Daniel Olivares Viniegra /

Daniel Olivares Viniegra /

Daniel Olivares Viniegra

(Hidalgo, México, 1961). Es dos veces normalista y universitario. Académico y promotor de la cultura. 

Es autor, entre otros, de los libros Poeta en flor..., Sartal del tiempo, Arenas y Atar(de)sol. Colabora además en diversas revistas, ya formales, ya virtuales.

Premio Interamericano de Poesía, Navachiste 1995. Pertenece al Comité Editorial de la revista electrónica El Comité 1973 y es coeditor del proyecto Humo Sólido.

 

 

 

De fúnebres gozos y otros esbozos…

Daniel Olivares Viniegra

 

Quiere el cruce de coincidencias, que mientras preparo estas notas acudan a mi vista planteamientos que el deslumbrante esteta Enrique González Rojo Arthur presuntamente (y no hay por qué no creerle) desprende de sus diálogos con Heidegger, y que a la sazón rezan:

Tal vez fuera mejor tomar nuestra preñez de muerte por los cuernos y deshacernos de la cantimplora de espejismos que nuestra ilusa sed ha conformado. Quizás fuese mejor mirar de frente nuestro caer de bruces para morder el polvo y el olvido […] La manera de prepararse para morir [es…] aceptar que somos seres para muerte… criaturas que no eluden, ante cualquier herida, ser infectados por la idea del desenlace.

Así pues, nadie se muere en la víspera; pero sí en la avispera… Tal mi saludo para el gustoso desplante que sobre el saberse pleno, aquí en su presente, y de cierto modo (o del único modo posible) triunfante ante la inevitable sentencia de cualquier día de estos ya no ser más en este mundo, nos plantea Roberto Rosales mediante su más reciente poemario Fúnebre gozo. Bienvenidos a esta teorética de la muerte y de la desmuerte, orientada fundamentalmente por ese otro cósmico y predecible yin y yang del día y de la noche… presencia y ausencia en permanente danza siempre oscurecedora–iluminadora; juego de espejos entre la vida y la ¿muerte…? que nos propone el autor, sin saber bien a bien dónde queda el limbo, si no es que este mismo comienza y termina por ser la propia enunciación; la mera materia también etérea del comulgante lenguaje.

Acá Roberto habita su Comala personal, columpiándose siempre egóticamente en los cuernos de la luna, peleándose consigo mismo (ante todo) o contra todo lo intrascendente o perdulario de este mundanal engreimiento al que llamamos lo humano (“si yo fuera grande no me llamaría como usted”, de paso por alguna parte espeta). Y es desde esa perspectiva que entendemos su obsesión por no gastar (de más) las veladoras o velas que le sobran (y/o que le zozobran), quizá las remanentes de su enésimo pastel de cumpleaños; esas con las que sigue iluminando algunas de sus más emblemáticas amarguras o bien sus no tan escasas, pese al tono, evocadas alegrías.

Cual un “Canto a mí mismo” whitmaniano, pero sin su parafernalia panteísta (“no puedo confiar mi muerte a nadie, por eso escribo”)… también Rosales ejerce–oficia su cinismo… Un personalísimo culto, un idiosincrático discurso: el del des(en)canto, mismo que deviene todo un itinerario de sí que sin poder evitarlo (o a querer o no) coincide en ocasiones con la filosofía propia de otros grandes maestros que en esta esfera han sido (Confucio, Heráclito, Epicuro; Diógenes, particularmente, acotaría yo; Nezahualcóyotl o cualquiera que ustedes a su vez, de manera pertinente agreguen); todo ello sin que inevitablemente termine por remitir al muy nuestro y mortuorio sentido ¿patrio? de festejar –aunque en serio solo a veces– lo mismo nuestras penas que nuestras muy pueriles victorias, que es casi lo mismo que signar nuestras humanas miserias.

Estos y otros prolegómenos vienen a cuento para amparar tal teorética del autor, pero que él termina por resolver más desde la médula; es decir, desde la experiencia evocadora de lo vivido; de lo sensiblemente aprendido y aprehendido, aunque también de lo por irremediablemente fenecer.

Pese a ser este un poemario casi monotemático, sólo de algún modo denso y acumulativo, muy muy lejos se sitúa de la tenebra o del abrumador desgarro de los poetas malditos y de sus cansinos seguidores, pues por el contrario ofrece todo tipo de iluminaciones y certezas, y ello porque la proclama que recurrentemente lo anima es clara y contundente: “la función de la muerte es crear”. Por ello mismo esta serie de poemas configura una suerte de ensayo plagado de anécdotas alegóricas que aceptan también como ejercicio el leerse cual cortazariana rayuela, en cualquier desorden, cuyo resultado será una experiencia muy similar: asomarnos a un abismo irreversible donde hay algo más que serena aceptación, y aunque no plena alegría al menos goce entre tan seductores y corrosivos quiebros.

