Viernes, 06 Marzo 2020 01:25

paradoja temporal / Daniel Verón /

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paradoja temporal

Daniel Verón

 

Eriksson y sus  principales oficiales pasaron bastante tiempo con los “tempos”, como empezó a llamárselos  comúnmente. El sol era anaranjado y se ubicaba en una región densamente poblada de estrellas importantes, apenas a unos  100 años-luz del borde del núcleo de Andrómeda. Se trataba de un sistema planetario de unos 15 mundos, de los cuales el cuarto era el que estaba poblado por esta raza. Tal como comprobaron los sabios que acompañaban a Eriksson, en aquellos momentos no había más que de unos 50.000 individuos, como mucho, en todo el planeta y, si bien existían poblaciones urbanas, no pasaban de media docena y eran bastante pequeñas en comparación a otras grandes metrópolis galácticas.

Desde luego, los tempos eran de contextura humana y de gran belleza. Eran altos, de piel dorada y cabellera azul y ambos sexos se vestían muy parecido. Su mundo poseía un clima benigno, con pocas variaciones climáticas y esto les permitía llevar una vida parcialmente al aire libre; la vivienda sólo la utilizaban para su vida privada o íntima. A Eriksson le llamó mucho la atención que allí no existía ninguna clase de gobierno sino que todos ellos parecían tener básicamente los mismos objetivos, como si hubiesen sido enseñados de antemano en cuanto a qué hacer con su vida. Apenas sí diferían en cuanto a cómo obtener esos objetivos. Además, en cierto modo, no tenían una individualidad sino que todos se empeñaban en aquello que creían mejor para la raza en sí. En otras palabras, para los tempos estaba primero la raza y luego, alguna vez, su vida privada.

Los tempos eran amables y demostraron más interés en Eriksson y el hombre solar en general que lo que este había visto en otros lugares del Grupo Local. Como si los conocieran de mucho antes, desde un principio aceptaron que los federales establecieran una embajada allí. La primera persona que los trató fue Aydor, un hombre que aparentaba no más de 30 años y que tenía una extraña vivienda en las afueras de Vaylorsan, la ciudad principal del planeta Aguma. En ese tiempo, Aydor estaba unido con una bella mujer llamada Synlorin y tenía dos hijos que no parecían ser mayores de 10 años. Sin embargo, luego de diversas explicaciones, Kanter, el oficial científico de Eriksson, comprendió que, en términos de tiempo solar, esto no era así. Resulta ser que los tempos llegaban a la adultez bastante rápido. Entre ellos casi no existía la infancia ni la adolescencia, así que un  individuo nacido apenas diez años atrás ya tenía toda la experiencia de un adulto. De hecho, sus hijos habían nacido  apenas unas semanas antes.

Más allá de algunas extrañas costumbres (por ejemplo, se alimentaban en privado y nunca delante de otra persona, no existían entretenimientos, no usaban reloj o algo parecido, etc.), los federales les interrogaron primeramente sobre la falta de un gobierno. Para ellos no era así porque todos sabían qué hacer. ¿En qué consistía esto? La palabra más parecida a las nuestras era “desarrollarse”, algo así como un ejercicio de la libertad individual pero para un bien común. Por más habilidades que tuvieran, medios a su alcance, capacidad y demás, la racial estaba por encima de todo. Si algo individual iba en contra de lo racial, eso era desechado inmediatamente y nadie lamentaba su ausencia. En su breve historia, existían muchas costumbres que habían ido modificando a causa de esto.

Vagamente, podría decirse que sus ideales giraban sobre lo siguiente: Si este Ambito Cósmico (AC) era limitado, ellos debían progresar de tal modo, que fueran capaces de salir de este AC para crear otros nuevos en donde la vida fuera progresivamente cada vez mejor. A Kanter esta idea le resultaba familiar. Ya la había escuchado en diferentes sectores del Grupo Local y algunos estudiosos lo llamaban “filosofía de la creación mejorada”. Es decir, se partía de la tesis de que la condición de vida podían ser indefinidamente mejorados, ya no únicamente en su mundo natal sino más allá de este, a nivel cósmico. En estos individuos, el tenerlo todo y no verse obligados a luchar para sobrevivir, no había creado un conformismo o apatía sino un deseo de extender o mejorar esa prosperidad a otros Ambitos Cósmicos.

Este anhelo había surgido a partir del momento en que tomaron, por primera vez, contacto con otras razas más o menos cercanas, en especial el inmenso núcleo de Andrómeda. El ver que otros seres inteligentes no vivían bien o que se empeñaban en objetivos inútiles, fue lo que amplió esta visión. No es que desearan exactamente  cambiar a los demás sino, más bien, crear un orbe en donde las reglas fueran distintas, más parecidas a las suyas. Eriksson, Kanter y otros, hablaron bastante con Aydor acerca de esto. Más claramente, los tempos daban por sentado, como principio inamovible, que siempre se puede vivir mejor y que esto, a su vez, contribuye a que el Ambito Cósmico mismo sea mejor también. No se parecía tanto a un sentimiento de nobleza sino a una especie de “principio vital” que los impulsaba en todas sus acciones. De acuerdo a ello, el devenir mismo de cada día pasaba a ser un medio para lograr esta clase de objetivos. Esa era la causa por la que los tempos conformaba en ellos una personalidad rica y distintiva.

