Martes, 11 Agosto 2020 23:08

Dobles 5° Set - Inéditos Julieta Marchant / Enrique Winter Selección: Víctor Hugo Díaz

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 Dobles

5° Set - Inéditos

Julieta Marchant / Enrique Winter   

Selección: Víctor Hugo Díaz

 

 

 

 

Julieta Marchant

 

 

 

Fragmento de En el lugar de la mano, el ímpetu de un río

 

Por frío y humedad se descompone. El pasto bajo los pies, aproximarse al borde de piedra. Las piernas rectas, el tronco levemente inclinado, los brazos arriba, las manos se tocan. La espalda proyecta la extensión de una altura, los omóplatos se separan. Aguantar la respiración, el fuego en el abdomen desciende. Lanzarse y, en el espacio entre la orilla y el agua, perder el aliento. Nadar en un tiempo al que la letra no accede. Golpea un rostro el lenguaje y ya no es posible restaurar. Las palabras no restituyen. Elevación y retirada. Imagino que tomo tu mano, abro los ojos, en mis palmas un grupo de pequeños peces buscan calor en el frío. Mi mano impávida deja que el agua la queme. En el lugar de la mano, o donde debiera haber una mano, el ímpetu de un río. Se desgasta el ritmo en los pulmones. Consume la imagen de alguien en el aire.

 

Los cuerpos se quejan de los cuerpos

cuando la mano empuña

y no sabe de palabra que pueda encallar.

Los animales se quejan de los cuerpos

aprenden a defenderse.

 

Ante la mirada de un gato nos extraviamos, ante el fuego que se aproxima y hiela. Constelaciones de pensamientos aprenden a constelar instantes impensados que la boca no apresa. El camino sutura lo que el paisaje disuelve cuando el ojo se abre. Nos miramos de cerca y pensamos que la cercanía es suficiente. Pero aprendo a defenderme.

 

Mirar el lenguaje de cerca y pensar que la cercanía es suficiente.

 

El bosque ardió por frío. El frío es el espacio que separa a la carne de la carne. Suturo tu cuerpo. Las puntadas alcanzan para una pierna. En el lugar de la mano, el vacío de otra extremidad. Un cuerpo necesita ser abrazado porque es un cuerpo, con la presión se apacigua. No es una necesidad sensible, sino vital. El sistema nervioso se equilibra y somos equilibristas en los contornos del otro. Lo pensamos como un instrumento de urgencia. Mirar la página allí donde la página no significa más que eso: la página. El bosque está compuesto de páginas, compuesto de barro, compuesto de pequeños jardines que es posible imaginar para encauzar el error. Y cuando me dijiste quédate imaginé un ínfimo patio en una palma.

 

Hubo un océano

el océano fue el paisaje fundamental

frente al que el pensamiento supo su límite.

Hubo un bosque

el bosque fue la amplitud

frente a la que el corazón supo su exceso.

Hubo frío

hubo noche

hubo un modo de custodiar

y uno de extinguir.

 

Los animales se reservan. No hablan aunque escuchen. La página se reserva. Las lenguas agonizan y luego se renuevan. Los animales pelechan y luego se concentran. El cuerpo es una concentración. Cuando duerme se torna una envoltura. Ignorante de sí, se distiende y olvida. Olvidamos cuando soñamos. Olvidamos que estamos soñando. Soñamos que es posible olvidar y caemos. El ojo se abre y mira a su semejante. El océano se quema y el bosque es un humedal. Y entonces las palabras: corazón en vez de alma, alma en vez de espíritu, espíritu en vez de aliento. Aliento, soplo, bufido, grito, clamor, súplica, rezo, queja, exigencia. El corazón se vuelve una exigencia en el lenguaje. Las palabras conducen a más palabras. Pueden tomarse de sus extremidades. Los cuerpos no conducen. Son conducidos y, sin embargo, se acaban. La página también concluye y sutura la lengua allí donde la lengua olvida.

