Mátenlas a todas. No dejen ni una viva.

Adán Echeverría.

 

 

El tiempo de la sangre ha llegado. El tiempo de acabar con todo. Armagedón es el nombre de cada una de nosotras, hartas ya de vivir bajo el puño de la violencia. La puta de Babilonia guarda silencio, espantada, vilipendiada, macerada en su espíritu aterrado. Lilith vuela de nuevo, tiene sed de venganza, sus gritos son la tocata en fuga que nos levanta del camastro, rompe nuestras cadenas, nos abre la celda, nos quita el grillete, nos arranca las costras del dolor y el miedo. Cada escoba es el arma, el símbolo que como insulto nos han lanzado, ahora será herramienta para defendernos. Cada tacón puntiagudo será afilado para usarse en la cacería, en la persecución. Cada brassier será mordaza, de cuerda para maniatar, de horca para la justicia. Las mujeres sabemos usarlo todo. Nos hemos preparado. Por más cinco siglos hemos sabido parir en silencio, y prepararnos en la sangre y el fluido, tuvimos que aprender a llorar en silencio, a educarnos a escondidas, a morir en silencio y ahora tuvimos que aprender a encendernos. Estamos Hartas. Esto es el Hartazgo. Hemos sabido lamernos las heridas, y las heridas de los nuestros, de todo a nuestro alrededor, de todo aquello que alguna vez quisimos y de lo que todavía queremos.

Nos violan en la infancia, en la primera infancia, en el vientre. ¿Qué de erótico tenemos cuando somos bebas y olemos a caca, mocos y leche materna? ¿Qué de erótico tiene nuestro cuerpo, la cortada, la enorme raja que les alienta a penetrarnos así, cuando somos indefensa? Podemos crecer indefensas, pretenden que crezcamos indefensas, nos obligan a crecer indefensas, quieren que crezcamos domesticadas, inofensivas. Nuestra raja primero, nuestra sangre luego, nuestro ano, nuestra boca. Acaso nuestros huecos no sirven más que para ser hurgados noche y día, vida y muerte, dolor y quemadura. Acaso no existe la piedad para nosotras. Los huecos que tenemos, lo huecos que parecemos. ¿Somos hueco sin memoria?

Hemos aprendido a amarnos entre nosotras, a querernos sucias, a querernos agresivas, a querernos musculosas, a reconstruir nuestro cuerpo, grasa músculo, grasa músculo, nada débil, ni nuestra risa, ni nuestra voz, nada que les haga creer que somos la debilidad encarnada, nada que les haga creer que no regresaremos el golpe, aprendimos a armarnos entre nosotras. Juntas somos un arma de destrucción, si es necesario.

Queremos que los huecos de ellos también se llenaran de dedos, que escurrieran sangre, se llenaran de vergas, de palos y bates, de todo lo que sea posible introducir en ellos. ¿Acaso piensan en lo que siente una niña de 0 años, una niña de 1, 2, 3, 4... 14 años cuando meten sus dedos, meten sus manos, meten palos, botellas, cuando muerden su nuca, cuando azotan su puño contra los pequeños huesos que aún no terminan de desarrollarse?

¿Y quién nos cuida? No lo hacen los adultos de la casa, no lo hacen los adultos de la escuela, no lo hace los adultos de la fiscalía, menos los perros policías, los lobos policías, los monstros policías, los sarna-policía, porque nos violan en la calle, en el carro patrulla, nos secuestran, nos entregan a los secuestradores, nos dejan tiradas en los moteles, nos regentean, sabedores de la impunidad nos lanzan al desagüe, nos lanzan a la basura, en la brecha, en el monte, para que nuestros cadáveres sean descarnados por las bestias y las aves de rapiña.

Los recuerdos de la mujer que ha sido violada permanecerán toda la vida en su memoria, en el olor de su cuerpo, al cerrar los ojos, presas siempre del insomnio y del terror, siempre perseguidas por el cuerpo de los violadores, mientras que a estos malditos apenas 15 años como máximo para que sean sustraídos de la sociedad. Los liberan y vuelven por nosotras, al tomar el autobús, al ir a la escuela, al bajar del metro, al caminar por las calles iluminadas, al andar en grupos Los violadores, los depredadores sexuales presumiendo que se cogieron a cuánta niña pudieron; ahí, usando el músculo para doblegar maricas, sacándose la reata para hacer que otro hombre de barba crecida y rasposa se la meta en la boca, y les haga terminar.

El tema para los hombres tiene que ser siempre llenarlo todo de semen, en el semen se les escapa la vida, como sus máximas victorias, en la expulsión del semen se basa toda su creatividad, en ello se basa todo deseo de permanencia, toda su maldad apenas alcanza para lastimar mujeres y niñas y ancianas. Creen que el semen que lanzan sobre la mujer, sobre la anciana, sobre la esposa, la novia, la amante, la hija, la ahijada, la prima, o cualquier maricón sobre el que quieran correrse, es la marca de su hombría: Me he cogido a tantas, ¿y tú?

Basta; devolveremos el golpe, devolveremos la punzada, devolveremos las penetraciones, los empalaremos si es necesario, por las calles, para que todos los vean, en tu casa, en tu familia, mataremos, arrancaremos penes, morderemos brazos, lanzaremos granadas sobre todos aquellos que intenten violar a una mujer,

apretaremos cuellos, los envenenaremos por abusar de un niño o niña, lastimar a una anciana, robar, secuestrar a una jovencita.

Este es el reto y el punto final, la línea que nos debes cruzar, esta es la claridad del pensamiento. No habrá camino de regreso, no importa la cárcel, nada importa ya, quemaremos edificios públicos; estamos hartas y quemaremos las oficinas que guardan violadores, iglesias que someten pensamientos, diputaciones que se asocian con los pornógrafos y los giros negros; es la hora de la sangre, se acabó el lagrimar en silencio aguantando el dolor.

Tengan miedo, cuiden a sus hijos varones, cuidan cada cosa que digan, cada cosa que escriban, somos marabunta, somos jauría, somos cardumen, piara, manada, somos la muerte que se cierne sobre las ciudades en busca de los penes colgantes. Claro que buscamos venganza, claro que ya no queremos el diálogo, ¡estamos hartas, no lo entienden! Claro que todo ha terminado ya, se acabaron las reuniones, la niña de Azcapotzalco fue la última mujer violada sin una respuesta violenta, por cada mujer habrá hombres muertos; empecemos por los propios, los cercanos.

Aléjense, reconstrúyanse o aténganse a las consecuencias de sus propios actos, de sus decisiones. No hay hombres inocentes, no hay penes inocentes, no hay miradas de varones que sean inocentes. Muerte al varón, seremos íncubo, seremos bruja, seremos hoguera que lo incendie todo.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

 

De antologías y libros colectivos.

Dr. Adán W. Echeverría-García.

 

¿Cuál es esta necesidad, este impulso, este deseo, de aparecer publicado en algún libro colectivo? ¿Acaso nos ha hecho mal aquel adagio popular de: ‘para decir que has vivido tienes que haber tenido un hijo, plantado un árbol y escrito un libro’? ¿Qué nos alienta a publicar libros sin ton ni son, en verdad la promoción de la literatura, la cultura, guardar en papel la memoria de los otros, o tal vez, y únicamente, el dinero?

Yo en verdad espero que no sea el dinero lo que alienta a ciertos editores. Y lo digo porque desde la edición independiente, editar y publicar libros no es gran negocio, no te harás rico con ello. En muchas ocasiones algunos escritores-editores, aprovechan el apoyo económico de quienes pagan por publicar un poema o un cuento, para lograr ellos mismos publicar su propia obra. También se encuentran aquellos autores que son al mismo tiempo promotores culturales que organizan Encuentros de Escritores, en los que cobran por la participación de autores de todo el país, o de autores extranjeros radicados en México, para nombrar su Encuentro como “internacional” con la intención de dar realce a sus eventos.

El autor paga para poder asistir al Encuentro, y la cuota que pagó le asegura salir publicado en uno de esos libros colectivos. Lo triste es el desnivel de la obra que aparece publicada en esos libros, que las más de las veces va de bajo a medio en cuanto a su contenido estético, en lo que al arte literario se refiere.

Muchos alumnos del Taller Literario me preguntan ¿si es correcto participar en dichos Encuentros por los que pagan su cuota, y si aquellos libros colectivos, valen la pena? La respuesta que les doy siempre es la misma: Dependerá del objetivo que persigues como Escritor. La búsqueda que cada autor tenga para el desarrollo del oficio de escritor. Si lo que quieres es que tus textos sean leídos, o sólo que sean publicados. ¿Quiénes son los lectores de esos libros colectivos? En ocasiones, ni siquiera los mismos participantes de aquellos libros leen los textos de todos los participantes con los que comparten páginas. ¿Entonces cuál será el logro como autor?

Y esto ocurre porque las más de las veces, los promotores culturales-escritores-editores y hasta antólogos de dichas obras publicadas ni siquiera juzgan las obras, no las revisan, y mucho menos las corrigen antes de publicarlas. Eso requiere oficio, lecturas, escoger entre lo bueno y lo malo. Y o no quieren ser quienes juzguen, o simplemente no quieren dejar fuera a nadie porque eso ocasionaría merma económica en el negocio.

Aun así, hay autores que aprovechan para publicar las obras que han trabajado en el Taller Literario, y quieren participar leyendo sus textos en los Encuentros, conocer a otros autores, convivir con ellos, y darse la oportunidad de visitar nuevos lugares. Y eso me parece correcto.

Porque antes de los promotores culturales-escritores-editores lo real es que cada autor que participa de esos libros colectivos es el verdadero responsable de las obras que presenta para asistir a esos Encuentros, y aparecer en dichos libros.

Autores que asisten a uno o dos talleres, que en cada taller tiene la disciplina de corregir sus trabajos, de presentar textos en cada sesión, y de ir leyendo nuevos materiales de autores reconocidos que le permitan mejorar cada día más.

