Blog El descarnamiento del Arte

Elementos filtrados por fecha: Enero 2021

 

 

Toda el alma

Cristina Arribas González

 

Suena oscuro y silenciosamente amoroso y el traqueteo de los picos al ascender a nuestros troncos
seducidos por la temperatura de la hilera de pasos al fondo percutiendo calóricamente entre frutos y sábanas
El ajetreo y la fricción de sus patitas
El traspiés de sus marcas
La señal de despedida
Enseñar al cuerpo a posponer la ardiente
cicatriz de ese pellizco en medio
de la discusión de los fluidos
Amarse a fondo
Con ternura de suspiros suspendidos
Ahí en ese aliento de fuego y aire
Ya casi aclimatados
Esos cuerpos
Se comen todo el alma
Son cuerpos sabios que no se necesitan
que adquieren la indumentaria de pasos y pellizcos
Repiten pasos y pellizcos...

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

Novelas underground

del sida en México

 Eriko Stark

 

 

Imagina historias donde encuentran la cura del sida, imagina proyectos secretos patrocinados por el gobierno para tratar el virus con imanes, imagina que una de las pocas novelas donde el amor homosexual triunfa se debe al VIH…

Ahora imagina que todos estos libros nunca fueron leídos, todos y cada uno de ellos terminaron en la basura o en las librerías de segunda mano debido al miedo, al horror de ser señalado como un sidoso por tenerlos; ir a una librería y comprarlos era igual que ser diagnosticado con VIH, por ese motivo, las personas se congelaron, se permitieron degradar en los horrores de la enfermedad; muchos, prefirieron morir antes que informarse, antes que confiar en la ciencia.

Existe una literatura underground del sida en México. Desde 1990 se comenzaron a publicar una cantidad interesante de novelas, libros educativos, ensayos científicos y también textos alucinantes donde se encontraban supuestas curas para erradicar el virus y también la homosexualidad.

Sin embargo, esos libros quedarían olvidados debido a que no fueron leídos por miedo, por falta de tiempo y por el enorme estigma que representaban; su existencia generaba rechazo, también odio por parte de la sociedad donde se crucificaban condones y hacían quemas públicas de homosexuales acusados de sidosos. Por otra parte, las editoriales no se atrevían a publicarlos por miedo o sus tirajes eran muy pequeños; no existían campañas publicitarias y la gente se informaba literalmente en antros, bares, obras de teatro, así como en pequeños grupos de resistencia.

La respuesta tardía de los activistas influyó mucho ya que ellos se convirtieron en enfermeros de todos esos pacientes a los cuales nadie quería ver, enfocando sus esfuerzos en aprender a cuidarlos, en calmar sus malestares y en su momento, darles eutanasia de manera clandestina e ilegal.

Hoy, las investigaciones narrativas sobre el VIH han dejado desplazados todos estos libros debido a la falta de investigación, búsqueda y acceso. Todos los títulos, aproximadamente entre 40 a 60 obras estuvieron enfocadas en cinco temas principales: informar sobre el virus, autoayuda y tanatología (aceptar que si tienes VIH-sida, vas a morir), prevenir el virus, explicar el virus (¿qué ocurrió con el virus a México?) y testimonios (las vidas lloradas).

Estos temas perduraron hasta el año 2000 con la llegada de un nuevo siglo y también con la evolución de nuevos antirretrovirales que acabarían con estos episodios de inevitable muerte. Para poder entender la llegada de estas novelas es preciso explicar el contexto del sida en México.

***

El expresidente Miguel de la Madrid reconoció públicamente la llegada del sida en el año de 1985 con 32 casos confirmados, sin embargo, el primer registro documentado en nuestro país fue en 1983 en el Instituto Nacional de Nutrición. Gracias al tiempo y a los rastreos epidemiológicos que hoy formulan nuevas teorías sobre la llegada del sida a Estados Unidos podemos decir que, en México, el virus de inmunodeficiencia humana tuvo su origen entre 1975 a 1978, tiempo suficiente para que el virus desatara una cadena de infecciones. Hasta fecha no existen investigaciones certeras sobre un rastreo del virus en México, sin embargo, esto nos ayuda a ubicar la existencia de novelas que ya estaban desarrollándose ante la respuesta tardía de las instituciones y los medios de comunicación.

