Irving Ramírez

Irving Ramírez

Irving Ramírez.(Xalapa, Veracruz)Novelista, poeta, cuentista, ensayista, periodista y guionista. Estudió Letras hispánicas en la Universidad Veracruzana; estudió la Maestría en Comunicación en la modalidad de Guionismo en la Universidad Intercontinental. Fue fundador y director de la revista Anónimos suburbios. Fue editor del suplemento TranvíA del estado de Veracruz. Publicó los libros de poesía: Vagabundo en la niebla (Tierra Adentro 1993); Amarizar a solas (Arlequín,1997); Prófugo de simonía (Enkidu,2000). En 1997 ganó el premio nacional de primera novela Juan Rulfo, con Yo canto el cuerpo gélido,del INBA que fue publicada por editorial Joaquín Mortíz-Planeta en marzo de 1999. En ese mismo año, publicó el libro de poesía colectivo: Mar de espejos, tres poetas veracruzanos, para editorial Arlequín. Publicó la novela: Mi único sueño voluntario, en el 2001 en la Editorial de la Universidad del Estado de México. En el 2006 quedó finalista del premio de novela Herralde de la Editorial Anagrama de España con su novela El Espejo de los tiempos futuros, que se editó en Madrid en 2015 en editorial Éride. Fue finalista del Premio Nacional de Ensayo Magdalena Mondragón con el libro La Nave de Los sigilos, editado por el ayuntamiento de Torreón en 2002. Obtuvo mención honorífica en el certamen internacional de poesía Gilberto Owen de la UAEM en 2014. Está incluido en varias antologías de cuento y poesía a nivel nacional. Colaboró en varios suplementos y revistas de circulación nacional (Sábado, Periódico de Poesía, Tierra Adentro, Cultura del Ovaciones, Casa del tiempo, La Jornada semanal). Impartió talleres, seminarios y dictó conferencias para el INBA y el Instituto de Cultura del DF hace algunos años. Fundó la Escuela de Escritores de Veracruz Sergio Galindo de la SOGEM en su ciudad natal Xalapa Veracruz”, de la que es director.

 

 

 

 

Ezra Pound: el James Joyce de la poesía

 

Irving Ramírez

 

Dos imágenes guardo del poeta Ezra Pound: la primera es la del generoso y gran amigo de otros escritores en la Europa de principios del siglo XX; la segunda, del gran poeta que innovó y transformó la poesía moderna de occidente. Y acaso hay una tercera: la del hombre sumergido en la locura que permaneció en una jaula en Rapallo Italia, durante la segunda guerra mundial y luego varios años en el manicomio de St Elizabeth presa de la esquizofrenia y la paranoia. Extraño destino de un hombre tan esencial en las letras modernas. Si en las universidades del mundo hubiese en cualquier carrera un curso con su pensamiento y su poesía, seguro habría mas lectores de poesía y esta saldría de las catacumbas. Su biografía que lo llevó a Irlanda para ser secretario de W.B.Yeats, y a influir en la vocación de Joyce y Hemingway, a quienes ayudó de muchas maneras, dándoles dinero, consiguiéndoles editor, revisando sus textos, apoyándolos con sus familias, y, en suma, impulsándolos en sus carreras literarias, como si fuese lo mas importante en su vida, como un padre, que lo ubican como uno de los pocos autores que se exilian de la envidia, y el egoísmo concomitante a este gremio. Pound, es famoso por sus frases “Decidí que a los treinta años, sabría de poesía más que nadie en el mundo”, por podar y corregir ni más ni menos que La Tierra Baldía de T.S.Eliot, esa obra maestra que debe mucho a su editor. Y, sobre todo, por haber escrito dos libros esenciales en el idioma inglés: Los Cantos, y Personae. Como Holderlin y Artaud, militó en la locura y como Nietzsche, pero también como éste, se refugió en la música. Un políglota; alguien que se nutrió del artista de Croisset, Flaubert, en su enseñanza compositiva; para el poeta norteamericano, también el lenguaje común era suficiente, y había que hallar el adjetivo exacto, y como aquél, proveyó de suficiente sentido a la forma para hacerla artística. Su monumental obra abrevó de la economía y de la historia, de las lenguas y de la tradición oriental, y experimentó con las palabras hasta intentar despojarlas de todos sus secretos. Como Joyce, innovó en la poesía lo que aquél en la prosa, en la busca de la obra total. Su conocimiento del arte y la tradición, de las ciencias, y la economía, al servicio del poema, con textos breves, neologismos, préstamos, retruécanos, y mitos, y un dejo de misticismo y esoterismo tomado de Yeats, y todo sin el abstraccionismo moderno, construyeron esa obra. Algunos lo ubican dentro de la generación perdida, por su amistad con los vanguardistas en el Paris de los veinte, pero sus búsquedas van más allá de la vanguardia, a pesar que hay quienes lo colocan en el Imaginismo y el Vorticismo. Convivió y conoció a los artistas más importantes de los 20: Picasso, Léger, Stein, Modigliani,Cocteau. Un lector lúcido que supo hallar en los otros, la grandeza; y que, en el arte, fue una especie de samaritano, mecenas y filántropo; en política, su antisemitismo y pro fascismo lo condenaron. ¿Su locura fue inventada para salvarle de la horca? O sólo fue una puerta para escudriñar los secretos de la poesis interminable de sus Cantos?. Una máscara. Como la poesía misma, la más aleatoria de todas. Se cree que fue el verdadero inventor del verso libre, en su sentido más amplio, con versos como estos: Te ruego entrar a tu vida Te ruego aprender a decir yo Cuando te inquiera; Porque no eres parte, sino todo Ni porción, sino ser En él se conjuga el clasismo con la ruptura, odiaba los disparates disfrazados de metáforas de la vanguardia contemporánea, las florituras, como él decía; no obstante, lo popular posee posibilidades de expansión, que el lenguaje hace nítido: Mira, la hierba leve brota hasta tu almohada Y te besa con una miríada de herbosas lenguas; Pero no tú a mí. Desleí el oro sobre la pared… O, por ejemplo, este verso premonitorio: Ay, sois locos si pensáis que se borra el tiempo Y en otro poema: Aquí soy poeta que bebió la vida Como los hombres minúsculos beben vino Sabía de ritmos como pocos, y además, sí buscaba la originalidad pero de manera natural. Su poesía es un sentir de la naturaleza, y del pensamiento humano. Y hay mucho de rebeldía en su vida y obra en el sentido camuseano, porque la crítica es intrínseca a su ars poética, pero es de índole ontológica; es extraño: ¿cómo escribir verso medido sin la rima? ¿Cómo concebir un poema o un verso sin la métrica, pero que la sugieran y la entronicen en la sintaxis libre? Sólo en la corrupción de la lengua, y más aún, en el fin del discurso poético que Joyce a su vez realizó en el novelesco. Su apuesta es trascender el vacío. Personae es su libro más íntimo, el más familiar a los hombres; Los Cantos, es la puerta de la locura, y por ende, como en Nietzsche y Artaud y Hördelin, de la iluminación.

