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Martes, 18 Septiembre 2018 19:38

MATHEUS KAR EL OLVIDO

 

 

MATHEUS KAR

EL OLVIDO

 

 

                       

 

             Es el camino más corto.

Es otra forma temprana de la muerte,

que deja sola al alma, entre tantos recuerdos,

con su piel amarilla, como tigre, y sus rejas de bengala.

 

Atesoro y olvido momentos que no me pertenecen.

Esta celda musculosa me impone su memoria:

momentos que he recogido, y que son colectivos.

¿Momentos propios? Creo que no los recuerdo.

 

Un hueso teñido con gloria atraviesa mi pecho.

Hoy mi alma está sola,

ni mi compañía ni la de otros rebajará este sentimiento

que, cobarde, solo yo siento.

Llegó el tiempo de ser otro hombre y olvidar lo hecho en la Tierra.

Llegó el destierro divino, que para el viejo resulta oportuno.

Y al final, el huésped soy yo, soy lo que queda:

soy el intruso. La gloria es una excusa;

el anfitrión, como siempre, es el olvido.

 

 

DUBLÍN 1965

 

el terremoto industrial rajó las presas

despertó a los ríos de su extraño sueño

 

a la ciudad se le cayeron los tornillos

el mar fue una turba donde la playa naufragó

 

un vikingo pálido luminoso hace señales

—esperamos a beckett

lo han visto en the pavillon

dos niños que jugaban con el viento

 

¿qué utilidad tendrán los hijos? pregunta poldito bloom

consulta de diez caballos de fuerza

redimir los pecados del padre

 

sísifo cuesta arriba empujando una carreta de naranjas

y una color naranja se cae

rueda media calle

otra se tropieza

los pocos árboles laten una mañana que no volverá

pero es igual a otra a la misma hora

una calle y otra unen apenas uno o dos días reflexivos

y la luna emerge con la noche entre los dientes

 

dublín se quita el sombrero

el director dice ¡basta! que cambien la cinta

y rueden otra escena

dublín se dilata

su arquitectura permanece en reposo

 

el chico del macintosh

(el viejo fantasma de la poesía)

pasa entre macken street y el samuel beckett bridge

 

 

 

SE BUSCA

 

Ayer perdí mi sombra.

Yo, que la sacaba a pasear

y la cubría cuando la luz le dañaba los ojos,

la perdí.

 

Pero la sombra de todos los hombres se parece.

Quizá no la he perdido,

tal vez me la robaron.

¿Pero cómo saberlo?

¿Cómo saber si la sombra que tengo

es la que nos han dado?

 

¿Cómo saber si la nítida silueta,

entre todas las que hay, es la correcta?

 

Quizá tengamos la sombra de otro

y otro tenga la nuestra,

y nunca lo sabremos.

 

Quizá yo soy la sombra de mi sombra

o la sombra de otro hombre.

Quizá yo también esté perdido

y quizá nadie me esté buscando.

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Martes, 18 Septiembre 2018 18:59

HEIDY MARROQUIN MINUTO DE SILENCIO

 

 

HEIDY MARROQUIN

MINUTO DE SILENCIO

 

Un minuto de silencio por vos,

por tu sonrisa,

por tus ojos y tu altura.

 

Un minuto de silencio

por el rompecabezas que en desorden

guardaron en esa caja.

 

¿Recordarán tu nombre

y el día en el que tus ojos temblaron

y no se cerraron?

 

Entre mis recortes,

aún sigue la fotografía de aquella noticia,

esta es una de tus piernas.

 

¿Recordarán, ellos, tus uñas rosadas?

 

 

ENTRE LA SOLEDAD DE ESTA CIUDAD

 

Él sangra,

él sangra frente a los ojos absortos

y las voces indignadas.

Él sangra,

él sangra mientras llaman a su contacto que dice: amor.

Él sangra,

él sangra mientras otros sangran,

él sangra mientras el gobierno lo ignora.

Él sangra,

sangra mientras su alma se pierde,

entre la soledad de esta ciudad.

 

 

 

 

 

NIÑOS INTERNADOS

 

Yo los veo apretando su corazón pequeño.

Mercedes Sosa

 

Corrió todo lo que pudo,

cansado,

se aferró a los barrotes de una tienda ya cerrada.

La luna repetía sus movimientos,

los policías agotados lo alcanzaron

y en la luminosidad,

sus manos grotescas lo tomaron.