Cantos son entonces, éstos, los más, que contrastan con otros dulces trovadores de la desdicha (desde Jorge Manrique a Francisco de Quevedo; o más acá desde el peruano César Vallejo al chileno Mario Meléndez, pero sin la teosofía contracatólica de estos últimos; pasando por Jaime Sabines sin sus pesadas o pensadas angustias; o bien el suave y sonoro discurrir de Elías Nandino sobre esas diferenciadas superficies. Autores a los que evoca, y quizá hasta convoca, pero de los que también se aparta porque los suyos son más bien (o a veces) una serie de aforismos , cuando no certeras greguerías (“Yo mismo soy un pleonasmo”) o intencionales mantras (“la sombra es el cadáver de la luz/ la sombra es el cadáver, la sombra es…”), o a veces églogas o esbozos de haikúes largamente desdoblados (“quise adoptar un relámpago/ pero desconfié del trueno que lo acompaña”); sabiduría vivencial, natural, biológica, más producto de la experiencia acumulada y del tenaz y fluido ejercicio poético que de esotéricas creencias o de alardeadoras conflictuaciones poéticas.

Además de por su versátil métrica y musicalidad, y la muy notable y aparente facilidad con que el autor engarza todo tipo de imágenes y ambientaciones, afirmaría contundentemente que todo el material condensado en este libro es rescatable en sus honduras o en su propuestas lírico–filosóficas, si bien por deformación personal celebro mucho más la parte de algún modo experimental o “antipoética” (confróntese como máximo ejemplo su poema “Dios es un hipopótamo”); esto en conjunción con las reflexiones que sugieren redondas historias, con los iluminismos que conducen a la cómplice sonrisa, y hasta con los más conceptistas poemas–versos que rozan por supuesto el sarcasmo y la ironía. Desdeñado y aquí desdeñoso sentido del humor, muy propio del autor, que por pertinencia en este Fúnebre gozo, no amerita llegar a lo festivo, pero que no deja de ser humor (y del bueno) al fin.

Sabedor de que el tiempo que estaremos muertos será sin duda inconmensurablemente más largo que el que esteremos con vida, Roberto Rosales dota a aquel espacio (el de la muerte; en este entorno ambientada sin santo alguno ni desnudos y cachetones querubes) de un animismo incesante, si bien tan calmo y reflexivo como cada emoción lo merece; por ello inclusive nostalgia de amores y de deseos o de tiempos o momentos idos es (ésta) su muy esplendente y hasta seductora lápida.

Así una muerte holística, orgánica y del todo feliz es la tenaz oferta, que por lo demás resulta del todo gratuita. A deslizarnos por entre ese fúnebre gozo nos invita a cada momento el autor… sin atenuantes o desánimos entre tan prometida negrura. La luz por entre esa apenas bruma será la voz consciente que así también acepte la comunión con la verdad universal y con el yo interno de cada uno. La aspiración es conquistar si no en la vida quizá en la muerte el placer mayor: el Nirvana permanente, la paz y la alegría de los sepulcros. Tenga efecto entonces la extremaunción que directa o indirectamente nos dedica el autor: bendita sea la muerte que llega para siempre y se queda alegremente calma en nosotros (con nosotros y nosotros en ella). Requiescat in dolce e felice pace, per secúla seculorum. Amén.

***

Roberto Rosales, Fúnebre gozo, México, Editorial Catorce, 2017.

 

 

VISUALIDAD SONORA

Daniel Olivares Viniegra

 

( …a M/m )

 

 

 

I

Velo hipnótico al igual que 

profundo el cántico

la voz así ahonda tras los ecos discordantes

y más suaves y tenues aún

los contracantos

que nunca

ni por azar ni por azahar

ninguno(S) hubieron sido

jamás/nunca preteridamente refrenados

O bien que  tras todos los amagos

acá-a-mar-tz-gos

magos-arcanos signos

al fin son: Son

 y son espejos-laberintos en los que también

hallo(me) y (me) fallo.

Tenue y sin embargo permanente

apuesta es/telar

opuesta a duelo solar

luego de que luna y sol

su ausencia a(h)(í)firman

en enemigo pacto y complemento

al que mejor que decir vienen a convertir

…por cuanto paraje ideal

es decir, niebla y sal

que por toda la esfera

remota y terca perennemente acotan…

Plena presencia inmensa

tu esencia

y tú: esencia

inconsútil que vaporosa evoca

otredad: otra edad

que igual que al cerebro o la visión

(o al corazón) trastocan…

II

Lluvia de cenizas

exhalación de vapor(es)

absorber desde tu ser

a cuán más que prodigar

pareces… si de la nada tú emerges

ensoñación toda y absoluta

apenas de tan pura fantasmal

mas (más) real, pero plena/serena

y aconteces

nube y niebla entre rítmico respirar de anhelos

al igual que sin cesar el caer de otra llovizna

en luces glamorosas tus destellos troca

…así te coronen aún rubias llamaradas

todas en torno a la suave y plena boca que promete

de sólo zalamero amor dar dentelladas

desde la misma sima de donde emergen

vieja canción

céltica saga

quejosa jarcha

quejumbrosa endecha

conjuro de enigmas

canción gris de los arrolluelos

música también eco de las piedras

evocación de alas transmigratorias

o más galas melódicas y melancólicas

que no más nunca

a la noche y ala noche

más clara sin dudar semejan

o inclusive al día más gris, y sin embargo aleve

Y muy más allá del símbolo y el arcano

de las llaves y las claves metamórficas

de la alquimia verbal herbal

y desdoblante

con todo y lo insondable

con todo y lo profundamente críptico

que en su mirada alberga

transparente ha de ser la palabra-voz

a fuer de ser cual agua de tan intensa

el agua vapor

el agua nube

al agua humo

que apenas anuncia su presencia

elemento que fluye sin ninguna prisa

apenas brisa

como fluir de salva campana:

tan tan;

que aquí solo muera y hiera la muerte.

