a solas
no le hace bien a los sentidos.

 

Habla con los ojos
quizá te escuche,
regresa al quicio de la casa
y en compañía
reanuda la aventura inconclusa.

 

Sé que lo has querido
lo has tocado en torrentes
has acariciado su rostro
y tus manos reclaman su ausencia.

 

Hoy,
al abrir las ventanas de la casa
te gritaron su dolor
por no encontrarlo,
preguntaron por tu sentir
que miraban desde el horizonte.

 

Y esa cocina solitaria
está triste,
ya no prepara alimentos.
Sólo tienes la certeza
de que el llamado de las horas
destrozan tu corazón
y nadie te consuela,
tiritas bajo el manto de la noche
mientras navegas
sobre mares de recuerdos.

 

La llegada de los pájaros
anuncia el amanecer
y él no está;
persiste su falta de cuidado,
de sentimientos, de estar contigo,
te convences por fin
que no has aprendido
a andar a oscuras,
necesitas la lámpara de sus deseos
para encontrar esa boca reposada
que te hable de amor,
de nostalgias,
del desamparo.

 

 

Para mi padre, a quien aún sienten mis manos

La noche abre sus puertas, 
me reciben las tinieblas 
y en sus labios la señal del silencio. 
Un vacío enorme vive en la casa 
desde que te fuiste.

 

Entonces mis lágrimas te extrañan, 
mis manos te extrañan, 
mis ojos te extrañan. 
Ya no te escondas en esa soledad fugitiva de mi vista 
donde la memoria juega a solas 
a olvidar el recuerdo de tu sombra, 
insisto en espiar tu rostro.

 

Mis pies sensitivos 
son torpes ante el tropiezo con la vida, 
pobres
necesitan caminar sobre estrellas 
para arrancar las costras de las heridas.

 

Padre, hijo, hermano, 
descansa,
sé que duermes a solas con fantasmas, 
mientras respiro el llanto en tu ventana 
me acostumbro a mirarte en tu retrato.

 

 

 

Vienes a veces, Marcela, 
en tropel incontenible, 
arrebatada y loca.

 

Tus entrañas 
deshacen virtudes, 
se convierte en refugio de animales. 
Con paciencia y por costumbre 
te levantas a encender el fuego.

 

El calor de tus manos 
descubre nueva vida, 
el día renace, 
la savia también.

 

 

 

En la expansión de la memoria 
vive la nostalgia, 
es habitación llena de espumas 
donde se esconde el recuerdo 
de quien va al encuentro 
con estrellas.

 

 

 

Llueve, 


es diferente a las lágrimas. 
Más bien, 
es el zapateo 
de un ejército de hormigas. 
Llueve, 
nada es diferente 
sólo que ha mojado 
mi cabeza.

 

 

 

 

Soy la desconocida de tu vida 

 

pececito ignorado en la pecera 

saltimbanqui de perro callejero.

 

¿Dónde comienzan mis pasos por ciudades, 
sabe alguien? 
¿Dónde me pierdo 
con burbujas en la piel sobre la calle? 
Sólo en el rincón 
encuentro el camino de la tarde.

 

Empieza la aventura pasajera, 
ignoro si Dios me mira silencioso 
o con gritos fascinado por las sombras.

 

La voz camina con el eco, 
se ensombrece con las aves, 
no acepta el silencio cuando no hablas.

 

 

 

Si usted devela este misterio 
es una bestia 

Ch. G.

 

 

 

Mi casa se encuentra a la orilla del acantilado. 
Todos se acercan con el miedo en las manos 
ofrecen una disculpa por sus vicios sin sosiego. 
El que no tiene temor 
es un tonto que quiere jugar al valiente, 
sólo vivirá hasta que el cobarde quiera.

 

Cada hombre es constructor de sus ideales, 
camina sobre su destino con un látigo en la mano 
espantando los obstáculos, 
con improperios, 
hace malabares para que no entren en su casa.

