GABRIEL MARCEL EL PASO DE LA EXISTENCIA AL SER

Por: MARCO ORNELAS

Creo en el discurso filosófico y en la biografía del filósofo. Creo que el  pensamiento y la vida edifican el Ser, hacen el todo, no hay escisiones entre pensar y vivir. De la coherencia brota la autenticidad. Marcel pensó y actuó, y actuó como pensó, por eso floreció su integridad. Al novelista y al poeta se les puede dividir su obra de su vida, hay poetas hiperbólicos y novelistas de ciencia ficción, la estética misma les descubre estas aguas para que ahí naden. Al filósofo, no. Pienso que este mismo ensanchamiento le puede caber al hombre masa, aquel que no habita en la intimidad ni con su vida ni con su pensamiento, que vive manejado por sus impulsos, que vive actuando al ahí se va, aquel que las circunstancias le viven la vida, aquel que no se preocupa por buscar una respuesta a su vivir-existencial. Al filósofo, no. El hombre que contempla el mundo desarrolla en conjunto: axiología y epistemología o epistemología y axiología, sea filósofo en estricto sentido o pensador asistemático, a estos dos seres no se les pueden dar concesiones entre decir y actuar. Filosofía y hacer hacen la síntesis probatoria del hombre filósofo. Bien declaraba Kierkegaard: “Tengo que hallar una verdad que sea positiva y verdadera para mí, una idea por la qué vivir o morir”. Si la crítica de la modernidad minó fuertemente los cimientos de la razón, y las pruebas racionalistas ya no convencían; ahora lo que iba a importar era la verdad moral. Si las verdades lógicas yacían en el suelo, lo que importaba ahora era ser. La autenticidad.   El filósofo tendría que decir: “Yo soy”,  y no “yo conozco”. La prueba de su discurso sería su vida. Ahora la vida se empezaría a ver estéticamente. El propósito del filósofo existencial consistiría en hacer de su vida una obra de arte. Gabriel Marcel se encaminó por este vericueto; la metafísica para el discurso marceliano no es otra cosa que el desvelamiento de los misterios. Pero por esta vereda del pensar, ¿se podrá elaborar un sistema cerrado? La respuesta de Marcel fue un no. La vida integral del hombre es mucho más que un concepto. La humanidad y su complejidad son más que una ecuación filosófica, por eso toda su  obra es asistemática; sus libros son un diario, ensayos y obras teatrales. Todo está deviniendo. “Nadie se baña dos veces en el mismo río”; diría anteriormente Plutarco parafraseando al ciudadano de Efeso. El hombre es un poema no terminado, una escultura que hay que ir esculpiendo cincelazo a cincelazo. Su misma realidad inacabada desvela que sus creencias y su vida misma padecen del virus de la fragilidad, ésa es su condición. Toda creencia y toda vida pueden desmoronarse. Por eso hay que estar construyéndose, eligiéndose a diario, cuidando su situación, sólo así se pueden mantener firmes los cimientos de su obra de arte. Y si se derrumban recomenzar a construir. El hombre es un peregrino, Homo viator. En este punto Marcel, se acerca a los existencialistas. Sartre, lo clasifica junto a Jaspers, como existencialistas cristianos. El hombre es un proyecto que se vive subjetivamente, plenamente responsable, y su

libertad lo crea.  Aunque a Marcel se le considera como el primer filósofo de la existencia debido a que, en 1914,  tituló uno de sus artículos Existence et Objectivite donde expuso tesis existencialistas. Es quien más se acerca al filósofo danés, pero se sabe que no había leído al autor del Concepto de la angustia cuando ya había desarrollado algunas de sus ideas fundamentales. Al principio de sus incursiones con las ideas existencialistas, Marcel, toleraba que lo llamaran existencialista para posteriormente repudiar ese calificativo por el riesgo de que se le confundiera con Sartre.  Él decía profesar un neosocratismo-cristiano, calificativo con el cual lo bautizó uno de sus discípulos en sus tertulias. Hay que creer más en el hombre que en las instituciones. Gabriel Marcel fue un alumno brillante aunque nunca fue maestro en la Universidad. Hay que creer más en los maestros ejemplos que en el prestigio de la Universidad. Hay que creer más en el hombre que en la camiseta de un equipo. Marcel creía en el ser único e irrepetible de cada ser humano. El pensamiento marceliano que empezó por la línea idealista desembocó en el análisis fenomenológico, sus observaciones no son racionalistas sino descripciones de las vivencias existenciales. Su filosofía es subjetiva-existencial. Lo que motivó al francés fue lo concreto, rechazando así las abstracciones. Al autor laureado con el Goethe de la ciudad de Hamburgo,se le considera un filósofo católico aunque de una manera muy singular. Marcel, converso al catolicismo en 1929,  no camina por los senderos de la filosofía católica tradicional, él va por su propio camino siendo congruente con su pensar y vivir, y escribiendo su gran obra de arte, su prueba filosófica.  No coincide con la filosofía escolástica tradicional; pero su pensamiento se puede considerar como un vigoroso replanteo y solución dentro del marco de la filosofía cristiana, a partir de problemas propios del siglo XX, tales como la persona, las relaciones interpersonales, la intercomunicación, la angustia, el amor y la libertad; en este sentido se acerca más al pensamiento personalista que a Sartre y Heidegger. Cabe aclarar que su filosofía no depende de su fe católica, el Diario metafísico se publica en 1927 y hasta dos años más tarde él se convierte. Su reflexión filosófica lo llevó al encuentro del cristianismo y no al revés. La lucidez metafísica del autor de Los hombres contra lo humano lo llevaron a converger con los postulados del resucitado. Después de su bautismo, Marcel es un católico fuera de serie, amigo de ateos, respetado por los círculos intelectuales de París, maestro ejemplar sin cátedra en la universidad, viajero del mundo, amante intenso de su esposa Jaqueline Boegner (fallecida en 1947) Gabriel Marcel es el testimonio del hombre religioso moderno; Cioran, su amigo y vecino, lo exalta en Gabriel Marcel apuntes para un relato. Crítico exacerbado de los errores de la Iglesia y gran devoto de Cristo. El músico, dramaturgo y filósofo Marcel, mantenía en sus tesis que las personas sólo pueden ser comprendidas en las situaciones específicas en las que se ven implicados y comprometidos, por tal situación la filosofía no es objetiva, los problemas filosóficos no pueden resolverse como un problema matemático. En la filosofía los enigmas humanidad-mundo se resuelven personalmente en una actitud de Recogimiento; en ese acercamiento profundo al misterio, la solución es personal.  La reflexión primaria es para resolver los problemas y la reflexión secundaria para resolver los misterios. “No estoy asistiendo a un espectáculo” soy yo el actor, la respuesta cambia si es otro ser humano el que se encuentra en tal o cual situación. Para Gabriel Marcel existe paralelamente al Problema y Misterio el Ser y el Tener. Sólo las cosas se pueden objetivizar y poseer,  el ser humano nunca.  El hombre existe en el ser, participa del ser, se comunica con los demás gracias a su mutua apertura en el ser. El ser es el ambiente propicio de la existencia personal, y no separa sino que une. Desde mi existencia personal puedo reflexionar, ahondar en mi mismo, y captar al ser, por el cual se realiza la comunicación con las demás personas. No se puede decir lo que es el ser, no se puede expresar y objetivizar; su conocimiento nunca es exhaustivo; pero se puede experimentar como una profundidad que nos supera y nos incluye.  El hombre que todavía no llega al nivel del ser trata a los demás como objetos, como un tener, con esto revela que todavía no ha cruzado el umbral de la existencia humana auténtica y personal. La filosofía de Marcel es el paso de la existencia al Ser. 

 Toda persona no vive a un nivel humano, hasta que se encuentra con sus semejantes en el plano del ser, cuando trata a los demás como objetos, los trata como ellos o él, no como un yo y un tú, sino que los separa de su presencia humana.  Saber tratar al otro como un tú es el fruto de la maduración existencial, porque sólo así ese yo y ese tú pueden convivir. “Esse est co-esse” (existir es coexistir). El Nosotos nos lleva a la victoria luminosa que nos abre la ventana hacia el Tú Divino. Según nuestro autor existe una conformidad esencial entre el cristianismo y la naturaleza humana.  En la oración personal y comunitaria de los apóstoles se revelaba Cristo, y en el hijo se nos revela el Padre Dios. En el yo, en el tú, en suma: en el Nosotros culmina la humanidad chispazo de Dios. O como versa la expresión marceliana: “Yo espero en Ti, para Nosotros”. Pero para que el árbol humano pueda dar este fruto necesita del Compromiso y de la Fidelidad, más allá de los momentos y situaciones en que nos veremos implicados en nuestra vida, manteniendo la Unidad y la Permanencia; sólo llegando a este momento se le podrá proferir a un ser: “Te amo tú nunca morirás” (Gabriel Marcel dixit).

 

 

 

 

 

 

 

Escrituras desde el margen

por Rocío Cerón

 

La ciencia es obra de la imaginación, exactamente como la poesía.

Y el lenguaje de la ciencia no consigue librarse de la ambigüedad, como

no consigue librarse el lenguaje de la poesía, puesto que la ambigüedad

se oculta en el tejido de todas las ideas.

Bronovsky

 

 

Filtro y membrana. Permeabilidades. El margen siempre será tocado por otro margen, en un momento determinado todo margen será un centro. La membrana: funciona como filtro, como eje de separación. Todo margen, toda escritura que se diga marginal, será filtrada, asumida. En todo continuum hay momentos de ruptura, dichas rupturas, con un uso relativamente bajo de energía, serán en un punto genéricas, corruptibles, de fácil copiado. La membrana es un cuerpo construido por el canon, por el pasado, por la crítica pero también por los procesos naturales de selección. Las membranas se utilizan para limpiar, clarear, despojar de su radicalidad a las escrituras subterráneas o residuales. Conforman la capacidad de derivar una revolución, a un sistema convencional. El proceso de separación por membrana se basa en la utilización de membranas semi-permeables. Se dejará pasar toda escritura que no melle demasiado, todo cuerpo deforme, antiadherente al pensamiento de la época tendrá que esperar otra época. 