 

Quería decirte que,

a esta hora,

también hay un niño internado,

pero lo sabés,

porque estás con él y llorás.

 

Sobre su nombre lleva una muerte,

la sombra de miles de muertes

de nuestros días oscuros

le dan la bienvenida.

Y estás con él en la batalla.

 

Cerraron las puertas,

se ha quedado en el lado equivocado.

Sospecho que,

por primera vez: escucha latir su corazón.

Desconoce los rostros,

mas no las señales de sus cuerpos.

 

Es cierto que lo ves y llorás,

cierto que estás con él,

nada se puede salvar,

nada,

ni siquiera su rostro.

 

A esta hora,

también hay un niño callado,

y la sombra de miles de muertos

sobre los nombres,

de los niños internados.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

RODRIGUE LAVALLÉ

Poemas de “Décomposition du verbe être”

Traducción de Miguel Ángel Real

 

Poemas de “Décomposition du verbe être”, Ed. Tarmac, Nancy, Francia, junio de 2018

 

 

 

 

 

el verbo y su duración

es plantarle cara a la muerte

 

cómo

sin temor de atrapar

el rayo

a mano llena

 

 

***

 

 

 

barbecho del cuerpo eso

se llama fiebre

soledad

deseo

sin olvidar algunos muertos

bajo los dedos

 

 

de un segundo a otro

entonces descose el cielo

y fluye así

 

palabras a palabras

rostro en nuestras manos

 

 

***

 

el aguacero abraza

el silencio fragmentado del camino

 

andar teje con enigmas

los músculos y la piel

 

todo se tensa bajo el ojo vivo de la espera

como al borde apremiante de los acantilados

 

 

***

 

 

 

pétalos temblando sexos descubiertos

nuestras voces se marchitan con guerras

y amagos

 

cerrar aún los ojos

con los colores vivos

del tajo

 

nuestras fuerzas arrojadas al pozo

de un gozo antiguo

 

 

***

 

 qué contestar a la bruma

 

el deseo ciego

de ver

más allá nada

 

quién entre el paisaje y el ojo

zanja el alma

disfrazada con nuestros nombres

 

de pronto la noche vira

al tiempo desafinado

de un espejismo

 

desvío se lanza qué

responde qué

el espacio ensordecedor de los desiertos

 

 

 

****

 

 

 

 

hemos perdido desde entonces tantas palabras

sin comprender aún

lo que ganamos y de qué

 

cada vez se repite eso

lo extraño y la dicha

la debilidad

la sed

en el acto de fracasar

 

 

***

 

y cabe en la mano

lo que hacemos con este mundo

 

un poco redondo

en la mano

el bolsillo y vamos

con el camino

poblado de semejantes por lo visto

 

 

 

 

 

 

 

RODRIGUE LAVALLÉ

 

 

 

 

 

le verbe et sa durée

c'est tenir tête à la mort

 

comment

sans crainte de saisir

la foudre

à pleine main

 

 

 

***

 

 

 

friche du corps cela

se nomme fièvre

solitude

désir

sans compter quelques morts

sous les doigts

 

 

d'une seconde à l'autre

alors découd le ciel

et coule ainsi

 

mots à mots

visage à nos mains

 

 

 

***

 

 

l'averse enlace

le silence morcelé du chemin

 

marcher tisse d'énigmes

les muscles et la peau

 

tout se tend sous l’œil vif de l'attente

comme aux bords pressants des falaises

 

 

 

***

 

 

 

pétales tremblant sexes éventés

nos voix s'étiolent de guerres

et de feintes

 

encore fermer les yeux

aux couleurs vives

de l'entaille

 

nos forces jetées dans le puits

d'un jouir ancien

 

 

***

 

 

quoi répondre à la brume

 

le désir aveugle

de voir

au-delà rien

 

qui du paysage ou de l’œil

tranche l'âme

déguisée de nos noms

 

la nuit soudain vire

au temps désaccordé

d'un mirage

 

détour dévale quoi

répond quoi

l'espace étourdissant des déserts

 

 

 

***

 

 

on a manqué depuis tant de mots

sans comprendre toujours

ce qu'on gagne et de quoi

 

chaque fois se répète ça

l'étrange et la joie

la faiblesse

la soif

dans l'acte d'échouer

 

 

***

 

