Jueves, 24 Septiembre 2020 05:10

Comentarios que se han escrito sobre la Obra de Adán Echeverría

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Comentarios que se han escrito sobre la Obra de Adán Echeverría

Actualizado al 4 de septiembre de 2020

 

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"Hay una frase de un poemario escrito por un autor yucateco, llamado Adán Echeverría, que dice: 'Guardo en el ropero del suicida mi traje de vale madre' y me encantó".

(Stephani Capetillo Cabrera)

https://www.milenio.com/cultura/todas-las-personas-son-fuente-de-inspiracion-de-mis-escritos

 

 

 

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"Dos temas resaltan la obra de Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, México, 1975) el sexo -en sus múltiples y polémicas vertientes- y el grito de protesta, rebeldía o inconformidad. El género (novela, cuento, poesía, microrrelato) solo es el medio a través del cual el autor da voz a sus demonios más personales. ¡Adanizáralos!, sus textos de manufactura más breve, lo mismo ironizan que invitan a la reflexión, pero sobre todo rondan el escándalo, y quizá a no pocos lectores (o lectoras) despierten el deseo de mentarle su madre al autor. Él lo sabe, y lo provoca; su lectura no pasa desapercibida."

(Internacional Microcuentista. Revista de lo breve.)

http://revistamicrorrelatos.blogspot.com/2012/11/adanizaralos-de-adan-echeverria.html

 

 

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En Xenankó, los niños en contacto con los textos han imaginado e ilustrado criaturas de todo el mundo. La obra es autoría de Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, 1975), quien escribe poesía y cuento.

SEMARNAT

 

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Los tumultos del lenguaje en Del silencio hacia la luz: mapa poético de México.

Sondear en los actuales terrenos del arte resulta una tarea movediza, semejante a arar en el mar y –desde la perspectiva cultural, en un país tan indiferente como México– a clamar en el desierto. No obstante, se revela también como una labor necesaria, en un horizonte poblado por reminiscencias de corrientes consolidadas y en proceso de disolución; tendencias a la ruptura y a la renovación –imposiblemente– absoluta; ausencia de grupos con temas, enfoques y vías de expresión comunes; generaciones dispersas por la multiplicidad de lenguajes y concepciones vitales; creadores fascinados o repelidos por el acceso a la tecnología y la diversificación de los códigos estéticos. En el plano literario, esta situación ha derivado en consecuencias desconcertantes y luminosas: las últimas dos décadas han atestiguado una auténtica catarata de antologías que, en su disparidad de criterios, se han ganado a pulso el mote de antojolía y han colaborado a la construcción de una ciudad letrada titubeante, saturada de pirotecnias verbales y defensas críticas, en la cual se transparentan las carencias del aparato editorial mexicano –desde la selección hasta la distribución de sus publicaciones– y la postura del lector se disuelve entre la contemplación pasiva, inevitablemente neutral.

Frente a este panorama, Adán Echeverría (Yucatán, 1975), poeta y narrador asociado al Centro Yucateco de Escritores, se ha convertido en el animador central de una iniciativa nacional que aspira –al menos parcialmente– a contrarrestar los efectos de este tipo de trabajos antológicos. En 2007, convocó a los poetas mexicanos nacidos entre 1960 y 1989, radicados tanto en el país como en el extranjero, a participar en Del silencio hacia la luz: mapa poético de México. Este esfuerzo, de raigambre indiscutiblemente independiente y colectiva –en el sentido más abierto del término–, produjo un documento electrónico conformado por 1,500 páginas, en las cuales se concentran siete volúmenes de muestras literarias de más de 660 escritores, clasificados según su fecha de nacimiento y su entidad de origen, y cuatro tomos complementarios, en los que aparecen las fichas biobibliográficas de los autores correspondientes.

Así, mediante parámetros sencillos, pero claros, válidos y eficaces, esta antología –publicada en agosto de 2008 y realizada en colaboración con Armando Pacheco (Estado de México, 1980)– consigue zanjar algunas cuestiones alrededor de la valoración estética, artística e histórica implícita en este tipo de recopilaciones; al mismo tiempo, se atreve a detonar nuevas interrogantes al respecto. De esta manera, mientras restringe los argumentos estrictamente críticos de la compilación, promueve –desde una óptica amplia– un debate profundo en torno a la libertad de la creación poética, que depende más de la opción de comunión entre autor y lector que de las razones aducidas por la mayoría de instituciones culturales, consejos editoriales, jurados y florecientes mafias literarias, que se limitan a propagar ensayos teóricos sobre la poesía, sus estilos y fórmulas retóricas. En contraste, Del silencio hacia la luz propone disfrutar las múltiples combinaciones de la literatura en tanto expresión sintética –concreta e irrepetible– de una visión del mundo, susceptible de comprensión y enriquecimiento a través de la percepción intelectual y sensorial de los lectores, quienes ejercen, en última instancia, su derecho al goce, el juicio y la elección del arte.

Por otro lado, este proyecto pretende romper con el centralismo que predomina en numerosos espacios de la vida nacional; para ello, ha resuelto las exigencias propias del trabajo editorial mediante la publicación electrónica, que expande la distribución en dos vías: facilita el tránsito por fronteras físicas –más imaginarias que reales– y permite reproducir, en nuevas áreas y para distintos ojos, materiales ya aparecidos en libros, plaquettes, revistas y otras antologías de circulación local –en el caso del Estado de México, por ejemplo, coloca la poesía de Marco Aurelio Chávezmaya, Lizbeth Padilla, Patricia Solar, Félix Suárez, Eduardo Villegas y Sergio Ernesto Ríos en el vasto movimiento del país–. De este modo, lectores y escritores del norte pueden acceder a la escena literaria del sur, mientras que el valle central se abre a la rica sensibilidad de otras latitudes. Por estas razones, es posible adquirir Del silencio hacia la luz en todos lados y en ninguna parte: los discos compactos con los once volúmenes de la compilación se venden a solicitud expresa por internet (mediante el correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.), con envíos a toda la República.

Pese a su amplitud, pluralidad y minuciosa confección, Del silencio hacia la luz también arroja numerosas insuficiencias: ante el océano de creaciones emergentes, independientes y marginales, apenas ha logrado recoger un puñado de las voces que convergen en el horizonte poético contemporáneo. Por ello, Adán Echeverría, ahora en estrecha colaboración con Ileana Garma (Yucatán, 1985), ha lanzado la convocatoria para una segunda edición, a la cual se encuentran invitados todos los escritores mexicanos nacidos entre 1960 y 1992, radicados en tierras nacionales y extranjeras. Los requisitos de participación recuerdan la sencillez de criterios instaurados para aquella primera tentativa: los autores deben tener, por lo menos, un libro o una plaquette de poesía en circulación, a nivel estatal, regional, nacional o internacional. Igualmente, pueden validar su experiencia literaria con un premio de poesía en idénticos ámbitos. Para enriquecer el contenido de este nuevo proyecto, es necesario que los integrantes hayan publicado sus trabajos en una revista comprendida en el Sistema de Información del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el cual se halla disponible para consultas aquí.

Si los interesados cumplen con estas condiciones, deberán enviar a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. una ficha biobiliográfica con los siguientes datos: nombre completo; lugar y año de nacimiento; estudios realizados; conjunto de obras publicadas, premios recibidos y becas artísticas obtenidas a lo largo de su trayectoria; relación de antologías, revistas y otras ediciones periódicas que han incluido sus textos, además de otras referencias importantes sobre su producción literaria. Asimismo, complementarán su contribución con hasta seis cuartillas de sus poemas –inéditos o ya aparecidos en otros espacios, en cuyo caso señalarán la fuente pertinente– y una fotografía de alta resolución de su rostro, de preferencia en blanco y negro. La convocatoria continuará abierta hasta el 30 de abril, con el propósito de presentar el resultado final –por segunda ocasión, un documento electrónico en el que confluirán piezas literarias e información biográfica sobre los artistas– en agosto de este año. Como retribución y reconocimiento, cada participante recibirá dos ejemplares de esta recopilación, que también estará a disposición de los lectores a través del mismo mecanismo: correos electrónicos y certificados, destinados sondear en los tumultos del lenguaje, en su dimensión más dinámica y vivaz.

(Margarita Hernández Martínez)

http://vocesfragmentarias.blogspot.com/2011/04/los-tumultos-del-lenguaje-en-del.html

 

 

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(…) el libro que hoy nos convoca, y que forma parte de esta nueva y post moderna corriente gore que gana cada vez más adeptos, tiene como tema central, la inmortalidad. Y es, precisamente a través de los hábitos de reproducción de estos quelonios, como se irá conformando la trama de Arena, la primera novela de Echeverría. La historia, ambientada en un ribete perdido de tierra, Las Bocas, que evidentemente remite a la reserva ecológica de Dzilam Bravo en la Península de Yucatán pero que podría ser cualquier costa del mundo, cuenta el regreso de Lucrecia en contra de la voluntad de su madre Yosefina, a ese misterioso sitio donde su padre desapareciera, y en donde el tiempo no transcurre para sus habitantes, literalmente.