La página es un campo. La literatura es un campo. La poesía es un campo bélico. En los márgenes, desde donde se escribe cierta poesía  –escritura incierta, inestable, permeable, suicida– que aún no pasa por el filtro y la membrana, estalla en loop incesante una batalla monumental, como la de Kursk (más de dos millones de soldados, seis mil tanques, treinta mil piezas de artillería y cinco mil aviones), donde el creador se juega la vida. Toda escritura que viene del margen tiende a construir un fino mecanismo de autodestrucción. Toda escritura desde el margen está desangrándose ya desde su inscripto mismo.

            El principio es simple: la membrana actúa como filtro muy específico, dejando pasar lo más transmisible (una poesía que se comprenda, que se comprenda, que se comprenda, aclaman; que no rebase exigencias de sentido; que no exponga la medida conservadora y en conserva de sus críticos; que no evidencie los sistemas que han domesticado a la propia poesía), reteniendo la materia más sólida suspendida. Filtro y membrana. Permeabilidad. Función de pared membranosa: separación selectiva como forma de control ante lo incomprensible, lo ambiguo, lo indeterminado. Ciertas sustancias atravesarán la membrana, otras quedarán atrapadas en ella. Ciertos poemas, ciertas poéticas, trasminarán. Se harán potencia y núcleo, escritura Vulcano. Algunas, engullidas por el propio canon, se convertirán en objetos indefensos: espectros de sí mismas. Todo margen se vuelve centro y todo centro será descolocado por un ente tentacular-verbal-poético-suicida que proviene de una raíz común pero que le es necesario prenderle fuego al cuerpo de toda madre y todo padre previos (de las cenizas se levanta un imperio).

            Métodos varios para permitir que materias suspendidas atraviesen una membrana: aplicación de alta presión (desde el poema ejercer puntos de ubicación y acciones fuera del sistema de los ejes de control, esperar el desgaste de la fórmula conservadora para crear recolocaciones: a todo poder le llega el invierno), concentración en ambos lados de la membrana (o de cómo ver que otros den batalla hasta la fisura para crear intersticios en el muro y crear túneles de ida y vuelta para inestabilizarlo todo, destruir/reconstruir el ojo de la liebre) o la introducción de un potencial eléctrico (observación, lecturas, decodificación del centro; blindaje del espacio emergente).

            Toda escritura desde el margen es escritura de emergencia: se escribe para escriturar, y testamentar, la sangre y los huesos, la mirada y la escucha, la colocación en la vida y el abismo a los pies. Aunque el centro siempre esté de fauces voraces para darle muerte. El margen siempre será tocado por otro margen, en un momento determinado todo margen será un centro.

 

           

 

Miércoles, 08 Febrero 2017 22:38

ESCRITORES QUE NO LEEN / Ramiro Padilla Atondo /

 

 

 

ESCRITORES QUE NO LEEN

Ramiro Padilla Atondo
 
 
 
Hay quienes sienten el deseo

de escribir de súbito, como si el acto de la escritura fuera automático. No se puede descartar al genio que sin leer libros pueda construir una obra, pero esto más bien sería algo absolutamente fuera de lo común, algo así como uno en un millón. Por lo regular cuando alguien que no me conoce se entera de que soy escritor me asalta de inmediato con dos afirmaciones. 
La primera, que yo debería de escribir un libro acerca de su vida, como si esa vida en particular estuviese tan llena de matices como para que valiera la pena una biografía novelada al estilo de André Malraux, y esperan que de inmediato me enganche preguntando acerca de los detalles de tan peculiar existencia.
La segunda afirmación es que ellos (una mayoría) también tienen planeado escribir un libro, por lo que de inmediato se imaginan que me convertiré en su asesor de manera inmediata. Para este tipo de afirmaciones tengo siempre una pregunta. ¿Qué estás leyendo en este momento? Este es el primer filtro para saber si alguien está tomando con seriedad el asunto que me acaba de plantear. La mayoría de las veces me dicen que no leen lo que los descalifica de manera automática. Aunque también hay aquellos que sí leen pero no leen nada de lo necesario para convertirse en escritor.
Y aquí la pregunta sería ¿Qué se necesita leer para ser escritor? No hay una fórmula mágica para decidir exactamente que contenidos alguien debería de leer para convertirse de manera exitosa en escritor, porque hay muchísimos factores a considerar. Por lo regular los que se me acercan intentan escribir libros de aforismos o autobiografías con una fuerte carga de superación personal. Mario Vargas Llosa hablaría de eso en cartas a un joven novelista diciendo que la fama es tan veleidosa que muchos escritores de probada calidad literaria viven olvidados mientras que otros que son una
verdadera pesadilla para el oficio obtienen jugosos contratos, llegando al grado de descalificar al Ulysses de Joyce desde una posición mercadológica como la de Coehlo.
Lo que realmente determina una verdadera vocación literaria puede ser ese deseo incontinente de recrear otros mundos después de haber leído bastantes libros. La analogía en este caso podría ser aquel tipo común que sin haber jugado beisbol ha decidido convertirse en pitcher. Cree que tiene un gran brazo pero nunca lo ha utilizado. Un jugador de beisbol hará de la práctica diaria su mejor arma para competir y la repetición de ciertos patrones de entrenamiento lo hará mejorar. Quizá no llegue a las grandes ligas pero al menos se convertirá en un jugador decente.
Igual le pasa a un escritor. Pensar que sin leer puede llegar  a ser un escritor decente no deja de ser una estupidez. No hay atajos para el oficio de la escritura. A escribir se aprende escribiendo y leyendo. Se leen los libros como se lee un manual de ficciones. Se aprende a de-construir un libro para entender sus elementos. Hay escritores que solo utilizan un mismo tipo de narrador y esta limitación en su técnica se ve aún antes de abrir el libro. Gabriel Zaid reflexionó acerca de esto al escribir Los Demasiados Libros. Hay un mercado grandísimo de personas que quieren publicar, pero este mercado es inversamente proporcional al de los lectores. Aquí habríamos de preguntarnos si la profecía escrita por Ray Bradbury en su Farenheit 451 puede llegar a ser cierta. Que los demasiados libros con contenidos malísimos nos obliguen a quemarlos por ley. Creo que sería sano. Aunque en la realidad haya una selección natural atroz. Si la obra de un escritor tiene calidad literaria o calidad comercial tarde o temprano conseguirá una editorial que le publique, aunque este camino sea largo y sinuoso.
Claro está que los escritores que no leen tienen menos posibilidades que los demás. Muchísimas menos. Si por alguna fortuita razón, un escritor de los clásicos de principios del siglo XX
se topara con un neo-escritor que no lee, entendería que la muerte de la literatura está cerca. Lo miraría como un bicho rarísimo de una historia de ciencia ficción.   Y se preguntaría que está pasando en el mundo que las cosas están al revés, cuando la escritura es el paso lógico desde la lectura. En tiempos pasados, más que la calidad literaria la publicación era el premio lógico a la terquedad. A trabajar publicando aquí y allá hasta lograr hacerse de un nombre y a la depuración estilística proveniente de las infinitas horas de lectura y escritura. Quizá sea demasiado pesimista. El problema es casi todas las semanas me topo con un escritor que no lee. Por eso escribí esta reflexión.

 

Sábado, 04 Febrero 2017 08:38

MORAL INTELECTUAL POSMODERNA / MARCO ORNELAS

 

 

 

MORAL INTELECTUAL POSMODERNA

Marco Ornelas

 

 

 

 

Comenzaré esta lucubración con la famosa frase hecha por el gran filósofo de la antigüedad: Aristóteles, el cual, en su momento, espetó: amicus Plato sed magis amica veritas (soy amigo de

Platón; pero más amigo de la verdad). ¿No es esta frase bandera de la moralidad intelectual más alta? El pensar que alguien como el estagirita que pasó muchos años como discípulo de

Platón, sentenciara que prefería la Verdad más que a la amistad. ¿Acaso no se convierte este acto en un valor esencial en la línea axiológica del hombre que se dedica al estudio de las

ciencias, las letras y el arte; es decir, el intelectual?  Quizá esto pueda parecer violento para alguien que tiene la amistad como culminación ética, pero no para un intelectual y menos para un filósofo que tiene como sentido último de vida la conquista de la Verdad. ¿Pero qué es la Verdad o quién la detenta? Cuestionarán ustedes acertadamente, motivo que me llevará a replantear todo lo anterior. Diré en este nuevo planteamiento que, hablar de la Verdad, implica absolutismo. Y los absolutismos traen como consecuencia inherente luchas cruentas, despotismo y dogmas. Miremos sólo hacia el pasado (los cientos de homicidios a cargo de la Inquisición, en defensa de la Verdad de Dios, proclamada por la Iglesia; la revolución sangrienta y los Gulag de los bolcheviques, en pro de la Verdad del socialismo). Me pregunto, ¿tendrá validez alguna en estos momentos la disyuntiva planteada por el filósofo griego? ¿El estar de lado de la Verdad como fundamento previamente establecido, no implica estar de lado de los absolutismos como ya lo fotografió la historia? ¿Cuál es, entonces, la moral del intelectual en esta época y en esta circunstancia, y más, con toda la herencia del pasado que tenemos por maestra? A lo mejor, en el momento histórico de Aristóteles, en la época antigua, donde se dieron los grandes sistemas y cada pensador pretendía haber encontrado la Verdad, el ejemplo del griego fue una máxima incuestionable; pero ahora no podemos cerrar los ojos y dejar de vislumbrar el error cometido por el pensador de Estagira, y mucho menos ahora, después de haber presenciado el derrumbe de dichos sistemas; el pensar así es la carretera que conduce al paraje llamado absolutismo.  La verdad que ahora se está considerando como “cultural” no nada más se revela en el ensimismamiento del filósofo, creo que también se elabora en el diálogo con el otro, con el Tú, en el Nosotros, pienso que ahí es donde florece en plenitud. En este sentido, creo que Sócrates, y su mayéutica, institucionalizaron un buen camino para la elaboración de la verdad: el diálogo entre los hombres.  La verdad no está ahí esperando afuera, la verdad se elabora. Hemos pasado de las verdades absolutas, a las verdades de razón, de las de razón, a las científicas. Nos encontramos en el siglo XXI, en la etapa histórica que se ha bautizado como posmodernidad, la Verdad con mayúscula ha quedado atrás, ahora las verdades culturales (aquellas que están expuestas a las contingencias de época y costumbres de cada momento histórico) son las que se encuentran vigentes.  En todo lo que va de la historia humana nunca hemos llegado a encontrar el fundamento total. Nuestras certezas se derrumban, las opiniones varían, el mundo se presenta divergente. Lyotard, habla del fin de las metanarrativas, lo cual para el escritor mexicano Carlos Fuentes, da origen a las multinarrativas. Nos vislumbramos en el campo de lo diverso. De las diferencias morales, de la diversidad política, de la diversidad religiosa y también, de la diversidad sexual. Nuestra circunstancia concreta de esta época, nos hace el pedimento de dejar atrás los lastres perniciosos como lo son: xenofobias, chovinismos, machismos, cerrazón y absolutismos. Nos encontramos en el sitio de las certezas lacias.  Entonces, ¿cuál podría ser la moral del intelecto en esta época posmoderna? De acuerdo a lo anterior considero, el de la aceptación de las diferencias mediante el diálogo razonado, es decir, el consenso. El de la revisión con lupa para cuestionar todo, pero no en forma escéptica sino en vía de búsqueda de la mejor figura que se pueda elaborar no repitiendo crueldades del pasado. El intelectual, necesita de la tolerancia si otro le hace ver sus errores, de la humildad para transformar sus ideas. Acordémonos que, si pretendemos armar esa gran figura de la verdad cultural a nuestro gusto, muchos no tendrán cabida, demasiados serán exiliados de nuestro sistema. Ningún otro tendrá un lugar más que los adeptos, por lo tanto, todos los demás serán enemigos a eliminar (lógica del absolutismo, guerras, despojos, etc.). 

