Cuatro visiones sobre Arreola

Víctor Manuel Pazarín

 

 

A Daena Molina

 

Un poema en prosa

Un primer acercamiento a la obra de Juan José Arreola se dio por azar.

En el libro de la escuela primaria, correspondiente al quinto grado, hay dos textos que surgen de la única novela del fabulador de Zapotlán. El primero es un fragmento en el que se describe la feria del pueblo; y el segundo es otro que ya no recordaba, pero que en un encuentro con el poeta David Huerta le escuché recitar ya que lo sabía de memoria —me lo dijo en 1997 en el huerto de mi casa de la calle Alcalde, donde una tarde salimos a disfrutar de comida y tequila— porque en sus noches de cuitas en la Ciudad de México con Orso Arreola “casi invariablemente cuando caminábamos en las madrugadas por las calles del centro terminábamos diciéndolo a dos voces”:

 

Si camino paso a paso hasta el recuerdo más hondo, caigo en la húmeda barranca de Toistona, bordeada de helechos y de musgo entrañable. Allí hay una flor blanca. La perfumada estrellita de San Juan que prendió con su alfiler de aroma el primer recuerdo de mi vida terrestre: una tarde de infancia en la que salí por vez primera a conocer el campo. Campo de Zapotlán, mojado por la lluvia de junio, llanura lineal de surcos innumerables…

 

Yo imaginé —al tiempo que me narraba el hecho— a David y a Orso: perdidos en las sombras, pero de pronto iluminados de manera dramática por las luces artificiales. Únicamente sus voces en el páramo de la gran ciudad; solamente ellos como habitantes del mundo, alejados —en definitiva— de lo que fue el Zapotlán de Arreola. 

El poema quizás fue la simiente de La feria (donde los curiosos pueden leerlo completo entre sus páginas), nació en 1951 como un solitario poema en prosa con el que Arreola (con un título poco afortunado: “Oda a Zapotlán, con un canto terrestre para José Clemente Orozco”) ganó los Juegos Flores de Zapotlán ese año. El concurso, sabemos, fue presidido por Arturo Rivas Sáinz, Alfredo Velasco Cisneros  y J. Manuel Ponce.

El poema es como un sueño de un adulto que va hacia la infancia en busca de un tiempo ya perdido para siempre, pero avivado gracias a la memoria, al lenguaje. Como casi todos los textos de Arreola, la palabra está puesta en escena y logra que en su movimiento sea efectiva y, en este caso, afectiva. Evoca e invoca. Rememora y hace que de inmediato quien lo lee se sienta obligado a decirlo en voz alta. Toda la obra de Juan José Arreola nos recuerda que fue un actor, un recitador y, claro, un pulcro prosista.

Es, entonces, la descripción de un sueño y nos hace ensoñar un mundo perdido, ya en Zapotlán no existe exactamente la barranca y ahora es casi imposible mirarla. O ya no se puede mirar. Nos queda solamente el poema de Arreola. Es, pues, un vestigio de un lugar que ya no está. Yo a los doce años leí el poema y entonces busqué el lugar, pregunté por él, pero ya nadie me supo decir con exactitud si realmente existió.

Quedan, eso sí, el bosque y los helechos; y si se tiene fortuna alguno podrá encontrar en algún camino la blanca flor, “la perfumada estrellita de San Juan”.

Cada vez que leo La feria me nace el deseo de volver a los campos de Zapotlán.

 

 

Arreola y los talleres literarios

 

Vi entonces las manos de Arreola elevarse y, en seguida, hacer figuras en el aire. Había dejado sobre el escritorio el grueso libro de poemas que había extraído del librero de su oficina de la Casa de la Cultura de Zapotlán. Leía, en ese instante, el poema de Manuel Gutiérrez Nájera “Para entonces” con una impecable dicción, una voz pequeña pero bien timbrada y exacta en la emoción.

De sus delgados labios surgían las palabras como de un maná.

 

Quiero morir cuando decline el día,

en alta mar y con la cara al cielo,

donde parezca sueño la agonía

y el alma un ave que remonta el vuelo.

 

Y nosotros —mi amigo y compañero de clase en el bachillerato, Margarito Chávez— abrimos desmesuradamente los ojos y la boca llenos de un doble asombro. Ante nosotros Juan José Arreola leía —sólo para nosotros— un poema. Ese privilegio nunca lo olvidaré.

Con toda seguridad quienes se acercaron a Arreola en los años sesenta en la calle de Río Volga, donde leía en voz alta los textos de quienes luego fueran los grandes autores de esa generación (y otras), les había ocurrido lo mismo que a nosotros. Guardadas las distancias, de algún modo de la voz del autor de La feria aprendimos a amar el lenguaje como él siempre lo hizo. En ese taller surgirían grandes textos que ahora son obras parte de la historia reciente de nuestra literatura nacional. Leídos y corregidos por Arreola (algunos dicen que veía las fallas al vuelo), esos materiales de escritura donde hubo poemas, cuentos, obras de teatro y hasta novelas como La tumba de José Agustín, serían los materiales que dieron forma a una revista, que a la postre es una de las más importantes (y menos estudiadas) de nuestra vida literaria.

Mester, fue el nicho de grandes poemas como “Oscura palabra” de José Carlos Becerra y albergaría trabajos de —pongo otros ejemplos— Jaime Sabines y Rosario Castellanos.

En esa dirección y ese año, Arreola no solamente fue el mentor de muchos escritores entre los que se cuenta a Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Vicente Leñero, sino que fundaba una forma de trabajo y una revista que daría nombre a ese taller y a una generación de escritores que ya hacían una vida cultural, pero que no habían tenido un espacio donde se les respetara y diera el apoyo para que afinaran sus voces.

En mi libro Arreola, un taller continuo (1995), recogí las palabras de algunos de los pilares del taller y la revista Mester (Eduardo Rodríguez Solís, Tita Valencia, Guillermo Fernández, José Agustín, Arturo Guzmán, Elsa Cross, Elva Macías, René Avilés Fabila, Federico Campbell, Carmen Ronsenzweig, Vicente Leñero, Álex Olhovich-Greene, Jorge Arturo Ojeda, Carlos Bracho, Víctor Villela, Rafael Rodríguez Castañeda, Orso Arreola, Leopoldo Ayala y Alejandro Aura), que solamente perduró doce números, pero que guarda una importancia fundamental.

En la entrevista a Arreola declaró su principio sobre su forma trabajo en el taller: “Hay que buscar perfectamente (hasta en el texto más débil) —dijo— los elementos positivos que contiene. El mejor texto para un taller de literatura es el texto regular, que puede llegar a bueno. Ése es el mejor. Porque hay textos, naturalmente, insalvables. Y el texto bueno-bueno, pues es nomás cosa de revisar detalles, pero el texto regular, con posibilidades, es el más fértil”.

El dramaturgo Eduardo Rodríguez Solís recuerda que “En mayo del 64 sacamos el primer número de la revista. Desde mayo de 1964 hasta diciembre del mismo año, salieron seis números; el grupo empieza como una cosa tremenda, gracias al apoyo de Manuel Casas quien nos dio crédito para sacar la revista, y el mejor papel”.

Hasta mayo de 1967 aparecieron doce números de Mester —afinó el dato Rafael Rodríguez Castañeda, en un artículo publicado sobre Arreola, un taller continuo, en la revista Proceso, en 1995—, nombre que bautizó a la promoción de escritores nacidos alrededor de los años cuarenta que allí publicaron por primera vez. Arreola conducía las sesiones, leía en voz alta, criticaba, descubría lo valioso o rescatable de los textos, impulsaba correcciones y cambios que los mejoraban y elogiaba sin reservas los aciertos que hallaba.

“Era excelente lector —dijo de Arreola Vicente Leñero —. De pronto uno oía sus cuentos en boca de Arreola y le parecían buenos. Además los corregía al vuelo; había en el texto alguna palabra mal empleada y él ponía la buena. Y era muy agudo para opinar, pero hacía también participar a todos. Era un gran animador”.

“De pronto no sé por qué, decía: ‘Esta línea me gusta, ¿por qué? Quién sabe, pero por algo’. Ese estado de sensibilidad él lo definió un día. ‘Así como hay catadores para ver dónde hay irradiaciones, debería de haber catadores de poesía: que pudiéramos pasar sobre un poema y en un momento dado, cuando hay poesía, se moviera la aguja’. Quizá él tenía eso de la pura sensibilidad. Un estado como de entusiasmo”, recordó Jorge Arturo Ojeda en un departamento de la Ciudad de México, contiguo al Bosque de Chapultepec, que había pertenecido a Arreola.

Y eso mismo es lo que percibimos nosotros —una tarde del mes de abril de principios de los años ochenta— cuando Arreola terminaba de leernos el poema de Gutiérrez Nájera:

 

Morir, y joven; antes que destruya

el tiempo aleve la gentil corona,

cuando la vida dice aún: “Soy tuya”,

aunque sepamos bien que nos traiciona.

 

 

Arreola, el evangelista

 

En términos bíblicos, Juan José Arreola pertenece a esa estirpe de los Evangelistas, y que el Diccionario Mundo Hispano define como “el que anuncia buenas nuevas” (según la etimología griega euangelistes) y es usado —de acuerdo con el diccionario— en un sentido general para “cualquiera que proclama el evangelio de Jesucristo”, o “una clase particular de ministerio”.

Arreola, en todo caso, desde siempre trajo a los oídos las antiguas primicias de la palabra y las novedades que no siempre tienen que ver con lo nuevo, si no aquello que uno no conocía y es relevante y enriquecedor. Es, pues, un ser —aún lo es— que a través de la palabra estimula el amor hacia el lenguaje, la palabra, y nos lleva siempre por el sinuoso camino de la imaginación. De hecho a Juan José Arreola lo escuché hablar a lo largo de treinta años —casi la mitad de mi vida— y fue él quien me estimuló el gusto por la lectura y, luego, la escritura.

Soy, debo decirlo de una vez, un hechizado por la palabra del Maestro que alguna vez fue mi vecino pero que yo no sabía quién era. Fue hasta finales de los años setenta que un amigo me dio a leer un libro suyo, luego de que en los cuadernos de textos de la primaria lo descubriera yo con un fragmento de La feria.

Leí entonces la novela y, acto seguido, justo frente a la catedral, Arreola cruzaba en su moto y mi amigo me dijo: “Quieres conocer al escritor de La feria”; a lo que yo contesté casi en automático que sí.

Es un síntoma de los lectores creer que los grandes escritores ya están muertos, sin embargo fue el caso que Arreola estaba vivito y coleando, era mi vecino, y estaba ante mis ojos. Mi amigo lo señaló con el dedo y fue que le dije: “¿Él es Arreola?, no es cierto. Él es mi vecino…”.

Entonces mi vida cambió. Y seguí al Maestro por largo tiempo. Algunas veces lo espiaba desde la azotea de mi casa: lo veía salir de su casa del bosque y lo miraba perderse; otras lo veía en la televisión; lo escuchaba desde el fondo de sus libros y, más tarde fui su alumno de lectura en voz alta, primero en la Casa de la Cultura de Zapotlán y, en seguida, en su casa.

Ya en Guadalajara lo escuché una vez por semana en el ex Convento del Carmen; luego en la Facultad de Letras de la Universidad de Guadalajara. Cuando fue el momento, hice el libro Arreola, un taller continuo donde entrevisté a algunos de los alumnos de su taller de los años sesenta; en todo caso lo seguí: hasta que un día volví a su casa de Zapotlán y conversamos largamente. Una parte de esa entrevista (que aún conservo en casete), la coloqué en lo que fue mi primer libro, que se publicaría años después, en 1995.

Cuando Arreola iba a cumplir ochenta años, la revista Tierra Adentro me pidió una entrevista; fui a su casa el 3 de mayo —día de la Santa Cruz— de 1998 y hablamos yo digo que a profundidad. Supo entonces que yo escribía y leyó en voz alta uno de mis poemas de La medida; me dijo que había sido amigo de mi abuelo Gabino Pazarín y me confesó algunas cosas personales que yo guardé —y guardo— como un regalo. Luego enfermó y al comienzo de este nuevo siglo fui a despedirlo en su funeral. Al subir el féretro la escalinata del Paraninfo universitario, robé una blanca flor que aún conservo con orgullo y que me recuerda siempre a su palabra.

Las palabras del evangelista que siempre fue Arreola. Porque Arreola fue sobre todo el “verbo encarnado” de las letras mexicanas. Y esa blanca flor: “La perfumada estrellita de San Juan que prendió con su alfiler de aroma el primer recuerdo de mi vida terrestre: una tarde de infancia en la que salí por vez primera a conocer el campo. Campo de Zapotlán, mojado por la lluvia de junio, llanura lineal de surcos innumerables…”, como él mismo dijo.