Trepidante, enloquecedora, llena de una oscura ambientación que por momentos recuerda el estilo del norteamericano Lovecraft, Adán se ha enfrascado en la realización de un texto prohibido para todos aquellos que no entienden que en el arte no hay barreras y que es posible mezclar la sangre con la ironía, siempre y cuando se salpique con un toque de humor negro. A menudo, tal como sucede en las historias del escritor estadounidense, creador de Los mitos de Cthulhu, los protagonistas de Arena parecen incapaces de controlar sus propias acciones, o encuentran imposible cambiar el curso de los acontecimientos. Muchos de estos personajes –Mauricio, Lucrecia, Rulor Miranda,- escaparían del peligro si simplemente corrieran en dirección opuesta, aunque esta posibilidad nunca surge o es, de alguna forma, sometida por una entidad externa. No es casual, pues, que los moradores de Las Bocas no puedan huir debido a las fuertes corrientes del océano o a las repentinas tormentas de arena que se abaten sobre ellos. Lo interesante es que, a pesar de girar alrededor de un solo tema, el autor ha tenido la habilidad suficiente para enriquecer la trama y enseñarnos de a poco, como en aquellas legendarias cajas chinas, los motivos de cada uno de sus personajes. Y cito:

“Ah, mi madre tan bella y tan puta la condenada, siempre he pensado que he sido la mezcla de mucha leche. Yo, ¿sabes?, el mismísimo general que está acá contigo; soy la mezcla de muchas leches, porque la noche que me concibieron, a mi madre se la cogieron varios hombres, le llenaron el culo de leche, la llenaron todita de leche a la muy puta. Ay mi madre tan puta la pobrecita, éramos tan pobres, tanto; tuve dos hermanas, y creo que ambas me dieron hijos, ¿sabes?, murieron en la revuelta…”

Ahora bien, lo que creemos leer, no es necesariamente igual a lo que deberíamos saber. Pareciera que el autor, debido a su desbordante imaginación y su trabajo como investigador, observa detalles que para nosotros pasan inadvertidos. Quizá la vena poética de Adán, conjuntamente con su voluntad, contribuya también a crear esta impresión. No en balde, Adán es compilador, junto con el poeta mexiquense Armando Pacheco, de una trascendente antología digital llamada Del silencio hacia la luz, donde se dan cita 658 poetas mexicanos.

Así, en Arena, por momentos nos encontramos leyendo la novela dentro de la novela, pues es un manuscrito dejado por Mauricio a su esposa Yosefina, el pretexto para iniciar la historia. Y es también el manuscrito de Lucrecia, hija de ambos, el que cerrará el texto. (…) Nada es lo que parece. Detrás de cada ser humano se esconde otro. Así lo constatarán, estoy seguro, los que se acerquen a esta hilarante novela de Adán Echeverría.

(Carlos Martín Briceño)

https://carlosmartinbriceno.com/2010/01/13/a-la-memoria-de-charles-darwin/

 

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Seremos tumba, novela de Adán Echeverría

En el nombre del padre y del hijo de su santísima iglesia católica. Oremos.

Ese Adán está muy loco, puras pendejadas dice en Facebook. Le oí decir y sonreí con aprobación tomando aquello como verdaderas flores para una de nuestras mejores plumas, al menos para una de las pocas que admiro de por acá. Al poco recibí mensaje invitándome a comentar Seremos tumba, su segunda novela, y de inmediato dije que sí, antes de que se arrepintiese pues calibrara el riesgo de sentarme a hablar de su obra sabiendo que soy un oportunista y me iré perdiendo en mis debrayes para terminar hablando mal de algunos y muy bien de mí mismo.

 

Primera lectura.

¡Una novela, carajo! En 2009 decía de Arena, primera novela de Adán, que había caído como lluvia fresca en la ciénaga novelesca poco seca de la literatura yucateca. Y hace poco me quejaba de lo cuestionable que es la existencia de algo que se pueda llamar Literatura Yucateca Contemporánea. Hoy, con Seremos tumba, me queda claro que aquí está, en sus temas y sus voces meridanas, en sus ambientes y sabores yucatecos, en sus personajes y formas peninsulares.

Cuando, a la hora de la comida, le dije a mi mamá “está buena la novela que estoy leyendo”, no le conté que iba de una historia de amor y muerte juvenil exquisitamente narrada, ni de que cuestionase valores y antivalores escarbando con clavos oxidados en las yagas de los 'doblemoralinos' meridanos que somos casi todos, mucho menos le dije qué chingones estaban los manejos de flashbacks, los tiempos y las voces narrativas. No. Le dije que sacaba los ¿trapitos sucios? de los grupos juveniles parroquiales como aquellos del famoso templo de Cristo Rey y de paso dejaba mal parada, por si hiciera falta, a la iglesia católica institucional. Ella contestó contándome el caso de la vecina que registró como suya a la hija que su vástago, flamante corista de la parroquia le fabricó a una mocosa del mismo grupo, ello, claro, con asesoría del párroco y la correspondiente bendición de Dios. Por ello nada de trapitos sucios, pues todo mundo sabe en qué piensan los chavos y a qué van a la iglesia. Pero pérate, le dije a mi mamá. La onda de la renovación cristiana, los sitios de Jericó y esos tejemanejes de alabanza, negocio y no sé qué más, es otro rollo que también sale en la novela. Y ella dijo “ha me prestas el libro”.

 

Segunda lectura.

El caso es que cuando empecé a leer me costaba trabajo no confundir recuerdos y fantasías con lo leído. De repente desescuchaba las contundentes descripciones del narrador y ponía rostros conocidos a ciertos personajes, así como reconocía lugares y situaciones (lo que les decía de la literatura yucateca contemporánea). Por momentos, algunas realidades de la ficción que leía me rebotaban entre la conciencia y la moral o entre la memoria y cierta frustración. La obra es cercana al lector habitante, pero su arquitectura le brinda carácter universal. Y esto me lleva al primero de dos reproches que tengo para el autor:

 

Adán Echeverría: ¡deja el fondo editorial del ayuntamiento de Mérida para los piojos! Sé que en nuestro amado pueblo no existe la industria editorial, entiendo que lo tuyo es otra onda, la belleza, la subversión, que para el caso ambas cosas son la misma, el arte. Pero contras, Seremos tumba, y al menos toda tu obra narrativa, debe tener repercusiones más grandes. Que la novela es el producto que más vende y prostituye a la literatura, dicen algunos, y que mejor nos vamos por el “underground oficialista”. Adán, déjame decirte que haces novelas muy chingonas. Y dime si no te faltó al respeto un poco el ayuntamiento con sólo quinientos ejemplares.

 

Lectura del santo evangelio según este gallo.

Pensé algunas frases publicitarias. “Una vibrante y apasionada historia de amistad, amor y muerte”, “Seremos tumba, el amor es para los subversivos”, “Anecdotario de un patán que ninguna mujer liberal debe dejar pasar”. Y ésta última trae a colación el segundo reproche que tengo para el autor. Advertencia: las siguientes líneas contienen información explícita del contenido de la obra, lo cual podría enrarecer la experiencia virginal con la misma. No es cierto. En realidad es un reproche a medias. Porque dice por ahí que el amor que E siente por A es indudable. Y neta que nunca lo dudé, eso me quedó clarísimo y es entendible todo el tiempo, mi problema, como lector mega-romántico que soy, es que no lo sentí hasta el mero final, cuando leí la ultimísima palabra. Y es que la narrativa está plagada de poesía y de sensaciones verdaderas, pero ese amor de-ses-pe-ra-do que al final resulta lo que resulta no lo sentí hasta la última palabra. Por eso digo que es un reproche a medias, pues la verdad es que resulta el máximo acierto, ya que cuando la ultimísima palabra cayó, toda la piel se me erizó y viví eso que sólo el arte, y otra cosa que luego les cuento, permite, tras ciento ochenta páginas de imperdible Seremos tumba.

Demos gracias al autor, pero mejor que dé su tanda.

(Rígel Solís)

 

 

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"Cualquiera que lea el muro de Facebook de Adán Echeverría diría, con cierta razón, que pudiera tratarse de un sociópata, su lenguaje virulento, combativo y desencantado asusta a las buenas conciencias, y precisamente ese es el lenguaje que rescata para elaborar una novela, la segunda, que evoca la novela de iniciación como El guardián entre el centeno de J.D. Salinger. Esos escritos que en su contexto histórico y social crearon una piedra en el zapato del establishment. La transgresión es un arma para sabotear la placidez del entumecimiento social."

