Sergio Palma

Sergio Palma

Sergio Palma (Tonalá, Chiapas; 13 de febrero de 1986). Estudió la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades de la UNACH. Se graduó con la tesis titulada “La presencia del Surrealismo en el poema Piedra de sol de Octavio Paz”. Dirigió los documentales “La miseria de los pobres”, “Zanatenco”, y “Disner: el hombre que esculpió con fuego”. Ha fotografiado los escenarios de la costa chiapaneca en categoría paisaje. Fundador de “Onírica 30500”, “Moreco” (Movimiento Revolucionario de la Costa), y El Ojo Acuoso. Autor del poemario “El monstruo frente al espejo” y la novela “Antonela y el joven pastor”. Su obra fotográfica ha sido seleccionada por la revista “México desconocido” para su publicación. Actualmente radica en su ciudad natal donde permanece creando nuevos proyectos literarios, fotográficos y fílmicos. En este 2017 publica el poemario “Senderos místicos” tras el éxito alcanzado en narrativa en países como Brasil, España, Colombia y en el Norte de México.

 

 

 

Testimonio

El ojo que todo lo ve

Sergio palma

                       Desde el triángulo de las Bermudas                       

  Año: 2003

 

 

Testimonio del Ojo que todo lo ve

 

Cursaba la Preparatoria allá por el año 2003. Cierto. Hace un buen  tiempo donde aún existía el audiocassette. En  esa época  tenía un programa radiofónico llamado Spanglish que se transmitía puntualmente los martes y jueves a las cinco de la tarde en XHNAL, Digital 89 que actualmente es concesión radiofónica del Gobierno del Estado de Chiapas. En cada transmisión compartía micrófono con Melvin y Yareth. Realmente éramos jóvenes inquietos que charlábamos sobre temas juveniles novedosos e interesantes; además, lanzábamos los demos musicales que estaban en estreno de cualquier grupo de pop emergentes y bandas de rock alternativo.

       Pero un día llegamos a la estación y no teníamos tema para abordar en el programa; nada para charlar. De inmediato se nos ocurrió hablar sobre el Ántrax que era un tema de moda en diversos medios de comunicación: tanto televisiva como vía  internet (en ese entonces me acuerdo que estaba el buscador Altavista). Y bueno, nosotros inexpertos nos guiábamos por lo que escuchábamos.  Sobre el Ántrax se rumoraba una cosa; otra cosa y raudo la histeria colectiva no se hizo expresar. Decían que mandaban por aviones paquetes y sobres con polvos letales que contenían agentes patógenos propios de una guerra química y biológica. El terrorismo a la alza, vaya. Por cierto recién había sucedido lo del 11 de septiembre, pues estaba “fresquecito” el asunto. Aún recuerdo que el gerente de la estación —que era un comunicólogo cuarentón tan inquieto con alma de joven; pero eso sí, con  un ojo crítico muy agudo y hostil—  respiró profundamente y quedó meditabundo por un par de minutos mientras en su oficina se imprimían los contenidos de  la  información en  hojas de fax.

        A las cinco abrimos cortinilla, y entramos al aire como de costumbre. Me acuerdo que abrimos con la rola  “The zhephyr song” de los Red Hot Chilli Peaper. Animosos y aireados con un poco de fama  nos presentamos; enviamos saludos y atendíamos las peticiones musicales como de costumbre.  A las cinco con quince nos destapamos como acá dicen en la costa; pues empezamos a comentar y a definir qué era el Ántrax a nuestra manera y según las fuentes consultadas. De pronto —ring, ring, rig —escucho el teléfono. De inmediato me tocó recibir la llamada puesto que me situaba al lado de aquel teléfono negro ya desgastado por el uso. ¡Para mi sorpresa! Una voz masculina media “agringada” me empezó a cuestionar que de dónde habíamos sacados la información sobre el Ántrax. El sujeto robotizado y de temple frio afirmó comunicarse desde el Triángulo de las Bermudas e insistía que dejáramos de estar de hablando sobre las guerras biológicas y químicas porque eran asuntos delicados y nos estaban monitoreando vía satélite (ahora entiendo “google maps”, pues ellos tenían una tecnología más sofisticada —me imagino—).


