Cristina Arribas González

Cristina Arribas González

Cristina Arribas González entiende el arte como un todo unificador con diferentes herramientas que la permiten expresar su poética.

Entre su estudio y formación encontramos proyectos como “Ciò che sta dietro la parola” o “Ser D Arte”, en los que armoniza la poesía con la pintura y la fotografía.

Es autora de los poemarios Memorias de una voz (Hanan Harawi, Perú, 2015) y La derecha que amó a la izquierda (La cosa escrita, México, 2015) y colaboradora en revistas culturales y literarias de España y Latinoamérica.

Sus poemas han sido recogidos en diferentes antologías y sus obras han sido expuestas en ciudades como Madrid y La Palma.

Ha sido fundadora de espacios artísticos y culturales como Hijos de marzo, destinado a la difusión de artistas emergentes.

 

 

Lector, oyente, orador

Cristina Arribas González

 

(Me pregunto si en la actualidad existen más oyentes que lectores

a partir del fenómeno de la Jam y Slam Poetry de poesía)

 

 

 

¿Por qué hemos dejado de leer poesía para escuchar poesía?

Es curioso que nuestro fin solo sea escuchar y que afirmemos que un gran porcentaje de los poemas que oímos en público no alcancen nuestras pretensiones. Me pregunto con eso qué esperamos de la poesía. Si nuestra necesidad de salvarla no es más que una manera de oprimirla. ¿Qué debemos mantener? ¿Por qué hemos instrumentalizado la poesía? Dotarla de funcionalidad, solamente de escucha, dificulta enormemente nuestro trato con la palabra y su intención comunicativa... esta visión, este estado de inmaterialidad está muy relacionada con la memoria. Desmemoriados queremos ser. Desde mi punto de vista la poesía no es inmediata juega un papel importante en la raíz, en la esencia misma de significado. Cambios en las estructuras mentales. Interpretaciones. Lo que requiere un estado de estar con el texto en comunicación y comunión se obvia por la interpretación, es más importante la interpretación que las propias palabras. El oyente ya espera un cómo, el cómo que el lector no encuentra en el prólogo.

Puede que lo más próximo al poeta sea el actor, y que vayamos a disfrutar de un espectáculo, digo puede, siempre y cuando, se tome posesión de lo que estamos haciendo. Si queremos que nos oigan y no nos lean. Si deseamos que el personaje sobresalga por encima de la palabra y todo sea una misión de nuestro ego, puede. Si hay una intención más allá de nosotros mismo puede que sobreviva la palabra, y quizá consigamos entendernos en ella. Las pretensiones siempre dañan la intención, y puede que nosotros ya seamos esa intención.

Hay que buscar un acto revelador de comunicación en vez de obrar como receptores pasivos. La poesía es también un acto de contención, una simulación de lo que podemos dar, de lo que podemos ofrecer. Me pregunto qué podemos esperar del solo hecho de ser escuchados. ¿Hay tanta necesidad de ser escuchados? ¿El fin de la comunicación es ser escuchados? Me imagino un lugar donde no se vaya a leer, se acuda con una intención de revelar lo que la palabra no acaba de determinar, no un estado de compartir emociones, sino un estado de pensar, crear y dar al mismo tiempo, sin pretensiones domésticas, el hecho en sí de ejercer nuestra pura voluntad como seres humanos.

 

 

 

 

 

 

 

Ser cuerpo en nosotros rostro

Cristina Arribas González

 

 

 

No somos lo que escribimos

Crear es dar sentido

la estética del sentido

No somos lo que escribimos

somos lo que devolvemos

el tramo que cierra la línea

que perfila la curva

la geometría

No somos lo que escribimos

somos todo aquello

que no somos

Ser en no ser somos

como abrazados

a la criatura del espejo

encerrados como niños

No somos lo que escribimos

no somos lo que escribimos

Somos

 

 

Quizá como la muerte se ha ido para no regresar jamás 
Se ha ido a la metáfora de las cosas mismas como una huida al infinito 
Se ha ido a la caricia 
que se desprende con el filo de las sábanas 
Y no me arropa 
Se ha ido con el frío 
Con el calor del dolor 
que sueña 
Se ha ido para no volver jamás a mi cuerpo 
Para estar como extraña en las corrientes y yo olvidar su nombre 
Olvidar cómo se llamaba
Aquí en lo maravilloso

No voy a escribir a mi nombre 
Voy a escribir a todos los nuestros 
A los de los cuerpos mutilados 
les voy a devolver los brazos 
para sostener la herida 
Les voy a devolver lo que no supe amar 
y con girones les voy a trazar mi piel 
Como un mapa de sentidos 
a lo inoportuno 
porque así me siento regalando cosas que al fin me serán devueltas 
Como una coordenada del final 
Trazo mi propio mapa 
Mi propio ser

Ha dejado de dolerme 
para interiorizarme
como si por dentro se pudiera desaprender a doler 
Como si fuera ese fósil en forma de concha entre medias de la idea y la forma 
Ha dejado de doler 
como el cuerpo que se desaprende 
se hace piel en girones de piel 
y reinventa la palabra dolor 
Su dolor ya es ajeno.