 

El lenguaje de Arreola en escena

 

Dueño de una pequeña pero bien timbrada voz de declamador, todo en Arreola fue una forma de colocar en escena el lenguaje verbal y corporal. Su persona y su obra estuvieron ligadas siempre a ese histrión que quiso ser y fue. No hubo un solo gesto en el fabulador que no hubiera puesto en el escenario que es la existencia misma. Toda su obra está dispuesta como si la hoja en blanco fuera un teatrino que de inmediato lo ocupa la palabra, el lenguaje y la escritura.

La prosa de Arreola, entonces, es una que siempre está en escena. Es decir, Arreola casi invariablemente coloca el lenguaje en un espacio cuyos elementos son teatrales. Si leemos con atención la obra del narrador zapotlense, desde el comienzo sabremos que una de sus más grandes aspiraciones fue la dramaturgia, el teatro.

Uno de sus primeros textos, “La vida privada” (Varia invención), es una historia que se narra en derredor de una puesta en escena de un acontecimiento “real”, que va muy ligada a La vuelta del cruzado, melodrama inmerso en una comedia que, aparentemente, ocurre en Zapotlán. Este cuento, que Arreola considera entre su producción como uno de sus textos “inmaduros”, en realidad nos revela la clara visión de que Arreola siempre se mantuvo en la escena.

Él mismo fue un actor de sí mismo. Como declamador que fue, desde muy temprano en su vida, esta disposición en todos sus cuentos se plantó con fuertes raíces. Arreola, en todo caso es un dramaturgo con unas piezas de teatro muy menores y poco recordadas (La hora de todos, Tercera llamada, ¡tercera!, o empezamos sin usted), y una vasta producción narrativa que describen al gran dramaturgo que fue; ¿o acaso “El guardagujas”, una de las piezas centrales de su narrativa, no es una obra teatral, una puesta en escena en la que con toda claridad podemos ver al Arreola en la estación, a la espera de un tren inexistente?

El lenguaje de toda la narrativa arreolina está impregnada del actor-autor que invariablemente fue; y Juan José Arreola fue un actor que desplegó en sus trabajos todas las posibilidades dramatúrgicas. No en balde sus poemas en prosa del Bestiario fueron dictados (a José Emilio Pacheco) y no escritos. Arreola, pues, es uno de los más grandes y queridos prosistas de México y este año se cumplen cien años de su nacimiento. Arreola, su obra y su personaje, serán celebrados y con ellos el idioma castellano de Zapotlán el Grande.

 

 

El boom de la poesía mexicana

Guillermo Fernández Rentería

I

(Las editoriales como campo de batalla)

Es indudable que la poesía se ha vuelto el ciclón del movimiento literario en México en estos últimos tiempos. Me refiero de tres o cuatro años para acá. Lógicamente todo boom tiene como antecedente un trabajo y un trasfondo, pero no abarcaré ese tema por el momento. Por ahora baste decir que el boom está aún en su comienzo, pero queda ya claro que tendrá un largo camino. Por qué hago esta afirmación, por- que no bastó con la aparición de un Mapa Poético Del silencio hacia la luz, concebido por Adán Echeverría y Armando Pacheco, con Ediciones Zur, o la reciente aparición de la ya tan polémica antología de poesía y sus editoriales 40 Barcos de Guerra (que ostenta el título de autogestiva), articulada por los editores de Verso Destierro, sino que ahora también los editores alternativos del medio tradicional no quieren quedar- se atrás, e impulsados por el Fondo de Cultura Económica se lanzan a reunir a 50 editoriales.

Si hacemos el recuento de todos los proyectos convocados por estas tres iniciativas llegaremos a cifras no espectaculares, pero que hablan ya de un nutrido grupo de profesionales que se están jaloneando en este libre mercado del libro literario, y en especial, el libro de poesía. Por un lado —hablando editorialmente— la coalición de 42 editoriales logró una antología, que más allá de sus alcances poéticos, ha roto con el hito de la mala distribución, por no decir pésima por difícil (o que para otros es imposible) de la poesía mexicana. Por otra parte tenemos al Fondo de Cultura Económica, con una amplia red de distribución convencional, apoyando, con un costo mínimo por derecho a stand de 1, 200 pesos, a los 50 editores alternativos que componen esta muestra y venta de libros. De estos 50 proyectos, 3 están incluidos también en la antología de 40 Barcos de Guerra, con lo cual tenemos una cifra, si sumamos los 42 proyectos reunidos por Verso Destierro, y los 47 de la feria del Fondo de Cultura Económica, 89 proyectos totales. Esto sin contar a Ediciones Zur, que bien valdría la pena tenerlo en cuenta en esta cifra, pues en la introducción del libro marítimo lo menciona el prologuista Adriano Rémura. Con esta última tendríamos 90 proyectos totales en lo amplio del campo de lectura.

¿Cómo podemos leer esta cantidad de proyectos activos? Podemos asumir es una cantidad sustancial, sin contar proyectos que también están en plena ebullición y que no están aquí, como Linaje Editores, Fridaura, Ediciones Eón, Editorial Andrógino, Épica, Start Pro, La Orquídea Errante, La Otra, Generación Espontánea, La zorra vuelve al Gallinero y otros tantos que seguro existen o están en ciernes, y que bien la efervescencia provocará en algún momento armen su propia flota; lo cual enriquecería esta concentración, y sobre todo la diversidad, en cuanto a lo cualitativo, de literatos.

Es en verdad sorprendente que en tan sólo cinco años el panorama de la poesía mexicana haya cambiado tan radicalmente. Recuerdo todavía esos años 90 y principios del 2000 donde el escepticismo respecto a los creadores nacionales reinaba, platicaba con compañeros de academia, con algunos autores incluso, y la expectativa era, un estancamiento, una crisis. No cabe duda que hay quienes todavía están en esa crisis. Pero para otros lo mejor ha sido la práctica, y si bien no han aterrizado, están en plena composición de sus propuestas.

Por qué hablar de un boom poético, porque de estas 90 editoriales, en principio 43 están dedicadas si no de lleno a la poesía, por lo menos sí en lo sustancial, pues editorialmente esa es la cara que están mostrando como su fuerte. De las otras 47 que tenemos en el Fondo, están algunas de las que se dedican a publicar textos académicos, políticos, libros de arte, narrativa, teatro, etc., y entre otras cosas a reeditar poetas clásicos de diferentes países y épocas. También están los que se dedican, si no de lleno a publicar autores recientes, sí por lo menos a producir colecciones donde incluyen a poetas que están sonando en los ámbitos culturales del INBA y diversas academias del país, y muchas de ellas ya con una amplia tradición. Es decir, de estas 47 editoriales podemos contabilizar, y acótenme si me equivoco, por favor, 29 editoriales que publican poesía, aunque 5 de ellas no incluyan poetas nacionales; y de las 21 restantes, 10 de ellas se dedican a la narrativa, 2 al teatro, 8 a publicaciones generales (ensayo, narrativa, divulgación, etc.) y 1 a distribuir.

 

Con esta apreciación rápida podemos sumar en total 43 editoriales de poesía por parte de los 40 Barcos, y 29 (que son mayoría) dedicadas a la poesía por parte de la feria del Fondo de Cultura Económica; es decir, tenemos 72 editoriales centradas en la poesía, de las 90 que se presentan.

El impulso viene desde lo independiente, y está per- meando lo alternativo. Parece cierta ahora esa premisa posmoderna de que lo “marginal” está dejando de existir, para volver este mundo más incluyente y amplio. Es gustoso saber que en México el boom poético está en su arranque y que seguramente nos dará peleas memorables en ese mar que es el libre mercado del arte y donde la poesía es ahora su principal arma.

Me parece importante enumerar las editoriales implicadas en la euforia editorial por la poesía. Las colocaré a renglón seguido, empezando por las que no están incluidas ni en una ni en otra, luego con las de la feria y para concluir con las de la antología belicosa, que son mayoritariamente de provincia: Linaje Editores, Fridaura, Start Pro, Épica, Ediciones Eón, La Orquídea Errante, Editorial Andrógino, La Otra, Generación Espontánea, La Zorra vuelve al Gallinero y Alias, Almadía Editorial, Azafrán y cinabrio Ediciones, el Billar de Lucrecia, Bonilla Ar- tigas Editores, Bonobos, La Cabra Ediciones, Doble Hélice, Arlequín, Cal y Arena, Ediciones de Educa- ción y Cultura, Ediciones Del Ermitaño, El Mila- gro, El Tucán de Virginia, Endora, Monte Carmelo, Ediciones Sin Nombre, Aldus, Atemporia, Editorial Efímera, Editorial Ítaca, Lenguaraz, Moho, Praxis, Editorial Resistencia, Ficticia, Juan Pablos Editor, Laboratorio de Novela, Libraria, Libros del Umbral, Libros Magenta, Literalia Editores, Lunarena Editorial, Mangos de Hacha, Mantarraya Ediciones, Mantis Editores, Nitro/Press, Nostra, Paso de Gato, Petra Ediciones, El poeta y su trabajo, Proyecto Literal, Quimera Ediciones, Sexto Piso, Sur+, Taller Ditoria, Textofalia, Trilce, Tumbona Ediciones, Vaso Roto y Amanuense, ARCA, Ediciones Arlequín, Blasfemia, Bulimia de Camaleones, Cantera Verde, Taller de Cartago, Casa del Arte Comitán, Ediciones Clandestinas, Clarimonda, Ediciones la Cuadrilla de la Langosta, Cultura de Veracruz, Datura Red, DiVerso, Ediciones El Aduanero, El Brujo, El Chiquihuite, Floricanto, Galería Urbana, Garabatos Editorial, Homoscriptum, Kala Editorial, La Tarántula Dormida, Ediciones Ladrillo, Las Dos Fridas, Ediciones Libera, Metáfora (hoja de poesía), Mezcalero Brother’s, Molinos de Acentos, Nuevo Siglo Editorial, Papeles de la Mancuspia, Letras de Pasto Verde, PLACA (plataforma Chilango Andaluz), Plan de los Pájaros Ediciones, Poetas en Construcción, Tlacaxipehualiztli Ediciones, Ediciones Unicornio, Verso Destierro.

Después de todo, los poetas empiezan a tener opciones.

 

 

II

(Los estilos variados del ahora)

En la primera entrega de este texto, bien observó Adán Echeverría, faltó enumerar algunas editoriales, como son: Tinta Nueva, Editorial Pharus, y Guadalupe Morfín me preguntó sobre Era. Me parece importante arrancar el texto con estos anexos pues para hacer un redondeo general de los estilos y el nivel poético que oscila en ellos, es necesario tener “el margen” lo mejor delimitado posible. Karina Falcón, editora de la revista ARCA, acotó respecto a la calidad en la producción lírica nacional2, cierto escepticismo, el cual no es ella la única que lo posee, pues el rango de “calidad” es uno de los requerimientos con los que más frecuentemente se da de golpes el “crítico” literario mexicano de ocasión; es decir, los lectores exigentes (en su mayoría poetas) piden siempre un nivel que “no alcanzan a cumplir” los vates con los que se topan, en las ahora, tan frecuentes lecturas.

La respuesta es (para esta constante frustración del “lector crítico”, para este continuo desastre poético): que la poesía se ha especializado. De nueva cuenta (antaño ha pasado), se ha dividido; si no en nuevos géneros, por lo menos sí, en nuevas poéticas, o en diferentes estadios móviles para la delimitación de su estética. En pocas palabras: ya no hay una sola poesía nacional que albergue a todas las nuevas corrientes, y que guarde en su seno una calidad heterogénea, o el rigor de un solo canon para determinar el alcance escritural de los poetas desde un eje homogéneo.

Comienzo con esta acotación para dejar en claro la óptica con la que abordaré la “plasticidad poética” de México actualmente, y de cómo en su totalidad genera una riqueza que puede traducirse en un estridente (por no decir: no ecualizado) margen de calidad. Después de todo qué podría esperarse de un arte tan prolífero como la poesía, en un país que alberga más de 100 mil millones de personas, y en donde las lenguas son varias y la ciudades son verdaderos hervideros poli-culturales, que bien pueden recordar a la vieja Tenochtitlán, envuelta en una aureola de chinampas y casas, comunidades enteras tejiendo una corona de flores alrededor de aquella ciudad guerrera.

