Jueves, 14 Enero 2021 05:46

EN LO PROFUNDO / DANIEL VERÓN /

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EN  LO  PROFUNDO

DANIEL VERÓN

 

 

Continuamos en el siglo XXIV. Esta es la obra que prosigue la épica aventura de la Flota Intergaláctica con abismos estelares cada vez mayores entre sí. La sensación de inmensidad, de cosa desconocida, de grandeza, por momentos llega a abrumar. Si fantástica fue la epopeya de las diversas flotas de la Federación a lo largo y a lo ancho de la Vía Láctea, ni qué decir acerca del desafío que tiene ahora ante sus ojos al almirante Gedeón Solar.

Aquí se retoma la historia en el punto donde quedó. Con la ayuda del más moderno instrumental, ahora adaptado a las condiciones particulares de los lugares que recorren, los expertos cartografían la totalidad de la minigalaxia en que se encuentran. Pese a ser mucho menor que la nuestra, con todo, allí existen millones de estrellas y muchos otros objetos semi-estelares a cual más extraño. Desde luego, el objetivo sigue siendo los mundos habitables para el hombre. Por fin, en otro sector más distante hallan una serie de sistemas planetarios más jóvenes, con algunos mundos de interés. La Flota parte hacia allí para realizar la debida exploración. Temporalmente, Gedeón deja a Zenna Rhesis, una fiel comandante de gran capacidad, como líder de un grupo de científicos con asiento en Cielo-1- Por su parte, es Kevin Sorzyn quien queda a cargo de Thor-4 y sus alrededores.

Luego se produce la llegada al sistema de la estrella Monte, y los federales optan por descender en el planeta Tau-9. En esos momentos se encuentran a unos 100 años-luz de donde han dejado a sus compañeros. Las distancias parecen mayores en estas inmensidades que jamás han sido cruzadas por ningún ser vivo. Tau-9 se revela como un mundo vagamente parecido a Marte, pero sólo en su aspecto superficial ya que, como casi todos, carece de elementos pesados en su constitución. Aquí hay diversas descripciones de sus características y Gedeón decide instalar otro puesto de avanzada, esta vez a cargo de Schefin Eyless, otro comandante de gran experiencia que lo ha acompañado en numerosos viajes.

Entonces se realiza una asamblea general en el navío Omega, en donde los sabios terminan de trazarle al almirante, un panorama completo de lo que es la Nube Menor de Magallanes. Entonces, se dispone que un grupo de 50 sistemas planetarios sean visitados e integrados por cada una de las flotillas que dirigen los comandantes. Gedeón mismo es su supervisor general, por lo que en los siguientes meses el trabajo es intenso. De esta manera se va dando por completado la exploración inicial de la minigalaxia. Otros continuarán después, pero ellos deben poner su mira en el siguiente objetivo. Se establecen contactos con los organismos centrales de la Federación, adonde simplemente se limitan a aprobar todo lo hecho. En realidad, es él, Gedeón, quien va tomando las decisiones importantes cada día.

El almirante se asegura que cada uno de los diversos grupos esté trabajando sin dificultades, a la vez que se informa de los principales logros. Los biólogos están de parabienes con la enorme cantidad de criaturas extrañas que hallan en los lugares más extraños. El clima es bueno y todos sienten interés por arrancar sus secretos a la minigalaxia. Su esposa Cisna y sus principales colaboradores lo apoyan plenamente. Todo parece listo para dar el siguiente paso, esto es, la Nube Mayor de Magallanes, situada en esos momentos a unos 50.000 años-luz del lugar donde se encuentran. Antes de partir, el almirante designa a Zenna como comandante general en la minigalaxia menor y ella es la encargada de coordinar y completar la conquista de aquella inmensa región. Es así que en Cielo-1 se realiza una ceremonia de traspaso del mando.