 

       Mis compañeros notaron en mí una palidez y un desbordante nerviosismo que de inmediato mandaron a corte musical. Pero ahí no termina todo, pues les cuento el misterio.

       Durante mi comunicación con aquella voz anónima les confieso que el sujeto tras la bocina empezó a describirnos desde los rasgos físicos hasta las prendas de vestir que llevábamos puesta. Me acuerdo que me dijeron: —A tu lado está un joven moreno con camisa de cuadros color roja; también una joven de orejas amplias; tú que portas una camisa azul y el operador que tiene audífonos puestos y se sitúa  a ustedes— recuerdo que no pude más y le colgué con cierto miedo. De inmediato les comenté a mis compañeros y de manera ingenua miraban hacia el techo y a la alfombra de la cabina en búsqueda de alguna cámara. Pero… ¿cuál cámara? sino había, solamente unos cuantos huecos de los clavos de concreto que se habían retirado.

     Al culminar el programa nadie quería salir de la estación; nadie, ni un pie fuera de las instalaciones que se ubicaba en el edificio Pineda: calle Francisco I. Madero y Avenida Juárez. Y bueno. No tardamos de comentarle al jefe y luego, luego nos exhortó a ser cuidadosos con la información y contenidos que manejábamos. Recuerdo que nos subió a su coche —un Jetta color verde— y nos fue a dejar a cada uno a nuestra casa.

   Desde ese momento entendí que el Imperio nos tienen vigilados a cada segundo, a cada minuto; el ojo luciferino y la era luciferina  va tras el control, manipulación y poder.

 

 

Quiebracanta

 

Sobre los matorrales dormidos

ha florecido la  quiebracanta

que en su corola blanda

guarda el rocío de la mañana

Porqué siendo tan bella

nace entre escobilla y cizaña;

entre dientes de león, pápalo y verdolaga

¡Oh Quiebracanta!

Quiebra que cantas

campana abierta del alba

que a cualquier mirada encantas:

Azul místico que callas.

Las flores de los pobres

con manos honestas son cortadas

y entre todas las que crecen en el monte

eres la más agraciada

Le pido a Dios que cuando me llame a cuentas

sea en octubre cuando tus botones estallan;

que en vez de carolinas y trinitarias

sean tus campanas que cubran mi lustrosa caja.





Santos óleos

 

 

Estoy tan enfermo que apenas despido el aliento

Mi Alma agoniza a ritmo lento

como agoniza el final de este verso

‹‹¡Ay de mí Astros longevos,

qué estaré pagando!››

―me pregunto en mis adentros―

Cuanto añoro marcharme al Valle de los Huesos

donde florece el lirio negro.

En mis ayeres creyéndome Dios

hice de mi soberbia coraza y yelmo

y de mi lengua una lanza afilada

que apuntaba a los Cielos.

Y es que el cartílago traicionero

en sapiensa de incauto

sala el Alma para años postreros.

Al fin. No tiene hueso y serpentea ofendiendo.

    En verdad cuanto me arrepiento.

¿Qué será de mí ahora que tengo

el embalse hasta el cuello y la muerte

lapida mi agonía por oscuros senderos?

Dios socórreme en esta travesía

que me estoy hundiendo

en un lago de fuego.

 

 

Arrepentimiento

 

 

Tanto que quise ser

Tanto que ambicioné

Tanto que desprecié

En fin…

Puedo decir tanto y tanto

de lo que me envenenó mi pasado

y seguir conjugando verbos dolorosos

que definieron mis motivos y actos

cuando jugaba a ser dios

y me proclama un divino santo.

¡Qué osadía la mía!

De pensar que nada somos en la Vida.