***

Parece ser que la primera novela sobre el sida en México fue “El HOMOSIDAcom” del escritor Oscar Brondo, publicada en 1990. La historia es una ficción que habla sobre la evolución de una raza que se enfrenta a una enfermedad antigua llamada “Sida”. Mientras esta novela fue publicada en Tabasco otra novela extranjera ya estaba circulando en el país. “Más allá del sida” (1989) de George E. Melton y Will García es una narración autobiográfica y de autoayuda sobre dos hombres que deciden enfrentar el virus a toda costa. Emprenden un viaje a México para buscar medicinas y reflexionar sobre la llegada del virus. Su decisión es prolongar sus vidas hasta el límite de la resistencia humana.

Después, el escritor Alberto Sánchez publica “Sueños de piel caliente. El testimonio veraz y descarnado de un gay con Sida”. (1995). Esta novela es la historia de un chico que narra el inicio del VIH en Zamora, Michoacán. La historia inicia en una fiesta gay de un pueblo que permite ver otras historias, todas expuestas en la vida nocturna y la homosexualidad en México. El virus es incurable, no hay forma de sobrevivir, es por eso que los gays llevan sus vidas al camino de la destrucción hasta el grado de cometer suicidio para no caer en estado de enfermedad total, dando un recordatorio a las futuras parejas y chicos que salen del clóset, haciéndoles recordar que su destino puede ser el mismo si no aman honestamente, confían o se apoyan los unos a los otros sin traicionarse.

Para 1996, la escritora Edmée Pardo se convierte en la primera mujer en abordar el tema del VIH a través de una historia cómica y sentimental que cuenta la vida de una chica que vive con la incertidumbre de haber contraído el virus. En esta novela corta somos testigos no solo del humor y la sinceridad que habita en nuestra protagonista sino en la decisión de aceptar el virus y vivirlo con dignidad. Esta historia se genera un cambio, por primera vez una mujer habla del tema desde una perspectiva más relajada y consciente, nos regala un mensaje de prevención sin caer en cruces morales, un mensaje positivo y enternecedor.

Para este momento los libros informativos se convirtieron en la primera línea de defensa ante el virus, su principal objetivo era explicar las vías de transmisión y cómo prevenirse a través del uso del condón. Sin embargo, ya se estaban publicando ensayos e investigaciones en contra de los sectores conservadores que satanizaban el uso del condón.

“Cómo propagar el sida. Conservadurismo y sexualidad” es una investigación de Edgar González Ruiz publicada en 1994 donde expone los movimientos de ultraderecha que hacían movilizaciones en contra del aborto, la homosexualidad, el uso del condón y la educación sexual; estos movimientos empeoraron la situación del virus llevándolo al extremo de decir que “solo los homosexuales se contagiaban de sida” (sic); motivo por el cual se hicieron campañas para prohibir el uso del condón y prohibir la educación sexual. Uno de los partidos que apoyaron estas campañas fue el PAN (Partido Acción Nacional).

Este error de estigmatizar a los homosexuales como únicos portadores le costó caro a la sociedad. Las trasfusiones de sangre contaminada a niños y el incremento exponencial en mujeres portadoras de VIH por parte de sus parejas que eran infieles tuvieron un impacto mediático doloroso. Los ensayos e investigaciones sociales se convirtieron en la manera más sensata de hablar sobre las mujeres (el primer caso documentado de una mujer con virus de inmunodeficiencia fue en 1985, caso que ayudó al expresidente Miguel de la Madrid a hacer pública la existencia del VIH-sida).

En 1998 se publica “Una Pareja Serodiscordante” del escritor Alain Blanchard Goicochea. En esta historia es la segunda parte de una trilogía documentada en tres etapas: la búsqueda del amor homosexual (el primer libro llamado “Mi peregrinar”), vivir una relación amorosa con una persona que vive con VIH y el luto amoroso al perderlo (la tercera novela: “Alfredo. Amor Eterno”) publicada en el año 2000.

***

Para la entrada del nuevo siglo ya estaban publicadas cinco de las obras más importantes del sida en América Latina: “Antes que anochezca” (1993) de Reinaldo Arenas, “Loco afán: crónicas de sidario” (1996) de Pedro Lemebel, “Un año sin amor” (1998) de Pablo Pérez, “Salón de belleza” (1999) de Mario Bellatin, “Poesida” (se publica en el año 2000, sin embargo, esta obra fue concluida en 1996. Escrita desde la poesía) de Abigael Bohórquez.