 

 

 

 

 

 Enrique Winter   

 

 

 

CEDÍA QUE LA PALABRA

es una cosa y si es una cosa

lo más probable es que sea

como la oreja una herida

 

o esos paréntesis     entre la ceja y la pestaña

para lo visto

 

cómo confiar en un aceite

así de transparente y claro

luego de sopaipillas

pasadas y empanadas

fritas las papas y refritas

 

cedía que la palabra

es un encierro narrado con aire

 

entonces solo caben dos opciones

para la palabra maltrecha

y devaluada porque esto se trata

de cuánto compra

                            o de mirar las nubes en la luna

y decir a qué se parecen

    creaturas de mar carroza con caballos

    un jinete con una herida en la cabeza

    bordes de cinta adhesiva recién quitada

    del aviso     se arrienda bajo el influjo del alcohol la lluvia

 

la primera opción aislar las venas

que la irrigan presionando pulgares

sacar todo lo que no sea

la herida misma

                        pus cuchillos

y sellarla con un parche curita

por ejemplo para que deje

de sangrar y no moje ni se lea

ya como herida la palabra

se piense un parche como

cualquier otro los miles

de parches producidos

por los niños de china

 

otro respondía que no que

la sal pica pimienta y la salpica

aquí verde y ají

del gas por tubería al fuego

en la sartén saltan las sales

sobre la herida que no sana

 

cuando se escribe con condón

pero quién querrá leerlo cuando llegue raja del trabajo

 

 

 

en esta esquina la palabra del poder

                   y en esta otra el poder de la palabra

 

                                                       la segunda opción es abrirla

ensancharla más allá de la carne haciendo un océano de ese punto

rojo nadar crol en ella hasta más adentro gritando en cada boqueo

estilo mariposa de donde el cuerpo supiera que estaba herido

traspasarlo si es posible dejar a la sangre de los peces brotando

en oleadas que pasen por ahí hasta por casualidad rumbo a otros

miembros que la requieran algas incluso por las calles submarinas

un maremoto que por la herida abierta de la palabra manen todas

las palabras una sobre otra mojando hasta los cerros tan opacas

que no se viera el rojo volviéndose el café de grano de los troncos

por capas y leerlas todas horizontales como paisajes y verticales

retratos del fracaso pasional porque nadie lee menos un graznido

de pájaro viniendo a la tierra revuelta cuando es maleza aún y nada

en la sangre hasta aletearla amarilla del aromo y del aroma de la azul

herida el arma y presagia a un extraño en el gimnasio de la muerte

 

pero lo de aislarla lo cedía sinceramente como opción

 

                                 palabra

                                 blanca y hueso

 

                                 fuera

                                 del cuerpo la

                                 noche amanece

 

                                 limpia como la hija

                                 en el primer día de clases

 

                                 parche en la boca

                                 ambas palabras un castigo

                                 una herida la segunda

 

                                 a lavársela con jabón

                                 diciéndolo

 

sin lectura ni más sangre de la prometida por ella como herida

otro respondía que no que

somos mucha gente y más los lugares sin gente

 

 

 

y ojo el grano del papel ha enterrado el resto de los sentidos

arrastrando la quinua y el cuscús fuera de donde estira la toalla

 

cedía

devolverle a los poros lo que las palabras

les robaron     el mundo nada menos

si no me toco un pie con el otro no sé si estoy

descalzo     devolvérselo en uso de las mismas palabras

vida para las lenguas manos narices y orejas muertas

vida a través de su propio asesino

                                                    con perdón sin olvido

 

los agujeros en la piel para que entre el día pulsando

en los tapones

                       la sombra sobre la palabra sombra

me engaña la creo un doblez del libro de anatomía     traducir así

páginas transparentes de órganos huesos piel una sobre otra

al tacto tácito

                     cuando invoca un recuerdo es que lo crea

 

había perdido la sana costumbre

de ponerle nombre a las cosas que quiero

 

que la palabra deje de llegar tarde a ellas     a puro nombrarlas

con los ojos y solo ven un lugar a la vez

    cuántos seres sabrán que hoy es domingo

que el amaretto del helado ya está en la almendra

 