 

et ça tient dans la main

ce qu'on fait de ce monde

 

un peu rond

dans la main

la poche et l'on va

son chemin

peuplé de semblables à ce qu'on dit

 

 

“Décomposition du verbe être”, Ed. Tarmac, Nancy, France, Juillet 2018

Publicado en VENTANA FRANCESA

 

 

MURIEL DENÈFLE

El verano, la tierra

Traducción de Miguel Ángel Real

 

 

 

 

El verano, la tierra

Aubeterre sur Dronne, Julio de 2017

 

 

La glicinia se sube a la comisura de los labios como se encuentra un refugio

De frescor en el cuello de un amante

 

-

 

Piedra friable mi piel salada de sol

El árbol enfermo me mira y siento nacer en un hueco

El calor de las grietas

La piel dura de las serpientes.

 

-

 

La ventana talla el grito de los niños – mi sangre

Se hincha cuando sobre los postigos,

Al borde de las torrenteras, el río toma forma

De rostro.

 

 

***

 

Le doy fe a la nube que me cubre

De luz. Las palmas abiertas acarician

Lentamente el cielo. Me dejo

Entreabrir bajo sus dedos.

 

 

***

 

Poco a poco el cielo cava mi dolor como erosiona

El acantilado en el que estoy. Con los pies en el vacío, sin vértigo, contemplo

La umbrosa tormenta, amparo de los pájaros. El silencio en lo abrupto despierta

Las voces dormidas de los bosques.

 

Dona eis

Dona eis

 

Requiem,

 

Danos el descanso de los muertos, su paz de colina de ceniza.

 

 

***

 

Viviremos largo tiempo bajo el ardor de las nubes

Gatos salvajes que bordean rezando la ermita.

 

 

***

 

 

Alma acorralada, azul forestal, árboles

Sin savia que sacan de nuestros cuerpos, intactos,

Su peso de muerte.

Relámpago y cielo al unísono de la piedra

Encorvada en este día de equinoccio -  día y noche

Atraviesan a partes iguales mi cuerpo

Bendecido por un don de luz

Y de sangre.

 

 

***

 

 

 

Los muertos contemplan la colina y la luna

Que los escucha respirar.

 

 

***

 

 

 

 

Me gusta este cielo que pasa hilando - me gusta el matiz

Franco de la nube que gime y se inclina, sonriendo.

 

 

 

***

 

 

Atardecer, clemátides, estambres discretos,

Se cierran sobre nuestros miedos.

Amanecer, color de savia,

Hortensias, alud de esperanza,

Nos acechan.

 

***

 

¡Pueblo en laderas de piedra que me agarran!

Evito caer bajo el encanto

De tus iglesias, piraguas que recorren

Los altos robles de la tarde,

Armazones de sueño que navegan

Solos.

 

 

***

 

Bordeando tus paredes de gruta viva

Me acurruco

En el vasto edificio sin cuerpo de la muerte.
En su pegajosa cripta recojo el olor

Del olvido y el ardor

De una sola piedra

Que reza

 

 

***

 

 

 

Rumor de árboles -

Oración a penas

De lo que celebra

Sin conmoverse

 

 

MURIEL DENÈFLE

 

 

L’été, la terre.

 

Aubeterre sur Dronne, juillet 2017.

 

 

La glycine grimpe au coin de la bouche comme on trouve une niche

De fraicheur dans le cou d’un amant

 

-

 

Pierre friable ma peau salée de soleil

L’arbre malade me regarde et je sens naître dans un creux

La chaleur des lézardes

La peau dure des serpents

 

-

 

La fenêtre taille le cri des enfants - mon sang

Gonfle lorsque le long des volets,

Au bord des ravines, la rivière prend forme

De visage.

 

 

 

 

 

 

 

*******

 

 

 

 

 

J’accorde foi au nuage qui me couvre

De lumière. Les palmes ouvertes caressent

Lentement le ciel. Je me laisse

Entrouvrir sous leurs doigts.

 

 

 

 

*******

 

 

 

 

 

Peu à peu le ciel creuse ma douleur comme il érode

La falaise où je me tiens. Les pieds dans le vide, sans vertige, je contemple

L’ombreux orage, abri des oiseaux. Le silence en à-pic éveille

Les voix endormies des forêts.

 

Dona eis

Dona eis

 

Requiem,

 

Donne-nous le repos des morts, leur paix de colline en cendre.

