Homenic Fuentes

Homenic Fuentes

Director de la revista digital "la Piraña", Editó la revista "Amargo animal" (Ciudad de México 2006). Fue coordinador de la hoja de poesía "La llama ardiente" en Guadalajara. Ha cursado diferentes talleres de literatura: Aguascalientes, con el poeta Ricardo Esquer. Guadalajara, con los poetas Raúl Bañuelos y Julio César Aguilar. Participó en el seminario "Los fantasmas de la carne" impartido por el poeta chiapaneco Gustavo Ruiz Pascasio en Tuxtla Gutiérrez. Participó en la creación de la revista "A la intemperie", (Aguascalientes). Ha publicado en la revista Orfeo, Verso Destierro, El Sótano (Tuxtla), El Barco Ebrio, Encuentos Cercanos, entre otras. Ganó en el 2007 el primer lugar del Concurso Nacional de Poesía El Laberinto, y fue incluido en el Encuentro de Poetas 2007 de Iztacalco. Es crítico de poesía y narrador. Tiene una novela inédita y actualmente trabaja en su poemario "el primogénito de los muertos", de próxima publicación.

 

 

Brevísimo ensayo sobre la belleza

 Homenic Fuentes 

 

 

La belleza no está en las cosas

 

                                          que acarician los sentidos

 

Lo sé por la vagina que arde

                     Los labios se desprenden danzarines

                      alejados de un simple beso

 

La belleza son los dientes amarillos

                          que muerden la manzana

                                        y sangran las encías

 

Es el olor de axila

la mirada que atraviesa

                      Los fieros dedos

                      que hurtan a hurtadillas

 

                              "eso es la belleza"

             el nudo de alientos amargos

             la suciedad del contacto

las ingles que transpiran

 

La belleza no es el campo que dibujas

                           es el chancro

          la hepatitis de unos labios

las nalgas derramadas

 

La belleza es lo que somos

                                    jugos gástricos

                                            fluidos viscosos

 

                                                      también el asco

 

 

 

 

 

Los Ominosos Estadíos de Condolesa

y una Cama sin pulsar.

Waldo Contreras López

 


Conocí a la última mujer de mis noches entre el gentío que pulula en este mercado ciudadano de lunes a domingo. Desde lejos se hacía notar no tanto por el palmito sino más bien por la larga carcajada que sonaba dura como pedrada en el tronco de la oreja alcanzando los cuatro puntos cardinales de este enorme emporio de barriada. Si bien, nadie puede negar que esta negra tenía las carnes tan bien puestas como para darle de sofocones hasta a un quinceañero, no era el cuerpo de terremoto que poseía sino una inclinación en el carácter que provocaba en muchos hombres querer protegerla, aunque nada de uno necesitara este portento de la depresión, además del sexo. Su carcajada no era una fanfarria de alegría. Parecía más bien el sonido discordante de las granizadas de septiembre. Uno la oía reír y se enteraba que esa cacofonía no era un canto a la alegría si no algo muy parecido a la histeria desatada o un despeñe hacia el barranco de la locura. Está mujer no reía: lloraba como buena jarocha, a carcajada limpia. Cada asalto emocional terminaba bañada en lágrimas y aquello que fue un sonido de derrumbes se había  transformado en un suave dique desaguándose poco a poco, chorrito por chorrito, lágrima tras lágrima. Luego, se incorporaba como si nada con una sonrisa infantil y moqueando la gripa de la existencia, para alejarse a paso bailarín y contoneándose como si estuviera estrenando las nalgas. Se le veía la sarna del sufrimiento desde muy lejos. Entonces, por eso, todos queríamos estar lo más cerca de ella para recoger las migajas de lo poco que le sobraba para regalar al mundo. Quienes no la conocían tan de cerca suponían que una mujer como ella solo podía tener amantes de pasada y ya. Esto en parte era cierto; quien le recibiera la lumbre de su ser africano le sobraba. Los que tenían cierta distancia larga con ella jamás alcanzaron a enterarse como yo que Condolesa aseguraba y defendió siempre tener varios amigos a quienes juraba amar tanto como tanto se dejó coger por quien la amara o no.
Yo estoy tan cercano a ella que se de las formas con las que esta rara mujer entregaba el corazón a sus escasas amistades que pudo contar con los dedos de sus manos. "Estos dedos cuentan los compas y mayatas que amo. Los que me sobran, me los chupo cada que alguno de ustedes dice amarme antes y después de coger" -decía, y luego se metía los dedos pulgares a la boca y los mamaba con gula inaudita. Me escogió para su compañero de cuitas quién sabe porqué; porque, como ya dije, compañeros de cama le sobraban y yo no he de tener algo extraordinario por encima de estos para soplarle la estufa, aunque siempre me he considerado astuto en las mañas de la cama.


Pues resulta que Condolesa Romedal tenía un círculo de amigos reducido a sólo ocho personas con quiénes procuraba convivir a diario lloviera, tronara o relampagueara. Desde el comienzo de nuestra relación amorosa, Cony (como le nombrábamos de cariño en la central de abastos donde trabajábamos) mantuvo una atención distante hacia nuestro lío amoroso y regalaba sus mejores horas a este grupo selecto de amistades. Jamás los vi en persona y si los conocía de alguna forma era porque ella no hablaba de otra cosa que no fuera sobre los menesteres y tribulaciones de estos entes nebulosos. Jamás frente a mi mostró un cariño especial hacia nadie cuando hablaba uno por uno de ellos y repartía su corazón afroantillano de formas exactamente parejas. Esto ayudó mucho a paliar los celos que me carcomían el hemisferio cerebral donde habitan estos monstruos de miles formas.
Al principio llegué a pensar que Cony me estaba engañando; que esas personas no existían y solo eran producto de su astucia en tejer engaños, al grado de armar tertulias amistosas falsas para lograr verme la cara de menso, puliéndome los cuernos mientras montaba el mástil de algún cíclope ignoto. Después, comprobado el hecho de que esta negra era incapaz de hacerme una trastada pues, miedo tenía de mis reacciones furibundas y sabía que yo soy capaz, al menos, de escupirle una balacera en las patas para hacerla bailar nomás en mi pista, creí que más bien se daba sus escapadas a los llongos de la colonia "las coloradas" para ponerse a fumar como perdida gramos y gramos de metanfetamina; ah! La droga! La maldita metanfetamina. Un asunto escabroso que, habíamos acordado en común, ella dejaría de usar si de verdad deseaba una relación larga y duradera conmigo, con todo y que yo soy el mero jefe del narcomenudeo en la zona sureste de la ciudad, y eso es poco decir. Así nos la pasábamos; entre reclamos y largos espacios de tiempos tensos, entre los jalones del amor y sus ausencias fantasmagóricas a un mundo que desconocía.
Un día típico regresó llorosa y con aspecto mortuorio después de haber desaparecido una semana dejándome abandonado en nuestro tálamo conscupicente.
"Se murió Liduvina Jerez", me explicó después de agarrar respiro en un lapso en el que la lloradera le dio una tregua.
Me dio la fatal noticia muy seria y secándose las lágrimas, con un tono de prisa para luego soltarme un trágico desenlace con una voz pausada y queda en contraste con el sopetón con el que inició la explicación de su larga ausencia:
"Estaba muy sola, sabes? Con esos seis hijos y esos amantuchos mantenidos. La pobre se destroncó los riñones trabajando desde que mal pariera al primer muchacho hasta hace siete días que se derrumbó agotada y echando espumarajos rojos por la boca. El médico de la ambulancia dijo que se le partió el corazón. Como no se le iba a partir pues desde los trece años supo lo que era la perdida cuando ese chavalito a quien nombró Rubén casi le saca la matriz enganchada en esos pies de chivo. "Es hijo del diablo", le dijo su madre. "Es hijo de un fauno", le dijo el cura que lo bautizó: "eso le pasa a las niñas que andan de calientes. Se les aparece el Sátiro y se las coge sin miramientos y sin importar que estén más lampiñas que un cirio". Como no se iba a morir tan joven la pobrecita si nomás le cayeron encima los sagrados cordonazos de San Francisco quien puro animal le puso en el camino.
Poco a poco se fue deshojando la flor de su radiante juventud. Un botoncito de rosa que fue desflorado a güevos por el "talibán", ese vicioso de mierda...que bueno que ya lo mataron. Ahí comenzó su muerte. Poco a poco se fue secando hasta quedar hecha un surrón de culebra, seca. Poco a poco se le desinfló el respiro. Pobrecita mi amiga del alma. Se quedó mirando la puerta mientras echaba la vida por la boca esperando a ver si llegaba uno de sus hijos a cerrarle los ojos. Poco a poco. Poco a poquito se le fue la luz y el rojo de sus cachetes mientras saboreaba su propia sangre. Poco a poquito. Pobrecita. Hace cinco días la sepultamos. Palada tras palada "Chaz Chaz! Chaz Chaz!" Sus hijos ni lloraron. Poco a poquito, su carne fue comida por la tierra caliente. Adiós. Adiós Liduvina. Te voy a llorar toda la noche, bajito; no vaya ser que te despierte y quieras regresar a seguir sufriendo"

Después de darme esta triste retahíla miró con un raso de lágrimas pero aún así extendió la más brillante perla de sus sonrisas y me regaló el mejor beso que fue posible. Luego se tiró a dormir dos días hasta que la pestilencia de sus humores corporales me hicieron despertarla. Todavía tardé un día más para convencerla de que se bañara; tres noches rogándole caricias y una mañana entera de reclamos. Hasta que una tarde entró desnuda al baño mientras me duchaba y, con esa negritud costeña me hizo el sexo de una manera presurosa, como si algo la esperara en otro mundo y tuviera que partir enseguida sin dar tiempo a que las mieles se nos secaran en la entrepierna. Me dejó como un costal vacío y con el sentimiento de que algo de lo nuestro, si es que lo había, se pudrió bajo tierra junto al cadáver de la mentada Liduvina. Unas semanas después la ví con más ánimo aunque, de una manera poco perceptible, un poco flaca y con una momentánea y rara forma de mirar; algo así como un brillo de locura en la manera de percibir y explicar las cosas más insignificantes. La muerte de su sufrida amiga le caló hondo de alguna forma, como si esa pérdida le hubiera removido un recuerdo que le hiciera por momentos, olvidar la mujer que era en el presente.

 

II



Pasaron un par de meses y la alegría volvió a las carnes de mi amada a pesar de su desmejoría en el brillo de la piel. Se ponía a cantar bajito por las tardes canciones del Grupo Miramar, Mike Laure, Rigo Tovar y los ocho de Colombia. La observaba rodar la vista tan en paz y algo feliz mientras miraba a los niños jugar pelota o a las escondidas durante las primeras oscuras de la noche. Esperaba que se encaminara a la cama con la esperanza de sus senos y ese sexo pétreo pero luego se ponía a ver televisión para quedarse dormida enseguida. Abandonó el hábito de amarnos por las noches y en cambio me condonaba con espasmos y trémulos mañaneros más rápidos que una cagada al filo de la hora en que te deja el camión. Luego tomaba rumbo a con alguno de los siete amigos que le quedaban y no regresaba hasta la hora en que los grillos de las paredes comienzan a cantar.
Algo de fatalidad estuvo esperando estos días. Se esforzaba de verdad por estar alegre y suspirar tranquila pero al descuido mostraba la tribulación que desde un tiempo acá la estuvo asaltando. No tuve que esperar mucho; acababa de llegar de mi trabajo y prácticamente ella entró a casa tras de mi.  Esta vez la noté exhausta.  Llevaba, según su costumbre, días sin asomar la cara tras la cortina de nuestra alcoba. Venía huyendo quien sabe de qué más allá de la muerte, con el helar madrugal de los difuntos tras ella, tiritando por una calentura que nada tenía que ver con lo calamitoso del clima invernal.
Había muerto ahora un fulano según ella llamado en vida don Campagnolo; un tal viejo dependiente del más viejo taller de bicicletas de la colonia veintiuno de marzo. Condolesa explicó, no sin tristeza, que este murió de un golpe en la cabeza después de caer de una chopper Raleigh 64' que dizque hubo reparado después de estar veinte años intentándolo. Tanto detalle me daba esta mujer que terminé atribulándome en serio por alguien de quien no conocía nada además del sufrimiento y ancianidad. Pues resultó que este infortunado se mató montado, o más bien caído desde lo alto de la herencia de su abuelo, el primer Campagnolo que tuvo un taller en la ciudad, en la colonia Mazatlán. No se paseó ni dos kilómetros estrenando su herencia recién restaurada cuando un camión urbano de la ruta zapata-centro se le atravesó derribándolo del flamante armatoste. No lo aplastó de milagro pero los treinta kilómetros por hora sobre los que viajaba tan contento fueron suficientes para dejarlo en coma cerebral dos días hasta que su hijo Miguel Ángel dió la orden al médico en jefe para que lo desconectaran del respirador artificial que lo aferraba a lo que le quedaba de la existencia: su cuerpo aún fuerte y atlético de setenta años construido de andar toda la vida pedaleando bicicletas ajenas. Condolesa me llevó al patio  y ahí estaba un poster enmarcado de Lance Armstrong, un puñado de pulseras amarillas y la trágica bicicleta, intacta y reluciente.
"Miguel Ángel me lo regaló pues considera que yo la merezco más que cualquiera de ellos por haber acompañado al viejo en su solitaria viudez de bicicletero abandonado. Tú sabes, fui como la única hija para él pues tuvo puros machos que para lo único que sirven es coger, tragar cocaína y regar plebes en toda la zona sur de la ciudad"
Me conformo con que no haya pedaleado mi bicicleta de cuero -le secundé con hilito sangrón de celos en el tono, así como no queriendo la cosa; para que se diera cuenta que no me gusta mucho que otro macho se asome por mi cortina aunque sea para regalarle chingaderas con intenciones fraternales o legar herencias post mortem.
Más tarde, en la plática de sobre cama y cena con café, me reclamó por las vanas sospechas y la falta de respeto por lo difunto echándome en cara tanta frivolidad pues Campagnolo fue siempre incapaz de verla como mujer para otra cosa que no fuera una buena hija:

"Era un remanso de dulzura y paz el viejito. Me daba lástima todo lleno de grasa y su corazón tan a la buena de Dios. Con sus manos llenas de callos y faltas de un cuero mujeril donde limpiarlas por las noches de la ingratitud del tiempo que las hacían temblar por cualquier cosa"

Sospechaba una trastada a pesar de que Cony me habló con pelos, señales y casi todos los días de las penurias que ese viejo padecía. Hasta la muerte me parecía algo más que una casualidad. Dos ausencias motivadas por la supuesta aparición de la parca me dejaron pensando sobre algún tipo de pendejez en mi cabeza. Me convencí en serio de que esta amistad con el bicicletero decimonónico y las otras eran reales gracias a la hermosa Raleigh de colección, las pulseras amarillas y el póster enmarcado de Lance Armstrong, ganador de ocho Giros de Francia y mundialmente repudiado por cocainómano y tramposo. Fueron los primeros objetos que daban testimonio de que sus amistades si existían. Respiré tranquilo y algo avergonzado por malpensar así de la negra. Recé una versión muy breve del padre nuestro por el descanso del decano bicicletero italiano , le agradecí en silencio por la herencia del año del caldo y, claro está, por su bendita muerte pues esto significaba para mí horas de amor y compañía de parte de Cony, quien me tuvo desde días atrás muy abandonado.