En 2001 llega la obra más leída y más reseñada sobre el sida. “El desbarrancadero” de Fernando Vallejo. Esta novela nos ayuda cerrar una etapa narrativa y abrir otra. ¿Mientras estas novelas sobresalían convirtiéndose en referentes del sida, qué ocurría con la narrativa underground?

En el año 2000 se publica “Sida en el año 2010” de Luis Arcaraz. En esta ficción se descubre la cura del sida gracias a la evolución humana; todo parece un milagro hasta el momento en que una horda de enfermos destruyen las instalaciones y asesinan al hombre que tiene la cura. Con el tiempo, los doctores descubren a nuevos superhumanos, pero las ambiciones de terribles mafiosos llevan a asesinar a otro ser milagroso. Es aquí cuando descubren que la cura solo actúa bajo una transfusión sanguínea, motivo por el cual el doctor escapa con sus mutantes y se enconden en una caverna para crear una nueva civilización.

“Sida. Testimonio de una madre” (2003) son las memorias de Rosa Feijoo dedicadas a su hijo quien murió de sida. Aquí, el testimonio de una mujer se convierte en un acto primordial porque es la madre la que narra, dándonos la oportunidad de entender el virus gracias a la voz familiar.

Es momento de saber qué ocurre con las mujeres portadoras de VIH. La periodista Lydia Cacho escribe una novela sobre una mujer víctima de la infidelidad de su marido. Al convertirse en portadora sus defensas de destruyen demoledoramente enfermando de un cáncer incurable. Narrar su muerte se convierte en un primer testimonio poético a las mujeres, por fin las mujeres hablan desde su cuerpo enfermo en “Muérdele el corazón”, escrita en 2006.

***

Por otra parte, la narrativa tuvo casos totalmente opuestos como el del escritor Carlos Cuauhtémoc Sánchez con su novela “Juventud en éxtasis. Joven en libertinaje” publicada en 1994, obra que se popularizó en los dos mil y fue utilizada como manual educativo para promover una sexualidad sana a estudiantes de secundaria bajo un discurso moral donde las personas con VIH se convierten en peligros de nuestra sociedad. Justo en ese momento la educación sexual de las escuelas en México comenzaron a promover la película “Punto y aparte” (2002). Un filme del director Francisco del Toro quien expone las consecuencias espirituales del aborto e incita a las mujeres a no cometerlo. Otro producto promovido fue la novela “Cañitas” (2002) del escritor Carlos Trejo en donde los temas paranormales nos permiten ver un incidente documentado en los ochentas donde varias personas pierden la vida al invocar espíritus. La novela está escrita con profundos tintes machistas donde el mismo espectro sabe utilizar el lenguaje homófobo.

Pero el caso más alucinante fue el libro escrito por el doctor Isaac Goiz (a quien se le debe dedicar una investigación especial). “El sida es curable” fue publicado en 1993. En esta investigación científica se encuentra la cura del VIH-sida gracias al uso de imanes o mejor conocida como La terapia Biomagnética, donde se somete al paciente a energía electromagnética para generar una vibración positiva en el cuerpo. La investigación no solo fue llevada a la práctica, El doctor Isaac comenzó a enviar cartas al presidente Ernesto Zedillo Ponce de León para la pronta creación de un departamento de investigación. Lo más absurdo es que estuvieron a punto de experimentar con personas, sin embargo, las autoridades médicas denunciaron al doctor Isaac quien continuó sus investigaciones en otros países de Latinoamérica.

***

Esta es una pequeña muestra de cómo la narrativa empieza a evolucionar desde un pequeño susurro, a pesar de no ser todas las novelas, los temas se desarrollaban bajo una misma inquietud, recuperar el valor a la vida de una manera justa.

Hoy, comienzan a publicarse las memorias de personas adultas que sobrevivieron al virus, personas que encabezaron la lucha contra el sida desde el activismo y las memorias ocultas de muchos sujetos que no sobresalieron, pero ayudan a encajar las partes de una historia que hasta el momento no tiene existencia ni conciencia social.

