URIEL REYES DELOYA

URIEL REYES DELOYA

 URIEL REYES DELOYA

 

HUMO SOLIDO 11

MARIZELA RÍOS TOLEDO

URIEL REYES DELOYA

 

 

 

 

“Yo diría más bien que la poesía es algo cuyo instrumento son las palabras,

pero que las palabras no son la materia de la poesía.

La materia de la poesía –si es lícito que usemos esa metáfora-  vendría a ser la emoción”

Jorge Luis Borges

 

Quizá ésta sea la definición que mejor describe el trabajo de Marizela. En sus versos no hay una búsqueda de complacer a sus lectores. No hay una sensibilidad almibarada ni una fácil lectura. Lo que encuentro mayormente es una necesidad de extirpar de dentro suyo un sentir que amenaza con derribarla. Un desgranar en palabras los dolores largamente contenidos. La construcción de su poesía, a manera de pequeñas viñetas, me remite además a un automatismo sonoro en el que las palabras van construyendo frases y estas se van acomodando, aportando su cuerpo, como si de tabiques se tratara, para llegar a formar el edificio de una criatura nueva.

Un poema es un ente recién salido de las manos de su creador, pero una vez que es letra impresa se vuelve bien común, sujeto de estudio y aportación creativa.

Así, vemos en Marizela una explosión de la subjetividad. Yo me permito imaginarla como una giganta habitada por infinidad  de poemas como aves deslizándose en su interior. 

Sus versos son como martillazos que se van acomodando  hasta construir un todo. Y cuando esos micro universos adquieren vida propia reclaman su lugar en la hoja en blanco. Son parte de una totalidad, pero conservan su ser individual. O son versos que, como un caleidoscopio, nos van mostrando todas las posibilidades de la idea, mientras con formas caprichosas, danzan, juegan y aterrizan en la página.

En el poema Sin disyuntiva vemos claramente este juego sonoro, pero también visual, que provoca el recuerdo obsesivo de una emoción, mismo que para el lector resulta como una adivinanza infantil a más de un juego de palabras. Estepa/llanura que ruedo/rueda sobre mi/punza como clavo/me punza/se revela en el ojo/en el tímpano de la oreja.

El ritmo nos lleva de un lado a otro y nos invita a ir con él, casi como niños en la espalda de papá. Aunque la idea de fondo no parece corresponder al juego, pues habla de un clavo que punza y que duele en el ojo y en el tímpano. Pero la forma en que es presentada le quita (de manera intencional) esa connotación doliente. Tiene lugar aquí la preponderancia de la forma sobre el contenido, pues nos quedamos quizá un tanto más con la sensación juguetona que nos provocan las palabras.

Marizela dice que su poesía “surge de una conexión sensorial con el universo” y eso, por supuesto, se percibe en su trabajo, pues vemos que en él hay una preponderancia de lo humano representado en emociones y sensaciones. La máxima aspiración de un creador es que al citar el dolor, éste convoque en él todo el dolor de los hombres. Ella, cuando así se lo propone, lo logra y nos lleva de la mano de paseo por los vaivenes emocionales del ser.  Por otra parte, al ser honesta y profundamente auténtica, su voz se hace universal.

Marizela se aligera, lidia, acosa, cree, encuentra, hace, se destierra, soporta, aporta, apuesta, se engaña; es insomne, aguarda, rueda, reza, bebe café y con todas estas acciones malabarea sobre la página y nos invita a saltar con ella trepados en la punta de la pelota. Nos demuestra así que estamos hechos de la misma materia de que está constituido el universo y, por lo tanto, hay una natural conexión con todo lo que lo conforma (incluyendo al propio ser humano).

Cuando las vanguardias europeas de principios del siglo pasado

rompieron con la camisa de fuerza de la academia, experimentaron con las palabras y grafías e incluso onomatopeyas para mostrar que los conceptos que tradicionalmente se adjudicaban a la poesía podían ser cuestionados y derribados. Tristán Tzara, Marinetti, y muchos otros con el Dadaísmo o incluso antes Rimbaud, Verlaine y Mallarmé con el Simbolismo, irrumpieron con fuerza en el escenario de la creación artística y cuestionaron el principio mismo de la lírica. Con ello allanaron el camino para que las generaciones venideras hicieran todo tipo de propuestas en la experimentación poética.

Retomando también, cuando así lo desea, estos elementos, Marizela logra llevarnos y fluir con ella en esta fuente cantarina de palabras, al tiempo que nos hace reflexionar acerca de la condición humana,  el dolor y el placer que conlleva nuestra visita en esta tierra.

 

 

 

 

AYOTZINAPA BUSCA A SUS HIJOS

URIEL REYES DELOYA

 

Caín ¿Dónde está tu hermano?        

Responde Caín, ¿Dónde está Abel?

En que barranca, en que desfiladero

en que tiradero.

Abel ¿Dónde estás?

¿Tus huesos retienen  aun algo de piel?

¿Sabré quien eres?

Dime donde estas.

Las  agujas en mis ojos no dejan de crecer

y tengo miedo de que invadan todo mi cuerpo.