III

Un día, ella llegó muy contenta y me invitó a bailar cumbia a La Caverna. Estaba en plan de celebrar que su amiga Zulma había vuelto de Tijuana después de trabajar todo el año, con mucha fortuna, de prostituta en los tugurios infecciosos de la avenida Coahuila: "se hubiera hecho rica -me dijo- de no ser porque un pocho coyotero la andaba queriendo matar por haberle robado una libra de cocaína pura que éste pretendía contrabandear en San Diego. De no ser por eso, hubiera logrado comprar un departamento en playas o ya de menos, una casita vieja en la colonia libertad"
Se habían conocido en los arrabales de la colonia Lázaro Cárdenas, en un fumadero. Cayeron en simpatía recíproca pues ambas sufrían del mismo padecimiento emocional que les hacía actuar más inestables que el vuelo del colibrí, eran también adictas al "crico" además de estar igual de prietas, según me hubo descrito Condolesa. Todos sabemos que esto último suele hermanar a este tipo de mujeres pues hay en ellas una índole muy añeja en sus ánimos que les hace formar pequeños clanes en contra de toda rubia que se les atraviese en el camino. Rubias es lo que abunda en esta ciudad y pues, ya sabrán del tipo de emociones que las unían. Estuve con ella pasadas las cuatro de la mañana hasta que recibí una llamada urgente de un cliente desesperado por un ocho de cocaína y tuve que retirarme. Cony se quedó en el antro bebiendo con otra del mismo clan quesque para esperar a la Cenicienta Tijuanense. Me quedé con las ganas de conocer a la exitosa Zulma y estuve pensando en ella hasta que salió el sol; alguien con ese empuje me hubiera sido de gran ayuda pues al parecer, era muy buena para el trafique además de que posiblemente podría tenderme la cama que Cony cada día abandonaba sin asomo de querer componer mi asunto carnal.
Supe de las dos hasta pasado un mes. Corrían los días de abril. Ya casi estaba olvidando el olor de su carne cuando la sentí primero antes de verla remontar la calle. Era un esqueleto rumbero en comparación con la mujer que se quedó bebiendo vodka en la caverna. Venía acompañada de Mika, la mujer con quién se quedó esperando a la mentada Zulma. Apenas si me saludaron con un asomo de vergüenza en sus ojos. Luego se echaron a dormir juntas en la cama destendida para despertar luego de transcurridas treintaiocho horas de pesadilla para mí, con cada minuto y segundos contados con el reloj biológico de la desesperación. Me pidieron con un hilo de voz algo de comer y un par de ballenas pacífico bien heladas. Al regresar las encontré recién bañadas, olorosas a Hermosillo Boulevard Citric y con una disposición sexual que me asustó. Parecían cadáveres queriendo aferrarse en algo vivo. Me dejé querer con un sentimiento vago de pérdida.

Condolesa anduvo en Tijuana. Eso me dijo. Me contó que Zulma se había suicidado la noche en que la estuvimos esperando para celebrar su éxito como puta en la loca esquina del mundo mexicano. Razones de más tuvo, según me enteró con lujo de detalles que me amargaron la existencia desde entonces.
"-Zulma ya estaba mal de un tiempo acá. La pobrecita se enganchó duro del 'cristal' cuando se le murió la única hija de un asma que se volvió angina de pecho. Me daba miedo cuando a veces, se ponía a contarme que la niña estaba a su lado todo el tiempo, para que no se sintiera tan sola. Un día, hasta se tuvo que bajar de la camioneta de un millonetas pues vio a la pequeña por el retrovisor mientras ella le daba una mamada al viejo. Se bajó gritando despavorida: "perdón mija, pero es que de algo tengo que vivir". Otra vez, la vio en el reflejo del espejo en un sucio motel del mercadito Rafael Buelna llamado pomposamente "California"; un nidazo de cucarachas; y allí estaba Almita recostada con todo el peso fantasmal de su infancia en la cama episcopal, mirándola con ojos acusadores mientras ella se depilaba la panocha para que su machucante en turno la encontrara de su 'cosa' más lozana que una quinceañera. Cada día que pasaba la niña la acosaba más y no le permitía putear a gusto. La última vez que la vio fue antes de irse a tijuas cuando preparaba un foco para ponerse a fumar un 'ciego' de 'crico'. Le dolió mucho que su hija la abandonara por ser como era y por eso se largó a esa frontera del demonio a ver si ya la olvidaba por medio de las riatas de los hombres y el vicio que la dejó sola como un perro. Se llenó de tanta cosa y mucha mierda hasta vaciar el corazón. No. No pudo soportar tanta tristeza y mejor decidió darse por el jalón de su mismo peso.

-Mika y yo estábamos en la pensadera del qué hacer con el cadáver pues a Zulma no le conocimos nunca un pariente que pudiera ayudarnos con los arreglos del entierro cuando un amigo de ella nos habló desde Tijuana mientras íbamos camino a recoger el cadáver al SEMEFO. Nos explicó que estuvo llamándole sin obtener respuesta después de recibir mensajes telefónicos donde le decía que se iba a matar. Al enterarse de su muerte, nos ofreció trasladarla hasta allá para sepultarla entre amigos.

Pobrecita, porqué te mataste? Cómo se te fue a ocurrir tan fácil?

-Yo jamás tendría valor y cuando me estaba preguntando cómo se podía una suicidar sin sentir feo y el cómo se habría matado mi amiga para no sentir lo peor, el médico forense, muy joven y guapo parecido al Komander nos explicó que había muerto por asfixia tras haberse colgado por el cuello desde un árbol de pingüica, en la mera orilla del río Tamazula. La encontraron unos dizque estudiantes de sociología que andaban en la maroma de fumar mota. Ahí estaba ella flotando sobre el vapor de la mañana, con un foco bien agarrado en su mano derecha, con los ojos saltados y sacando la lengua, como burlándose del puto mundo que la parió tan desgraciada y buena madre.
-Me la puedo imaginar columpiándose mostrando las nalgas al río, como tanto le gustaba, en un vaivén más chingón que el que te puede dar el mejor amante. Pobrecita. Que muerte tan horrible te diste, Zulma. Que feo te fuiste -le decía yo cuando los carroceros se la llevaban al anfiteatro. Al menos está re-guapo el último hombre que le quitó ese puti-vestido comprado en los huizaches que tanto le encantaba usar.

-Como Zulma ya traía un color raro y le salía una sangüaza cafesosa de la nariz a pesar de que el muertero la dejó como raso de novia y bien arreglada para que no empezara a apestar, decidimos agarrarle la palabra al amigo fronterizo y pues nos la llevamos a darle sepultura en esa ciudad culera antes de que nuestra compa se reventara en pestilencia ante nuestros ojos pues poco podíamos hacer con su cadáver por ser tan pobres además de ir a tirarla a las bardas de La Primavera, ese lugar donde tiran los cadáveres de todo aquel animal o persona que nadie quiere. Le prometimos celebrar una misa en honor a sus carnes no sin antes organizarle un pachangón de cuerpo presente como a ella tanto le gustaba: con música oldie, un chingo de cerveza y perico.
La velamos y festejamos en el Chabela's Bar ante la mera elite de las mujeres más cotizadas por gringos y sureños. Hasta el presidente municipal estuvo presente con entusiasmo y se engalanó con tres bricks de cocaína calidad premium Levis 501, de la que usa Donald Trump, Paulina Rubio y el Papa. Fue tanta la algarabía que todavía nos alcanzó la fuerza para alargar la despedida dos días más. Setentaidós horas fueron suficientes para que hasta las muchachas de Puebla, Tlaxcala , El Estado y hasta las mozas del aseo rozaran carne, billetes y perico redimidas de las aceras por las ínfulas de proxeneta generoso que de repente le agarraron al patrón, el mero jefe de la alegre y famosa avenida Coahuila.
Fue una bacanal sin precedentes la cual solo me puse a mirar con la congoja amarga anudada con forma de lágrima en la garganta. Se hubiera alargado más de no ser porque al hijo del presidente se le ocurrió abrir el ataúd de Zulma para brindarle un trailero de cocaína. Andaba tan borracho y cogido que tropezó con un tertuliano caído y terminó enredado con el cajón de nuestra festejada yéndose los dos al suelo. Mi amiga salió rodando y entre las vueltas que dió dejó un pedazo de cachete embarrado en el suelo levantando una pestilencia que nos puso a cada quien con los pies en el meritito infierno. No dimos para más. Esa misma tarde la llevamos a enterrar en el panteón que está a un lado del cerro colorado, bajo una lluvia triste y silenciosa. Hasta el sol se nos escondió ese día tapándonos con un manto gris la visión de Dios que todo lo perdona. Me despedí de ella cuando salimos del camposanto. Alcancé a ver su tumba en la parte más alta, rodeada de flores artificiales y rehiletes multicolor. Al pie de la cruz estaba su hijita, haciéndole una helada despedida, sonriente y sin llorar. Luego, todo se fue al carajo entre la bruma y oscuridad que llegaba despacito, como para no espantar las animas que a diario salen a convivir con los recién llegados"

 

IV.

 


Juro que estuve a punto de mandarla al carajo. No tuve el valor. No lo hice porque le creyera en absoluto la gruesa epopeya que vivió en su viaje a ese norte del infierno. No la dejé porque desde hacía tiempo se apoderó de mi una dependencia rara. Dependencia que transformaba de manera sezgada en una supuesta y pretenciosa lástima hacia ella.
Esa lástima sin supuestos motivos claros que resolvía en sentir que algo le debía al mundo desde antes de nacer. Desde que Condolesa regresó ya no pude ser el mismo aún y cuando ella se esforzaba por ser lo que ella suponía dentro lo más profundo de sus remordimientos lo que yo necesitaba. No era necesario que cambiara: la necesitaba tal y como era. Esa mujer con el ánimo tan al pairo pero sincera. Me dediqué entonces a ver con tristeza como el mundo se me despeñaba sentado bajo pálidas tardes en el patio esperando a que ella dejara su plan de atenderme para que se largara y volviera de su mundo para contarme una historia más de muerte.
Se volvió más asidua a nuestro lecho, más atenta. Engalanaba la noche con sus cuitas cómicas y salaces o, con el delirio tembloroso y experto de su carne. Estuvo alegre esos días y esto no terminaba por gustarme. Dejó las visitas a sus amigos a un lado todo lo que le permitió la dependencia hacia ellos mientras la mía se transformaba en un no se que muy incómodo. No duró mucho, gracias al cielo. Un día la encontré furiosa contra Mika, la fogosa compañera de parrandas. Había terminado la hermandad que las unía cuando a esta se le ocurrió mal hablar de Zulma y su hijita. "Pinche teibolera pedorra. Vergüenza debe darle andar enseñando sus tetas aguadas y bailar como foca. Y todavía me amenazó con decirte cosas inconfesables después de que le compartí la cama. Eso gano por arrimar perras mestizas a la confianza. Cómo sea, jamás fue mi amiga sino más bien una sana competencia. A mis amigas jamás les compartiría el hombre que me hace feliz"
Me dió risa pues pensé que las negras como ella no tenían ese tipo de desplantes raciales que no estuvieran dirijidos hacia las rubias.
El pleito con la mestiza fue providencial. Condolesa volvió a las andadas; justo lo que yo necesitaba para recuperar al corazón esa dependencia que se me estaba confundiendo hasta la ira con la devoción que me brindaba esta loca.
Lo que estuve esperando en pálidas tardes se empezó a tornar en una realidad mucho mas triste que antes. Amaba eso y no podía vivir sin sentirlo. Nuestra cama estaba otra vez destendida al abandono. Condolesa volvió a refugiarse en los amigos que le quedaban y yo me tiré a la calle a darle duro al negocio pues el viejón empezó a creer que yo me estaba queriendo cambiar con los contras quienes para esas fechas nos traían asoleados a balaceras y levantones; nada que ver. La certeza de la tragicomedia ausente de mi mujer no me dejaba dormir, menos trabajar como dios manda y estuve como 'puntero', vigilando los ruidos de la puerta y acabándome la mercancía para resistir los embates de la soledad y la tribulación de saber quién chingado se tenía que morir en el barrio para que la negra regresara derrumbándose a contarme.
Llegaron las tormentas de verano mucho antes del día de San Juan. El cielo se desempedraba con gruesas gotas que hacían un ruido ensordecedor sobre la lámina de cartera. Comparaba sin conciencia las lluvias con las risotadas de Condolesa y llegué a preguntarme, entre sorprendido y enamorado de la tristeza, dónde había quedado el hombre que antes se tiraba a la pelea o se desvelaba maquinando chingadera y media para calzarse hasta las truzas de billetes. Me acordaba de todo esto y lo comparaba con el guiñapo que ahora lloraba nomás empezaba a gotear el cielo o se ponía a componer cosas de maricas en vez de arreglar el barrio nomás con pensarlo o asomar las narices a la calle. Temblaba de coraje y vergüenza pero estos arranques de macho varón masculino eran como la espuma de las cervezas o el efecto de una cocaína más cortada que las nalgas de un emo: Duraban lo menos diez segundos y lo más, quince minutos. Me la pasaba lo más cercano a casa y mis negocios se circunscribieron nomás unas diez calles en un perímetro tan poco redituable comparado con el mini-imperio que sostuve meses atrás. Mis antiguos admiradores creían que el culo a los rivales había ganado pero en realidad era que el culo del corazón me había traicionado. No iba más allá del perímetro al que confiné mis andanzas nomás porque esperaba el cuerpo que portaba mi amor mal fundado. Una noche llena de vapor y sensia que respetaba hasta los árboles en un sopor más grueso que el atole que dan en el IMSS, llegué a casa y me senté sobre la acera a esperar lo que fuera, con el periódico más barato de la ciudad en la nota roja, buscando a ver si alguien se había muerto en los barrios cercanos y eso hacía volver a mi adorado tormento, cuando sentí su presencia pesada jalándome desde nuestro cuarto como un tentáculo viscoso y caliente. El corazón me volvió a llenar el pecho después de meses sin saber de ella.

