Javier Alvarado

Javier Alvarado

Javier Alvarado- (Santiago de Veraguas 28 de agosto de 1982).  Hizo sus estudios en el colegio Panama School y después obtiene el título de Licenciado en Lengua y Literatura Españolas por la Universidad de Panamá en el año 2005.   Candidato al Master en Bellas Artes en Teatro por la Universidad de Panamá.  Ha dado lecturas de sus poemas en Cuba. Chile, Nicaragua, Costa Rica, México, Inglaterra, Guatemala, El Salvador, Escocia, Colombia, Quebec, Canadá, Argentina y Uruguay; así como también la aparición de sus poemas en varias antologías de Poesía Hispanoamericana.  Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía Joven de Panamá Gustavo Batista Cedeño en los años 2000, 2004, 2007 y 2014.  Premio de Poesía Pablo Neruda 2004 y Premio de Poesía Stella Sierra en el 2007. Poeta residente por la Fundación Cove Park, Escocia, Reino Unido 2009. Mención de Honor del Premio Literario Casa de las Américas de Cuba 2010 con su obra Carta Natal al país de los Locos (Poeta en Escocia). Primer Premio de los X Juegos Florales Belice y Panamá, León Nicaragua con Ojos Parlantes para estaciones de ceguera. Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2011 en poesía con el libro Balada sin ovejas para un pastor de huesos.  Premio Internacional de Poesía Rubén Darío de Nicaragua por su libro El mar que me habita. Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2012 por su libro Viaje Solar de un tren hacia la noche de Matachín.  Finalista del Festival de la Lira (Ecuador) 2013 por su libro Carta Natal al País de los Locos (Poeta en Escocia). En 2014, un jurado conformado por el poeta español y Premio Cervantes, Antonio Gamoneda, el poeta peruano Rodolfo Hinostroza y Julio Pazos de Ecuador, le otorgaron el Premio Medardo Ángel Silva a obra editada por su libro Carta Natal al país de los Locos.  Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá en poesía en el 2015.

 

Obra Publicada  Tiempos de Vida y Muerte (2001) Caminos Errabundos y otras Ciudades (2002); Poemas para caminar bajo un paraguas (2003); Aquí, todo tu cuerpo escrito, 2005, segunda edición 2006; Por  ti no pasa nunca el Tiempo (y otros poemas al espejo) (2005), No me cubre de edad la Primavera (2008), Soy mi Desconocido (2008), Carta Natal al País de los Locos, México (2011), Ojos Parlantes para estaciones de ceguera, Nicaragua (2011),  Balada sin ovejas para un pastor de huesos, (2011), Viaje solar de un tren hacia la noche de Matachín, México (2013), El mar que me habita, Nicaragua (2013), La vida en mi plato de pobre (2015), El libro de tus posesiones (antología-poesía y testimonio) publicada en Chile en el 2015.

 

 

 

 

Poemas de Dolorosa primavera de las hermanas de Kafka

 

Javier Alvarado

 

 

 

 

 

 

LA MURALLA CHINA

 

 

Construye una muralla

Y deja una puerta entreabierta.

Quizás entre los miles de bárbaros

Quiera entrar una extranjera, una mujer reencarnada

Entre los bambúes

Que resulte ser la luna,

Una mandarina,

Una osa panda,

Una grafía, una abstracción, una pregunta de jade

Para los dioses oscuros

Que habitan las sucesiones del color en la porcelana;

El ying y el yang sobre la concha del caracol

Arrastrándose sobre las gibas montañosas

Y los monzones,

Deletreando un rastro de plata,

Un colmenar con su saliva

Sin delimitar muros y fronteras.

 

Ya muerto,

No puedo entreabrir puertas

Ni ofrecer defensas.

Pensé llegar a la gran muralla; extraviarme entre cada roca

Y entre cada muro, protegiéndome

De las tribus invasoras.

Pensé en servir al Emperador, en escribir las sagas del imperio,

Pero morí atravesado por una lanza enemiga, no hubo piedra

Para proteger mi cuerpo,

Allí recibiendo pisadas en el polvo,

Como una ofrenda de arroz o una lámpara flotante en la agudeza del río;

Allí donde el fuego revele

Su milagrosa agonía,

Donde una y otra vez

Me despierte esa foránea

Haciéndome muralla en la tierra,

Crisis migratoria en el orbe,

Un gusano de seda armando una invasión

En la astronomía de las hojas.  Yo guerrero ocupante

Abrazado con la forastera invasora

Posando

Sin ser percibidos

Ante el flash de los excursionistas.

 

 

 

 

RENOVACIÓN DE CÉDULA

 

ante las situaciones kafkianas…

 

 

Cada uno se va como puede

unos con el pecho entreabierto,

otros con una sola mano,

unos con la cédula de identidad en el bolsillo.

Roberto Juarroz

 

 

 

Hoy he tenido miedo de mi identidad.