 

Lunes, 30 Enero 2017 06:00

José Revueltas y Juan Rulfo...

José Revueltas y Juan Rulfo... vuelo de tierra 
Fuentes, tierra sin vuelo

Cultura Nacional 
Roberto López Moreno
Texto publicado en diarialmomento.com

Un “gobierno” como el de Felipe Calderón tenía que ser el que creara el Premio Carlos Fuentes, nombre del señoritingo aquel que decidió que sus cenizas descansaran en París porque México le quedaba muy chico. Un escritor como Mario Vargas Llosa, el peruano-español, prestándose siempre a las peores causas, era el más idóneo para recibir tal Premio. Todos los participantes en el acto estaban hechos tales para cuales. De Fuentes se puede decir que a sus libros más conocidos se les acusó de ser producto del plagio y hubo quienes apostaran la cabeza en tales afirmaciones. El abundante resto –se puede decir sin duda alguna- son obras sin ninguna significación. Eso, lo saben muchos y lo callan, lo saben muchos y lo dicen, lo saben muchos, muchos. 
Lo anterior me hace reafirmar la siempre presente idea de que los premiados y premiadores de esta índole van por un lado, y muy por otro, los verdaderos grandes escritores que ha dado este país, inmortales en su país y en la literatura de universalidad, 
subrayo así la idea que me ha llevado a definir las existencias de Rulfo y Revueltas en nuestro medio como integrantes de las dos caras de una misma moneda que al triunfar en el aire con su revolotear de destinos, integra la unidad del binomio, jugando a la sorpresa desde lo eterno, a lo imprevisible-previsible en uno, a lo impredecible-predecible en el otro.
Hablo, sin duda para mí, de los dos escritores más importantes del México contemporáneo, de los dos ingenios -realidad de luz- que surgen de la entraña más nuestra y retornan a ella, penetrando como ninguno desde la verdad adolorida y desde su poesía, abarcadora también de una cultura formada en el desgarramiento.
Los dos autores se corresponden, se complementan, los dos nos dan la visión más fidedigna de este barro amargo con el que estamos conformados desde hace más de 500 años. Los dos autores nos corresponden, nos complementan, configuran nuestro ser individual y colectivo; tanta es la fuerza del dinámico binomio, águila y sol con nuestras verdades en vilo.
Si en el caso de Revueltas, el de la preocupación política, el militante engarzando horas de prisión con la eterna juventud de su optimismo (una de las condiciones principales del marxista es esa, la del optimismo), si en el caso de Revueltas, México se convierte en materia tangible, en prisión y calle desbordada de pancartas y consignas, en reflexión filosófica sobre el devenir del hombre, en incursión por las obscuras venas de la degradación humana; en el caso de Rulfo esa misma realidad tremante adquiere el vuelo del sueño, de un sueño amargo también, porque parte de la misma llaga, pero que se eleva por sobre nuestras cabezas como otra forma de hacernos poner los pies en el suelo.
Aquí, estamos ante la realidad y su idea jugando en una misma moneda al aire; aquí el río de Heráclito se alimenta con dos brazos poderosos (cauce de tierra y agua, y cauce de fuego y viento), aquí se forma el tal río con una corriente aérea y otra terrestre; aquí, el agua de los tiempos que lermamos sabe a lodo y a ave, otra vez el persistente pensamiento mexicano uniendo en un mismo nudo, barro y viento, la sabiduría de la tierra y la del espacio.
Rulfo y Revueltas, Revueltas y Rulfo, tan mexicanos como son, ellos son los dos escritores realmente cosmopolitas de nuestra literatura; no lo son porque pudieran haber andado alguna vez tras la persecución del Premio Nobel o en trance de frivolidades en tonos de "jet set" transnacional. Lo son, el uno, Revueltas, porque en su obra tiene la capacidad de viajar, con su cohorte de mancillados, agredidos, de México a los infiernos raciales de Estados Unidos; a Moscú, frontera de leyenda entre dos mundos: el occidental y el oriental; a Corea, para describirnos en su novela "Los motivos de Caín", escenas de aquella disputa sangrienta por el paralelo 38; el uno, porque es un pensador marxista y como tal, trabaja con las expresiones del pensamiento universal contemporáneo; el otro, Rulfo, por las fuentes de su obra; el jalisciense concentra su cosmopolitismo en un vasto conocimiento de la narrativa del mundo y de su tiempo.
En este renglón se puede decir que, nada le es ajeno a Juan Rulfo de lo que sus contemporáneos han escrito en otros países, en cualquier parte del planeta, así lo dijo de propia voz alguna vez y así se intuye, o se sabe, en el momento en el que el lector penetra el universo rulfiano. Hijo es Rulfo de las literaturas del mundo y ahí está su verdadero, real, indiscutible cosmopolitismo. 

 

 

Viernes, 27 Enero 2017 01:00

Saber y no saber sobre crítica

Saber y no saber sobre crítica

 

Luis Ricardo Palma de Jesús

El ejercicio de la crítica ha tenido una gran importancia en el ámbito literario, sobre todo por los innumerables ensayos que existen y las diferentes posturas sobre determinados temas e inclinaciones teóricas. Pero, uno como lector, ¿qué piensa cuando se encuentra un ensayo crítico sobre una obra que ya leyó? En una ocasión encontré en internet un ensayo crítico sobre Cien años de soledad, novela que yo había leído con desmesurado interés y con apasionante atención. El texto comenzó resaltando la rica prosa de García Márquez y sus mágicos párrafos de la familia Buendía. Hasta ahí mi lectura iba bien, pero cuando comenzó a decir que en la obra del colombiano aparecía una figura como recurso: la hipérbole. Y dijo que Cien años de soledad no hubiera existido si Gabriel no hubiera leído Gargantúa y Pantagruel. Resulta paradójico mencionar que, muchos años después, leí la entrevista que le hizo Plinio Apuleyo Mendoza (que se encuentra en el libro El olor de la guayaba) sobre el génesis de Cien años de soledad, y Gabriel mencionó que ese crítico, de origen francés, le había dado un golpe en la crisma y que ignoraba que en el caribe suceden cosas fantásticas e increíbles, y que sólo se necesitaba abrir los ojos para darnos cuenta de la riqueza que hay en el mundo. El tono ácido y sarcástico sobre la crítica a la novela me pareció pedante y sin mucho fundamento, ya que también mencionó que ahí estaba la caricatura latinoamericana de William Faulkner.

            Sin duda, cuando leí el ensayo, quería descubrir algo más interesante, como por ejemplo, el autor del ensayo qué pensaba sobre la obra de Gabriel, qué le había hecho sentir desde su postura como ser humano y como intelectual, qué le había provocado, si asombro o nada. Porque yo quería saber por qué Prudencio Aguilar perdió a José Arcadio Buendía en un sueño interminable; o por qué Remedios, la bella, había ascendido al cielo sin alguna explicación; o por qué Ursula Iguarán había quedado convertida, después de muchos años, en una ciruela pasa. Todas esas cosas me sorprendieron sobremanera y quería saber si existía alguna explicación ante tales sucesos que jamás creí posible. Después, la lectura se hizo más densa, porque mencionó que Cien años de soledad era plagio de Pedro Páramo, novela insuperable del mexicano Juan Rulfo. Y puso un sinfín de referencias librescas que, hasta ahora, desconozco.

            No dudo que la crítica tenga que cerrarse a una simple manera de opinar; pero cuando el autor no critica la obra como tal y toca aspectos secundarios o que no sabremos a ciencia cierta, el ejercicio ensayístico se convierte en un circo de adivinanzas y acertijos infundados que sólo confunden más al lector. El crítico no tiene que usar de pretexto la crítica sólo para verter sus referencias librescas y demostrar su conocimiento exiguo. Más bien, lo que debe proporcionarle al lector, como primicia, es una invitación a leer una obra literaria y destacar los aspectos buenos y malos que el autor considere, y decir qué fines estéticos la delinean. En una ocasión platiqué sobre literatura con un poeta. Me dijo, ¿sabes definir el término literatura? Creo que a estas alturas definir esa palabra es un riesgo; pero en algo coincidimos: y es que la literatura, desde los diferentes géneros, debe proponer algo estético, ya esté escrito en prosa o en verso. Sin duda el ensayo crítico no sólo debe comprenderse como algo negativo (que es lo que semánticamente denota la palabra) sino como esa posibilidad estética de decir algo que, quizá, nadie más ha dicho.

