Viernes, 30 Abril 2021 03:44

Entre abducciones y tatachinole: La increíble epopeya cósmica de Torcuato López. / Waldo Contreras López /

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Entre abducciones y tatachinole:

La increíble epopeya cósmica de Torcuato López.

Waldo Contreras López

 

-los extraterrestres existen, pero nadie lo cree - dice mi padre mirándome directamente a los ojos, después de dar un largo trago a su cerveza. Los invitados se han ido, la fiesta terminó. Apagué el aparato de música con paciencia, apelando al alcohol para resistir la dialoga repetitiva de este hombre.

Desde que se volvió anciano, siempre da con el tema agarrándome a la bajada como el recipiente de sus fantasías. Hace una hora, todos sus amigos y algunos de mis familiares se rieron de él, como siempre lo hacen cada que este hombre de conductas erráticas y amargadas, intenta contar lo único importante que supuestamente le ha pasado en la vida. Raro que se ponga triste cuando se burlan, pero hoy, la cosa es diferente. Yo, ya no me río de él; yo mejor lo escucho porque sé que ya está cerca de morir y entiendo que sus afanes cósmicos son para él un legado que no se debe dilapidar. Pero, resulta difícil no reírse; resulta imposible creer que este hombre no está diciendo mentiras. De hecho, a su colección de historias extraterrestres les tenemos un nombre, como si fueran parte de una colección tipo Howard Phillips Lovecraft; porque así como este escritor norteamericano tiene sus Mitos de Ctulú, mi padre, tiene sus Cuentos del Ovni que hizo: !Bum!, les titulamo así a sus sagas porque, antes de contar una nueva experiencia del tercer tipo, siempre abre con este relato que le aconteció en su juventud, allá por la sierra de Cosalá. Siempre nos lo cuenta, para abrir el telón, como requisito ineludible para después ilustrarnos, detallada y documentada mente como todo buen investigador del fenómeno OVNI, con las peripecias de su última incursión en el mundo allende al espacio. Es un aferrado admirador de Jaime Maussán y pertenece a un club cantinesco de abducidos por extraterrestres. Esto último es lo que más hilaridad nos ha causado. Nos cuesta trabajo entender, con la seriedad que exigen los creyentes de estos fenómenos estrambóticos, que nuestro padre, con tan pocas aspiraciones académicas, sin ninguna religión que lo traumara y con una vida total entregada a la vagancia y al vicio, pierda el tiempo, que bien puede ocupar en cosas productivas, en estas reuniones semanales con sujetos de su misma índole creyendo todos que de verdad son contactados por entes de otros mundos y, más aún, que fueron seleccionados todos ellos para una misión específica en el planeta.

Mi madre afirma que solo se reúnen a fumar o inhalar drogas raras relacionadas con wixáricas y que los mentados extraterrestres no son otra cosa que homosexuales disfrazados de mujeres. Cada que mi padre dice: "otra vez tuve un encuentro cercano del tercer tipo en mi sueño", mi madre le contesta: "ha de ser del tercer sexo, no te hagas pendejo. A tu edad, bien dice el dicho: después de vejez, viruela. Ahora te han de gustar los jotos". Pero, a pesar de las burlas y desvirtúos contra sus experiencias inspiradas desde el cosmos, este hombre no ceja en el empeño de sus especulaciones astronómicas y comienza, sin darnos la oportunidad de salir corriendo, a repetir la historia del OVNI que hizo "!bum!". Si algo debemos de admirarle los que le hemos escuchado esta historia desde tiempos inmemoriales, es el hecho de que su relato traumático jamás varía ni en el tono, el aura de misterio, el dramatismo, las pausas, sonidos incidentales y palabras; estoy seguro que si lo pusiéramos a escribir el mismo evento cada semana, ni en una simple coma le variaría la narración. Ahora se encuentra apesadumbrado, si señor. Ahora habla más en serio que nunca. Me dice que un ente con formas de mujer conocido por todos los abducidos con el nombre de Akeya, de ojos enormes, asiáticos y oscuros, con rostro de rasgos asiáticos y cráneo dolicocéfalo, cabello blanco y espeso, labios pequeños y sensuales que se comunican sin moverse, le ha dicho que ha llegado la hora de iniciar la misión. En la mirada de mi padre hay un brillo de navegante sin regreso, un reflejo de emoción adornado con parpadeos de despedida. Dice estar profundamente enamorado de ese homínido inteligente y que está decidido a partir con ella ya que mi madre lo ha tenido abandonado en su lecho nocturno desde que éramos apenas unos chiquillos. No me burlé abiertamente con la risa de siempre; solo le toqué la frente simulando tomarle la temperatura, serví más cerveza y le pregunté:

-¿y ya te la cogiste?