 

 

Publicado en Los Hombres del Alba

LOS SIETE TITANES CULTERANOS:

APROXIMACIÓN A LA DISIDENCIA

DEL ESPACIO POÉTICO 

/ José Miguel Lecumberri /

 

  1. El laberinto sonoro

“... Por eso también los libros

sagrados están escritos en lenguaje ritmado, lo cual, como se ve, hace de ellos otra

cosa que los simples “poemas” en el sentido puramente profano del término que quiere

ver el prejuicio antitradicional de los “críticos” modernos; y, por lo demás, la poesía no

era originariamente esa vana “literatura” en que se ha convertido por una degradación

cuya explicación ha de buscarse en la marcha descendente del ciclo humano, y tenía un

verdadero carácter sagrado.”René Guénon- El Lenguaje de los Pájaros

 Como afirmara Gastón Bachellard, el poeta “habla en los umbrales del ser”, ese ser que para Hegel es la Nada: “El hombre es esta noche, esta Nada vacía…”*, ¿y el poeta?, portavoz quizás, del silencio infranqueable “es la noche del mundo que se presenta ante nosotros”*

 En este contexto, Ernesto Fernando Iancilevich, al hablar de los cinco niveles ontológicos de la poesía, inicia preguntándose, no sin cierto recelo: ¿Qué es poesía?, como parte del mundo fenoménico Iancilevich la hurga, encontrándole cinco principios de ser en sí:

Así, la poesía, en su aspecto fenoménico, aparece en cuatro niveles ontológicos: 1) lingüístico (acontece en la lengua), 2) literario (se ubica como género en la literatura), 3) histórico (se sitúa en la historia de la literatura), 4) crítico (interroga su propio hacer). Por cierto que el cuarto estadio no excluye los tres precedentes, sino que los conserva y proyecta, al modo de interrogación provisional, en su ir hacia la visión.

 […]El quinto grado ontológico de la poesía es el metafísico; allí acaece cognoscitivamente en la visión.1 Como representación en el mundo, la poesía es ante todo la revelación de la paradoja de identidad entre el ser y la nada. Con base en lo anterior, resulta indispensable que, antes de ahondar en el análisis de Espacio en Disidencia, aclaremos estas dos cuestiones principales: ¿Qué es poesía? Y, por consiguiente: ¿Es poesía aquello que los siete titanes han publicado?

 De todo el universo teórico, que intenta desde varias perspectivas brindar una concepción adecuada de la poesía, para efectos de este breve ensayo, tomaré la senda, como ya se podía adivinar desde sus primeras letras, de la poesía como fenómeno cultural, como un movimiento del espíritu humano que se manifiesta y revela a los sentidos en la forma sublime de la melodía y la armonía, y no tanto como ese mero ejercicio de lirismo arbitrario, al que nos han acostumbrado, a una especie de parodia poética, que circula indiscriminadamente en las esferas oficiales de la cultura. Antes de dar un concepto de poesía, quiero referirme a la advertencia que José Lezama Lima escribió en su diario, en el sentido de la inaccesibilidad de la poesía como conceptualización meramente racionalizada, y los peligros de intentarlo:

 Cuidado con la filología [...] Pudiera pensarse que el objeto último

de la filología es el intento diabólico y perezoso de definir la poesía.

Hay en esa ciencia la obstinación diabólica de querer hundir un alma.2 Sin perjuicio de lo anterior, y en el entendido de que este no es un trabajo de investigación sino un ensayo, es importante dar cierta luz sobre el criterio específico a usarse para dar mi concepto de poesía, por ello recurro a la definición que en su deslumbrante y breve texto El parásito de los poetas, Emil Cioran nos brinda sobre el poeta:

 En esto reconozco a un verdadero poeta: frecuentándole, viviendo largo tiempo en la intimidad de su obra, algo se modifica en mí: no tanto mis inclinaciones o mis gustos como mi propia sangre, como si una dolencia sutil se hubiera introducido en ella para alterar su curso, su espesor, su calidad. Valéry o Stefan George nos dejan allí donde les abordamos, o nos vuelven más exigentes en el plano formal del espíritu: son genios de los que no sentimos necesidad, solo son artistas. Pero un Shelley, pero un Baudelaire, pero un Rilke intervienen en lo más profundo de nuestro organismo, que se los apropia como lo haría con su vicio. En su proximidad, un cuerpo se fortifica, y luego se ablanda y se desagrega. Pues el poeta es un agente de destrucción, un virus, una enfermedad disfrazada y el peligro más grave, aunque maravillosamente impreciso, para nuestros glóbulos rojos. ¿Vivir en su territorio? Es sentir adelgazarce la sangre, es soñar un paraíso de la anemia, y oír, en las venas, el fluir de las lágrimas...3