Durante el nuevo viaje intergaláctico que emprenden, Gedeón, Cisna y otros colaboradores, reflexionan filosóficamente sobre la importancia de lo que están haciendo. Jamás otros hombres han tenido la oportunidad que tienen ellos. Su empresa figurará en todos los registros de historia de la exploración espacial, al menos en aquellas regiones. Se definen, además, nuevos objetivos y crece el interés por descubrir formas de vidas similares o superiores. Este parece ser el gran interrogante que está dejando la incursión del hombre en lo profundo del Universo.

Más tarde se produce la emocionante llegada a la zona más exterior de la Nube Mayor, otra minigalaxia satélite de la Vía Láctea, que también se encuentra a unos 200.000 años-luz de esta, como su compañera. Acostumbrado al mágico desfile de estrellas y más estrellas ante sus ojos, a Gedeón ya nada parece llamarle demasiado la atención. Rápidamente se sabe que las noticias que transmiten los instrumentos no son buenas. Es cierto que allí hay más cantidad de estrellas y de sistemas para recorrer que en la Nube Menor, pero lo cierto es que las condiciones son prácticamente las mismas que allá. La gran mayoría de las estrellas son viejas, carecen de metales y los mundos que alojan son pequeños y sin formas de vida importantes.

Es lo que Gedeón temía en su interior. Después de todo, esta minigalaxia tiene, evidentemente, el mismo origen que la otra. Habrá que investigar, claro, si existen algún tipo de seres como la raza de Asindar u otros parecidos, pero es evidente que allí no se puede esperar mucho más. Pese a ello, preside una pequeña comitiva que desciende en Sofía-6, uno de los mundos más interesantes que gira en torno a la estrella Vera. En esta ocasión, el almirante da un pequeño discurso en donde enfatiza un hecho muy importante: tanto esta como la otra minigalaxia están llenas de pequeños mundos habitables, adonde todas las razas humanas de la Vía Láctea podrán expandirse en los próximos milenios, formando así nuevos hogares en la inmensidad del espacio. En otras palabras, aquí hay lugar para todos.

Luego se realiza una expedición sistemática en una docena de sistemas planetarios, a los que luego se los añaden otros veinte sistemas. Relatar la cantidad de paisajes, de mundos exóticos, de criaturas extrañas, de exploraciones y aventuras que viven los diversos comandantes sería hasta agotador. Baste decir que en un lapso de apenas un año terrestre, lo que quedaba de la Flota (el 50%) recorrió, conquistó e integró a la Federación, una minigalaxia completa enriqueciendo así la experiencia del ser humano en este tipo de empresas.

Gedeón establece la nave insignia en torno al planeta Luces-3, consagrándolo casi enteramente como un centro de comunicaciones. Desde allí toma contacto con los comandantes que siguen explorando la región y, a la vez, aprovecha para comunicarse con los que ha dejado en la Nube Menor. En pequeñas pantallas puede observarse multitud de escenas de diferentes lugares. Además, se comunica nuevamente con la Federación. Aquí logra informarse adecuadamente de las últimas novedades. Una de las más sorprendentes es la noticia de que el bicentenario caudillo Janus Miqhvaar ha solicitado permiso para dirigirse directamente a la Nube Menor para completar las exploraciones. Gedeón aprovecha la oportunidad para pedir refuerzos. Su meta es seguir adelante pero necesita más gente y más naves.

Poco después tiene lugar un extraño incidente que llamará la atención a todos. Llegados al planeta Center-2, adonde el almirante piensa establecer algo así como una base general, tanto él como sus acompañantes son presa de un raro “ataque de felicidad”. Por largo rato, el grupo de diez personas, se revuelcan por el suelo, danzan de alegría y hasta gimen de felicidad. Con preocupación, Cisna sigue de cerca lo que está pasando con su esposo. Ella lo conoce bien y sabe que él nunca tendría una reacción así; además, no hay nada que lo justifique. Al intentar comunicarse con ellos, resulta que no escuchan nada o, más bien, parecen estar oyendo otra cosa, quizá alguna clase de música. El caso es que parecen haber perdido todo contacto con la realidad.