 

 

 

*******

 

 

 

Longtemps nous vivrons sous l’ardeur des nuages

Chats sauvages longeant l’ermitage en priant.

 

 

 

*******

 

 

 

Âme à l’aboi, bleu de forêt, arbres

Sans sève puisant dans nos corps, intacts,

Leur poids de mort.

Éclair et ciel à l’unisson de la pierre

Courbée en ce jour d’équinoxe - jour et nuit

Traversent à part égale mon corps

Béni par un don de lumière

Et de sang.

 

 

*******

 

 

 

Les morts contemplent la colline et la lune

Qui les écoute respire.

 

 

 

*******

 

 

 

 

J’aime ce ciel qui passe en filant - j’aime la teinte

Franche du nuage qui gémit et se penche, souriant.

 

 

 

 

*******

 

 

 

Grand soir, clématites, étamines discrètes,

Se ferment sur nos peurs.

Petit matin, couleur de sève,

Hortensias, coulée d’espoir,

Nous guettent.

 

 

 

 

*******

 

 

 

Village aux flancs de pierres qui accrochent !

Je me garde de tomber sous le charme

De tes églises, pirogues parcourant

Les grands chênes du soir,

Charpentes de sommeil naviguant

Seules.

 

 

 

 

 

*******

 

 

 

En longeant tes parois de grotte vive

Je me love

Dans le vaste édifice sans corps de la mort.

Dans sa crypte collante, je recueille l’odeur

D’oubli et l’ardeur

D’une seule pierre

Qui prie.

 

 

 

 

*******

 

 

 

Bruissement des arbres -

Oraison à peine

De qui célèbre

Sans s’émouvoir.

 

 

Publicado en VENTANA FRANCESA

 

 

 

 

 

PABLO SIGÜENZA

Resistencia

 

Mi espalda es mazorca de maíz

                   repleta de granos para tu canto

nueve meses milpeando

una década de comunidad y plegaria.

Guardo para tu retorno

          un durazno madurando en el árbol

una corona de saúco en flor

                     en el tapanco de la milpa.

Somos camino de serpiente en resistencia

mano campesina limpiando acordes bajo el sol

                        marzo solidario, mayo de aguaceros

               agosto de un nosotros milenario.

Y ante cualquier cosa por venir

aferramos la vida

                    al encino más grande sobre la montaña.

 

 

 

 

 

 

Declaración local de derechos humanos

 

 

Todos merecemos una mañana tendidos

en el bosque bajo cientos de pinabetes

una tarde de lluvia y selva

nadando en el agua tibia del lago de los itzaes

una tarde de neblina y serpientes voladoras

un segundo en la garganta del diablo

un centenar de olas pequeñas

en las playas del este de la Habana

 

Merecemos un gran arcoíris sobre nubes grises

tejido en un güipil y pintado en un par de banderas

un llanto amargo en soledad y tres vasos de alcohol

una puesta de sol en el pacífico

un discurso honesto al centro de la plaza

una primera vez en la nieve

y aceite de coco en la espalda

 

volar un cometa reventador de hilos

 

un colibrí en las manos, la mirada de un jaguar

el canto de un cenzontle

una temporada de cosechas

el reflejo de miradas llenas de placer

el recuerdo cotidiano de los ojos de la abuela

 

Merecemos al menos un día de polen

un rincón del mundo

                               libre de cualquier odio

segmentos de camino con la mano trenzada

a unos dedos

                    que también nos aman.

 

 

Milpa es mi amor

 

Tus manos amenazadas por la muerte

buscaron refugio en la montaña

en la semilla enterrada

 

La lluvia las libró del olvido y la guerra

volvieron para hacer milpa

para enseñarme a sembrar

para enseñarme a querer

 

milpa es mi pensamiento


    milpa es mi trabajo

              milpa son mis hijas

milpa es mi amor...

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Sábado, 08 Septiembre 2018 06:06

Alrededor de la roca y otros poemas / Hugo Garduño /

 

Alrededor de la roca

Hugo Garduño

 

 

 

En una nube de cloro.

Olor extraño de medicamento envenenado.

              Sabor sintético de fino carburante.

 

Se nubla la vista entre las paredes

se enturbia el aire que muy lento circula

              se contrae la realidad temerosa.

 

Fulguran las rabiosas ansias

por una quimera inaprensible de sulfuro

             que embruja, pero no se alcanza.

 

El temor se acerca a la ventana

en una mirada paranoica hacia afuera.