Pero pensar que todos los autores que participan en dichos Encuentros (a los que asisten no por selección sino por pagar la cuota que les piden, además de pagar sus boletos de avión, o irse manejando en carretera, pagar su hospedaje en cualquier ciudad de la República mexicana, asumiendo siempre todos los gastos necesarios), pensar que todos los que asisten tienen esa constancia y disciplina, es ser en verdad cándido en el pensamiento, todo un romántico de la literatura.

¿Qué es lo que quieres como autor? ¿Cuál es tu objetivo en la literatura, cuál es tu búsqueda? La comunicación del pensamiento siempre será lo principal en el uso del lenguaje, pero el artista tiene la obligación —además— de buscar hacer del lenguaje y de la palabra, la herramienta necesaria para la expresión artística, y esto deviene en buscar siempre la estética, el decir las cosas de la mejor forma, el siempre preguntarse: ¿es lo mejor que lo puedo decir? Revisar, leer, trabajar, tallerear sus propios textos antes de presentarlos a cualquier Encuentro, a cualquier antología, a cualquier revista, y a cualquier libro colectivo.

Cada quién tendrá que asumir esa responsabilidad.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

 

Tan sólo un verso de los poetas mexicanos. Parte 2.

Adán Echeverría.

 

 

Para seguir registrando algunos de los versos de los poetas mexicanos nacidos entre 1960 y 1989, y que fueron considerados en el Mapa Poético de México publicado en el año 2008, me animo a presentarles un verso de poetas de la Ciudad de México. Los versos que acá les presento pertenecen a poemas que fueron incluidos en dicha compilación.

Ciudad de México. Zaría Abreu Flores: “en el bravo río de tu saliva nadan trasatlánticos de acero”. Flor Aguilera García: “En este libro de las horas dibujo yo mi jardín de delicias”. Gustavo Alatorre: “Era suya la violencia de las rosas”. Alejandro Alonso: “En las formas del fuego revive la mirada de la bestia”. Odette Alonso Yodú: “Tengo un extraño miedo de que nada me salve”. Luigi Amara: “Hay puertas que son una extensión de la pared”. José Enrique Argoytia Miranda: “Voy por mis catacumbas preguntando por ti”. Cuauhtémoc Arista: “Muchas niñas se pierden en el mismo lugar donde despiertan”. César Arístides: “El gesto de mi padre se hunde en los escombros”. Luis Armenta Malpica: “Y vuelvo a ser un árbol: el punto de donde parte el sueño a las alturas”. Adriana Arrieta Munguía: “Vagamos sin brújula entre lo que nombramos compasión y mentira”. Gabriela Balderas: “Un colibrí derrama polen sobre mis ojos”. Manuel Becerra Salazar: “Me destruí en sus caderas con esa enfermedad tan parecida al tango”. Ricardo Bernal: “Si cierro los ojos soy un punto en el centro exacto del mapa”. Raúl Blanqueto: “Qué sucederá cuando la libélula se confunda con el diablo”. Mónica Braun: “Virgen de catorce años, fiera insomne”. Alí Calderón: “Mi muchacha es el verano”. Laura Calderón: “Imposible dejar de mirarte cuando la noche es sol y no se puede callar a la sirena”. Sirac Calvo Mejía: “La lluvia hace una herida y deja la cicatriz donde surgen los árboles”. Rodrigo Cano Márquez: “Trágate mi corazón abórtalo cuantas veces quieras”. Guiomar Cantú: “Las mujeres mestizas cantan y llenan sus cántaros de agua ordeñan a sus hombres en la madrugada”. Jade Castellanos: “Decir adiós sin conocerte todavía, cuando tan sólo comenzaba a imaginarte mío”. Diana Castilleja: “Abren una por una, miran su pulpa, sus formas, sus hendiduras, reconociendo otros sitios humanamente femeninos”. Silvia Eugenia Castillero: “amar para encerrarnos entre paredes de madera a escuchar una voz añeja”. Rodrigo Castillo: “Ahí donde hiede la misericordia está cristo”. Tonatiúh Catalá: “Las palabras se preñan de árboles”. Ibet Cázares: “En ti comienzo y vuelvo a ti multiplicada”. Rocío Cerón: “Nada quedará cuando el invierno haya vuelto”. Abraham Chinchillas: “Hasta que la misericordia me alcance en un aplauso”. Andrés Cisneros de la Cruz: “Para escribir sobre ángeles hace falta curtirse la espalda”. Jennifer Clement: “Afuera el color azul cuervo de la lluvia nocturna”. Dalí Corona: “Éste es un amor de calle solitaria”. Fernando Corona: “Hoy quiero vivir, vivir y ser un viaje”. María Cruz: “Es amargo el sabor de esta noche que cruza mi pecho con su tormenta de ceniza”. Manuel Cuautle: “Pequeño qué hijo de puta te enseñó a prostituir tu infancia”. Marcos Davison: “La voz hecha de roca se hunde en el silencio como en agua quieta”. Lucía de Luna: “Y yo miro llorar al cielo y no lloro”. Gerardo Escalante Mendoza: “Cierra los ojos y duerme en las manos del enemigo”. Rose Mary Espinosa: “Tengo la vergüenza de quien se desnuda y la tristeza de quien pierde una contienda porque nunca quiso competir”. Mariano Fernández: “Ahora el beso es luz y navaja”. Jorge Fernández Granados: “Aquel verano donde rompimos los frascos delicados de la infancia”. Malva Flores: “Todo es perfecto si lo miras de golpe”.

Y perfectos son los poemas cuando están bien construidos, cuando el oído nos permite atraparlos de forma inmediata y guardarlos en nuestra memoria. Espero que algunos de los versos acá presentados sean impulso para que te acerques a los poetas mexicanos, a estos y otros autores, que descubras el mundo que los poetas nos presentan.

¿Qué te han parecido? No dejes de recordar siempre, que todo texto literario debe contener al menos tres principios básicos: imagen, ritmo y sentido. Espero que estos versos, te inviten a conocer a los autores de la poesía mexicana.

 

@Adanhombreave

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

Poesía frente a la 4T

HOMENIC FUENTES

 

 

La poesía domesticada no es poesía. Cantarle al régimen cualquier que esté sea es una vendimia atroz. La poesía es una expresión nacida de un corazón en pugna contra toda imposición por muy noble que está parezca. No hay leyes ni enmiendas ni jefe de estado que pudiera emitir un memorándum a favor de legalizar la poesía cuando está se nutre de la clandestinidad y la resistencia, sería un absurdo. Lo que si han hecho es legalizar La infamia imponiendo a veces con sutileza y otras con prepotencia una línea de pensamiento.

El poeta podrá sobrevivir en el sistema político, social,  religioso que haya elegido. Pero la poesía solo podrá tener razón de ser si está viene de un corazón crítico en medio del conflicto. En estos tiempos donde la 4T es un emblema de transformaciones y libertades y un festín de triunfo contra la derecha. La responsabilidad social del escritor no debe caer en la tentación de ser aplaudidor. Recordemos que la ausencia crítica es una realidad que nos habla de la crisis que estamos. Hay que tener cuidado de que la palabra no debe politizarse, creyendo una verdad histórica oficialista y manipulada. Hay muchos autores y muchos libros siguiendo el cliché de publicidad y mercado que ahonda en lo trivial ya que hay un grupo de poder que controlo los deseo y la mente del poeta. Y la 4T no esta exenta de permear un pensamiento a modo.

 

Si hay un poeta que escribió contra la dictadura de Franco es nuestro gran poeta Pablo Neruda que escribió versos desgarradores.

 

 

Solo y maldito seas,

solo y despierto seas entre todos los muertos,

y que la sangre caiga en ti como la lluvia,

y que un agonizante río de ojos cortados

te resbale y recorra mirándote sin término.

 

 

 

Pero las cosas cambiaron tiempo después con la dictadura de Stalin. Pablo Neruda pensaba que la única fuerza ideológica era el marxismo mostró un apoyo contundente a Stalin al grado de escribirle un oda que a decir verdad al principio nunca vio a este hombre como tirano, pero después su poesía se vio afectada por el realismo socialista.

 

 

Stalin alza, limpia, construye, fortifica

preserva, mira, protege, alimenta,

pero también castiga.

Y esto es cuanto quería deciros, camaradas:

hace falta el castigo

 

 

La idea de este articulo no es hablar de Neruda y sus vicisitudes políticas. El objeto del pensador y el poeta es la denuncia hacia actos practicados contra la población por parte del Estado y sus representantes, es decir, aquellos que estaban o están a cargo de proteger a las personas, los derechos civiles y las instituciones y que han incumplido penalmente este compromiso.Hay que tener cuidado de que la palabra no se politice, creyendo una verdad histórica oficialista. El poeta puede olvidar pero la poesía jamas vera que el olvido sea una curación al contrario es una represión no resuelta. La poesía es rebelión contra el estado nos dice ANGÉLICALIDDELLL y continua diciendo: el poder no se combate con un teatro político canónico sino con uno con valor estético y poético no se pueden sustituir los criterios estéticos por objetivos sociales, porque precisamente el problema de la belleza es lo que nos pone en contacto con lo más oscuro del mundo, es lo que nos define y nos funda, y es la verdadera rebelión. Es una realidad que el discurso oficial trata de escribir la historia de acuerdo a los intereses de la ideología dominante.Es así que no debemos engancharnos a la 4T por mucho que la mayoría la vea con buenos ojos. Tampoco se trata de ir en contra ella y difamar por difamar por tener ideas contrarias. La idea no es denostar el proceso de la 4T. Pero Acabo de leer un articulo escrito Por: Aldo Pellegrini titulado: “ Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles” les dejo un fragmento que debemos leer todos aquellos que estamos dentro del compromiso con la poesía

 

 

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

 

 

La premisa es no equivocarnos es ir más allá del placebo institucional. El poeta tiene el trabajo primeramente de observar el mundo a modo de autopsia llegar a lo profundo para dar lectura a todo aquello que escapa a la mayoría de la gente. El compromiso intelectual es reconocer la representación del universo que la alumbra. Por lo tanto la poesía debe ser un arma letal no un producto de bisuterías. Debe ser una puñalada y no un barco de papel que va a donde lo lleva el viento. El poeta debe sumergirse en una sociedad resquebrajada hacia el bagaje ético que se encuentra irremediablemente bajo la superficie. Es la defensa de la utilidad de la poesía que muchos niegan.