Me contestó que me fuera a chingar a veinte, que Senyáse, nombre verdadero de este ente mujeril y que solo los íntimos tienen derecho a pronunciar, es tan real como el moco que traigo prendido al borde de la nariz, me espeta con tristeza que ya esperaba de hecho que nadie le creyera y que siempre ha sabido que lo tiramos de loco cada que se pone a hablar de esto. Vaticina que al mundo nada bueno le espera; que está a punto de azotarnos una pandemia de gripe murciélaga que nos exterminará; que esta pandemia la crearán los Chinos, descendientes directos de los pleyadianos, raza humanoide al servicio de los reptilianos, cuyos ascendientes hoy controlan el mundo por medio de las coca-colas, las sabritas, el pan bimbo, los chocolates emanems, las hamburguesas y pizzas sintéticas, la salsa de soya y el internet; me dice que todas estas armas químico-biológicas y electromagnéticas de lenta, pero contundente evolución perjudicial, fueron diseñadas para debilitar a los tercermundistas de nuestra generación, volviéndonos a todos, además de pendejos y buenos para nada, en las principales víctimas mortales de un mal creado a partir del ADN de los quirópteros, organismos terrestres que heredaron su forma de los antiguos habitantes de la cuarta vertical, universo destruido accidentalmente por el nacimiento de un hoyo negro provocado por los experimentos que hizo la mente heredera del gran Stephen Hawking, uno de los antiguos líderes del bloque reptiliano que controló cuando vivía, desde su silla eléctrica y un teclado de contacto dactilar, los asuntos del espacio profundo; El gran Hawking y su mente poderosa, cuenta mi padre, es en realidad un pensamiento sin sustancia que tomó el cuerpo de un humano hasta deformarlo haciendo creer a todos que fue un inválido muy inteligente que aprendió a comunicarse de la misma forma en que se comunican los delfines o su amada Akeya, llamada por los íntimos, Senyáse.

Lo escuché pacientemente hasta que terminó su relato, pero hubo momentos en que me dieron ganas de darle una bofetada para que dejara de delirar de esa forma; mejor ya no le refuté nada y me abstuve de burlarme de sus truculentas explicaciones sobre el fin de la era humana y el ascenso de una nueva civilización. Al fin, después de guardar silencio un largo rato, me mandó por otras seis bud light de litro y, mientras se buscaba el dinero dentro de las bolsas de la camisa, murmuraba: "ya verás, turica, la chinga que les van a parar dentro de un año; su sorda ignorancia los asfixiará por la terquedad de seguir envenenándose con esa droga llamada azúcar y ese polvo blanco extraído del caldo primigenio"