 

Que todos sepan que la inmundicia está viva 
y se introduce en los hogares impunemente 
donde la virtud se ha tirado a la basura 
y las buenas costumbres se han echado al inodoro.

 

En mi casa, 
los pájaros anidan en la cabeza de Medusa
y siguen vivos, 
así la tarde penetra en la rendija de mis años 
y aún camino.

 

 

 

 

 

 

 

Chary Gumeta (María del Rosario Velázquez Gumeta) Chiapas, México.Licenciatura y Maestría enfocados a la Educación, Promotora Cultural de arte y Literatura. Ha publicado en diversos medios de difusión, Libros de investigación histórica regional y Libros de poesía entre los que podemos mencionar:

  • VENENO PARA LA AUSENCIA (PublicPervert, 2013, México; 2ª Edición, Argot Editores, Guatemala, C.A.)
  • PERLAS DE OBSIDIANA (Espantapájaros Edit. 2014, México)
  • POEMAS MUY VIOLETAS (Edit. Metáfora, 2016, Guatemala, C.A.)
  • COMO QUIEN MIRA POR PRIMERA VEZ UN UNICORNIO (Edit. La Chifurnia, 2016, El Salvador, C.A.)
  • COMO PLUMAS DE PAJAROS (CONECULTA-CHIAPAS, SC., 2016, México)
  • BAJO LA SOMBRA DE LA CEIBA (Edit. Poe, 2017, Guatemala, C.A.)
  • TAMBIEN EN EL SUR SE MATAN PALOMAS (Edit. La Tinta del Silencio, 2017, México)

Ha sido incluida en antologías de varios países entre los que podemos mencionar “Y PORQUE NO PODEMOS CALLARNOS” (Edit. El Perro Celestial, Bolivia S.A.), POETAS POR AYOTZINAPA. ANTOLOGIA BILINGÜE. (México-EU., Edit. City Lit.) EL TURNO DEL DISIDENTE (Edit. Metáfora, Honduras, C.A.), por mencionar algunos. Ha participado en Festivales de Poesía en varios estados de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Perú, Argentina, Bolivia, Colombia, España y Francia. Su poesía ha sido traducida al inglés y a las lenguas originarias Zoque y Cakchiquel.
Ha Presentado libros y realizado conversatorios en Ferias de Libros como la FILCH-FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO CHIAPAS-CENTROAMERICA (Chiapas, México 2012 AL 2016), FIL GUADALAJARA (México 2015 Y 2016), FILGUA (Guatemala 2015), FLEX (Quetzaltenango, Guatemala 2015), FERIA DEL LIBRO DE LEON (León, España 2015), FERIA DEL LIBRO DE TOULOUSE (Toulouse, Francia 2015) FILIJC (Guatemala 2016). Como ponente ha participado en el VII y VIII COLOQUIO DE CULTURA MEXICANA DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA (2015 y 2016); 1er COLOQUIO DE HISTORIA Y SOCIEDAD EN LA LITERATURA EN CHIAPAS (2017), organizad por la UNACH.
Ha sido jurado en la categoría de Poesía en el Décimo Tercer Concurso Literario Gonzalo Rojas Pizarrro 2015 de Lebu, Chile. Por su trayectoria ha sido reconocida por el Suplemento Cultural Rayuela del periódico Péndulo. A través de la antología VOCES DE AMERICA LATINA (Edit. MediaIsla, E.U.), sus textos son parte de la cátedra de Literatura en la Universidad Hunter College of New York.
Como promotora Cultural realiza eventos culturales de arte y literatura en diferentes lugares de México y otros países. Ha contribuido a la relación cultural de algunos artistas extranjeros con Chiapas a través del intercambio. Actualmente es coordinadora del Festival Internacional de Poesía Contemporánea SCLC y de Literatura en el Festival Multidisciplinario Proyecto Posh.

 

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