Hoy en México la 4T ha traído consigo vientos de cambios pero también un ambiente hostil. Una pregunta forzada ¿ el poeta donde está situado el día de hoy? En la banca partidista o en la inminente realidad que nos abraza.

 

 

Dos libros de poesía que no vale la pena leer.

Adán Echeverría.

 

 

En primera instancia hay que señalar que los poetas mexicanos han decidido que "amarse antologías", es lo que funciona para poder llegar a un público mayor. Mientras más "poetas" se incluyan en la obra, se tiene la esperanza de alcanzar un mayor número de lectores.

Muchos editores de poesía (que las más de las veces también se presienten poetas: yoteedito-túmeeditas), imprimen, copian, editan, compilan, los poemas de sus poetas admirados, amigos admirados, amantes admirados, compañeros que pueden unir su nombre al suyo y ser una dualidad artística editor-autor-editor: "Edité a Fulano, y cuando alguien hable de este Fulano, sabrán que yo lo edité, y hablarán también de mí".

En segunda instancia hay que señalar que al menos 60 páginas forman un libro; ya sea de poesía, cuento, de lo que sea. Sesenta páginas tienen que ser lo mínimo. Todo aquel texto que tiene menos de 60 páginas, es un cuadernillo, al que en el medio literario conocemos como plaquette.

En tercer lugar, hablemos del tamaño. Los libros deben estar en un tamaño que va, de la media carta al medio oficio. Pero la mayoría de las editoriales independientes apunta incluso al 1/4 oficio o al 1/4 carta, y con eso juegan para alcanzar el número de mágico de las 60 páginas, y poder tener UN LIBRO, aunque el original del autor apenas alcance las 20 páginas Esto con la finalidad de ahorrar recursos para la impresión.

En México, para los editores de poesía, los libros que tienen que formar parte de su colección son: al menos un becario del Fonca, al menos un poeta con un premio nacional. A éstos hay que pagarles la edición o, mejor dicho, a éstos no hay que cobrarles. Y sumados a los mencionados, faltará incluir a los novios, novias, amantes, a ésa chica que te prometió las nalgas si la editabas, y los amigos de borrachera y drogas, pero claro que sí. Gran parte del mundo editorial en México viene con estas presunciones.

Es por eso que siempre he hablado de los Altibajos en la Poesía Mexicana, porque se notan los desniveles entre la obra de los autores, entre los libros de un mismo autor, e incluso el desnivel puede observarse en una misma obra, entre un poema y otro, e incluso hay casos —donde la soberbia y la falta de taller predominan— en que los poemas se caen, es decir, un mismo poema no se sostiene.

Los premios municipales, estatales, regionales, nacionales, no son el sitio donde uno puede encontrar a los mejores poetas, ni los mejores poemas, y nadie podrá decirte lo contrario. Baste que leas a los autores. Porque la repartición de presupuestos siempre seguirá

amarrada a las intenciones de quienes convocan y de los que acaban siendo jurados. Por ello los libros de estos poetas de al menos 60 páginas, puede contener dos grandes poemas, apenas, algunos versos rescatables, y paren de contar. Son libros que no se sostienen con 60 páginas.

Y de esos libros, acá les presento algunos:

1. "El tema de la escrofularia", de Maricela Guerrero. Editado en el 2013 por Editorial Piedra Cuervo y Ediciones de La Esquina. Cuenta con un dibujo en la portada creado por Amaranta Caballero Pardo. Entonces de nuevo vemos: la amiga Amaranta, buscando que editen a la amiga Maricela. ¿Y la poesía? Bien, gracias.

El contenido "poético" del cuadernillo es escaso (el trabajo se presenta en 56 páginas, siendo siete las primeras páginas de portadillas y créditos, y seis páginas más en blanco y contraportadillas para cerrarlo). El 'texto poético' de Maricela Guerrero va de las páginas siete a la página 48. Es decir: un texto de 41 páginas.

¿Y qué se encuentra uno mientras lo lee? Se encuentra con cosas tan 'interesantes' como: alusiones al Himno Nacional (una bestia en cada hijo te dio / un hígado en cada hijo te dio); alusiones a rondas infantiles (las mariposas se columpiaban / sobre los brazos / de una araña), que vuelve a repetirse (una niña se columpiaba sobre la tela de una araña / como veía que resistía); interacciones con una canción del grupo ochentero de mujeres que se llamó ‘Fandango’, y cuyo único éxito fue: Autos, Moda y Rock and Roll, y con la letra de la canción Imagine, de John Lennon, alusiones a la saga de Rápido y Furioso, con tal de criticar el operativo, que bajo el mismo nombre permitió que miles de armas se introdujeran a México, y desaparecieran en manos de los grupos del crimen organizado. La crítica social, la crítica al estado, bien. ¿Y la poesía? El panfleto no funciona, la poesía menos.

El lenguaje poético que la autora intenta es más o menos en este tono, permanentemente: "Rápido y furioso, qué buen nombre que puso el director de la oficina de alcohol, tabaco, armas de fuego y explosivos: en el 2006 le llamaron receptor abierto traspiés y puntapiés y malos juicios".

¿En serio? ¿Escucharon ustedes el lenguaje poético, disfrutaron ustedes la poesía que la autora plantea? Pero claro que no, tienes más poesía muchas columnas que aparecen en los periódicos. Subirse a la mesa del panfleto, de la crítica social y de gobierno, requiere una gran atención poética. Bertold Brecht siempre logró evidenciarlo en el poema Hollywood, en el que dice: “Para ganarme el pan, cada mañana / voy al mercado donde compran mentiras. / Lleno de esperanza, / me pongo en la cola de los vendedores”.

Y eso es todo. ¿Ves, Maricela? El intento de la poesía panfletaria, de la crítica social se agradece, pero en este poemario hizo falta mucho más.

Pero, bien, anímense a leer la obra. Si quieren no me crean. O mejor no lo hagan, pues no vale la pena perder el tiempo en algo que no genera ninguna emoción. Ahora que, si se animan, yo los invito a detenerse apenas en el poema: "Desapariciones", de la página 37 del poemario. Quizá éste texto sí pueda funcionar.

2. Repasemos un segundo libro de poetas mexicanos que no vale la pena leer. Hablemos de: “La doncella negra” de Esther M. García. Editado en el año 2010 (cuando la autora cumplía los 23 años), por Regia Cartonera, Monterrey. Consta de 76 pp. La autora escribe pensando “que todos sus dramas son poesía”, buscando en casi todos sus poemas el “efectismo”; y lo que es peor, piensa que tenemos que condolernos con sus letras. Esta soberbia en la escritura nos hace percibir que la autora es incapaz de mirar la serie de errores que comete al escribir. Sobre todo, la falta de taller literario, la falta de autocrítica sobre lo que escribe. La autora divide el libro en seis apartados: ‘Ojos de niño’, ‘La doncella Negra’, ‘Eros’, ‘La Galería’, ‘Lugares para habitar’, y ‘Entropía’. Los descuidos de la autora son varios, pondremos algunos ejemplos: “Mi dedo índice decide el destino de la hormiga”. ¿Alguna letra “d” más? En general, en ese primer poema denominado ‘Destructor’, la autora escribe 43 veces la letra “d”. (página 11)

Podemos contar incluso las rimas internas y los ecos rimados, que la autora produce: “Me venden en el supermercado caro de la vida”(pág. 12); “de un antiguo y rojo pájaro / que hace años” (pág. 12); “Con tu puchero-lucero”; “Levitas levemente y te lleva el viento, / junto a las hojas de los árboles marchitas por la arena del tiempo” (pág. 15); “envuelta en papel viejo sin un tarjeta / sin un “te quiero” ni abrazos ni besos” (pág. 16); “Creó suaves telas con sus acordes / que llenaban de color las habitaciones” (pág. 19); “a las cucarachas en ruiseñores y / a las tarántulas en flores”.

Hasta acá llevamos 19 páginas de las 76 que contiene el libro. Es decir, el 25% del poemario está lleno de errores. ¿Qué se está cantando en este libro? Apenas efectismo. Los pobres niños, los malos padres, bu, bu, bu, y nada más. Pero sigamos evidenciando las rimas internas de la autora: “Sólo con mi madre y un perro / que por las noches ladra al viento”. “No tendrían miedo de tomarme de la mano / Nadie me vería con desagrado” (pág. 20). Usted recuerde que la rima se basa en la terminación de las últimas vocales de una palabra, puede ser una rima idéntica, o una rima fónica como en el caso de los ‘versos’ de la autora. Sigamos, esto es una joya: “como costra marranosa” (pág. 22), maravilloso símil que la

autora ha creado. Una más: “y entre ida y venida un poco de ellos se iba / despacio por el agua de las cañerías” (pág. 23). “que me roza el oído como un cuchillo” (pág. 36). “es lo único que siento y veo la tenue luz en el techo” (pág. 37). “agarrados de la mano”, (pág. 40) ¿Es en serio, poeta? “Pero el mundo sigue girando, / el sol alumbrando” (pág. 45). “Ahí mismo llega tu musa roja y / algo en tu interior se descontrola” (pág. 46). “Hay pasillos de interminables recuerdos, / así como habitaciones llenas / de retratos y ecos viejos” (pág. 60).