 

V

 


Era un desastre de persona. Había perdido mucho cabello y se le habían caído algunos dientes. Apestaba tanto a animal muerto que por un momento pensé que se había traído el cadáver de alguno de sus apreciables amigos para enterrarlo en el patio.
"tengo tanto que contarte" -me dijo con una tranquilidad que me atemperó los ánimos. Llegué incluso a creer, después de comprobar con manoseadas por todo su palmito que en efecto, de muerta nada tenía, que era la imagen de una resurección invocada por sus habilidades de bruja jarocha pues hasta tierra traía pegada detrás de las orejas y en la cavidad del ombligo además de la asquerosa pestilencia que traía metida más adentro del pellejo. Me extendió un papel y me mandó a la farmacia por unas rivotril en gotas y una Coca-Cola para 'hacerlas tronar más rápido". Más tarde me pudo contar todas las tribulaciones que padeció: La muerte de uno de sus amigos de la infancia a bordo de una moto-racer en una competencia feroz contra un narco junior por un premio de treinta mil pesos que estaba pagando la ruta Tepuche-Cosalá la cual bordea las faldas de la sierra entre cañadas, barrancos, vados y pueblitos azotados por la fiebre de los laboratorios de 'cristal'. Según me dijo con tristeza, lo encontraron bañado en sangre y revolcado en lodo, con la mitad del esqueleto quebrado y un ojo de fuera, cantando la canción "cruzando cerros y arroyos"; narró, no sin llorar, la última epifanía de una vieja que padeció hasta morir de dolor un cáncer terminal; la señora dejó tres hijas huérfanas y en edad de merecer hundidas en una viudez adolescente y el alcoholismo. También lamentó la triste pérdida del viejo pepenador que fue chamuscado por un rayo en la última tormenta eléctrica que azotó la ciudad y dejó sin luz toda la zona norte durante treintaisiete horas contadas con el termómetro de los calorones a cincuentaicuatro grados. Unos habitantes del basurón municipal lo encontraron, dijo con afán de detalle como si yo nada le creyera, todavía humeando y oliendo a licuadora quemada y con su fiel compañero 'fierabras' recostado a su lado como una costra, el cual también falleció y se fue seguro al cielo de los perros. Por último, se derrumbó al describirme el asesinato de su prima hermana en un asalto a quien entre su madre y el cura Coronel criaron con mucho miedo a dormir desnuda y la luz de su cuarto apagada.
Ya no volvió a levantarse jamás para algo que no fuera la contemplación. Lo agarró un miedo cerval a la muerte al grado de ni asomar las narices siquiera para ver como meses antes, a los niños jugando a la pelota o a las escondidas. No temía a que la calaca le jalara las patas. Le daba pavor que fuera ella, con su sangre de bruja nicromanta, quien fijara la ruleta macabra y decidiera con apuesta al trece negro el destino del infortunado que tenía que irse al otro patio.
Al principio de la caída no hablaba de otra cosa que de brujería, maldiciones, la santa muerte, Jesus Malverde, San Judas Tadeo y toda la santería que se dedica a oficios oscuros, pompas fúnebres o asuntos que hasta dios se declara incapaz de comprender.
Luego, su platicar se volvía por momentos una maraña de situaciones alucinantes. Le palidecían los labios en un trémulo de boca de pescado fuera del agua mientras describía con miedo el tráfago de sus muertos que no la dejaban de acosar ni dormida:
"anoche, vino mi tío Alberto a visitarme. Fiel a su conducta entre cómica y salaz, me despertó subiéndose encima de mi cuerpo, tapándome la boca para que le escuchara mejor los cuentos que me espantaban de niña. 'es un íncubo -me contó una noche de favores el padre Coronel- eso le pasa a las mujeres de panza caliente como tú'. La verdad, mi tío Alberto no me parece tan mala persona a pesar de sus espantos. Bien hago en decir que me conforta. Después vino mi tía y mi madre, regañándome toda la santa noche por ser tan imaginativa y miedosa; por inventar historias de que mi santo tío Beto era capaz de quitarle el aliento hasta a los chivos del diablo. Mija viene también a llorar. Pobrecita; con su silbadera en el pecho y esas ojeras que le pintaron las fiebres de la bronquitis, ese mal del frío que le caló los huesos hasta llevársela al seno de Diosito. También llora mucho porque dice que tio Beto no la deja en paz con esa broma de subirse arriba de la gente. Mi prima no me da descanso y todos los días pasa por la calle silvándome para que salga a hacerme cargo de una niña quien pide a grito pelado que por favor le haga su vaporización para poder respirar. Campagnolo me hace señas desde la ventana apurándome en que le ayude a secarse la sangre de la descalabrada y limpiar su tumba que ya está invadida por vainas de guachapor y no lo dejan pasar a su ataúd sin llenarse de alhuates los pantalones. A Liduvina, pobrecita y que dios la haya acogido en su santo seno, me la he encontrado en el baño; iluminada su figura bajo una luz azulosa y escupiendo gargajos de sangre mientras le pregunta a su corazón partido donde estarán sus hijos que no van a visitar la piedra bajo la cual la sepultaron. Ingratos que no se acuerdan ni uno con otro de prenderle siquiera una veladora o de menos, un carrujo de mariguana última cosecha del triángulo dorado. Esa Liduvina. Tan buena para el mitote y ahora, pura lamentación. Para eso se muere uno? Para luego venir a estar chingándole a los vivos? Esa Liduvina. Se va con las primeras luces del amanecer encargándome mucho a su prole, como si yo no tuviera tanta cosa que hacer o un hombre que coger. Ay de mí, Jorge del Alma. Ay de mi. Entre todos me van a matar de la forma en que murieron: Asfixiada por tanto peso que cargar o apagada la luz de la razón por un golpe en la mollera o la descarga de un calambre eléctrico. Ay de mi. Ojalá suceda pronto si tiene que ser. Ojalá sea como sea y prontamente porque ya no aguanto tanta carga que pensar"
Fue la última charla más o menos hilada que le escuché. Todos sus amigos habían muerto y se quejaba de no tener rumbo en las tardes. Ya nada quedó de aquella afroantillana balanza del erotismo y el deseo de morir. Ah, Condolesa. Qué fue de tu cuerpo potable, de tu aroma a Hermosillo Boulevard Citric revuelto con mar? Qué hiciste con la lozanía prieta de tu piel? Por qué apestaste tus besos? Por qué arrancaste la mordida de tu boca que me hizo en pocas noches agradecer a Dios tener a tu animal cerca? A dónde te llevaste el gusto de esa almeja que me envolvía la carne arrastrándose en tu marea?
Ay, Condolesa. Ay de mi. Ya ni siquiera me queda tu tristeza para engordarme la sangre con la pensadera. Ay. Ya no sales a la calle pues para qué ha de ser. Ya ni el consuelo de la muerte que se llevó a tus ocho amigos que contabas con los dedos. Ay, bruja maldita. Negra cambuja. Ojalá pudiera amistarte con cien más para luego ofrecerlos juntos a la muerte y tener así motivos de vivir. Ay, Condolesa Romedal. Ay de nosotros. Ay de mi, diosito; Mira el maricón que me volví. Mira! Mira! La mujer que perdí por rumbos en donde difícil es llegar.

 

VI.

 


"La última noche que pasé contigo, quisiera olvidarla pero no he podido"
Mike Laure.

Ahora pasaba las madrugadas preguntándome sin obtener respuesta por qué la cosa del amar suele serme así. Cambié de vida para dedicarle las mejores noches de mi existencia a la piltrafa que me adjudiqué como amado tormento o espina en el culo. Condolesa era ahora un costal de huesos forrado de un pergamino del color de la tierra muerta; lo único que tenía de vivo eran las viajes en el tiempo entre fantasmas y palabras que le salían a veces como cascada, a veces como motitas de polvo flotando en el ambiente de nuestro cuarto caído en la miseria. Trabajaba yo entonces desde las seis de la mañana hasta muy entrada la tarde. Ganando apenas para comer y mantenerla viva dentro de la ruina que era. Por las noches vigilaba sus sueños y desvaríos hasta donde me alcanzaban las fuerzas. Esto tenía que terminar algún día, pero uno de los dos tenía que caer. Sucedió al fin, aunque aún no sé quién de los dos se derrumbó primero. Antes de que se fuera a otro mundo, Condolesa volvió a ser un largo instante que ardió como se quema una llanta. Un alto, lento y espeso fuego escupiendo humo hasta el cielo. Volvió a ser aquella mujer que me enamorara un día de agosto. Volvió a brillarle el mirar y perfumársele el suspiro; a mojársele el instinto y coloreársele el beso. Volvió a incendiársele la estufa y a prendérsele el aura de pitonisa y nigromanta. Sentada sobre aquella cama olvidada, con un haz de luz figurándole la mitad del rostro, me esperaba como se espera a alguien detrás de un vidrio; con una mirada que traspasaba todos mis más allá. Me habló después de tantos meses. Arrastró su voz para decirme con los puños arropándole los pechos: "acaban de matar al primer y único hombre de mi corazón" Luego, se abalanzó arrancándose la ropa para regalarme por primera vez en mi vida eso que muchos llaman amor. Aquello que mucho han asegurado es como tocar el cielo. Eso que llaman el segundo nacimiento o la muerte chiquita. La mujer que jamás voy a olvidar. Ella lo hizo. Ay Condolesa. "si me hubieran dicho que era aquel nuestro último beso todavía estaría besándote". Estuvimos platicando por horas y encontrándonos como jamás nos hubimos encontrado antes con nadie. Antes de dormir le pregunté que si como había muerto aquel hombre de su vida a lo que ella me contestó con una extraña sonrisa: "De un balazo en el pecho. Ahorita ha de estar tragándose la tierra mientras seguro piensa en mi. Ese hombre. A los hombres los deben matar, si es que alguien los quiere matar, de un tiro en la cabeza para que no se la pasen pensando en su amada en el más allá. Los balazos en el pecho nomás los medio matan y acá se quedan penando con el corazón partido y la mollera entre lo vivo, lo muerto y lo quedado en los relojes pasados" Eso me dijo y luego se montó de nuevo sobre mi para revolcarme con su carne como un costal de papas.

Me levanté al rayar el sol. Antes de salir de casa la miré. Se veía tan segura de su estar, dormida realmente por primera vez desde que la conocí, que me pareció la mujer más indefensa del mundo. Me despedí de ella y algo se cayó de encima. Ese peso que me hizo sentir un nudo en el alma desde que ella volviera de Tijuana. Nunca antes me hube despedido de nadie y menos de ella que desaparecía durante días sin darme oportunidad de pensar por qué chingado se había largado. Una ligereza en el ánimo me hizo besarle la frente. Al salir al patio, miré la Raleigh 64' y sin dudarlo un instante me monté en esta y salí a pagar las cuotas del día. Camino al trabajo recordé que la vieja bicicleta era un vehículo de la muerte relacionado de forma alguna con el estado de postración de Condolesa. Sentí un miedo que me paralizó unos instantes pero de inmediato me recuperé de la fantasía desechando todas las creencias oscuras de la mujer que ahora parecía tan indefensa acostada sobre nuestra cama destendida y muerta para siempre al latido de todo aquello que hace creer en el amor.
Regresaba de trabajar. El sol caía en el horizonte bajo pintando todo de color rojo. Estaba a dos calles de mi casa; silvaba mi canción favorita contento de tener un rumbo cuando de una entre calle me interceptó un automóvil Honda Civic color blanco y dentro de este descendieron cuatro tipos armados. Uno de ellos me gritó entre dientes: "hasta aquí llegaste, ratero hijo de la chingada" y luego disparó en tres ocasiones sobre mi pecho y a quemarropa. Antes de caer en el desmayo todavía alcancé a escucharle me decía: "no es nada personal, mi coquío, pero ya sabes que el que gacho la caga, gacho la paga. A los jefes no le gustan los rateros y tú ya la chingaste". Pero si yo no he robado jamás -alcancé a decirles mientras el paladar se me llenaba de un sabor a sangre y pólvora. Se llevaron la bicicleta y arrancaron dejándome en medio de la agonía y la polvareda. A lo lejos escuché los gritos de Condolesa. Entre la polvareda, el olor a balas quemadas y lo rojizo de la tarde la vi venía corriendo a todo lo que le daban las piernas; la noche estaba por caer.

 

VII.



"Es difícil sostener una vela
en la fría lluvia de noviembre.
Hemos pasado por esto mucho, mucho tiempo.
Solo trato de matar el dolor, sí;
Porque el amor siempre viene y el amor siempre va...porque nadie está totalmente seguro de quién se va a ir hoy"

Lluvia De Noviembre. Axl Rose.

El psiquiatra me explicó que Condolesa tiene remedio aunque necesita estar un largo tiempo interna dentro estas cuatro paredes; que necesita de mucho profesionalismo y que ella le eche ganas al vivir, cosa que está muy lejos de querer. Dice que esa locura viene de muy lejos, desde que era muy niña. Dice que mucha gente le hizo daño y le mató la inocencia. Que muchas personas abusaron de ella y le encogieron el corazón y el cerebro al grado de que tuvo que buscar refugio en la locura.
También me explicó que los daños en la cabeza pueden ser peor si ella vuelve a darle duro a las drogas. Me regaña cada que la visito pues considera que queriéndola yo tanto le haya permitido que llegara tan lejos con su padecimiento. El doctor Alejo no me cree que yo haya vivido durante casi dos años con ella sin notar que no estaba bien de sus facultades mentales o que se estaba metiendo mierda con todas las ganas de morir. Le puse de pretexto esos amigos que no abandonaba jamás pero el médico me dió en la cara al decirme que ninguno de ellos existió jamás y que Condolesa los había creado inconscientemente para tratar de resolver sus traumas de la infancia.
Me abruma ahora el tanto pensar en ese mundo a la medida que tuvo que crear para luego destruir a sus habitantes uno a uno hasta quedarse sola como un huevo de gaviota en el desierto. No quiero pensar quienes fueron aquellos que mató de formas tan trágicas. Me conformo con saber que cada lágrima que derramó por ellos, fueron un enorme tazón de bálsamo que le fue limpiando el corazón hasta dejarla como una recién nacida a quien hasta las nalgas tienen que limpiarle. Fueron lágrimas de perdón a esos fantasmas y a sí misma.
Un domingo primero de noviembre fui a visitarla al hospital con algo de emoción en el alma. Hasta le compré un enorme ramo de flores de cempasuchil, claveles y crisantemos junto con un medallón conmemorativo de la virgen de Guadalupe colgado de un rosario bendecido por los oficios y sacramentos del padre Coronel. El doctor Alejo me recibió con una seriedad dolorosa. Condolesa había muerto al entrar la madrugada, temblando como una hoja y recitando los nombres de todos sus amigos. A mí jamás me mencionó como alguien entre vivos ni entre muertos. Cuando el doctor Alejo le dijo de mi nombre, hizo un gesto contradictorio, como si de repente me hubiera recordado y borrado de su existencia a la vez. Solo dijo: "Al único hombre que amé lo mataron de un balazo en el corazón. Ahora debe estar tragándose la tierra y pensando en mi".
Me entregaron su cadáver al caer la noche. Lo velé solitario y cerrada la casa para que no entraran ni las moscas. Los ramos de flores los deshojé y extendí sobre su cuerpo; El rosario con el medallón lo enrollé entre sus manos, compré cuatro velas y estuve pensando lo difícil que fue y lo peor que será sostener la flama de la vida si no está ella presente, mientras miraba el cadáver hermoso que es ahora; pensando en lo irónico de la situación pues debería ser ella quien en estas horas debería estar hablando sobre mi a mi mismo y no yo, hablándole a la nada sobre ella. La sepulté la tarde siguente en el panteón 21 de marzo. Al llegar a casa, una lluvia finísima me acompañó hasta después que las ánimas comenzaran a penar, aprovechando que los grillos callan cuando el cielo llora. Juro que cuando dormía, aquella Condolesa del lejano agosto, llegó a calidarme la cama.

 

VIII



"El verano inhaló profundamente y contuvo la respiración demasiado tiempo;
El invierno se veía igual, como si nunca te hubieras ido.
Y a través de una ventana abierta donde no ha colgado una cortina...como a través de la niebla
Te he visto...te he visto...como si regresaras a mi"

Comin' Back To Me. Marti Balin.