 Un poeta, alguien que hace poesía, es pues ante todo un “agente de destrucción”, luego entonces se infiere que, al menos para el pensador rumano, la poesía es destrucción, ¿pero qué clase de destrucción sería esa? La poesía es tal vez como esa “noche oscura del alma” que los místicos describían de la siguiente manera:

 En esta noche oscura comienzan a entrar las almas cuando Dios las va sacando de estado de principiantes, que es de los que meditan en el camino espiritual, y las comienza a poner en el de los aprovechantes, que es ya el de los contemplativos, para que, pasando por aquí, lleguen al estado de los perfectos, que es el de la divina unión del alma con Dios.4

 Tal vez y como sugirió Pablo Picasso, en clara referencia a las antiguas tradiciones orientales: “todo acto de creación es en primer lugar un acto de destrucción”, la poesía destruye y, a diferencia del arte, la poesía interviene no sólo en el sentimiento, en la formalidad del espíritu, sino que conmociona los cimientos de su existencia y conduce, con la ternura de una madre enloquecida por su propia belleza, a un estado de videncia, que sólo es posible lograr por medio de las palabras como materia prima de la conciencia, esa misma que el demiurgo trabajó a partir del barro primigenio, la palabra es pues fuente, emanación de luz que se proyecta en el instante y conduce a la eternidad por las venas putrefactas del tiempo, la poesía es la imagen de aquello que sólo es posible para el hombre, aprendiz de divinidad.

 Tal y como Rimbaud la concebía, la poesía es ese “largo, inmenso y sistemático desarreglo de todos los sentidos”, donde el espejo queda inmaculado, para siempre puro, libre de reflejos donde el ser y la nada se identifican en toda su plenitud.

 Aquí, se aprecia un complejo juego de forma y fondo, de estructura y contenido en el cual la poesía se va desarrollando. La poesía es un camino fuera del espacio y del tiempo, una primera referencia de la desintegración del cosmos, ejercicio de contemplación que nos conduce a un irrefrenable asombro de la Nada, a una inactividad y a una falta de potencia vital por virtud de la cual, se llega al “Misterio de todos los misterios/Llave de toda mudanza”5

 La poesía es de los pocos objetos sagrados que aún perduran, a través de ella, las eras imaginarias quedan testificadas, grabadas para siempre en música y silencio, en un laberinto eterno de diáfanos simbolismos.

 

  1. Los ídolos de cobre sobre el río

 

“Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa dicen que soy poeta..., cuando no porque iluso suelo rimar –en verso de contorno difuso- mi viaje byroniano por las vegas del Zipa...,”

                León de Greiff

 Tras aceptar el encargo que me fue conferido, respecto a la elaboración de un ensayo crítico sobre una antología de siete poetas mexicanos de mi generación, titulada Espacios en Disidencia, una incierta emoción me afectó profundamente. Me había colocado en una posición de dilema doble, por un lado la inevitable vanidad y el escepticismo receloso que la enmascara, como a una rosa, por otro lado, la rasgadura del velo, es decir, el deber de limpiar la vista por la “fuerza del conocimiento” como diría Nietzsche y así, a la manera de un cabalista medieval hacer guematria, sopesando cada adjetivo al medir las redes rítmicas y diseccionar sintagmas hasta conseguir el núcleo lleno de vida, que es la verdad poética.

 De esta forma, la misma noche en que recibí el texto aludido coeditado por Editorial Praxis y Ediciones Velamen, comencé a darle una primera lectura de aproximación. Para grata sorpresa de mi ego, desde los primeros versos que leí comencé, poseído por una tristeza de asbesto, impermeable al aciago fuego, a notar la pobreza del lenguaje, lo tropezado del ritmo y la falta, por no decir ausencia, de contenido en los poemas. Me tope, con patéticas plegarias de ateos.

 Pese a que más adelante en este trabajo, describiré el análisis efectuado a los poemas, puedo adelantar, a manera de ejemplo y a la vez fundamento de estas tan abruptas aseveraciones, lo siguiente:

 “Confundido, iluminado

Descendiendo del tiempo

Como alguien que se hunde en la marea

Al fin soy

Al fin descanso

Al fin me tengo

Al fin me entiendo

Al fin suspiro con un beso

Ya muy lejos de mi cuerpo.”