Pero eso no es todo, además tendríamos que enumerar los errores de redacción: “arrullándose en ratos”, “La casa se cae en pedacitos” (pág. 15); “Mi hermano teje sonidos / con sus manos en su guitarra” (pág. 19). “Todo él recorre el líquido rojo / en mis venas que es su nombre” (pág. 35). Llegamos, con mucha disciplina, a la mitad del libro y esto sigue mal.

Porque todo tiene que ver con la falta de taller, con la falta de autocrítica, la falta de revisión, la falta de saber qué es lo que hay que borrar. He acá un claro ejemplo: “La perfecta maldad / nacida del vientre de la poesía / dormita entre sábanas de rosa y espinas” (pág. 38). La autora es incapaz de borrar el tercer verso, que hace que se caiga la idea. Porque lo que es grande en el inicio: “La perfecta maldad / nacida del vientre de la poesía”. Para qué agregar más. Y lo peor, para qué agregar rimas internas: “poesía, dormita, espinas”, cuando pude terminar el verso en “poesía”. Esto es la clara evidencia de cómo el autor puede arruinar su propio trabajo, por no corregir.

Errores ortográficos: “para decirme cuanto me amaba”, (que desde la pág. 16 se repite al menos tres veces) ¿acaso ‘cuanto’ no debe llevar tilde, y escribirse ‘¿cuánto’?; el equivocado uso de los artículos como: “envuelta en papel viejo sin un tarjeta” (pág. 16). El equivocado uso de la palabra “porque” como en “por que los ciegos no los pueden ver” (pág. 60)”. Se trata de un trabajo editorial tan fallido, que incluso repita un poema en la página 40 y en la página 65, todo un poema de dos páginas. O el desconocimiento del lenguaje, tanto de la autora como de sus editores: “De las mujeres con el pelo pringoso / y embarañado”. ¿Embarañado? ¿No habrán querido decir ‘enmarañado’, es decir hecho una maraña de pelos? (páginas 40 y 65).

El tremendismo de la autora es tan cándido: “Yo amo estas calles / aun si huelen a mierda”. “Las mujeres golpeando al niño”. “Aquí huele al vómito de la muerte”. Su efectismo, tan cursi: “y lloran, amargamente, por que los ciegos no los pueden ver” (pág. 60). “y sus enormes ojos tristes de tanto ver / la felicidad” (pág. 60). Porque ocurre, y mucho, que no puedan entender que “no todos tus dramas son poesía”, y como no lo entienden, escriben

y publican cosas como: “los recuerdos de un padre y esposo que se fue / junto con el último gramo de comida / y el último rastro de felicidad”. O pretenden ser críticas sociales: “Primero cómprate las tetas de silicona más caras y / luego cambia tu rostro” (pág. 70).

Pero como pasa cotidianamente con los poetas mexicanos. En este libro, uno puede quedarse con algo; que aunque pueden ser poemas también cargados de efectismo y tremendismo: “la rosa que no tiene pétalos sólo espinas”; al final se puede encontrar con buenos versos, como: “masticadas por el gran diente fervoroso de la religión”. Y es precisamente el poema que da nombre al poemario. Se trata del poema: ‘La doncella Negra’, (pág. 27), al menos los fragmentos I y II. Porque el fragmento III, es de un tremendismo tan vomitable; que si se quita del poema el poema crecería y mucho.

O también quedarse con el fragmento II, del poema titulado: “Henri Ford Hospital” (pág. 49), y hablo del fragmento II, porque luego el poema vuelve a caerse por el “tremendismo” y el “efectismo”, que la autora quiere imponer a fuerza en sus textos. El no saber dónde terminar el poema, vuelve a hacer que el poema se le caiga, y las rimas internas y los descuidos vuelvan a aparecer: “No quiero llorar, no quiero, / pero a veces hay un petirrojo en mi pecho”. Y si uno avanza un poco más, quedarse con el poema “Árbol”, de la página 62.

A manera de conclusión tenemos que repetir que no todos los dramas del autor son poesía. Pueden volver poemas, siempre y cuando el artificio en la hechura del texto presente el esfuerzo del poeta. La idea personal está ahí, en la universalidad de la emoción. El autor tiene que alejarse del texto, escucharlo en voz alta, corregir. Un autor no puede darse el lujo de publicar un texto donde se observan errores ortográficos en su trabajo. Del trabajo editorial tal vez no pueda hacerse responsable, pero sí lo es de la obra escrita. Es necesario abandonar el tremendismo, abandonar el efectismo en la poesía. Si todo está dicho, es labor del poeta decirlo de una forma nunca antes dicha.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

LOS DESPLEGADOS MUNDOS DE JUAN EMAR.

(COMENTARIO CRÍTICO)

Adán Echeverría.

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Un demonio es un ser espiritual

de naturaleza angelical condenado

eternamente.

J.A. Fortea.

 

Hay mucho que decir acerca de “Papusa”, uno de los cuentos de Juan Emar que forman parte de su gran obra literaria que tituló “Diez”, y a la que añadió el subtítulo “Cuatro animales. Tres mujeres. Dos sitios. Un vicio.”, que el autor publicara en Santiago de Chile en 1937.

Mi primer acercamiento a la obra cuentística de Juan Emar ocurrió mientras leía la monumental “Antología de Cuento Hispanoamericano” de Fernando Burgos; en esta obra hizo bien el compilador en incluir el cuento “El pájaro verde” de Juan Emar. Un texto tan irónico como divertido, que narra un fragmento de la vida disoluta de un joven chileno en París (llamado también Juan Emar, fundiéndose personaje con autor), que tiene que regresar a su pueblo natal por orden de su tío, quien le solventaba los gastos y que pensaba meter en cintura al jovenzuelo. El joven va de vuelta a su patria, y se lleva consigo el disecado pájaro verde que sus amigos de francachela le habían regalado.

Desde la primera vez que leyera este cuento, supe que era material para leerlo una y otra vez en el Taller de Apreciación Literaria que imparto desde el año 2003. Yo sumaba este cuento a otros textos similares que me atrapaban por su resuelta violencia ficcionada, como las novelas “Luna caliente” de Mempo Giardinelli, “El túnel”de Ernesto Sábato, esa joya literaria que es “Yoescarabajo” de Alfonso Anzures Alcalá, “Las cavas del vaticano” de André Gide, o “Historia del ojo” de Georges Bataille, que junto al cuento “Capítulo XXX” de Mario Levrero, daban evidencia del narrar sucesos de la violencia humana, con una fuerza llena de ironía, y escritos con tal naturalidad que movían a risa, a una temerosa risa de parte del lector.

Fue por ello que me dediqué a rastrear en la internet la obra de Juan Emar, seudónimo de Álvaro Yañez Bianchi (1893-1964); y paulatinamente llegué a encontrar la joya tantos años perseguida, el cuentario “Diez”. Enseguida tuve que atesorarlo, volví a las relecturas, una y otra vez, de “El pájaro verde”; luego casi pierdo la cordura, y el habla, al constatar la terrible abundancia del lenguaje de que era propietario el autor, al leer ese texto tan rápido que es “Maldito gato”, en el que el autor hace un alarde de narración con un cúmulo de imágenes poéticas, párrafo a párrafo: “un sol tibio de rayos aterciopelados”, que son puestos en equilibrio con fundamentos lógicos y científicos: “No tuve la ocurrencia –cosa que cualquiera se explicará- de proveerme de un termómetro, por lo cual me fue imposible verificar qué grado exacto marca esa atmósfera deleitosa”.

Pero quiero detenerme en el cuento titulado “Papusa”, que es parte del apartado “Tres mujeres”: “Desde Belcebú, por línea recta, viene rodando, a través de todos mis antepasados, un ópalo”. Esta es la primera línea del cuento; como pueden constatar el texto inicia con fuerza, y marca ese tono esotérico con el que se encuentran escritas obras como “Las Bodas Alquímicas de Christian Rosacruz” atribuido a Juan Valentín Andreae, que inicia su obra de esta forma: “Una noche, algo antes de Pascua, estaba sentado a la mesa y, como tenía por costumbre, conversaba con mi Creador en humilde oración”. Como pueden notar, el tono que usa Juan Emar para su texto es similar; ese primer párrafo continúa de la siguiente manera:

“Hace largos años llegó en su rodar a mí, pues todo mi linaje había bajado a la tumba y Belcebú no se presentaba de siglos atrás por la Tierra.”

Podemos recordar en el Libro de Job lo siguiente: “Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.» Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job?”. Al parecer el Belcebú de Juan Emar dejó de pasearse por la tierra. Hay que ser conscientes de que el ópalo que llega hasta nuestro personaje viene a él desde Belcebú.

El siguiente párrafo no sólo mantiene el tono del cuento, sino que da aún mayores pistas en la construcción que Juan Emar hace de su personaje: “Cuando mi padre desde su ataúd me lo alargó, estiré mi mano izquierda por entre los cirios que lo rodeaban y, apenas sentí que lo depositaba en ella, lo cubrí con la derecha para que nada de la atmósfera de las flores y el cadáver fuese a guardarse en sus reflejos tornasoles y marchase a casa junto a mí”.

Sabemos que la mano izquierda es la mano más cercana al corazón, y nos quedamos pensando en este personaje que nos cuenta que desde su ataúd, su padre, le entregó la gema; el padre estaba siendo velado, estaba muerto cuando le hizo llegar la pertenencia familiar, y el protagonista de esta historia lo guarda con mucho cuidado, aceptando tenerlo a su resguardo. ¿Y cómo no? Dentro de ese ópalo vive un mundo entero, con zares, obispos, esclavos, juglares, espectros, gacelas, y hembras entre las que destaca Papusa.

