Viernes, 30 Abril 2021 04:02

PROBABILIDADES Y OTRAS MINIFICCIONES DE UN HOMBRE DIMINUTO / Ricardo Bugarín /

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Imagen: “Desde el otro lado” de Guillermo D ¨Anna 

 

PROBABILIDADES Y OTRAS MINIFICCIONES

DE UN HOMBRE DIMINUTO

Ricardo Bugarín

 

 

PROBABILIDADES

 

A veces la satisfacción no me alcanza como no me alcanza el dinero o los beneficios de una dieta. Debo intentarlo de nuevo y si no resulta, ser reincidente. Puede suceder que, de lo contrario, me canse y decida detenerme antes de llegar a la meta. Puede suceder, entonces, que la satisfacción, el dinero y el beneficio de una dieta se me tiren encima y disminuyan toda mi entereza. Ante tales resultados debo recordarme que las probabilidades no son muchas y que las cosas suceden a veces pero, a veces. También me suele ocurrir que, a causa de un músculo rebelde, pego una patada involuntaria, me doy contra la pared y me caigo de la cama.

 

HOMBRE QUE HUYE

 

Hay un hombre que huye. Lo hace de una manera despavorida. Sabemos que huye de su propia sombra. No queremos distraerlo de ese intento fugaz pues sabemos que pronto vendrá la noche. Tal vez entonces, se detenga. Tal vez cambie de actitud y se reconcilie consigo mismo. Por lo pronto ha alcanzado tanta ligereza que vemos que se pierde en el horizonte. Tal vez no se pierda sino que cruce la línea del horizonte y del otro lado de ese umbral vuelva a encontrarnos viéndolo pasar y con el deseo intacto de no distraerlo de su aciago destino.

 

PROCURARSE LA CALMA

 

Debajo de la cama me encontré arrodillado. Me pareció extraño verme en esa situación. No soy de los hombres que se ocultan y muchos menos debajo de una cama. Verme cara a cara debajo de un colchón es una experiencia extraña. Mucho más extraño es advertir que esa no es mi cama, que esa no es mi habitación, que esa no es mi casa, que esa no es mi ciudad. Alguien debe estar soñándome o yo me he extraviado por motivo de una distracción. En algún punto radica el problema y en otro, estará la solución.

 

PRÁCTICAS PRIVADAS

 

Usted se detiene en sí mismo. Se libera por unos instantes y comienza un trayecto que va desde el cerebro reptil a los extremos subcutáneos de sus pies (no digamos hasta la punta de sus uñas porque eso está muy trillado y esto es otra cosa). Va encontrando sorpresas. Algunas le agradan, otras no. Hay momentos adiposos y otros laxos. Algunos hallazgos emocionan por su estado de conservación. Otros acongojan pero, son disimulables. Después de un tiempo prudencial de recorrido, junta todo y vuelve a colocarlo en el envoltorio original. Limpia los enseres del desayuno y, como buen hombre que es, se marcha a su trabajo.

 

OTRO INTENTO

 

Con un té voy a aflojar la pesadumbre que se ha adherido a mi vida. Intenté con tenazas, pinzas, escalpelos pero, nada funcionó. Polvo para lavavajilla, destapa cañerías y azufre diluido en bencina, no fueron de ayuda. La pesadumbre se obstina en perdurar, en señorearse por mi vida y mi persona. La he visto probarse mis mejores trajes y admirar con deleite mi calzado. Supe, también, que le ha enviado notitas pecaminosas a mi mujer y confidencias falsas a mis compañeros de oficina. Ahora, para el momento del té se precisa una concentración cuidadosa. Es muy necesario todo el silencio del universo y una fuerza de voluntad casi sobrehumana. El problema es que parece que, a último momento, la voluntad se ha ido de vacaciones.

 

SUEÑOS

Tengo sueños capilares. A veces son subacuáticos pero, generalmente, son rizomas texturados ascendentes que se enredan en tu garganta. No te lo comento pues temo que te asustes y decidas abandonar el aljibe. ¿Cómo contarte que a veces sueño con un transatlántico?, ¿cómo confesarte que un buque fantasma anda orillando nuestras costas?, ¿cómo decirte que he visto a un náufrago del otro lado del brocal que nos circunda?. Te parecerá que alucino, que tal vez comida en descomposición ha producido mi febril estado o que una pesadilla de infancia está golpeando mi presente. De todos modos estos sueños ya no me desvelan, no me atemorizan, se destiñen con el cloro y he descubierto, finalmente, que se vuelven inofensivos.

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RICARDO BUGARÍN

RICARDO BUGARÍN

(General Alvear, Mendoza, Argentina, 1962)

Escritor, investigador, promotor cultural.

Publicó “Bagaje” (poesía, 1981). En el género de la Microficción ha publicado: “Bonsai en compota” (Macedonia, Buenos Aires, 2014) , “Inés se turba sola” (Macedonia, Buenos Aires,2015), “Benignas Insanías” (Sherezade, Santiago de Chile, 2016) ,“Ficcionario” (La tinta del silencio, México, 2017) y “Anecdotario” ( Quarks, Lima, Perú, 2020).

Textos de su libro “Bonsai en compota” han sido traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia).

Integra las ediciones “Borrando Fronteras-Antología Trinacional de Microficción Argentina, Chile y Perú”; “¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género” (edición argentina); “Antología Iberoamericana de Microcuento” (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia); “Vamos al circo. Minifición Hispanoamericana” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP, México) y “Cortocircuito. Fusiones en la Minificción” (BUAP, México); las reediciones de “¡Basta! Cien hombres contra la violencia de género” realizadas por el Gobierno de Mendoza (2018) y “La mirada del cóndor”, Microficciones mendocinas (2018); “Hokusai. Antología de Microrrelatos” (Santiago de Chile, 2018), “Gatos. Antología de Microficción” (Chile, Sherezade 2019), “Brevísimos. Selección de Microcuentos” (Mendoza, 2019), “Los pescadores de perlas. Antología de microrrelatos de Quimera” (Barcelona, 2019), “Escritos en Cuarentena. Letras para salvar el pellejo” (Ipiales, Colombia, 2020), “Brevirus. Antología de Minificciones” (Santiago de Chile, 2020) y “Casa de los espejos” (Ave Azul, Texcoco de Mora, México, 2020).

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