Ha expirado mi cédula.  

No estoy aquí subiendo este piso,

No estoy allá consumiendo esta escalera;

Cada ser con su paso, cada ser con su pose,

Cada uno con sus kilos, en su peso

Donde no haya fuego ante la propia voz,

La propia voz, una revolución, un manuscrito.

 

Hacer filas inmensas

Para renovar tu vejez en la foto. 

Llenar mis datos, volver al nacimiento

Y al dolor parturiento de mi madre. 

Gatear y caminar sobre papeles

Burócratas. 

Una fecha exacta para la entrega, para volver a plasmar

Las huellas, comprobar solicitud

Y dar fe de vida o dar fe de muerte

Como si alguien se despidiera en medio de la luz, al otro lado.

 

Unos se van con su espejo,

Otros se van con su perro,

Otros se van sin su pensión con un sello en la frente,

Otros con su nacionalidad y cédula de extranjería,

Aquellos con una carta rasgada antes de tiempo.

Otros se van sin escribir su mejor obra,

Otros se apresuran a tomar talleres literarios y a dejar anaqueles llenos de letra innecesaria,

Insisten en dejar un libro detrás del árbol o detrás del hijo.

Mejor no se apresuren a nada.

En ese lapso de tiempo, ningún banco o trámite aceptan

De que estás ahí, en ese lapso de la otorgación no existes, mientras

Alguien vive, alguien escribe, alguien rompe papeles, alguien renueva su cédula,

Alguien se equivoca escogiendo a un diputado, a un alcalde, a un presidente,

Alguien asegura que todo ha caducado.

 

 

 

 

 

ARS KAFKIANA

 

 

           Kafka escribe

Y él es un búho
es un búho, «hombre», tatuado en el sobaco

Ted Hughes

 

 

 

 

Es de común consenso

Que los insectos amaron a Kafka, que en todas sus metamorfosis

Las antenas fueron más que las manos de los dioses,

Las patas esos destinos dispuestos a orbitar la tierra,

A ser como nosotros, los rutinarios

Los que nos tatuamos a un Kafka-búho en el sobaco, destinados a una muerte,

a alguna componenda de novela, a una frazada inusitada en la cama.

Pero allí en eso seremos eternos.  El Castillo quedará en América

y K

Vigilará ese arpegio de vida, ese clan que ahora predispone que abandone la casa,

Cuando los tres señores vestidos de negro rentan una pieza

Para abatir los años y rumiar la manzana absurda

Que me arroja a la espalda, la mano piadosa de mi padre.

Ah, Señor, apiádate de esas familias que aman con ternura.

 

 

 

 

 

EL ÁNGEL DEL GHETTO DE VARSOVIA

 

 

«La razón por la cual rescaté a los niños

tiene su origen en mi hogar,

en mi infancia.

Fui educada en la creencia de que una persona

necesitada debe ser ayudada de corazón,

sin mirar su religión o su nacionalidad-“

Irena Sendler

 

 

 

Aún corro junto a ti las grandes distancias que salvaron a los niños.

 

Si te turba una canción, avísame.

Hay muchas historias y narradores hundidos en el mar.

Ayer estuvimos cerca de la muerte, enterrando en el patio las listas

Con los verdaderos nombres debajo de los geranios.

 

Hay bosques de algas y árboles de cortezas azules,

Palomas reencontradas en el cuerpo

O una estrella de David

Que siempre habita en tus ojos, como los leños de la casa.

He encontrado cierta reminiscencia con tus manos

Y con las aves que cruzan febrilmente los cielos de Polonia.

Hay mucha tristeza acumulada bajo las piedras

Mucha nieve que calzar

Después de las paletadas           para ocultar los nuevos árboles.

 

Los niños y niñas se siembran en tu costado y temen dormir.

Porque eran más que las gargantas tibias de los gorriones

Porque eran más que los espartos molidos en las antenas de las mariposas

Porque eran más que las huellas del torbellino serpenteando en el bosque

Porque eran más que el sonido de una palabra verificada en la piedra

Porque eran más que las manos obreras que entraban al connubio de las máquinas,

Pactando su libertad agitada con el óxido.

 

Juntos hacían una red en medio de ese mar

Tan negro

Como un sol andariego que cae en pedazos

Una rosa que se coagula en silencio

Y de ella renace otro manantial

Tan duro como el naufragio de la piedra.

Cabelleras de ángeles yacían cortadas              

Con un olor abstracto

Aguaceros y cabañas drenadas a pique

Venían hacia nuestras noches

Como la luna no nacida,

Como una luciérnaga

Desvelada entre los juncos.

La tierra bramaba y era terrible esconderse-

Había carretas y escenas tan verídicas

Como el odio colectivo en el campo.