(Roberto Azcorra Cámara)

 

 

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Cuando hace unos meses el escritor Adán Echeverría nos compartió, a través de las redes sociales, la noticia de la publicación de su más reciente libro, Las sombras de Fabián, lo primero que advertí fue su vocación y destreza literaria para incursionar en un género tan poco estimado. (…) Las sombras de Fabián puede leerse como un signo de iniciación a la madurez, un despertar de consciencia que pugna por enfrentar la realidad que lo atañe; es asimismo, una metáfora del pasado: las sombras de Fabián son nuestros miedos, nuestras incertidumbres, nuestras propias sombras por supuesto. Un elemento preponderante a lo largo del libro es la presencia de lo fantástico. Lo fantástico como tema, lo fantástico como condición sine qua non, lo fantástico como vehículo para acercarse a los niños. En Las sombras de Fabián, el relato se dimensiona cuando el protagonista, tras ser enviado a su cuarto, descubre que puede jugar con las sombras proyectadas por sus manos. Es en este momento cuando acontece lo realmente maravilloso: “Y al desdoblar las manos, la sombra del cachorro corrió por las paredes.” De pronto, como si de un truco de magia se tratara, la frontera entre la realidad y la ficción se ha roto, un nuevo orden, en donde todo es posible, se instaura y los rayos de luz y la alcoba –como espacio íntimo– se vuelven requerimientos indispensables para que esto suceda. Así, lo fantástico se despliega desdibujando una atmósfera de luces y sombras, de certeros contrastes, como lo es sin duda nuestra propia vida. Otro aspecto relevante en la obra de Adán Echeverría es la representación familiar. Las sombras de Fabián, en uno de sus planos argumentativos, puede interpretarse como una refinada crítica a la comunicación familiar. El cuento, entrevera una situación de premio y castigo, de estímulo y respuesta, que se expresa cuando los padres advierten el comportamiento hostil de su hijo. Por otro lado, no es menos significativa la contribución de las ilustraciones. Presentadas con equidad de género, por lo que a grados de participación social y estereotipos respecta, las imágenes ayudan y multiplican la comprensión del texto. Las sombras de Fabián es un libro infantil que se circunscribe con sagacidad en su contexto histórico. Ya sea para quien interprete un anhelo por la fantasía o para quien defina una preocupación real por la madurez, el libro ofrece una cortina de temas actuales. Es un libro para leerse en voz alta con total disponibilidad de espíritu.

(Daniel Ferrera)

https://www.revistasinfin.com/resenas/las-emociones-perdidas-resena-del-libro-las-sombras-de-fabian-de-adan-echeverria/

 

 

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Si no fuera por el subtítulo del poemario Tremévolo, compuesto de tres libros, con la lectura de los poemas de la segunda parte sabríamos de qué se trata: Pornoversos titulados metafóricamente como Estanterías dionisiacas. Me quedo con esta segunda parte del libro para ser la que sostiene a la primera y la tercera, -desde mi apreciación como lectora- la segunda parte es la que altera, golpea el rostro con su realidad, la de una concepción decimonónica de la poesía.

Pero la poesía no solo se hace de la belleza, también en la fealdad o en lo perverso hay una estética poética, la que hay en la turbia existencia de los subyugados a sus pasiones. La pasión se ha abordado el Ars Amatoria de Ovidio, fue de invocación a Venus, a inspirar El Arte de las putas de Nicolás Fernández de Moratín, auténtico manual sobre las prostitutas del Madrid en 1777. Algo que se antoja más ligado a la pornografía que a la literatura, pero el tema es ¿la pornografía es literatura? Acaso cabe la pregunta, y como Adán con la intención y el gusto por el tema procuro la respuesta: Varios son los matices que pueden abordarse pero en lo esencial “en griego antiguo pornógrafos designaba al autor que trataba sobre la prostitución: así como pornografía designaba aun género pictórico: la representación de prostituidas…”, entonces la literatura y la pornografía se ligan hasta ser una categoría de análisis y como tal está sometida a las mismas exigencias de otras categorías de la literatura.

Cumpliendo con esta premisa, es que el autor titula al segundo libro inserto en el poemario Tremévolo: Pornoversos y calumniaditas sin censura. Así, Adán Echeverría anuncia con las palabras de Tolstoi, en un epígrafe, los linderos del poemario que va de la subyugación, el deseo, la locura, la pasión que son al mismo tiempo un dragón de varias cabezas. No es casualidad, hay una intencionalidad latente en la voz lírica del poema cuando dice: Dejen que me inflame/que suelte mi verso amoral y nocheciente, / mi verso-dardo irreparable.

El verso no se limita, ni se reprime no le teme a lo obsceno y lo pornográfico, en presentar el amor como algo carnal, y por ende lleno de humores y olores, de fluidos y nombrando al cuerpo con sus nombres, a sus partes. El discurso poético de Tremévolo se sostiene en estructuras gramaticales y estilísticas específicas y distintivas, desde una dimensión específica de descripción que atraviesa el poemario: la sexualización de la existencia. No es posible una lectura ingenua de Tremévolo, al que hay que dar una lectura intencionalmente obscena para obtener el placer del texto no solo en el sentido de Roland Barthes, sino propiamente en el entendimiento de la retórica popular, pero construido con un lenguaje poético que confirma que todo en la vida es pues sexualidad consumada en la palabra. Cito:

Todos están ardiendo en el fuego que somos crematorio

dormitadas velas de la madrugada.

 

Qué mejor entierro que enterrarnos,

enterrarte el pene y el ojo básico de cada noche,

 

El verso no se construye con la metáfora, se sustenta en la polifonía de las palabras que usa, sugiere imágenes sexualizadas latentes en el imaginario de quien lee –o escucha-, pero también se atreve a interpretar la concepción prejuiciada de la sexualidad y la perversión con una mirada de devota fascinación. En el texto pornográfico el cuerpo es frecuentemente castigado, espectáculo que produce placer en personas que han sufrido represión en sus actividades amorosas y sexuales, dice Gabriel Weiz en Dioses de la Peste, y en el poema esa fascinación por la violencia se sublima como un ingrediente más de la obra que aquí presentamos con versos sutiles o que se confrontan con imágenes descarnadas:

 

Quiero castigarte con la punta de mi lengua

rozarte con el glande sin hacer la embestida

 

 

Versos más adelante dice:

 

Ven a orinarme, ornitorrinco.

Ven a volverme paradigma

 

La poesía no es realidad pero crea una capaz de reflejar la que vivimos, y Tremévolo se inserta en una interpretación del mundo, en una cultura en la que el cuerpo en una escritura masculina que describe lo femenino como objeto sexual, pero el autor se abre, se imposta en una voz femenina pero No es otra voz lírica, es la del mismo sujeto textual que habla y se enuncia, se ofrece en esa concepción pornográfica de sumisión femenina, porque en el deseo construido en el imaginario popular solo lo femenino cabe a abrirse, a someterse, a ser poseída y penetrada. Y en el poema se confiesa el sujeto lírico sometido:

 

Qué me has dado sino el más puro dolor

purificado y rectilíneo, retardado y trovador de lunas

 

Porque hasta la pornografía a pesar de su papel transgresor reproduce modelos patriarcales de sumisión femenina frente a la embestida masculina, aunque el doliente obsesivo enamorado se torne abierto-femenino, sumiso sometido en el poema:

 

Quiero ser tu hembrecita dulce

dime si no soy buena mujercita, tú lo sabes.

Lo sabes cuando me insertas tus uñas de lodo,

 

El deseo es lo latente y a partir de esa emoción plantea una forma de amor humano, carnal y nos despierta furia con su obscenidad que nos estrella en la palabra; el recurso de la repetición busca y alcanza exasperar, alterar y enfatizar. En una concepción perversa del deseo. Cito:

 

¿Quieres que te mire coger? Déjame sodomizarte

Clávame ese bastón de aluminio que te he regalado

 

Pero también es una forma de pulsión latente en estos días en esa concepción de lo placentero de la actualidad; Renata Salecl, plantea en Perversiones de amor y de odio que la pulsión obtiene siempre satisfacción, mientras que el deseo siempre permanece insatisfecho. Cito:

 

Los espero en este punto,

en este pedazo de vértebra

en que no dejo de presentirme lobo,

quimera equidistante que nada justifica

ni el amor, ni la muerte que llevo acá en la espalda.

 

En última instancia, la pulsión es siempre la pulsión de muerte –sostiene Salecl-, la fuerza destructiva que socava sin piedad y sin fin los puntos de apoyo que el sujeto ha encontrado en el universo simbólico. Entonces no extraña que en el poemario la muerte sea un ritual sensual de sublimación. Cito:

 

Vamos a matarnos todos juntos

a brindarnos al suicidio colectivo

 

El poemario no es ni moral ni aleccionador, es amoral porque se presenta sin temor de lo que despierta, es una fotografía de una forma de intimidad humana que las más de las veces nos negamos a aceptar en lo público aunque en lo cotidiano palpamos su existencia, con toda su violencia y la fealdad de lo perverso que se entraña en formas de amar que la sociedad hoy prefiere etiquetar como decadente aunque es lo que se vive en este tiempo. Por momentos, el verso es una película que transcurre en nuestros ojos, con la referencia de las imágenes de filmes pornográficos, la sublime fantasía elucubrada en lo profundo o como la pesadilla de ser la víctima de un ataque; pero capaz de construirse como imagen escupiéndonos en la moral que nos obliga a esconder la confesión del placer o la compresión de las imágenes poética si se hace en una lectura hipócrita evasora. Algo hay siempre de grotesco en la pornografía como nos cuesta confesarnos humanos, comunes y ordinarios. (…) vale decir que el amor es también el deseo del otro, una insatisfacción perpetua por nunca poseerlo del todo. El discurso poético de Tremévolo es globalmente coherente, con una primera parte llamada Anatomía distante y sin retornos que no es ociosa, es la metáfora del tiempo del deseo el enamoramiento que se torna obsesión y empieza a agobiar, con imágenes que se confrontan y nos guía a una poesía de lo que se habla, se vive, se escribe y se hace en la realidad de las personas, de esos posibles lectores, del sujeto lírico que habla en el poema y posiblemente del autor. Cito:

¿Buscarte? Todos te buscan,

¿Quién te encontrará en el resorte de las camas?,

¿o eres tú buscándolos?