                                                      Leopoldo Lezama. “Canto Metafísico”

 

Ejemplos como el anterior abundan en la antología. Dulcemente agraciados con las más altas cualidades de los poetastros oficialeros: excesivo uso y abuso de los gerundios, arritmia, lugar común recurrente hasta el asco, divismo, cursilería posromántica y una generosa ración de mensajes obtusos y vacíos. Cito:

 “La vida ha sido amar con el amor de los ciegos. Escribo en el silencio. Miro la lluvia que nunca pasa, en la ventana. Mi padre no se pudo ir a la guerrilla porque tenía el pie plano…”

                  Rafael Mondragón. Cuarto Fragmento.

 Pirotecnia literaria, verborragia que no llega siquiera a ser infecciosa, sino simple y llanamente sosa, fragmentos tan reveladores y hermosos como aquel canto escolar que dice: Juanito tiene una pelota redonda.

Una consecución de ripios sonoros, que en lugar de musicalidad, provocan cierto extrañamiento de la razón que confundida, deriva casi irremediablemente en la desidia, y al fin, en el desentendimiento de la obra. Por ello, es imperativo cuestionar no sólo al autor y a la obra, sino también a quienes tenemos la desgracia de pasar nuestros ojos por sus páginas. ¿En dónde se ubican estos siete titanes con sus voces desplomadas del Olimpo? ¿En qué espacio ontológico anidan estas lívidas urracas con pretensiones de cuervo?

 Para Leopoldo María Panero, quien a pesar de estar recluido en una institución de “salud mental”, parece ser la potencia poética más lúcida de estos días, el poema es “el dios más siniestro que existe”6, en este sentido, este dios extranjero, peligroso, matemático e indiferente que uno execra del alma como prueba de una existencia que se presupone vacía, como un cadáver anticipándose a la propia muerte, presupone un cierto desequilibrio, una debilidad enfermiza por la autodestrucción, cuando no un divismo, una exagerada megalomanía, la cual sólo puede producir composiciones tan lamentables como la que a continuación cito:

 “Una flor, fingiendo

Se jacta desde el aire:

La mariposa”

                            Luis Téllez. “Una Flor, Fingiendo…”

Respecto a este poema de Luis Téllez, se puede decir por ejemplo, que es un vergonzoso intento de imitar la poesía japonesa, con una pretendida profundidad que a fin de cuentas se evidencia más bien como una estructura vacía, pétalos sin flor, pues no sólo se limita a ser poco original, sino que más aún, se convierte en menos que el polvo de la sombra de piezas tan maravillosas, como la que a continuación me permito citar:

 “¿Una flor caída

volviendo a la rama?

Era una mariposa.”

Îo Sógui

 

Ciertamente la culpa no es del todo de quienes publican estos textos, sino de aquellos que, jactándose de su calidad de académicos o eruditos, les permiten publicar textos que debieran de ser sólo ejercicios personales para el perfeccionamiento del oficio. Lo anterior, es aún más grave en tanto que siendo conocedores de las letras hermosas, patrocinaran la publicación de estos ensayos, como si fuesen la labor de poetas con oficio, seguramente sus intenciones para con estos jóvenes poetas, no han de ser cien por ciento literarias, de otra forma ¿porqué bautizarían con su hedionda saliva negra a este infortunio literario? Parafraseando a Edgar Allan Poe: sólo vale la pena escribir cosas nuevas, o escribir de cosas viejas de nuevas formas.

 Ahora bien, analizaremos algunos de los textos de esta antología, a la luz del método de las Redes Rítmicas, el cual pretende desenterrar el núcleo del poema, es decir el paradigma que contiene lo que realmente el autor quiere decir, a través de la detección del ritmo y las palabras acentuadas, ubicando los acentos de calidad en cada verso. Asimismo, también muestra la técnica de composición, la armonía y la melodía, las rimas y, en este caso, por tratarse de versos blancos, el metro, que da la cadencia a los poemas:

 

I.- “(9/11)” de Iván Cruz:

