Martes, 16 Marzo 2021 16:55

Enfermedad y creación / Víctor Manuel Pazarín

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Enfermedad y creación

Víctor Manuel Pazarín

 

 

A la memoria mi madre

 

 

Comencé a escribir por miedo.

Al inicio del confinamiento, en marzo del año pasado, debido a la amenaza de los contagios del Covid-19, mi mujer tuvo la necesidad de viajar a Sonora la tierra donde creció para ver a su madre que había enfermado.

Entonces empecé a trabajar desde casa y, como es claro, me quedé solo. Al principio estuve tranquilo, pero conforme pasaron los días tuve un inesperado ataque de pánico. Y entró en mí el miedo, el temor.

Emprendí muy a mi modo unaauto terapia”. Y volví a recordar algo muy importante: la escritura muchas veces me había salvado… y decidí hacerle caso a las “musas” de la poesía a las que había desoído durante mucho tiempo. Fue entonces quedecidí volver a la escritura de versos.

Sin hacer un plan de escritura comencé a sentarme todos los días a pergeñar textos sin ton ni son; pero con el tiempo esa tabla de salvación ante el miedo, tomó forma y se convirtió en una necesidad cotidiana. Y se abrieron los abanicos líricos, pero algo más: comencé a observarme y a observar: a mirar por la ventana el pequeño bosque que está en un costado del departamento, del edificio donde vivo en Tonalá.

Mi mujer tardó en regresar, ya que los vuelos aéreos se habían suspendido. Y lo que hice fue abandonarme a la poesía, a la escritura, para calmarme, para darle a mi  espíritu un poco sosiego.

Con el paso de los meses ya mi mujer había vuelto a casa los temas de cada poema decidieron ellos mismos ser una y varias unidades. De tal modo que todo, finalmente, terminó en la reunión de cinco poemarios muy distintos y diversos. Cada uno un reto el lenguaje y las formas; todos se conformaron en proyectos literarios que guardan sus exigencias y tal vez sus bondades…

Nunca, para decirlo con claridad, había escrito tantos “poemas” en un corto periodo de tiempo: mi libro Enredo que publiqué 2018 es en realidad una recopilación de treinta años de escritura: se fue haciendo en breves partes y las fui publicando hasta convertirse en mi primer libro de poemas.

Me recluí. Me encerré. Me cuidé. Escribí. Pero pese a todo de una manera inesperada me contagié de Covid-19 (también mi mujer, mi hija y mi yerno); y aunque ya salimos del riesgo total, yo fui un contagiado asintomático, sin graves malestares, no así mi mujer que aún padece de las secuelas...

Si bien es cierto que la poesía me ayudó a soportar y tolerar el miedo, la enfermedad llegó. Puedo decir ahora, después de haberme enfermado y encontrado el alivio, que hay una relación muy íntima en esos poemarios entre la vida y la muerte: son una metáfora entre enfermedad y creación. Y hacen una memoria de este tiempo aciago y mortal.

Me descubrí, pude ver mi entorno de manera visual y auditiva. Supe que tenía vecinos y seguí sus conversaciones y actitudes. Vi en el árbol los mil pájaros que vienen a comer de las flores y sus frutos. Vi. Sentí. Imaginé. Soñé. Soporté una enfermedad en ese estado de gracia que logra la escritura: el escribir poesía.

Yo no sé sobre la calidad de esos poemarios y su contenido; lo cierto: me ayudaron a tener la fuerza y la templanza para poder saber de la muerte de mi madre y no asistir a su funeral para no contagiar a nadie. Ella murió el último día del año pasado. La pude escuchar durante todo el año desde el hospital donde pasó algunos meses recuperándose de un accidente que tuvo: la atropelló un conductor de un vehículo Telmex en la ciudad de Colima. Luego meses y meses quedó postrada en su casa. Hasta que, me dijo mi hermana menor, murió de manera tranquila en su cama, de muerte “natural”.

El contagio de coronavirus, luego entonces, me llevó a concentrarme en mí mismo, en mi vida interior, espiritual. En mi caso puedo contar esto, pero todos los días sé de amigos y conocidos que han muerto por el contagio del virus que invade en todo el orbe: ni aldeas ni grandes ciudades, ni Guadalajara ni Tonalá han escapado al mal.

Es una fortuna la escritura. Es una salvación. Es la vida y es la muerte. Y es un canto a lo divino y a sus criaturas y creación.

Una mañana apareció un colibrí en el bosque que puedo ver desde mi ventana.

Lo observé. Y cuando partió fui a la computadora y escribí:

 

 

COLIBRÍ

 

Hay un colibrí

pequeño

—negro como un sol—

con su vuelo de insecto,

con sus alas

de invisible

y fugaz

aparición.

 

Vuela,

nada,

gravita

e incendia la tarde.

 

Se aferra

a las ramas del guamúchil,

su larga aguja

consume

el corazón

de la flor.

 

Trae la vida.

El milagro

de estar

en la vida,

respirando…

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 Víctor Manuel Pazarín

 

Víctor Manuel Pazarín

Poeta, narrador, ensayista, periodista y editor

 

Nació en Zapotlán el Grande, Jalisco, 1963; actualmente vive en el poblado de Tonalá. Tiene publicados libros de cuentos, periodismo y poesía: Puentes (relatos), editorial Mala Estrella, 1993. Construcciones (poesía), Fondo Editorial Tierra Adentro, 1994. Retrato a cuatro voces (Arreola y los talleres literarios) (entrevistas), editorial de la Universidad de Guadalajara, Divagaciones en las escaleras (cuentos), Unidad Editorial del Gobierno de Jalisco, 1994, Arreola, un taller continuo (periodismo), editorial Ágata, 1995, Cantar (poesía), Secretaría de Cultura de Jalisco, 1995, La medida (poesía), Unidad Editorial del Gobierno de Jalisco, colección Los Cuadernos del Jabalí, 1996, Cazadores de gallinas (novela, 2008) y Ardentía (poesía, Buenos Aires, Argentina, 2009).

Es editor del sello Mala Estrella. Fue director-editor de la revista Soberbia, Presencias, mensualidad de poesía y Éxodos, escritura de creación y pensamiento. Es columnista y corrector en La gaceta de la Universidad de Guadalajara y El Financiero de la Ciudad de México El Financiero. Trabaja en la Universidad de Guadalajara y mantiene el blog Barcos de papel. En 2010 Víctor Manuel Pazarín recibió la “Presea al Mérito Ciudadano”, que otorga el pueblo y gobierno de Zapotlán el Grande, Jalisco, “a sus hijos esclarecidos”.

Acaba de aparecer editado su libro A Zapotlán vía París (Editorial Sotevento, colección La autopista del Sur, Zapotlán el Grande, Jalisco, 2013) y la novela Miedo al vacío (Salto mortal, 2014). Están en prensa dos libros suyos: Enredo (poesía reunida 1986-2012), La vuelta a la aldea (ensayos sobre literatura mexicana) y la revista de literatura Persona, de la que es director-editor.

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