¿Para qué otros rostros para qué otros nombres?

¿Mi orgasmo no te basta?

 

Una tercera parte donde el yo lírico se imposta en la hipocresía de amorosas confesiones. Donde la nostalgia se teje como una forma también de sentir deseo, de consumar la pasión por la “ella” distante, una vuelta al discurso amoroso después de las probadas perversiones que le anteceden al mismo objeto del deseo porque después de todo también esas son formas del amor. Y termino citando a Tremévolo:

Hemos herido tanto, hemos sangrado poco,

lamiéndonos, paladeándonos como las hienas

hiriendo el cenit de alumbre en que nos alumbramos.

 

(Argentina Casanova, Campeche, Camp.)

 

 

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Tremévolo no es palabra muerta del diccionario. Tremévolo es una ensoñación poética (quiero decir imaginación, invención poética), es la transformación del lenguaje que exige la función estética al artista si acaso quiere poner en obra un mundo inédito. Adán Echeverría (recuerdo a Gaston Bachelard) extrajo de su cuarto de poeta la palabra Tremévolo que en la densidad de significado o en su afán de otorgar pistas al lector, la acompaña del subtítulo Tres lados de un mismo rostro. Así esta palabra otra pasa del ensueño a los hechos tangibles, a incorporarse al mundo de la palabra, el mundo del lenguaje poético. Es verdad que (cito de Bachelard) “no todos los objetos del mundo están disponibles para las ensoñaciones poéticas. Pero una vez que un poeta ha elegido su objeto, el objeto mismo cambia de ser y es promovido a lo poético”. Tremévolo, cierto, sugiere Tres lados de un mismo rostro, que en una posible lectura, puede ser el rostro amoroso. En mi criterio, el poemario de Echeverría son tres fragmentos para el amor (título que tomo en préstamo a María Zambrano de su libro Dos fragmentos sobre el amor), es esa travesía de la muy humana condición que todos emprendemos y, a veces, se convierte en un viaje sin retorno o, a veces, en un periplo porque se vuelve al punto de partida desde donde algunos creen estar listos para empezar de nuevo. La fonética de Tremévolo remite a las sensaciones de lo malévolo o al legendario trébol o, como dice un verso del belga Edmond Vandercammen, es “una palabra que puede ser un alba y aun un abrigo incierto”. Es una palabra infiel porque puede tener uno o varios significados, intenta establecer (vuelvo a Bachelard) sinonimias oníricas de una cosa o de otra. Tremévolo en su alucinación verbal dibuja y desdibuja al amor. El sujeto poético, ese que habla en cada verso, pone en obra el amor contradictorio que en la filosofía zambraniana es el amor divino: ese que sublima y de golpe conduce al abismo. Pero el lector no asiste a ese ciclo, la voz poética desde la primera parte del poemario, “Anatomía distante y sin retornos”, está ya en el abandono amoroso (cito el poema IX):

 

Déjame aullar sobre mi cuerpo / que baje a las alcantarillas para arrodillarme ante la victoria de tu vida, / que baje al inframundo en que me reconozco / ansioso por los lobos que sangran en mis muslos; / déjame enredarme el opio dentro de las vértebras, / que me sirva esta luz que se lo come todo, / que me sirva esta navaja que anida entre mis venas / para rasgar el rostro de saberme tuyo hasta el huesito. / Todo me dimite al abandono y me deshago música, / párpado y terroso laberinto / de ese fauno que soy, que he sido admonitoriamente / encorvado como el arcoíris que doblega, como el arpa silenciosa de los edificios / con temor a caer sobre los automóviles; / ahí va mi cuerpo volando en libertad.

 

En “Anatomía distante y sin retornos”, el amor divino, coincido por lo expresado en la cuarta de forros, tiene al “cuerpo como centro del universo”, en realidad todo el poemario toma al cuerpo como clave del universo poético, pero en “Anatomía distante y sin retornos” la anatomía humana se convierte en un tormentoso recuerdo del amor en fuga, del amor que cada vez más se encuentra (traigo a María Zambrano) “sin espacio vital donde alentar, como pájaro asfixiado en el vacío de una libertad negativa” (leo el poema XII):

 

“Qué me has dado sino el más puro dolor / purificado y rectilíneo, retardado y trovador de lunas, / porque siempre ha sido robarnos el tiempo y la caricia, / ha sido desecarnos junto al ventilador, / observando el odio creciendo rojo en la pupila. / Nos gusta el dolor / (somos así: cuarzo y machete desgastado) / y crece la angustia de perdernos para siempre entre los autobuses / entre las manos de otros, paso por paso / (somos así: lágrimas y golpes en el rostro), / garra por garra, labio por labio, soberbios e invencibles; / de tu piel a mi piel cuelgan los orgasmos”.

 

El segundo fragmento sobre el amor lo propone Echeverría en “Estanterías dionisiacas. Pornoversos y calumniaditas sin censura”. Aunque el autor los etiqueta como pornoversos, se trata de eroversos: es el disfrute, el goce, el placer desde la recordación del sujeto lírico. Un instintivo festín de los sentidos que no escapa a lo escatológico, con esta parte del poemario empieza la debacle del amor divino en provecho del ejercicio de una función orgánica (leo del poema VIII): “Dime dime dime que soy tu Dios, quiero violarte. / dime dime dime que no me acabo tus relámpagos, / defécame insaciable. Mírame comerte los reflejos, / dibujarte latigazos, lamer tus excrementos insípidos / y enfermos; un buscador de sombras surge de mis ojos / parasitarios, inhalantes, devoradores, regurgitantes, / explotadores calamitosos, / mis ojos que lo creen todo. Dímelo con gritos auriculares, / dímelo sobre la costra con el dedo y el masaje en los pezones. / Ciérrame los ojos. Clausúrame tus líquidos. Deja tus vómitos / sobre mis alas. Deja cogerte las axilas y volcarme intacto / hasta que los ojos se desangren”.

 

“La región en que me encuentro. Sobredosis de anormalidades y una lata vacía” es la tercera parte de Tremévolo. En este tercer fragmento amoroso, en lo personal el que más me gusta del poemario, se encuentra impregnado del desasosiego, del dolor por la indigencia amorosa, quizá, la esencia del amor de nuestros días (leo el poema IV): “He de matarme accidentariamente, / he de matarme con el símbolo de siempre /laminitas de uva suave brincan en tu espalda / con tus fotos ardiendo entre las llamas, / tus huesos limpios, / los colmillos hartos ya del abandono. / He de matarme ya con la sonrisa a cuestas / y el valor que me obsequia la Nada obscenadoriamente. / Líquidas sombras se derraman, / inundan esta casa de libros y periódicos donde no logro encontrarte, / en que ya no logro saber qué eras. / ¿Adicta? ¿qué eras? ¿ingrávida tetera hermafrodita? / Eras tú... / enamorada de este manicomio que sumerge, / ¿quién te ha pagado para hacerme feliz?”.

 

El desencanto del poeta, el amor inexistente, infinito, está simbolizado en la idílica pantera blanca. Las palabras de Zambrano son eficaces para esta parte de Tremévolo: “No es que no exista [el amor], sino que su existencia no halla lugar, acogida en la propia mente y aun en la propia alma de quien es visitado por él. En el ilimitado espacio que en apariencia la mente de hoy abre a toda realidad, el amor tropieza con barreras infinitas. Y ha de justificarse y dar razones sin término, y ha de resignarse por fin a ser confundido con la multitud de los sentimientos, o de los instintos [...] o ser tratado como una enfermedad secreta, de la que habría que liberarse”. En “La región en que me encuentro...” la condición amorosa ha quedado reducida a lo humano, apartada de lo divino ha decaído en acontecimiento (vuelvo a Zambrano), ha sido “desposeído de su fuerza y de su virtud”, despojado de su esencia divina, desacralizado, aparece bajo la forma de la arrebatadora pasión; “es como si cuidadosamente alguien hubiera operado un análisis y extrajera lo divino y avasallador de él para dejarlo convertido en un suceso, en el ejercicio de un humano derecho y nada más” (leo el poema VIII):

“Allá estoy despedazado, / fértil y poderoso me recogiste y acá me miro de nuevo, / vacío como esa lata que conducen los mendigos hasta el ojo, / fuerte y poderoso por tu silencio, fuerte y poderoso por tu impasible tiempo eternizante. Aterrizante terrorífica / dantesca solución en que nos divertimos / envueltos en el aluminio de los sueños, / oxidado tirito junto a los desperdicios / de mi nombre te miro / recorrer los puentes hacia arriba, / con tu capa roja vas recogiendo lluvia, / mirando cada gota entre los dedos; / su transparencia de luz te abre los ojos / para navegar náufragos a la mordedura de caricias”.