1Con / qué / cer / te / za 5 A: 2, 4

2Nos / en / ca / mi / na / ban / al / ma / ta / de / ro, 11 A: 1, 5, 10

3Con / qué ab / ye / cta / pa /cien / cia 7 A: 2,6

4Con / su / mie / ron / ge / ne / ra / cion / es 9 A: 3, 8

5Y o / ri / na / ron / a / nues / tros / muer / tos. 9 A: 3, 8

6Hoy, / la a / bun / dan / cia / de / sus / cer / te / zas, 10 A: 1, 4, 9

7La ab / yec / ta / pa / cien / cia / de / sus / le / gio / nes 11 A: 2, 5, 10

8Se / mi / de en / el / rau / dal / de / sus / es /com / bros. 11 A: 2, 6. 10

II.- “Los Gatos” de René Morales:

1Por / que / soy / lib / re 5 A: 3, 4

2Te in / vi / to a / co / rrer / a / los / te / ja / dos 10 A: 2, 9

3A / co / mer / tór / to / las, / a / ver / quien / se a / ho / ga / pri / me / ro / con / las

[17 A: 3, 4, 8, 9, 11, 14

4plu / mas / en / la / gar / gan / ta 7 A: 1, 6

5Te in / vi / to a / la / mer / nos / los / lo / mos 8 A: 2, 5, 8

6A ha / cer / el / a /mor / con / do /lor, / co / mo / lo ha / cen / los / ga / to

[15 A: 2, 5, 8, 11, 14

7A / mau / llar / has / ta / que / se / nos / re /vien / te / la / gar / gan / ta 15 A: 3, 10, 14

III.- “5” de Luis Paniagua:

1El / dí / a 3 A: 2

2Vis / te / la / tran / qui / li / dad 7+1 A: 1, 7

3Co / mo un / a / bri / go 5 A: 2. 4

4Al / am / pa / ro / del / cual 6 A: 3, 5

5Llo / viz / na 3 A: 2

6Y / nos / sal / pi / ca 5 A: 4

7(co / mo / con / tra un / mu / ro) 6 A: 5

8la / de / ses / pe / ran / za. 6 A: 5

IV.- “1” de Alberto Trejo:

1De / be / ser / la / ven / ta / na a / bier / ta, 9 A: 1, 3, 6, 8

2son / ri / sa / del / ár / bol / que / se hi / zo / pri / ma / ve / ra; 13 A: 2, 5, 8, 12

3o es / ta / sen / sa / ción / de / noc / tur / na / car / ne, 11 A: 1, 5, 8, 10

4o el / sa / bor / a / dis / tan / cia / de / los / o / jos / que / re /cuer / dan,

[15 A: 3, 6, 10, 14

5o la / len / ta a / go / ní / a / de u / na i / ma / gen 10 A: 2, 5, 9

6que / no / ter / mi / na / de / mo / rir 8+1 A: 4, 8

7lo / que / vie / ne 4 A: 3

8to /dos / los / dí / as 5 A: 1, 4

9al / ca / fé / de / las / ma / ña / nas. 8 A: 3,7

 

Como se dice popularmente “al buen conocedor, pocas palabras”, los textos número I, II y II ni siquiera pueden considerarse poesía, son prosas a renglón cortado, no existe la más mínima noción del verso libre, ni por asomo se les puede dar una lectura rítmica, los acentos están acomodados de formas tan arbitrarias que los “versos” carecen de toda musicalidad. No vale la pena siquiera que profundicemos en el estudio de estos deplorables pasajes.

 Por lo que hace al texto número IV, es evidente que Alberto Trejo asistió siquiera a alguna de sus clases, ya que el suyo, es un poema que cumple los criterios del verso libre, aunque ciertamente en los tres últimos versos, el ritmo se cae por completo.

 Por lo que hace al estudio de fondo de este poema, llama la atención de forma especial el tema, cliché de la melancolía, aquella carne nocturna, aquellos ojos recordados, la imagen que aún entra por la ventana abierta, el medio morir y la rutina previsible del café. Con una sobrada ingenuidad simbolista, el fondo de este poema lo podemos encontrar en un sin fin de cantos populares. Extraña forma esta de hacer “poesía culta”, componiendo una cursi balada estilo Ricardo Arjona, disfrazando todos sus lugares comunes con versos de arte mayor. Alberto, no te confundas, lo tuyo son los octosílabos trovescos.

 

  1. La antipoesía como un fracaso del espíritu

 

“¡Ah, preocupaciones de los hombre!

¡Ah, qué gran vaciedad hay en las cosas!

‘¿Quién leerá esto?’ ¿A mi me dices tu eso? Nadie, por Hércules.