bardamu64hotmail,com

 

Jueves, 06 Abril 2017 06:21

Inflexiones / Irving Ramírez /

 

Inflexiones

Irving Ramírez

 

 

 

 

La voz es un planeta inexplorado

Allá donde los astros titilan; quien la oye es  insólito como la

Lluvia.

La oscuridad nocturna, no es oscuridad

Es la insana inmensidad ante ese campo de trigo seducido

Y con ella, en su revoltijo de pelo, puedo entender el firmamento

Esa sensación de mareo y de zozobra

Ese contacto con fuerzas materiales

Con el último reducto de los instantes gozosos

Vida en los árboles, en la enredadera pródiga de oquedades luminosas

Nada de nuestras costumbres imantará al tiempo

Voy de paso. Con la ceguera propia de los que no silencian  áticos

Ni pernoctan abismos.

 

He marcado con fuego un conato de incendio

He perdido el tapiz de los amores llanos: su ráfaga insidiosa

Y al final de cada uno existe un jardín

Un olvido del pan, un reducto del hombre donde  el fuego reposa.

Esculpir la soledad

Como una hebra de lluvia besada por la sal

Como la solución a los prados nunca recorridos

Como la suerte de la fogata que se sabe hospitalaria

Así mi casa es un mundo

Donde la noche se torna

 

 

 

 

Fugaz

 

 

Vivir de lo que llega y de lo que se va

Beber de lo que apenas se dibuja

Lo fugaz, fugaz será

Tener entre las manos un misterio

Mirar la devastación

Querer el mito

Presentir al lapso que se escurre

Cobrar la moda

O huir al margen

Fugaz, fugazmente, la fuga

Que no sana

Como una parodia de lo que se escurre

Sin domar el tiempo

Apenas efímero

El bosquejo

De lo que no está

 

 

Nota roja

 

 

No dejaré que la carnicería

Llegue a los versos. Un asesino

Quizás emocione a la masa; a mí

Me tiene sin cuidado. Qué de heroico hay en

Destazar personas. Lo que ellos comen, es lo que devoran

De sí mismos. Puro efecto para ser mirados,  nada que tenga

Su sustento en el instinto. Depredar es un recurso que me deja frío

 

Sólo es un hueco que llenan un instante, se dejan admirar y luego

Parten. Pobres diablos: satánicos, maniáticos, fanáticos, lo que sea

Que sean, sólo despojan a la vida de un momento loco. Quedan como

Anécdotas en el panorama de la risa, y expuestos todos por

Un fervor de idiotas. Un asesino no es más que un pequeño mamífero

Sin alas. Un número exacto en el noticiero de la tarde. Pierden un lapso

Que nunca recuperan. La sangre no es obra; la herida no es panorama.