 

Tú me abriste la puerta y fui un niño clandestino,

Una costumbre dejada al olvido como una costura

Dejada sobre el diván o sobre el ruedo,

Una falda cantarina de tiempos extraños

En un colmenar adverso.   ¿Dónde se fueron tus cabellos

Habitados por caballos infalibles?

 

Te asiste de féretros,

De cajas viejas,

De empaques de herramientas

O de sacos

Para salvar las semillas del pueblo judío. 

En ti se desbordó el invierno

De toda humanidad,

Flotarás siempre como una hoja de abedul

En la tranquilidad de un lago,

Como un corcel que siempre

Irá bebiendo la luz de las estrellas secretas.

 

 

 

POEMA DE DOLOROSA PRIMAVERA DE LAS HERMANAS DE KAFKA

 

 

Aunque la primavera entra en mi corazón como un dolor,

No me quejo.  Algún día seré bienaventurado.

J.C. Bloem

 

 

-1-

 

 

Nunca he sentido compasión por la primavera.

Las lluvias caen como un fonema gris, como un concierto que han desechado los arpistas,

Puedo tener deseo de abrir una puerta y dejar el corazón colgado como un ramillete de arroz en las fiestas de año nuevo,

Como naranjas oscuras que el tiempo agrieta;

Extrañar a los amigos que aún me llaman

Y que sin embargo siguen habitando mi conciencia

Con una profunda nostalgia como si estuviesen allí apilándose para la confrontación de la esfinge y las arenas.

 

Las hermanas de Kafka me agitan el pañuelo desde las filas de la Shoa

Elli, Valli y Ottla,

Como si atravesara un puente sin pilotes;

Pues ante la traición es mejor a veces levitar en el aire,

Oír el silbato de un tren

Como un espejo que se ha dejado caer en decenios,

Donde no se aparquen los amores pasados

Ni las naves que olfateen la niebla salitrosa del puerto.

 

Me abro un umbral en el vientre donde está nuestra madre y nuestro padre con sus rosas de juventud.  Me apresuro a escribir el libro de los dolorosos y fatigantes momentos.

 

 

-2-

 

 

Hermanas:

 

Yo me he retrasado antes de colocar estas imágenes como el tiempo bosteza el nimbo de su polvo,

Gaviotas ebrias andan en mi conciencia con sus sílabas cortadas

Parecen niñas sin cuerdas vocales que juegan a buscar un plenilunio deletreado

O una falsa gravitación del café, cuando nos volvemos a sentar para recibir una visita

O la charla de un viejo amigo.

Hermanas:

 

Han partido al Holocausto con maletas de piel de conejo, ahí pueden caber la infancia, los miedos, los traumas, las risas en los cumpleaños de los niños, las escenas familiares.   Queda un hueco para rellenar con la fecha y las cualidades de sus muertes: el frío y el hambre penetrando en la boca, la fatiga de los trabajos forzados o la lucidez voltaica de la necesidad, el fusilamiento de sus cuerpos judíos o la aspiración de la exégesis de gas.

 

 

Hermanas:

Ya no puedo con mi obra.  Ya no puedo interpretar una canción.

 

 

 

 

Hermanas:

 

 

No me gusta emborracharme y veo cada infierno en las botellas,

Cada trago ha de ser alguna falsa recompensa o esa timidez de reconocer lo que no se alcanza.

Veo los restos de cenizas en la chimenea y me dan ganas de llorar carbones

De escarbar entre los ladrillos y buscar el materno fuego.

A veces cuesta observar la vida y al amor sobre una mesa de disección,

Abrir los cadáveres del sueño y con un escalpelo ir hurgando en las luminosidades y en las tinieblas

Pesando los órganos y los momentos y quedarse con la ausencia de los muertos.   Errante yo en la sed de los limbos.

 

Hermanas:

 

Hay que aprender a diseccionar lo que viene antes de que venga y sea como un objeto, concreto, contundente.

 

Hermanas:

Liberad a los insectos.

 

Hermanas:

 

Ignorad los disparos, ignorad a los gendarmes.

 

Aquellos extintos pueden convocar a vivir y enseñarnos cómo hacerlo.

 

 

 

 

 

AIDA CARTAGENA PORTALATIN Y

LOS AREÍTOS DE LA SOLEDAD

Javier Alvarado

 

 

 

Tierra se hará silencio,

Risa no harán los hombres para que me haga eterna,

Llanto no harán las piedras para que me haga arena

A.C.P.

