Jueves, 28 Marzo 2019 06:07

HUMO SOLIDO 11 MARIZELA RÍOS TOLEDO / URIEL REYES DELOYA /

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HUMO SOLIDO 11

MARIZELA RÍOS TOLEDO

URIEL REYES DELOYA

 

 

 

 

“Yo diría más bien que la poesía es algo cuyo instrumento son las palabras,

pero que las palabras no son la materia de la poesía.

La materia de la poesía –si es lícito que usemos esa metáfora-  vendría a ser la emoción”

Jorge Luis Borges

 

Quizá ésta sea la definición que mejor describe el trabajo de Marizela. En sus versos no hay una búsqueda de complacer a sus lectores. No hay una sensibilidad almibarada ni una fácil lectura. Lo que encuentro mayormente es una necesidad de extirpar de dentro suyo un sentir que amenaza con derribarla. Un desgranar en palabras los dolores largamente contenidos. La construcción de su poesía, a manera de pequeñas viñetas, me remite además a un automatismo sonoro en el que las palabras van construyendo frases y estas se van acomodando, aportando su cuerpo, como si de tabiques se tratara, para llegar a formar el edificio de una criatura nueva.

Un poema es un ente recién salido de las manos de su creador, pero una vez que es letra impresa se vuelve bien común, sujeto de estudio y aportación creativa.

Así, vemos en Marizela una explosión de la subjetividad. Yo me permito imaginarla como una giganta habitada por infinidad  de poemas como aves deslizándose en su interior. 

Sus versos son como martillazos que se van acomodando  hasta construir un todo. Y cuando esos micro universos adquieren vida propia reclaman su lugar en la hoja en blanco. Son parte de una totalidad, pero conservan su ser individual. O son versos que, como un caleidoscopio, nos van mostrando todas las posibilidades de la idea, mientras con formas caprichosas, danzan, juegan y aterrizan en la página.

En el poema Sin disyuntiva vemos claramente este juego sonoro, pero también visual, que provoca el recuerdo obsesivo de una emoción, mismo que para el lector resulta como una adivinanza infantil a más de un juego de palabras. Estepa/llanura que ruedo/rueda sobre mi/punza como clavo/me punza/se revela en el ojo/en el tímpano de la oreja.

El ritmo nos lleva de un lado a otro y nos invita a ir con él, casi como niños en la espalda de papá. Aunque la idea de fondo no parece corresponder al juego, pues habla de un clavo que punza y que duele en el ojo y en el tímpano. Pero la forma en que es presentada le quita (de manera intencional) esa connotación doliente. Tiene lugar aquí la preponderancia de la forma sobre el contenido, pues nos quedamos quizá un tanto más con la sensación juguetona que nos provocan las palabras.

Marizela dice que su poesía “surge de una conexión sensorial con el universo” y eso, por supuesto, se percibe en su trabajo, pues vemos que en él hay una preponderancia de lo humano representado en emociones y sensaciones. La máxima aspiración de un creador es que al citar el dolor, éste convoque en él todo el dolor de los hombres. Ella, cuando así se lo propone, lo logra y nos lleva de la mano de paseo por los vaivenes emocionales del ser.  Por otra parte, al ser honesta y profundamente auténtica, su voz se hace universal.

Marizela se aligera, lidia, acosa, cree, encuentra, hace, se destierra, soporta, aporta, apuesta, se engaña; es insomne, aguarda, rueda, reza, bebe café y con todas estas acciones malabarea sobre la página y nos invita a saltar con ella trepados en la punta de la pelota. Nos demuestra así que estamos hechos de la misma materia de que está constituido el universo y, por lo tanto, hay una natural conexión con todo lo que lo conforma (incluyendo al propio ser humano).

Cuando las vanguardias europeas de principios del siglo pasado

rompieron con la camisa de fuerza de la academia, experimentaron con las palabras y grafías e incluso onomatopeyas para mostrar que los conceptos que tradicionalmente se adjudicaban a la poesía podían ser cuestionados y derribados. Tristán Tzara, Marinetti, y muchos otros con el Dadaísmo o incluso antes Rimbaud, Verlaine y Mallarmé con el Simbolismo, irrumpieron con fuerza en el escenario de la creación artística y cuestionaron el principio mismo de la lírica. Con ello allanaron el camino para que las generaciones venideras hicieran todo tipo de propuestas en la experimentación poética.

Retomando también, cuando así lo desea, estos elementos, Marizela logra llevarnos y fluir con ella en esta fuente cantarina de palabras, al tiempo que nos hace reflexionar acerca de la condición humana,  el dolor y el placer que conlleva nuestra visita en esta tierra.

 

 

 

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 URIEL REYES DELOYA

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