Fernando Eme Luna

Fernando Eme Luna

Nació en febrero de 1994 en la ciudad de Toluca (México)

 

Músico, agricultor y poeta lírico que ha tenido papel en la difusión cultural colaborando en la logística de Literatelia C.

 

Administra un invernadero que satisface las necesidades del mercado local y foraneo. Empleando diferentes sistemas de cultivo.

Jueves, 27 Julio 2017 04:33

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Fernando Eme Luna

 

 

Me gusta llevar la melena a la medida de las ideas nacientes en la primavera de mi sapiensia irrigando los desperfectos corporeos que no se postran ante la concepción del "disciplinado" para ahuyentar gente prejuciosa y gestores del sexismo de ultraderecha pues escojo usar el antifaz aberrante en la mascarada y así no danzar con doncellas ni someter el criterio a discusión con insulsos pues la balanza no soporta ambigüedades vistiendo de obsoletas ni engalanando la juventud. Retrocedo en busca de reliquias e irónicamente las encuentro en los lugares menos predescibles: bajo las hojas de una planta, sobre la arena del mar... que cubre rápido cuando todos suspiran y se resguarda en el ojo de la morbosidad, infecta, corta la visión, se aprejuicia de lagaña y al amor de vida, pero cuando más disfruto también más muero, sencillamente porque se me escapa la esencia del cuerpo y regresa algo demacrada por andar en vista ajena como al irse la atracción y regresar como recelo; no pretendo extraviar el gusto en prejuicios y ser experimento manipulable en la doctrina sistemática del "bien común" o las "buenas costumbres" para que el gusto se me inmole en conveniente buena presentación afable a la masa y que a contracara en vicios se decanta... prefiero ser cocreador del pánico cuando se me observa la cara palpable y perfumada, demacrada y sonriente, pues mis palabras no son discernibles en oídos castos y faltos de profundidad ni mis facciones modificables para mercar el producto por la presentación y así me consuman lo que perece sin escuchar sus delirios bajo la espada, que conmemora y asesina, brilla y enrojece, honorece y degolla.

Procuro ver mis cabellos serpenteando al soplo de la tierra al acechar roedores que a sigilo traman devorar los cebos que mi rostro pulula a placer y como indicador de aristas del suicidio que constantes me invaden el recato como vía para liberar frustraciones del ceño y asir los pliegues en mi rostro formando un hexagonoide irregular con barbas crecidas y palabras hostiles en proporcionalidad que a conveniencia se desata para aparentar lo que más convenga; este sepulcro de carne donde se me posa la esencia para articular los movimientos y dar cuerpo a la putrefacción de células que gozo a cabalidad en el más amplio entendimiento del carácter algofilico no ha sido elegido en "el plan divino" como portador de bonanza para regarla en jardines ajenos, enpatrañar el arte, o exaltar en base a experimentación porque mi apreciación de belleza siempre fue considerada burda para la esteta y alambigante para el ignorante, igual domino la letra a punta de lápiz y plagio cuando mis dedos rascan hambre para no apegar la jerga a línea que guíe el discurso por lo predecible, ni mis ideas sean sometidas a una higiene censurando lo lepero en la intertesitura con armadura para amedrentar la percepción desacojonada que se cuelgan los débiles en las orejas por amor a la moda y odio al género.

Prefiero acostarme a escuchar a "Rach" (Rachmaninoff), mientras mi gato me llama pariente, mientras llamo a mis perros ladrando y en medio de la algazara lo único que temo contestar es al esclavista buscado mi tiempo y a unos oídos exigiendo halago, por amor a la unicidad que yergue mi columna, por piedad a quien se clausura la audición subiendo el volumen a las palabras que le acomplejan el criterio, por pasión a tragar mi tiempo sin desprendermelo de la piel me recluyo la opinión y evito mostrar el color de voz a daltonicos para que al tiempo no lo secuestren relojes ajenos, ni a mí el desinterés...

 

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