Antes de salir a la calle, me dijo con una sonrisa: "Que se acabe el mundo pero no la cerveza, al cabo a los viciosos ni gripa nos da, ¿verdad, mi'jo?" y soltó una risa llena de burla, como de demonio recién fugado de la casa de los locos, una larga y sardónica carcajada parecida a la del Desalmado Mink, acérrimo rival de Flash Gordon, y responsable de perversas y tiránicas maquinaciones destructivas contra nuestra lastimada madre tierra; me provocó mucho y miedo los pelos de la nuca se me erizaron y la panza se me puso más helada que la cola de un pingüino; lo dejé solo con su escándalo insano y me encaminé por las cervezas a toda velocidad, tratando de sacar de mi cabeza la mala impresión que me causó. Fue la última ocasión en la que habló de esa forma tan minuciosa y vehemente sobre el tema.Esa noche, tuve una pesadilla bastante extraña. Soñé que unas naves parecidas a los drones de juguete que usa mi vecino para grabar fiestas de quince años y bodas, estaban destruyendo el planeta, o al menos la colonia donde vivimos. Todos los vecinos salían de sus casas, gritando como locos y apuntando hacia cierto punto del horizonte mientras los drones chamuscaban con rayos a todo aquel que estuviera parado bajo un árbol. De repente, un estallido estremeció todo y de un cerro lejano, salió volando una nave gigantesca en forma de puro; todo quedó iluminado bajo una luz cegadora; luego, el gigantesco crucero intergaláctico se posó sobre nosotros y empezó a secuestrar al que anduviera en la distraída o de curioso, elevando a muchos por medio de un haz luminoso color rojo. En medio del terror vi a la vecina, de quién siempre he estado enamorado, salir volando de su casa totalmente desnuda, dejando ver todos los pliegues, montes, cimas, oquedades y pelos que siempre desee; en un arranque romántico y heroico, estuve a punto de meterme bajo el haz rojo para ir tras ella cuando, de improviso, una portezuela se abrió y por está se asomó una mujer muy delgada, alta, ojos oscuros en forma de avellana, rasgos andróginos, cara alargada, cabellos blancos y muy parecida a Sigourney Weaver quien me dijo, sin mover los labios y con una voz parecida a la de la mujer que controla el tráfico desde el google maps, que aún no era mi momento, que mi padre, ahora nombrado Faltoyano, había intercedido para que yo no fuera unos de los ciento cuarenta y cuatro mil que serían elevados a la salvación para luego, ser re sembrados y construir así, el nuevo orden mundial; agregó, ahora con un acento helado como de grabación telefónica, que yo debía preparar el planeta para su regreso y que tendría que soportar el renglón oscuro de la era pos-humana. La puerta se cerró y el ingente puro mecánico comenzó elevarse silenciosamente mientras una música como de videojuego sonaba dentro de mi cabeza; al fin, se esfumó en medio de ese mismo sonido de explosión que la hizo aparecer; antes de que terminara de escucharse el eco que dejó la nave nodriza, me aventuré en preguntarle su nombre de manera telepática, mi sorpresa fue mayúscula cuando la mamarracha contestó con ese acento de computadora: "soy Akeya, aquella a quien tú padre ama" Le menté la madre a la tripulante de otros mundos; luego, grité con todas mis fuerzas el nombre de la deseada vecina. Desperté con mi estridente lamento de Tarzán y lo primero que vi fue a mi madre burlándose de mis gritos dirigidos a la hija de su comadre Eloísa y apuntando, con dedo de fuego, hacia la erección convulsa que portaba entre las piernas y le daban a la sábana el aspecto de una enorme carpa de circo. No me importaron las burlas de mamá y salí en trusas a buscar a mi padre para contarle que había soñado al OVNI que hizo ¡Bum! y a su amada extraterrestre. No lo encontré en su cuarto, no lo encontré en el baño, no lo encontré en la cocina, no lo encontramos ni en el expendio de cerveza. De hecho, no lo encontraron hasta año y medio después, sobre el camino de terracería de un poblado llamado paralelo treintaicuatro, buscando a la orilla del sendero pedregoso y enlodado una hierba llamada tatachinole para curarse las hemorroides que le provocaron, según contó a medios periodísticos, las múltiples violaciones de las que fue objeto por parte de una pandilla de extraterrestres habitantes de las pléyades, cuadrante espacial cercano a la constelación de Orión. Traía un extraño aparato amarrado en rededor de la cintura. Cuando los médicos le preguntaron qué chingado era ese extraño colguije, les contestó, con un gesto de vergüenza, que es una sonda que los extraterrestres le metieron en el culo para hacerle análisis de ADN y de esta forma, saber si su factor sanguíneo era compatible con el ADN de la líder del grupo de rebeldes cósmicos, una mujer llamada por todos Akeya, pero por los íntimos, Senyáse. El plan de la homínida, según la crónica periodística, era crear un híbrido humanoide capaz de destruir a los líderes reptilianos. Todo salió mal cuando se dieron cuenta que mi padre tiene sangre O-RH positivo, es decir, sangre universal y la sangre del universo no es compatible con los pleyadianos, pues estos son más antiguos incluso que el mismo universo. La noticia fue difundida hasta por televisión y el controvertido reportero Jaime Maussan le dedicó varios programas en sus emisiones nocturnas de Los Grandes Misterios del Tercer Milenio; en pantalla, mi padre gritaba sonriendo, a bordo de una ambulancia, hacia las cámaras de televisión: "ora, pinche Leopolda, para que veas! Decías que mi sangre la llevan en las venas hasta los perros; ¡mira ahora! ¡Es factor de interés extraterrestre!" Maussan informó, a voz de mi padre, de quién se hizo amigo entrañable, que los raptores celestiales lo abandonaron a las orillas de la carretera Mazatlán-Tepic y que el pobre trotamundos cósmico tuvo que caminar por toda la costa alimentándose de ostiones, cangrejos, y uno que otro pescado podrido, hasta llegar a la ciudad de Eldorado. No fue por el hecho de que se ventilara su aventura en cadena nacional ni por el sueño aquel que tuve horas antes de su desaparición; le creí al fin su historia de la abducción gracias a la sonda; científicos expertos en aleaciones metálicas describieron que el material con el que se diseñó este objeto anal, no ha podido ser identificado ni por los científicos de Vladimir Putin. De hecho, recibí una carta de la embajada rusa en donde, la sociedad de ingenieros genéticos de Moscú, afirman que el ADN encontrado en los restos de caca pertenece a mi padre y que además, un ADN desconocido hasta entonces por la ciencia humana, aparece ente las ranuras del raro instrumento quirúrgico; también afirman, en uno de los apartados del grueso expediente, que mi padre ha sido el último de los ciento cuarenta y cuatro mil abducidos hasta ahora y que su tipo de sangre lo hace resistente a todas las enfermedades que han flagelado al género humano, incluida la viruela, la peste bubónica, la gonorrea y la gota de marinero o putrefacción espacial, vulgarmente conocida por los médicos como sífilis. Hoy, este hombre objeto de la ciencia, ya es otro. Ya no cuenta su historia del OVNI que hizo ¡Bum! y solo se dedica a gastar el dinero que la comunidad científica de Rusia le deposita en su cuenta bancaria cada mes. Posterior a los sucesos, ya solo plática de amores imposibles y de la pérfida Senyáse. No está de ninguna manera triste. Celebra que todo haya por fin terminado porque a lo único que le temió tanto tiempo fue a la posibilidad de que lo internáramos en un manicomio. Me muestra un poema que le escribió a la revolucionaria de las pleyádes y me manda por más cerveza. Por las tardes, en vez de contar historias de ciencia ficción, nomás se pone a cantar, hasta quedarse sin voz, un poema bien raro titulado La Canción Del Elegido.