En el laboratorio de la nave-madre se logra descubrir que allí existe cierta clase de virus proveniente de una especie de musgo, que altera los sentidos de los que toman contacto con el mismo. Es todo muy extraño. Lo que allí debería funcionar como si se tratase de una enfermedad, en los humanos ha actuado generando un grado de felicidad tal, como parece imposible de alcanzar en la vida común. En otras palabras, lo que el hombre tanto ha buscado en una forma u otra, aquí es considerado una peligrosa enfermedad. Contrariando la opinión de los comandantes de mayor experiencia, Cisna se dirige al planeta Center con el propósito de rescatar a su esposo y a sus compañeros.

Así, rodeada por un fortísimo campo aislante, Cisna, acompañada por dos colaboradoras suyas, logra movilizarse por la superficie, sin recibir la influencia de aquel musgo. Así encuentra a los hombres tirados por el piso, diseminados por todas partes, riendo y gesticulando como si estuvieran en el Paraíso mismo. La mujer azul se encuentra con Gedeón y le habla, pero él no parece reaccionar. Su felicidad no parece tener límites. Por fin, luego que logra fabricar un posible antídoto, Cisna, sin demasiados miramientos, dispara una pistola contra Gedeón  y luego, sucesivamente, también contra los demás. Lentamente, los hombres se van recuperando. Gedeón explica, entonces, qué es lo que ha sentido. No se trata de un sentimiento de placer común sino que la felicidad está en relación a la libertad que ha conseguido. Con sus ojos ha visto ya dos galaxias completas y en ninguna ha hallado seres que puedan arrebatarle al hombre el privilegio de disfrutar en esa miríada de mundos. Cisna le responde que, para ella, la felicidad está en ser útil a su compañero, y se besan.

Los demás hombres afectados también se reponen y, básicamente, cuentan lo mismo. Todos cuentan que han tenido un sentimiento de libertad infinita, al saberse los únicos seres altamente civilizados en miles y miles de años-luz a la redonda. Sin embargo, esto ha sido influido por microorganismos que pueblan aquel planeta. Entonces sobreviene un largo debate en donde el sabio Orionis sostiene la tesis de que un ser no tiene por qué tener las características nuestras par considerarlo desarrollado. En cierto modo los hay y esto deberán tenerlo en cuenta. Simultáneamente reciben noticias de los comandos de la Federación y ya están en marcha los refuerzos que Gedeón ha solicitado. Pronto estarán en condiciones de internarse más en lo profundo.

Luego se realiza una nueva asamblea en la nave-madre, y Gedeón expone nuevos planes. Con los refuerzos piensa ir más lejos todavía y convertirse así en el primer explorador de la galaxia de Andrómeda, situada nada menos que a 2 millones de años-luz de la Vía Láctea, es decir, 10 veces más lejos que las Nubes de Magallanes. Con eso dará por terminada su misión. Otros se ocuparán de continuarlo. Sin embargo, los acontecimientos se precipitan. Por un lado, llegan noticias del extraño final del insigne Janus Miqhvaar en un lejano mundo  de la Nube Menor precisamente. De alguna extraña manera, un ser parece haberse fundido entre las nubes inteligentes de aquel planeta, sin que nadie pudiera evitarlo. Su viuda, Stefanía, y sus compañeros, proceden a realizar una serie de exploraciones en un grupo de estrellas de aquella región.

La otra noticia causa gran conmoción en la Flota. Un grupo de oficiales que, inicialmente, estaban a las órdenes de Rugger Smeith, se ha extraviado mientras exploraban un lejanísimo sistema planetario y todos los intentos para comunicarse con ellos han sido en vano. Luego de una intensa búsqueda, Smeith los ha dado definitivamente por perdidos. Esta es prácticamente la primera vez que sucede un caso semejante, ya que en la Vía Láctea era relativamente fácil orientarse en cualquier lugar que uno estuviera. Un suceso así sólo podía tener lugar en otra galaxia donde aún no han establecido parámetros seguros de medición. Gedeón y sus hombres deliberan por largo rato sobre qué hacer. En una escena final, el almirante mira por los ventanales la inmensidad estelar. Esto le ha servido para ver que el espacio no es algo tan seguro como parece.