 

 

 

 

Cierta vez cuando pregunté por Anacaona, la princesa indígena de las Antillas, me contaron que poseía el don de transmitir poesía e historias en los areitos a su pueblo. Toda la poesía de los taínos podía contenerse en la memoria de una mujer ahorcada por esas tantas injusticias que registra nuestra historia. ¿Dónde habrán quedado esas sagas, esos poemas, esas floraciones de la naturaleza sobre la ofrenda de las canoas? Lamentablemente esa conquista política y religiosa, en su deseo de dominar, conllevaba a la exterminación de los individuos, a su avasallamiento y a sepultar y destruir sus culturas y a robar la riqueza de los “babeques”, que significa tierras con oro. Poco ha sido lo que ha sobrevivido a nuestros días de esas tradiciones y en muchos casos, lo que sobrevive es de manera parcial o interpretada. Según los cronistas, el primer fuerte, levantado en esta isla se construyó gracias a los maderos de un galeón encallado. ¿cómo no remitirnos en Quisqueya-Ayti, a ese pasaje de Cien años de Soledad tan febril como la búsqueda del mar del sur o de la piedra filosofal:

Cuando despertaron, ya con el sol alto, se quedaron pasmados de fascinación. Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas.

El hallazgo del galeón, indicio de la proximidad del mar, quebrantó el ímpetu de José Arcadio Buendía. Consideraba como una burla de su travieso destino haber buscado el mar sin encontrarlo, al precio de sacrificios y penalidades sin cuento, y haberlo encontrado entonces sin buscarlo, atravesado en su camino como un obstáculo insalvable.”

Y aquí encontramos el mar Caribe que llega a mi Panamá y entra sigilosamente por el Canal encontrándose con el Pacífico, en ese chorro multiétnico que proviene de las Antillas. La República Dominicana ha llegado hasta mí a través de muchos referentes femeninos: las hermanas Mirabal, asesinadas y vivas aún en el pensamiento colectivo, Salomé Ureña de Henríquez, madre de la educación, Anaísa la de las siete vueltas y con una voz poética que llamó mi atención cuando sostuve

entre mis manos una delgada edición de la poesía de Aida Cartagena Portalatin en una feria del libro dedicada a la literatura dominicana. Añoré tener más libros de ella y aun espero también por su Escalera para Electra. Bebí de aquella poesía y me transporté no sólo a la soledad de una mujer cuando está sola, también sopesé mi soledad de hombre, porque también un hombre puede estar solo, los poetas siempre estamos solos y es la poesía la que nos sigue convocando, con su ansia sorprendida.

Y seguimos celebrando la poesía sorprendida, a pocos meses del año del centenario de Aida Cartagena Portalatin, quien junto a los poetas Rafael Américo Henríquez, Manuel Llanes, Franklin Mieses Burgos, Manuel Valerio, Freddy Gatón Arce, Manuel Rueda, Mariano Lebrón Saviñón, Antonio Fernández Spencer y José Glass Mejía, conformaron este grupo y publicaron esta revista en plena dictadura trujillista, donde se tenía vedada la libertad de expresión, pero la poesía igual lleva esa impronta de las mariposas, su deseo de propagarse desde las metamorfosis del discurso, la crisálida del pensamiento y las alas multicolores del mensaje. El pensamiento ideológico soterrado en los versos y en los poemas y la permanencia de las publicaciones y el sentido de “estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy, de mañana, con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; y con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre”, ha impactado enormemente en la historia y en el corpus de la literatura dominicana de todos los tiempos y hoy día es materia de estudio no sólo en la isla, sino a nivel del continente y de otras geografías.

Sorprende, otra vez el verbo y el adjetivo, la presencia femenina de Aida Cartagena Portalatín en este grupo. Su voz íntima y transgresora a la vez nos remite desde su primer libro Víspera del sueño, a una soledad y a una sombra que se dilataría aún en pleno sol del trópico con el tiempo:

 

Ausencia tuya nunca ha estado sola: tu recuerdo es el pasaporte de mis viajes.

 

Si tu ausencia fuera la ausencia de los otros,

y te presintiera como estrella lejana, vacilante,

entonces, no sería tu ausencia la ausencia,

sería el dolor de la muerte.

Si tu ausencia no se hubiera eternizado,

como una luz o una sombra,

yo no estaría ausente.

En un continuo viaje iría hacia ti,

persiguiendo tu presencia.

En este primer libro, la autora persigue la ausencia del otro, la claroscura presencia de lo que se ama. Decía el poeta chileno Gonzalo Rojas, ¿qué se ama cuando se ama? Aida nos da los oximorons de la luz y la sombra, de la presencia y la ausencia, y la ausencia de ella en su vida y en sus versos, será su permanencia. En su segundo libro, Del sueño al mundo, la voz trasciende desde ese deseo de lo personal a trascender a lo universal. Vicente Huidobro accionaba: ¿Por qué cantáis a la rosa?, oh poetas. Hacedla florecer en el poema; mientras que la poeta peruana Blanca Varela apunta:

A rose is a rose

inmóvil devora luz

se abre obscenamente roja

es la detestable perfección

de lo efímero

infesta la poesía

con su arcaico perfume

 

La rosa, ese leiv motiv para las floraciones lúgubres y sentimentales en el Siglo de Oro español, en el Romanticismo, en el modernismo y en el posmodernismo y en las sucesivas vanguardias hasta nuestro presente, puede ser tomada desde el hastío hasta el acto de llorar su muerte, así como los caballos lloraron la muerte de Patroclo en el poema de Kavafis. Aida Cartagena Portalatín no sólo toma la rosa como un motivo para llorar, sino también el trasfondo es la insensabilizacion y la deshumanización:

 

Hombres no han llorado

Porque caen los hombres

Cómo llorar la muerte de una rosa?