Solo se queja cada cierto tiempo de un dolor intenso en el ano. Él dice que este padecimiento lo tortura cada eclipse lunar o cada que hay lluvia de meteoritos y que se vuelve insoportable cuando el culo se le pone como un clavel totalmente florecido pues la marca de la sonda se recrudece cada que venus se acerca, de manera muy coqueta, a los cuernos de la luna. Para estos eventos inflamatorios agudos y a recomendación de su amada ausente, siempre tiene la alacena repleta de raíces de tatachinole, hierba importada por las casualidades del cosmos y a manera de polvo estelar desde el cuadrante cercano a la constelación de orión hasta nuestro bello planeta. Mi padre dice que rebautizó la hierba, en memoria de los sucesos y el futuro oscuro que le espera a la humanidad, con el nombre de: El Beso de Akeya para Faltoyano

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Waldo Contreras López

Nacido en Culiacán Sinaloa  el 21 de noviembre de 1975. Tuvo un breve paso  por la escuela de lenguas y literatura hispánica de la Universidad  Autónoma de Sinaloa. En el 2007 termina sus estudios en la Facultad de Psicología de la misma Universidad. Comienza a escribir de manera incidental desde la edad de 25 años y lo sigue haciendo hasta la fecha. Gusta de la narración y la poesía vivida. La mayoría de sus temas abordan lo festivo, trágico y sórdido de los barrios citadinos.

 

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