Esos torpes infieles a sí mismos, pueden creer que han llegado al pináculo.

Se desvanecen. Puesto que la ira no tolera insignificancia. No entrará

Ese mórbido remedo a la música mayor de la poesía

 

 

 

Soliloquios

 

 

Pobre de aquél que queda para defender

Su bandera

Que todos miran como tras un cristal en su delirio

Pobre del que templó su vida en el sobrevivir

De una idea

Salvar al mundo, como un lugar: su casa

Enfrentar la estadística, el consenso, la mayoría

Y saber que no importa si se está equivocado

Los otros hombres son necios, le dice su conciencia

Pero el cambio ha hecho el tiempo

Creer es la palabra, creer es encontrar una mirada

Despojarse de inercia, y superar estadios

Pobre del nigromante, del farero,del colibrí

Su soledad es el registro de un fluir continuo

 

 

 

 

 

La superstición en los escritores

Irving Ramírez

 

 

La superstición es intuición organizada, reza un aforismo mío. Como buen supersticioso, apelo a esos signos ignotos venidos de quién sabe dónde. Hay un espíritu religioso que impele a creer que el mundo espiritual opera en este y que hay formas de conjurarlo o estimularlo, según lo necesite. La famosa magia simpatética de Frazer, el etnólogo, en sus estudios a las culturas primordiales, los tabúes y prohibiciones, la contundencia de vaticinios y de actos prevaricados por la nada para afectar al individuo, todo eso que hace que un espíritu crea en conjuros, amuletos, fechas, y ritos.

Para algunos escritores es básico cuidarse así, adquieren manías, muchas veces las supersticiones no son colectivas, sino propias. Walter Banjamin creía que sin su biblioteca su vida no tenía sentido y no podía ser capaz de crear, era una seguridad vital, una base para su trabajo y por ende, su vida. Quienes hemos perdido bibliotecas, lo comprendemos. Dicen que esto precipitó su suicidio en la frontera de España con Francia. También que a Octavio Paz el incendio de la suya, lo agravó más estando ya muy enfermo. Es como leer un signo: quemar y destruir todo lo que implica esa colección de años, de toda la vida, con historias y valores inigualables más allá de los bibliográficos.

Ernst Hemingway, usaba una pata de conejo, y creía fervientemente en rutinas insoslayables, como escribir hasta que se acabara el “jugo”, de pie, y de mañana, y sin que nadie lo desviara de su empeño. En la pesca tenía innúmero de cábalas, pensaba que la mala suerte era real y podría uno atraerla, jugaba con esas fuerzas diariamente. No soportaba críticas negativas a su obra, porque podía afectarle en lo sucesivo al crear, y, en fin, poseía innúmeras acciones para cuidarse o propiciar la buena suerte.

Joseph Roth, el austriaco, no sólo era supersticioso en grado sumo, sino hasta en su obra presentaba el manifiesto y categórico transcurrir de las funestas apariciones azarosas. En Tarabas, una de sus mejores novelas, gogoliana, un hombre al ver a un pelirrojo y matarlo, signará su vida para siempre: será un asesino y un santo. La desgracia lo perseguirá por haber dañado al pelirrojo. En varias de sus obras los personajes son movidos por la buena o mala suerte, una y otra vez de una u otra forma inexorable. Por ello él vivía en hoteles, y era nómada. El desarraigo lo sustraía de los males del mundo.

Francisco Tario, el enorme escritor de culto mexicano, no tocaba metales. Su mujer era quien se encargaba de las llaves y monedas. Poseía una idea fija al respecto sobre la fatalidad irrevocable. Estas manías y otras, lo hacían aún más raro en el espectro cultural mexicano. Solitario, excéntrico, dialogaba con el mundo espiritual al que saqueó para sus ficciones.

Muchos tenemos manías, como no hablar de nuestra work in progress, poner el título hasta el final, no irle al Cruz Azul ni en secreto, si se envía a una editorial llevarla en vivo, escoger seudónimos venturosos, trabajar a ciertas horas nomás, en ciertos lugares,etcaetera.

Paul Auster esgrimía en varios de sus libros la superstición como eje estructurador de las tramas, y en su propia vida, la suerte jugó un papel determinante. Hasta para el éxito de la obra habría que ajustar ciertos pequeños rituales como luz, lápices, silencio, en muchos autores. Para muchos que una falena negra nocturna se meta a su casa, es signo de funestos hechos por venir, un heraldo negro; otro célebre supersticioso fue el poeta Fernando Pessoa, quien hasta hacia horóscopos, y cartas astrales, y era metódico y rutinario. Atisbar el futuro, adivinar los pasos, protegerse, es una manifestación de la superstición, y varios lo somos, como también lo era el italiano Antonio Tabucchi, que creía en la oniromacia, nefelomancia, y los quirománticos. Por ello los gatos son buenos, amuletos naturales que protegen en el mundo espiritual. Compulsión irracional sí, pero es también una forma de comprender y leer el mundo.

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