Es bien sabido que todas las épocas clásicas del arte se han dado en grandes ciudades, regularmente a través de sus esculturas u obras arquitectónicas magnas, para así consolidar el esplendor de su grandeza cosmopolita. Pero en el Siglo XXI parece habrá otra lógica para designar la grandeza de una ciudad, y esta será medida por su capacidad para albergar en sí mis- ma una “infinita” variedad de ciudades conviviendo en tensa armonía, y así logar un panorama amplio, enriquecido. Es importante subrayar que esta nueva grandeza no se basará en una cultura bélica, o de mercado, como hubiese sido en otras épocas. Ahora “la cruzada” por la conquista del mundo es: la paz: la unidad, lo global. Y como su antagónico natural, y al mismo tiempo medio para concretarse de una forma sincrética; es el desarrollo de las comunidades pequeñas en base a una auto-estructuración. Así, la poesía es, como lenguaje, base primera de una comunidad viva, como elemento constitutivo. Digámoslo más aventurado; es la poesía el monumento vivo de la lengua: y su forma de consolidarse es la manera en que se practica la realidad y cómo ésta práctica alimenta la riqueza socio- lingüística de sus integrantes. La variante lingüística de la comunidad, así se vuelve una aportación para el infinito mosaico de las Lenguas.

Queda en claro que un boom significa que la esté-tica (o estéticas) en juego, están no en su estado de esplendor (donde se refinan y constituyen los cánones) sino de conformación; y toda esta serie de esté- ticas terminarán por generar el aura poética en torno a una nueva nación, ahora, no geográfica, no tangible. Esta nueva nación de los poetas y sus discusiones invisibles será donde se acomodarán todos en un mismo concepto, y al mismo tiempo cada uno puede y debe desarrollarse en su propia dirección. Digamos que sería la vuelta a un nomadismo intelectual, don- de cada punto de llegada es punto de partida para un monumento infinito como lo es la lengua mis- ma. Bien lo han estudiado los sociolingüistas, que al tomar apunte de las lenguas vivas y reconocer que de ahí (de cada uno de esos dialectos espontáneos o en meditación) nacerán futuros mundos semánticos; historias enteras de humanidades aún inverosímiles. De aquí viene la importancia de esta forma natural de consolidación de las lenguas en conflicto, que en la actualidad derivan en un cúmulo de poetas, en caudalosa creación y armonización de estéticas (ahora diminutas), pero que a diferencia de sus antecesores, seguirán el patrón constructivo de lo maleable, el “monumento indestructible” de la poesía.

Con este breve mosaico arqueológico, podemos hablar ahora sí de estilos, latitudes, sociogeografías, estados y tendencias. Empecemos. De la reunión de editoriales enumerada en la primera parte del ensayo, valdría entresacar a las editoriales que han terminado por definirse como Editoriales Alternativas (o de alto riesgo ¿?), grupo en el cual se nota la tendencia a editar poetas ya con cierto renombre dentro del circuito Central de la poesía. Por Central entendamos, editoriales ya supeditadas al capital nacional, y que por tanto corresponden a un mercado específico, canónico por supuesto, ya que es el Canon el que da garantía de una calidad, aunque éste a veces quede supeditado a intereses ajenos o indiferentes a los autores mismos y sus contextos de vida, o históricos. El mecanismo funciona de este modo: el grupo Alternativo es un círculo editorial que se desprendió del mismo punto central para construir editoriales que no pertenecieran al Estado o a una cadena mercantil de libros, sino que pudieran dar una cara más libre, tanto del centro estético como del mercado volátil de la literatura rápida. Dentro de estas editoriales podemos leer El Billar de Lucrecia, que se ha especializado en poesía Latinoamericana, aunque su editora, Rocío Cerón, es miembro de un grupo sólido de poetas que ha ejercido la poesía estilizada, herencia de la pulcra escritura posmoderna; Bonobos, que ha editado a poetas de garantía formal, ya sea legitimados por una beca o por un premio; Ediciones de El Ermitaño, con una especialización en tirajes cortos, y que ha publicado al igual que Praxis un sinnúmero de poetas consagrados así como de recién ingreso al circuito. Otras editoriales de ya larga trayectoria y con una muy larga tradición de coediciones con instituciones y con un catálogo de autores que bien coincide con el de FCE, y el de Conaculta, y estas son en su mayoría parte de la AEMI (Asociación de Editoriales Mexicanas Independientes), como Mon- te Carmelo, Aldus, El Tucán de Virginia, Ediciones Sin Nombre, Ficticia, Mantis, Ediciones Arlequín (de Guadalajara), Trilce, o más reciente, Almadía; editoriales que comparten en mayoría los autores de su catálogo, y que nos dan un margen alternativo central, con poetas que pueden leerse dentro o fuera del canon poético instituido por las últimas genera- ciones legitimadas en México. ¿Los nombres? Basta echar un ojo al catálogo de poesía de Tierra Adentro y Conaculta. Hablar sobre la calidad poética de este primer grupo, es un tanto sencillo, en cuanto que responde directamente a una tradición ya forjada. Es decir, no hay el desarrollo radical de un estilo o una propuesta, sino que se engloban como clase burocrática (sin que esto sea peyorativo, sino funcional) de un sistema definido por valores nacionales y que son el “frente principal” que incluye a México dentro de una tradición mundial poética, y lo vincula directa- mente con la literatura europea, que en este caso, por obvio, es España. ¿Hay calidad?, por supuesto. Ya avalada bajo los nombres de la historia reciente de la poesía global (recordemos la reciente entrega del premio ibérico3 a José Emilio Pacheco), y por otra parte en el clasicismo ilustrado, griego o renacentista, incluso neoclásico, sustentado en figuras como Rubén Bonifaz Nuño o Eduardo Lizalde.

La contraparte de lo Alternativo, es la Editorialidad Independiente, que busca editar no de segunda vuelta los mismos autores, sino que apuesta por autores nuevos, por supuesto con una “calidad” no comprobada, puesto que muchos de ellos son aventureros transitorios, y otros tantos apuestan por estéticas aún “indefinidas” (digamos en formación). Sin embargo, hay también los que ya han desarrollado un estilo y que bien pueden hacer contrapeso a la estética formal, con una estética innovadora, por su particularidad. En definitiva la evolución de la poesía está hacia la particularización de los Estados  Volátiles, sean altas poblaciones o breves comunidades: es un hecho; el mundo artístico avanza hoy no hacia la “universalidad” concéntrica de las ciudades, o continentales, sino hacia la proliferación de las “pequeñas” entidades: el ejemplo claro es la polípolis mexicana, donde cabe no sólo el Centro, sino Iztapalapa, Tlalpan, Neza, Ecatepec, como ejes del desarrollo cultural.

 

 

POLÍTICOS E INTELECTUALES

Ramiro Padilla Atondo

 

 

La eterna contradicción en un país como el nuestro, proclive a la simulación, a la mentira. Un país de poquísimos lectores donde el gobierno finge que promociona la lectura, muestra elaborados números que “prueban” las supuestas mejorías en los índices de la misma mientras la población se mantiene a los mismos niveles de hace muchísimos años. Esta proclividad a mostrar los avances, el gatopardismo de cambiar para que todo siga igual, solo demuestra la agenda (o falta de ella) para construir ciudadanos críticos. Es iluso creer que aquellos que detentan el poder, (y contra lo que se piensa por costumbre no son los políticos en su mayoría) permitan que haya ciudadanos informados y críticos, pues esto acarrearía una trasformación en la manera que se ejerce el poder; un cambio en la estructura social que permitiría aumentar la base de aquellos con capacidad de tomar decisiones que tengan que ver con un bienestar de la mayoría. Y esto evitaría que las escuelas se conviertan en grandes fábricas de conformistas.

 

El poder se ejerce, no se comparte. Y el poder está basado en la oralidad. La edad de oro del régimen Priista era la edad donde se ejercían aquellos discursos elaborados, los jilgueros que cantaban loas a la revolución y a la figura omnipresente del tlatoani sexenal, depositario del bien y del mal del país. Y el tlatoani invitaba a los intelectuales a compartir un trozo de ese poder. La justificación histórica de los usos y abusos de la presidencia imperial radicaba en aquellos hombres de letras. La justifi cación necesaria de aquellos actos que pervive hasta nuestros días. Los políticos basan su poder en su capacidad de simulación, las medias verdades, las medias mentiras. Esta perversión de la idea de lo que debe ser un intelectual, alguien que por su bagaje cultural desconfía del poder, lo abomina, pero se siente tentado a explicár- selo: Le atraen los hombres de poder más por afán psico-sociológico, aunque en algunas ocasiones sucumben a la tentación de la inmortalidad transexenal.

El extraño paradigma de nosotros los mexicanos, campeones mundiales de velocidad en descalificación, que creemos que nuestra clase política debería ser culta, bonita, educada, y que en cada elección renovamos nuestro compromiso con la corrupción y el statu quo. El pesimista es un optimista bien informado: el verdadero intelectual hace del pesimismo una forma de vida. La esperanza muere al último.

En  México la esperanza nació muerta, y su cadáver es contemplado con indiferencia por todos. Y esta indiferencia promocionada por las élites es la causa principal de nuestra parálisis. Los intelectuales en este país están contaminados por la vida política. Juegan a la grilla y a repartirse los presupuestos en vez de hacer lo que deben hacer, convertirse en la conciencia crítica de la sociedad. Me recuerdan a la fábula del perro gordo y el lobo fl aco. El intelectual debería de soltar la cadena y bajar de peso, convertirse en el lobo fl aco. Abominar del sistema que lo compra. Dejar de ser light. Convertirse de orgánico en inorgánico. En pocas palabras, hacer lo que hace todo intelectual, dejar la visión cortoplacista y buscar la gloria, aunque esta esté alejada del presupuesto. Las nuevas generaciones se lo agradecerán.

Publicado en NORTEC

 

 

 

GUTENBERG INFARTADO

Ramiro Padilla Atondo

 

Ese podría ser el título de un cuento al ver al viejo impresor de Maguncia llegar al presente y ver como su invento empieza a difuminarse. A pesar de nuestros deseos de que el libro no desaparezca ha llegado el tiempo de redactar su necrológica. Daniel Salinas lo escribió de manera magistral en su Réquiem por Gutenberg. Daniel mismo, un lector contumaz dice que leer es una forma de sustraerse de la realidad tal como lo hacen los chicos modernos con los video juegos. El problema es que Daniel es un caso atípico para nuestra realidad mexicana. Si Gutenberg se paseara por nuestros hogares se daría cuenta que encontrar su invención está difícil. Si a esto le sumamos los precios de los libros entonces estamos fritos. Comprar una novedad literaria cuesta casi un ojo de la cara. Hace poco me paseé por la lista de novedades de una conocida librería de Tijuana y al revisar los precios casi me da un infarto. Cualquier novedad rondaba los trescientos pesos. Entonces me doy cuenta que la labor de los lectores voluntarios es valiosísima, Quijotesca. Sus molinos de viento son el sistema y nuestra sicología. Los libros de moda o libros maruchan tienen una vida corta. En meses o quizá en un año estarán en la lista de saldos de alguna tienda departamental. De alguna manera las editoriales empiezan a parecerse a las revistas sensacionalistas. Pararse por un aeropuerto estos días es una invitación a darse un paseo por las decenas de libros que hablan del narcotráfico que es la moda. En Estados Unidos los libros de aeropuerto están definidos por su capacidad para entretener al viajero en vuelos cortos o largos. Las novelas de aventuras y las policiacas son las más consumidas sin dejar de lado las historias de terror de Stephen King, todo un maestro en escribir libros entretenidos. Aunque la tecnología esté haciendo su labor. Hoy hay dispositivos para leer con grandes capacidades de almacenamiento. Un simple aparato puede albergar hasta mil quinientos libros, toda una biblioteca, impensable hace algunos años. Esperemos que estos avances puedan ayudar a paliar los paupérrimos números en cuanto a lectura

Publicado en NORTEC

 

 

La MesaAlterada distintas formas

de conversar sobre poesía y poetas

Marco Fonz

 