 

El problema de despojar el amor de su carácter sagrado, reducirlo a suceso, es condenarnos a la fatalidad de la horrorosa repetición de nuestros actos, la repetición de la Historia toda, el eterno retorno de todo, porque el alfa de la existencia se funda en el amor divino en tanto esencia filosófica. Abandonar la idealización en el amor divino, quiero decir, someterlo a causas que llamamos razones, es condenarnos a la sombra, a la oquedad. Esto es algo de lo que nos dice Tremévolo donde no habla Adán Echeverría, sino el mundo o, para reproducir las palabras de Bachelard, “La voz del poeta es una voz del mundo”.

(Kenia Aubry)

https://letralia.com/242/articulo10.htm

 

 

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La confusión creciente de la alcantarilla (Prólogo)

ADÁN ANTORCHA. Es inevitable ser arrastrados por la poesía de Adán Echeverría, por la jauría de sus versos. Adán, con su vigilia sobre la rabia, nos hace deudos y cómplices de su dolor. Con sus demonios sueltos el autor nos va guiando por sentimientos de intensidad extrema, nos obliga a mirar sus dioses muertos donde también reconocemos sus heridas como propias. Nadie escapa a su lamento, nadie comprende cuando alguien deja de amarnos: todos a la profecía, condena Adán, abierto como una pluma al aire. ADÁN MAR. Nuestro poeta hace alarde de técnica y dominio del lenguaje dentro de su único y tempestuoso oleaje interior, aquí el lector se deleita con hermosas imágenes junto a un panal de avispas donde arde y descuelga la niebla de los álamos. Es también cualquiera de nosotros caminando solitario en su pena secreta, entre sombras de iglesias y mercados, donde toda muchedumbre nos es ajena: me deslizo invisible entre automóviles/ inmóvil me contemplo entre los charcos. ADÁN SAL. Su poesía no carga inútiles culpas, no tiene remordimientos. Transcurre como cualquier día en la vida de todos nosotros, pepenadores de la caridad inalienable. Simplemente observa como todos llevamos cicatrices, pues hasta el más bravo ante la vida será nombrado confesor del mal. Adán busca en el misterio de la muerte el hueso mismo de la pérdida, aún mucho antes de que se haga presente: somos ventisca huracanada/ glaciar disuelto en las hormonas/ calcinados ojos/ cadáver/ átomo/ dios. ADÁN CARNAVAL. Hombre y poeta comulgan en cuerpo, mente, espacio y tiempo. Uno acuchilla lo que amó y el otro va sembrando voces, aquí el milagro en cada célula es nacer de la derrota. El autor escudriña y asiste al ritual de sus semejantes ignorando la pirotecnia de la noche, ¿asoma el hombre cuando afirma estas niñas debutantes se perciben limpias como los días antiguos o los apellidos de siempre? ¿o asoma el poeta cuando acusa a las mismas debutantes? … ellas encienden la entrepierna en los dedos chambelanes/que portan en solapa tulipanes blancos/camuflajeando los condones. ADÁN LLUVIA. Emocional e íntimo, Adán transita la noche, cómodo consigo mismo y en su silencio crea la palabra que ha de rehacer su mundo poético. Es uno de aquéllos viajeros que al fulgor de los cometas/ cuecen sombras en la cacerola del demonio. Contempla la oscuridad y sabe que en ella las luciérnagas anidan sus astros. Y nos deja el gozo desencadenado que fluye en cada línea hasta fundir cristal y roca/ en el fuego continuo del rostro que seremos. ADÁN LUNA. El poeta también recorre los atestados sitios de los solitarios, cada uno en su santuario a cubierto de la mentira y la falsa felicidad. La prostituta adquiere, al fin, su precio exacto junto al abismo del que se precipita en el alcohol, mientras escuchamos: En el pliegue iconoclasta de su minifalda/las hembritas marcan el trébol que afirma el culo, porque escuchamos su voz de profeta abandonado, más que leer y atestiguamos también que En las fauces de la borrachera/muy dentro de los antros/siempre hay lugar para la hembra sin partido/. Nadie es intocable, nada es inalcanzable en este su territorio onírico. ADÁN BÍBLICO. Apocalíptico en su drama, nuestro autor se vale de los símbolos, todo símbolo sagrado y pagano, habido y por haber y recién acuñado entre viejos vocablos y palabrejas en desuso. Esta es una guerra personal, un drama de festín donde el lector es engañado al asistir y quedar atrapado por la fuerza de sus furias, cantamos con él soy la ráfaga. Y palidecemos cada remolino de silencio/cada célula que ha borrado el viento en nuestra calle. Adán Echeverría, poquito Dios sagrado y dios completo, lleva su revancha con el ojo abierto del Espíritu y nos deja en su poesía su firma escrita en la palabra y dada en juramento. Amén. Con mi respeto y admiración.

(Alexandra Botto.)

 

 

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El tercer título es La confusión creciente de la alcantarilla, del mexicano Adán Echeverría (Mérida, 1975), autor de una decena de títulos entre poemarios, narrativa y antologías. En el libro hay una voz que vigila, acechante en medio de la noche, aquello que juzga e inspira a la vez el comportamiento de los hombres. Es una noche interminable de curas maldicientes y pecadores, charlatanes, poetas, prostitutas, juerguistas y una orgía interminable de todos los sentidos para que la vida misma se convierta en rueda que gira al infinito. En esa noche de vida y de todos los recuerdos racimos de voces cuelgan como telarañas / habitan en la cornisa de las tejas / habitan la ventana el desagûe los roperos [...]. En lo más profundo de las alcantarillas la muerte espera, muerte que cierra, querámoslo o no, cualquier paréntesis por largo que sea. Echeverría lo sospecha. 'Bienvenida mi muerte' es el poema que reposa al final de todos sus desagües.

(L. Santiago Méndez Alpízar.)

 

 

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La sonrisa del insecto es desde mi perspectiva crítica una catarsis desenfrenada y alegórica por el abandono en todos los sentidos, llevada al ritmo y a la cadencia de una forma poética donde la estética es el núcleo del erotismo que Adán Echeverría nos entrega en puñados de letras húmedas y carnosas; y como la belleza, al igual que la estirpe del verso no se puede negar ni esconder, el autor recurre al tono autobiográfico donde se desnuda, se desduda y se desanuda en sus adentros; es entonces, el momento justo donde no solamente escribe, describe, lamenta, reclama y grita su dolor, por el desgajamiento de sus besos, por el desangrar de su venas y el desaliento de sus versos…todo ello en un plano horizontal y en el corazón de la hoja en blanco, donde “transcurrió el presente siempre a doble espacio” ahí en el sentir del tiempo y el espacio “es hueso nuevo el laberinto”. La capacidad creativa, además de transmisión que posee el poeta, son nexos claves para que el lector entre de lleno a sus poemas y naufrague verso adentro en el mar de la angustia, donde él mismo nos ha llevado.

(Federico Corral Vallejo)

 

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Con un alto nivel de erotismo y un contenido cercano a lo escatológico, los relatos que integran este libro abordan muchos de esos temas que la mayoría, por pudor o falsa decencia, prefiere callar. Poblado de personajes bizarros —mujeres que practican la zoofilia, ancianos perversos, obreros pederastas, izquierdistas manipuladores, hembras con instintos asesinos, suicidas en potencia—, Compañeros todos es un perturbador muestrario de las distintas maneras en que se abordan las relaciones humanas y la sexualidad en el siglo XXI. No estamos ante un autor complaciente. Desde sus primeros trabajos, Adán Echeverría se ha caracterizado por salpicar sus letras de irreverencia sin preocuparse demasiado por la reacción de las “buenas conciencias”. Prosa dura, rítmica y trepidante que abreva de la poesía para suavizar las verdades que se cuentan y que mantiene al lector atento, en abierta confrontación con los personajes y, en ocasiones, consigo mismo.

(Carlos Martín Briceño)

 

 

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Grietas, una revolución a pluma armada

Sin más pretensión que la de ser un espacio de difusión para los dispuestos a publicar en este espacio que se enuncia a sí mismo como "pasquín literario" en su evocación romántica más llana, en una alianza entre poetas y narradores del Sureste se creó hace 7 semanas Grietas.

De este proyecto, emprendido a vuelo virtual de sus colaboradores, Adán Echeverría expone toda su intención irónica y mordaz razón de su existencia: "Nace debido a la enajenación existente de los lectores, autores, sociedad toda. Como una intención de protesta, un juego macabro de la burla, por el sistema político tan vilipendiado que todo mundo reconoce en las charlas de café, pero que pocos se animan a asumir desde la letra. Su objetivo primordial es Hacer del panfleto arte.