"Pues ahora las noches se han vuelto un noviembre eternizado en el que espero para siempre a Condolesa, doctor"
Eso le dije a mi amigo. Porque ahora el doctor es mi amigo; eso afirma poniendo la mano en mi hombro cada que comienzo a contarle mis penas. Mi padrino me dijo semanas atrás que cuando uno se vuelve amigo del loquero es porque uno ya está más loco que un chango.
Como sea, me reconforta la plática seria y cordial de Alejo. Me he quedado en el hospital varias noches hablando con él sobre muertos y sueños perdidos hasta ver la salida del sol.
No tengo más con quién platicar. Él es el único que cree, con un ánimo profesional y amigable que a veces me da desconfianza, que Condolesa se transfigura con las sombras oscuras y alargadas de la tarde; el sabe que a veces las personas que amamos se aparecen detrás de las ventanas o hasta llegan a sentarse al filo de las camas y que puede ser hasta normal que platiquen con uno algunas cosas de gente viva. Me escucha y me escucha mientras escribe y escribe y sirve el café y a veces hasta me da una pastilla dulzona que sirve para no tener pesadillas pues eso sí que es muy malo. Mi amigo Alejo asegura que cuando uno sueña gente muerta es porque nuestro rumbo del alma ya se quiere ir al más allá o que el más acá ha perdido el interés. Yo no quiero morir. Nadie ha regresado de la muerte a contar cómo está el asunto ese de ser un difunto chocarrero; más allá quien sabe que habrá. No sé si muerto volveré a ver a Condolesa. Así, vivo aunque triste, al menos la veo entre las oscuras de la noche, a través de las ventanas; al menos siento sus nalgas ocupar un espacio de la cama; al menos viene a revolcarme en los sueños; al menos me puedo imaginar, como si cuando viva le hubiera importado algo de mi que no fuera el oírle sobre su lotería de amigos, que algo se le quedó en alguna parte de mi corazón y por eso viene de tarde en tarde a revisar la piedra que dejó sembrada. Al menos se que dentro de la destornillada de cerebro algo debió sentir por mi, pues nadie corre por el medio de la calle y con las chichis de fuera para ver de qué forma mataron al autor de sus días y carnes.
Por estas fantasías y más, mi amigo Alejo me viene invitando a que me quede un tiempo al menos; al menos hasta que Condolesa se termine de largar a un lugar al que él llama duelo final.
Trato de pensar en otras cosas pero esta mujer negra, rozagante como nunca, no deja  de acosarme tratando de cuadrar, creo, el arqueo de su situación actual e infame con todo lo que me quedó debiendo cuando aún podía desarticular mis ganas de coger con las sabidurías expertas de putona babilónica.
Trato, por ejemplo, de pensar que aún puedo recuperar el mini imperio de drogas que sostuve hace unos meses.
Que aún hay por allí alguna mujer que pueda soportarme de mala gana aunque sea.
Trato inútilmente de creer que este corazón merece mejor suerte y no esta broma macabra que me tiene aquí esperando a que la muerte llegue o se vaya no sin antes estar seguro de volver a ver o vivir a Condolesa como antes y no como la veo en este preciso momento a través de la bruma de este invierno imposible que parece helarme más la calavera bajo el cuero; soy ahora un bolso de puro hueso roído por la soledad.
Ay, negra maldita. Ahora me doy cuenta lo libre que me hacías de alguna forma.

Pasan y pasan los meses y Condolesa aún pervive y, de hecho, ahora existe de forma ominosa como un recuerdo vergonzoso que se niega a morir nomás para tenerme preso de esta forma. Un fantasma es un recuerdo pesado que muchos se niegan a descargar. Eso dice mi amigo Alejo. Es doloroso pensar en ella. Pienso y pienso pero ya no encuentro su rostro; ya no encuentro el olor; ni siquiera las granizadas de septiembre me la pueden revelar; ni siquiera este calor del horno me hace remembranza al vapor de su vagina.
Alejo me pregunta a diario que si qué es lo que quiero. Me pregunta mientras sonrió mirando la cama donde murió el cuerpo que cargó mi amor sin muchas ganas. Me pregunta y le contestó:
Solo quiero salir de aquí.
Y lo que me responde:
-Algún día, Jorge.
Algún día, ya que dejes de recordar.
Y yo recuerdo y recuerdo viendo la cama donde murió y luego pienso y pienso en la cama de mi casa. Esa cama destendida y sin pulsar de forma alguna. Allá me espera la muerte; pero aún no. Aún no.

 

 

 

Divino poemario: el violento carnaval de los cuerpos

 Homenic Fuentes

 

 

 

Cover

 

 

El precio del siguiente poemario tiene un costo de 424  casos de asesinatos a personas trans  de 2007   a 2017.   La Guerra contra   el Narcotráfico   declarada   por  el presidente  Felipe Calderón  Hinojosa  y continuada por el presidente Enrique Peña  Nieto  es el reflejo  de la violencia   que  ha  dejado  una inmensa cicatriz  en la historia  de México. La mayoría de los oficios  de estas  mujeres   trans   eran  trabajadoras  sexuales, peluqueras  y  trabajadoras  de  los  antros   apoderados    por el narco.  Este  poemario nace  de  aquellos   antros   lgbtttiq secuestrados por los Cárteles que se dedican a vender  droga.

 

Divino poemario, publicado por editorial Lectio y escrito por Eric Meneses, se erige como una voz que se resiste al silencio que la moral pública –basada siempre en la presunta defensa de los “valores tradicionales”– desea seguir imponiéndonos, pues no sólo confiesa intimidades, sino que denuncia la exclusión, el señalamiento, el maltrato, la prisión, la sevicia, y la muerte de que pueden ser objeto integrantes de la ya citada comunidad. Pero va más lejos aún, denuncia la imposición de una retórica oficialista, social, sectaria (machista) y hasta familiar, al tiempo que cuestiona la forma en que hemos sido educados para mirar el cuerpo.

Con abierta y directa palabra, el poeta combate entonces este sentimiento de rechazo y abandono, para indagar otras posibilidades de entender este cuerpo que nos ha sido dado, el cual no sólo es protagonista de perversiones, pulsiones o pasiones, sino cierto espacio amoroso o toda una cosmología o hasta cosmogonía que debe ser explorada y conquistada.

 

 

 

¿Hasta cuándo seguiré observándolos?

Con sus caras desfiguradas a manos de sicarios

¿Hasta cuándo los veré llorando?

Del dolor de ser humillados

¿Hasta cuándo los veré vaciados?

Con sus últimas alas de sangre en el asfalto

siendo levantados o colocados en cajas de su tamaño

llevando las fotos de sus sonrisas

de sus sueños y fantasías como etiquetas

como registro de su nostalgia

mientras sus amigos les lloran

les rezan, les hablan y se masturban en un vacío portal

donde los ángeles no tienen polvo donde los antros se convierten en uno solo

donde la música desprende los nervios

y el semen renuncia a su vida fatal un mundo sin cuento de hadas,

un mundo sin armas o machos, sin tatuajes

un mundo sin llanto vendido al narco

un mundo de muerte donde matamos a nuestros hermanos: hermanos arcoíris, hermanos caleidoscopios hermanos y hermanas vendid@s a la moño.

 

 

(El 16 de febrero de 2018, Isaac Luna, un joven de 19 años fue al bar Baby. Horas después, su cuerpo apareció muerto en la calle de Oriente número 166. Los dueños del bar borraron los videos de seguridad y la policía dijo que su muerte se debió a una congestión alcohólica. El cuerpo de Isaac presentó agresiones previas a su fallecimiento.) 

 

 

 

En la poesía de Eric Meneses, el cuerpo es el territorio privilegiado donde se experimentan las pasiones y los sentimientos. No hay mejor lugar para desbocar el deseo domesticado, presa de una sociedad homófoba. En su libro, la energía y los estados anímicos son vitales, tanto como la agitación rural-citadina y sus vicios, mismos que adquieren visibilidad y van conformando un universo poético donde la noche, sus luces y sus sombras son el escenario perfecto para ser un cuerpo destinado a la explosión. Vale la pena, además, tomar en cuenta que, dadas sus características físicas y biológicas, el cuerpo humano está construido de este modo; en tanto que quizá la única actividad socialmente apreciada pudiera ser la poesía.

 

 

 

Trabada

 

  1. Que tiene las manos blancas, y el cuerpo deformado.

 

Quiero inhalar/ Quiero inhalar un poco de aire y respirar. / Quiero vivir, quiero bailar, quiero morir, quiero gozar, quiero cantar, / quiero beber, quiero triunfar, quiero inhalar, / quiero inhalar, quiero inhalar, quiero inhalar,       quiero inhalar, quiero inhalar...

 

Poseída. Single de Paris Bang Bang.

 

La música hipnotiza el presente y el futuro

el pasado no existe, nada existe cuando estas en la pista con la luz entre las venas estás sudando marihuana, respirando polvo de ángel, dilatando los genitales

nadie puede comprender tu viaje,

es el momento más bello de tu vida

–cuando el sonido te penetra, cuando el cuerpo se libera–.

Una orgía de caricias invisibles hierve tu vestido

no existe orgasmo más bello que el que no se puede escuchar.

Las caras gimen, la lengua se erecta, las pupilas se dilatan.

 

Eres música solitaria.

Un cuerpo destinado a la explosión.

La boca se te duerme, se te va de lado. Estás flotando

el universo se detiene, nace una partícula de semen

¡Flash! Una luz blanca secuestra tu hipnosis: zaz...

La reina es capturada. 

 

 

 

En este poemario, el yo poético vislumbra horizontes de exclusión y estigma, y aunque el cuerpo es el centro de atención, éste cobra en más de un sentido un significado simbólico que trasciende la evocación de partes anatómicas, pues en su dimensión creativa permite y posibilita, desde lo físico, conectar con los procesos internos de la personalidad. No obstante, es claro que los cánones de belleza asociados con la juventud y la virilidad se hacen presentes con mayor intensidad en el interior de la comunidad LGTB, por lo que uno de los tópicos viene a ser la inutilidad del cuerpo cuando llega la vejez.

 

 

Eres un señor grande

eres una persona cansada.

El tiempo ya te ganó la batalla

Pero a pesar de la derrota,

sigues apareciendo en la noche;

En la banca fría de la Alameda

en el último vagón del metro

en la República de puta

en Zona obvia

en el after

en el claro oscuro de otra época.

 

En otro tiempo eras deseado,

ahora sólo eres un desechado,

un olvidado entre las sombras del antro.

Tus ojos miraron la represión y la libertad,

ahora tu respiración pesa, estorba.

La memoria es una llaga que no se puede conservar

como la belleza que una vez bailó en medio de la pista.

Ahí te encuentras, mirando jovencitos

posando con lo que te queda de elegancia

con una sonrisa forzada

con un cuerpo desechado esperando morir.

 

 

 

Divino poemario expresa la experiencia y define a la comunidad trans utilizando su propio vocabulario, demostrando así una visión y hasta un sistema de valores alternativos, alejados de los circuitos de producción instituidos, pero además (o con lo cual) pone en práctica un activismo que busca instalar el deseo y el amor como una abierta facultad humana que no está sujeta a fronteras de género y desde luego lo más alejada posible de a los meros fines afectivos o reproductivos de la especie.

 

 

Divina

 

 

De Divina se viste la noche

el sueño de ser un travesti,

el sueño de triunfar en la pista

con lentejuelas en los labios,

el sueño de un beso interminable,

el sueño del eterno superhombre.

 

Divina es tu mirada

marica clandestina

Divina son tus sueños

reflejados en tu baile.

 

Divina es la vida que se acaba,

renace y se vuelve a travestir de fama.

La noche se llenó de estrellas rosas.

Hermosas las locas llegaron al santuario

de la pose de un universo alterado.

Eran ninfas y eran diosas, eran la contracultura

del maquillaje, pelucas y tacones de impacto.

Eran las Divinas, las drag queen de bronce, zafiro y plata.

La noche se traviste de fantasía,

eres vida que se vive Divina.

 

Eres la fama, la gloria y la historia de tanta persona Divina

Eres el lugar donde las reinas bailan,

eres el lugar donde los hombres posan,

eres el centro del universo corazón multicolor.

 

Divina es el lugar en donde todos pueden triunfar.

Es el hogar de una generación diferente,

es el hogar de una generación degenerada,

es el amor de un mayate o la victoria de una inventada.

 

Divina es la noche travestida de estrella, es el lugar de pasarela,

es el antro de nuestras vidas.

 

 

 

Meneses sabe retratar la vida nocturna y sus propios móviles, su estética del deseo y lo clandestino, al tiempo que su voz poética reclama espacios alternativos para las relaciones no siempre amorosas; su solidaridad se vincula con los cuerpos marginados y es igualmente el aliciente para abofetear a una sociedad hipócrita y enferma que desde el (nuestro) nacimiento diseña prácticas, discursivas e imaginarios donde la naturaleza sirve de soporte a las construcciones sociales que el poder exige.

 

 

Pero yo no creo que seas malo cuando me abrazas con ternura,

cuando en la oscura habitación me cuentas tus historias.

Dicen que sólo te utilice y goce, que no te dé mucho dinero

y que tampoco me haga de ilusiones.

Pero yo creo que cuando me pides que te haga el amor

con esa frágil y delicada voz de hombre con la que asaltas a otros hombres

conmueves mi mirada y te penetro

sin decirle a nadie que me robaste el corazón;

que no eres verdaderamente activo,

que no tienes la verga grande,

que no eres ese animal fornicador

que no eres igual a tu padre­bestia que lastima sus manos de varón,

que no eres malo a pesar de haber despojado vidas,

que eres el amor de mi vida.

 

Dicen que cuando un chacal se enamora de ti descubres lo que es el amor.

Yo lo descubrí cuando miré tu cara fría pegada        

en el asfalto

Mojada con tu sangre,

mojada con tus lágrimas que limpiaba en esas noches de motel.

Nadie te lloró, ni tu golpeada madre abnegada

ni tu padre­bestia que lastima sus manos de varón.

 

Te volví a ver por última vez en el periódico

La Prensa

con las últimas palabras de un epitafio feroz:

«Mataron al Brayan».

 

 

 

Los términos pasivo o activo en las relaciones; las alusiones al gran carnaval de los cuerpos, las drogas y la violencia que en sí mismos destruyen; las etiquetas hacia sus formas hierofantes que las vuelven divinas trascienden al circo especulativo de la moral en turno. La realidad se forja desde adentro, desde aquello que no queremos mirar por miedo, y ya no hablemos de pasar de simples espectadores a ocupar un espacio más activo. Pero este libro ayuda a cruzar los espejos rotos que día a día nos alejan de convivir, a fuerza de utilizar este otro nuestro aún cotidiano lenguaje que concibe la diferencia como anormalidad y no como la multiforme realidad que nos construye.

 

 

Belleza mexicana tiene tu virginidad hermoso joven

que aún no cumple la mayoría de edad.

Tu cuerpo de ninfo parece caliente

tu piel lampiña aún no florece con pelo

tu imagen nos precede desde 1901

en el famoso baile de los 41.

En un círculo ritual de manos que tocan por primera vez tu verga

de lenguas que lamen por primera vez tu cuerpo

de penes que te penetran por vez primera

de ruidos que gimen por primera vez en tu boca.

 

Eres el origen de la perversión naranja media que estalla cascada blanca.

Sacrificio de Niño Dios. Eterno retorno al vientre materno

Provoca la luz de tu salida.

Ofrenda de pureza cuando pariste sangre

                                                     efebo, mi amor.

 

 

 

La función del poeta es convertir la lectura de un libro en la lectura del mundo. Sin embargo, no es la vida lo que logra transformar el poeta; sino que apenas transforma su universo poético, éste su motivo de reflexión, de asombro y tragedia. Y aunque resulta difícil separar la obra de su autor, esta poética crea también su propia escenografía y sus actores, pues hay una empatía con el sujeto y el objeto de su creación, una identificación plena con la comunidad que lo forma y lo confronta:

 

 

 

Cuentan que por ahí de las 4:00 o 5 :00 am te llevaron al cuarto oscuro

que se parecía a tu cara:

tenía sombras, misterios, cicatrices y sangre.

Cuentan que abriste su boca para inundarlo con tu carne:

al fin erecta la rabia de 29 fingidas eyaculaciones en un cuerpo de mujer.

Te dejaste descargar en las entrañas de un hombre con tu sexo de varón,

en el after de tu cara con las cicatrices y sangre del terror.

Llegaron los señores de la limpieza a cagar el cuerpo para echarlo a media plaza.

El agua limpió las cicatrices y la sangre, pero no pudo limpiar tu sexo de varón.