            Además, dentro de la crítica existe una especie de rivalidad literaria; es decir, que una crítica vale más por las referencias que maneja el autor que por su reflexión profunda; que vale más hacer un ensayo para que mis contemporáneos vean que sí se lee y para demostrar que sus conocimientos son insuperables. Este juego en donde nos ponemos la sotana literaria para decir yo sé más que tú; mira, yo he leído toda la obra de tal o cual autor, me parece algo patético; y más cuando detrás del ensayo hay una terrible saña por denigrar a otra persona, olvidándose por completo del objetivo principal. Posiblemente ésta de una de tantas causas de que la crítica ha tomado un camino erróneo.

            Por lo menos hablo como lector. Cuando encontré esa entrevista de Plinio Apuleyo Mendoza a García Márquez comprendí que muchos de los críticos que creen saber todo sólo ensucian y denigran la vida de los autores. Por principio, al crítico debe interesarle la obra, no la vida del autor; en segundo punto, el crítico debe entender que su postura no es una verdad absoluta y sólo es su visión, una opinión subjetiva. Que si el autor tiene o cual oficio; que si promueve el islam o el cristianismo; que si es comunista o anticomunista; que si es polígamo o célibe; que si lee o comenta sobre tal o cual libro. Eso es algo que no debe tomar en cuenta el crítico. Mucho después comprendí que la vida del autor es importante porque toda obra de ficción es reflejo de una mente real, de alguien que vive en tal condición y que piensa de esta otra manera. De ahí en fuera, la obra como tal es un producto independiente que debe ser analizado desde su fisionomía, desde su arquitectura y desde su carpintería estética.

            Pienso que muchos de los ejercicios ensayísticos están dirigidos a un determinado público; sin embargo, hablar con un lenguaje barroco y oscuro puede resultar difícil para un lector novicio que apenas descubre una opinión sobre una obra. Y, a modo de conclusión, la función de un crítico y de un ensayista es la de imprimir su visión, su postura desde su horizonte de expectativas, sin caer en el juego de yo sé más que tú. El crítico debe ser un facilitador de conocimiento, no un personaje que juzga prejuiciosamente y de manera equívoca una obra. Su conocimiento debería aportar a la comprensión de un texto y de todo ese mundo poético y narrativo, libre de rivalidades políticas e ideológicas que al lector no le interesan. Pero bueno, me parece que eso siempre va a existir, como existió entre Góngora y Quevedo, entre Borges y Rulfo, entre Heriberto Yépez y Domínguez Michael. Ojalá que las mentes ensayísticas no se cansen de hacer una crítica que aporte, porque saber o no saber sobre crítica implica quitarnos la coraza y ver al desnudo la riqueza que hay por dentro.

 

Publicado en BARRACUDA SANGRANTE

 De andamios y pasos transeúntes

(reflexiones sobre la poesía y los últimos tiempos)

 Lucas Matus

Dios es el rey de las vendettas

No culpen a dios de sus mamadas

En estos tiempos vertiginosos, de cronómetros de cuarzo cuántico, horarios de plastilina y manecillas virtuales que giran como perros rabiosos persiguiéndose la cola, hacer un alto en el camino puede ser motivo de un respiro y hasta ocasión de echar una ojeada al reciente pasado, y por extensión, al inminente futuro, y entre ambos, al estado del arte de la poesía en México durante los últimos tiempos; ese inmediato pasado que de tanto correr tras el destino se nos escapa de los ojos y las manos. Con la memoria extraviada corremos tras los sueños, y cuando nos queda tiempo, tras las necesidades más inmediatas, un blackberry o el bus que lleva a casa. Nos acomodamos entre la comida rápida, la obesidad sedentaria y tratar de vivir la vida. Habitamos la tragicomedia muy a la mexicana. En las esquinas, las noticias siempre son urgentes, huelen a nota roja, son imbatibles, persistentes, invariables, una nota supera a la otra, y esta a su vez, a las fantasías más absurdas hasta ese momento jamás imaginadas. El sueño dorado de todo escritor de novela negra.

 Lo absurdo garantiza en este caso, tanto la risa nerviosa, el escarnio y la burla (a las que somos tan afectos), como la tristeza, la desesperanza, la angustia, el desasosiego y el miedo. Pasa la mona bato dice Roberto Romero Aguilar (2010) para describir con palabras y paredones carcomidos de barrio adentro, la realidad que algunos se afanan en esconder sistemáticamente; lo invisible no existe…

 …La noche es un baile de ron con sangre de luna bañando de luz las canciones de condenados que monean ante las burlas. Sueños hipnóticos de necios porque la vida es una soga, una tarascada de atroces amuletos. Vuelan moscas como buitres sobre cadáveres noche de plumas negras, luna de bachas en los anexos, ñeros de “buena voluntad” bajo la tumba sin rezos ante un charco de sangre sin memoria…

Hay una sensación de vacío que llena el ambiente; ha sido tan constante, tan tenaz el sometimiento, el despojo, la saturación infomediática, el aislamiento relacional, la negación de la catástrofe, la obligatoriedad de las ideas del orden social necesario (así, en genérico), la soterrada imposición de una moral no republicana, la inquina a lo diferente del modelo ortosocial, la corrupción y el nepotismo público y privado, incluyendo los premios literarios y el hijismo, entendido este, como el efecto asumido del paternalismo impuesto y por tanto, el beneficiario (cuando le conviene) es dependiente y víctima indiscutible de los otros, así, de pronto, da la sensación de que “todo pasa y no pasa nada”, de que no hay justicia, pero también de que no hay disidencia. Aún con los desconciertos de claxonazos enfurecidos, el traqueteo de las maquinas rodando inmisericordes sobre el concreto de las calles y las consignas de las marchas de cualquier tinte y modalidad, en las calles se escucha demasiado silencio. Tropiezo, del poemario Aprendiz de mar, 1998, Beatriz Sandoval:

Ya no tengo palabras ya no encuentro el sentido de las hojas en blanco ni la voz que dictaba en mi mente. Nada es mío, ni el papel que me mira ni el carbón con que trato de enfrentarlo. Se me escapa la idea, la imagen, los hilos conductores…

Tolerancia a los estímulos dirían los fisiólogos y retracción como respuesta, agregarían los sicólogos funcionalistas para explicar la inmovilidad y la aparente inacción individual y colectiva frente a una realidad apabullante.

 Si yo intentara por una sola vez gritar que siempre fui un hombre solo estoy seguro que nadie respondería. Auschwitz, de Christian Núñez (2010).

 La realidad no reconoce de evasivas, nos incluye a todos, nadie está indemne, es irrecusable. Está compuesta por testigos y testimonios, nos hace actores o espectadores, pacientes mirones del devenir de los sucesos, ensimismados jugadores de play station, escritores mercenarios o muelas del engranaje cotidiano. La realidad es mutable; crisálida en proceso envuelta en espirales de humo, baste un soplo para que se eche a volar convertida en papalótl o por el contrario se desintegre en fino polvo estelar. La irrealidad es espejo, rayo y nube, una anciana de mil años, una cábala... Sin embargo, la realidad es futuro cumplido (no hay mal que dure cien años…), es la evidencia de los actos-efectos del pasado. El pasado pues, es tabique y referente del presente, sobre él se construyen la posibilidad del cambio o la  permanencia del status quo… y como tal, el olvido es polvo, y el silencio es lápida sobre los destinos. Somos producto de los hechos (el pasado), no de los deseos (el futuro). Visto así, desde el corpus colectivo, no nos queda sino la voz y la palabra, ya que la presencia es insuficiente. Hemos sido y somos expropiados, expatriados. Como si fuera una culebra de agua, un tornillo de curado de apio con olor a tierra colorada, la voz de Venancio Neria Candelaria nos recuerda en De filo doble y luciérnagas, 2011, el costo de las despedidas del exilio forzado, la migración por exterminio y la desolación.

…Dejamos allá atrás los cuatro ahogados, nuestro quimil y muchas lágrimas que tomó como prenda de peaje el Río Bravo…

La poesía comprometida no es cábala, ni pronóstico, pero denuncia, externa, visibiliza, le da cuerpo a lo que nuestros ojos cegados no pueden o se niegan a ver, lo nombra y lo hace historia, memoria. La realidad de la irrealidad de los hechos se impone sobre la nada lógica esperanza de los humanos, esté depositada en san Juditas Tadeo, la alineación de los planetas o la física cuántica, y por tanto obliga a la determinación, a mínimamente levantar la voz.