Asistimos durante la lectura del cuento a la creación de un mundo dentro del mundo literario que se nos va contando: “dirigiendo mi vista sobre él, púseme a contemplar su profunda y misteriosa vida interior”. El mundo que vive dentro del ópalo que su padre le entrega al protagonista logra abstraerlo, y a nosotros también por la historia que sucede en su interior. El juego del simbolismo que el autor recrea en su texto es de un sabor agradable para el intelecto. Los tres momentos de espera (las tres negaciones de Pedro, los tres días para reconstruir el templo) que ocurren durante la escena, hasta que el Zar Palemón le ordena al obispo que la suelte: “El obispo alzó sus hábitos que subieron desde el suelo crujiendo, hundió su mano por entre las sedas de su vientre y sacó y remeció y echó a tierra y mostró a todos los ojos, el cuerpo suave de Papusa”.

Papusa (que no deja de referirnos a una de aquellas Papisas de las que tanto se ha escrito) saliendo desde el vientre, desde las ropas del Obispo, es un enorme simbolismo, de cómo la religión tiene secuestrada a la mujer, pero no a cualquier hembra humana, sino a la mujer joven, erótica, sensual (de cuerpo suave). A otra orden del Zar, el obispo la patea y la lanza en medio del salón. Entonces ocurre aquel cuarto momento de espera (los espectros tiemblan), con el que Juan Emar rompe e inaugura otro símbolo, la liberación: las gacelas corren al encuentro de la piel desnuda de Papusa (es sólo una hermana), que ha sido echada a tierra, ha sido lanzada al centro de la reunión (clavada por millares de ojos), frente a la Ley (el gobierno del Zar) y la Religión (los obispos), pero “Papusa sonríe apenas”. El Zar indica a un cortesano que tome a Papusa, quien “se tiende y se abre”; pero el cortesano y la corte toda no logran avanzar, dice el autor. El Zar envía ahora a un bufón:

“Papusa sonríe vagamente y su pequeña sonrisa se mece dulce y pura, envolviendo primero el cuerpo del bufón, elevándose luego, atravesando la esfera, errando por fin a lo largo de las paredes de mi cuarto.” El autor hace que Papusa, o su imagen, su esencia, salgan del ópalo y corran a través de las paredes del cuarto del protagonista, que ahora coge una lupa para mirar más de cerca la escena, el acto sexual entre el bufón, enclenque y jorobado, sobre Papusa: “Veo entrelazarse con el humo gris carbón el máximo placer que al hombre le es dado. El placer del cuerpo entero. El placer de venganza, de reivindicación… cuando se es deforme, mostruoso y yace bajo si la belleza, la adolescencia, iPapusa!”

Pero el autor nos cuenta que Papusa no siente nada de goce en esta entrega, pero tampoco horror por estar siendo poseída. El protagonista se pregunta qué sucede, y un espectro de los que se encuentran dentro del ópalo le contesta:

“Los humanos vinieron sin sexo. Luego los sexos cayeron en ellos, se incrustaron, e incrustados –vivieron su propia vida nutriéndose de la sangre y las ideas de los humanos.” Y entonces uno suelta el cuento y dice: ¡Wow!, pero mirad la genialidad a la que nos ha conducido el pensamiento de Juan Emar, en el año 1937. Los humanos vinieron sin sexo. Otra historia dentro de la historia. Ya no solo se trata del simbolismo esotérico dentro del texto, sino que se va caminando dentro de la filosofía. Yo ahora levanto mis ojos del teclado, reflexiono en las más de 150 niñas y mujeres que fueron violadas y abusadas por un médico de la selección de gimnasia olímpica en los Estados Unidos de América, y me quedo con esa frase: “Los humanos vinieron sin sexo”. Ya lo había reflexionado en infinidad de ocasiones. El sexo es apenas eso que nos une a los animales, esos estímulos que causan placer. He disertado anteriormente sobre la grafía, como aquella convención cultural para representar los sonidos (fonemas) del lenguaje en que nos comunicamos, y que nos pone por encima de los demás seres vivos. Es el lenguaje escrito la diferencia, a lo que ha llegado nuestra inteligencia en sus diferentes lenguajes escritos: la música, el brialle, las matemáticas, el código morse, y todos los alfabetos.

Volvamos al cuento de Juan Emar. ¿Qué función tienen los espectros en el universo metido dentro del ópalo? Los espectros en ese mundo y en nuestro propio mundo son los registros de aquellos que nos precedieron. Nuestros espectros pueden ser nuestros propios libros, es por los libros como nos continúan hablando los escritores de otras épocas. Nuestros queridos espectros. “El sexo nutriéndose de las ideas de los humanos”, y piense usted en las ideas del amor y el sexo, como también en todas esas ideas que cruzan la mente de un depredador sexual. “El sexo nutriéndose de la sangre de los humanos”, y la sangre no es otra cosa que la pasión, es pasión que aquellos que apenas entrevén su naturaleza animal tanto festejan en la carne. De esta manera Juan Emar nos muestra, dentro de su cuento, la diferenciación entre sangre e ideas, que son afectadas de formas muy diferentes por el sexo, y añade para dejarlo demostrado que forman una: “Simbiosis casi eterna que el hombre se niega a reconocer.”

El discurso del espectro de la narración nos habla incluso de que algunos seres humanos logran desconectar esa simbiosis entre sexo e ideas, pero casi nunca entre sexo y sangre (pasión): “Entonces los sexos pueden seguir viviendo su propia vida, nutriéndose tal vez con un poco de sangre, siempre; mas sin alcanzar a hacer de ninguna idea su presa”. Papusa no logra ser derrotada ni por el joven ni por el monstruo jorobado que le ha enviado el Zar, porque es una mujer que ha logrado separar su sexo de su inteligencia. El Zar no puede soportarlo. Cifra sus esperanzas en que el traumatismo, los golpes, la opresión, reintegre el sexo a la personalidad de Papusa, y de ese modo poder manipularla, manejarla, doblegarla. El espectro nos lo deja muy claro. (Piense ahora usted, querido lector, en todas aquellas mujeres que siguen siendo manipuladas con base en los golpes, en el miedo, en la culpa, con la finalidad de doblegarlas). Al final, al ver que no puede anudar el sexo a la mente de Papusa, el Zar manda a los perros a que la destrocen.

¿Qué son los perros en este cuento, en la tradición, en la significación del poder? Los perros que corren y van causando terror a todos los cortesanos que huyen, haciéndose a un lado, esos perros que van y obedientes, corren hacia ella para someterla. Esos perros que cuidan la entrada del infierno, canes de tres cabezas, nos dice la tradición, enfrentados con la humanidad sin sexo, enfrentadas con la mujer. El miedo que la mujer causa en los gobernantes, en las religiones, que unidos han buscado someterlas.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

Literatura infantil y migración.

Un acercamiento a caminos de luces y sombras

Dra. Rocío García Rey.

 

Caminos de luces y sombras es un libro elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones. Se trata de una edición del 2015. La coordinadora del programa es Sofía Salas Monge. El libro es una recopilación de testimonios migratorios de niñas, niños y adolescentes.

Generalmente los estudios que hay en torno a la migración versan más hacia los rubros demográficos o económicos. Sin embargo, cada migración tiene su historia y esta puede darle forma a miles de testimonios que nos permiten conocer lo que se considera la parte “privada” de la migración. Pero bien sabemos desde hace años, que lo público es privado y lo privado público. En este trabajo destacaremos tres historias de adolescentes que tuvieron que migrar debido al abuso sexual que vivieron.

Es mediante el discurso directo que los testimonios reproducen la voz de las adolescentes que se vieron forzadas a migrar de sus países de origen. En este caso no haremos un estado del arte en torno al testimonio, más bien nos apoyaremos en él como un anclaje de lo que no se redujo a la simple oralidad. Es por medio de los relatos incluidos en el libro que podemos afirmar que la migración unida a la violencia sexual imposibilita que las futuras adultas puedan ejercer lo que la filósofa Graciela Hierro llamó “La ética del placer”. Esto significa que la buena vida y el tránsito para construirnos “mujeres para sí”, como lo planteó Simon de Beauvoir sigue siendo una asignatura pendiente en la agenda de la comunidad.

Hay de facto varias deudas pendientes, pues podemos preguntarnos ¿cómo, en el caso de las mujeres, podemos devenir “mujeres para sí”, cuando los primeros derechos quedan en la utopía. Me refiero a los derechos de la niñez. No podría escribir este texto sin recordar que ya desde 1928, en Buenos Aires, Argentina, fueron expuestos por Gabriela Mistral, Los derechos de los niños. Noventa años han pasado sin que los gobiernos logren hacer realidad lo que en palabras de Mistral fue planteado como:

1.- Derecho a la salud plena, al rigor y a la alegría –lo cual significa derecho a la casa, no solamente salobre, sino hermosa y completa; derecho al vestido y a la alimentación mejores.

La infancia servida abundante, y hasta sucesivamente por el Estado, debería ser la única forma de lujo […] que una colectividad honesta se diera, para su propia honra y su propio goce […]

El cúmulo de deudas son la sumatoria de una sociedad desgastada que parece no poder ofrecer alternativas de crecimiento a la infancia ni a la adolescencia. Un ejemplo evidente es lo señalado por la UNICEF:

 

NUEVA YORK, 28 de noviembre de 2018 - “UNICEF está profundamente preocupado por la seguridad y el bienestar de los más de 1.000 niños migrantes que se desplazan por México o esperan en la frontera en Tijuana para que sus solicitudes de asilo sean escuchadas por las autoridades de inmigración en los Estados Unidos.

Estos niños tienen acceso limitado a muchos de los servicios esenciales que necesitan para su bienestar, incluidos nutrición, educación, apoyo psicosocial y atención médica. También corren el riesgo de ser explotados, abusados o de ser víctimas de trata durante su viaje o en las inmediaciones de los campamentos y centros de descanso en la frontera.