Mientras tanto llega la Flota de refuerzo para constituir una sola y gran Flota de avanzada. Sobreviene un período de recomposición y el almirante transmite sus planes a los comandantes recién llegados. Son seleccionados aquellos que se encargarán de supervisar diversos sistemas planetarios instalando bases en docenas de mundos, y también se decide quiénes acompañarán a Gedeón en su travesía hacia Andrómeda. Reina un clima de gran expectativa pese a algunos incidentes menores. Antes de la partida, Gedeón y sus principales colaboradores se toman un tiempo de descanso en el planeta Floresta-4, otro típico mundo de las nubes magallánicas, poblado solamente por cierta clase de árboles. Entonces tiene lugar un hecho realmente increíble. Se detecta una nave y, poco después, hay una mujer procedente de allí que solicita verlo. Se trata de Stefanía Lockerson, la viuda del supremo Miqhvaar.

Gedeón la recibe acompañado de su esposa Cisna y de tres comandantes de su máxima confianza. Lo que escuchan no puede ser más sorprendente. La mujer le previene acerca de su viaje a Andrómeda. En esa galaxia sí existen formas de vida superiores a la raza humana. Es más; algunas de estas formas pueden ser sumamente peligrosas, hasta el punto de causar su desaparición. Miqhvaar lo sabía y por eso hizo lo que hizo. En realidad él no ha muerto sino que ha transmutado a una de las formas de vida existentes en la Nube Menor, una especie que llegará a ser dominante en esa región. Interrogada sobre cómo es que Miqhvaar sabe qué seres pueblan Andrómeda, resulta que le ha sido revelado por los habitantes de la Zona Fantasma, adonde subyacen todos los espíritus del Universo. De esto es lo que quería prevenirle.

Gedeón se siente honrado por este privilegio y reorganiza el viaje, pero sus planes continúan. Stefanía decide permanecer en uno de los mundos de la Nube Mayor y esto habrá de influir de manera importante para una creciente oleada migratoria en esa región. Finalmente, llega el día de la partida y la Flota desaparece literalmente de la vista para dirigirse, a una velocidad hiperlumínica, hacia el punto más distante que haya alcanzado el ser humano. Incluso el viaje es bastante más largo que hacia las mingalaxias, tiempo en el que, una y otra vez, se reúne con sus oficiales a examinar datos ya conocidos y otros informes nuevos que van llegando. Permanentemente se confeccionan nuevos mapas estelares y, finalmente, comienzan a ver las estrellas más lejanas al núcleo.

En forma similar a otros casos, la Flota ingresa dentro de lo que específicamente es la galaxia de Andrómeda. A su alrededor hay miles de millones de estrellas, de sistemas planetarios, de mundos de toda clase. Es un orbe lleno de luz y color que maravilla a los viajeros. Luego de una selección conveniente, el almirante encabeza un grupo de descenso en un planeta parecido a la Tierra, pero mucho más grande, lleno de especies y criaturas vivientes. El entierra un hito en el suelo y sus compañeros proceden a reverenciarlo como si fuera un dios. En cierto modo lo es. Unico hombre que ha descubierto tres galaxias, todo parece posible con él. Sobreviene un tiempo de instalación y exploración en todo aquel sistema planetario sin hallar formas superiores de vida.

Por último, tiene lugar un inesperado drama. En Fértil-9, los exploradores son repelidos por alguna fuerza extraña y las descargas son tan fuertes que les causan la muerte; incluso su cuerpo es desintegrado. Otros también sufren el mismo percance y Gedeón ordena un repliegue general en las naves. Las comunicaciones son interferidas y aquella fuerza inexplicable parece llegar a bordo también. Esta vez sí el hombre parece enfrentarse a un poder superior, algo desconocido que ha estado esperándoles allí, en Andrómeda, a 2 millones de años-luz de nuestra Galaxia.

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Daniel Verón

Daniel Verón, 

Argentina, autor de obras de ciencia ficción,

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