Nos inflamamos tanto de soberbia

que al caer derrotados en nuestro nicho de dolencias

nos tornamos más noble que una corola tierna

—¡Qué tarde lo entendí!—

Saeta clavada en mi alma gris

Ahora que no puedo probar bocado

que mi verbo se ha secado

y mis riquezas están en el bazar de la miseria

deseo un bálsamo sagrado que venga

de lo Alto o de un Monte Santo.

Dolor ya no te aguanto

Día a día estoy menguando y

mis ojos son dos cántaros llenos

que rebasan día y noche

en mi lecho almidonado

Oh mi Dios, ¿Hasta cuándo será levantado mi calvario?

 

 

 

 

Bendita miseria

 

 

¿Qué tengo?...

―Nada―

Ni la Vida comprada.

Como me ven me tratan:

perro callejero de las avenidas empolvadas.

Así me definen las almas pútridas de vanidad

que deambulan por los senderos de la Vida Sagrada.

Jamás expreso escozor. No es lo mío.

A menudo pudientes, opulentos  

y sarnosos de la burocracia

me humillan y escupen en mi cara

alegrándose de mí desgracia

Pero el Tiempo es buen amigo

y a la vuelta del destino

me encuentro a muchos de ellos lamiendo el piso

o durmiendo sobre bancos carcomidos.

En fin.

Así  son los giros inesperados de un andar calcinado.

En ocasiones me acerco a enseñarles

las tácticas de todo pordiosero

Desde buscar los desperdicios

en las ramplas de los basureros

hasta hacer un camastro modesto

con cartones a ras de suelo.

Y es que en los andenes de la miseria

he aprendido a ser noble porque se vive

de cualquier caridad.

Deambulando por  senderos grises

le he puesto color a lo poco que tengo

y que por permisión Divina me queda: Vida

Es un martirio vivir y morir al mismo tiempo

mientras el Mundo  se devana en alegría.

   

 

Náufrago

 

I

 

He aquí a la deriva

en este mar de aguas cristalinas

moribundo y con alucinaciones extintas

Olas de sueños me llevan al sol durmiente

donde no hay albatros o gaviotas que en cielo vuelen,

ni peces que a mis pies de muerte se acerquen

Ya van cinco soles y cuatro lunas menguando

más sigo envuelto en este telar argento

—¿Qué queda en mí?—

Un espíritu quebrantado

clamando socorro a llanto amargo

para que se abra la bóveda celeste

y devenga un milagro  

 

 

II

 

¿Alucinación o milagro?

Diviso a ras de agua

el venir de un Hombre

con rostro de relámpago

que en sus manos trae

constelaciones y astros

—¿Quién puede ser?—

No lo sé…

Solo me dijo:

«Tal como Yo puedes andar sobre el agua

A diferencia que mientras vos des un paso

Yo puedo saltar a otro océano. ¡Levantaos!

Cree y se salvó; salta al arrecife más cercano».

 

 

 

 

 

 

Testimonio

El ojo que todo lo ve

Sergio palma

                       Desde el triángulo de las Bermudas                       

  Año: 2003

 

 

 

Testimonio del Ojo que todo lo ve

 

Cursaba la Preparatoria allá por el año 2003. Cierto. Hace un buen  tiempo donde aún existía el audiocassette. En  esa época  tenía un programa radiofónico llamado Spanglish que se transmitía puntualmente los martes y jueves a las cinco de la tarde en XHNAL, Digital 89 que actualmente es concesión radiofónica del Gobierno del Estado de Chiapas. En cada transmisión compartía micrófono con Melvin y Yareth. Realmente éramos jóvenes inquietos que charlábamos sobre temas juveniles novedosos e interesantes; además, lanzábamos los demos musicales que estaban en estreno de cualquier grupo de pop emergentes y bandas de rock alternativo.