 

Recordemos también el hermoso cuento de Oscar Wilde, donde el estudiante buscaba irremediablemente una rosa roja y el ruiseñor para cumplir la rogativa, entrega su corazón a la espina de la rosa, desangrándose hasta dar el color escarlata de las pasiones, para finalmente la rosa, quedar olvidada o confinada al olvido. La detestable o admirable perfección de lo efímero o de la permanencia, he aquí el dilema hamletiano del ser o no ser y hubiese sido interesante la discusión entre

Aida Cartagena y Blanca Varela. En el mismo libro, en su poema Elegía Antillana, prosigue la alusión a las rosas:

 

Hay una cruz de mariposas blancas

En la acendrada soledad que traje desde Eva.

Hoy: estoy vuelta rosa de sal,

En el perfil de rosas

De mi rosal de islas.

 

La soledad, la fragilidad femenina, la vida, la muerte y la insularidad se reúnen en esta Elegía Antillana, como un ars poética. Si Virgilio Piñera, apuntó “la maldita circunstancia del agua por todas partes”, Aida, en su libro Mi mundo el mar, nos habla de esa insularidad hermanada y desbordada desde si en una prosa poética con fuerza, desgarrada, siempre desde su condición de mujer:

 

 

 

Querer hermano del mar, Aída tiene un sueño de hermanos, silencio de sueños, como el pensamiento manso que puebla los contornos de los calamares.

 

Y más adelante, nuevamente, la condición de mujer en el mar:

 

Si esa mujer que hace fugas al mar, que le gritan las trenzas, que se hiere los ojos por romper tu piedra, … dolida en sus intentos, … se quedaría en el llanto de una espina de tierra.

 

Chiqui Vicioso, poeta y crítica y gran estudiosa de la obra de Aida Cartagena Portalatín, sostiene: “Es importante señalar que ambas corrientes, la de la llamada “poesía pura”, representada por la Poesía Sorprendida … y la del movimiento de la joven poesía o de poesía de posguerra, consideraron a Aida Cartagena Portalatin como la máxima exponente femenina de la poesía de su tiempo, y de todos los tiempos, aunque ninguna de las dos escuelas poéticas puso énfasis en su poesía negroide… donde ella abarca no sólo la realidad de los negros u negras de nuestra isla, sino también de la población negra en los Estados Unidos.” En nuestro Panamá, poetas como Gaspar Octavio Hernández, aborda el tema de la condición de negro:

 

Ni tez de nácar, ni cabellos de oro

veréis ornar de galas mi figura;

ni la luz del zafir, celeste y pura,

veréis que en mis pupilas atesoro.

 

Con piel tostada de atezado moro;

con ojos negros de fatal negrura,

del Ancón a la falda verde oscura

nací frente al Pacífico sonoro.

 

O Demetrio Korsi en su Incidente de Cumbia, donde relata la trágica historia de Chimbombó, que arrebatado de los celos mata a una mulata por irse con un amante gringo:

 

Húyese hacia el Cauca el negro bravío

y otra vez la cumbia trepidando está,

pero se dijera que no tiene el brío

de la vieja cumbia de Pancha Manchá...

 

Es que falta Meme, la ardiente mulata,

y es que falta el negro que al Cauca se huyó;

siempre habrá clientela y siempre habrá plata,

¡pero nunca otro hombre como Chimbombó!

 

O nuestro Rogelio Sinán con su Candombe:

 

 

Zamba, zambé, zarabanda! ¡Mi perro, la luna y tú! ¿Por qué te pones tan brava cuando te llaman Chombita del Curundú?

 

Estos autores abordan la temática negroide desde lo personal, hasta lo humorístico y lo trágico cómico. En una gran antología, publicada por Ediciones Era en México en 1976, realizada por José Luis González y Mónica Mansour, titulada Poesía Negra de América, loable esfuerzo antologador y de investigación, por República Dominicana, aparecen los nombres de Francisco Muñoz del Monte, Domingo Moreno Jimenes, Tomás Hernández Franco y Manuel del Cabral y resulta curiosa la omisión de Aida Cartagena Portalatín. Siempre las antologías resultarán incompletas. La mencionada Mónica Mansour, en su prólogo sostiene:

 

“La trata de negros -injusta y cruel- fue un elemento importante en la conformación de las sociedades americanas. No sólo en el aspecto económico, su única causa, sino igualmente o tal vez aún más en la formación de sus culturas.