Estas condiciones tan difíciles se suman a su huida de la violencia, la extorsión, la pobreza devastadora y la falta de oportunidades en sus países de origen en el norte de América Central.

 

En Caminos de luces y sombras la mimesis constata que la voz con la que se arman las historias del libro dan cuenta que la literatura infantil y juvenil no es únicamente aquel cúmulo de cuentos clásicos ni de Hadas. El texto permite confirmar lo que Robert Darnton en “Los campesinos cuentan cuentos de mamá la Oca”, señala como la historia del cuento. El cuento y en este caso, los testimonios están tarde o temprano anclados a la sociedad, a su ethos y a la vida cotidiana. Es así que se comprende que la literatura infantil y juvenil no sea per se edulcorada ni bonita, no está llena de arcoíris y se va conformando con relatos, en el caso de Caminos de luces y sombras, de relatos donde los sueños no se cumplen. Las adolescentes narran los que pierden, lo que sienten y la salida de su país de origen. Es pues, el testimonio de lo vivido por miles de adolescentes que particularmente pertenecen a la región centroamericana.

 

El libro está disponible en formato digital y en de su origen podemos leer:

La OIM, a través del Programa Regional Mesoamérica (con fondos

de PRM), espera que este libro llegue a ser un material de apoyo en el

fortalecimiento de capacidades de personal de instituciones de gobierno

y sociedad civil en la región mesoamericana. Pero más aún,

aspira a que los caminos de luces y de sombras de 15 niñas, niños y

adolescentes migrantes de la región que aquí se relatan, refuercen en

quien los lea, su compromiso por trabajar a partir de enfoques de derechos

, género, diversidad, interculturalidad e interés superior

del niño/a, incidiendo positivamente en la calidad de vida de las

personas menores de edad.

Para la elaboración de este material se contó con la valiosa colaboración

de los institutos de niñez y adolescencia de diferentes países de

la región mesoamericana, así como de organizaciones de la sociedad

civil, albergues y centros de atención de niñas, niños y adolescentes,

que por su labor cotidiana, tienen mayor proximidad con la realidad

de estas personas.

 

LA INFANCIA COMO CONSTRUCTO

En este trabajo queremos mostrar cómo la adolescencia y la infancia se vuelven sujetos de enunciación. Cabe decir que esto es posible porque vivimos en un tiempo en que infancia y adolescencia son construcciones sociales legitimadas y, por tanto, reconocidas. En este caso los testimonios que presentaremos se remiten a abusos sexuales como parte de un entramado patriarcal que no sabe diferenciar el respeto del sometimiento.

Se rompe así la construcción de la niña y del adolescente feliz. El libro aquí estudiado, rompe así un estereotipo y de esta manera se visibiliza, entre otras, la infancia y la adolescencia vulnerable.

Pero qué pasa cuando un niño o adolescente se convierte en sujeto de enunciación. Representa la voz que ha parecido ha permanecido en la guarida del silencio y de la invisibilidad. Es con publicaciones como Caminos de luces y sombras que se legitima una versión extra oficial de la historia contemporánea de niños y adolescentes.

Era un vecino que hacía todos los arreglos en la escuela donde yo estudiaba. Un día, me esperó a la salida y me arrastró hasta un lugar feo y oscuro donde abusó de mí, amenazándome de que no podía decir nada de lo que había pasado. Pero yo le conté todo a mi papá, y él buscó al tipo y le reclamó por lo que me había hecho. Sin importarle nada, el hombre atacó a mi papá con un cuchillo y hasta amenazó con matarlo”.

Para salvar su vida, el padre de Alicia tuvo que huir a los Estados Unidos, acogiéndose a la esperanza de encontrar un mejor futuro para él y su familia. Mientras tanto, Alicia vivía angustiada por las amenazas que recibía. “Ese hombre que me agredió y apuñaló a mi papá siguió haciéndole daño a mi familia. A una de mis primas la secuestró por 13 días y su mamá y su papá tuvieron que pagarle los 15.000 (moneda local) que pidió para devolverla. Después, hizo lo mismo con otra prima, advirtiéndome que él no estaba jugando conmigo y que yo nunca podría escapar de él. Toda la familia estaba en peligro. Hubo un momento en que me sentí valiente y puse la denuncia contra ese hombre en el Ministerio Público, pero me fue peor, porque amenazó con matar a mi familia, yo ya no sé qué hacer, no tengo salida”. Fue entonces cuando Alicia, impulsada por el miedo y la necesidad de encontrarse a salvo, decidió migrar.

 

Por lo anterior podemos decir que se presentan historias de una adolescencia rota, resquebrajada. Por desgracia textos como estos, quizá no causen más que conmiseración. Esto se debe a que seguimos pensando en la infancia y adolescencia como etapas edulcoradas, en la que se es feliz por el hecho de ser joven. Leamos parte de la historia de Mónica:

Como me abandonaron fui entregada a una señora que dijo que era mi abuela… Pero eso no era cierto. Ella me explotaba y luego de                                     

aprovecharse de mí, también me abandonó.                      

Luego de todas estas experiencias de rechazo y dolor, Mónica se encontraba sin casa, sin hogar, sin familia y sin aspiraciones, llena de desilusión y tristeza, solo conservaba una pequeña luz de esperanza que la impulsó a migrar, sentía que aún no debía resignarse. Pero mientras atravesaba el país vecino del norte, fue detenida por las autoridades migratorias por su condición irregular. ¿A dónde iría ahora?

 

  Estos relatos no son sino la versión contemporánea -sin hablar en este momento del canon literario- de historias de Caperucitas mexicanas o centroamericanas cuyo camino se ha visto empañado por los lobos posmodernos que siguen el patrón heteropatriarcal llevado a la hiperbolización.

Una migración, seguramente debe ser dura de afrontar, mayormente cuando se está sola y no se tiene la experiencia ni la madurez de vida para afrontar los avatares. Por ello se entiende que el lugar de enunciación sea desde la vulnerabilidad de estas niñas y adolescentes. La inseguridad ante la vida es el factor omnipresente en estos testimonios. He aquí parte del testimonio de Daniela:

Mi papá se fue para los Estados Unidos buscando una mejor vida. Yo estaba tan pequeña que ni me acuerdo de él. Mi mamá se puso a buscar trabajo, pero solo lo consiguió en un bar. A mis hermanas las llevaron a un Hogar, porque no había quién las cuidara, entonces yo me fui a vivir con unas amigas que también se habían quedado solas”.

Pero esa no era la vida que Daniela quería para ella, entonces despertó la ilusión de encontrar a su padre, del que apenas tenía un vago recuerdo. Decidió emprender el viaje, lleno de penurias y dificultades para una adolescente de apenas 15 años. Ella no contaba con que su precaria salud la traicionaría y truncaría su sueño a mitad del camino. Cansada, con fiebre y con asma, fue incapaz de continuar la aventura y fue detenida. En ese país, la llevaron a un albergue para personas migrantes, donde se sintió triste, sola y

enferma, sin nadie a quien acudir ni nadie que la reclamara. Ella no quería que la regresaran a su país con su madre y fue entonces cuando vino a su mente un recuerdo lleno de color: “En esos momentos de soledad y angustia, una imagen vino a mi

rescate: ¡El abuelo! lo sentía tan cerca, recordaba su nombre y su corazón

amoroso. En el albergue en el yo que estuve me ayudaron a buscarlo,

porque estábamos en el mismo país en que él vivía”.

Es por medio de la escritura que estos relatos provocan a la memoria y a la visibilización de la otra, la subalterna: la niña - adolescente migrante que no es vista en su subjetividad porque generalmente nos perdemos en cifras de por sí alarmantes, pero en pocas ocasiones nos preguntamos por las historias de vida y los quehaceres de la historia oral que rescata una anécdota inmediata. La oralidad también permite prender un foco de alarma para darnos cuenta cómo se han normalizado las historias presentadas. Así que no deberíamos conformarnos con conocer y re-conocer la otra cara de la historia de las mujeres. El conocimiento de estos casos nos exige en términos axiológicos echar a andar estrategias como sociedad para impedir la propagación de vidas rotas.

 

Con lágrimas en los ojos, Anita evoca lo vivido a lo largo de sus 14 años, mientras su mirada se pierde entre confusos recuerdos que, en ocasiones, no logra hilar correctamente. Ella era una niña cariñosa, con ilusiones, como cualquier otra niña, a quien le gustaba jugar, correr y estudiar. También era confiada y creía en las personas que la rodeaban, especialmente en su familia, donde se sentía segura, como debería ser.

Apenas cumplía los 7 años, cuando fue abusada sexualmente por su tío, un hombre adulto que vivía en la misma vecindad que ella. “Al principio yo trataba de defenderme, de gritar y pedir ayuda. Pero él me amarraba las manos y me tapaba la boca. Conforme pasó el tiempo, entendí que no tenía salida, y que no podía hacer nada para evitarlo. Entonces ni siquiera tuvo necesidad de amarrarme para lastimarme.

Yo se lo conté a una amiga de la escuela y ella me aconsejó denunciarlo y me animé a decírselo a mi mamá y mi papá. Jamás me imaginé que iban a reaccionar así: mi mamá me regañó y me dijo que toda la culpa era mía y mi papá me empezó a tratar mal y me prohibió jugar con mis hermanitas. Eso me dolió tanto, yo necesitaba que me protegieran ¿Por qué no entendían que yo no quería que me abusaran? ¡Yo intenté evitarlo! Pero no pude ¿Por qué me trataban así?”. Tantas críticas y desprecios llenaron

la casa de oscuridad, así como a Ana, quién poco a poco fue apagando su luz. Como muñeca de cuerda debía girar de acuerdo a la voluntad de los demás, ya no tenía vida propia. ¿A quién podría recurrir Ana en estas circunstancias? La confianza dejó de tener sentido para ella. No confiaba en su familia y tampoco en sí misma.