       Pero un día llegamos a la estación y no teníamos tema para abordar en el programa; nada para charlar. De inmediato se nos ocurrió hablar sobre el Ántrax que era un tema de moda en diversos medios de comunicación: tanto televisiva como vía  internet (en ese entonces me acuerdo que estaba el buscador Altavista). Y bueno, nosotros inexpertos nos guiábamos por lo que escuchábamos.  Sobre el Ántrax se rumoraba una cosa; otra cosa y raudo la histeria colectiva no se hizo expresar. Decían que mandaban por aviones paquetes y sobres con polvos letales que contenían agentes patógenos propios de una guerra química y biológica. El terrorismo a la alza, vaya. Por cierto recién había sucedido lo del 11 de septiembre, pues estaba “fresquecito” el asunto. Aún recuerdo que el gerente de la estación —que era un comunicólogo cuarentón tan inquieto con alma de joven; pero eso sí, con  un ojo crítico muy agudo y hostil—  respiró profundamente y quedó meditabundo por un par de minutos mientras en su oficina se imprimían los contenidos de  la  información en  hojas de fax.

        A las cinco abrimos cortinilla, y entramos al aire como de costumbre. Me acuerdo que abrimos con la rola  “The zhephyr song” de los Red Hot Chilli Peaper. Animosos y aireados con un poco de fama  nos presentamos; enviamos saludos y atendíamos las peticiones musicales como de costumbre.  A las cinco con quince nos destapamos como acá dicen en la costa; pues empezamos a comentar y a definir qué era el Ántrax a nuestra manera y según las fuentes consultadas. De pronto —ring, ring, rig —escucho el teléfono. De inmediato me tocó recibir la llamada puesto que me situaba al lado de aquel teléfono negro ya desgastado por el uso. ¡Para mi sorpresa! Una voz masculina media “agringada” me empezó a cuestionar que de dónde habíamos sacados la información sobre el Ántrax. El sujeto robotizado y de temple frio afirmó comunicarse desde el Triángulo de las Bermudas e insistía que dejáramos de estar de hablando sobre las guerras biológicas y químicas porque eran asuntos delicados y nos estaban monitoreando vía satélite (ahora entiendo “google maps”, pues ellos tenían una tecnología más sofisticada —me imagino—).


 

       Mis compañeros notaron en mí una palidez y un desbordante nerviosismo que de inmediato mandaron a corte musical. Pero ahí no termina todo, pues les cuento el misterio.

       Durante mi comunicación con aquella voz anónima les confieso que el sujeto tras la bocina empezó a describirnos desde los rasgos físicos hasta las prendas de vestir que llevábamos puesta. Me acuerdo que me dijeron: —A tu lado está un joven moreno con camisa de cuadros color roja; también una joven de orejas amplias; tú que portas una camisa azul y el operador que tiene audífonos puestos y se sitúa  a ustedes— recuerdo que no pude más y le colgué con cierto miedo. De inmediato les comenté a mis compañeros y de manera ingenua miraban hacia el techo y a la alfombra de la cabina en búsqueda de alguna cámara. Pero… ¿cuál cámara? sino había, solamente unos cuantos huecos de los clavos de concreto que se habían retirado.

     Al culminar el programa nadie quería salir de la estación; nadie, ni un pie fuera de las instalaciones que se ubicaba en el edificio Pineda: calle Francisco I. Madero y Avenida Juárez. Y bueno. No tardamos de comentarle al jefe y luego, luego nos exhortó a ser cuidadosos con la información y contenidos que manejábamos. Recuerdo que nos subió a su coche —un Jetta color verde— y nos fue a dejar a cada uno a nuestra casa.

   Desde ese momento entendí que el Imperio nos tienen vigilados a cada segundo, a cada minuto; el ojo luciferino y la era luciferina  va tras el control, manipulación y poder.

 

Quiebracanta

 

Sobre los matorrales dormidos

ha florecido la  quiebracanta

que en su corola blanda

guarda el rocío de la mañana

Porqué siendo tan bella

nace entre escobilla y cizaña;

entre dientes de león, pápalo y verdolaga

¡Oh Quiebracanta!

Quiebra que cantas

campana abierta del alba

que a cualquier mirada encantas:

Azul místico que callas.