Igualmente, variado fue el impacto de su cultura sobre la que se iría formando. No obstante, existe un elemento común: el aspecto cultural que más influyó sobre esas sociedades fue la música, y con ella la danza y la poesía.”

 

Otoño negro de Aida Cartagena Portalatín, es un poema antológico. Representa la defensa de la negritud desde cualquier punto de la esfera terrestre. La muerte de cuatro niñas negras en Alabama, encoge la sensibilidad de la poeta quisqueyana:

 

 

¡Hasta la muerte llora las cuatro niñas negras!

¿Cómo habitar sus huecos?

Malvadamente muertas porque la muerte es propia,

otro no debe usarla.

Sus tiernos esqueletos levantarán su raza.

Con sus cabellos crespos se tejerán banderas.

Cuatro fueron las niñas en una iglesia muertas.

Antorchas inmortales sembradas en el Sur.

¿Cómo se escribe en Alabama l i b e r t a d ? pregunto.

Yo que lloro al árbol, al pez y a la paloma.

 

Su poema Cuando una mujer está sola se ha convertido en una consigna de la poesía feminista. Aida Cartagena Portalatín nos dice:

 

 

Una mujer está sola. Sola con su estatura. Con los ojos abiertos. Con los brazos abiertos. Con el corazón abierto como un silencio ancho. Espera en la desesperada y desesperante noche sin perder la esperanza.

 

 

 

Una mujer está sola. Sujetando con sus sueños sus sueños, los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.

 

Desde las Antillas y desde Quisqueya, su voz aguarda:

 

Viví en oscuro monte. Luego la tierra

Se llenó de la alabanza de aquel vientre

Cuando llegué a la vida en busca de corderos.

Cuando subí sobre los caballos,

Cuando subí sobre los carros,

Cuando subí sobre las piedras,

Cuando bajé a la raíz del agua,

O cubierta de harapos

La tropa de los mundos

Me descubrió en un canto.

 

Una poesía que esplende por sus referentes telúricos, cósmicos y en plena comunicación con la naturaleza. Una poesía legada desde varios libros como un archipiélago de perlas rituales. Un divino ajiaco que ha heredado todos los tubérculos de la creación. Hay que comer de todos esos árboles y si hay uno prohibido hay que hacerlo con el riesgo de encontrar a la poesía con pulpa americana como dijo José Lezama Lima. República Dominicana con sus mariposas y sus niñas negras. Su música de mangulinas extasiadas, merengues vertiginosos y bachatas de cristales melancólicamente quebrados en la noche del azúcar. El cañaveral que nos espera en esta y otra tarde; el larimar que es una gema que titila en la noche como una rosa de sal en los labios. Unos labios blancos, unos labios negros, unos labios mulatos para cantar. Y tras ese canto, femenino, unánime, estarán la princesa Anacaona y la poeta Aida Cartagena Portalatín, con sus verbos y sus poemas, mujeres de nuestra América, para nuestra historia y para nuestra cultura, alimentando el latinoamericano y universal areíto de los pueblos.

 

 

 

 

DE: ALDEAS EN EL ESPEJO

MENCIÓN ESPECIAL PREMIO DE POESÍA PARALELO CERO 2017

 

 

 

 

 

 

DESIGNIO

 

¿Por qué vienes hasta aquí,

Ahora que no hay delta

Que no hay mar,

Que toda franja de tierra es imposible?

Porque estoy aquí, porque me niego una metáfora

Para estar demasiado temprano, demasiado tarde, junto a este alma bella que me han colocado por designio,

O el alma fea que se contempla en su espejo y también llora

Y también crece y le cambia la voz como en la pubertad y escudriña todos los rostros como en el fondo de un lago

Y hay cisnes apareándose, bosques supremos que me anuncian alguna destellada 

En la gabarra pobre,

Mientras los habitantes tragan niebla en las inmediaciones del faro.

Un enmohecido cordel me invita a esperar la quietud de las aguas.

Hasta aquí he venido a encontrar una criatura,

A besarla en los poros y en las vértebras,

A tocar su fuego, su espalda, sus genitales;

A culminar ese orgasmo que serpentea por el collar de islas de mi país.

Camino por el cordel y no reconozco este gravitar,

Esta canción que repentinamente acude a mis labios,

Esta parábola que me recrea la persecución de Dios,

Mi colectividad en solitario,

La fe por todas partes.

 

 

 

RENÉ CHAR

Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.

R.Ch.

 

 

Tú no has dicho nada, nadie dice nada, todos se callan sus muertes.