Hombre alto de cicatrices y sangre, te tomé una foto besando al cadáver de tu erección.

Era un chico guapo, era un hermoso varón.

 

 

Por otra parte, una cronología de la angustia existencial se plantea en el poema “El último Drag Queen de Tepito”, éste pleno de temor y temblor, y donde el poeta trata de hallar la verdad en sí mismo. Como decía Sartre, “el hombre toma conciencia de su libertad en medio de la angustia”, por lo que sin duda podemos percibir en esta cronología además sentimientos de vergüenza y desasosiego, la evidencia también de una sensación de esclavitud y de opresión ante la mirada ajena, esa que se encarga de construir “valores absolutos” de comportamiento; si bien, finalmente, el personaje de este texto no decide donde nacer ni la razón de la desigualdad en su entorno, pero sí decide trascender su condición animal, no dando la vida sino arriesgándola, desafiando y cuestionando el orden y la moral establecida, y es en ese plano que ningún reproche puede alcanzarlo:

 

 

 

1988

 

Nací en el Hospital de la Mujer porque mi madre no tenía dinero. Ya eran 4 hijos, y a mi padre ya no le alcanzaba. Mi madre trató de abortarme, pero no pudo. Cuando nací se dio cuenta que era diferente y se culpó a sí misma de haber parido un bebé homosexual.

 

 

1988

 

Mi madre limpiaba la casa de su hermana. Mi tía era esposa de un vendedor de droga que se apiadó de mi mamá.

 

 

1989

 

Mi padre trabajaba y mi madre resguardaba el dinero mientras me cuidaba. Mi primer recuerdo eran los brazos de mi mamá cargándome. Después supe que tenía dos hermanos machos y una hermana hembra, un padre macho y una madre diferente que lloraba por haber parido un bebé homosexual.

 

 

2006

 

No podía ser homosexual porque la gente moría de balas. Recuerdo que una vez un sicario acarició mis nalgas; yo era pequeño e indefenso, y él grande y peligroso. Lo miré con miedo mientras se burlaba porque era homosexual. Iba a la escuela, pero no estudiaba. Tenía una hermana hembra y tres hermanos machos, una madre diferente y un padre macho preso. Mi madre dejó de llorar y pidió ayuda al narco más poderoso del lugar.

 

 

2009

 

No he podido ser homosexual.

 

 

2010

 

En esa noche oscura cuando mi madre diferente se iba a divorciar de mi papá le dije que yo sabía que mi madre lloraba por haber parido a un bebé homosexual. «Mamá, soy homosexual». Volviste a culparte en esa noche oscura y decías que era tu culpa, que tú trataste de curarme con tu amor, pero que no fue suficiente. Que te cansaste de la pobreza y que no querías que tu hija hembra y tus hijos machos pasaran hambre. Me contaste que el esposo de mi tía te enseñó de sustancias y química, pero antes ya sabías de enfermería. Me contaste que cuidabas a enfermos de VIH Sida en el picadero de la esquina. Tenías miedo porque un bebé homosexual estaba destinado a ser un toro asesinado, un día, la vida no será esa corrida cruel donde el hombre macho me lastime con su estocada. Ese día, madre, dejarás de llorar por haber parido a un bebé homosexual.

 

 

2011

 

Empecé a ser homosexual.

 

 

2020

 

Desde que nació, un número predispuso su destino, cuarenta y uno. Jugando entre jotitos, futuros malandros y narcos, fue separado con violencia y un vestido rojo. Con los años se dieron cuenta de su diferente alegría y se dijeron a sí mismos: «si vas a jugar a la comidita, vestida de niña lo harás, niño marica». Aislado, aislado como los pájaros sin nido, con las manos atadas al pito, y las lágrimas derramadas al sembradío oculto. Amapolas tristes crecieron bajo los altares del hogar de un ninfo marchito. Y siempre fue raro, alejado, repelido por los tepiteños y golpeado por los futuros chacales que después le darían sus caricias, sus besos y su pulque blanco como ofrenda de su piel prietuzca.

 

Engordado sin poder volar, onanista, su cuerpo crecía bajo el crimen, la sangre y uno que otro cadáver en la puerta de su ano bendito. En el círculo de la ignorancia, se dio cuenta que ese no era su Destino tal cual, tepiteño pegado a su puesto, un diablo, la mona y el alma pacheca. Buscó respuesta en el único lugar donde se refugia la verdad y la miseria, en el triste arte de los poetas; en la piratería de las palabras y los roces por debajo de una mesa. Aprendió a ser marica de alto rango, con una sarta de libros y falsos amores que prometen vidas que no sufren la realidad del barrio. Con el tiempo la guerra llegó a Tepito y sus flores masculinas se hicieron cenizas, sicarios sin alas, miserables cadáveres de agonía. Y fue amado por los chacales que dieron su vida para perdurar la flor de la mariconería de este joven que seguía y seguía jugando entre jotillas, malandros y narcos. Sus hermanos decían: droga no venderás, es oficio de machos. Los poetas decían: «versos no venderás, es oficio de artistas, tú eres de barrio... torcida». Y al no tener un lugar en el mundo, ni con los machos ni las machas ... Y al no tener lugar en el mundo, ni con los maricas de bajo y alto rango, decidió seguir pirateando palabras y palabras, besos y caricias hasta encontrar la respuesta a su vestido rojo de niña.

 

Con el paso de los años, se convirtió en el hombre de las mil derrotas, y en la peor guerra llevó fotografías de quimeras a funerales de nota roja. Tenía más muertes que poemas, más muertes que orgasmos, más muertos que todas las balas disparadas en el barrio. Y tomó toda violencia junto a la piedra, cocaína y marihuana; toda la sangre sabor a activo y todas las armas en su vestido para convertirlo en una falda rojo pureza. Se pintó la cara, se puso guapa, carnosa, sabrosa; con tacón de aguja larga y una peluca rubia dorada. Con una banda de guerra se fue a representar al barrio que moría, porque Tepito no es orgullo y memoria, tampoco dignidad ni resistencia. Tepito es la tumba de todas las cosas buenas, un pabellón de maricas muertas, un falso anuncio de los mejores chacales envenenados por su propia leche. Tepito es el clóset de los narcos, el aborto de las putas y la diarrea de los infantes, el soberano pederasta; Tepito es el VIH de su propia libertad y el sida de su sociedad. Y con toda la ira del mundo salió a enfrentar el precio de una caricia, el asesinato de un beso y la masacre del amor, porque en el rechazo y la hipocresía de una sociedad vendida, ella es bendita entre las vestidas.

 

Ella es: Lady Tepito.

 

 

 

 

Es así, querido lector, que este es un poemario en el que debe leerse también entre líneas, ya que debajo de cada palabra hay una realidad que se nos revela, y más allá de los cuerpos y las pasiones existe un drama mayor que nos aqueja… Porque en la palabra “puto” cabemos todos; porque en cada alma quebrantada y violentada, cualquiera que sea la máscara, somos todos la palabra “puto”. Puto, es el futuro.

 

 

Una generación degenerada

 

Esta es la historia de una generación degenerada que vino al mundo llorando

porque sus padres no querían que fueran putos.

Esta es la historia de un millón de muchachos que fueron golpeados con las palabras.

Esta es la historia de una ciudad que después de 100 años se cansó de que los llamaran putos.

 

Todos nos enfrentamos a nuestras madres, padres, hermanos y hermanas

con la frente tatuada, con la palabra puto.

Salimos a la calle a buscar lo que la vida nos arrebató.

­Un poco de dignidad a nuestra palabra puto­.

 

Y crecimos en la guerra contra las drogas, y crecimos en la guerra de los machos

con ojos que da pánico soñar;

con un arsenal de jotería y tacones de impacto, travestismo de fantasía y diseño de moda:

la revolución sí necesita peluqueros,

sí necesita de hormonas y cirugías,

sí necesita del amor entre dos hombres a plena luz del día:

sí necesita el amor de dos padres que se besan o dos madres que se besan.

 

Esta es la historia de una generación degenerada

que un día, se cansó de que le gritaran puto en la cara,

se cansó de tener que arriesgar la vida por un beso o una

carterita, se cansó de tener    que escribir poemas hipócritas en donde

el amor no se lee entre líneas.

 

Esta es la historia de una generación degenerada que ya no les tiene miedo a los heterosexuales,

ni a sus golpes, ni a sus palabras;

Ahora, su respeto nos lo pasamos por las nalgas. Esta es la historia de una generación degenerada a la que el sida ya no mata.

Esta es la historia de una ciudad conquistada entre un genocidio,

un virus de muerte, y el suicidio como el alivio a la muerte.

 

Esta es la historia de un país hipócrita que nos dio derechos a cambio de dinero,

dinero rosa con el que los bugas siguen siendo igual de bugas,

homófobos del respeto que seguimos pasándonoslo por el culo;

su culo negro que le hace falta ser un poco rosa.

Esta es la historia de un millón de mujeres que se cansaron de decirse mujeres

para ser lenchas, camioneras, tortilleras...

 

 

Esta es la historia de una generación degenerada que se atrevió a amar de otras formas, sin mentiras, ni falsas familias que oran a Dios vida, gracia y fortuna.

 

Esta es la historia de una generación degenerada que denuncia a la iglesia

por ser una sucia perra pederasta, que protege con su capa a políticos, empresarios y curas que se empeñan en manchar        nuestra cara,

nuestro nombre y nuestra palabra puto.

Somos la historia de una generación degenerada que vive en libertad

cargando con orgullo la palabra puto. Somos la historia.

Somos, una generación degenerada. Somos, la palabra puto.

Puto, es el futuro.

 

Educación y modernidad: una perspectiva de la enseñanza

Jesús Arturo Bracamonte Terán

 

 

Introducción

No quisiera comenzar este ensayo partiendo de los aspectos negativos que existen actualmente en la educación, pero creo que son ideas fundamentales para entender lo difícil de lograr un cambio significativo. Partiendo del supuesto de que el sistema educativo actual no genera los frutos esperados, surge la pregunta: ¿de quién será la culpa? La respuesta de muchos será: el maestro, pero son el profesor y el alumno los elementos esenciales del sistema educativo y claro, creemos que si el alumno no comprende los contenidos de la asignatura es culpa del maestro.

Y surgen comentarios como “de seguro no enseña bien” o “no tiene vocación”; mi intención no es desacreditar ninguno de estos comentarios ni restarle importancia al papel del docente, sino todo lo contrario. El maestro es un elemento fundamental para el desarrollo de los aprendizajes de los alumnos, pero no creo que sea la razón principal por la que no se esté logrando el cambio que queremos en la educación.

No podemos cambiar la normatividad ni la forma en la que la sociedad ve al maestro, aunque considero que son los motivos centrales del por qué es tan difícil la innovación educativa. En este trabajo pretendo hacer una reflexión de nuestra práctica docente, del por qué estamos enseñando mal la física (o cualquier otra asignatura), de los bajos niveles de cultura científica que existen en nuestro país, y de cómo podemos —nosotros los profesores— aportar nuestro granito de arena para la mejora continua en la educación.

Porque creo, al igual que muchos profesionales de la ciencia (incluidos maestros), que “Un pueblo educado es más justo más honesto más responsable y menos vulnerable” (Santaolalla, 2018).

 

 

Desarrollo

 

Siendo los maestros un elemento clave en la educación no podemos iniciar el ensayo sin hablar de ellos. Los maestros son acompañantes que nos guían en el camino del conocimiento y a través de sus enseñanzas nos permiten lograr el aprendizaje. A lo largo de mi vida académica y profesional he tenido la oportunidad de conocer a maestros excelentes, de los que te motivan, alimentan tu curiosidad y las ganas por aprender más, de acumular conocimiento.

En particular recuerdo a dos profesores que marcaron significativamente mis estudios, por ser irreverentes, rebeldes y obviamente por su forma de enseñar y de entender el mundo. Así como me ocurrió a mí, también les sucedió a muchos otros estudiantes a lo largo de su transitar académico. Solo por mencionar a algunos tenemos a Albert Camus quien tras ganar el Premio Nobel de Literatura en 1957 escribió una carta agradeciendo a su profesor de colegio: “Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto” (Camus, 1994)

Para entender la influencia de los maestros sobre los alumnos tenemos que remontarnos a la antigua Grecia, con Tales de Mileto precursor del pensamiento científico y filosófico; fue discípulo de Anaximandro y tuvo como alumno al mismísimo Pitágoras fundador de la escuela pitagórica. Sócrates fue maestro de Platón y éste a su vez, maestro de Aristóteles quien tuvo como pupilo a Alejandro Magno (Santaolalla, 2016).

Dentro del ámbito científico también existe una clara influencia de los profesores hacia los alumnos, tomemos como ejemplo a Michael Faraday, un físico ingles que con sus contribuciones

sentó las bases de lo que hoy conocemos como electromagnetismo. Sin embargo, comenzó sus estudios a raíz de las conferencias de Humphry Davy (quien en realidad no era un científico brillante, sino buen comunicador) impartidas en la Royal Society (Forbes, N., & Mahon, 2014).

La historia de la humanidad es la historia del aprendizaje y el conocimiento, de la relación que existe entre el alumno y el maestro, pero particularmente de la transmisión de sus saberes. En palabras de Henry Adams “Un maestro afecta la eternidad, él nunca sabe dónde termina su influencia” por lo tanto, un buen profesor es la clave en el éxito posterior de los estudiantes brillantes.

Es evidente que no solo el profesor es responsable del aprendizaje, también lo es el alumno, el cual tienen una visión muy distinta de lo que significa ser un buen maestro. Si visitáramos un salón de clases para preguntar a los alumnos ¿Cómo te gustaría que fuera tu profesor? Obtendríamos respuestas muy distintas. Para algunos sería importante que su profesor explicara bien, a otros les gustaría que fuera más accesible, que resolviera las dudas de la clase, pero creo que muchos preferirían que no dejara tarea.

Esa última frase engloba muchos de los prejuicios que tiene la sociedad acerca de los maestro, ya que tanto los alumnos como los padres de familia determinan qué tan bueno es un maestro dependiendo de la cantidad de tarea que deja. Para los alumnos, el profesor que no deja tarea es bueno, es considerado y hasta “buena onda”. Para los padres ocurre lo contrario, si un maestro no deja tarea es flojo, o “barco”.

Estas ideas contrastantes reflejan la falta de visión y entendimiento de la función del maestro en la escuela. ¿El dejar tarea es sinónimo de ser buen maestro? Pero que no sea demasiada porque entonces nos volvemos exigentes y poco empáticos con las necesidades de nuestros alumnos fuera del salón de clases. Estas creencias equivocadas solo pueden ser producto del desprestigio de la labor docente en los últimos años, sumado al uso indiscriminado de la palabra educar.

Educar significa dirigir o encaminar a una persona hacia el desarrollo de sus facultades intelectuales y afectivas; los profesores no son los encargados de educar a los alumnos, no están capacitados para eso, sino para instruir a los estudiantes en los contenidos acerca de las distintas asignaturas que están en los programas de estudios. Por tanto las escuelas no pueden sustituir lo que es responsabilidad de las familias (Saramago, 2013). Sin embargo existe la creencia equivocada de que el profesor debe instruir y educar a los alumnos dentro de la jornada escolar.