Desde luego, lo sobresaliente de los tempos eran sus capacidades cognitivas en lo concerniente al tiempo, conformando un verdadero sentido temporal, único. Claro que para ellos no constituía algo especial. La percepción de dos edades diferentes al mismo tiempo era como para el hombre solar intentar distinguir voces que provinieran de dos lugares diferentes. La traslación temporal estaba dividida en personal y general. En la traslación personal (TP) el individuo volvía realmente a otro momento de su vida; en la general podía trasladarse tanto al remoto pasado o al futuro, cuando no existe como individuo, con la misma facilidad con que un arqueólogo contemplaría las ruinas de civilizaciones desaparecidas. Lógicamente, esto no lo practicaban  en cualquier momento. Al igual que una persona común puede apartarse a leer, los tempos también se retiraban a meditar, antes de trasladarse a una época cualquiera, sin que su cuerpo físico se moviera en absoluto. Ni siquiera llegaban a perder totalmente la conciencia de lo que pasaba a su alrededor. En cierto modo, es como cuando una persona se pone a meditar abstrayéndose de lo que le rodea.

Los tempos no se trasladaban a ninguna parte si no había un buen motivo. No solían hacerlo por curiosidad sino por un propósito. Ir a su propio pasado a revivir tal o cual momento no estaba prohibido en absoluto y, al contrario, podía constituirse en una fuente de placer. En cambio, la traslación general (TG) sólo era realizada por aquel que sabía, positivamente, que podía hacer algo importante por el bien general. De acuerdo a estos preceptos, podría decirse que los tempos eran la única sociedad cuya historia era modificada continuamente. No se sabía cuál pudo haber sido el modelo original, ya que éste había sido mejorado y perfeccionado miles de veces hasta lograr una situación óptima. Si en alguna época los tempos habían tenido un nivel más bajo que el actual, ya no existían pruebas al respecto en el pasado. En lo que tiene que ver con el futuro, los tempos realmente planificaban su destino dentro de lo que ellos consideraban como óptimo.

Naturalmente, era difícil estudiar a una raza cambiante. ¿Qué habría sido del hombre terrestre si hubiera podido borrar de su historia las guerras y catástrofes producidas por él mismo? ¿Alguien habría descubierto alguna vez su verdadera historia? Ahora bien; esto no significa que los tempos hubiesen cambiado tantos  hechos de su historia, por cuanto ellos tenían características genéticas  así como se las veía actualmente. En este punto, el sabio Ekhuseyras, un rigeliano que acompañaba a Eriksson, los desafió como una especie de “perfeccionadores del Universo”. Su actitud frente al hombre solar no era cambiarlo ahora, sino que en el futuro el Universo contara con formas de vida mucho mejores. Para otros, en cambio, esto era elegir caminos alternativos. Eran los partidarios de que el Universo Total posee una historia única y que si esta es modificada  ya no será el mismo Universo sino que habrá dos de ellos, y así indefinidamente. De hecho, existían razas que en cierto modo habían demostrado que la historia nunca puede ser borrada hasta el punto de hacerla desaparecer.

Afortunadamente, los tempos habían inventado, hace mucho, una tecnología semejante a la televisión,  que servía para mostrarles a otros sus traslaciones temporales. De otro modo, habría sido muy difícil saber con precisión cómo era aquello. Fue así que simplemente a los efectos de una demostración, una de estas pantallas fue adherida a Synlorin, la mujer de Aydor. Esta experiencia fue llevada a cabo sólo delante de Eriksson y sus principales oficiales. En términos convencionales, dicha experiencia duró algo así como 40’, pero fue de enorme interés para los federales. En las escenas, en ningún momento pudo verse a Synlorin sino que en la pantalla aparecía lo que ella misma había observado en cierta fecha ubicada unos dos años atrás. Aunque se trataba de escenas familiares y hasta íntimas, Aydor les hizo notar que ella estaba cambiando la historia. En aquel día ella no había salido realmente de su casa, mientras que ahora sí lo estaba haciendo. Abría la puerta y el sol anaranjado de Aguma llenaba la casa de luz.

Remblozat era un embajador del sistema solar al que pertenecía la Tierra y que habitualmente acompañaba a Eriksson en sus viajes. Justamente a él era a quien le costaba más entender lo que veían. Para él, una vez que se admitía un cambio en la historia ya no había una completa seguridad de que el modelo original fuese tal.