Algunos se atreven a marcharse después de mascar tus hojas de hipnos,

Buscando esos utensilios posibles para acumular la vida,

(La cuchara paralítica)                 (El plato ciego)

Y yo penetro en otra hipnosis

Cuando deambulo por tu poesía

En este nuevo espejo que la historia va a desertar;

Amigo en lo improbable,

En el incendio de la tundra donde se aprende a escribir

Y a discrepar contra la cacería furtiva o reglamentada

Cuando un cervatillo riela en la otra orilla,

Elegido por la circunstancia de la presa

Ante el ojo caníbal               ante lo nupcial devastado

Y las noches podían concebirse a través de un prisma,

Leyéndonos a nosotros alguna argumentación por la metáfora o el lenguaje llano;

Ese intangible destierro hacia la originalidad, cuando se empieza a acostar

Tu poema predilecto,

En medio de los niños que ríen de gozo en la primavera de los poetas.

¿Acaso también no habrá un otoño o un invierno o un verano para esos seres

Que desechan el fárrago carnívoro, un arcoiris en el cuello, una rosa que grite de terror al saberse viva,

Tan roja en la alienación de la sangre, tan sanguínea en la prueba de ADN,

Una puerta falsa para esconderse y tiritar de fuego

Cuando nos encontremos              cara a cara              con el sucesor de Ulises

Tocándonos el destino de ser errantes en la condenación de las ínsulas

Y el mar sea ese mensaje cifrado que nos cuesta entender

Muy adentro, muy adentro de la botella rota que es el origen

Cuando nos posesionamos juntos del microbiótico espejo

Y hay una noche que sucede hasta encontrarnos en el vuelo del águila

Y todo sigue siendo noche        más que noche     que agujero negro      que agujero lunar

Y allí estás tú en medio de los polvos cósmicos, en medio de las explosiones de asteroides

Y eres tú

Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.

 

 

 

ROGATIVA POR LA LLUVIA

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera

Francisco Madariaga

Mi padre saloma bajo la lluvia

Y no cree en las profecías

Que se devienen del guaro.

Espera que alguien salga desde las tinieblas

Portando un vaso de luz en medio de la tierra roja.

Hace mucho calor e imploramos que cese el periodo

De las sequias. 

Hay animales recuperando la copla,

Recobrando el aleteo en medio de nuestras sombras que se aman.

Yo escucho la saloma de mi padre como si fuese el himno

De una cascocha acercando el cuerpo del agua,

Como si fuese una caravana etérea de arrieras voladoras.

La tierra misma lo espera con ese lamento  del totorrón

Cargado de yerba,

Con ese lenguaje de los espejos que se abren

Y que convidan al instante pleno de dormir,

Al instante tembloroso de todo despertar.

Hace un instante que empezó a vibrar el tejado

Con el sonido de falanges chasqueadas que se mojan. 

Algunas ranas habitaron el estanque del poema. 

Mi casa es un estanque donde deambulan

Los sapos; donde se rememora esa danza de la orquídea flotante

Como un inmenso patio nublándose de peces, como un inmenso prisma forjado por raíces.

Llueve y esta vez recorremos los caminos y los viajantes que se fueron,

Los que nos dejaron alguna centella en la piel,

Algún parto

Innumerable

Para los caimanes cómicos que cuidan a los niños,

O un enjambre en los deseos que repiquetee con la vieja campana

Acostumbrada al lambisqueo del sol.

Yo estoy implorando desde mi cuarto seco la caída del agua.

Va a seguir siendo mía la lluvia cuando yo muera.

Mi madre la demanda desde la cocina

Calculando

La música de las lentejas, el orgasmo verdulero de la sopa.

Yo escucho la lluvia caer

Y algunos fantasmas zapatean llamando al trueno.

Se oye una invocación

Y es mi padre que saloma.

Es él recobrando el canto del hombre,

Es él pactando nuevamente el agua para la tierra,

Es ese japeo la ambientación de nuestras sombras que se aman.

 

 

HAY UNA ALDEA HECHA CON LOS POEMAS DE LEDO IVO

 

 

Lédo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco.

Juan Carlos Mestre

Ya los cangrejos caminan sobre Ledo Ivo

Sobre las casas y los sueños

O los promontorios en la tierra de Maceió,

Ya se volvió mar bajo los barcos

Y desató sus palabras como gaviotas en el muelle

Silbando esta vez           ese acorde funéreo            para las carnes de Hermengarda

Para esa ebriedad que traspasa las boquitas de los murciélagos y las colillas de cigarro

En la caverna más oscura donde tintinean las almas como oseznos,

Donde se mancha la oscuridad con esa iridiscencia de tus constelaciones

Increpando la resurrección del gallo,

La leche estelar de las espuelas

Y el plumaje irredento corajeando entre los patios y entre las casas marinas

Donde los niños se sientan en el lomo del caracol

Y las niñas fijan su belleza a las estrías teologales de las conchas.

Esta es tu aldea donde un niño llamado Ledo empezó a escribir sus poemas en la arena

En los pétalos de la caña y en los trapiches donde el pueblo suda

El jugo inmemorial de la caña

El jugo equinoccial de la caña

El jugo demencial de la caña

El jugo sexual de la caña

Junto al aroma infinito del cacao, junto a las flores del cacao, junto a las semillas del cacao,

(La carne del cacao sobre la lengua que es el sabor que magnifica el trabajo de los pueblos.)