 …Encontré un ciego caminando el otoño, vi a su lazarillo asediado, mordido por hordas de perros insensatos y el ciego con la correa y un cadáver, con los ojos despiertos para la noche. Qué pasa, por favor, decía el ciego, y toda la indiferencia brotó de nuestros labios…

En De nuevo Virgilio, de Álvaro Solís, 2009. Verbo, verbum, voz, símbolo, expresión. El hombre se descubre la garganta, el grito de guerra, el aullido de dolor, el quejido, el llanto, los sonidos guturales que nominan las cosas que le rodean y dejaron de ser ajenas, las palabras que no suenan huecas, que comunican; y al paso del tiempo, presuntuoso de su nueva manera de expresar, anuncia, canta, narra, declama, cuenta lo que imaginó, soñó, vio, y lo que le contaron para que contara. Verba, idea abstracta, signo y metáfora, sueño y vuelo, especulo y deseo, caricia y agravio, complicidad y resortera. La poesía es concreción en constante expansión, contiene y posibilita. De entre las sin cuenta maneras de escribir, la poesía se destaca por surgir en primera instancia desde el corazón, desde la emoción de las sensaciones percibidas, no es la ratio la que describe puntualmente los hechos acontecidos o las reformas enésimas al capitulado constitucional que para eso están los cronistas y los p… políticos que se adjudican la voluntad popular. En esta nada rigurosa disquisición más cercana a la doxa que a la academia, será preferible mantenerse alejados de la tentación de las taxonomías; no es la lista de poetas lo que importa, sino su inclusión en la vida ordinaria, la vinculación de sus creaciones con el devenir de los sucesos, su compromiso con la voz colectiva o en sentido contrario, con la propia individualidad del soy y quiero que lo sepan… soy poeta, germen de la bella parole, no revolucionario; la creación no es revolución cuando se prefiere el confort y se han dejado de lado la irreverencia contendiente y la utopía subversiva, y, en descarga de los términos medios, los que nunca se sintieron tocados por la arbitrariedad y/o experimentaron el hastío del abuso del poder, obligados si no por los años, sí por el hambre y en muchos casos por la pueril presunción literaria. Las vanguardias son irruptoras por definición, no conocen de fronteras ni periodos, estaciones y convenciones de los relatores de la historia, los cronistas de la era y su momento, son enemigas del pasado, de la memoria histórica, la memoria colectiva tan olvidadiza como llena de encasillamientos, de hechos, de costumbres y de supuestos, aunque tienden necesariamente (las vanguardias) por efecto del tiempo, el invencible, a dejar de serlo, para pasar con los años a ser parte activa del zoológico de los artistas y soñar con pertenecer (preferentemente en vida) al panteón de los poetas. Pero la vanguardia no es un lugar común, excepto como pose o blofeo. Para ser vanguardista hay que ser honesto y tener güevos. La vanguardia implica el cambio, la ruptura de manera inicial de los propios paradigmas y la adquisición de nuevos referentes, sin ellos, la creación es repetición y en el mejor de los casos, recreación. ¿Cómo se puede ser un poeta joven y “conservador”?, si el cliché lo define como irreverente, iconoclasta, altanero, subversivo e inconformado con el arte viejo al que es necesario cambiar por uno nuevo. Sin embargo el poeta joven y conservador, cambia la forma y deja intacto el fondo, inmaculados los atavismos más lesivos. Pareciera que atrapar palabras en un documento fuera la satisfacción del deseo primitivo de engendrar, de la permanencia de la especie (homo poeticus), una obsesión por el reconocimiento de la obra tangible, yo soy mi libro y sin libro no soy nada; la voz del poeta para la posteridad impresa en fojas de delicado lino con indeleble tinta roja y filo dorado. Una creación originalmente destinada al oído es atrapada impunemente en hojas para ejemplo, deleite y enseñanza de las futuras generaciones y sentenciada a permanecer perdida en el rincón de alguna biblioteca, esto, en el mejor de los casos; antes del papiro no había angustia por el resguardo tangible y fiel de la poética. La oralidad enriquecía y recreaba los cantos y las epopeyas. El libro como epitafio y lápida; que se olviden de todos menos de mí… y aún sin mí, la estatura de mi sombra se proyecta; siembra un árbol, engendra un hijo y escribe un libro. La quimera del libro, la tangencia del cuerpo extendido, del hijo deseado. La publicación del texto como objeto del deseo y no como medio para la exteriorización del pensamiento más allá de lo individual e intimista. Es tan fácil el vértigo. En una primera instancia, el poeta tiene una necesidad primaria: externarle a alguien (otro-otra) lo que siente, compartir, saberse mutilado o enamorado, calzando sus propias fantasías y frustraciones, arrancándose los pasos más allá de la escritura en un papel o de la guerra en turno, para emerger después de calarse en sí mismo tal como se observa en el espejo de sus manos. De manera primigenia el o la poeta es origen y resguardo de todos los dolores y fracturas. ¡Lo es y lo será siempre! En De las preguntas y de ti (“ciudadesinteligibles”), Tania Espinosa de la Garza, acomete con sutileza y filo de navaja la ubicuidad y la distancia entre los astros celestes y los cuerpos,

 …No me preguntes por qué  las estatuas de sal/ hacen llorar los labios y los cuerpos se desmiembran gota a gota/ —sin que uno quiera/ ni tampoco si es feliz la gente allá, afuera de tu cuerpo;/ o si son sombríos los valles y las conchas azules;/ si sueñan los niños con hormigas y palabras que nunca han dicho porque probablemente no existen —ni los niños ni las palabras—; … con la tesitura ascendente de las guías de la hiedra, insiste,…No me preguntes si somos islotes en busca de orilla/ y si esa orilla es firme como las murallas que queremos evitar… Poco después, el poeta no sólo anhela los ojos del otro-otra puestos sobre las líneas en su ausencia, sino que de manera vehemente quisiera tenerla presente para decírselo cara a cara. Es ella-él, directo con el otro-otra. Ambos son protagonistas del amor, el cielo, el dolor, las grietas, las pesadillas, de ambos mismos en el espejo, cercanos o distantes, llenos de odio o navegando en mares de filigrana china. El poeta enamorado es un indagador de los detalles de su amado-amada, un imaginador de sueños, un elocuente decidor de requiebros y ganas contenidas, ama y desama, ama y desama. Más adelante se libera de sí mismo (o tendría que hacerlo). El aedo es un explorador de simientes y ramas de olivo, de caras caducas y abrigos a destiempo; es un rastreador de las palabras dichas al oído y de los llantos insoportables en las manos de un hombre viejo que da giros en unas escalinatas habitacionales sembradas sobre los llanos del antiguo Tlatelolco antes de derrumbarse famélico; el bardo, recorre despacio los mercados de pulgas y es catador incólume de las humedades y los olores de las casas nocturnas y los hoteles de paso.

  Sucedió que la muerte por doquiera imperaba. No en tu casa, no en otra, no alrededor de nadie. Estaba allí, tendida como un pájaro ciego. Sucias manos querían todo el país su nido. Y sucedió, sin aire, sin luz, que por nosotros la multitud de afanes le dio sentencia y forma. Se cumplieron las suertes, nada quedó en su sitio. Porque hirieron, cegaron, Asesinos de luces. En El retorno, 1953, José Agustín Goytisolo. El poeta comprometido se mantiene lejos de las alabanzas pírricas y los insultos velados, entiende la fuerza inconmensurable del diapasón atrapado en su pecho, se sabe corazón colectivo. Se detiene en las historias de los otros, los techos con hambre, las sombrillas destartaladas, los muertos y las muertas de Juárez, ciudad Neza y Azcapotzalco, el país entero; se mantiene alejado del panfleto y el recurso barato.

VII {Sabiduría} de Alí Calderón (2005)

 —Maestro Basho ¿Cómo volverme un poeta esencial? —Vuélvete puto.

 Este podría ser un ejemplo, donde en un breve texto se presume de irreverencia y acidez, aunque lamentablemente, doquiera se le mire, el argumento es profundamente sexista y discriminador. Para ser congruente, el poeta comprometido se mantiene conscientemente distante de los usos y costumbres, del oportunismo, el protagonismo narcisista, la superficialidad de la palabra, las excusas simplistas, la presunta libertad de expresión sin acotaciones de respeto, el dogmatismo seudointelectual, la fácil autocrítica, la inane poesía de protesta y el academicismo de bolsillo.

Los poetas cegados tienen tapiados los oídos. Los poetas que no son poetas, son ingenuos. Los poetas son humanos. En los albores del XXI, la poesía invita y no hay manera de eludirlo, a subvertir los anclajes de lo cotidiano a través de una exploración sin cortapisas e imaginación igualmente subversivas para descubrir nuevas posibilidades de expresión. La elusión de la otredad no es parte de la poesía comprometida. En este sentido toda expresión pública implica un derecho, pero a la vez obliga una responsabilidad. Dentro del texto todo es posible, la libertad es absoluta, sin embargo la libertad de expresión implica el respeto a los otros, los otros que son aunque yo no los mire, la poesía no es carta blanca para el libelo, la descalificación o el reforzamiento de ideas atentatorias contra los derechos de los que no gozan del privilegio de la pluma, “autoridad” que a algunos les hace sentirse externos a la ética y que esto les autoriza para atentar contra los otros amparados en la licencia poética. El abuso del poder tiene tantas formas…

Los que eran como nosotros,

los del trabajo sucio, los del letargo los nuestros,

 pues, los suyos, los que nos rodean,

los que eran como nosotros,

 los de los tribunales, los de las aguas negras los que se pudrieron,

los que acechan las fotografías del tiempo.

Los que eran como nosotros,

los de las telarañas, los de las cuevas,

los que se esconden del ruido, los tardíos, los lentos.

Sabrán que aún estamos perdiendo el tiempo

 y esperando mientras comemos canciones tristes que nosotros realizamos,

 pero creemos,  claro que creemos.

Ejercicio de cotidianeidad #1,

 de Ulises López en Side A. 2009.

 La poesía comprometida no concita ni cree en la violencia como recurso, invita a la reflexión, a la conciencia y a la responsabilidad individual y colectiva de la ciudadanía activa. La poesía comprometida en su condición de voz, hace usufructo de la vasa vasorum, se derrama más que se diluye, absorbe la historia colectiva, elabora ungüentos y argamasas, levanta los pasos del polvo… Lo demás, son malvaviscos en la feria… Finalmente para cerrar sin ánimos de dar por concluido, podría afirmarse que ¡más valen unas manos escritoras que unos pies con prisa! ¡Animas que no amanezca, pa’ que siempre haya voces insurrectas!

 ¡Santé por los poetas!

Barrio del Coecillo a Junio 14 de 2011

 

Arte al margen del estado: UN ACTO REVOLUCIONARIO ALTAMENTE RIESGOSO

 

 

No es posible que se hable de una revista de crítica si no se presenta una nueva estética.

 Creo que ese es el punto, de criticar cualquiera puede hacerlo.

¿Pero dónde está la propuesta?  Nuevos nombres, nuevas voces, nuevo canon.!

 En eso creo. Sumar voces, no opiniones. Opiniones hay en cualquier esquina.