III

Precioso e inspirador

tal tu paisaje

Cual de Remedios o de Leonor

o eso y todo

arde dentro del pecho,

pero aún más allá aún en lo remoto…

y no se duele el corazón

sino destila

humor viajero de delfín

que a toda pasajera ansia

su filo de espada

finalmente rumoroso lija.

(Ya eres mi fantasma favorito

Sor Juana + Sekhmet-Bastet + Gorostiza).

 

 

 

 

 

 

 

 

Poesía y sonoridad ambiental…

 Daniel Olivares Viniegra

 

El proyecto Medium Poesía Sonora nace a partir de una idea general de Mónica Martz (poeta, modelo, diseñadora de modas, melómana y performancista, es decir, amante de la simbología del cuerpo y su constante transformación). Actúa regularmente en colaboración con jóvenes como Elí Pinto, Víctor Pavón León, Rodrigo Cabrera y Alina Sánchez, quienes son músicos experimentales, sonorizadores de video–arte y performance, artistas visuales y algunos de ellos asimismo literatos.

La de Mónica es una poesía intimista que se recrea a partir del diálogo y la transmutación para con lo natural y que sin reservas convoca a la performancia meditativa; y es apta, por tanto,  para interrelacionarse con los espacios que le dan origen y a los que vuelve con fluidez de onda, aire, ala, río, marea o estela de sonido cíclica, como ha de ser  por inmanencia toda la sonoridad que de por sí, para estos y otros fines se concita, se expande o se convoca.

Por otra parte, dentro de su propuesta, y en concordancia con los temas de sus poemas, el balsámico universo femenino se derrama desbordante en tanto nos prodiga su armónica y/o emocionada voz.  Voz que asimismo re–habita y retransforma no solo los espacios, sino la memoria colectiva que una y otra vez se torna presente.

En plena línea de lo alternativo, no faltan propuestas de poemas vocales/tonales, en los cuales el regocijo de la palabra mágicamente (mediúnicamente) una y otra vez es citada y congregada, luego de permitirle disgregarse por entre reconcentrados o desbocados sentimientos. La suya se vuelve entonces una expresión armoniosamente confundida y reiterada mediante también intencionales consonancias con la anécdota onírico/metafísica que –una y otra vez y asimismo musicalmente– se evoca y convoca, al tiempo que deviene juego entre el ser y el no ser; entre la vida que anima en la muerte (o asimismo al contrario) a partir de (y por entre) fugaces y cíclicas convergencias.

El trabajo de acompañamiento visual y sonoro, luego, afronta el reto de  reforzar –atinadamente– vibraciones, tonos y atmósferas; para así apoyar los necesarios descansos de la fuga vocal o las ágiles entonaciones por parte de la intérprete.

Es con todos estos ingredientes, apenas esbozados, que nos atrevemos a decir que Medium Poesía Sonora es una puesta y una apuesta en la cual, en efecto, la poesía resulta punto focal y catártico al tiempo que, por doquier, se desenvuelven atmósferas entrelazadas con abundantes imágenes poéticas, las cuales evocan siempre la profundidad del inconsciente, a la vez que nos obligan a colocarnos en locaciones místicas que sugieren un retiro momentáneo de la realidad.

            En el espacio, dejemos entonces siempre un lugar para disfrutar de la sonora palabra de Mónica Martz y las también creativas y colaborativas, complementarias propuestas de sus talentosos acompañantes.

 

   

 

 

HOLLOW BRICKS FOR THE WALL

Daniel Olivares Viniegra

 

 

 

Prestidigitación primera

 

Soy antipoeta:

lanzo la mano;

escondo la piedra.

 

So(r)verbia

 

Dadme un tabiquito y

-trepado en él-

moveré al mundo.

Donald dixit

 

Con 46.9 millones de hispanos

ya afincados en USA

construiré

el más inolvidable (sin duda)

muro de la ignominia

 

Copete del iceberg

 

Atascadito el compa,

nada más padece:

entre bipolaridad, ceguera

y complejo de grandeza.

+ POEMAS MEJICANOS

Haiqú

Enúncialo todo José

Dibújanos, Juan

Tablada, canta.

Destino manifiesto

 

Tanto de la música interna

Como de la voz el alarde

Cúlpese a López Velarde

Ladrillo (hueco) para el muro

 

¡Viva Pancho Villa!

Pancho Villa ¡Viva!

¡Villa Viva!, Pancho…

Epílogo

 

Hagamos Panchos.