La imagen del maestro ha ido deteriorándose, ya no existe admiración por su labor, como hace un par de décadas se tenía, se menosprecia su trabajo dentro y fuera del aula: la búsqueda de nuevos materiales, la elaboración de las actividades para la clase, la revisión y corrección de los trabajos y tareas. Y eso se nota en sus salarios, en sus prestaciones, se les acusa de trabajar pocas horas y ganar lo mismo de quien trabaja ocho horas. Sin considerar que los maestros tienen que estar frente a más de 15 niños o jóvenes, y lo cansado para la mente que eso es. Además de lo difícil que es lograr, que todos los alumnos muestren interés sobre los contenidos de la asignatura que se decidió son importantes de enseñar (Ravela, P., Picaroni, B., & Loureiro, 2017).

Nadie dijo que enseñar fuera fácil pero no tiene que ser una tortura. El exceso de carga normativa que se le exige actualmente al profesor, es una de las principales causas por las que la profesión se ha vuelto insufrible. Además de la descalificación de todos los días en los medios de comunicación. No pretendo cambiar la normatividad ni extenderme en el tema de las evaluaciones, las cuales creo al igual que mis colegas docentes, son una carga extra para los profesores, pero es evidente que estas cuestiones afectan directamente en cómo los profesores imparten sus clases.

Deberíamos pensar en un nuevo modelo educativo ya que no podemos seguir utilizando un modelo “viejo” o “tradicional” que te prepara para una realidad laboral que ya no existe. Hay una amplia área de oportunidad con las plataformas interactivas de streaming en la que se puede trabajar y “monetizar” tu talento. Además de todas las herramientas disponibles en “línea”, tema interesante que bien podría profundizarse en otro trabajo.

En lo que si quiero enfocarme es en los contenidos que se enseñan, la forma y el contexto en el que se hace. Los contenidos en ciencias, principalmente en física son contenidos viejos, nos hablan de una ciencia antigua en la que ya no existe nada más por descubrir. Me queda claro que cada profesor puede incorporar temas de interés actual, los maestros pueden hacer la planeación de las clases acerca de acontecimientos importantes, como la publicación de la primera fotografía de un agujero negro.

Por otra parte considero que la forma en que se enseña actualmente estas y otras asignaturas, como la biología o la química afectan directamente a los pocos alumnos que tienen interés en estas ciencias, y más aún a los estudiantes que no lo tienen. Muchas veces el profesor llega a la clase a plantearte como resolver un problema que ni siquiera conoces, que no te lo habías planteado y peor aún: que no te interesa. La forma en la que se da la clase no es nada parecido a la vida real.

En lo que se refiere al contexto me parece que los problemas están totalmente desconectados de la vida diaria del alumno, son problemas abstractos que no tienen ningún valor práctico, por lo tanto deberíamos estar desarrollando nuevas formas de enseñar las ciencias en donde sean más prácticas y apegadas a la vida real. ¿Por qué no enseñamos a los alumnos a qué se dedica un físico? o ¿por qué los obligamos a memorizar conceptos y resolver problemas de manera individual y además sin el uso de calculadora?

Me parece negligente de nuestra parte enseñarles (u obligarlos) a trabajar de esa manera si en la vida real no es así. Porque, seamos honestos, en ningún trabajo nos prohíben el uso de las calculadoras o el uso de herramientas como el internet para resolver los problemas que se nos presentan durante el horario de trabajo. En el caso de los físicos teóricos que investigan las formas de resolver ecuaciones se les permite buscar en libros, artículos e inclusive consultar con otros colegas, ¿Por qué a los alumnos no?

Considero que, si de verdad nos interesa formar a los alumnos para la sociedad, es nuestro deber enseñar a cómo consultar e identificar información correcta, porque ya no es necesaria la memorización si tenemos acceso rápido a todos los saberes mediante el uso del internet —a menos que no tengamos acceso a internet. Me parece que una propuesta sensata seria utilizar estas herramientas para promover el interés hacia las ciencias (y otras asignaturas), y aprovechar el auge que han tenido las plataformas de streaming en los últimos años, como un buen primer paso para mejorar nuestra práctica docente.

 

 

Conclusión

Romper con los prejuicios y los malos hábitos en la profesión no es tarea sencilla; requiere de análisis profundo y una reflexión sincera de nosotros mismos como maestros. Recientemente escuché la frase: “Sé el profe que siempre quisiste tener”, si bien, es una cuestión muy personal que puede variar enormemente según la personalidad de cada docente, creo que es algo que se puede lograr.

Es evidente que no podemos enseñar a nuestros alumnos de la misma forma en la que nuestros profesores nos enseñaron. Pero tomemos las cosas buenas para adaptarlas a nuestras clases, por ejemplo, la forma en la que captaban nuestra atención, o la manera en la que explicaban como resolver algún problema o ejercicio.

Muchas de las escuelas en las que trabajamos no han cambiado respecto a la infraestructura o en el ámbito tecnológico (¡aún seguimos utilizando el pizarrón con gis!) considero que la forma en la que los estudiantes aprenden hoy en día, es muy distinta a como nosotros lo hacíamos antes, por lo que debemos adaptarnos. Utilizar las redes sociales y las plataformas interactivas para atraer la atención de nuestros alumnos, ya que la mayoría posee un teléfono inteligente conectado a internet en el cual pasa la mayor parte de su tiempo, ¿Por qué no enviar contenido de nuestras clases a través de estos dispositivos?

Recientemente han surgido canales como Date un Vlog, Quantum Fracture o C de Ciencia cuyo contenido me parece interesante y apropiado para explicar de manera creativa algunos conceptos abstractos ¿Por qué no utilizar estos recursos que ya existen para nuestras aulas? O mejor aún ¿Por qué no crear nuestro propio contenido?

Esto no significa que nuestras planeaciones deban estar enfocadas en la proyección de videos, ya que de nada va a servir el interés que generen estos contenidos en los alumnos si no se explotan debidamente por el maestro.

¿Cómo serán las clases dentro de 20 o 30 años? Probablemente iguales que ahora y eso me entristece.

 

Literatura citada

Camus, A. (1994). El primer hombre.

Forbes, N., & Mahon, B. (2014). Faraday, Maxwell, and the electromagnetic field: how two men revolutionized physics.

Ravela, P., Picaroni, B., & Loureiro, G. (2017). ¿Cómo mejorar la evaluación en el aula. Reflexiones y propuestas de trabajo para docentes.

Santaolalla, J. (2018). Youtubers por la EDUCACIÓN PÚBLICA. recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=zRCEXwTuTro

Santaolalla, J. (2016). El bosón de Higgs no te va a hacer la cama: la física como nunca te la han contado.

Saramago, J. (2013). Democracia e universidad

 

Poesía frente a la 4T

HOMENIC FUENTES

 

 

La poesía domesticada no es poesía. Cantarle al régimen cualquier que esté sea es una vendimia atroz. La poesía es una expresión nacida de un corazón en pugna contra toda imposición por muy noble que está parezca. No hay leyes ni enmiendas ni jefe de estado que pudiera emitir un memorándum a favor de legalizar la poesía cuando está se nutre de la clandestinidad y la resistencia, sería un absurdo. Lo que si han hecho es legalizar La infamia imponiendo a veces con sutileza y otras con prepotencia una línea de pensamiento.

El poeta podrá sobrevivir en el sistema político, social,  religioso que haya elegido. Pero la poesía solo podrá tener razón de ser si está viene de un corazón crítico en medio del conflicto. En estos tiempos donde la 4T es un emblema de transformaciones y libertades y un festín de triunfo contra la derecha. La responsabilidad social del escritor no debe caer en la tentación de ser aplaudidor. Recordemos que la ausencia crítica es una realidad que nos habla de la crisis que estamos. Hay que tener cuidado de que la palabra no debe politizarse, creyendo una verdad histórica oficialista y manipulada. Hay muchos autores y muchos libros siguiendo el cliché de publicidad y mercado que ahonda en lo trivial ya que hay un grupo de poder que controlo los deseo y la mente del poeta. Y la 4T no esta exenta de permear un pensamiento a modo.

 

Si hay un poeta que escribió contra la dictadura de Franco es nuestro gran poeta Pablo Neruda que escribió versos desgarradores.

 

 

Solo y maldito seas,

solo y despierto seas entre todos los muertos,

y que la sangre caiga en ti como la lluvia,

y que un agonizante río de ojos cortados

te resbale y recorra mirándote sin término.

 

 

 

Pero las cosas cambiaron tiempo después con la dictadura de Stalin. Pablo Neruda pensaba que la única fuerza ideológica era el marxismo mostró un apoyo contundente a Stalin al grado de escribirle un oda que a decir verdad al principio nunca vio a este hombre como tirano, pero después su poesía se vio afectada por el realismo socialista.

 

 

Stalin alza, limpia, construye, fortifica

preserva, mira, protege, alimenta,

pero también castiga.

Y esto es cuanto quería deciros, camaradas:

hace falta el castigo

 

 

La idea de este articulo no es hablar de Neruda y sus vicisitudes políticas. El objeto del pensador y el poeta es la denuncia hacia actos practicados contra la población por parte del Estado y sus representantes, es decir, aquellos que estaban o están a cargo de proteger a las personas, los derechos civiles y las instituciones y que han incumplido penalmente este compromiso.Hay que tener cuidado de que la palabra no se politice, creyendo una verdad histórica oficialista. El poeta puede olvidar pero la poesía jamas vera que el olvido sea una curación al contrario es una represión no resuelta. La poesía es rebelión contra el estado nos dice ANGÉLICALIDDELLL y continua diciendo: el poder no se combate con un teatro político canónico sino con uno con valor estético y poético no se pueden sustituir los criterios estéticos por objetivos sociales, porque precisamente el problema de la belleza es lo que nos pone en contacto con lo más oscuro del mundo, es lo que nos define y nos funda, y es la verdadera rebelión. Es una realidad que el discurso oficial trata de escribir la historia de acuerdo a los intereses de la ideología dominante.Es así que no debemos engancharnos a la 4T por mucho que la mayoría la vea con buenos ojos. Tampoco se trata de ir en contra ella y difamar por difamar por tener ideas contrarias. La idea no es denostar el proceso de la 4T. Pero Acabo de leer un articulo escrito Por: Aldo Pellegrini titulado: “ Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles” les dejo un fragmento que debemos leer todos aquellos que estamos dentro del compromiso con la poesía

 

 

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

 

 

La premisa es no equivocarnos es ir más allá del placebo institucional. El poeta tiene el trabajo primeramente de observar el mundo a modo de autopsia llegar a lo profundo para dar lectura a todo aquello que escapa a la mayoría de la gente. El compromiso intelectual es reconocer la representación del universo que la alumbra. Por lo tanto la poesía debe ser un arma letal no un producto de bisuterías. Debe ser una puñalada y no un barco de papel que va a donde lo lleva el viento. El poeta debe sumergirse en una sociedad resquebrajada hacia el bagaje ético que se encuentra irremediablemente bajo la superficie. Es la defensa de la utilidad de la poesía que muchos niegan.

Hoy en México la 4T ha traído consigo vientos de cambios pero también un ambiente hostil. Una pregunta forzada ¿ el poeta donde está situado el día de hoy? En la banca partidista o en la inminente realidad que nos abraza.

Viernes, 05 Julio 2019 05:01

EL OTRO ESCENARIO / Homenic Fuentes /

 

 

EL OTRO ESCENARIO

Homenic Fuentes

 

 

 

Esta vez, el último momento  de su transformación y el más placentero fue cuando acomodó la peluca en su cabeza. Dejaba de ser Fabián, para convertirse en uno de los tantos payasos del circo. Enseguida ajustó alrededor de su cuerpo los tirantes. En el camerino, las pinturas y cada uno de los utensilios para el maquillaje esperaban. Miró a través del espejo un rollo grande de cinta adhesiva y pensó brevemente que desentonaba con todos los objetos multicolores. Sin dejar de mirar en el espejo se llevó las manos al cuerpo, sintió una pesadez aprisionando el pecho y su espalda. Hecho un vistazo  al reloj,  un tic tac  no audible se aferró al corazón. Pero esta vez se sintió un payaso perfecto, los grandes zapatos. El enorme traje y  un mínimo movimiento de boca y las líneas marcaban uno redonda sonrisa. Hoy sería un gran día. Camino al escenario hizo un recuento de su viacrucis. Primero las vejaciones en los autobuses intentando hacer reír a todos los pasajeros, para luego recibir a cuenta indiferencias. Luego, las fiestas infantiles a domicilio, ¡cuantas veces lo habían echado a patadas por su aliento alcohólico. Después los burdeles precarios, oliendo a orines. Corriendo  la pintura del  rostro en una vagina oxidada. Las imágenes asquerosas de su vida, serían reivindicadas, nada ha sido en vano. Hoy será un gran día, el odio le brota como agua bendita de las heridas.

 

La función comienza, el payaso brinca, grita, se divierte por primera vez. Aplausos, bravos, carcajadas saliendo de su cauce. La rutina la sabe a la perfección, tantas veces al día, a la semana, al mes, al año… Las personas de pie aplauden, él logra ver los rostros alargados, los cuerpos doblados, y es entonces cuando entiende la verdadera razón del circo: desquiciar, al espectador llevarlo de la mano al sitio más oscuro de su ser para hacer brotar la gran verdad: el gran ridículo de nuestra especie.

 

Los hilos se mueven. El payaso siente un leve roce de la cinta adhesiva  pegado al cuerpo. Las luces se dirigen a él para la gran despedida. Levanta las manos, recibe  los últimos aplausos mientras un olor a pólvora lo desintegran. La explosión extiende sus dedos incandescentes. Hilos delegados de sangre brotan  a velocidad de los oídos, en seguida el circo destrozado, cuerpos mutilados, Mano, hígados, páncreas, dedos, ojos regados por el suelo. Los colores carmesí salpica la vista, el humo crece y forma una gran carpa espesa y negra sobre los cuerpos. El bullicio y la sicosis se desbordan y en el ambiente el gran acto: un payaso desde el otro escenario

                               cuelga

                                         efusiva

                                              carcajada.

 

 

LOS HIJOS DE LA NOCHE

Homenic Fuentes

 

Los hijos de la noche no duermen, son insomnes criaturas que, descarnados, hablan de los senderos oscuros del alma. Para ellos, el dolor y el amor son como una música suspendida en las bóvedas de cristal de la desolación. La noche es el misterio, el lugar donde las pasiones buscan su intimidad, ahondando en las profundidades del corazón.

El poemario Los trabajos de la noche (Homenaje a Alejandra Pizarnik),* escrito por Paul Sanda, apuesta desde el principio a la transmutación de la palabra de la ya icónica poeta argentina, encarna en ella y mira como quien ve sus propios abismos, si bien asomándose al espejo del otro; es, por tanto, un homenaje donde autor no duda en hacer de esa noche su propia oscuridad. Pero he aquí que no estamos ante una vulgar copia y ni siquiera ante una esforzada reinterpretación, sino que nos situamos ante un autor que camina en la misma dirección, afrontando –a su vez– la realidad inasible que lo abraza. Siguiendo las pisadas de Pizarnik en Los trabajos y las noches, Sanda retoma incluso los títulos de los poemas que aquella datara en 1965, pero al mismo tiempo ejerce una alquimia sobre sus más lúcidas sombras.

 

 

Poema

 

Escucha lo que se tiende bajo nuestra noche – el mar, Alejandra,

& una iglesia donde va el tiempo a demorarse. Para el poema,

la carne va a llorarle a las olas & a las noches,

a las sombras; nuestro gozo se purificará en la belleza...

 

 

La belleza es el advenimiento de lo terrible. El lenguaje, una tenacidad que horroriza pues en él queda marcada la identidad existencial, justo frente a la realidad poética que configura al ser. Así las interrogantes subsecuentes vienen a ser: cómo escapar del ritual de los sentidos, cómo huir de la poesía blanca llena de accesorios y llegar al verso más límpido posible…

 

 

Los trabajos y las noches

 

Como una manada que se aleja en el monte,

nos adentrábamos nosotros en las huellas.