César Rito Salinas

 

El panorama cultural en México, amañado, corrompido y vendido al mejor postor. Es un panorama desolador y avasallador para aquellos que hacen arte. En medio de esta ciénaga hacer arte al margen del estado y sus instituciones es una tarea ardua y altamente riesgosa. Existe una promiscuidad por lucir al amparo de los gobiernos en turno. Aquellos que pertenecen a la pandilla presupuestal han creado un oasis alrededor de ellos. Consumen sus propios autores inflados y procrean revistas tibias e inofensivas alejadas de la confrontación seria. Lejos de la confrontacion crítica; son figurillas de origen comercial; las maquinarias snobs de las secretarias culturales en México se encargan de llevarlas a sus estanterías de prestigio: delegaciones, gabinetes, editoriales; embajadas, ministerios. Cabe mencionar que cada proyecto va repleto de anuncios publicitarios provenientes de la línea que marca el gobierno.

La PIRAÑA cree en la autogestión porque tenemos una firme convicción que no hay una pauta oficial que pueda financiar la libertad de expresión.  No hay presupuesto ni publicidad ni monedas de plata, que puedan dirigir o encauzar los ideales de libertad y justicia a su antojo. LA PIRAÑA nace con un espíritu revolucionario, apostando en sus páginas por el porvenir del arte. Es un camino arduo y más cuando arrastramos una forma de ver el arte a la manera del discurso oficialista. La lucha esta en alejarnos de esos conceptos viciados, inertes y tradicionales. provocando visiones nuevas, vivas. Elevando un dialogo mayor en la dimensión de las ideas. Dejando a un lado este pesado estado de inercia intelectual al que nos han sumergido con la única intención que prevalezca la idiotez sobre la razón. El confort sobre la conciencia. Luchamos por un arte consistente y libre que nos permita alcanzar un entendimiento del mundo y sus múltiples conflictos.

es justo decir que el camino ha sido largo y espinoso, lleno de esfuerzo y aprendizaje, y sobre todo lleno de libertad e independencia. Nuestro primer número tuvo énfasis en el diseño y en la imagen. nuestros siguientes pasos es dejar la inmediatez de contenidos frágiles y absorber contenidos con un buen rendimiento crítico y potenciar el debate. Una de las vías posible es establecer vínculos con las diferentes líneas de pensamiento y critica. Capaces de funcionar complementariamente cada quien en el medio que esté inscrito. Poetas narradores, pensadores ensayistas y todo el universo que constituye el arte.  De esa manera abordar públicos Y espacios determinados que ayuden a dialogar y acrecentar el movimiento dentro de la pluralidad en la que coexistimos.

Es cierto somos un suplemento joven, apenas nuestro tercer número. Nuestra convocatoria puede ser apenas un silbido inaudible, pero quienes trabajan en ella; hacen que las voces se entretejan causando un sonoro grito de hermandad capas de oírse con claridad y contundencia, Y esto lo digo en mayúsculas, ya que estos son artistas reales, escritores que salen a ganarse el pan de cada día para luego llegar a sus casas a escribir, a entregarse a la palabra con rabia y pasión.  De ahí que tenemos voces vitales como Cesar Rito desde Oaxaca buscando que la poesía salga de los libros. Proponiendo ante el centralismo derribar los muros ostentosos que arropan una poesía de salón barata e ilusa por una poesía que pueda leerse en el patio del vecino, a manera de una real invitación y participación de la lectura. Fomentando con hechos, no con simples palabras. Adán Echeverría nos insta a revisar los actores y las voces que convergen en baja California, se adentra en ellos sin tapujo. nos lleva de la mano al abismo de la escritura desentrañando las propuestas estéticas de estos escritores. Que decir de Cisneros de la cruz y sus revoluciones invisibles letras que nos ínsita a ir al centro del conflicto y ver cara a cara al monstro de mil cabezas. Rocio Garay Rey es una voz que busca romper paradigmas no para imponer otro sino para librarnos de los estereotipos generalizados que arrastramos como una conducta aprendida y diseñada para la no equidad de género. Marco Ornelas poeta y filósofo que nos pone frente al espejo de nuestra existencia y nos deja desnudos ante la intemperie de nuestros prejuicios. Podría enumerar a cada uno de ellos hombres y mujeres, pero no es el propósito de este escrito.

Venimos andando abriendo brecha, invitando, sumando, proponiendo y promoviendo un arte real donde todos podamos habitar en ella. Talvez no persiguiendo la misma idea, pero si comprometidos con el uso de la razón y el diálogo.

A manera de despedida de estas palabras elevo mi gratitud a todo el directorio de la PIRAÑA que ha hecho posible esta página que nació a primera instancia como suplemento de blanco móvil. Cuyo editor, poeta y amigo Andrés Cisneros de la Cruz edita en formato digital. Sin su ayuda no hubiera sido fácil conjuntar al grupo de artistas que conforman hoy la piraña. Y aunque trabajamos en libertad y respeto nos hermana la misma pasión por el arte. Es así que la piraña y blanco móvil se unen en este escabroso camino trasmutando energías:  cátodo existencial de la palabra.

 

HOMENIC FUENTES

Domingo, 18 Diciembre 2016 06:11

Ramsés Salanueva, la voz sobre el coro

 

Ramsés Salanueva, la voz sobre el coro

Refugio Pereida

 

Soy el infamante, el señalador, el que tiene la llave de la puerta  del templo del alba en Siria.

Yo poseo la clavícula contra los dogmas,

soy la senda que conduce al inflamatorio de la verdad,

quien puede leer la revelación”.

Ramsés Salanueva

 

El mar se lleva todos los males,

dijo Ramsés Salanueva una mañana entre las olas del Pacífico.

 

Lo decía aquel hombre que siempre se supo poeta. Desde su niñez había sorprendido a su madre, Santa Rodríguez, con su talento. De tan bien que sonaba una composición que realizó como tarea en la primaria, hizo pensar que la había copiado del bardo Efrén Rebolledo. Pero no fue así. Era completamente suya. Tenía acaso ocho años de edad.

Entre los oficios que tuvo Ramsés estaba el de asesor de imagen a políticos, comunicador, reportero, difusor cultural, esotérico, pero el que más le satisfacía era el de cantor, el de enamorado de las suave piel de una mujer —a la que siempre le llamó su Monstrua—; el de poeta, pues.

De una gripe agravada, estúpida, en el Hospital General de Pachuca murió el 28 de febrero de 2016, apenas un par de semanas después del 14 de febrero cuando tan sólo había cumplido 44 años.

Salanueva había buscado, como Fausto, la belleza en las mujeres, había buscado el conocimiento en los terrenos esotéricos. A ello le culparía de sus desgracias como haber sufrido el accidente automovilístico donde se rompió el pie y que después de muchos años lo llevaría a padecer dolorosas secuelas haciéndole dificultoso su caminar. El bastón que le acompañó por el resto de sus días, le proveía de una figura imponente, le hacía parecer un jerarca con voz de mando.

Era un peso portentoso, de risa estentórea y contagiosa. Era un sobreviviente de una vida avasallante. Pero igual que Eliseo Diego, amansaba la tristeza, la angustia y la soledad con la poesía. La vida le era un animal furioso, pero su ternura lo llevó probablemente a descargarla en las amantes que buscaba en burdeles para luego fanfarronear el haber tocado las pieles más suaves y confesaba sus sueños donde aparecía de forma recurrente una puerta llena de tetas.

Si algo tenía Ramsés Salanueva era alimentarse de los sabores de los versos de Manuel Scorza que había conocido por Carlos Gasca. Se preocupaba porque la poesía fuera un elemento constante en su existencia. Era un hombre que bailaba la danza del polvo desprendido por el movimiento de cuerpos hermosos. El poeta escribe para su muerte con materia tangible y efímera. Se vuelve una voluta de paja en las arenas para tejer la inacabable esfera que rueda, que rueda, que rueda como la aceptación y la renuncia.

Ramsés era un ser endeble. Un ser de caminos desérticos. Un ser de matices nacido en el Valle del Mezquital donde las nubes codician el agua y como el amor, se van a otros cielos.

Para el poeta era necesario, imprescindible, ir tras ellas. No importaba que tan lejos se hubieran ido. Tal como lo hizo Efrén Rebolledo, de quien fue a buscar sus huellas hasta los márgenes del Fiordo noruego. De ese periplo vino Cuaderno para estudiar el viaje, un libro donde el final de cada poema es tan contundente que ofrece la fruta de la seducción y el misterio como un manjar para el espíritu. Cada final para sus universos poéticos pareciera ser la suspensión en el movimiento de sus átomos, de ciertos átomos que dan paso al movimiento de otros. Tal como posarle la estafeta a un corredor que busca llegar al extremo de una carrera infinita. Así es la poesía de Ramsés. Cuando un poema termina, acaba el trabajo del poeta y empieza el turno del lector. O mejor aún, surge eso que remarca André Verdet cuando afirma que: “la poesía es el mismísimo lenguaje primitivo, individualizado y aislado a fuerza de buscar la realidad del hombre.

Por eso quiero empezar por el final. Porque su lectura me da la certeza de que todo, en su término, vuelve a empezar. Veamos algunos ejemplos:

“ …y las primeras rocas desaparecieron y el océano no era más…”

 

“Somos los peregrinos. Los excluidos del baluarte.

Los menesterosos de la tierra. Los gitanos que cantan.”

 

“… el juglar dejó su canto invisible.”

 

“la melancolía es la pena más onda.”

 “ y la soledad despliega sus alas

bajo el acantilado del silencio.”

 

“Todo lo que estaba perdido desde antes…”

 

“Yo canto

en espera de la luna y la doncella,  que el destierro amaine…”

 

“Mi poesía es

un crepúsculo”.

 

Me parece curioso que al enlistar estos finales, si se les repasa de manera continua, el lector  podría encontrar  una suerte de Rayuela poética cortaziana donde aparece un nuevo poema, ya sea de arriba para abajo y viceversa.

Y como dice Alberto Dallal “La historia es  siempre un libro posible” por eso cuando Ramsés Salanueva conoció la de Efrén Rebolledo  decidió ir tras de sus pasos a una Oslo que aparte de sus hijos Efrén y Gloria, le resultó un tanto indiferente que lo hizo sentirse un autista en un McDonald´s. Porque es natural que el poeta se encuentre incómodo y eso le genere un conflicto que a su vez lo lleva a escribir sobre con un voz que propia, que como en el caso de Ramsés, se distingue del coro actual, como diría Eugenio Montejo.