Después de vivir algunos años en la ciudad de México y de conocer a casi todos los poetas que viven en esta ciudad y platicar con ellos e ir a sus lecturas y escucharlos en sus reuniones o mesas redondas. Tuve la certeza que necesitábamos una forma diferente de dialogar con los poetas y con sus poemas. Se podría tener la idea del centralismo como un ente que afecta directamente la visión de la poesía en el país. Pero yo añadiría que otro de los factores que afectan a la poesía mexicana es la mentalidad provinciana en todos los ámbitos en que se desarrolla la poesía y el trabajo de los poetas en México. Esta lamentable visión provinciana no tiene nada que ver con la vida en la provincia o el oficio de los poetas en provincia. Esta visión provinciana tiene que ver más con la práctica hasta cierto punto corrompida de la relación del poeta con el Estado y una falta de lecturas y vicios que se vienen arrastrando desde hace ya tiempo atrás. Esto pareciera una verdad callada o algo que todos sabemos pero que nadie, parece, desea acabar o cambiar. La relación que tiene el poeta con las instituciones no sólo afecta de forma directa la práctica en la vida y sociabilidad del poeta, también y lo que es peor, afecta las formas estéticas de la poesía de un país. No existiría ningún problema si los poetas practicantes del erario público dieran ciertas libertades a las propuestas que se ofrecen fuera de las instituciones. Pero lamentablemente los poetas del “estado” tienden a homogenizar todo y querer controlarlo todo e imponer sus criterios estéticos en detrimento de la poesía mexicana. Y no sólo tenemos el problema de la estética ofrecida por unos cuantos, sino que estos cuantos controlan bajo sus criterios, becas, ediciones o premios. El control de todas estas instancias y apoyos, vuelvo a repetir, es en detrimento de la poesía mexicana. Sin participar en este panorama de carreras locas de ver quién aparece en más antologías, de quién gana más premios, de quién es el más comentado, ensayado o lanzado al pináculo del mejor poeta de su generación, como si el oficio del poeta fueran sus logros en vez de su palabra. Nos topamos con la necesidad de variar las formas de diálogo sobre la poesía mexicana y sus poetas. En una plática con Iliana Vargas y con Ángel Carlos Sánchez planteamos desde un principio que las charlas tenían que proponerse con formato distinto. Que los participantes no llevaran ponencia sino que todo fuera una plática de su propia experiencia como gente de letras. Nosotros queríamos algo más íntimo, sin esos públicos familiares o públicos de amigos que sólo van por ese compromiso filial y no por la búsqueda de algo propositivo o en descubrimiento de nuevas estéticas. Convenimos entonces con la idea de Ángel Carlos Sánchez de que hiciéramos las pláticas en  nuestra casa. Y así lanzamos la convocatoria a seis, poetas, narradores y ensayistas de diferentes ámbitos y con diferentes visiones sobre el trabajo poético en México: Ángel Carlos Sánchez, Marcos Daniel Aguilar, Jorge Aguilera López, Adriana Tafoya, Eva Castañeda y Andrés Cisneros de la Cruz. Comenzamos planteando tres temas para desarrollar: 1ª. Influencia de la poesía y narrativa mexicana en literaturas extranjeras. 2ª. Propuestas estéticas actuales que predominan en la literatura mexicana. 3ª. Determina en algo al escritor mexicano pertenecer o no a una institución literaria de gobierno. Estos tres temas me habían inquietado desde tiempo atrás, cuando en los diferentes viajes dentro del país y en el extranjero no encontraba realmente influencias entre los escritores de diferentes estados de México y fuera del país. A esta búsqueda de saber qué escritor mexicano había influenciado a otros escritores, encontré que algunos escritores mexicanos eran conocidos y publicados, pero eso no significaba que fueran influencia para la creación de otros escritores. Entonces creció mi duda y mi incomodidad, porque aquí en la ciudad de México las autoridades e instituciones lanzan un discurso en donde te hacen creer que nuestros “grandes y reconocidos escritores” son leídos y tenidos como referencia y como influencia y esto en verdad en la práctica no sucede. Los autores más nombrados o leídos son Juan Rulfo, Octavio Paz o Jaime Sabines, pero esto no significa que ellos sean nombrados como influencia directa para la creación. Es más, cuando vemos las antologías de poetas mexicanos, tantas que son lanzadas al mercado editorial cada año, vemos en la parte de influencias que los poetas mexicanos son más influenciados por europeos, estadounidenses o sudamericanos que por los propios autores mexicanos. Esto nos hablaría que entonces nuestra tan nombrada tradición literaria no es mexicana y entonces no tendríamos una verdadera literatura mexicana. Esto desde que se concibió la idea de tener una literatura nacional. Al plantear la pregunta a los participantes de La MesAlterada, aunque sus respuestas eran ciertas, no se logró responder acertadamente al tema planteado. Fueron varios los nombres lanzados a la mesa, tales como: Nervo, Alfonso Reyes o López Velarde. Pero esto no demostró que los lectores o escritores en el extranjero tuvieran de estos autores influencia directa. Al parecer tenemos todavía que plantearnos más en serio y con más profundidad este tema y saber qué pasa con nuestra literatura mexicana y cómo podemos dar el siguiente paso. Estéticas desarrolladas que tienen otras literaturas a nivel mundial. Influir con una estética propia la creación de otros territorios de la imaginación y de la creación poética o narrativa en el país. Al parecer los grupos literarios mexicanos en el poder no se han planteado esta cuestión o no les importa el no tener una estética propia ni el reflejar esta misma estética a otros niveles. Pareciera que están más preocupados por su sobrevivencia humana que por su vida creativa y sus obras. El ejemplo más reciente es el plagio hecho por Alatriste. Y aunque tenemos muchos nombres de escritores mexicanos en diferentes premios o becas o publicaciones a nivel mundial esto no demuestra que  se tenga una nueva propuesta estética ni crear una influencia que podamos llamar “Gran influencia a nivel mundial”. Cuando algún escritor se atreve a lanzar alguna propuesta estética que no tenga que ver con la imperante en las instituciones, es casi automáticamente marginado, ignorado y silenciado con los métodos que ya conocemos. El método del “no existes”. Y aunque estás propuestas sean publicadas y salgan en forma de libros o sus autores tengan cierto público, esto no significa que sean entendidos o estudiados por académicos o ensayistas. En este país pareciera un crimen el cuestionar las formas estéticas o proponer algo diferente a lo establecido por los grupos literarios en el poder literario mediático. El siguiente tema es sobre las nuevas tendencias estéticas que se desarrollan en México y vemos también que no existe nada novedoso que podamos entender como una propuesta mexicana. Entiendo como propuesta estética el que algún poeta o narrador haya desarrollado algo en su escritura que en ninguna otra latitud se haya escrito. Así encontramos el caso de Ramón Martínez Ocaranza, Orlando Guillén, José Vicente Anaya o Roberto López Moreno; que insertan en sus poemas otro tipo de ritmos y variantes lingüísticas e idiomas distintos al castellano. Podemos decir que aunque sus influencias sean también del extranjero, desarrollan con ellas variantes que nadie en México había hecho antes. Así ellos serían los primeros poetas mexicanos en proponer una estética que se pueda llamar mexicana. Esto en la poesía, en la narrativa sucede algo similar, pero los escritores están todavía más controlados Marco Fonz no sólo por una estética de estado sino por un mercado editorial casi caníbal. Y esto no permite que nuevas formas o propuestas estéticas sean atendidas como es debido. Tanto así que muchos consideran la poesía de los antes mencionados como mala o inacabada o que está todavía en búsqueda de cómo decir lo que piensan. Esta cerrazón a formas diferentes de decir, es lo que nos lleva a un esquema enfermo, el cual venimos padeciendo desde muchos años atrás y que parece que a la mayoría de los poetas no les interesa salir de él. En La MesAlterada se planteó este tema sobre estéticas llegando casi al mismo resultado que el tema anterior, no hay una repuesta concreta ni objetiva que pueda contestar satisfactoriamente a la pregunta planteada. Desde la búsqueda de una literatura nacional los escritores siempre han participado de manera conjunta con el estado político mexicano, esto ha llevado no sólo a que nuestros escritores vivan casi completamente del dinero del Estado, sino que han sido seducidos y reducidos por el poder y han hecho de su práctica creativa una verdadera mafia literaria. Esto no importaría tanto si esta mafia literaria, vuelvo a decir, no afectara directamente a la estética propuesta por los escritores y poetas. Afectan o no las becas, premios o reconocimientos a los escritores. Yo creo que sí les afecta, en el sentido de que los vuelve complacientes y hasta flojos en su ejercicio de crítica, autocrítica y propuestas o búsqueda de propuestas en verdad novedosas para la literatura mexicana. Puedo decir sin temor a equivocarme que existe una estética de Estado, que es la más solventada por todos los grupos que denotan el poder  literario o la crítica literaria de este país y que en cierta forma alcanza niveles mundiales. Los encuentros de poetas son un claro ejemplo de cómo esta estética del Estado reina en los criterios de los organizadores y participantes, todo lo que sale de sus contornos de comprensión estético no existe o está mal escrito o es inmaduro. Lo mismo sucede con el criterio en el que se proyectan y construyen las antologías. Otro mal de nuestros tiempos, lo que pudo haber sido algo bello, incluyente y en verdad representativo de lo sano que puede ser un país con su literatura. Se ha vuelto algo insufrible y marginal en su propia cerrazón. Nunca una antología podrá representar toda la creación de un país. Pero en México los autonombrados antologadores ven en sus antologías la manera infame de perpetuarse junto con sus elegidos. Pareciera a simple vista que desde hace quince años hasta esta fecha las antologías son tan pasajeras como un registro de un hotel de paso. Pero sus integrantes y antologadores piensan o creen ilusoriamente que es lo contrario. Que las antologías les darán nombre eterno. La cercanía con las instituciones debería ayudar en verdad a que la creación literaria de México sea sana y esté en crecimiento con todas las propuestas posibles. No castrar o cortar las que se van perfilando. Los mismos poetas y escritores deberían de perder el miedo a que surjan nuevas voces, nuevas visiones y nuevas estéticas. Sea como sean planteadas. La docilidad ya sea en los poetas o escritores del Estado o la docilidad en el fracaso manifiesto de su destino de los poetas marginales o outsiders es mala para la creación misma. El equilibrio que desde mi punto de  vista debería practicarse es el de permitirse escuchar, analizar, leer y atender cualquier manifestación que se proponga a nivel nacional. Es sospechoso que en un país como el nuestro con tantos escritores y poetas a nivel nacional sean siempre los mismos los que llenan las páginas de las antologías o las listas de los invitados a encuentros de poetas o los beneficiados con becas o estímulos para la edición. No existe ningún peligro el permitir entrar a las instituciones a las voces que ruedan por los estados de México, las voces y la palabra que crece en los camellones o calles oscuras de la ciudad. Ningún peligro deben de sentir los poetas o escritores que han escrito toda su obra a la sombra de las instituciones. La poesía y la literatura no son competencias. Con tantas lecturas que decimos tener, ya debíamos de haber aprendido que el mejor no es quién gana más cosas sino quien propone mejores cosas. Que a la larga eso siempre lo agradece la poesía y la literatura. La MesAlterada es una propuesta para discutir, criticar y dialogar sobre la poesía y literatura, sobre los poetas y sus circunstancias, sobre el poder y las estéticas propositivas. Una forma distinta, no nueva, de desarrollar temas y contestar preguntas a las cuales no tenemos, todavía, respuestas definitivas. La MesAlterada como una bocanada de aire en medio de tanto silencio brutal, en medio de espejismos institucionales o entre los profetas callejeros. Sea pues el diálogo al final de la historia de la literatura y de la poesía mexicana quien determine y que la estética mexicana sea la que al final del tiempo gane.

 

 

Nos hacen falta intelectuales como Gabriel Zaid

Adán Echeverría

 

 

"En la segunda parte de nuestra vida,

al prepararnos para la muerte,

lo que es difícil de abandonar no es el vientre

sino el falo"

J Campbell.

 

 

Hay un dicho que se atribuye a Pablo Neruda: “En México, levantas una piedra, y salen poetas”. Jamás he sabido si eso es bueno o es malo. Celebratorio, es el proyecto con el cual celebramos los 10 años del Mapa Poético de México, que en el 2008 conjuntara poco más de 650 autores de poesía, nacidos o radicados en México. Proyecto gestado como homenaje a los autores de poesía, dedicado a los lectores de poemas, para que sean ellos quienes determinen, en el vasto universo de siete volúmenes ordenados por entidad federativa, cuáles son los poemas que les agrada leer, quiénes los poetas preferidos. Y poner un freno al ego que en muchas ocasiones pierde a los poetas mexicanos.

Más de una vez he escuchado historias de poetas mexicanos enojados conmigo por la aparición del ‘Mapa Poético de Poesía’; pero dichos enojos vienen, casi siempre, de los autores que vivían de los presupuestos, y su amistad con otros les había conseguido figurar en antologías a nivel nacional. El Mapa Poético de México, puso y pone en una misma plataforma a los que publican mucho y a los que publican poco; y esto está asociado a los presupuestos, amistades y prebendas que no dejan de ocurrir en este país. Los lectores, inteligentes siempre, pudieron darse cuenta de que hay autores que con pequeños tirajes sostienen una fuerza poética superior a los que aparecen en cada antología financiada por la federación. México y sus fallidos presupuestos editoriales.