Se desconfía de la realidad del mundo

                       que adentro se aniquila.

 

Al sumirse en el pozo blanco de la bruja roca.

El breve éxtasis: demonio paraíso en un punto

      que se confunde con cada partícula blanca

                 cuando la necesidad es un arrebato.

 

El tiempo y las noches no son más que sirvientes

a los que se les destaza el cuerpo para el banquete

                                                           de las ansias.

  Y se les deshecha en una cámara de limbo torvo.

 

 

Alrededor de la roca la cofradía de los fantasmas

que ya poseen su color, olor y ese humo en las venas.

Enardecidos por ese tizne blanco que les flota

                                          al arrebato para poseerles.

 

Desde adentro, con inusitada fuerza que se obtiene

y se desvanece en un segundo pulverizando a las vértebras.

                Dejando ahí mismo ese hueco enorme que exige

                                   más de ese sutil gas que nunca sacia.

 

Y fuera de esa hambre todo lo que existe es nada.

          El piso siempre caminado se podrá romper

      se podrá volver sólo escollos sin que importe.

 

La ventana del porvenir habrá de tapiarse

   se procurará ignorar como mal presagio:

Burla adelantada, nubarrón o lastre impertinente.

 

Enfebrecidos en las tinieblas de la calle

o al digitar un número para obtener el papelito

para regresar a la mudez apretando las quijadas.

Para volver a al éxtasis, de ese demonio paraíso.

 

 

 

 

 

 

 

 

La misma esquina

 

 

Aquí, alguna vez con el nada saber de la inocencia

                        acariciaste la luz sobre los edificios.

 

Era lo magnífico, sólo, lo que brilla.

Y parece sonreír siempre sin importar dónde se posa.

 

Pero pronto el despertar entre las ruinas

en el soez trajín de la inmediatez tan burda

se te dibujó en el gesto, cínico mohín entre los labios.

 

También olvidaste el respiro por una rendija

   que por ahí estaba, para absorber otro aire.

Pues sin saber, cada día tus rodillas se fincaban más

                                                          en ese cemento.

 

La bellaquería y la maliciosa andanza

     el botín y el vicio, la cara conocida

             de jauría de famélicos lobatos.

 

Repitiendo historias ya vividas.

Los viejos que al verles escupían su desprecio

su pasado hecho en ese mismo suelo con burla les guiñaba

                                    al mirar nueva versión de su fracaso.

 

Con la vitalidad indiscutible y hasta alguna apostura.

               El desparpajo y la estridencia no ocultaban

                        la ya acumulación de aceite quemado

                 y el correr en círculos ahí en ese laberinto.

Después sería difícil recordar

cada una de todas esas locas noches

                               en las puertas de las vecindades

y en todos los rincones que servían para atiborrarse.

 

El poder ser duro y malo

era un fluido que enervaba endureciendo de eso el ansia.

                         Era vivir en el eléctrico y polvoso ruedo.

Y también se mentía para poder mimetizarse en ese potaje espeso.

 

Uno a uno el tiempo o la desgracia desbandó.

La pura necesidad de hacerlo empuja poco a poco;

       o el arroyo de un golpe de infringe la fractura.

Sin saber si fue o no quimera

        pues ésta no se desenmascara, sólo envejece.

 

La vida lleva las mismas prendas que siempre ha usado

sólo con colores distintos para cada cual de los presentes.

    Hay quien se sujetó quizá sin saber a una prenda vieja.

 

Envejecido adolescente, cada tarde te cae cada vez con más peso.

    Quizá sin que lo sepas, pero agravando tu rencilla con la vida.

 

Estás sin querer ser amargo y ya nada esperando

           parado como siempre, en esa misma esquina.

 

 

La liberación

 

 

 

 

Reintegrado a las calles                                                                     Para el Mocoyoyo

que te dejaron hollín en los recuerdos.

              Una plasta blanca que te veló

hasta desaparecer, todo lustre a esas paredes:

            el paisaje conocido y hasta el anhelo.

 

Muy temprano ese candor roto

ante lo cortante de un despertar en sal

               en mañanas déspotas y frías.

Y el ineludible intercambio con la malicia

              y mendacidad que te circundaron.

 

Viviendo casi huérfano y aprisa

entre el vértigo hostil de los escaparates.

  La alquimia en el doblez de los rostros.

       La ebria media luz de antros ruines.