El segundo objetivo tiene que ver con reconocer precisamente esas charlas de café, que los puritanos desprecian, pero que son parte de una memoria colectiva. Todos el país tienen una opinión política. Grietas busca darles el espacio. Formado en tan solo una hoja tamaño carta por ambas caras pretende presentar una imagen de un artista visual, un comentario (que no requiera mas citas que las que el autor tenga a la mano -o a la lengua-) de dos cuartillas y media, y un poema.

Grietas pretende ser vehículo. Espacio. Apoyo. Grietas esta condenado, nacio en junio del 2010, para morir el miércoles después de las fatídicas elecciones presidenciales del 2012.”, hasta ahí señala Adan Echeverría.

Este pasquín ha presentado a lo largo de varias semanas en una clara intención de ligar el momento histórico de celebración caótica de un bicentenario y centenario como una obra de teatro cuyo escenario de fondo es el de un campo de guerra con 28 mil ejecuciones en los últimos tres años, en 998 enfrentamientos diarios, es decir casi uno por día. Un momento histórico en el que es imposible que no toque a sus individuos. No es el México que nos trastoque la existencia para quienes vivimos en un Sur donde las cifras de ejecuciones no son las del Norte, en un país colapsado y dividido, del que sabemos por el temor que asalta a la vida cotidiana de las familias de ciudades donde el miedo se vuelve algo cotidiano.

El proyecto está ahí, como un espacio para quienes escriban de estos temas con la conciencia y la voluntad, con la noción de que es una irónica representación del panfleto que en otros tiempos sirvió a los escenarios revolucionarios. En la Revolución a palabra armada.

 

tomado de "La literatura como re-evolución" / Argentina Casanova

Texto leído en el Encuentro de Escritores Jóvenes de MTY

(publicado 24 de agosto de 2010).

 

 

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Compañeros todos" es un tren cargado de realidades escondidas. Escenarios que conocemos al pestañear por las calles o con el estornudo que vuela en el aire. Todos somos los pasajes cotidianos. Comienzas clavándote una aguja en el estómago y terminas liberado por una experiencia que jamás imaginaste. Adán Echeverría es impredecible. Sus personajes gruñen y vomitan rebeldía. Las paredes parecen hacernos llorar y sus grietas son tan crudas como corruptibles. Feménite arrulla un canto de sirenas que luchan contra mareas revoltosas y mortales. Ciudadanizarse reparte corazones que se agitan para dar un último aliento. Sueños que se construyen con ladrillos vagabundos y que no tienen miedo de gritar cómo se sienten. Aquí el asombro nace de las mismas pupilas de sus personajes. Seres sexuales y dominantes, capaces de salirse de las páginas y causar una rebelión en tu propia casa.

(Paulina Jiménez Cíntora)

 

 

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Me había perdido la inauguración, pero era lo menos importante de todo lo importante. Recorrí varias veces los pasillos del gran salón admirando miles y miles de títulos de obras, ya sean novelas, poemarios, libros de cocina, arquitectura, fotografía, de periodismo, cómics, etc. Al primer lugar que acudí fue al stand del Centro Yucateco de Escritores, donde se exhibían libros de autores locales, y un joven, muy amablemente me atendió. —¿Cómo qué buscabas? Tengo libros de poesía sencilla y otras más trabajadas— señalando al del autor yucateco, Adán Echeverría, “El orgasmo de los ídolos”.

(Jhonny Euan Canul)

 

 

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Adán Echeverría, es ya, le guste a unos y a otros no, un referente de las letras de Yucatán y algunos dicen, los menos, que de México. Nacido unos años antes que un servidor, ambos compartimos algunas pasiones: la literatura, el fútbol (cuando juega México y los Pumas de la UNAM) y lo bizarro. Nos citamos, como es habitual de la clase media meridana, en un café céntrico de la capital yucateca, a eso de las seis de la tarde; sin embargo, las altas temperaturas ya habían hecho estragos en mi garganta y acudí a la cita sólo para cambiar el rumbo de nuestros pasos. Fuimos, como antaño, a una cantina; en esta ocasión, una céntrica ubicada a unos metros del mercado municipal Lucas del Galvez. Entramos y allá, se encontraba ya otro colega: Saulo de Rode. La ya añejada guarida de los beodos vespertinos, rodeada de imágenes de la Santa Muerte y Buda de todos los tamaños imaginables, daba un aspecto lúgubre y bizarro al Jacalito. Tras solicitar a un mesero, de avanzada edad, una misil de León Negra y una Coca-Cola para Adán, nos apartamos de los ruidos causados por una rockola moderna que iniciaba una canción de los Ángeles Azules acompañados del vocalista de Moderatto. Encendí la grabadora del celular e inició la charla.

(Armando Pacheco)

 

 

 

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Adán se llamó el primer hombre. Adán, también nombre del autor de Trapacería y Fiesta. Hombre Ave que con su canto despierta a las dormidas Gomorra y Sodoma, prostitutas que se sacuden los escombros y se encaminan a esta orgía poética para sumarse a las mujeres desnudas, mujeres de muslos lustrosos, de muslos de titanio y eucalipto que predominan en la fiesta. Ellas y sus terciopélicos muslos. Y Eva la primera mujer se deshace de la hoja de parra y su desnudez de gacela, su infame desnudez, camina hacia el Tigris o al Éufrates donde se enjuga la vagina para lavarse los pecados; ella la cuna del pecado, de la pasión y la poesía.

(Ángel Augusto Uicab)

https://revistaliterariamonolito.com/la-fiesta-del-hombre-ave-trapaceria-y-fiesta-de-adan-echeverria/

 

 

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Adán Echeverría emplea la microficción, en la cual, representa a través de ellos el conflicto al que se enfrentan los homosexuales por ocultar sus preferencias a consecuencia de la sociedad homofóbica. Son tres microcuentos: el primero llamado "El veneno de la flor"; el segundo "Si no eres honesto contigo" y el tercero "Los vestidos de Cristo."

(http://erevistas.uacj.mx/ojs/index.php/cuadfront/article/view/1791)

 

 

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Es la palabra la luz del humano para saberse distinto de los animales que le acompañan en este agonizante planeta. Crearon, como dioses, la poesía para liberarla y hacerse eternos. No fueron siete días, pero formaron rapsodas o juglares, y vivieron de ella. Fue crucificada, muerta y sepultada, la volvieron su puta, su niña de ojos de miel y la embarraron en cualquier cuarto amontada de palabras huecas, tan huecas volviéndolas nada.

Adán Echeverría en Trapacería y fiesta hace un recuento de esa poesía sempiterna, pero al mismo tiempo refriega en nuestras pupilas el mundo que ha abusado de ella. No calla, no esconde, es un blasfemo ante las formas conjuradas del poeta laureado que ha dejado a la palabra en la derrota.

La poesía es vida, es el molde de los pequeños dioses. Pero ésos, ya no existen, se han vuelto demonios en busca del oro de la cultura del escenario fútil.

(Blanca Vázquez)

 

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En "Mar Océano", de Adán Echeverría, los ojos de inocentes almas nos embarcan en la travesía por uno de los ecosistemas preferidos por los vacacionistas: las costas arenosas.

Desde el inicio del relato chocamos con la premisa: Hemos heredado un mundo tan lleno de fantasía como tan lleno de horror.

Un juego de niños que nos desafía a renunciar a lo terrestre, lleno de limitantes, y sumergirnos en la piel de monstruos incapaces de dañar, y tan hábiles para llenarnos el corazón de Océano.

(Melbin Cervantes)

 

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Ciudad adentro (comentario sobre "Ciudad Abierta" de Adán Echeverría).

La ciudad se abre al poeta como una vena adolescente frente al ocio de los sentidos. Es en ese caminar donde la voz es el laberinto de los otros, cuando se transcribe la infancia transparente, el dolor inabarcable que calla frente al espejo, el oficio descifrado entre las calles y el ruido que murmura su silencio entre los dientes. El volumen sostenido de Adán Echeverría en los versos de distancia con que forma el andamiaje de su poesía, da la pauta a la lectura de las distintas urbes íntimas que forman el orbe literario en este paisaje aéreo habitado por el aliento y el sosiego. Cada verso nos transporta desde el vértigo del eco que deja las calles para instalarse en la memoria y dejar ahí la primera piedra del olvido, a las alturas de un discurso instalado en las arterias. Este poemario se deja habitar, en la exploración de su entraña nos descubrimos de regreso al lugar del que nunca nos fuimos, sólo la lectura nos enseña que somos gota de sangre convocada por el pulso urbano, “hasta formar el charco que somos en esta ciudad abierta”.

(Raúl Cota Álvarez, Baja California Sur)

 

 

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Comentario al Poemario “En Espera de la Noche”

La poesía es un regalo sumamente valioso. Nos da la oportunidad de asomarnos y conocer la complejidad del mundo desde los ojos de alguien más. Disfrutamos la magia, nos abraza y nos empuja el amor, nos cala en los huesos el frio y nos explota en la cara aquello que preferimos esconder bajo la alfombra. La poesía se siente, se reflexiona y se comparte.