Este ejemplo del Mapa Poético de México, que puso en la misma tara a los poetas mexicanos, es el claro ejercicio de que no todo lo que aparece y aparece por todos lados es la mejor literatura, porque la literatura tiene que ser perseguida por los lectores.

Esa lucha presupuestal por ser publicado por el estado, también llega a los medios de comunicación, impresos, electrónicos, películas, vídeos, radio y televisión. El dinero es que el mueve las plumas de muchos columnistas, de muchos escritores. El dinero y las amistades es lo que mueve las publicaciones que pretenden ser afamadas, y que gozan de muchos seguidores.

Esas mismas prebendas son las que crean “intelectuales patito”; y uno los reconoce porque son incapaces de ponerse contra del Sistema, y solo se acomodan bajo el brazo de cualquier partido político. Uno entonces pueda darse cuenta de simplezas de pensamiento que se reproducen en el discurso del ciudadano: Mafia del Poder, Guerra Sucia, Peligro para México.

Los verdaderos intelectuales tienen la obligación de resistir al Fanatismo. Tienen la obligación de ser Anti Partidistas. Tienen la obligación de estar contra la Partidocracia. Tienen la obligación de no seguir la Masa.

Pero, lo comprendo, tienen que comer, tienen que vivir de presupuestos que paguen su pluma, sus ideas, sus columnas, sus “sesudos” ensayos. Es una tristeza que en México el escritor apenas sea parte del folclor, y que los medios de comunicación insistan en verlos como Colaboradores, sin reconocer sus aportes a la Cultura de México.

Los he leído lanzar sus diatribas contra Vargas Llosa. Profesores universitarios declarando en redes sociales que Vargas Llosa es (ponga acá el insulto y la denostación que su intelecto le permita); pero ahora se han lanzado contra Gabriel Zaid, por mucho uno de los intelectuales mexicanos más lúcidos de la literatura en español.

Son una verdadera pena.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

 

Recomendaciones para los certámenes literarios

Fer de la Cruz

 

Un poeta ha ganado cantidad de premios literarios. Años atrás ya se le había descalificado de alguno de ellos, de manera no oficial, cuando un jurado perspicaz notó la misma dedicatoria (a su esposa e hijos o hijos, con todo y nombres) en más de uno de los poemarios participantes, en flagrante violación de las bases, según me fue revelado en declaración anónima de primera mano. El año pasado, a dicho poeta le revocaron un premio que había ganado en Palenque tras descubrirse que acababa de ganar otro premio en Ciudad del Carmen con el mismo trabajo, en idéntica violación de las bases.

Este poeta, nacido en Champotón, Campeche, no tuvo reparo en volver a participar en la nueva edición del mismísimo premio de Ciudad del Carmen, los LX Juegos Florales, con el ilegal envío de siete trabajos firmados con sendos seudónimos. Entrando en los territorios de la especulación, en sus ansias de ganar por las buenas o por las malas, este poeta, de nombre José Landa, envió poemarios que apelaran a diferentes preferencias estéticas posibles del jurado calificador, aumentando muchísimo la posibilidad de salir ganador. En los hechos, prácticamente el veinte por ciento de los 38 trabajos valorados por el jurado eran libros suyos. La prensa campechana ya registra que, tras abrirse las plicas, los organizadores descubrieron la violación a la primera de las bases que textualmente limita la participación a “un libro de poemas”.

Hace unos días, un poeta yucateco recibió la llamada de los organizadores de los XV Juegos Florales de Ciudad del Carmen anunciándole que, de acuerdo con el laudo, el jurado calificador le otorgaba una Mención de Honor. Este poeta yucateco —nacido en los ochentas, me limitaré a revelar— rechazó dicha mención tras escuchar que el ganador había sido el ya célebre Landa. Sabiamente, el yucateco buscó evitar que su nombre se asociara al de Landa cuya fama es precisamente de tramposo, como queda sobradamente evidenciado; digamos que “por higiene”, como ha señalado al respecto el maestro Manuel Iris.

Tras la justa descalificación del Landa, los organizadores debieron haberle otorgado el Primer Lugar al poeta yucateco autor de la Mención Honorífica. Sobre este caso, el maestro jalisciense Luis Armenta Malpica —ganador, en años anteriores, de los Juegos Florales de Ciudad del Carmen y jurado veterano en los principales premios de poesía del país— ha expresado en redes sociales lo siguiente: “las menciones honoríficas se conceden a los trabajos finalistas que están casi a la par del libro ganador. Ante la descalificación del ganador, deberían ser consideradas para sustituirlo, si es el caso, únicamente el o los libros que hayan merecido tal distinción”.

Desconocedora de estos protocolos, la institución convocante, malamente, optó por seleccionar a otro poeta, cuyo trabajo no constaba en el laudo, para declararlo Primer Lugar y extenderle la Flor Natural y los ochenta mil pesos correspondientes, despojando a un excelente poeta yucateco de la distinción y el monto monetario que legalmente le correspondían. Supongo que se habrá tratado de una decisión política de los organizadores, sintiéndose despechados por el justificado rechazo de la mención y desoyendo el criterio de los miembros del jurado, cuya honorabilidad no pongo en duda.

Yo no participé en este concurso. Con esta aclaración busco evitar que se cuestione la imparcialidad de mis palabras. Sin embargo, he participado en otros concursos que han sido ganados por el champotonero y, conociendo sus tácticas, sospecho que en aquellos premios también jugó con los dados cargados y de que nos cometió fraude tanto a mí como a la totalidad de los escritores participantes, así como a los organizadores.

En el espíritu de combate a la corrupción que se espera que impere en las administraciones entrantes a nivel nacional, y para evitar participaciones y premiaciones fraudulentas, a continuación planteo las siguientes

 

RECOMENDACIONES PARA LOS ORGANIZADORES DE CERTÁMENES LITERARIOS:

 

Sobre las bases generales.

  1. Que las bases especifiquen, de manera clara e inequívoca, que cada participante podrá enviar un solo trabajo; que las obras enviadas no podrán estar participando en otros certámenes; que no podrán participar los ganadores del Primer Lugar de ediciones anteriores, más otras restricciones que se consideren pertinentes para cada premio en particular.
  2. Que se faculte al Comité Organizador para que, luego de la entrega del laudo por parte del Jurado Calificador, se cerciore de que ningún autor haya participado con más de un libro, mediante la apertura de plicas en presencia de un notario, en estricta confidencialidad, sin la participación del Jurado Calificador y sin dar a conocer las identidades de los participantes.
  3. Que se evite la prohibición de usar epígrafes porque esto inhibe el dialogismo y la intertextualidad, efectivas estrategias disparadoras de discursos poéticos. Para prevenir guiños reveladores de la identidad del participante, que la prohibición se limite a las dedicatorias y alusiones sospechosas.
  4. Que se difundan siempre las obras ganadoras, en ediciones impresas o digitales. Este es un derecho del escritor ganador como de toda persona que quiera conocer cualquier trabajo premiado.
  5. Que se especifique en las bases que se demandará penalmente a los escritores participantes o miembros de jurados calificadores a quienes se les compruebe fraude.

Sobre los miembros del jurado calificador.

  1. Que sean foráneos de la región que abarca el certamen, para disminuir al máximo la posibilidad ya sea de favoritismos o de que, de manera honesta y casual, resulte ganador algún conocido de un miembro del jurado. Si la convocatoria es escolar, que los jurados sean estatales o municipales; si es estatal o municipal, que sean de otro estado no contiguo; si es regional, que sean de otra zona del país, y así sucesivamente.
  2. De ser posible, que además de ser escritores con experiencia y oficio en el género literario que corresponda, sean académicos en literatura. Esto amplía el conocimiento de las formas válidas de literatura en todos sus géneros y subgéneros, a lo largo de las vastísimas tradiciones y posibilidades experimentales, y reduce el influjo de los dogmas reduccionistas prevalentes entre algunos connotados maestros de los talleres literarios del país que carecen de bagaje académico en literatura.
  3. Que sean profesionales. Contrario a la concepción popular del escritor, y del artista en general, como un ser de talento innato, radiante de sensibilidad, sobre quien no se aplican los convencionalismos mundanos de probidad ética, y a quien se le pasan por alto impuntualidad, neurosis, alcoholismo, servilismo político, etc., es perfectamente válido exigir profesionalismo de cualquier escritor, en términos de cumplimiento y rigor argumentativo, en tiempo y forma, del quehacer literario que se le encomiende.
  4. Que en todo caso se les ofrezca a los jurados un emolumento proporcional al trabajo requerido, según la exigencia y magnitud de la convocatoria. Que las instituciones convocantes contemplen en su presupuesto, no solo los fondos para el premio monetario y el transporte, hospedaje y alimentación de los autores premiados —y de los bocadillos, brindis de honor, música y flores de la ceremonia—, sino también el pago puntual y sin contratiempos burocráticos de los honorarios de los jurados, y que este pago se haga efectivo a más tardar el día de la premiación. Por esta misma razón, que a los jurados se les exijan argumentos específicos y concretos —en vez de declaraciones genéricas— para defender a sus propuestas de obras finalistas por sobre los demás trabajos participantes.
  5. Evitar que el ganador de un premio automáticamente se convierta en jurado de la edición siguiente, por el simple mérito de haber ganado.

 

Sobre tiempos y plazos.

  1. Que la institución convocante revise las bases cuidadosamente y que las publique, en papel y en medios electrónicos, con suficiente tiempo para su difusión (sugiero un mes), y para la recepción de trabajos (sugiero otro mes), y para que los miembros del Jurado Calificador puedan leer cada trabajo desde sus casas así como discutir por correo electrónico, dictaminar y firmar el laudo por ese mismo medio (sugiero otro mes), más dos semanas como mínimo para la notificación a quien resulte ganador (quien requerirá de este tiempo para planear el viaje a la ceremonia de premiación); o bien, en su caso, para resolver situaciones como imputaciones o descalificación de trabajos. De este modo, un jurado compuesto por escritores profesionales no requerirá prórroga. La idea de reunir a los miembros de un jurado para que en un día lean cuarenta, ochenta o doscientos trabajos es absurda, y resulta humanamente imposible que la designación de primer lugar sea certera en dichas condiciones. Además, un premio no debe planearse de la noche a la mañana. Los organizadores tienen un año entero para organizar la siguiente edición de sus concursos. Que no actúen como colegiales procrastinadores que hacen la tarea de última hora, ya que el profesionalismo también se espera de ellos.
  2. Anunciar el nombre del escritor ganador inmediatamente después de emitido el fallo, a través de medios electrónicos, con el mismo ahínco con el que se publicitó la convocatoria, y anunciar también, entre otros datos relevantes, los nombres de los jurados. Hay que considerar que sólo entonces los participantes que no resultaron ganadores quedarán libres de mandar sus trabajos a otros concursos.

 

Sobre certámenes específicos en Yucatán.

  1. En el caso del Premio Nacional de Poesía Experimental “Raúl Renán”, que la administración estatal entrante lo reactive como merecido tributo al maestro —junto con los demás premios de la extinta bienal—, y que sus jurados sean, además de los puntos arriba señalados, realmente conocedores de las vastísimas posibilidades de experimentación poética.
  2. En el caso del Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Mérida”, que la administración entrante lo reactive. Que se permita la entrega de trabajos por e-mail, en Word o PDF, ya que sólo así se posibilitará la participación de poetas merideños (de Mérida, Venezuela) y se facilitará la participación, igualmente importante, de poetas emeritenses (de Mérida, España). Que se acepten trabajos ya sea en tamaño carta o en A4, común en España. Que eliminen la ridícula exigencia de un mínimo de 10 versos por cuartilla; mejor que se exija un número total de versos en la totalidad del libro, como se estila en España, en lugar de pedir número de cuartillas. Antes de insistir en el requerimiento de una carta de vecindad, que se aseguren de que dicho documento sea fácilmente accesible en Venezuela.
  3. En el caso de los Juegos Florales de Progreso, que la administración municipal entrante los reactive, sobre todo ahora que existe ese vacío de premios estatales entre los certámenes literarios de Yucatán, ya que que los premios que eran estatales han pasado a ser regionales o nacionales o han desaparecido.
  4. En el caso de los Juegos Literarios Nacionales Universitarios de la Universidad Autónoma de Yucatán: Fueron excelentes las medidas asumidas en la edición pasada en tiempos, en formas de prevención de fraude y en la elección de jurados que procesaran la gran cantidad de trabajos recibidos. Sigan así.
  5. En el caso del Premio Regional de Poesía “José Díaz Bolio”, su convocatoria sobresale por la facilidad brindada a los poetas participantes, al recibirse los trabajos por e-mail, y también a los miembros del jurado calificador por concederles suficiente tiempo para deliberar. Sigan así.
  6. Sobre los concursos de poesía y cuento en las escuelas primarias, secundarias y preparatorias públicas y privadas: Que los directores proyecten la creación permanente de talleres literarios antes de pensar en concursos. En otras palabras, como buenos pedagogos, que piensen en procesos antes que resultados.