Hasta esas puñaladas

      que te hicieron encerrar en una jaula.

 

En el reclusorio de los cínicos lamentos

de la ácida maldad, religión de grasa negra.

Donde se obtiene maestría para diseccionar

cuerpos y cosas, para arrebatar el privilegio ajeno.

 

Tu escéptico mirar de plomo

                                     se tornó en odio necesario.

 

 

 

No hay quien reciba al que partió

porque nunca le perteneció a alguien.

Sólo es un ente conocido y rencoroso

                  que por intimidada cortesía

                 se le palmotea en la espalda.

 

Desde donde creías podía partir

algo que te mirara: es una vacía cuenca.

Como huecos están para ti todos los rincones.

Aunque haya donde dejan un momento que te sientes

             pero contando cada minuto para que te vayas.

 

En botellas de cerveza que pronto se entibian

se desvanecen las pastillas dadas por psiquiatras.

De ellas bebes con los siempre advenedizos al vicio

y con mujeres que están ahí, porque hasta ahí llegaron.

 

Mañana el despertar te estrangulará

con su resaca de realidad y liberación hacía nada.

Con una burla a tus todavía jóvenes venas

                y un mohín de desprecio a lo que eres.

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

 

Contestador automático

(Poema para abrir una lectura)

Janet McCann

"Traducción de Julio César Aguilar",

 

 

Contestador automático

(Poema para abrir una lectura)

 

 

Llamo a la casa, está vacía
y mi propia voz contesta,
penosamente indecisa, diciendo que no estoy

disponible. Puedo escuchar
lagunas en la disculpa, el zumbido
de la cinta, un tartamudeo, repetición,

aliento contenido, luego final
y afortunadamente, el pitido.

 

Y había rehecho eso tres veces,
la primera inaudible, la segunda

gramaticalmente incorrecta, y después

ésta. Escucho el silencio
en la grabación de la cinta, un murmullo

expectante, y cuelgo.

 

Si fue tan difícil
sólo expresar ausencia,

entonces, ¿cómo puedo empezar

a decirles que estoy aquí?

 

 

 

En vez de una canción de cuna

 

 

Libero el sueño
de su jaula,
corre por el patio
y sube al oscuro árbol,
el que está afuera de la ventana.

Se aferra a la parte inferior

de la rama más gruesa.
Yo lo llamo y llamo.
Él cava con sus uñas,

adueñándose del árbol.
Su sombra azul crece a lo largo.

Mi voz se hace más débil.

 

 

El jardinero

 

 

En la última primavera de tu vida
Te sentaste en una silla de mimbre

Exhausto, sombrilla cerrada,
Mientras todos los jardines se desbocaron:

Invadió la columbina,

Sus rojos y morados se amotinaron
Bajo las rígidas hileras del árbol de la vida,

Garranchuelo y jazmín
Cubrieron las lozas grises
Del sendero del jardín, todo
El camino se perdió,
El ligustro sin cortar
Llegó a la calle llena de baches,
La wisteria luchó con los castaños de Indias,

Las zarzamoras que crecían salvajemente

Bloquearon la puerta de la cocina.

 

No estabas despierto para ver
La forsythia que se adueñaba del cobertizo,

Derramándose como la luz del sol.

 

 

 

 

Publicado en Estancia del escriba
Sábado, 11 Agosto 2018 06:18

Dulce Chiang “Malabar”

 

 

 

 

Dulce Chiang 

“Malabar”

 

 

Editado por El Golem Editores, “Malabar”, 

es un poemario en el que Dulce Chiang utiliza

la forma del recetario para crear una coctelería

a través del verso.

Valiendose de los ingredientes originales

para cada bebida, una alquimia entre la metáfora,

la imagen y un carácter lúdico,

entrega al lector una serie de poemas embriagantes.

Los siguientes poemas pertenecen a la serie

“Cocteles para niños”,

los cuales no contienen alcohol.

(Selección Hugo de Mendoza)

 

 

 

 

Pussyfoot

 

30 ml de zumo de naranja

30 ml de zumo de limón

30 ml de zumo de lima

1 chorrito de granadina

1 yema de huevo

Cubitos de hielo

1 rizo de piel de limón (decoración)

 

Zumo de naranja,

zumo de limón,

dame un coctelito

para el corazón.

 

Mi blanca gatita

dame de beber,

si no la patita

yo te cortaré.