Ah, ¿por qué elegir el horizonte de las lejanías?

 

Porque una mañana –& ahí estaba el misterio –

recobré su única ofrenda; había aprendido

a mentir, para padecer y que algo ocurriera:

ternura, convalecencia... & y la lluvia que pasa.

 

Y luego el rencor, & el amor con grandes harapos blancos.

 

 

El poeta advierte –sigiloso– que no conviene escoger la puerta falsa; lo mismo que no se debe depender de quién esté o se quede del otro lado. De ahí que su oficio ha de ser el de un lobo errante que anhela encontrar-mostrar lo que no ha sido visto. Los sentimientos padecen la contrariedad de amores inconclusos; lo anima, en cambio, la sed por el misterio, lo peligrosamente oculto en un horizonte lejano. El amor, si acaso, se erige en un campo de batalla donde el lenguaje es el instrumento de la muerte.

 

 

Las grandes palabras

 

a Laurence Vielle, como un eco

 

 

La lluvia se curva sobre la pena, oblicua

en la marea baja.

 

Es que las palabras se petrifican

(por fin las grandes palabras):

aman tanto lo que no volverá.

 

 

Y así, aunque el lenguaje se transforma no pueden contener el dolor y queda la consciencia de que las palabras son incapaces de transmitir por escrito la perdida de lo amado. Solo queda el duelo ante lo que se fue, la espantosa realidad de lo efímero, los sedimentos sin escrúpulos de un tiempo perdido.

 

 

Verdad de esta vieja pared

 

Es nuestro muro –contra el que destrozábamos botellas

en nuestra infancia, como un juego indolente;

lo escalábamos como un reto, ese muro –

muro–metáfora. Estaba hecho con nuestras promesas

esparcidas, con una verdad sin elegancia;

(huérfanos de amor) éstábamos ya fríos…

 

 

La fragilidad y la pobreza conforman un artefacto poético que nos presenta un panorama desolador, donde encontramos vidas que no importan y muertes que no deben ser lloradas. Somos huérfanos, dice el poeta sin miramientos. Acto seguido, se difumina en su yo lírico y sólo nos muestra imágenes que se cargan de diferentes significados: qué es el frío; qué son la muerte, el olvido, el frío del silencio y lo absurdo. Pero el poeta no es jamás fiel a la vida; no hay elegancia que lo atesore. Su mirada se pierde en aquello que nadie ve.

 

 

Anillos de ceniza

 

a mi amigo Serge Pey

 

¿Qué son nuestros poemas manchados de caramelo,

esas risas enterradas en la infancia hechas cenizas?

En lo más claro de nuestra mar soñabas, &

en voz alta, pues el niño muerto no se anuncia.

 

Tu fe no nació en la noche, Alejandra

–& íbamos a ofrecernos a los trabajos de la dicha;

te encontraba un poco pensativa, una vez más –

alejada de nuestros compromisos.

El tiempo nos perdió, la revolución nos alejó.

La oscuridad invadió nuestras cabezas,

y somos sin embargo tan valientes.

Morir... gritando en el escenario la potencia

de nuestros deseos, sin despertar a nadie.

 

 

En el siguiente poema vemos aplicado un recurso pizarnikiano, el de fraccionarse: la necesidad de encontrarnos con el otro. La noche domina al hablante poético. Hay palabras que exigen silencio, y es el silencio el que se alimenta de la imposibilidad de comunicarse. Hay una tensión entre callar o gritar. El lenguaje no llega a completar sus expectativas: solo el silencio anuncia al niño muerto

 

 

Cuarto solo

 

Sé que estás sola – ¿que tal vez

gozas de mí, al evocarme? –

pero que ya no habrá nada más en este cuarto;

quise retener los trabajos de la noche,

ya sabes, retener tus manos &

tu nuca (la alegría entremezclada en su belleza)...

Ahora sé que estás sola – que

tu gozo carece de poder – oh,

qué profundo es el dolor; & qué agudo.

 

 

El poeta insiste en un diálogo que los sitúa cerca del inicial discurso, pero no deja de haber una reflexión sobre sí mismo, y puede verse incluso en lo más oculto. Se identifica con aquello que mira porque en ello se reconoce, al tiempo que sigue evocando, en todo momento y casi en paralelo el tono y cadencias de Pizarnik:

 

 

Cuarto solo

 

Si te atreves a sorprender

el sentido de esta vieja pared;

y sus fisuras, desgarraduras,

formando rostros, esfinges,

manos, clepsidras,

seguramente vendrá

una presencia para tu sed

probablemente partirá

esta ausencia que te bebe

 

(Alejandra Pizarnik)

 

 

En síntesis, este poemario es un atrevimiento genuino, respuesta a la crisis interior, al hacer del poema un espejo, pero igualmente un laberinto de espejos adicional, que sitúa al lector frente a una dialéctica de la realidad. La poética de Alejandra Pizarnik se desplaza para dejar espacio a un nuevo sentir, el del poeta que se debate entre su autorreflexividad y el germen de la insolencia que ha de inundar sus versos.

 

Entre tanto, la belleza siempre se burla de la palabra insuficiente para dejar paso al silencio final. ¿De qué hablar entonces? Pizarnik ya nos lo había adelantado: “Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque”.

 

También los versos de Paul Sanda quedan aquí en nuestras manos, como un muerto que lo ha perdido todo.

 

***

 

* Paul Sanda, Les travaux de la nuit. Hommage a Alejandra Pizarnik, traducción de Miguel Ángel Real, Saintes (Francia), Eticiones Alcyone, 2018. Edición bilingüe limitada y numerada. 250 ejemplares.

Miércoles, 16 Enero 2019 05:43

TE ROGAMOS, SEÑOR / Homenic Fuentes /

 

 

TE ROGAMOS, SEÑOR

Homenic Fuentes

 

 

 

 

¿Cuántas veces

se tiene que hinchar mi voz

maldiciendo tu VERBO?

¿cuántas veces?

Blasfemar contra ti, Señor

¿cuántas veces?

Huir de tu inmaculada creación

nacer, crecer, reproducirse y morir

¿cuántas veces, Señor?

Señor, cuántas veces

escupir tu cielo

de pobres y camellos

¿cuántas veces?

Cuántas veces

nuestra costilla hurtada

matarte en vida

piedra sobre piedra

¿cuántas veces?

Desahuciar tu mano santa

reproducir tu imagen en probeta.

Dime (dinos):

¿cuántas veces?

¿cuántas veces?

¿cuántas pinches veces?

Cuántas veces

Alabarte

Glorificarte

Amamantarnos

con tu savia de fuego.

Señor cabrón.

Maestro, hermano mayor.

Cuántas , cuántas, veces…

 

 

 

 

 

 

La levedad del instante

Homenic Fuentes

 

 

 

 

Desde el primer acercamiento se percibe en el universo poético de Hugo Garduño un movimiento constante, cierta turbiedad que, en cierto sentido, sugiere una relación con el tiempo. Sabiendo que la poesía está cimentada por la conciencia de la muerte, Reloj de arena* tiende a explicar la angustia existencial: el tiempo y su relación con la vida; la mirada puesta en el otro, con ese otro que es él mismo.

 

 

Con el mareo impúdico de los tragos diarios

           y la nerviosa abstracción de la hierba.

Con la mirada en blanco nos mirábamos

    sin saber hacia dónde nuestro camino iba.

 

Ahora por ahí ninguno anda.

Cada cual en su sitio ocupó su presente inevitable.

          La lástima surge por saber que de ninguno

                     su destino dio una mínima sorpresa.

No hubo quien se atreviera a dibujarlo

   

Ya lo que sucedió con cada cual no es relevante:

                                        

                                          Ya ni siquiera importa.

 

 

Adentrándonos en tal propuesta, podemos entender ese abundar en el trazo ajeno para ahondar en el propio. El poeta parece inclinado a la destrucción: lo íntimamente bello se aproxima al desbarrancadero de los instantes idos, donde el presente se convierte en despojo. Ahora sabe que es un extraño en el mundo. Ni su destino ni su deber están escritos en ninguna parte. Todo lo que existe es obra del tiempo y el azar y de su propia necesidad de trascender. Al final, hay también solamente un cuadro desesperanzado dentro del cual el poeta se percibe enfrascado en sus limitaciones. A él le toca escoger entre lanzar los dados o desoír el paradigma de un juego perdido.

 

 

¿Qué podrían haberme dicho?

todos esos ojos con los que mi mirada

se cruzaba a diario, porque compartíamos

                                  avatares semejantes

en una extensión corta de terreno

    donde nuestras risas provenían

de una libertad que llevábamos a tumbos.

La versión de algo que nunca estuvo bosquejado.

 

Dentro del reducto donde estuvimos juntos

donde en medio de tan todo poco

    buscábamos una extravagancia.

Que era el desoír al paradigma de los blandos.

Apenas arrancarle al margen una precaria rebeldía;

             aunque no sólo la marginación es destino:

la vista miope también arrincona.

Nadie adivina

ni ve más allá de lo que no puede.

 

En un juego de cartas, en un azar

el resultado no es exacto pero sí previsible

porque con poca apuesta nada cambia mucho.

                       

              Y nada se puede reclamar

           a esos que nunca saben a qué juegan.

 

 

En la poética de este autor podemos encontrar a un explorador de la vida íntima. La expresión de la condición humana es una forma de desnudez en que se manifiesta la palabra. Su integración en ese fondo solitario nos lleva a tener un enlace reflexivo entre autor y lector. Saberse estéril es lo que lleva al poeta a crear, esa es su condena y su galardón. No encaja en el engranaje del absolutismo, se niega cualquier aspiración a la perfección y la eternidad; esa es la respuesta al enigma de su soledad. Lo realmente bello no se encuentra en las manecillas del reloj, pues el tiempo mismo es un artefacto inútil que siempre nos aplasta cuando más creemos poseerlo.

 

 

Con una cuerda corta atada al cuello.

Amarre a lo simple y cotidiano de un encierro.

Con mil puertas ocultas, para ninguna hallarse;

no encontrar una sola, en un dudoso Eureka.

Con la imposibilidad de hacer algún recuento

hasta tener

                          los miembros dormidos ante esa parálisis.

 

Hasta ver en otro, la soterrada mutación;

                                   emboscada del tiempo.

 

Parecía que el tiempo estaba estacionado.

Porque así lo parece cuando éste es inútil.

  Sólo dentro de placer y dicha, sí se nota

        y duele que el tiempo pronto muera.

 

La uniformidad y lo estéril

son losas que casi sin sentir se cargan.

Y nada más se haya plena conciencia de ellas

cuando bajo ese peso             uno termina aplastado.

 

 

La palabra del poeta es la propensión al origen que hiere y desgarra la conciencia. Su palabra es el eco que resuena entre poesía y filosofía. Frente a esta unión la poesía (se) revela (con) su sinrazón; no ofrece consuelo sino incalculables abismos; esto porque la palabra se lanza al vacío para sacar de la nada a la misma nada, para dar rostro y nombrar a lo innombrable. La senda del filósofo queda marcada por la persistente interrogación; el poeta, en cambio, es prisionero del delirio, el asombro, la realidad.

 

 

No se traiciona a aquello, en lo que no se sueña.

            Sin embargo queda como sutil sustancia 

    que siempre flota en el aire con una pregunta

    misma que sombrea el perfil de nuestra vida:

 

                    ¿Qué hicimos?

 

Es nada, es la inconciencia de ni siquiera entender

                                  que algo pudo haber existido.

Para descastarse y con justificación

hacer de cada uno un motín contra las sentencias

de lo inamovible, y no querer vivir donde nada pasa.

 

Generación de apresurados viejos.

        Eternos imberbes de orgullo.

Su semblante muy fácil lo mimetizaron con la jungla

   ésa, que sin que lo notaran, les engulló la médula;

                   fue muy fácil someterlos, aún sin látigo.

Ilusos, se encaminaron a un embustero guiño

                 de eso desechable, que como zanahoria

                   siempre ha hecho correr a los crédulos.

 

Hoy igual que antes, ven con mirada mansa

                                   como precoces viejos.

Con el extraño candor del que nada sabe

y nunca ha sabido. Animal costumbre que sólo en la infancia

                                   es lo natural, siendo después inaceptable.

 

Generación sombreada por la mansedumbre.

Sombreada por una inutilidad conveniente para otros.

          Sus espaldas se yerguen sin saber qué cargan.

Sus pasos andan sin saber para qué sirve esa marcha.

Y se refugian sin preguntar, en el cuadro que les fue asignado.

 

Como débiles a los que los años les agotaron la mente.

  Lo que son y fueron desde siempre les fue ignoto.

                           

                                             Jamás atinaron a reclamarlo todo

                                                                                      pobres.

 

                                                                   Ni siquiera un poco.

 

Lo extraordinario de la poesía consiste en buscar en las dimensiones comunes, donde los demás solo ven la piel, la cáscara; sin reparar en lo que hay detrás de las paredes del ser. Es decir, que lo extraordinario muchas veces yace en lo ordinario.

 

 

Las calles se callaban la ruina.

Detrás de sus muros, puertas y ventanas

  sólo se advertía lo desconocido, neutro.

 

Aún los cielos negros en las noches apresuradas

        nada más dejaban ver el revés  de su manto

para nunca algo adivinarles.

 

Se confundían los ojos con la luz impasible de las lámparas.

                    Con los neones coloridos de oculta decadencia.

                 En un tiempo inútil, sucediéndose en esos rostros.

 

Así los sonidos servían para que nada se pudiera advertir.

        Fueron casi todos, soez parte del tránsito en los días.

         Casi imperceptible, engañoso paso.

 

Todo terminó quedando en un testimonio simple.

    Irrelevante tiempo de consistencia laxa, hueca.

Esa que no se veía, y nunca quiso su piel cambiar.

 

Quizá no se le quería ver su talante y tacto:

           intrascendente, artificial y pegajoso

aunque en su superficie burda podía adivinarse.

 

Aunque nunca asomó completamente su cara de farsa

para que quizá termináramos muriendo de nada enterados.

Sin adivinar nuestra condición de extras en una puesta mediocre.

 

Como otras que se sucedían sin verse, una tras otra;

con casi ninguna alteración en esos remedos de libreto.

Para en esa anchurosa y seca carcajada, ser comparsas de la misma.

 

Y ese cielo cotidiano siempre parecía joven

             con sus noches tibias y mudas al destino.

Y aún ahí puestas, no parecían anunciarse ni caer las señales.

 

Parecía que el tiempo estaba detenido, en una laxitud sin prisa

                                        que poco a poco sin nunca advertirse

habría de ir cobrando todo sin tregua.

 

Calló sus labios la época en que caminamos.

Lo habitual sin sorpresa y sin premura es arena movediza.

Quizá así es, para bajar los ojos y esperar donde nada llega.

 

               Parecía una trampa puesta como veneno lento.

O quizá, de tan ordinario que fue su rostro, en él nada pudo descubrirse.

 

 

Estamos sometidos al poder del tiempo que nos instala en el mundo y, a la vez, nos arranca del mismo, pues estamos determinados tanto a nacer, crecer o envejecer, como también a desaparecer. Pero la pregunta del poeta ¿a dónde ir? no es la pregunta filosófica de quienes buscan respuesta, ni la sumisión a su propio reloj de arena. No hay contemplación hacia el infinito, sino la mera afirmación de que no hay futuro alcanzable. Sólo el peso del sedimento que deja el tiempo en su caminar.

 

 

¿A dónde ir?

 

Herrumbre inacabable de sensaciones idas.