Tanto en la primera como en la segunda parte: Cuaderno para estudiar el viaje  y Diáspora de espinosos matorrales, el poeta Salanueva realiza el canto a la distancia y sus consecuencias donde se reconoce como un extraño, un extranjero deseoso de estar en el centro de una fiesta, a la que llega pero no encuentra a nadie que lo espere. “Tuvimos que dejar las dunas/ para conocer la distancia”, confiesa.

Y sus cantos forman la Rapsodia del vagabundo, la Sonata a Rimbaud, el Romance del niño perdido, hasta llegar a la tenebroso melodía de la soledad, representada en el Evangelio de Lucifer, compuesto por versículos que asemejan oraciones dedicadas un bellísimo fuego, de los  rumbos de luz que provocaron que las brasas encendieran su alma. Y la voz poética revela su espera por aquella señal que le había prometido: “Yo apartaré de ti las fauces del león y tus huellas jamás llegarán a nido de víbora.”  Insiste en la espera de aquel que dijo “Soy el infamante, el señalador, el que tiene la llave de la puerta  del templo del alba en Siria. Yo poseo la clavícula contra los dogmas, soy la senda que conduce al inflamatorio de la verdad, quien puede leer la revelación”. Sin embargo, las revelaciones a las que se enfrenta la figura poética son la tristeza, la soledad, la incomplitud.

Sentimientos que también acontecen en la tercera parte: Comentarios  acerca del volátil de Ícaro,  como un desencanto donde reina la noche, el insomnio al borde de una llama que no es suficiente para escapar de un laberinto que conduce hacia el inevitable abismo.

Es aquí que se sirve de personajes mitológicos como Dédalo para levantar el vuelo, de la épica guerra de Troya para aconsejar “Aquel que quiera/ poseer la belleza/ deberá marchar a Troya/ ahí, cautivar a Helena”. Es decir, el amor es el asidero que ayuda a no perecer. Igual que la embriagadora compañía de Dionisios, ese dios romano que lo lleva a decir, entre tanta penumbra: “En el comienzo mi verso fue un grito”. Sin embargo, más tarde reconocería que se transformó en “… un eco/  una tonalidad/ luego un desierto.” Entonces llega la aceptación: “… mi poesía es/ un crepúsculo”. Ese fenómeno natural que al llegar la noche da paso a las experiencias de la piel y sus efluvios.

Del cierre de este momento poético se ocupan el Minotauro para resguardar su madeja fatal. Y también Medusa, aquella de venenosos colmillos que penetraron su cuello como un acto de inigualable erotismo. Y que el poeta, en la cuarta parte, desarrolla ampliamente en un amor más que cortés, diría yo, sensual y de reproche.

Poemas para la Monstrua. ¿A qué mujer amó Ramsés? Quizá no lo sabremos, mas, creo, él ya es una figura quevediana. Es polvo enamorado. Lucifer lo sedujo y luego lo abandonó porque era un  poeta. Le compró su alma pero mal se la pagó. Es más, nunca le dio un céntimo mágico para obtener el amor y por ello está completo como sus poemas como el polvo que se levanta imponente en cada verso.  Por eso, Ramsés fue un poeta que pronto volvió al camino del Señor y a él se entregó obsesivamente y de ello hay pruebas en los epígrafes tomados de dos libros sagrados que son La Biblia y El Corán.

César  Fernández Moreno explica que “la poesía  se produce en el momento en que el poeta expresa lo que siente”. Es así que cuando el artista golpea o acaricia, lo hace con imágenes, con un canto, donde sobresale una voz única. Como la del poeta Ramsés Salanueva.