 

Granadina rica,

yemita de huevo,

lima lagrimita

cuchillo de hielo.

 

Gatita no llores

-bolita de amor-

dame tu patita

como agitador.

 

 

 

Kiwi crush

 

1 rodaja de limón

Azúcar extrafina

1 cucharada de zumo de limón

½ cucharadita de almibar

1 kiwi

60 ml de jugo de naranja

 

 

Dulce manzana,

almíbar fino,

limón amargo

es el destino.

 

 

Azúcar suave

néctar divino,

lo que yo empiezo

yo lo termino.

 

Kiwi lanudo,

kiwi bonito

vete a la copa

machacadito.

 

Quedan afuera

del coctelito

patas y pluma

ojos y pico.

 

 

 

Shirley Temple

 

Cubitos de hielo

2 chorritos de granadina

180-240 ml de gringer ale

Rizos de limón

1 cereza

Y sombrillita miniatura (decoración)

 

 

En copa de cristal –del más ligero-

sirvo pasos de tap y bailo hielo,

salpico ginger ale y caramelo,

muñequita de traje marinero.

 

En copa de cristal –la más bonita-

sorbo besos de zumo granada

y rizos de color de limonada

peinados con cereza y sombrillita.

 

En jaula de cristal –de hechura fina-

me guardo un ligerito mañanero.

Si yo le canto el vals del prisionero

él llora la pena de la niña.

 

 

Ice bite

 

 60 ml de zumo de pomelo rosa

120 ml de zumo de arándanos

Jugo de ½ limón

Hielo picado

 

Con el zumo de pomelo rosa

pinté rosa una gran copa,

con un fiero picahielo

me despellejé la boca.

 

Entre lloros y alaridos

me lavaron con fruición

los cachetitos heridos

con juguito de limón.

 

Lo que de carne quedaba

entre mis labios cerrados

por el color semejaba

arándanos aplastados.

 

Pero mi suerte es tan buena

-como puede que no lo note-

que a pesar de mi gran pena

¡puedo beber con popote!

 

Dulce Chiang es poeta, cantante y tiple.
Ha publicado y presentado trabajos en medios escritos, radio, televisión, foros y
encuentros en México, España, Francia, USA y Argentina.
Poemarios: “versa per versa” (Culthos Press, 2006), “Elíxires de la Embriaguez”      (El Golem editores, 2011), serie de poemas “Suculento Ser”, del libro “Historias pintadas y cuentos de amor” (Lunwerg, 2008) y Mala Bar (El Golem editores, 2014).

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Sábado, 11 Agosto 2018 06:07

Retrato de agosto / Alejandro Martínez Lira /

 

Retrato de agosto

 

 

 

Sombras de lluvia en tu rostro que miro fugarse en la tarde

mientras las calles salpican las luces mojadas de agosto.

 

Casi la noche ensordece en tus labios de niebla perfecta,

casi ya dicen silencios que entienden mi piel en insomnio.

 

Siglos de ocaso que cruzan la lluvia en tu pelo desnudo,

siglos en vela, también soledad de la carne que muere

diario en sensual mortandad de la lluvia cansada de agosto.

 

 

 

 

 


 

 

Camino la tarde

 

 

 

Camino la tarde

y cabizbaja invoca a la noche

y la noche viene

con sus alas de agosto,

con su idioma de nieblas

y aves en sombra.

Volteo:

revoloteando está ahí

en la oscuridad

                          y la rebeldía,

amaneciendo

en los mil rostros de la noche y de la lluvia:

tu sonrisa

que hace sonrojar de libertad

                          a mi silencio.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

ZOOLOGÍA FANTASMA

 

 

Mientras no hayas entendido eso de “Muere y conviértete”,

no serás más que un huésped oscuro en la tierra tenebrosa.

J. Wolfgang Goethe, West-östlicher Divan

 

 

 

 

 

 

 

 

 Los cuidadores de fantasmas son personas extraordinariamente comunes, originales.

Pasan por la calle sin despeinar el alma de la gente. La ciudad los habita a ellos,

las calles los recorren a ellos, los llenan de costumbre y de silencio.

Su labor en esta tierra, sin embargo, es profundamente necesaria e importante:

cuando todos se duermen, ellos,

en un encantamiento del aire,

sostienen el mundo para que no desaparezca.

 

 

 

 

 En el día son una flama apagada,

la pereza los construye y los sienta en la parte alta de los muros.