¿Qué queda de ti?

¿Un mechón de pelo? ¿Jirones de tu camisa de franela?

O la amalgama que el doctor te puso

poco después de hartarte de pastel de chocolate.

Las uñas y el pelo son lo único que  crece después de la muerte

¿Reconoceré tus dedos en ellas? Tú tan limpio, tan celoso

del corte de tus uñas.

Adita pregunta por ti y ya no sé que responderle

no la puedo engañar porque lágrimas

salen de mis ojos sin aviso.

Y las cuentas se van multiplicando

de la leña y  la parcela y la siembra

y la comida de las bestias.

 A veces tengo pesadillas en las que los cobradores

me persiguen por las calles hasta  llegar a la casa y

se meten adentro y me siguen hasta mi cama

y entonces pego un brinco y me despierto

y me pongo a llorar como una estúpida.

No puedo darme el lujo de ser cobarde.

Solo quiero encontrarte, ya no me importa cómo,

sólo saber que eres tú.

La incertidumbre mata más que la verdad, por horrible que esta sea.

Dame una señal; en el sueño, en un anuncio, en una frase oída

al pasar. Necesito saber que  sientes que te estoy buscando.

Tu ropa limpia se empolva día con día en tu cuarto.

Estoy muy cansada de hacer antesala en tantas oficinas.

Vinieron unos hombres,

les di la única foto que tenia

tu cara todavía es la de un niño.

¿En que oficina, en que ministerio, en que tugurio me darán razón

de ti?

Tu ropa tiene ya muchos días y quiero lavártela.

Vuelve por favor.

¿En qué esquina? ¿En qué ventana? ¿En qué estación de tren?

¿En qué montaña preguntaré por ti?

¿Tendrás frio?

Las lluvias han sido muy constantes y el invierno se acerca y tiene prisa.

¿Porqué tanto silencio?  ¿No te duele verme con andrajos?

Nuestra casa se cae a pedazos y el perro extraña tus caricias por las tardes.

Vuelve, regresa, acuérdate que prometiste ser el maestro de tu

pueblo.

 

 

 

 

 

LA PATRIA LLORA A SUS HIJOS

 

 

Adán ¿Dónde estás?

Si yo te mandé  a la escuela esa mañana

y te sabía estudiando

¿Cómo fue que corriste a encontrarte con la balas?

Tu tan joven, tan inocente, tan mi hijo

¿Me dirás que pasó esa fatídica noche de septiembre?

Esa noche en que los lobos y las hienas estaban de lascivia.

¿Cómo se te ocurrió  llegar a su guarida?

Llevo  años sin dormir  y la carne se escapa de mis huesos

envejecí de pronto veinte años.

Tanta juventud, tantos muchachos

¿Quién los mató?

 ¿Fue el sicario, cancerbero  a sueldo?

¿Fue el gobierno, con su cara doble?

¿Fuel el milico, servicial esclavo?

¿Fuimos nosotros, por haberte enseñado a obedecer a tus mayores?

¿Fue la sociedad indiferente que te cerró la puerta en las narices?

¿Fue el policía que te entregó al sicario?

¿Fue la nefanda pareja de asesinos?

O fuimos todos

que queremos cerrar los ojos a la sangre,

a la barbarie diaria y cerramos el corazón y los oídos

para no oír los gritos

de 43 muchachos cercenados y echados a los perros.

En este país que se hunde en lodazal y sangre.

En este país en el que la justicia fue desterrada sin carta de retorno.

En el que la mentira es la moneda de cambio, de uso diario.

En el que es más importante  lo que dirán allende el mar

que la inocultable verdad del día a día.

De la muerte que acecha a cada paso

con la mirada cómplice del gobernante en turno

a quien solo le importa cuánto podrá llevarse de las arcas

y el pago de tributo a quienes lo encumbraron.

Los muertos que a diario se apilan en las calles

y los pocos vivos que aun buscan a los suyos

y que al tocar las puertas de la gendarmería

reciben una tosca amenaza en un susurro:

“Sigue buscando y seguirás sus pasos”

¿Quién mató a Israel, a Felipe, a Jonás, a  Martín y a tantos otros?

¿Fue la ignorancia, la ambición, la inquina?

¿Fue la soberbia, la sinrazón, el odio?

¿Fue el oscuro señor de los avernos que reclama

para sí a más muertos?

Estoy tan cansada de buscar bajo la tierra

algún soplo de vida, algún indicio

que me ayude a soportar este dolor…         

ante la celosa mirada del milico

irrisorio esbirro de los capos.

¿Son 19, 35, 43, 50, 60,000, 100,000?

¿Cuántos son? ¿Alguien lo sabe?

Ni yo misma lo sé, pues tuve tantos.

Los hijos míos que se me perdieron

entre detritos, pólvora y carroña.

¿A cuántos más perderé en este interminable  cataclismo?

Es esta larga noche que no acaba

en este páramo de inmundicia y sangre.

Adán regresa  ya por favor

que el café caliente en el brasero,

y tus hermanos sentados en la banca

te esperan a compartir el pan sobre la mesa.

 

 

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