 

Anticipo que habrá escritores del país que estarán en desacuerdo con algunas de mis apreciaciones o con la totalidad de ellas, sobre todo cuando tengan cola que les pisen o se conciban como vacas sagradas acostumbradas a la reverencia personal y a la descalificación de quienes no los reverencien, o bien, porque consideren que sólo los practicantes de una determinada estética o los creyentes en una determinada ideología —o sus imitadores y cortesanos— tendrán la posibilidad de llegar a recibir algún mérito. Me tiene sin cuidado y celebro el derecho de disentir. Aquí apelo a la buena voluntad de las y los funcionarios de Cultura que lleguen a tener a su cargo la organización de algún certamen literario. Que cada quien tome lo que le sirva de estas recomendaciones y las adapte a sus necesidades, limitaciones y alcances específicos con criterios éticos y literarios por igual.

 

 

Ahora se hacen los mártires.

Adán Echeverría.

 

 

No bastándoles la pobreza en la que han sumido al país, la falta de educación, cultura, ciencia, empleo, el abandono del campo, la violencia que diario toca la puerta, las montañas de armas ilegales que circulan. No importándoles que los niños menores de 14 años sean los que más violencia sufren, que en México ser joven sirva para engrosar los ejércitos del narco, o las carretadas de bots-becarios, servidumbre de los partidos políticos. Ahora resulta que los partidos políticos lloran porque algunos de sus candidatos –los de menos reflector- son asesinados.

No señorita, no solo los candidatos son asesinados; son asesinados los niños, los jóvenes, las mujeres, los homosexuales, los empresarios, sus hijos. Al contrario. Los únicos que no sufren violencia son los políticos de alto cartel. No secuestran a los hijos de Anaya, ni a los de Mead, no secuestran ni asesinan ni violan a las hijas de Peña Nieto, ni secuestran ni golpean a los hijos de Andrés Manuel. Pero al sobrino del escritor sinaloense Waldo Contreras López, lo secuestran y asesinan con solo 17 años de edad. Las redes no se inundan por ello.

La “periodista” Yuridia Sierra puede escribir el 22 de noviembre de 2016: “Oye Lee Harvey Oswald, ¿dónde estás cuando se te necesita?”; preguntando por un asesino de presidentes, dejando claro en el “Se te necesita”, con su “inteligente” cabecita que con el triunfo de Donald Trump es necesario un asesino que se haga cargo de él. Pero no venga un Ricardo Alemán a hacer lo mismo, sugerir la necesidad de que AMLO sea asesinado por un fanático de su movimiento, porque la sed predadora de los inquisidores brinca a la yugular. Yuridia Sierra invita al asesinato, como Ricardo Alemán. Sean congruentes.

¿Qué harán ahora, queridos fanáticos de los partidos políticos, marchar para que no maten candidatos? No importan los bebés, ni los estudiantes, ni los campesinos, no importan los migrantes, importa prestar oído al político que te roba, que hace leyes para dañarte, que goza la impunidad; al que entregas parte de tu dinero. Importa que no puedas quitarte la venda, ni resistir al lavado de cerebro que padeces. Los veré marchando porque algunos locos matan candidatos. Ustedes protegen candidatos, sus hijos y sus parientes, que gozan todo lo que te quitan; cuando lleguen al poder y maten a tu familia, amigos, vecinos quiero escucharte. Así de fanáticos son. Ponen la espalda para la caricia como para el bastonazo.

Ahora ya no se puede decir ni publicar: ¡Haz patria y mata un diputado!, porque su fanatismo inquisidor está cada día más exacerbado en defender símbolos partidistas que en exigir justicia, educación, trabajo y acabar con la escoria del país que son los partidos políticos y sus integrantes corruptos. ¡Mírate! Defiendes más a un político partidista en vez de a los jóvenes que mueren a manos del narco. Ese narco que trabaja con los partidos políticos y financia sus campañas.

Una de las grandes televisoras de México corre a un pseudo periodista por presión de redes. Televisa hace un programa para dejar hablar a AMLO. Televisa y otros medios posicionan a AMLO. ¿Como se llama la obra? Televisa hace presidente a AMLO, como puso a EPN. ¿Les cuesta entenderlo?

Las redes vuelven a linchar. Pero algún momento lo hará contigo. Sigue celebrando otro linchamiento. ¡Bravo! La paz mexicana suena así:

- El periodista sugirió su asesinato.

- ¡Maldito! Qué lo maten. Y a toda su familia. Que exploten el periódico.

 

 

La hoguera del fanatismo.

 

“Defiende como hombre

lo que publiques como periodista”.

Francisco Zarco.

 

 

Cuando ser candidato o servidor público se considere actividad de alto riesgo, donde se te cuestione, y tengas que poner en peligro la vida por el pueblo que representas, se podrá mirar a personajes que quieren trabajar por el país. No ocurre en México.

En México lo que se busca al ser candidato a cualquier cargo, regidurías, comisariados ejidales y municipales, líderes sindicales, alcaldes, gobernadores, diputados estatales, federales, senadurías, y los que compiten por la presidencia de la República, lo hacen en por dinero y beneficios personales. 24 años va a cumplir (6 períodos) el otrora Niño Verde en cargos ininterrumpidos como Plurinominal. Y usted, querido lector, hábleme de al menos las 24 grandes propuestas (al menos una por año) y logros que ha impulsado tal personaje. Aquel Niño Verde no es menos que tantos priístas, panistas, perredistas, morenistas (que antes eran perredistas, o panistas, o priístas, o del PT); pues más de una centena de personajes de todos los partidos políticos mexicanos llevan dos décadas en algún puesto de poder en la administración pública, en los altos puestos políticos de México, saltando de un puesto a otro, de una lista a otra, de una curul a otra, de una oficina a otra, sin dejar de cobrar del erario. Y se dicen Servidores Públicos, se llaman Estadistas, se etiquetan como Patriotas.

Y entonces, cuando la violencia que ellos mismos han generado en el país los roza apenas, porque algunos candidatos en municipios paupérrimos de pobreza son asesinados por los empresarios del narco, entonces lloran y claman, y mueven sus huestes en la red para Pedir que los Socorran. Y dicen: Los periodistas nos acusan, Ese periodista quiere que maten a un candidato. Y todos los fanáticos piden su cabeza, acusan, maldicen, comparten la dirección, la foto de los hijos de aquel periodista, piden justicia arrebatándole su trabajo.

No se equivoque, querido lector: Uno es responsable de lo que enseña a sus alumnos, no de lo que hacen sus alumnos. Uno es responsable de lo que escribe, no de lo que entiende el lector ni de los actos del lector. Jamás he estado de acuerdo con aquel vilipendiado Ricardo Alemán. Me bastó leer una de sus columnas y constatar que sus argumentos siempre han sido muy pobres. Para qué leerlo, pensé. Pero siempre defenderé el derecho que él como tú tienen de decir lo que les de la gana. Pero es en verdad vergonzoso el linchamiento a periodistas en la red.

¿Te dices escritor, poeta, columnista, y aplaudes que se censure a un periodista? ¿Has perdido tus valores? ¿Tan fanático eres? Si en verdad crees que alguien escribe idioteces, no hagas caso, no lo leas, no le contestes. Jamás un columnista, periodista, artista, por un texto ha hecho que maten a alguien. Los mismos actos de censura se han dicho de todos los autores incómodos, en la historia de la humanidad. Se censuraba a los rockeros, se les llevaba a juicio acusados de impulsar el suicidio de sus fans. Quisieron censurar a Larry Flynt, dueño de la revista Hustler. Me dan pena. Si eres de los que pidió la censura de un periodista no te llames crítico, ni liberal, ni escritor, admite que eres un fanático partidista. Es una pena leer a “escritores mexicanos” aullando por censura, exigiéndola. A lo que se ha llegado. ¿Si aplaudimos la censura, qué nos quedará? Sino esta hoguera de fanáticos en la que pronto, todos los que disintamos del régimen, seríamos acallados.

 

 

Todo fanatismo es peligroso.

 

No había cumplido once años de edad y ya había leído la biblia completa. A mis 43 años la he leído varias veces, junto con el Corán, el libro de Mormón, las Bodas alquímicas de Christian Rosacruz, entre otros. En la biblia hay múltiples pasajes que aún me hacen llorar, y otros que me llenan de fascinación por las referencias claras al canon literario: el diluvio y la epopeya de Gilgamesh, el libro de Esther y la historia de Sherezada, el mito del héroe, bien estudiado por Joseph Campbell, en Sansón, Samuel, David, Eliseo, Jonás, Jesús.

Como un estudioso de la literatura, uno no puede dejar de reconocer que las lecturas Bíblicas son metáforas, alusiones literarias: el Paraíso (Jardín del Edén) como nacimiento de la humanidad hacia el monoteísmo que nos ha sido heredado; Yahvé, Jehová o Elí (Soy el que soy), Alá. Hay que leer lo que ocurría antes de la caída, las batallas entre las fuerzas del mal y el bien (Paraíso perdido de John Milton). Leamos sobre los hijos cuando se ha perdido el Paraíso, la vida Caín que huye después de asesinar; Saramago abunda sobre este mito. Set es el padre de la humanidad, sus hijos tomaron mujer de los pueblos vecinos. Genealogía de Set. Estas historias se transmitieron de forma oral; mucho después se fue asentando en papel; este flujo de las historias ocurrió desde los varones hacia los hijos; cosa extraña, dado que entre judíos la religión se hereda en línea materna. Las mujeres no eran consideradas para hacer la genealogía; en la época de Jesús, el Cristo, se sigue hablando de los hijos de Zebedeo.

La biblia está colmada de ejemplos del alto valor que se le otorga a las mujeres, contrastado con lo que actualmente algunos quieren hacernos creer. La historia de Eva, de Saraí, de la madre de Sansón, o de Dalila; de la madre de Samuel, la mujer de Tobías, Raquel, Judith, la gran Esther; de las tantas mujeres que rodearon o se acercaron a Jesús: una Viuda a quien el maestro le resucita un hijo, porque en esa época al morir los hijos varones a la mujer se le podían quitar los bienes materiales. Los ríos de agua viva que ofrece a la Samaritana. La biblia es muy clara respecto a que sobre Eva, y solo sobre ella, se deja el poder de destruir el mal: Tú, mujer, serás la única que pisará la cabeza de la serpiente, mientras ella te morderá el calcañal. Ergo, la mujer es la salvadora. De la mujer nacemos los humanos, y cada nacimiento es una oportunidad para mejorar nuestro destino.

Hay que vivir dentro del rencor y la ignorancia para decir que en la biblia está el error humano, es no saber interpretar aquello de: “La religión es el opio de la humanidad”, lo que nos habla del fanatismo. Hay que ser un resentido social para decir lo contrario, que sólo dentro de la lectura de la literatura sagrada está la salvación; es poner en la metafísica la responsabilidad por nuestros actos.

No es un mesías quien salvará a México de los malos. No existen malos y buenos, existen oportunidades para delinquir, falta de educación, cultura, tolerancia, trabajo; existen muchas armas y poco valor para respetar al otro. Pensar que alguien por sí mismo logrará salvar a México, y lo que es peor, escuchar a alguien decir: No te voy a fallar, confía en mí, acabaré la corrupción, haré crecer el campo, haré que todos los malos se vuelvan buenos, y ver personas aplaudir esos dichos, es ser una cargada de fanáticos, resentidos, cargados de hartazgo, temerosos de futuros, y llenos de un facilismo bárbaro de no poder reconocer los propios errores en las decisiones que han tomado a lo largo de su vida. Parafraseando: “El fanatismo es el opio de la humanidad”.