[…]

 

“Yo seguí en la escuela y ya tenía 13 años. Un día, unos amigos de la escuela me invitaron a dar un paseo en lugar de entrar a clases, insistieron tanto que me convencieron. Me sentía bien decidiendo por mí misma, parecía una aventura divertida, casi una travesura. Entonces empezamos a caminar, pero cuando los caminos se pusieron cada vez más solitarios, comencé a sospechar que algo no estaba bien.    

Llegamos a una casa alejada del pueblo, sentí miedo, pero ya no sabía

qué hacer ni cómo volver, fue entonces que los cinco abusaron de mí…

me dijeron que sabían que mi tío ya me había “iniciado”.

No sé cómo la Directora de la escuela se enteró de lo sucedido y

habló con mi mamá, pero de nuevo, mi mamá me culpó a mí. Alguien denunció mi caso al Ministerio Público y de ahí en adelante, me separaron de mi familia y me llevaron a diferentes hogares y refugios, donde seguí sufriendo maltratos y abusos. Una vez hasta fui violada por un grupo de niñas sin que nadie hiciera nada para defenderme.

Por eso, me escapé varias veces de esos lugares, huyendo en busca de otra salida.

[…]

Fue entonces cuando Ana tomó las pocas fuerzas que tenía y la fantasía de una vida mejor y las metió en una mochila liviana, junto a una blusa, una foto y un cuaderno, en el cual escribiría su travesía. Migrar era su forma de huir, de empezar una nueva vida, alejándose de su pasado cruel. Cuando el sol le quemaba la piel y el cansancio se reflejaba en las ampollas de sus pies, cerraba los ojos por unos minutos y se repetía a sí misma que podía lograrlo. (Ana 38-40)

 

La subjetividad de las niñas entra al texto y en él se despliega para mostrar una parte más de lo que Focault llamó “la prosa del mundo”. He aquí que el mundo se despliega en su historia cotidiana como una suma de acontecimientos donde ora la infancia, ora la adolescencia puede posicionarse como sujeto de la historia en tanto su palabra es considerada para que por medio de la escritura quede fijada su narración y relato de vida. La escritura de Caminos de luces y sombras legitima, así la palabra que durante mucho tiempo ha sido ausente: la de la infancia. Por ello suscribimos lo escrito por Daniela Brito Contreras:

[El testimonio] al ser un género que muestra otra realidad y le da voz a los sujetos subalternos que han sido históricamente silenciados por los demás géneros literarios y por las instancias de poder plantea una revisión del canon literario.

El testimonio retrata la historia viva, a diferencia de la historia a largo plazo que trabaja con el mundo de los muertos, como señala Certeau. Por el contrario, las que hemos presentados son las narraciones de aquellas mujeres que luchan por que no las alcance la muerte. Se trata de niñas y adolescentes auto- representadas en un presente en el que lo principal es sobrevivir.

Podemos decir que exhortos y bregas propiamente latinoamericanas con respecto a darle la voz a la infancia, han quedado completamente inhumados en el mundo líquido. En la ignorancia o en el olvido hemos dejado palabras como las que José Martí escribió en 1889, en su revista La Edad de Oro, para incentivar a los niños a escribir cartas que serían publicadas en la revista. Otro olvido más, ya lo hemos mencionado son los Derechos de los niños proclamados por Mistral.

Creo que Latinoamérica debe colocar en su agenda una pronta revisión de propuestas ya reformuladas que por desconocer o por creer que son decadentes, hemos tirado al olvido.

Es urgente que todas y todos los migrantes puedan emitir su testimonio de vida para que no nos quedemos únicamente con la lectura desde los cubículos. En este sentido bien nos haría recordar y poner en práctica las siguientes palabras de Freire:

Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión. Mas si decir la palabra verdadera, que es trabajo, que es praxis, es transformar el mundo, decirla no es privilegio de algunos hombres, sino derecho de todos los hombres. Precisamente por esto, nadie puede decir la palabra verdadera solo, o decirla para los otros, es un acto de prescripción con el cual quita a los otros el derecho a decirla. Decir la palabra referida al mundo que se ha de transformar, implica un encuentro de los hombres para esa transformación.

Se trata, entonces de que las voces sean eso, una colectividad para que, en este caso, en América Latina la vida de la infancia y adolescente migrante no queden como una noticia más de un diario que se perderá en la triste noche de la indolencia colectiva.

Jueves, 28 Marzo 2019 06:20

La literatura del No. Adán Echeverría

 

 

La literatura del No.

Adán Echeverría

 

Este lunes pasado tuvimos la oportunidad de revisar, en el taller de apreciación literaria, el cuento “Un día perfecto para el pez plátano”, de J.D. Salinger, para que los alumnos tuvieran la oportunidad de percatarse de dos puntos principales: 1. Los diálogos, en una obra literaria, tienen la funcionalidad de hacer avanzar un texto. 2. Como los personajes que dialogan pueden describir a un tercer personaje, que llega a ser el personaje central del texto.

Este ejercicio tampoco es tan novedoso, pero nos lo clarifica en este texto el escritor norteamericano, y es muy útil como lectura de taller literario, pues ya desde la novela “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, Robert Louis Stevenson, nos había acercado ese ejemplo de la descripción de un tercero mediante el diálogo entre dos personajes.

Para hablar de la obra de J.D Sallinger, fue bueno recordar el reconocimiento que tiene el escritor por su magistral obra “El guardián entre el centeno”, una obra que en los Estados Unidos se ha vuelto obligatoria para los estudiantes de pregrado o High School, de lo que para nosotros sería el bachillerato. Salinger es un escritor que no tuvo que publicar una gran diversidad de obras literarias para pasar a la historia de la literatura, y estar incluido en el Canon Occidental, que propone Harold Bloom. Son dos sus obras con las que el mundo lo conoce. El ya citado Guardián entre el centeno, y su cuentario “Nueve cuentos”, de donde se desprende “Un día perfecto para el pez plátano”. Después de escribir estas obras, Salinger se convirtió en un eremita y se apartó del mundo literario recluyéndose en una granja, donde continuó leyendo y escribiendo historias que no volvió a publicar.

Este tipo de escritores son los que el personaje de Enrique Vila-Matas decide rastrear en la novela “Bartleby y compañía”, donde define: “los Bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo”, esos escritores que pueden ser agrupados dentro de la Literatura del No, y que son reconocidos los escritores del No. Y es gracioso reconocer el nombre de Bartleby, tomado del magristral cuento “Bartleby el escribiente”, de  Herman Melville, el autor de “Moby-Dick”, otra de las obras de la narrativa norteamericana, que cambiaron el mundo de la literatura y que dio inicio a la novela moderna.

Y es que necesitamos hablar de la literatura del No, para poder reconocer el objetivo que persigue todo escritor a la hora de dedicarse a la literatura. Un objetivo que siempre tendrá que ser personal y no grupal. ¿Qué persigue todo escritor? ¿Acaso el éxito de venta de sus libros? ¿Tal vez la gloria literaria, el premio Nobel, o cualquier otro premio que le brinde reflectores, aplausos, publicaciones en la prensa? Cada quien lo sabrá, y en su intimidad tendrá esa plática consigo mismo. Lo cierto es que todos los autores escribimos con una finalidad principal, que es el objetivo del lenguaje todo: Comunicar, decir a los otros lo que pensamos, lo que sentimos, lo que queremos, lo que odiamos, lo que queremos cambiar, lo que podemos retratar.

Lastimosamente en México, la educación literaria en muchas ocasiones hace creer a los jóvenes escritores en la necesidad de perseguir los presupuestos. Como si la literatura se debiera exclusivamente a intentar conseguir becas y premios, para poder sentirse parte del gremio de los “poetas premiados”. La literatura es mucho más que eso. La literatura mexicana nos ha brindado excelentes ejemplos de los escritores del No, como Juan Rulfo y Alí Chumacero, uno en narrativa y el otro en poesía, que sin tantas obras tienen un lugar y reconocimiento en el Canon de la literatura mexicana. Latinoamérica nos entrega a Juan Emar y a Ernesto Sabato, quienes igual tienen una gran presencia en la tradición literaria mundial, con dos o tres obras cuando mucho.

Publicado en La pluma sobre el ojo

 

HUMO SOLIDO 11

MARIZELA RÍOS TOLEDO

URIEL REYES DELOYA

 

 

 

 

“Yo diría más bien que la poesía es algo cuyo instrumento son las palabras,

pero que las palabras no son la materia de la poesía.

La materia de la poesía –si es lícito que usemos esa metáfora-  vendría a ser la emoción”

Jorge Luis Borges

 

Quizá ésta sea la definición que mejor describe el trabajo de Marizela. En sus versos no hay una búsqueda de complacer a sus lectores. No hay una sensibilidad almibarada ni una fácil lectura. Lo que encuentro mayormente es una necesidad de extirpar de dentro suyo un sentir que amenaza con derribarla. Un desgranar en palabras los dolores largamente contenidos. La construcción de su poesía, a manera de pequeñas viñetas, me remite además a un automatismo sonoro en el que las palabras van construyendo frases y estas se van acomodando, aportando su cuerpo, como si de tabiques se tratara, para llegar a formar el edificio de una criatura nueva.

Un poema es un ente recién salido de las manos de su creador, pero una vez que es letra impresa se vuelve bien común, sujeto de estudio y aportación creativa.

Así, vemos en Marizela una explosión de la subjetividad. Yo me permito imaginarla como una giganta habitada por infinidad  de poemas como aves deslizándose en su interior. 

Sus versos son como martillazos que se van acomodando  hasta construir un todo. Y cuando esos micro universos adquieren vida propia reclaman su lugar en la hoja en blanco. Son parte de una totalidad, pero conservan su ser individual. O son versos que, como un caleidoscopio, nos van mostrando todas las posibilidades de la idea, mientras con formas caprichosas, danzan, juegan y aterrizan en la página.