y la chorrea     la almendra anticipando el sol

como las flores del aromo

cabecita de aromo me cedía también cachancho

si es una cooosa     exclama cuando le parezco tier

 

no nombraron colores los antiguos

en rojo negro y blanco aglutinaron

los que vieron     importa si mate o brillante si seco o húmedo

 

no tomaron piscola los antiguos

y un hielo en la piscola parece un ojo de los tuyos

nunca olvido una cara

 

    esto que escribo     viajó al futuro     en que se lee

y para hacerlo     es al pasado     donde viajas

 

a mi pasado no al de los antiguos

pero nada es tan espantoso como quien lo cuenta cree que es

 

la nostalgia un cuchillo de cocina

                                                   o la mancha que limpias con el dedo

                                                   y ya no está en el dedo ni en la mesa

 

cedía que el fin es el fracaso pero el fracaso no es el fin

el ánfora pecera el macetero las cajas de herramientas costureros

 

cuántas cosas existen que no necesitamos

para decirte cuánto vales requiero números y puntos

comas y aquí no hay

 

que la calle me calle

entre lo que las cosas dicen

y yo     golpeo de ventanas     y nada más podría

leer del soplo si es que apago la música o se mete

entre lo que las cosas dicen

y

 

 

 

 

Julieta Marchant (Santiago de Chile, 1985). Ha publicado Urdimbre (Inubicalistas, 2009); Té de jazmín (Marea Baja, 2010); El nacimiento de la hebra (Edicola, 2015), parcialmente traducido al inglés como TheBirth of Thread, traducción de Thomas Rothe (TinfishPress, 2019); Habla el oído (Cuadro de Tiza, 2017) y Reclamar el derecho a decirlo todo (Pez Espiral, 2017; JámpstereBooks, 2019). Es codirectora de los sellos Cuadro de Tiza Ediciones y Editorial Bisturí 10.

 

Enrique Winter (Chile, 1982) es autor de los poemarios Atar las naves, Rascacielos, Guía de despacho y Lengua de señas, de la novela Las bolsas de basura y del álbum Agua en polvo, publicados en once países y cuatro idiomas. Traductor de libros de Dickinson, Chesterton, Larkin, Howe y Bernstein, ha recibido los premios Víctor Jara, Nacional de Poesía y Cuento Joven, Nacional Pablo de Rokha y Goodmorning Menagerie, entre otros.

 

 

 

 

Visto 1584 veces Modificado por última vez en Jueves, 13 Agosto 2020 22:36
Víctor Hugo Díaz

Víctor Hugo Díaz nació en Santiago de Chile en 1965. Ha publicado “La comarca de senos caídos” en 1987, “Doble vida” en 1989, “Lugares de uso” en 2000, “No tocar” en 2003, “falta” en 2007, “Antología de baja pureza (1987-2013)”, México-DF, 2013, “Hechiza, poemas anticipados”, México, 2015, en “Antología de la Poesía Chilena del Siglo XX”, Ediciones Vitruvio, España, 2016 y “Lo puro puesto”, Chile, 2018. En 1988 obtuvo la primera Beca de Creación Taller Pablo Neruda; en 2002 la Beca de Creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. En 2011, 2012, 2013 y 2014 ejecuta el Proyecto Escritos de Sur a Norte, Poesía de Chile en México; en 2015 Fronteras sin Límite, Poesía de Chile en Perú y Bolivia; Poesía Chile en México 2018 y DOBLE VIDA, Poesía Chile en México 2019, apoyados por el Fondo del Libro y la Lectura. El año 2004 ganó el Premio Pablo Neruda en su Centenario, por trayectoria y obra, otorgado por la fundación del mismo nombre. Sus poemas han sido publicados en diversas revistas y antologías, además cuenta con numerosos trabajos críticos acerca de su poesía. Es reconocido como una de las voces poéticas actuales más importantes de Chile. 

 

 

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