     Escenario reseco de tardes de luz y polvo

acumuladas en un desierto solo que se lleva

en la sombra, en la espalda; en ese lejano brillo

que salta a los ojos cuando éstos parecen ya agotados.

 

Espesura de aguas estancadas

de las que nadie bebe por ser ya demasiado espesas.

           Porque tienen el sabor acre de la vida usada.

Las mil sustancias de todo lo que tocaron.

Y juntas, en su lecho aguardan: son todos los caminos apilados

                                        hechos uno solo, un escombro enorme.

          Contiene la infinitud de gestos que ha expresado el rostro.

 

¿A dónde ir ahora?

En esta estadía que se detiene con el mundo afuera.

Donde las vidas ajenas son de extraños inabordables

        que despiden resplandores tenues pero con filo.

Reflejo de nuestras lejanas épocas que hieren

                                       igual a espejos subterráneos

que en el sol inclemente se desentierran en trozos pequeños que cortan

             con sus destellos intermitentes, para mirar lo que ya no somos.

Todo ello surge para inmovilizarnos las rodillas

                            por la sospecha de caminar otra vez hacia otro fiasco.

 

¿A dónde ir?

Si todo lo que se deseó quedara en el olvido, vuelve punzando

    sin detalle específico, sólo como losa que congela al aire.

Se desea nuevamente la renuncia a todo saber.

                       Pero las piernas se mantienen incapaces

       convertidas en el ancla a un cementerio en desorden

que nunca ha podido irse, engendrando siempre el pánico.

        Ese que permanece oculto tras una pared de trampa

para estrellarnos otra vez, y ahí escribir otro epitafio de otra época salobre.

 

¿A dónde ir?

Un martes u otro día de diferente nombre

cuando no se es libre, sí se está atado lo mismo entre dos días

                    una semana y en cada rincón del calendario.

Donde el prodigio no es más que inaudito

y la crispación, es la misma que sombrea a los miles de cadáveres

                                                                     del tiempo que dejamos.

 

 

Algo de muy elocuente hay en este poemario donde el tiempo es un espejo de doble cara, imagen que me remite a Oscar Wilde y su Retrato de Dorian Gray. Un espejo donde el personaje ve retratado el envejecimiento de su propia alma corruptible en tanto su aspecto físico queda intacto. Lo externo y lo interno de la voz poética se manifiestan en la melancolía asociada con el paso del tiempo. Pero, claro, el autor también nos presta su realidad para que intentemos ver nuestro reflejo, inclinarnos al poema como quien se asoma a ver al fin su retrato.

 

 

Las actas

 

Ahora: ¿qué podrían haberme dicho?

Quizá que mi navegar fue de dislates.

Tumbos contra muros, piedras, cercas

y todo lo necio, invencible de construcción que estorba.

 

Nunca hubo algo que pudiera

           merecerme un respeto.

Quizás sólo lo fue el estandarte convulso

donde me reafirmé mil veces descontento.

 

Sabemos bien yo ahora, y la vieja imagen que me mira

           que la culpa se reparte, entre mi caos sin rumbo

        y ese encadenamiento a una suerte entre lo enano.

 

Son de un particular contenido las actas que le muestro.

     Es la verdad en legajo tras legajo, sin ninguna gloria

     lo es también ya sin ningún remordimiento, lo inútil.

Todo es sin rencor auto infligido, porque no hay vergüenza.

 

Lo adverso, lo sucedido en la vulgar materia

de circunstancias pobres entre deslucidos seres

contaminaron como nata gris cada tiempo, y a mí que coopere con todo ello.

Quizá no había otra, y es ya necio encontrar respuesta.

              Porque cuando el pasado se lleva por delante

   es una madeja de jirones que se enredan en los pasos.

Y tras cualquier acontecido, no hay pena que lo cambie.

 

No hay vergüenza y sí entender, pero no todo.

      Porque el explicar preciso del fracaso

es tarea inacabable que sólo sirve para continuar ahí dentro.

 

Y hay que saber, que con dulce, sedas y ventura sólo los tontos se alimentan.

 

                   Hoy no me vive pena alguna al mostrar mi cara.

 

Quizá nada tengo pero soy lo que deseaba

Y ese costal que podría yo odiar de todo lo abortado

                                       

                                                  es sin pena lo que soy 

 

                                                                     el mismo, que por nadie cambio.

 

 

El reloj de arena que confiere título a este poemario da cuenta de la catástrofe del hombre durante el peregrinar de la existencia: simples granos de polvo que se desvanecen o caen sin motivo alguno, que regresan a ser lo que nunca fueron. No hay destino que persiga al poeta. Si acaso lo persigue su propia sombra en la angostura de su muy personal crisis. El poeta no mira hacia a la muerte sino hacia lo estéril del nacimiento; lo trágico no se instala al final sino más bien en la repugnancia del principio. Es así, querido lector, que no te encontrarás ante una lectura fácil de la que puedas salir ileso. Por lo contrario, es este un canto brutal hacia los laberintos de la conciencia, cargado de un veneno mortífero que te llevará quizá al fondo de tu estéril vida.

 

 

Reloj de arena

 

Desde hace un tiempo todo permanece callado.

             No existe un mullido sillón para esperar.

                 Una certeza de agua y oxígeno nuevo.

 

Ya no está aquí la dilatada y sofocante premura

por la desesperación, pues se encuentra adormecida.

Y aunque no haya muerto, está en una laxitud ambigua.

 

Parece neutra y sin embargo su hervor subyace

como un plazo inacabado que después de erigirse escapa

para no ser controlado, ni acabar como borroneada hoja.

 

Pendiente lóbrego en un día soleado. Duro despertar

     pues ahí están las esperanzas y esfuerzos muertos

          de un tiempo en que nos existieron las certezas.

 

Esas que se volvieron el fiasco que siempre nos arrinconó

                              con los miembros pegados a una silla.

Con las copas erguidas de la desmemoria, en el solaz del fracaso.

 

Ese que en abstracto anduvo todo el tiempo agazapado

con su remolino inerte, su sombra en el tiempo estéril.

                                   Con cada vez más secos reinicios

                                   en amaneceres que iban naciendo menguantes.

 

Ahora similares todos

quizá su signo estuvo presente desde el inicio.

Con sombra, las mañanas parecían ser tardes.

Como esas, que después de exhaustas caminatas siguen venciendo.

 

Fueron taimadas en su victoria para recogerse silenciosas.

                    Como el frío y la humedad de lo no evidente

que hace escondida mella, y se descubre hasta que hiere.

 

Ya con el daño de haber enmohecido las paredes.

Debilitando en ese tiempo los ladrillos de la casa.

Esa en la que desde la puerta, contemplamos el panorama.

 

A veces sin mirar, a veces sin saber siquiera

que esa vista es la misma al igual que nuestros ojos.

Ahora ya más arrugados y cada vez menos expectantes.

 

Hasta llegar a la debilidad extrema y conforme

que se llena de ese neutro opaco que todo acalla.

Como callan las aprehensiones, los reclamos y el tiempo.

 

Cuando todo lapso es semejante al que sigue

y sin ninguna extrañeza se acaba caminando lento.

Caminando, no a la consumación del destino

                                      sino sólo

 

                                         al fondo de ese reloj de arena.

 

 

 

* Hugo Garduño, Reloj de arena, México, Camelot América, 2018.

 

 

 

 

LOS BUEYES DE LA ESPERANZA

Y LA UTOPIA DEL SER

Homenic Fuentes

 

La esperanza siempre carga como un yugo la tragedia. El arado con el que se intenta sembrar en la tierra estéril a golpes de sol y aridez. El hombre en su caminar se aferra a  la idea de perseverar en su ser , de seguir siendo hombres. El conflicto entre la esperanza y la razón como el objeto que nos prive de nuestra angustia y incertidumbre son opuestos. Al no haber conciliación nos queda una fe agónica y desahuciada. Los bueyes de la esperanza de Miriam Mancini toman como punto de partida la agonía y la mas intrínseca miseria para su construcción poética. Es en medio de la crisis que hurga en lo imposible, en lo absoluto, lo infinito y eterno.

 

Qué será de tus manos, cuando no labren la esperanza. Qué será de nosotros, cuando nos exilie la vida, y la suerte apenas alcance para morir las banderas caídas.
Qué será de nuestra piel, y su memoria, cuando la lejanía la llame herida.Cuando nos desarraiguemos del sueño, y nos amarre el espanto.Qué será de nosotros con tan poco de ambos, al final del día. Cuando sobrevengan las lágrimas, que queman sin respiro, y nada apacigüe el llanto, cuando nos hartemos de perder, incluso lo perdido.
Qué será de nosotros, sin nosotros, espejismos rotos, soledades concurridas, sin milagro, sin poesía.

 

La memoria en algún sentido es la conciencia de lo perdido. El pasado vive en el presente desde una perspectiva del exilio; es una puerta que se cierra y que es imposible penetrar. De ahí que la vida sea contemplada como una experiencia de pérdidas continuas, sin embargo la poeta se niega a la derrota. La certeza de la desesperanza es menor a la convicción de seguir adelante por muy desgarrador que sea el destino.

 

Sin descanso, camino tras camino emprendí la marcha. Con la daga del ansia en los pies, por calmar los llantos.

Me acurrucaron las piedras sin nombres, las estrellas mis insomnios mecieron,
y en la oscuridad más solemne surgió mi voz potente y ya sin frenos.

No cejé el paso, por los recovecos fui dejando trozos de mí, doblé en cada esquina sin mirar atrás y sin esperar vueltos.

Maltrecha continué, con la irreverencia de los locos que conocen bien lo agrio de la cordura.

 

La esperanza como principio humano para vivir la trascendencia se hace vida en la utopía, esto es, la posibilidad permanente y futura de que el ser humano se realice plenamente. EL ser humano vive en tensión hacia el futuro, como algo inconcluso, inacabado, como ansioso a ir perfeccionando su ser deficiente. De ahí que en este poemario podemos ver en la voz poética un ser que no puede conformarse con lo que hay si es que realmente se busca la libertad. La resignación es algo que la poeta se niega aceptar.

 

 

Traspasamos
desde la fuente del llanto primero,
las huellas pautadas que dejaríamos
Porque hasta el sueño chato de los zapateros sin zapatos, durmieron los héroes.
Fueron las cornisas las que nos dieron el valor para calmar la sed de los pasos ligeros.
La voz que oía los versos que aún no se escribían,
era la que añoraba en la multitud.

Porque rezamos en soledad a las lluvias que nos desguarnecen.

Y la vida pasó,
llevándose los versos de los inviernos sin vos. Pero como dijo Machado,
hoy es siempre todavía..

Tal vez l
a mano que se yergue por el bien, frene la filosa osadía del mal.

Tal vez
los árboles te vuelvan a ver pasar.

Tal vez, la sangre, un día.

 

 

el ser humano es por naturaleza un ser social, De allí que considere que el mundo es un laboratorio donde el mundo se irá construyendo hacia adelante a una sociedad mas justa y posible. Aunque la meta no sea alcanzada pero si perseguida. hay una utopía porque se busca un mundo nuevo, una sociedad nueva que bajo la esperanza ofrece resistencia al mundo dado.

 

Resiste

a los campos anegados, a la garganta deshecha, a los espejos que agonizan.

Resiste
a la vida que simplemente pasa y pasa. A las risas ahogadas,
a las sillas vacías,
a las penas enraizadas.

Resiste
a la caída sin freno,
a los fuegos que se extinguen, a la voluntad perdida,

al palabrerío que hiede,
a las buenas costumbres del hipócrita, resiste.

A la imposición de la rutina,
a las manos filosas,
al silencio de las noches rasposas, a la paz robada,
a la esperanza hecha trizas, resiste.
Al agobio de los días carajo,

¡Por favor resiste!

 

 

La poeta  tiene que contender con todo. Por eso vive a pleno insomnio.  le duele el mundo  lo sufre y lo transforma en música , en canto, en palabra. Y llega a tocar en algunos casos lo mítico, produce una especie de estimulo para reflexionar sobre lo efímero, lo eterno, el amor, la muerte y el motivo por el que estamos aquí.

 

En lo eterno de los árboles y sus silencios, en la fragilidad de las tardes,
en la danza de las aves en vuelo,
en la comunión de las miradas con el cielo, en la sangre que zumba en las venas, en las penas que tejen los miedos,
en la inmensidad de los signos del tiempo, en el equilibrio pasmoso de la flor,

en el himno del viento,
en el cantar del juglar,
en las huestes de lo etéreo, en el brío del caballo salvaje, en las manos sobre el telar, en el espíritu guerrero,
en la caída del inmortal, en las risas de los pequeños, en la poesía radical,

en las piedras que fortalecen, en las treguas del huracán, en el cataclismo de lo nuevo, en las páginas sin estrenar, en el fuego que se reaviva, en todas partes y horas,

juro ante todas las diosas, que es tu voz mi sustento, que es tu paz mi afán.

 

 

 

El corazón es, a su vez, el lugar límite, el linde, donde se recoge toda la vida, una vida que se compone aquí, al parecer de un pasado que por nombrado sostiene la belleza del mundo, aunque esa belleza esté muriendo o haya muerto, y el presente este en decadencia. Este poemario esta lleno de energía y una insoportable realidad sobre la esperanza. Los bueyes de la esperanza es el idilio incómodo e indispensable de los que persiguen un ideal en medio del pantano.

 

 

Cuando la boca arde de verdades largamente silenciadas. Y cae tu nombre como un rayo,
en el abismo de las horas muertas, esas horas donde apremia el delito de extrañarte con rabia.

Mi amor, el olvido es un pájaro azul que vuela inalcanzable sobre el mar de las ansias.

Camino las calles de un pueblo fantasma, buscando la clave que descifre donde van
los besos que no nos dimos.

Y es el cemento donde se estrellan todas las preguntas, esas las que no digo.
Y te veo asomarte, sonriente
bajo un sol con guadaña,
y los brazos se extienden
a lo ancho del mundo,
pero no logro abrazarte.

No estas en la trinchera que construimos, para reconciliar los sueños mas íntimos.

Y te amo con la vida, contra los muros sin derribar de la distancia.

Y te espero, siempre te espero, haciendo equilibrio
sobre un puente

en el borde de la esperanza

 

 

Concluyo esta reflexión en la angustia vital y las confidencias que aparecen en el poemario. La manifiesta preocupación personal vinculada a una fiel convicción del sujeto en la posible llegada de un espacio más mejorable de su entorno. Ante la adversidad y lo ineluctable existe la imaginación y la voluntad para construir los anhelos mas cercanos a la justicia y el amor.

 

Somos los puños
Que se yerguen al final del hastío Somos los ríos invisibles
Que conducen los sueños minúsculos De los rostros enjutos
Caminamos sin pausa, para asir
Y clavarle hondo las uñas a la esperanza Somos los despojos de las ilusiones Hechas añicos
Por aquí
Todo es un ruido sordo
Que abruma a los pájaros
Y clausura la noche
En las gargantas
Somos trozos de horizontes
Vertidos y por verter,
Que se desesperan por ser
Somos las formas
En que pronuncian nuestros nombres
Y los dejan caer
Somos aves escarlatas,
Emigrando hacia lo incierto
Somos los reflejos
De los espejos en los burdeles
Y la ultima línea blanca
Somos las risas
De los niños en las plazas
Y los hijos bastardos
De toda lágrima
Somos el pan y la pluma
El cielo y la sangre
Las cadenas rotas y la fatiga
Somos todos los milagros
Que no caben nunca
En las manos
Ni en el fragor eterno
De las pupilas.

 

 

 

 

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