Las flores de los pobres

con manos honestas son cortadas

y entre todas las que crecen en el monte

eres la más agraciada

Le pido a Dios que cuando me llame a cuentas

sea en octubre cuando tus botones estallan;

que en vez de carolinas y trinitarias

sean tus campanas que cubran mi lustrosa caja.





Santos óleos

 

 

Estoy tan enfermo que apenas despido el aliento

Mi Alma agoniza a ritmo lento

como agoniza el final de este verso

‹‹¡Ay de mí Astros longevos,

qué estaré pagando!››

―me pregunto en mis adentros―

Cuanto añoro marcharme al Valle de los Huesos

donde florece el lirio negro.

En mis ayeres creyéndome Dios

hice de mi soberbia coraza y yelmo

y de mi lengua una lanza afilada

que apuntaba a los Cielos.

Y es que el cartílago traicionero

en sapiensa de incauto

sala el Alma para años postreros.

Al fin. No tiene hueso y serpentea ofendiendo.

    En verdad cuanto me arrepiento.

¿Qué será de mí ahora que tengo

el embalse hasta el cuello y la muerte

lapida mi agonía por oscuros senderos?

Dios socórreme en esta travesía

que me estoy hundiendo

en un lago de fuego.

 

Arrepentimiento

 

 

Tanto que quise ser

Tanto que ambicioné

Tanto que desprecié

En fin…

Puedo decir tanto y tanto

de lo que me envenenó mi pasado

y seguir conjugando verbos dolorosos

que definieron mis motivos y actos

cuando jugaba a ser dios

y me proclama un divino santo.

¡Qué osadía la mía!

De pensar que nada somos en la Vida.

Nos inflamamos tanto de soberbia

que al caer derrotados en nuestro nicho de dolencias

nos tornamos más noble que una corola tierna

—¡Qué tarde lo entendí!—

Saeta clavada en mi alma gris

Ahora que no puedo probar bocado

que mi verbo se ha secado

y mis riquezas están en el bazar de la miseria

deseo un bálsamo sagrado que venga

de lo Alto o de un Monte Santo.

Dolor ya no te aguanto

Día a día estoy menguando y

mis ojos son dos cántaros llenos

que rebasan día y noche

en mi lecho almidonado

Oh mi Dios, ¿Hasta cuándo será levantado mi calvario?

 

 

 

Bendita miseria

 

 

¿Qué tengo?...

―Nada―

Ni la Vida comprada.

Como me ven me tratan:

perro callejero de las avenidas empolvadas.

Así me definen las almas pútridas de vanidad

que deambulan por los senderos de la Vida Sagrada.

Jamás expreso escozor. No es lo mío.

A menudo pudientes, opulentos  

y sarnosos de la burocracia

me humillan y escupen en mi cara

alegrándose de mí desgracia

Pero el Tiempo es buen amigo

y a la vuelta del destino

me encuentro a muchos de ellos lamiendo el piso

o durmiendo sobre bancos carcomidos.

En fin.

Así  son los giros inesperados de un andar calcinado.

En ocasiones me acerco a enseñarles

las tácticas de todo pordiosero

Desde buscar los desperdicios

en las ramplas de los basureros

hasta hacer un camastro modesto

con cartones a ras de suelo.

Y es que en los andenes de la miseria

he aprendido a ser noble porque se vive

de cualquier caridad.

Deambulando por  senderos grises

le he puesto color a lo poco que tengo

y que por permisión Divina me queda: Vida

Es un martirio vivir y morir al mismo tiempo

mientras el Mundo  se devana en alegría.

   

 

Náufrago

 

I

 

He aquí a la deriva

en este mar de aguas cristalinas

moribundo y con alucinaciones extintas

Olas de sueños me llevan al sol durmiente

donde no hay albatros o gaviotas que en cielo vuelen,

ni peces que a mis pies de muerte se acerquen

Ya van cinco soles y cuatro lunas menguando

más sigo envuelto en este telar argento

—¿Qué queda en mí?—

Un espíritu quebrantado

clamando socorro a llanto amargo

para que se abra la bóveda celeste

y devenga un milagro  

 

II

 

¿Alucinación o milagro?