Donde

Clareas esta vez sobre las piedras, sobre el testamento de una negra bailando samba

Silba que te silba el vals funéreo

Para las carnes de Hermengarda

Y eres tú caminando mulatamente sobre las nucas vacilantes de los cangrejos

Sobre una iracunda hoguera de agua, sobre los pilotes azarados

Por la espuma reinante,

Abriéndose tu palabra como un lecho de hojas,

Como una almohada de árboles sobre esos sueños gualdos

Que van a la memoria del camino y terminan en los pies

De los infantes y se ponen a correr

Y rechinan como abejas o mariposas al cuidado de la nieve profunda,

De la nieve inventada y del sol que ordeña los milagros de las cabras

Donde hay brujas y mujeres explicando la redondez de la tierra

Con rituales dibujados en las esferas monacales del coco

Y muchachas extrayéndose del corazón cardúmenes de peces.

Ya los cangrejos caminan sobre Ledo Ivo en la tierra de Maceió.

Allá en el Brasil hay una aldea

Donde aprendió a escribir poesía

Un niño antologado con cara de loco,

Separando las patrias de las lenguas,

Emigrante e inmigrante de la lengua portuguesa

Haciéndola tierra,

Haciéndola jugo de caña

Haciéndola cacao,

Haciéndola cangrejo sobre las playas de Maceió.

Allá en Brasil hay una aldea hecha de los poemas de Ledo Ivo.

 

 

MUERTE DE UN POETA NATURALISTA

Esta es la primera noche en que el anciano, tomando su meditada lámpara nos dirá:
“Hoy empieza el ayuno por Seamus Heaney”...
Entonces, nos levantaremos de la mesa y soñaremos con las migajas del banquete de la jornada anterior.
Ya no queda agua, ni siquiera una brizna de algún alimento para las aves pendencieras.
Es la nostalgia de un cosechador sobre sus piñones de saliva;
Un toro inmenso que va aguardando la puesta de sol para ir a resoplar con las luces del terruño.
Yo aguardaré el paso del calor al frio observando el prisma del hogar y la danza de las luciérnagas sobre los contornos ágiles;

sobre estas pequeñas epopeyas donde un labrador puede ser Ulises,
Mientras haya metáforas hibernando con los animales en sus madrigueras
O rebullendo en medio de un estanque junto a los huevecillos de los anfibios, copulantes en su furia
Mientras se encienda alguna chimenea y el humo arengue
Que hay poesía sobre los marjales
Una rapsodia para la hambruna mientras arrancamos inquisiciones a las estirpes de la hierba,
Un intervalo de voces que entran y salen de las cocinas,
Horneando alguna tarta de cerezas o de frutillas del bosque para que el viejo Seamus
Vaya satisfecho a reencontrarse con los muertos;
Con William Butler Yeats y las almas generadas,
Limpiándose los labios luego y entonando un credo que se hinche como una levadura sobre los aguajes y los páramos
Aunque no se tenga una litera en donde arrullar a la conquista,
Una espada gradual que vaya ascendiendo
Entre la grupa de plantas parasitarias,
Entre las cosas mortales que se culebrean por los campos de Irlanda,
Por donde avizora
El alpinista su último suspiro antes de tocar la cima;
Antes de encontrar el caldero con las monedas de oro y la continuidad del arcoíris,
Ese envejecimiento prematuro de nuestro pasado, de las clínicas boreales
En su tambor de carne viva,
Cuando en tu poesía oímos las detonaciones y los bombardeos en Belfast;
Y escuchamos también a una rana croar infinitamente en nuestro pecho, en nuestra cueva del azar
Demarcando fronteras, recogiendo pequeñas imágenes del condado de Derry para engarzar en nuestros parietales,

En nuestros riñones colmados, en nuestras manos que toman un azadón para cavar en la tierra,

Para pulir esa música de las asombradas esferas,
Esa inclinación de reencontrarnos con nuestras generaciones enterradas,

Dispuestas a retoñar ahora que te observo sonreírme destapando la botella de leche y beber a grandes sorbos
Esa lactescencia del mundo
Para saber que estamos solos,

Para saber que estamos solos,

Para saber que estamos solos,
En ese dolor hirviendo de los mares poseídos,
De la lluvia ancestral,
De la tiniebla coagulada que tintinea en la escarcha de los tejados
Como una antigua herida
Que sigue supurando
Los eriales en nosotros;
Esa marcha caduca de los espejos como un secreto del aire,
Como la pieza de cacería llevada en hombros, que con algo de nostalgia mira el paisaje dejado atrás
Donde te has quedado copiando imágenes de la tierra,
Plagiando entonces la muerte de un naturalista.

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