Lunes, 30 Enero 2017 05:34

TARDOR (inédito)

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

 

TARDOR

inédito

 

urfa[1]

A Joan Valent

Cuando el sonido gira en el cielo

o una piedra espera en la playa.

El golpe interminable es también el canto,

las gaviotas hacen ruido al cazar un pez,

el pez infame puede ser un piano cerca de la costa:

“Volverás a estas tierras, hijo mío,

volverás a comer carne del mar,

forma vital en la sal de pez;

volverás cuando la marea lo indique”.

No hay porqué dar vuelta al rostro,

la tierra seca aún posee manchones,

cierto rojo infame del crepúsculo,

lo carmesí del suelo calloso y servil:

la huida, tu tema final, la huida.

Padre del padre, mujer que reza,

armas por todos los resquicios,

hemos sido sitiados:

“el niño toca el violín y las bombas azotan fuera”.

Él hace una oración con el llanto de las cuerdas

un instrumento desconocido reduce la memoria

y la metralla anticipa el aire claro

 o el sol sobre la sal de arena.

Los ruidos de un arma de repetición

y el niño toca aún el violín.

Volverá el mar, ya lo dije,

Como un cielo claro sin nubarrones

cruzará con lentitud mi frente.

El cielo ha labrado un ruido,

ese sonido es un secreto

que vomitaron algunos ángeles sobre la playa;

permitieron que el hombre

supure un olor a flores en la herida

escucha…

El cielo espera sobre la costa

un cardumen se revela,

la música ha tocado la tierra.

“Has vuelto, hijo; éste es tu país”.

En la arena, han escrito los ojos de los asesinos

algunos nombres de las víctimas

y olvidamos sepultarlos por miedo a la metralla.

¿Recuerdas?

Niño, no te detengas,

toca el violín para siempre.

provincias sin mar

Cierta perfección te trajo aquí,

vuelve el rostro,

ocupa el horror del destino,

sobria tempestad.

Busca, busca,

lo que nadie —blanco,

en la canción de sol—,

busca aunque nada encuentres.

Algunos seres citadinos

miran al cielo claro:

son ciertas las provincias sin mar.

Nuestra gran mentira

ya se descubre en una joya

que aún mantiene el vigor

por la suavidad que refleja ante el sol.

Esto es sólo un simple lago cenagoso,

un valle claro sin amor,

los rojos habitantes sonríen.

No hubo amor,

no hubo amor a tiempo.

Cierta perfección inesperada

fue para este sitio.

brezo

A Mariana Salinas

Aquí termina la historia

Tomas Tranströmer

Han abierto la calle

donde todos los días

dirijo mis pasos al café.

El brezo de la pipa

se pudre en ceniza,

ya ha sido abandonado

por ella:

—No tardes—.

También espero el final,

el ojo del sol que se doblega

sobre su piel pecosa y clara.

Sonrío porque sabe ella

que esta mueca

se ha perdido entre sombras.

La calle sigue abierta,

la máquina hace ruido

suficiente

para no escuchar a la mujer.

Imagino lo que dirá,

la angustia

al mirar el concreto destrozado,

la cara de abandono

y la pipa negra de hollín.

Sólo distingo su sonrisa,

el resto morirá en la memoria

de mi retina.

No habrá una divinidad

que pueda con ese recuerdo:

lo sagrado no permanece un segundo

pero se escribe en el eco de la nada.

Y ella dejará de sonreír,

lo sé, no hay lágrimas.

filme

Al comenzar la cinta, la escena del cazador furtivo, los árboles en el follaje blanco del filme. La gabardina, la furia, “ustedes que no han sentido esa máscara”, decía el hombre y miraba la pantalla; no perdía por ningún territorio la pista del paisaje: llovía, eso es cierto.

La mujer dijo: “había sol”.

Luego: “¡Qué bien!”

Quién no conoce a los hombres piensa que todo está hecho de una vez y para siempre. El solo acto, puede dispensarse, ha perpetuado las sombras, el saber del abeto como una muestra de la historia, sobre los hombres, sobre cada hoja de los libros sedientos.

“He aquí que la frase delibera su propio silencio”.

Y cuando resultó suficiente, cuando la frivolidad para apresar el tiempo, con la trampa de las palabras amables; revelando la breve intención del sol cuando olvida el color de la luz. La ventana abierta, el busto del alce como trofeo de caza, el dintel, las flores del macillo que desaparece de la escena a mediodía; un sillón Luis XV, a un costado de la entrada de la choza, el piso blanco y negro, en tonos de sepia.

¿Cómo lo reconocí? Existe una cortesía sospechosa entre ellos.

II

Respeta mi silencio inmune: “Nace la luna sobre el mar como una antigua mirada del hombre”.

Habría que aprender a escapar de la claridad sin ir demasiado lejos, se debe huir de la trama, de escapar preparado ante el silencio.

La caza del animal más ágil, el menos fuerte, el más audaz. El cazador furtivo que no suelo ser yo; resulta la negación del antagonista. La prohibición por menoscabo de su nombre: “Nadie puede mencionarlo, nadie”.

En ese instante, ya dentro del filme, fue suficiente tratar de atrapar el tiempo con la fuerza de esas palabras amables que habían desaparecido paulatinamente: el filme en blanco y negro no era ya el objeto perfecto, la proyección terminaba, los hombres desaparecían y las reglas de vuelta a la realidad se habían extinguido por el odio lento del espectador.

La sala se iluminó y la gente abandonó del lugar.

Yo esperé hasta que la luz renaciera, también.


[1] Sanliurfa o Urfa: ciudad de Turquía ocupada por los nacionalistas y que orillaron el desplazamiento de armenios de la zona de guerra.  Ara Milikian, de origen armenio, tuvo que aprender en refugios antiaéreos a tocar el violín durante la guerra civil libanesa (los llamados bombardeos de Beirut); la composición del tema “Urfa”, realizada por Joan Valent y Ara Milikian, evoca la nostalgia por la tierra perdida. Sobra decir que la composición inspiró el poema.

Visto 4801 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 04:00
MIGUEL TONHATIU ORTEGA

MIGUEL TONHATIU ORTEGA

 

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.

Invitados en línea

Hay 8961 invitados y ningún miembro en línea