La gente, acostumbrada a su presencia, los ignora,

los deja vivir en el aire de su frecuencia fantasma. Por la noche, contrario al día,

son animales que arden.

Jamás se ha visto una luz tan fuerte vagando en la oscuridad.

Algunos creen que son una sombra. Yo he visto arder en ellos el infinito.

 

 

 

 

 

 

 

 

  Algunos desaparecen toda la tarde, el día los devora para regresarlos por la noche.

Nunca me he pregunto a dónde van, a dónde los lleva la realidad o la fantasía,

si son ellos quienes desaparecen o somos nosotros.

Hoy coincidimos en esta calle, en este día luminoso,

bajo el augurio de un noviembre bendecido,

en las raíces de la palabra Bestiario

¿A qué dios debemos agradecerle su presencia?

 

 

 

 

 

 

 

 Nada le deben al jaguar o la libélula.

Su belleza consiste en quemar el alba y abrir el mundo a la pereza del día.

Su poética es el silencio, no el vuelo o el misticismo;

su ferocidad está enfocada en la cicuta de las manos del niño,

en los bastones de los abuelos muertos, en las sandalias de las mujeres de costa.

Ellos destruyen las aves de las jaulas,

no por las aves, no por las jaulas, no por el alma ni la nostalgia,

no por amor,

nunca por miedo, ni como telón de fondo o de principio,

  jamás por ti,

jamás por mí:

Nada le deben al jaguar y a la libélula.

 

 

 

 

 

 

¿Qué es el tiempo para el espíritu?

¿Cuál es la línea o la circularidad del ser? Hoy amanece,

comienza el paso del mundo sobre una flora silvestre o citadina:

hoy envejece la ciudad conmigo un día más.

Una figura escala mi cuerpo,

lleva un motor

en el pecho

en vez

de corazón.

Si la felicidad existe,

seguro tiene garras y dientes.

 

 

 

 

 

 No conozco a nadie que tenga la mirada de un gato. Sus ojos

están hechos para la noche, no para este mundo. Si alguna vez los miras con detenimiento, podrás saber tu vida en un futuro o en un pasado, pero nunca en el presente. Los adivinos 

de gatos ya no existen; ahora

cuidamos fantasmas.

 

 

 

 

 

 

El número del aire es el 7, pero también el del silencio. Lo usaron los griegos

para leer en el mar el mapa de las estrellas, los sumerios para esgrimir en el tiempo;

ahora lo usamos para vivir con calma, fuera del cielo y de la tierra.

7 segundos en el día,

7 días a la semana,

7 vidas

para quemarnos despacio.

 

 

 

 

 

 

Gustavo Alatorre (Ciudad de México, 1979). Poeta, ensayista,  estudiante de Doctorado en Letras por la UNAM y profesor de Lengua y Literatura. Tiene publicado los libros de poesía Guardar el infierno (Fridaura, 2009), Nueve nocturnos para que duerma Lesbia (Fá Editorial, 2014),  Epístolas mayores o el libro de la oscuridad (Versodestierro, 2015) y  Oscura prosa de vulgar Latín, (Mantra Edixxxciones, 2017);  así como el libro de ensayo literario El Derrumbe Amoroso. Apuntes sobre la poética de El turno del aullante de Max Rojas (Fridaura, 2013). Su trabajo ha sido publicado tanto en antologías y revistas nacionales e internacionales; traducido al francés y al inglés. Su obra ha merecido reconocimientos y premios literarios tales como el Premio Universitario de poesía Décima Muerte convocado por la UNAM en sus emisiones 2008 y 2012;  Los Juegos Florales Universitarios convocados por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2008; y el segundo lugar en el concurso de Ensayo Literario Punto de Partida en 2015, convocado por la UNAM; así como el Primer Lugar en el torneo de poesía Campeón de Campeones Adversario en el cuadrilátero 2016. Organiza desde hace más de diez  años el Encuentro Nacional de Poesía Max Rojas CDMX.

 

Rodrigo Alatorre (Ciudad de México, 1994). Arquitecto y fotógrafo. Ha colaborado en diversas revistas de fotografía entre las que destaca  Cuarto Oscuro; en 2017 ganó el Primer Lugar en el concurso de fotografía “Comunidad Cultural” convocado por la UNAM. Actualmente prepara su primera exposición individual.

 

 

 

 

 

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