Diviso a ras de agua

el venir de un Hombre

con rostro de relámpago

que en sus manos trae

constelaciones y astros

—¿Quién puede ser?—

No lo sé…

Solo me dijo:

«Tal como Yo puedes andar sobre el agua

A diferencia que mientras vos des un paso

Yo puedo saltar a otro océano. ¡Levantaos!

Cree y se salvó; salta al arrecife más cercano».

Martes, 20 Junio 2017 03:51

Crepusculario / Sergio Palma /

 

Crepusculario

Sergio Palma

 

 

 

 

Nací en lecho de gente pobre

donde las paredes de las casas son de adobe

y los techos de ramas tronchadas de roble

Nací en el corazón del Sur

bajo la tutela de un cielo azul

donde Dios comienza esparciendo su Luz.

¡Cuánta maravilla!

Aquí no hay oro ni plata 

pero si paz  en abundancia

que colma el alma

Quien viene a estos lares contempla diciéndome:

¿Qué poesía germina en esta tierra bendita?

Toda. Absolutamente toda

Pero nadie la escribe sobre pergaminos u hojas

nadie la pinta sobre lienzos o arcilla roja

y nadie la esculpe en pilares y rocas

Solamente se oye, se palpa, se huele y se ve

desde el llano verde hasta el cerro gris

donde nace el tibio amanecer

Por las noches de Agosto

todo se presta para amar y  enloquecer

Las flores de muralla perfuman las llanuras

la Luna sonríe en su nívea curvatura

y las luciérnagas vuelan errabundas sobre la espesura.

Si no me crees ven,

calca tus pasos en este maravilloso edén

y si acaso tu alma pura

una voz fémina

llegará a  musitar a tu oído diciéndote:

‹‹escribamos en verso nuestro encuentro

que la estrofa se abra al unir nuestros sexos;

que la métrica se embriague y baile en nuestros adentros

y el ritmo cese cuando el cometa color perla

caiga sobre mis pechos»

No temas ni desmalles

que  es la musa cósmica hecha carne

que eligió la dulzura de tu sangre.

Tómala que es ofrenda del azar

y ámala hasta que el placer

la vaya descalcando de la realidad

hasta que llena de gozo

retorne al sueño astral››.

 

 

 

A orilla del mar

 

Mar: tres letras bajo tres soles;

tres crestas de espuma

que una tras una se imponen

en un vaivén eterno

donde se bañan los Hombres

Mar de mis amores

dime dónde escondes tu jaspe

tu cementerio de perlas

tu templo de sal

tu temple bravío que no te deja descansar

He venido a tus playas

a sepultar mis dolencias;

a que tus retumbos conversen

con mi débil pulso

que ya no quiere sostener este Mundo

Sabes, cuanto añoro ser un pedazo de tarugo

envuelto en tus olas más allá del tumbo

para que poco a poco me pudra

con tu salitre y tu yodo puro.

 

 

 

 

Nuestro maple

 

Te  tuve en la beldad de mis brazos

y con la maternidad de nuestros labios

esculpimos un cuerpo;

ese cuerpo que hoy descansa en la sombra

del maple longevo.

Ayer vi sus ramas arqueadas al suelo

y al parecer acobijaban la cripta

de  fúnebres recuerdos

Lloré bajo su sombra:

bajo mi sombra

bajo tu sombra

y bajo la sombra

a reposar en los humedales de sus raíces

¿Sabes?, dormí  hasta  los amaneceres de la muerte

Sueño a sueño fui partiendo

y  nuestro maple despidió su edades al secarse;

a reducirse a Nada nuestro corto viaje.

 

 

Senderos místicos

 

Los zarzales plantados en lo alto

me incitan a que vaya a meditar

desde el nacimiento del Sol

hasta el claror de la Luna plateada:

algo me dice, alguien me dice, me acampa

y me dirige a que escuche a Dios en ese cerro triste:

¿Qué misterio se oculta entre hojas y raíces?