En el poema Sin disyuntiva vemos claramente este juego sonoro, pero también visual, que provoca el recuerdo obsesivo de una emoción, mismo que para el lector resulta como una adivinanza infantil a más de un juego de palabras. Estepa/llanura que ruedo/rueda sobre mi/punza como clavo/me punza/se revela en el ojo/en el tímpano de la oreja.

El ritmo nos lleva de un lado a otro y nos invita a ir con él, casi como niños en la espalda de papá. Aunque la idea de fondo no parece corresponder al juego, pues habla de un clavo que punza y que duele en el ojo y en el tímpano. Pero la forma en que es presentada le quita (de manera intencional) esa connotación doliente. Tiene lugar aquí la preponderancia de la forma sobre el contenido, pues nos quedamos quizá un tanto más con la sensación juguetona que nos provocan las palabras.

Marizela dice que su poesía “surge de una conexión sensorial con el universo” y eso, por supuesto, se percibe en su trabajo, pues vemos que en él hay una preponderancia de lo humano representado en emociones y sensaciones. La máxima aspiración de un creador es que al citar el dolor, éste convoque en él todo el dolor de los hombres. Ella, cuando así se lo propone, lo logra y nos lleva de la mano de paseo por los vaivenes emocionales del ser.  Por otra parte, al ser honesta y profundamente auténtica, su voz se hace universal.

Marizela se aligera, lidia, acosa, cree, encuentra, hace, se destierra, soporta, aporta, apuesta, se engaña; es insomne, aguarda, rueda, reza, bebe café y con todas estas acciones malabarea sobre la página y nos invita a saltar con ella trepados en la punta de la pelota. Nos demuestra así que estamos hechos de la misma materia de que está constituido el universo y, por lo tanto, hay una natural conexión con todo lo que lo conforma (incluyendo al propio ser humano).

Cuando las vanguardias europeas de principios del siglo pasado

rompieron con la camisa de fuerza de la academia, experimentaron con las palabras y grafías e incluso onomatopeyas para mostrar que los conceptos que tradicionalmente se adjudicaban a la poesía podían ser cuestionados y derribados. Tristán Tzara, Marinetti, y muchos otros con el Dadaísmo o incluso antes Rimbaud, Verlaine y Mallarmé con el Simbolismo, irrumpieron con fuerza en el escenario de la creación artística y cuestionaron el principio mismo de la lírica. Con ello allanaron el camino para que las generaciones venideras hicieran todo tipo de propuestas en la experimentación poética.

Retomando también, cuando así lo desea, estos elementos, Marizela logra llevarnos y fluir con ella en esta fuente cantarina de palabras, al tiempo que nos hace reflexionar acerca de la condición humana,  el dolor y el placer que conlleva nuestra visita en esta tierra.

 

 

 

 

La ruptura del verso en español a través de una y mil historias

Fernando Salazar Torres

 

La poesía en español, de enorme tradición, siempre ha tenido presente en sus formas y estructuras varias singulares maneras de expresión, no solo en su nivel del enunciado, lo cual se privilegia y elogia actualmente, sino también los distintos procedimientos de composición de las formas clásicas han padecido una variable movilidad al interior del verso en español, una extensa serie de anomalías, fenómenos y disposiciones autorales. Es el cruce de muchas tradiciones, es el punto de quiebre de la estructura poética mozárabe, la jarcha, el tono latino, el ritmo italiano, la moral grecolatina, y la consecuencia de todo ello deriva en la primera gran ruptura del poema en el lenguaje español: la época del Siglo de Oro. Algunos poetas de nuestra lengua. Siglos XII al XXI, del poeta Sergio Mondragón, tiene como propósito presentar la actualidad y la continuidad de nuestra lengua a lo largo de casi mil años de poesía a través de la cual es posible leer una y mil historias en las que la lírica se modifica y actualiza a sí misma.

El libro está dividido en dos partes. La primera tiene dos secciones, “La poesía de nuestra lengua: una vocación experimental” e “Intermedio”. La segunda parte del libro está dedicada a revisar y analizar a 15 poetas mexicanos del siglo XX, denominada “Ruptura y germinación: la ‘nueva poesía’ mexicana”, muchos de ellos vigentes y que no pertenecen a la misma manera de ser y hacer la lírica.

Respecto a la vocación experimental, ésta se comprende como el proceso de formación del verso desde antiguo, en el Medioevo y más atrás, como una manera acentual de gestación del verso en el poema cuya procedencia sería, sin duda, el latín vulgar. Este primer antecedente, afirma Mondragón, es la primitiva, la única, desde entonces, tradición de la ruptura, lo moderno de lo antiguo constituye la tradición y, al mismo tiempo, la vanguardia. Esta contradicción tanto formal como de pensamiento es, pues, una necesidad creativa. No obstante, me parece, también podría hablarse de lo primitivo de lo moderno; es decir, así como en la poesía, la tradición es la suma, la fusión entre lo nuevo de lo formal en lo antiguo del poema, existe, creo, un primitivismo, algo que es antiguo y caduco en la poesía moderna, quiero decir actual o contemporánea.

Este dilema, para mí significativo, el autor del libro en cuestión lo resuelve de la manera siguiente: “la literatura en español nace moderna y primitiva, en el sentido en que son modernas y primitivas las pinturas de las cuevas de Altamira o las máscaras rituales africanas y otros objetos de uso tradicional que inspiraron el arte de Picasso. Nuestros primeros trazos literarios se dan sobre el trasfondo de la modernidad prosódica que está implícita en la invención del compás acentual en la poesía latina medieval, en la irregularidad métrica y en la creación misma de las lenguas romance. Esto se ve claramente en tres momentos iniciales de nuestro arte literario: las glosas, las jarchas, Cantar de mio Cid.”

Los casos semejantes a lo señalado anteriormente son muchos, por ejemplo, Mondragón aborda el caso de Gonzalo de Berceo y el de Juan Ruiz, Archipestre de Hita. Es el suceso literario ocurrido entre los siglos XII y XIII. En ambos casos se manifiesta la reinvención del español y en el manejo un nuevo dispositivo sobre el cual se presenta el poema, a saber, la escritura, de lo juglaresco a la clerecía, de lo oral, la conversación al decoro, la medida y el control de la acentuación métrica. Berceo crea un nuevo español, romanz paladino y su modo o forma de presentación, “la quaderna vía”, cuartetos alejandrinos que interfiere alterándolos con un verso más, cierto es un juego experimental que, posiblemente no fue bien visto en su tiempo, quizá cuestionado. Otro momento significativo en el español lo da El Libro del buen Amor o El Libro del Arcipreste, quien además de lo formal, ocurre otra manera de alteridad del idioma, la moral; el tema, el tratamiento, la exposición de lo que dice hace sonar distinto a este poeta español.

El siguiente momento poético en la historia del verso en español es  la obra de Garcilaso de la Vega y la de Boscán. Estos casos son tratados en el ensayo “La descomposición de la obra en Garcilaso y Boscán”. ¿Qué quiere decir y significar el autor con el término descomposición? Al proceso de transformación, pero ¿transformación de qué? De la forma, del movimiento de los programas poemáticos. “Una forma es la negación y la continuación de la que le antecede”. La lírica  y sus transtextualidades construidas hasta antes de estos dos poetas, si bien ya había logrado cierta alteridad, no había todavía un cambio radical en la musicalidad y semántica  y es justo la migración de la música del verso italiano de Petrarca a la extensión del verso endecasílabo español lo que provocaría un antes y un después en la poesía escrita en nuestro idioma. Una real ruptura de la tradición que ya se había perfilado desde los siglos V y VI de nuestra era. Los otros tres temas de la primera sección de la primera parte son “Pedro Calderón de la Barca y el sueño de la vida”, “Fray Luis de León y ‘la vida retirada’ en la naturaleza” y “La poesía de San Juan de la Cruz y la obra de arte perfecta”.

“Intermedio” justo es la parte medular, diría, central para el desarrollo de la poesía mexicana y la asimilación de las tradiciones precedentes. En esta segunda sección de la primera parte están presentes dos figuras icónicas, representativas del binomio eje de la poesía: Ramón López Velarde que representa la poesía decorosa y José Juan Tablada a la poesía experimental, la de ruptura en términos retóricos y formales. Y también Ernesto Cardenal, figura inquietante y trascendente para la posterior construcción de la nueva lírica a nivel continental durante la segunda mitad del siglo pasado. Mondragón señala de Tablada que incorporó a la tradición paisajes inéditos de nuestra poesía. Por otra parte, el autor se dirige a Velarde mediante una epístola “sin saberlo dislocaste nuestra manera de percibir imágenes, las reglas fijas de la versificación y también las de la prosa, y desdibujaste los caminos que solía recorrer el espíritu de nuestra época para llegar hasta nosotros, los lectores. Tu obra es el punto de partida de lo que se escribe hoy en México” (112).

A parte, por la latitud y quiebre temático, es el caso de Ernesto Cardenal, referente inmediato de la poesía testimonial en América, llevó a su obra los influjos de la conversación y el tono coloquial del lenguaje cuya relación sería, claro, la poesía estadounidense; sin embargo, el tema de lo divino y el énfasis místico dotan  a su obra de la introspección, un yo confesional, emotivo, directo, recordando a poetas como Gonzalo de Berceo, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León. Cardenal viene a ser el vértice por el cual se suman y cruzan distintas maneras de ser y decir poéticos, formas, procedimientos, composiciones y programas estéticos.

 

Salvador Novo

Germán List Arzubide

Octavio Paz

Marco Antonio Montes de Oca

Homero Aridjis

Juan Martínez

David Huerta

José Vicente Anaya

Coral Bracho

Adolfo Castañón

Alberto Blanco

Marco Antonio Campos

Javier Sicilia

Dana Gelinas

Gabriel Zaid

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