Sábado, 17 Diciembre 2016 04:27

La posmodernidad y las letras líquidas

La posmodernidad y las letras líquidas

Sergio García Díaz

Tal parece que la máxima de que la realidad marca el sentido de las cosas es cierta, por lo menos así yo lo creo y así lo vivo. El viejo Marx una vez dijo que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Y el lenguaje, aunque es un bien intangible, también, se desvanece en el aire. Entre más concreto y fosilizado más rápido se desvanece en el aire. La posmodernidad ha derruido muchos mitos y la poesía no podría ser la excepción. El ser humano no se entendería sin el lenguaje, de hecho, esto también lo pienso es que el lenguaje es la “casa donde habita el ser”, aquí sigo a otro filosofo alemán, Heidegger. Y hubo un tiempo en que los filósofos siguieron a los poetas en su intuición para ver y adelantarse a su época y tal parece que ahora hay que seguir a los físicos o los científicos para renovar las metáforas, que según Agustín Fernández Mallo se encuentran desgastadas, fosilizadas, refriteadas hasta la saciedad por los poetas y como diría Charles Bukowski: “Dios hizo muchos poetas, pero poca poesía”. Bueno esto como colofón de lo que hablaré en este texto que no se me hizo nada fácil, porque yo me ubico a dos aguas en la cuestión estética sobre la poesía, así es mi generación (la que nació en los 60 y comenzó a publicar entre los 90 y los 2000: perseguimos el canon y buscamos la experimentación y nos relacionamos con jóvenes que buscan algo nuevo).     Desde hace tiempo vengo escuchando que la literatura y la poesía en especifico, se encuentra anquilosada, en crisis, refriteando las mismas metáforas. Y  leyendo me encontré con estos dos ensayos, de sendos poetas y ensayistas: Agustín Fernández Mallo, La pospoesía, en Anagrama y el de Pablo Raphael, La fábrica de lenguaje, S.A, también, de Anagrama), que de alguna manera han venido a confirmar mi sospecha. Lo cual no quiere decir que sea la verdad, pero se acerca alguna explicación de lo que sucede en la poesía postcontemporánea actual en el mundo y en México en específico. Vale decir que me he dedicado a leer, seguir, el movimiento poético en México y en la Ciudad de México y su zona conurbada y he encontrado que si existe un verdadero movimiento, un boom de la poesía, una explosión demográfica de poetas, una necesidad y una necedad en generar movimiento, que tiene la característica de la pluralidad, de la diversidad, de falta de calidad y de búsqueda de esa calidad, de pasar de lo amateur a lo profesional, la necesidad de ocupar un lugar en la escena poética nacional, con poca o nula discusión de la estética, de la ética, con a veces mucho ruido y espectáculo, pero también he visto sinceridad y hambre de trascendencia. Bueno, me puse subjetivo, pero qué no la poesía es pura subjetividad del individuo: que habla  con la voz de la tribu, la palabra de la comunidad.  Como sujeto-sujetado que aun soy, me sujetaré fuertemente a Michel Maffesoli, para abundar sobre el comportamiento de la sociedad posmoderna, y ahí va una cita: “Un largo período parece acabarse,  aquel donde las interrogantes del presente debían encontrarse en el futuro. Aquel donde la cuestión principal era el porvenir, programar la economía y la sociedad a largo plazo. Mientras que en el drama moderno encontramos la pretensión optimista de la totalidad —del sujeto, del mundo, del Estado—, en lo trágico posmoderno hay preocupaciones por ‘enteridad’, que inducen a la pérdida del pequeño yo en un sí más vasto: el de la alteridad, natural o social. Si el narcisismo individualista es dramático, la primacía de lo tribal es trágico”. Maffesoli nos plantea el problema de la alteridad y al regreso de lo tribal y con ello de lo trágico. Y muchos poetas también nos hablan de pasar de la lírica, entre ellos José Emilio Pacheco, a la épica, como una forma de enriquecer la poesía que actualmente se está haciendo, quizá como una vuelta de tuerca de lo que ya hicieron en otro tiempo Carlos Fuentes, con su novela La región más transparente del aire, o las novelas de Fernando del Paso: José Trigo y Palinuro de México y un sinfín más, inclusive lo que hizo Octavio Paz en Piedra de Sol, pero mirando al pasado. Pero continuemos adelante “tal vez nos volvamos a ver”. Ergo: “Hoy se asiste a lo que se puede llamar el retorno del destino, que se expresa bajo la forma de lo imprevisible y del presente puro. Esta nueva intensidad del instante explota hacía todas direcciones: desde los videoclips hasta los juegos informáticos, desde las manifestaciones deportivas hasta la fiesta tecno, pasando por la ecología, incluso la astrología. Un universo de rituales, placeres e imaginarios compartidos sustituyen a la ideología del progreso centrada en el individuo atomizado: un verdadero reencantamiento del mundo que se manifiesta en la fiesta y en otra relación con el entorno. La ética que nace de esta sociedad nueva no puede ser otra que la de la tragedia: aquella del consentimiento de la plenitud del instante y de la aceptación lúcida de lo efímero”. Y he ahí el meollo de la cuestión, la poesía viviendo la tragedia. La poesía nació bajo ciertos principios y así se mantuvo durante cientos de años: desde el Gilgamehen, la Biblia, la Ilíada y la Odisea, el Cantar del Mío Cid, y un sinfín de poemas más, hasta llegar a nuestros días: donde vivimos más fiesta, más espectáculo, instante, efímero que eso que persigue a la poesía desde sus orígenes: la trascendencia. Otro elemento que incorpora este teórico es el de el hedonismo de lo cotidiano, irrepetible y poderosos, sostenido y conformando desde la base toda vida social. Con estas herramientas quizá pueda enfrentar alguna reflexión sobre la situación de la poesía de principios del siglo XXI. Pasando a ver a Agustín Fernández Mallo en su libro de la Poesía Pospoética. Quien hace una crítica feroz que pretende destruir o por lo menos minar los cimientos de la tradición poética, que él la denomina ya muy anquilosada, porque repite formas metafóricas desgastadas, tradicionales. Dice Mallo que otras manifestaciones artísticas se han adecuado a la posmodernidad y que la poesía se ha quedado rezagada. Que si queremos que vuelva a dialogar con el presente tiene que ensayar, tiene que renovar sus metáforas.    Mallo parte de la idea de voltear a ver los avances en la ciencia y cómo poder buscar puntos de contacto para renovar la poesía, como antes la poesía ayudó a la construcción de explicaciones científicas o filosóficas. Agustín Fernández Mallo se aventura en una caída al vacío y lanza una crítica a las formas en que se ha canonizado la poesía y en las formas en las que se ha recepcionado la poesía. Afirma tajante que la poesía está en crisis: porque no ha ido con los ritmos de la realidad, con los cambios de paradigma, con los avances de la ciencia. Que se ha rezagado en relación con otras manifestaciones artísticas (música, pintura, arquitectura, etc). Mallo nos dice que la Poesía Postpoética aspira a ser un laboratorio. La postpoesía lo que debe construir son artefactos poéticos “que fluyan desde y para la sociedad contemporánea”. La idea es transformar, modificar, innovar, crear nuevas metáforas (“El corpus científico puede alimentar la metáfora”), donde se trasgreda las fronteras que gravite de manera cuántica, por la heterotopía, salir del dogma. Que la poesía conforme una red, un intercambio de energía que vaya al continuo desequilibrio del sistema poético, bajo el principio de la indeterminación, de lo inacabado, de lo incompleto: bajo el principio de la incertidumbre. En el mismo sentido, que Mallo pero más cercano a nuestra idiosincrasia Pablo Raphael nos dice: que la literatura publicada cobró la misma distancia que la televisión o la política: “se alejó de los ciudadanos de a pie”.  “Unos construyen arquetipos imitables, los otros se construyen desde el aislamiento pero en nombre del pueblo. Desde entonces la literatura decidió regodearse en sí misma, perdiendo el estatus de modelo de diálogo civilizatorio”. “Aunque la imaginación ande desbordada, el lenguaje experimente con todas sus formas y el talento inunde las librerías, los libros que se imprimen hoy no tienen la menor importancia como factor de cambio social”, (La fabrica del lenguaje, S. A., Anagrama 2011, Pág. 21). La crítica hasta aquí plantea: el alejamiento de la poesía de la plaza pública, del ciudadano de a pie y de la construcción de proyectos de libro que transformen la forma de ver la vida, que vayan a un cambio social. Que perduren a lo largo de los siglos, como los poemas y los libros arriba señalados. Y abunda Pablo Raphael: “El neoliberalismo privilegia las marcas por encima de los productos y en la literatura de mercado se privilegia la imagen del autor por encima de los textos”. El neoliberalismo apostaba por la descentralización y desde entonces la periferia fue reclamando su espacio… se acabaron las corrientes y los estilos compartidos…  la literatura se vio obligada a cumplir patrones de mercado”. Nos dice que el consumo ha permeado la poesía, de alguna manera que se escribe poesía para el mercado y no para la trascendencia, como es la tradición de la poesía desde la antigüedad. Y agrega: “Creo que el nuevo escritor latinoamericano está muy lejos de trabajar la lengua, cosa fundamental en un escritor como materia prima”, (retomando a Paz Balmacena, pág. 26). ¿En dónde he dicho o escuchado esto?: “La media de los escritores no discuten sobre los temas que les interesa, normalmente su duda existencial gira alrededor de las editoriales en que publican, con quienes se juntan, si ya tienen agente; la mía se trata de  una generación que apenas se lee y que se insulta muchísimo. En el centro la fama. En vez de que la literatura construya un nosotros, subraya la diferencia, se convierte en isla” (Pag. 49). Sí hay de esto, sobre todo en “La famosa” Casa del Poeta Ramón López Velarde, en los poetas llamados Alternativos o Independientes, siguiendo a Guillermo Fernández Rentería (reflexiones sobre el boom de la poesía en México, también publicado en este libro de ensayos), nos habla del movimiento y de la fuerza de la acción de los grupos y los individuos y también es una de las preocupaciones de los escritores y poetas en esta dimensión de lo alternativo y lo independiente. Una diferencia que encuentro entre Mallo y Raphael es el posicionamiento ideológico, el énfasis o no en la política. Mallo plantea la despolitización de la poesía, por que él habla desde España y viene de oír hablar a los de la generación del 27 y a la generación de la poesía de la experiencia y a parte se lanza contra el Siglo de Oro de la literatura española, para pedir que los poetas entren de lleno a la Era de la Información (leer a Manuel Castels). Pero vista desde América Latina, las cosas se ven diferente. Por otra parte Mallo plantea incorporar las nuevas tecnologías como soporte de la poesía y Raphael nada más utilizarlas para difundir al autor y su obra, como una forma de romper la burocracia literaria nacional, los directores de marketing convertidos en poetas y los perseguidores de becas, la foto y los cocteles. Por ejemplo lo que dice a continuación: “El internet y los blogs se han convertido en un vehículo alternativo y libre de censura (ese es otro tema) para explorar y escuchar nuevas voces y propuestas que nunca serían acogidas por el mercado o por las publicaciones dependientes del Estado, por lo que se han vuelto un vaso comunicante y vertiginoso por el que ha circulado cantidad de información y de relaciones entre los escritores de nuestra edad de lugares tan distantes como Tijuana y Oaxaca o Monterrey y Yucatán. En internet el centro del país no existe y el patriarcado vertical y hegemónico al que nos han acostumbrado ‘nuestros mayores’ se ha ido desdibujando”. En este sentido estoy de acuerdo más con Mallo en la forma de experimentar con la poesía y acercarse a las nuevas tecnologías como soporte de la poesía, pasar a la poesía virtual, al hipertexto poético. Y remata Raphael con lo siguiente: “hay dos opciones o declararse parte de lo nuevo o sumarse a la tradición”. Por otra parte, pero abundando en lo mismo ya Deleuze y Guattari lo habían manifestado en el concepto del rizoma como la transformación de los movimientos en un movimiento de movimientos y que los habitantes del mundo nos toparíamos con una red que no parase de crecer, de organizarse horizontalmente. Creo que la posmodernidad y las nuevas tecnologías vienen a romper con las viejas hegemonías, con los poderes establecidos, con las conductas de dominio, actualmente de manera muy endeble, pero se va manifestando cada vez con más fuerza, lo que ya vaticinaban los teóricos arriba señalados. La crítica plantea que la literatura se desconecto del espacio público y esto ha anulado su poder curativo. Donde los autores hacen prácticas autistas de reflexión, donde el mercado parece de autoconsumo y donde la crítica es muchas veces fagocita. Cómo cambiar este proceso, quizás el famoso podemos vivir  juntos y ser diferentes; aceptar que hay actualmente una pluralidad en el canon y que todas las formas son posibles; que vivimos un momento donde confluyen varios elementos de la posmodernidad como son: los transterritorial, lo transgeneracional marcando el sentido de la pluralidad en las formas y en el fondo en que se está expresando la poesía nacional. Hay un sinfín de propuestas en México y en otras latitudes, por ejemplo: el  jam de escritura es una idea original del escritor y guionista argentino Adrián Haidukowski. Consiste en emular la composición en vivo que practican los músicos de jazz y trasladar esa experiencia al proceso de escritura. Actividad muy actual que inicia en esta segunda década del siglo XXI.  Otra forma es el recitador que realiza performance donde es intérprete y autor de lo que hace en el escenario, como un spoken word. Contra la aburrida presentación de libros o lectura tradicional. Twitter como escritura automática que planteaban los surrealistas. O en México la poesía visual, el Slam que organiza el Rojo Córdova, o la propuesta de Morvoz donde el hedonismo es lo básico de la fuerza expresiva; y la propuesta editorial, de promoción y organización de eventos por parte de Verso Destierro y algunas otras propuestas como es la de Las Casas del Poeta A.C., la mayoría luchando por ocupar un espacio del llamado boom de la nueva poesía nacional. Otro de los elementos que ha caracterizado a la poesía en América Latina, es que la crítica es su punto flaco. La poesía no está en la agenda de la crítica, porque no está en la agenda del mercado. La poesía requiere un esfuerzo suplementario de interpretación. Se trata de un lenguaje “más abstracto”. Maffesoli habla de una estética de la existencia. Donde cada época tiene sus ideas obsesivas, se encuentran en la manera de expresiones societales que son la literatura. Los modos de vida, las múltiples formas culturales, sin olvidar las ideologías, la totalidad de la vida cotidiana puede ser considerada una obra de arte. Nietzsche: “la voluntad de potencia como arte”. La potencia colectiva crea una obra de arte, la atención puesta en el proceso, más que en el objeto. Esta es la ética de la estética: el hecho de experimentar algo juntos es factor de socialización. La estética marginada puede volverse destino. El hueco dejado por la ausencia de proyecto. En la voz de los poetas se manifiesta lo que está ahí y que nadie voltea ver: por ejemplo, en Baudelaire en Flores del mal, que pone el acento en “las lesbianas”. Situacionismo generalizado. “Construcción social de la realidad”, como una ética de la estética, como una comprensión del vínculo social a partir de parámetros no racionales como el sueño, lo lúdico, el imaginario y el placer de los sentidos. Foucault, en El uso de los placeres, muestra la estrecha relación que existe entre este “arte del sí mismo” y la organización de la ciudad. Donde las casas, la calle y sus edificios públicos o parque se habitan de manera colectiva: privada o públicamente. La colectividad es un rondar eternamente en movimiento y agitada, entre la fachada y las cuatro paredes. La sensualidad característica de la bohemia, la frontera une. La vida se justifica sólo como fenómeno estético, sólo así es digna de vivirse. Los aventureros de lo cotidiano, de la intensidad existencial. Hay que buscar en la literatura ese adelanto de lo que aun no sucede. La vida está ahí hay que saber expresarla. Los poetas son inspirados por la fuerza de un destino, confluyen o hacen confluir los tres momentos del devenir: pasado, presente, futuro. Es el dulce desafío que planteaba Adorno. El territorio es el espacio donde suceden las cosas cotidianas, donde se da la fusión-confusión, es un estar juntos, un ser-juntos. Lo trágico, el placer y la solidaridad es un saber animal que reconoce al otro en su mismidad, en su otredad, en su vientre, bien adentro, vivimos en el mismo territorio y nos reconocemos, y en resumidas cuentas es el poeta el que sabe reconocer y apreciar eso en su justa dimensión, el artista tiene el coraje de decir sí. Decir sí a pesar de todo.

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