No lo sé

Sin temer iré.

Con el corazón galopando emprendí mi viaje

por los caminos perfumados a espino blanco

Nervado, completamente nervado, aceleré mis pasos

mientras el viento soplaba briago

al saciarse de la fragancia

de la hojarasca que había dejado el verano.

Al llegar al montículo

los zarzales  danzaron

y una Luz Celeste

bañó de centelleo

mis ojos claros

dando el sopor que el Cielo

se había abierto para derramar un Milagro

¡Oh!, ¡Santo Dios!, ¿de dónde viene esto? ―exclamé―

Tras un ligero parpadeo

aparecieron Ellos vestidos de azogue

cubiertos con una aureola dorada.

Si bien en ese momento

quería convertirme en pedrusco

o cualquier pedazo de tarugo

para no ser frente

al Poder profundo

Pero no pude evitarlo.

Turbado decidí preguntarles

‹‹ ¿Gabriel y Miguel? ››

Con verbo angelical respondieron:

‹‹Santo somos por la Gracia de Dios

y fuego de Oro para quemar al Tentador

Acampamos de Sol a Sol

siendo vigías del Eterno Creador.

A nuestro mando obedecen las milicias celestiales

que combaten contra

las legiones infernales

que por la Tierra esparcen sus maldades.

La lucha espiritual

en los sentidos no nace

ni en la razón se rehace

Porque la pugna de lo oculto

En lo profundo yace:

El bien y el mal.

Todo dual:

Agua dulce, agua de mar

Luz, tiniebla secular

Apostasía y alma angelical;

Manto oscuro, manto estelar

Muerte derrotada por el Cristo que triunfa alzando el pan.

¡Varón rojo!

Es tiempo que tu corazón

de piedra vibre y estalle

para que renazca uno de carne

donde fluya dulce sangre.

Medita  lo que en  tu mente se trace

y responde a la pregunta que tu Hacedor te hace:

¿Por qué has hecho tanto mal

y te has alejado de hacer el bien?

Rememora quien hizo de ti

Arca de ambición

Lengua de hiedra

Zaino del Rabino

Asesino desmedido

y piedra de tropiezo en perfumados caminos.

¿Quién te has creído

si te secarás como se seca

el más fragante lirio?

Llora si eso te conforta.

Has de tus ojos dos fontanas

donde brote el agua

que ha de lavar tu alma hecha sombra.

No te midas por montañas de oro y plata

sino por las fragantes virtudes que condecoran tu Alma.

Las riquezas para Dios en un bostezo se van

para el Diablo en un cerrar de ojo las da

a cambio de pacto de sangre y sal

El Hombre por ambicionar

los tesoros del Mundo es capaz

de entregar alma y carne

aunque se pierda en abismos profundos

Muchos van por el mundo presumiendo

fama tras fama y riquezas acumuladas

e izan plegarias perversas

para vanagloriar a  la Mano Negra

que les dio oro y opulencia

Pobre de ellos

que buscan lo malo e ignoran lo bueno

siguiendo la conspiración del perverso.

Allá tú si retornas por oscuros senderos.

Hemos de irnos más tu vida

será reguardada por el calor de nuestra espada.

Arrepentíos de malas acciones y pensamientos retorcidos

provenientes del Maligno

que infunde miedo  y engañosos prodigios

Su poder es ínfimo pues ya fue vencido

junto a la Muerte en el Madero donde pereció el Cristo.

No esperes recoger trigo sobre pedruscos roídos

ni flores en amargos cortijos».

Tras escuchar lo revelado una espada dorada envuelta en fuego empezó a girar hasta formar un enorme remolino

Lastimoso fue el fulgor

que no vi a los Ángeles volar desde el montículo;

pronto la quietud y la paz coronó en el revelador recinto

que le llamé cerro del Sendero Místico.

 

 

 

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