  • ¿Qué prueba hay –decía– que esto no ha sido hecho infinidad de veces ya? ¿Cuál es el modelo auténtico?

Aquí se suscitó una interesante discusión con Kanter. El rigeliano le recordó los viajes en el tiempo logrados por Varonn y otros, a lo que Remblozat  retrucaba  que allí sí se dio por sentado que existía un Universo original en el que algunas cosas fueron modificadas. Aquí, en cambio, al tratarse de vidas individuales, ¿cómo entrever al modelo original? A continuación, y mientras Aydor los miraba con interés, tuvo lugar otra experiencia de traslación, pero esta vez no al pasado personal de Synlorin sino a un pasado remoto, en donde el planeta parecía muy diferente.

Aydor les explicó que estaban viendo cierta época en donde su raza apenas estaba surgiendo por la feliz coincidencia de diversos factores bioquímicos. El sol parecía más cercano, no existía ninguna población y los tempos que se veían parecían un tanto primitivos. Lo que quedó perfectamente claro es que no podían trasladarse temporalmente más allá de su propia existencia como raza; o sea, que ellos no podían remontarse al inicio del Universo. Lo mismo sucedía en cuanto al futuro. Podían trasladarse hasta donde hubiera otros congéneres suyos vivos; ese era el límite.

Desde luego, la experiencia de modificar algo de su historia fue repetida, esta vez a nivel general y únicamente por tratarse de esta magna reunión entre dos de las razas líderes. Sin embargo, nuevamente quedó planteado el mismo enigma. ¿Cómo saber que la experiencia de abrir o cerrar la ventana, por ejemplo, no había sido ejecutada muchas otras veces, tanto en un sentido como en otro? ¿Cómo saber que algo realmente era cambiado y no que simplemente volvían al modelo original, por ejemplo? En cierto punto, en donde la situación parecía plantear más dudas que otra cosa, Aydor tomó la palabra.

  • Ignoro a qué se refieren con lo del modelo original. –dijo– ¿Está establecido en alguna parte que ustedes vistan una ropa y no otra, acaso? ¿Cómo puede asegurar si hoy, aparte de venir aquí, no hizo también otras cosas?

Eriksson lo miró con cierta incredulidad  y ya iba a responder algo cuando su interlocutor continuó:

  • Usted tiene una forma de pensamiento lineal: primero viene A, luego B y así sucesivamente. Cuando conozca mejor los secretos del tiempo se dará cuenta que solamente A ofrece una infinita posibilidad de variantes. No hay un solo camino. No existe un encadenamiento de cosas, fuera del cual usted no se puede apartar, una ruta que no le permite pasar a otras. No es así como funciona el tiempo. Hasta donde nosotros sabemos, el tiempo es circular y esto permite cambiar de sendero continuamente. Si lo A no me parece óptimo puedo pasar a lo B y, sino, a lo C. Esto es lo que nos permite superarnos. No estamos atados al pasado ni tampoco al error o al fracaso. Es a esto a lo que deben llegar ustedes también. –Y diciendo esto, añadió– Almirante, ha sido para nosotros una experiencia muy grata su visita. Espero que le sirva.
  • .. –balbuceó Eriksson– entonces...
  • Usted ya lo sabe.

Y diciendo esto, todo lo que veían se esfumó por completo ante la vista de los federales.

Fue como un viento fuerte que soplara llevándose alguna neblina. De pronto, los federales se vieron a sí mismos en un páramo desierto de aquel planeta, sin que hubiera la más mínima señal de vida. Tampoco  hizo falta que los buscaran. Por largos minutos nadie dijo nada, hasta que el almirante tomó la palabra.

  • Era de imaginar. Ellos vienen modificando su historia desde hace siglos. No son de aquí, tal vez, pero eligieron este sitio para manifestarse.
  • Almirante –dijo Kanter– en nosotros encontraron algo que les interesó; por eso se manifestaron mostrándonos todo lo que habían logrado.

Eriksson se sentó en silencio a meditar y añadió:

  • Esto simplemente nos demuestra cuánto que nos falta todavía a nosotros, para dominar el tiempo... Es extraño lo que siento. Por un lado, estamos aquí nosotros solos y, por otro, imagino que podemos seguir estando con ellos.
  • En cierto modo –dijo Kanter– así es.

En esos momentos, el sol anaranjado de Aguma comenzaba a descender hacia el horizonte, el cielo se cubría de un tinte verdoso y comenzaban a verse las primeras estrellas. En aquel sector de Andrómeda eran incontables las estrellas de primera magnitud que se observaban a simple vista. Todo el personal realizaba los preparativos  para irse. Antes de partir, Eriksson levantó la vista al cielo estrellado y musitó estas palabras:

  • Los volveremos a ver, estoy seguro

Minutos después, ni ellos ni los tempos estaban más sobre la superficie de Aguma.

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Daniel Verón

Daniel Verón, 

Argentina, autor de obras de ciencia ficción,

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