 

 

 

 

 

DONDE OTROS VEN LA CARNE YO VEO LA TIERRA,

POEMARIO PÓSTUMO DE EUSEBIO RUVALCABA

Por Eduardo Cerecedo

                                                                    

                                                          

A un año de su partida, a manera de homenaje aparecen estos poemas sensuales donde se evoca al cuerpo de la mujer como un templo de sensaciones, de sabores; en el cual la mujer es comparada con la tierra, es decir,  vuelve a su condición completa, dejando atrás el  mito de su origen.  Con fotografías de Abril Mendoza Morales, desnudos que comunican con textura, color, brillo; posiciones varias de la modelo, insinuando ¿el por qué? la artista visual ha trabajado a la par con el poeta. Con un prólogo alumbrador del Dr., también poeta, Vicente Quirarte se integra este bello ejemplar.

 

    Eusebio Ruvalcaba siempre puso en el plano más alto de la literatura a la fémina, con sus dones, dotes de belleza, sus características humanas. Sirva pues, este comentario para que los lectores Ruvalcabianos, y no Ruvalcabianos busquen -en la Fundación que lleva su nombre-  este bello ejemplar que he rubricado título arriba. Los editores también han cuidado la edición, con una perspectiva exquisita, de no poner ninguna fotografía que manifieste lo erótico fuera de contexto. Así se integran dos discursos, el poético y el fotográfico, dándole al libro, el peso literario buscado.

 

       Los actos y las palabras de los hombres están hechos de tiempo, son tiempo, dice Octavio Paz, En el signo y el garabato, luego escribe: “El poeta dice lo que dice el tiempo, inclusive cuando lo contradice: nombra el transcurrir, vuelve palabra a la sucesión”. Vuelve a expresar: “La imagen del  mundo se repliega en la idea del tiempo y ésta se despliega en el poema”. Es decir, el pensamiento del artista esta puesto en su acto de escribir, en  mirarse en sus códigos con las palabras, imágenes que comunican ese mundo que lleva dentro el poeta. Así Eusebio Ruvalcaba ha diseñado este libro de poemas póstumo, que se indica en la cuarta de forros, que el libro debió haber aparecido en el año de 2012. No existen divisiones en, Donde otros ven la carne yo veo la tierra, ya que lo constituyen veintiún poemas, cada poema con su respectiva fotografía. Por lo tanto, el libro está  ideado, pensado de esa forma, ambos artistas se unen para hacer del poema un cuerpo binario en sentido y en visión. Aunque cada trabajo artístico comunica de manera independiente. Pero en este proyecto de libro se abrazan y se abrasan para mantener esa fuerza centrífuga en sus planos expresivos. Ya que la imagen del desnudo funciona como título al poema, ya que no hay nombres que designen al poema como tal. Cito un poema, para que vean la fuerza poética (del nacido en Guadalajara, en 1951-fallecido en CDMX, 2017)

 

La música recorre

el cuerpo

en forma de

l

u

z

La música recorre

la tierra

en forma de

v

i

e

n

t

o

 

Aquí el ingenio de Eusebio Ruvalcaba para facturar sus poemas, de esta manera poder expresar el sentimiento, su forma y manera de ver el mundo en la mujer, capturando instantes de suma valía para saberse de tierra al beber de ese cuerpo luminoso. O este otro poema: La tierra y el cuerpo/son/el surco y la cabellera/en que puedes meter las manos/y tentar la vida”. Así se conforma y confirma la fuerza poética del novelista, que nació siendo poeta, antes muy antes de  que escribiera sus primeros cuentos y novelas, que alegría que cierre su ciclo de trabajo, de vida con uno de los géneros que lo vio nacer como creador.

Eusebio Ruvalcaba, Donde otros ven la carne yo veo la tierra. Prólogo de Vicente Quirarte, Fundación Eusebio Ruvalcaba/UACM, 2018.Colección Poesía,  Fotografías de Abril Mendoza Morales. (53 pp)

 

Publicado en Boca de río

 

Danza de Arrieros de Capulhuac de Mirafuentes

 —Identidad colectiva de un pueblo-*

GUADARRAMA Rivera, Yabel René

 

La danza de arrieros es característica del estado de México; se presenta en las fiestas patronales de los municipios de Capulhuac, Xalatlaco, Ocoyoacac y Texcalyacac; lugares donde la arriería floreció en diferentes épocas y en distintas condiciones. Al respecto, estudiosos de la danza han propuesto una división geocultural para esta tradición, dividiéndola en dos géneros y cuatro regiones:

  • Género Hacienda. Comprende la Región Ocoyoacac. En ella la danza hace alusión al trabajo cotidiano de los peones de una hacienda; su relación con los hacendados y las condiciones de vida en las tiendas de raya.
  • Género Viaje. La danza recuerda los trajines y penurias de los arrieros en su amplio recorrido por la geografía nacional a partir del S. XVI a la primera mitad del S. XX. Dicho género comprende tres regiones: Capulhuac, Xalatlaco y San Mateo Texcalyacac.

…esta danza se formó con la participación de los pueblos del plan de Toluca  los cuales tenían que reunirse en el paraje que se nombra La Venta, para que en grupo atravesaran los montes[...] En esos tiempos los asaltos eran cotidianos. Y acontece que un día, a los arrieros les tocó ganar, de la balacera no tuvieron heridos y fue una alegría para ellos, entonces dentro de la cuadrilla había quien tocaba la guitarra y algún otro el violín y con la botella que nunca falta se dieron ánimos y empezaron a bailar, como agradecimiento a Dios por el buen suceso [...] y así, nació la danza de arrieros. No surgió de un sólo pueblo, como muchos se adjudican, sino de todos los que pasaban por estos lugares con rumbo a la tierra caliente de Morelos y  Guerrero, ya después se fueron diferenciando en su música, parlamento y forma de danzar, dependiendo del producto que comerciaban, hasta lograr ser danzas únicas y diferentes[...] La maravilla del tipo Capulhuac (o género de Puerto),  la grandeza del de Ameyalco (o género de hacienda), la hermosura de la creación espontánea del tipo Texcalyacac y el que desborda júbilos y nostalgias, el género de Xalatlaco…[1]

     El comercio en la Capulhuac de Mirafuentes es tan longevo como su fundación. Al conquistar la Triple Alianza el Valle de Matlazinco la economía de la región se activó creándose mercados en áreas trascendentales para la zona,  fue así que se fundaron los tianquiztlis de Capulhuac y Toluca, lo que permitió la existencia de  ferias comerciales en el territorio sojuzgado por los mexicas y sus aliados.[2] 

     La presencia del primero posibilitó que, los habitantes de Capulhuac se ligaran al comercio. De este modo, dicha población quedó situada en la ruta comercial que unió a la gran Tenochtitlán con las costas de Guerrero.

     Con la conquista española en esta tierra floreció la arriería, lo que permitió que la población alcanzara bonanza económica. En documentos de la época, se afirma que para 1730:  

El pueblo de San Bartolomé Capulhuac o Capoloac[…] Componen este pueblo 489 familias de indios, todos hablan el idioma mexicano y 108 familias de todas castas, en que se cuentan 380 individuos españoles; 271 mestizos y castizos y 29 mulatos […] el principal comercio de este pueblo entre los indios es: la labor del maíz, haba, cebada y alberjón (sic) Crían muchos puercos. Tienen también muchos magueyes […] unos hacen malacates para hilar algodón y lana, muchos hacen sombreros de palma la cual van a traer a Tierra Caliente […] Otros son viajeros. La gente de razón todos los más son arrieros, acarrean mucha miel prieta de la que purga la azúcar y hacen panocha prieta la que se gasta mucho en atoles y brebajes... [3]

     De este modo los arrieros de este lugar comenzaron a transitar por el Camino Real o Camino de Herradura que seguía las antiguas rutas prehispánicas, lo que poco a poco, los llevó al puerto de Acapulco en pos de las mercancías que transportaba la Nao de China. Tiempo después comenzaron a viajar por el rumbo de Oaxaca, hasta llegar a Esquipulas, Guatemala. Es necesario destacar que la arriería fue practicada por los capulhuaquenses hasta finales de la primera mitad del S XX.

 

Danza de Arrieros

     La danza de los arrieros en Capulhuac de Mirafuentes se ha mantenido vigente por espacio aproximado de 170 años, a diferencia de otras danzas de la comunidad es importante la labor que ejercen los adultos para preservarla.

     Vio la luz en 1840, por iniciativa de José Martínez Díaz, quien la creó para recordar lo que los arrieros veían y vivían en las ferias comerciales en las que expendían la mercancía que transportaban de un lugar a otro; ya que estos sucesos eran no sólo motivo de compra venta de productos, sino verdaderas celebraciones en las que se desataba la algarabía ante la llegada de los arrieros y sus productos.

Se decidió hacerlo con un motivo que combinara la alegría por el regreso de estos hombres a Capulhuac, y como una forma de agradecimiento a San Bartolomé, por la ayuda “recebida” durante el viaje, el cual duraba varios meses en el que estos hombres tenían que enfrentar “munchos” peligros, salteadores, el temporal, enfermedades...[4] 

     En este pueblo, antaño, la arriería se enseñaba de padres a hijos, se trasmitía de generación en generación; lo mismo ha sucedido con la danza, los padres se la heredan a sus descendientes.

Los arrieros caminaban hacia las costas de Guerrero, se juntaban y se iban en grupo, en el camino enfrentaban muchos peligros: el clima, asaltos, malos parajes. Por eso caminaban en cuadrilla y hatajos, para defenderse y llevar segura la carga. La danza es una promesa que le hacían a San Bartolito, es una manda, la bailaban al regresar del viaje, en agradecimiento porque los había traído con bien...[5] 

     La danza de los arrieros en Capulhuac, es la manera en que los lugareños representan una actividad económica y el largo y penoso camino que recorrían estos hombres. Es por eso que en el transcurso de la misma, entre baile y baile los danzantes obsequian al público productos que simbolizan la mercancía que los arrieros de antaño traían de las costas de Guerrero; los danzantes le dan el nombre de reliquia, la cual alude a las cargas de: Java, chaquira, sal, pescado, espumilla, algodón, coco cayaco, coco zocato, tabaco y cigarrillos. De este modo los espectadores que observan el fenómeno dancístico pueden hacerse de trastos de barro, imágenes religiosas, cigarrillos, bebidas alcohólicas, comida, entre otros.

     Los integrantes de la danza se distribuyen de acuerdo al papel que desempeñan en el hatajo. Danzan al interior de un corral formado con vigas de madera, el cual representa el Parían de Acapulco y demás ferias comerciales a las que acudían.  

     En ella intervienen hombres y mujeres, aunque ataño la participación de la mujer no era permitida, ya que la arriería fue un rudo trabajo, de carácter masculino.

     Así mismo se organiza mediante un sistema de cargos. Los miembros de la cuadrilla se ubican por jerarquías: Mayordomo o patrón, Cargador mayor, Sufridor de cargas, Sabanero mayor, Sabanero menor, Corredores de carga, Hatajador mayor, Hatajadores de Cómala, Aviadores de cocina, Arrieros y Xocoyotes.

     La representación de la danza es de tipo coral, no existe un número determinado de danzantes, pueden ser de 20 a 100 o más. Dentro de la misma los personajes deberán cumplir con algunas obligaciones, recordando con ello las funciones que desempeñaban los antiguos arrieros. Así tenemos:

  • Mayordomo o Patrón: Es el dueño del hatajo, organiza y costea los gastos de la danza.
  • Cargador mayor. Encargado de aparejar las acémilas, las carga y las descarga. Es el próximo mayordomo.
  • Sufridor de carga: Ayuda al cargador mayor a cargar y descargar los animales de la recua. Será el futuro cargador mayor.
  • Sabanero mayor y sabanero menor. Encargados de arrear a los animales, son los encargados del muladar. Cuidan de los xocoyotes.
  • Corredores de carga. Tienen a su cargo el cuidado de las bestias de carga.
  • Guían el atajo, encargados de preparar los alimentos, hacen tortillas y le dan de comer a los arrieros. Por eso en el transcurso de la danza es constante el siguiente dicho: ...en este bendito hatajo tenemos frijoles para las mulas y paja para los arrieros. [6]
  • Aviadores de cocina. Son ayudantes de los hatajadores. Junto con el hatajador mayor en el momento de la representación dancística preparan carne asada, salsa de molcajete y tortillas, con las que elaboran el denominado taco de arriero, que reparten entre los demás arrieros y el público que les observa, así mismo preparan atole o chocolate, que será utilizado con mismo fines. Son los encargados de limpiar los aparejos.
  • Tienen que darle de comer a las bestias de carga en el transcurso del viaje, así mismo habrán de realizar las tareas que se les requieran.
  • Arrieros jóvenes o niños, aprendices o hijos de los miembros de la cuadrilla. Debido a las constantes bromas que les gastan los demás arrieros, se dedican al baile llegando a los distintos parajes. Al respecto dicen los danzantes tradicionales “alegran el hatajo”.[7]

     El vestuario en esta danza es muy importante ya que atiende diversos aspectos entre los que destacan: situaciones climatológicas acordes a los lugares de Tierra Caliente que visitaban. Representa también la ocupación laboral y la jerarquía dentro de la actividad económica.