“En espera de la noche” es un poemario que guarda nudos para la garganta y mariposas para el estómago. Si pudiera definirlo en una frase, sin duda usaría la de aquel poema del buen Sabines que nos dice “No es que muera de amor, muero de ti”. Y la elijo porque, para mi corazón, eso es lo que refleja esta obra: No habla simplemente de amor, sino por quiénes sentimos ese amor, por quiénes morimos y qué hay luego del amor, ese amor profundo que nos motiva a despertar por las mañanas, y que al mismo tiempo nos hace recordar que no somos eternos.

El mensaje de cada uno de los poemas va pasando etapa tras etapa de la vida, ese ciclo que nos enseñaron en primaria como si la vida fuera cosita de nada: naces, creces, te reproduces y mueres. Pero sabemos que se vive diferente y, con toda la ternura, Adán Echeverría supo cómo contarlo.

Sus textos inspiran a voltear alrededor y resignificar lo que vemos; apreciar hasta las pesadillas; a sentirnos ricos de tener a quien amar, a quien darle las buenas noches, a quien dedicarle un verso. Cuenta que el amor también nace, crece y se reproduce y, al reproducirse, se convierte en lo más preciado que cualquiera pudiera tener; se vuelve incondicional, infinito en cantidad y tiempo, un tesoro que proteges con tu propia vida, aun después de escuchar su silencio; entiendes que el amor no acaba aunque te quedes sin nada y ya hasta te cueste respirar; que puedes morir por una mujer, por un hombre, por un niño, por tus sueños, por tus recuerdos, y no deja de ser amor.

Lees y vibras, tiemblas, recuerdas y experimentas sentimientos que tal vez jamás creías podrías sentir. De entre toda la maravilla que es “En espera de la noche” tengo un texto favorito, y este texto me dejó con un nudo en la garganta y otro en el estómago. La primera vez que lo leí no pude contener las lágrimas, pues descubrí otra cara de la vida. Y aprovecho el momento para compartirlo, y cuando se dé la oportunidad, me gustaría mucho que compartieran sus impresiones.

El texto lo pueden encontrar en la página 32 y dice de la siguiente manera:

Apenas terminaba la celebración

cuando vinieron a decir que mi hija había caído de un árbol

edificios y espinos y edificios y gritos

había caído de un árbol a sus nueve años

el vestidito rosa que recién le había comprado

raído y sucio de lodo

cerrados los ojitos dormía

siempre disfruto mirarla dormir

dormía al amamantarla

dormía al crecer dentro de mi vientre

hoy de nuevo dormía en el pavimento

en sueños iba dejando un rastro de ternura

en alguna derrota incomprensible

mis gritos se elevan con las aves

con las nubes van mis gritos por toda la ciudad

Ayúdennos señora, hágase aún lado

Shhh

que la niña está dormida

 

 

Este fue mi texto favorito.

Sin embargo, hubo muchos textos más que me provocaron, y que me parecieron tan buenos que decidí crear una lista de los poemas que más me gustaron, todo esto con el propósito de recomendarles esa parte que a mí me motivó a continuar leyendo e hizo tan especial mi experiencia.

El orden en el que los mencionaré es en el que van apareciendo en el poemario, no tiene nada qué ver con cuál me haya gustado más, aunque, ya saben cuál es mi favorito.

-Fueron pataditas (pág. 16)

-No alcanzas a trepar sobre los cobertores (pág. 20)

-Oiremos música en espera de calmarnos (pág. 22)

-Esta noche me despertó el sueño con las brujas (pág. 24)

-Hace dos años éramos eternos (pág. 25)

-La maestra ha dicho (pág. 26)

-Ella tenía 20 años (pág. 27)

-El primer día de escuela (pág. 29)

-Apenas terminaba la celebración (pág. 32)

-Dicen que debo protegerme de ti (pág. 54)

 

Para finalizar mi participación, solo me queda decirles que “En espera de la noche” ha sido, me parece, una gran oportunidad para reconocer el mundo, para sentirme viva, frágil, amada; pero, sobre todo, para sentirme humana.

(Damaris Cuevas)

Texto preparado para su lectura en la Presentación del Poemario «En espera de la noche» (Ediciones El Humo-FONCA-CONACULTA, 2015) de Adán Echeverría, en la Galería de la Ciudad del Centro Cívico Cultural y Social Riviera, Instituto de Cultura de Baja California, Representación Ensenada, el 9 de septiembre de 2016.

 

 

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Al contrario de otros escribidores que no sueltan prenda al enterarse de posibles lugares para publicar, por aquello de “cada quien se rasque con sus propias uñas”, a mí me encanta compartir con otros, como lo hace el colega Adán Echeverría, quien me da a conocer nuevas plumas para difundir su obra, otras formas y nuevos sitios para editar obras literarias.

(Edgar Rodríguez Cimé)

 

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"Ciudad Abierta", impresiones.

 

Ciudad Abierta. Publicado por Ediciones Letras de Barro. Editorial mexicana.

Es un libro de poesía. Consta de 37 poemas. Y el primer punto a destacar es el ritmo, que se sostiene en todos y cada uno de los poemas.

El autor hace un despliegue de recursos, antítesis, metáfora, reiteración, comparación. A lo largo de estos 37 poemas de extensión variada.

Hay 4 que son muy cortos, de entre 6 y 5 versos.

Uno de ellos se titula "Él me regaló la carne".

Que remata con: la carne y la noche se cubrió de labios.

El más extenso es el último de la colección:

"Deshabitarse".

Ocupa 5 cuartillas y narra la pasión de unos enamorados, desde su juventud, hasta su vejez, y lo continúa cuando uno de los dos ha fallecido.

“Los domingos todos no hay cervezas en el refrigerador”.

Aquí el hablante lírico es una mujer.

Y es un tema recurrente en el poemario.

Más allá de que el libro se titule "Ciudad Abierta", ya que, ciertamente todos los poemas tienen lugar en el ambiente urbano.

La mujer tiene fuerte presencia en más de la mitad de los poemas, sobre todo la niña o jovencita que destaca en los primeros 5 poemas.

Un ejemplo de ello es:

"Es tan larga la calle y al final el disco rojo."

Que canta la violación de una chiquilla ocurrida dentro de esta "Ciudad Abierta."

No es un libro que se lea rápido, aunque goza de buen ritmo es inevitable detenerse a paladear estos versos. He aquí un ejemplo.

"Y para el amor la sombra de luna ciega

La flor marchita en el huerto/ y este cadáver que soy."

(J.R. Spinoza)

 

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“Compañeros Todos”, de Adán Echeverría

 

Este es el segundo libro de Adán que leo y debo comenzar dejando en claro que son evidentes los esfuerzos de su autor por dejarnos una lección – una moraleja – a través de sus palabras, las cuales han adquirido mucha mayor madurez y, también, complejidad.

En “El Orgasmo de los Ídolos” Adán privilegió lo breve y directo, a mi parecer porque estaba desarrollando las herramientas que ahora aprecio en “Compañeros Todos”: una prosa feroz, a menudo confusa, pero siempre vigorosa y, sobre todo, implacable y desgarrada.

El libro consta de 14 cuentos, divididos simétricamente en cantidad en las secciones “Femenité” y “Ciudadanizarse”. Aquellos hablan de diferentes situaciones – cada una más complicada que la anterior – en las que las protagonistas son mujeres que sufren algún tipo de manía o persecución; estos hablan de diversas manifestaciones de hombres que ejercen de alguna manera su libertad, interactuando con mujeres complicadas, todos con consecuencias no precisamente afortunadas.

Dicen algunos que los escritores hablan en sus relatos de aquello que ellos viven, que se nutren de aquello que les sucede. De ser así, y a juzgar por los pocos retazos de vida que conocemos del autor, esto también se cumple en su caso. Queda claro a través de sus letras que las mujeres son personajes complejos, y Adán nos presenta en sus relatos diferentes personalidades de ellas, diferentes facetas, aunque todas con un elemento común: todas son – o han sido – desgraciadas. Los personajes masculinos – ¿reflejos de la experiencia? – cometen errores comunes y tampoco tienen un final feliz.

Hay algo que también se percibe en este libro de Adán: hizo un esfuerzo consciente para ser más extenso de lo que normalmente es, y aquí es en donde me parece que el libro falla un poco. Si bien nos conduce adecuadamente al desenlace de la historia, en ocasiones sus palabras, y el hilo de la trama, se tornan confusos y difíciles de seguir.

Adán es un asiduo colaborador en nuestro "Diario del Sureste", y sus historias cortas son apreciadas no únicamente por nosotros que colaboramos junto con él, sino por muchos de nuestros lectores que lo siguen semana tras semana. Al comparar estas historias con las de “Compañeros Todos” se observa inmediatamente la extensión adicional que abarcó. Esfuerzo plausible a todas luces, y tal vez efectuado a sabiendas de que el cuento corto lo domina a la perfección.

Este es el único pero que encontré en su libro.

Al finalizar su lectura me surgió una pregunta que quisiera compartir con él: ¿cómo resultaría un cuento cómico de Adán? Si es cierto lo de los clichés, entonces también podría ser cierto que por sus vivencias podría escribir una magnífica comedia, puesto que el sarcasmo y el humor negro también parecen dársele muy bien.

