Blog El descarnamiento del Arte

René E

René E

Oriundo del estado de Veracruz, René E. Peregrina nació en la zona de las altas montañas una fría mañana de martes durante el mes enero de 1993. Egresó de la carrera de Ciencias de la Comunicación y ha sido publicado en diversas antologías. Por otra parte, como obra propia tiene en su haber los libros de cuentos “Amor indiferente” (Editorial La cosa escrita, 2016), “Historia de sobremesa” (Uu Ediciones 2020) y el poemario “La otra casa” (UuEdiciones, 2019)

Jueves, 14 Enero 2021 06:06

El hombre de la luna / René E /

 

 

 

 

El hombre de la luna

René E

 

 

“Al lobo se le hizo agua la boca.

Entonces dijo a Caperucita:

-Te tengo una propuesta…-”

Charles Perrault

 

 

 

I

 

Las palabras de Lidia fueron más rápidas que el ardor que recorría mi garganta –Tú eres el hombre de la luna– dijo, mientras yo dejaba un vaso vacío sobre la barra. Francamente, sólo pude quedarme en silencio frente a aquella altivez, como si la voz que desaparecía entre esos labios rojos fuera el tiempo. Sin embargo la calma fue algo bueno, me ayudó a contemplarla para disfrutar de su tez morena y del lunar que acariciaba su cuello.

  En ese momento no sabía cómo estaba la noche afuera, pero en el bar, las tres de la mañana era una hora cómoda. Acababan de bajar la cortina metálica, quedaban pocas mesas ocupadas y las que aún tenían gente, te decían que el desvelo iba para largo. En mi nariz se mecía ese aroma a vicio que tanto me gusta, una mezcla entre sudor, perfume y el humo de los cigarros, justo como huele la sed por sexo antes de derramarse. Me sentía en mi ambiente, era nadie en un momento donde todos buscaban un nadie para acabar la noche. Por eso me dejaron atónito las palabras de Lidia, nunca me había tocado el papel de la presa.

     Apenas era una niña, no podía pasar de los veinte años. Su vestido negro y los tacones decían que la vieras, que ella tenía el control; nunca he tenido problemas con esa actitud, pero cuando la mirada que acompaña ese mensaje no muestra sangre fría, sabes que estás jugando con alguien que apenas empieza a jugar.

      Me contó que sabía de mi programa porque su padre lo escucha cada lunes sin falta ¿Quién diría que alguien de su edad se daría tiempo para escuchar la radio? Durante las palabras que cruzamos antes de irnos, ella fue acercándose lentamente. Nunca quitó sus ojos de los míos y de vez en cuando jugaba con algún mechón de su cabello.

Hubo algunas risas y caricias sobre mi brazo cuando le pregunté por su edad, pero la única respuesta concreta fue –La suficiente para saber que no voy a desaprovechar la ocasión de probar esos ojos verdes–

      Al salir, nos sorprendió que las calles no sólo se sintieran vacías por la hora, sino que una espesa neblina ahoga la ciudad. Lidia había tomado mi mano desde que se levantó y no la soltó en ningún momento. Me llevó a un parque cerca, – Nunca lo he hecho en un parque– dio como excusa.

      Sus gruesos labios buscaban mi boca; su sabor era dulce, pero su lengua aún sabia a whisky y a tabaco, me encantaba la combinación. Sus manos frotaron mi entrepierna hasta ponérmela dura –Me gusta salirme con la mía– dijo mientras desabrochada mi cinturón. También abrió mi camisa y lo hizo con brusquedad, hasta rompió algunos botones. Sus manos arañaron mi pecho y su boca besó las marcas en mi piel mientras bajaba. Después la puse contra un árbol para metérsela. Jadeábamos con fuerza, yo podía sentir como mis costillas se estrujaban –No sabes cuantas veces pensé en ti… En esa voz. Y cuando la reconocí pidiendo ese trago, supe que… ¡Ahh…! Dios…– decía mientras embestía contra ella.

        La sangre nos latía como una inquietud frenética, como si necesitáramos todo el aire para no morir. Ahí llegó el aullido, cuando mis manos se tensaban sobre sus caderas; fue un estruendo tan fuerte, que sus gemidos callaron de golpe. Miré sus ojos, en ellos se dibujó aquella inocencia de la que hablé junto con un miedo que la dejó paralizada. Retrocedí unos pasos. La neblina fue llenándose con el sonido de pisadas, de las hojas secas rompiéndose. Luego hubo silencio y oculto en esa calma, un gruñido arrancó todas las aves de las ramas; imaginaba que la bestia era enorme. Ambos comenzamos a correr. Sabía que no podría escapar si me seguía, pero no tenía que ser más rápido que ese animal, sólo tenía que ser más veloz que ella. Estaba seguro que esos tacones serían mi salvación; aunque su cuerpo no me diera mucho tiempo tenía que intentarlo, estaba frente a la mejor historia de mi programa: Sobreviví al ataque de un hombre lobo. Así que corrí, aún más allá del frío que arañaba mis pulmones. Corrí y nunca me detuve, ni siquiera cuando escuché que los gritos cesaron.

 

II

 

– Así es Ricardo, como informamos esta mañana, una pareja reportó a las autoridades el hallazgo de un cuerpo en el Parque de la Avellaneda. Antonio Suarez Ximenes de 29 años y su novia Lidia Castillo García de 18 años, comentan en su declaración que al trasladarse de vuelta a su casa en la madrugada de este sábado, encontraron el cuerpo mientras cruzaban por el parque. Además, Ricardo, ya con el conocimiento del último reporte de las autoridades, tenemos que confirmar con tristeza el rumor que nuestro compañero…