     Mayordomo. Su indumentaria se compone de sombrero fino de palma, gabán de lana, bufanda, camisa blanca corte vaquero, pantalón de casimir en corte vaquero, botín de charro, espuelas, pistola, cuchillo, cuarta, arnil ─morral de piel-, canana y víbora para guardar el dinero producto de sus transacciones.

     Los demás integrantes de la danza utilizan el siguiente vestuario; sombrero de palma de ala ancha, calzón de manta y camisa de manta o guayabera, paliacate rojo anudado al cuello, huaraches y ceñidor. De acuerdo al personaje agregan otros utensilios a su vestimenta:

  • Cargador mayor. Usa pechera y muslera –los lugareños le llaman rodillera- de piel, pistola y cuarta. Puede usar botín de charro, en cuyo caso son necesarias las espuelas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     
  • Sufridor de carga: A excepción de la pechera, utiliza muslera de piel sujeta al muslo derecho, lleva una reata terciada al hombro.
  • Sabanero mayor y sabanero menor. Llevan en las manos un tapa ojo de piel para cubrirle la vista a las mulas.
  • Corredores de carga. Portan arnil de piel y collera terciada al hombro, huaraches,
  • Hatajadores de Comala. Sobre el hombro izquierdo portan un mantel bordado en punto de cruz; cruzado al lado derecho, mandil bordado en colores llamativos en punto de cruz o deshilado en color blanco, en el hombro derecho llevan una servilleta bordada en punto de cruz, en la mano izquierda portan un estandarte de latón con las imágenes de San Bartolomé Apóstol y la Virgen de la Soledad del Puerto de Acapulco. El hatajador principal se denomina como Hatajador mayor, es el jefe de la cocina por lo tanto al inicio de la danza conduce un burro que va cargado con leños, metate, comal, molcajete, entre otros trastos, comida: longaniza, cecina, masa, legumbres, entre otras, a esta carga se le conoce como la cocina.
  • Aviadores de cocina. Portan el mismo vestuario que los hatajadores, exceptuando el estandarte, sustituyen la servilleta por una toalla, arnil, cuchillo para rebanar carne y verduras;
  • En el hombro derecho llevan terciado un gabán en color blanco con finas rayas en color azul o rojo, morral de ixtle terciado en el hombro izquierdo.
  • Portan gabán en color blanco con finas rayas en color azul o rojo, morral de ixtle terciado en el hombro izquierdo. [8]

 

Música

     En esta daza se interpretan diversos sones y jarabes al compás de un violín y una guitarra, en épocas recientes a estos se ha agregado un bajo eléctrico. Las melodías obedecen a la coreografía que se presenta, de tal manera que la repetición del tema hace que los movimientos coreográficos también lo hagan. Las melodías se denominan asentadas y trizales.  En el transcurso de la misma se intercalan una asentada y un trizal. La asentada es una pieza alegre, donde el paso que se ejecuta es valseado, aunque a últimas fechas los danzantes jóvenes comienzan a implementar un paso estilo guachapeado. Los trizales son piezas lentas, se ejecutan con paso brincado.

     Cabe aclarar que la música de esta danza forma parte del denominado Sonecito de la tierra, que surgió a partir de melodías burlescas que tienen su origen en las seguidillas españolas. Gabriel Saldívar dice que, en la segunda mitad del siglo XVIII se utiliza el término copla, aplicado a la letra y se dio como nombre definitivo de ‘son’ a las producciones musicales del pueblo. [9]

     Dentro de las melodías de esta danza destacan: La Venia, El jarabe, El durazno, El guajito, Los enanos, Éntrale en ayunas, Los arrieros, Dos por uno, La Reliquia, Tierra Colorada, Coronación, Bajada del Cerro Peregrino… En total son 27 melodías las que integran la relación de la Danza de Arrieros de Capulhuac de Mirafuentes, las que se interpretan en forma instrumental.

     Es en las fiestas de carnaval cuando la danza de arrieros alcanza su máximo esplendor, los creyentes durante tres días danzan en el atrio del templo de San Bartolomé Apóstol para rendir culto y agradecer los favores recibido por parte de San Bartolomé y la Virgen de la Soledad, patronos de los arrieros.

     En el transcurso del fenómeno dancístico, se pueden observar los siguientes momentos del mismo: 1.- Reunión de los Arrieros en la casa del mayordomo. 2.- Recorrido por las calles de Capulhuac (Camino de Herradura) 4.- Pedidos. 3.- Llegada al templo católico. 4.- Entrada al corral (Simboliza el arribo a las ferias comerciales y el Parián de Acapulco) 5.- Venia. 6.- Descargada de las mercancías. 7.- La cocina. 8.- La reliquia (Compra venta de productos a través de la entrega de obsequios a los espectadores) 9.- El mantel. 10.- La romana 11.- Coronación. 12.- Despedida y, 13.- Pedidos o visitas a hogares que soliciten la presencia de la danza.

 

Endoculturación o enculturación de la Danza de Arrieros

     Es necesario reconocer que a lo largo del tiempo la danza de arrieros ha experimentado transformaciones de toda índole, en su contenido, coreografía, vestuario, música, obsequios (reliquias), arreos, entre otros. Agregando aditamentos que llevan a la substitución de los elementos que la originan. Aunque no por ello deja de estar vigente.

     Estos cambios y alteraciones son sinónimo de la enculturación o endoculturación que las fiestas y tradiciones viven con el devenir del tiempo. Dicha situación no ha hecho que la danza de arrieros deje de estar vigente en esta población, ya que la enculturación es también la forma en que cada individuo entiende y hace suyas sus tradiciones y costumbres buscando con ello su permanencia. Enculturación: Proceso por el cual una persona adquiere los usos, creencias, tradiciones, etc., de la sociedad en que vive.[10]

     Pese a lo que su pudiera pensar el futuro de la danza de arrieros en Capulhuac es prometedor, tanto en la cabecera municipal como en las delegaciones, existen 34 cuadrillas, de estas 24 corresponden a Capulhuac de Mirafuentes, el resto están diseminadas en las delegaciones del municipio. Las mismas, no sólo se presentan en la municipalidad, también lo hacen en otros pueblos y ciudades del estado de México y estados circunvecinos.

     A diferencia de otras danzas que existen en el municipio y que tienen problemas para subsistir, esta florece día con día. El motivo, los adultos la heredan a sus hijos, a tal grado que de esas 34 cuadrilla dos están integradas exclusivamente por niños, cuyas edades fluctúan entre 1 y 11 años aproximadamente; son las cuadrillas del 24 de agosto que se presenta en el callejón Cuauhtémoc de la cabecera municipal, y la de la ermita del Rosario, que lo hace el 7 de octubre frente a la ermita que se encuentra aledaña al Templo de San Bartolomé Apóstol. Los niños que las forman son apoyados en los gastos por sus padres. Cabe destacar que en la actualidad están preparándose nuevos maestros de danza, además de los ya existentes.

     Por otra parte, en la actualidad, no existen ensambles de músicos en el municipio, estos provienen de poblaciones aledañas.

 

Conclusión

     En Capulhuac “la danza de los arrieros es el medio por el que sus habitantes mantienen  articulada a la comunidad, es lo que les da sentido de pertenencia y les ayuda a construir una identidad cultural regional, en virtud de que la danza se ha extendido a poblaciones circunvecinas”[11] que la han adoptado como propia.

 

Todas las cuadrillas, trabajan de manera incansable todos los años, por mantener […] sus danzas; ello es prueba fehaciente de querer conservar una tradición cultural que expone retazos de la historia regional y local con miras a mantener activa la memoria colectiva. [12]

     Así pues, la danza de arrieros no sólo rescata la memoria histórica de los capulhuaquenses, es la manera como estos conviven con su familia, amigos, compadres, vecinos, paisanos; lo hacen y amalgaman su forma de pensar y actuar.

No creo que la danza de arrieros desaparezca, es lo que nos da identidad ante los demás, es el mejor regalo que Dios nos pudo haber hecho, sirve para despabilarnos la memoria, para recordar a nuestros arrieros, que caminaban hasta las costas de Guerrero, también sirve para tener presente a Dios, a nuestro Santo Patrón San Bartolomé Apóstol y a la Santísima Virgen de la Soledad del puerto de Acapulco, que los llevaban por buen camino… [13]

 

 

Estado del arte

FLORES y Escalante. Jesús. “Los Sonecitos de la tierra”. En Relatos e historias en México. Año I. No. 15. México noviembre de 2009.

GARCÍA de Pereda y Legorreta, Manuel. Versión paleográfica libre de VELÁZQUEZ Morales, Issac Luis. “Descripción del Curato de San Bartolomé Capulhuac en el Siglo XVIII”. En Región Mexiquense. Pp. 4.

GONZÁLEZ Reyes, Gerardo. Tierra y sociedad en la Sierra Oriental del Valle de Toluca. Siglos XV –XVIII. Del señorío otomiano a los pueblos coloniales. Gobierno del Estado de México. México; 2009.

GUADARRAMA Rivera, Yabel René. Danza de Arrieros de Capulhuac. En preparación.

HARRIS, Marvin. Antropología Cultural. Alianza editorial. México 2004. SANDOVAL Forero, Eduardo. Marcelino Castillo Nachar. Danzas tradicionales. ¿Actualidad u obsolescencia?  UAEM. Toluca, México; 1998.

PATIÑO Díaz, Alejandro. “Danza de Arrieros de Xalatlaco, Estado de México”. En Portal de la cultura tradicional de Xalatlaco. http://portaldelaculturatradicionaldexala.blogspot.

 

Informantes

ALVARADO Guadarrama, Antonio.  Comerciante, maestro de píe de Danza. 25 años

DÍAZ Cinencio, Pablo. Comerciante. Mayordomo en dos ocasiones de la Cuadrilla Grande de Arrieros. 80 años.

GUADARRAMA Hernández, Jesús. Comerciante, danzante tradicional dese hace 50 años aproximadamente. Mayordomo en una ocasión de la Cuadrilla Grande. 72 años de edad.

JÍMENEZ Arcadio, José Luis. Músico tradicional. 48 años.

MONROY Samaniego, Luis (1952 ­–2012) Obrero, campesino, maestro de pie de danza, mayordomo en varios ocasiones.

RODRÍGUEZ Barón, Salvador. Lic., en Danza Folclórica Mexicana, docente, maestro de píe de danza, comerciante. 25 años.

VALLEJO Muciño, Margarita. Ama de casa. Maestra de pie de danza.

 

 

[1] PATIÑO Díaz, Alejandro. “Danza de Arrieros de Xalatlaco, Estado de México”.

[2] Cfr. GONZÁLEZ Reyes, Gerardo. Tierra y sociedad en la Sierra Oriental del Valle de Toluca Siglos XV-XVIII. Del señorío Otomiano a los pueblos coloniales. Pp. 77 -93

*El presente Artículo forma parte del libro Capolcuahuitl ─Capulhuac y sus danzas. De Yabel René Guadarrama Rivera. Trabajo en preparación.

[3] GARCÍA de Pereda y Legorreta, Manuel. Versión paleográfica libre de VELÁZQUEZ Morales, Issac Luis. “Descripción del Curato de San Bartolomé Capulhuac en el Siglo XVIII”. En Región Mexiquense.  

[4] GUADARRAMA Hernández, Jesús. Oral.

 

[5] MONROY Samaniego, Luis. Oral.

[6] Dominio Público. Idem.

[7] GUADARRAMA Hernández, Jesús. Monroy Samaniego, Luis. Oral.

 

[8] GUADARRAMA Hernández, Jesús. Monroy Samaniego, Luis. Oral.

[9] FLORES y Escalante. Jesús. “Los Sonecitos de la tierra”. En Relatos e historias en México. No. 15. Pp. 64 -65.

 

[10] http://enciclopedia_universal.esacademic.com

[11] SANDOVAL Forero, Eduardo. Danza de los Arrieros. Pp. 112.

[12] SANDOVAL Forero… Ibidem.

[13] MONROY Samaniego, Luis. Oral. 2008.

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