Así pues, estimado Adán, ¿qué tal una comedia?

Recientemente avecindado en Morelia por motivos de trabajo, Adán es una pluma honesta entre tantos que se enamoran de sus propios textos, narcisistas que se abanican con los presupuestos y regalos de las secretarías. Él no lo es, él ha picado – y continúa – picando piedra. Tan solo por esa autenticidad y esfuerzo le lleva un buen trecho de ventaja a muchos de los otros “escritores” yucatecos.

 “Compañeros Todos” es un buen libro y una magnífica adición para cualquier biblioteca.

Que se te cumpla, Adán: que Morelia pronto reconozca que un talento de las letras yucatecas les ha llegado, y que el éxito te acompañe.

(Gerardo Saviola)

 

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LOS ELEMENTOS DEL POEMA.

NI LA POESÍA NI LOS POETAS están hechos del mismo molde. De ser así la poesía sería aburrida y el poeta apenas se alcanzaría a distinguir en unas cuantas formas.

Un poema de plástico puede que sea pegajoso pero sus días están contados. Un poema de piedra, obviamente, es más consistente y habrá en su interior misterios por indagar, secretos por develar y si se le talla un poco es probable que la materia que la integra le dé consistencia y la piedra deje de ser piedra y dé a luz un poema.

Hay en los campos estériles de la poesía poemas de hule, de espuma, de madera, de agua, sólo de palabras, de lodo, de arena, de bisutería. Los más consistentes son de hierro forjado, de material fosilizado; los textos de huesos de animales suelen resistir.

Diría que los poemas de Nicanor Parra tienen una consistencia extraña, como de elementos corroídos por el tiempo. Antielementos, quizá. ¿Y Vallejo? Sin duda de material imposible de encontrar en los tiempos frágiles que nos toca vivir.

Neruda estaría hecho de materiales tan consistentes como endebles; Olga Orozco y José Carlos Becerra de materiales que se antoja imitar, aunque pocas veces se logre hacerlo con tino.

¿Qué es lo que le da consistencia al poema para que el lector de hoy y de mañana lo distinga entre en el caos de la selva urbana, en el fondo del mar, en las vías del tren o en los basureros de la miseria intelectual?

Creo en la posibilidad de una ética del poema más allá de los valores morales impuestos por la sociedad.

Pienso esto mientras leo Alter ereré del poeta Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, 1975). Desde título, la casa elegida por el poeta para reunir sus poemas, llama la atención que el autor elija un nombre propio para su libro alejado de las convenciones. No es de extrañarse en virtud de que sus libros anteriores: El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004) y Xenankó (2005) navegan por la misma ruta de los títulos poco comunes.

En principio estamos ante una irrupción de voces. Echeverría es una voz que proviene de muchas, una voz que es muchas voces porque no sigue una sola ruta sino varias. Aunque al final podemos decir que los caminos elegidos confluyen en uno: el desencanto, cierto hartazgo por las cosas o quizá una especie de desilusión que nos hace preguntar, ¿qué ruta emprenderán ahora sus versos?

Cierto que para llegar a ese descreer hay un largo camino en el que se dan cita el éxtasis por la vida, los encuentros eróticos, las heridas que sanan en la luz, la oscuridad de la noche transformada en día gracias a la materia del poema, hecho con desgarraduras, confesiones, emoción, sentimiento y garra.

Dice Kapuscinski, refiriéndose a los periodistas, que los cínicos no sirven para ese oficio. Con los poetas sucede lo contrario, hay que serlo y tener un poco de ese material para sobrevivir. Hay demasiados fenómenos naturales oscilando en el mundo de la poesía capaces de arrasar todo en un instante, desafortunadamente no todas las casas del poema quedan de pie.

Los poetas suelen tener el ego muy elevado. A veces es una pose y otras un arma para seguir con vida en la manada. Poco importa si la herramienta para construir el texto no es la adecuada. "Lo mejor acerca de la poesía —dice Simic— es que molesta mucho a los maestros, predicadores y dictadores, y a todos los demás nos alegra".

La poesía contemporánea, demasiado encerrada en sí misma, es a veces un largo y aburrido monólogo. Dialogar es preciso. Intentos hay muchos, resultados, pocos.

 

Los poemas de Echeverría siguen ese camino, el del coloquio, casi siempre extensos, a veces ajenos al candado de los títulos, fluyen de manera natural en un momento en que su generación se hace oír. A gritos a veces, derribando puertas otras, pero que el grito se escuche.

Diversidad temática, otra constante de este libro. Un tono que pocas veces mantiene la mesura, pero que sabe bien hacia donde dispara. Los blancos de Adán, previamente localizados, están a la vista de todos, pero el que dispara y atina es él.

Por una parte la ciudad, expuesta, abierta, alerta, despierta. La condición humana en su alegría y su miseria. La calle que bien puede depararnos desde un encuentro grato hasta una llamada de terror. El bien y el mal concentrados en las esquinas y en la boca de lobo de la noche. Queda claro que vivir una ciudad y reconocerse en ella hace que tengamos que destrozarla un poco. "De qué nos sirven los poetas si siempre mojan la cama", es el título de uno de los poemas de este libro. Y no puede uno dejar de pensar que hay una verdad cruel en todo esto.

La violencia, la deshumanización, el nihilismo, son a veces parte de la atmósfera de los poemas de Echeverría, temas además propios de la historia de la humanidad, acentuados quizá en ciertos momentos. No podía ser de otra manera en una civilización en que los tiempos de guerra son más prolongados que los de entreguerras.

El autor de estos textos no juzga, sólo expone, pone en evidencia, descubre y deja expuestas las heridas del mundo. Cada quien con sus cicatrices, sus fobias y su forma de armar y desarmar el rompecabezas de la vida. Y lo que hace a lo largo de Alter ereré es un muestrario de tópicos de la existencia que van mucho más allá de la tarjeta postal. Creo que estamos más cerca de la radiografía que de la simple exposición.

Cielo y tierra cayéndose a pedazos y el ser humano sobreviviente único entre los vestigios de vida, con sus alegrías, sinsabores, vicios, imaginario, sentido del caos y del equilibrio.

Hay momentos de aspereza, ¿qué material hecho de la dureza de las cosas no lo es? Uno quisiera decir algo de la época en que vive, dice Simic. En esta intención creo entender más la poesía del autor de estas páginas, en las que se dan cita las atmósferas de un mundo en convulsión al que la poesía le toma el pulso.

Hablar en verso es la manera más desparpajada que eligen los poetas para hacerse a entender.

 

"RECONSTRUIRSE

Un hueso   un poco de polvo   una costilla

construir los pasadizos de la Muerte

Muerte de muertes y cuerpos descarnados

muerte pequeña dibujándose los muslos

como en las cuevas de Altamira

prehistórica unión de muerte amordazando los cabellos

Así es tu rostro en las paredes

      dos líneas curvadas de negro

y el rojo destino que secuestra las miradas"

 

He aquí un fragmento de un libro que es y no que promete. El principio o el fin de un viaje en el que incursiona todo libro en el que hay una ruta previa. Piedras que sangran, utopías del silencio, rompimiento de vértebras.

 

"ALTER ERERÉ

Escribiré para mi

algo que contenga mis propios símbolos

dioses en los cuadernos

y para las noches tormentas

porque las tormentas son como gatos sarnosos

tan llenos de amor por las palomas

palomas negras palomas moradas palomas anaranjadas

que picotean los corazones de las medallitas milagrosas"

 

Poemas-río que desembocan en mares densos.

Desprecio, angustia, abandono, una escritura que atraviesa los valles del desasosiego y no se queda quieta.

Los versos de Echeverría son como peces, mejor dicho, como anguilas de fuego abriéndose paso desde el aire de la noche.

Los dioses se aburren con los hombres que no tienen historias que contarles, dice Simic. He aquí una galería de claroscuros para que el hipócrita lector, nuestro semejante y hermano, busque su propia máscara.

(Margarito Cuéllar)

Septiembre 21 de 2014.

 

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Sobre "El corredor de las ninfas".

"Muy interesante, densa, bastante novelesca, te mantiene en suspenso; tema fuerte pero te hace pensar y analizar cada situación ..déjame decirte que acabo de ver una serie y habla más o menos del tema en otras situaciones pero me hizo recordar tu novela; me gustó en definitiva".

(Rosy Vera)

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La Piraña

Piraña es una palabra que proviene del tupí-guaraní, donde pira significa pez y raña es diente o cortador. Por lo tanto, piraña significa pez de dientes o pez que corta. Las pirañas son carnívoras, comen insectos, peces, pequeños animales que caen al agua y en general pueden comerse cualquier animal. Poseen poderosas mandíbulas armadas de dientes triangulares afilados (que usan como unas tijeras para picar y triturar la carne de sus presas). Son atraídas por la agitación de las aguas y el olor a sangre. Las especies más peligrosas de pirañas son La negra o Pez tigre, La piraya, La roja y la de Boca de fuego

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