‘¿Nadie?’ O dos, o nadie. ‘¡Vergonzoso y compasible!’ ¿Por qué?...”

Aulo Persio Flaco

"Cállate o di algo mejor que el silencio."

Pitágoras de Samos

¡Vaya profanación!, la de estos titanes. Momificando en el lugar común, el cuerpo ya tantas veces resucitado de la inspiración. De vez en cuando es saludable comer carroña y vomitar plumas de pavo real, según la más pulcra exégesis sobre la poética de Carnero. Quienes realmente nos dedicamos al oficio de unir y desunir palabras, de modificar la esencia escondida con las diferentes posturas del nombre permanente, sabemos que la fama no la merece nadie, y que la Historia, ese Leviatán afeminado, conoce a quienes “están hechos para el látigo” como diría Baudelaire al desnudar su corazón, y golpeará, no por justicia sino por capricho.

 La poesía no es recomendable para quien busca la gloria, la fama o riquezas, pues es el viaje de uno con su propio cadáver a cuestas, la poesía debe revelar el no-ser como única verdad posible, como aquello hacia lo que todo ser tiende y en lo que el universo entero acabará, la poesía es un Nirvana terrorífico, porque es posible llegar a ella en cualquier estado mental, ese es su peligro, una receta infalible para el insomnio perfecto.

 En este espacio yo sólo veo una disidencia, sin excepción, los siete autores renuncian a la poesía y se adhieren a aquel ya caduco movimiento de antipoesía que ciertamente hoy es por demás anodino. La matemática precisa a la que responden el ritmo, el metro y la sintaxis, aún en el verso libre y en el verso blanco, estos dos últimos que supuestamente son trabajados por los titanes, aunque a veces parecen indecisos sobre este punto al grado de perder en ocasiones los estribos y coquetear con la prosa sin un sentido aparente de las proporciones poéticas ni del aliento, ese que provoca la asfixia, en última instancia, la música del poema. Así, la ausencia de esta labor de medidas y cuentas de las sílabas y los versos, de fonemas y de acentos, parece no alterar el firme propósito de los titanes de escribir poesía, de colocarse como ídolos adentro del lecho del río y cortar su cauce.

 Así, esta poesía culta que pretenden hilvanar los siete titanes en laberínticas ramificaciones, no puede ni siquiera ser considerada parte de esa carga renovadora, de esa verdadera actitud de exploración de los rojas raíces del insomnio intelectual, cuando se cae por falta de talento, o lo que es peor, por falta de dedicación, en tantos ecos de silencios mal ubicados, en tantos derroches de imágenes desarticuladas y naiff, donde el lenguaje poético no es más un ordenamiento de lo enigmático, a la manera de pensar de Borges, sino una simple estructura de perdición, donde quien escribe es el último en disiparse, pues ni siquiera él está presente en su propio engendro.

 Espacios en Disidencia, es un ciego testigo más de la ignominiosa actitud de un statu quo que ha encontrado la fórmula de acallar el espíritu revolucionario, regalando puestos y oficinas de mediocre gestión, y ya que si bien es cierto que la burocracia es el purgatorio de los revolucionarios, es un malogrado umbral del infierno, donde el Estado puede y de hecho crea un espacio libre de toda subversión y por tanto desarrollo en el discurso literario actual. Por tal motivo, en Espacios en Disidencia, no encontraremos las nuevas voces de la poesía mexicana, por el contrario, encontramos la decadente letanía del automatismo esteticista por el que se pretende justificar la caducidad del espíritu humano.

Publicado en ZONA DE DESASTRE
Domingo, 24 Enero 2021 03:24

Semillas / María Calle Bajo /

 

 

Semillas

María Calle Bajo

 

 

Edición: Buenos Aires Poetry.

Año: 2020.

Colección ©Pippa Passes.

 

 

 

 

I N G R A V I D E Z

 

La mente me persigue por aquel atajo

en el que sólo nosotros intervenimos,

el espacio recluso que congestiona

de puertas para adentro el tumulto ajeno.

Donde se detectan las derrotas,

las iras y los miedos de siniestros

pliegues de cartón piedra,

pero no voy a sellar las grietas urbanas

que abren la ruta de las riquezas sagradas.

Han recorrido las agallas

tantas batallas sin héroes, sin rastro,

sin contorno raso en el sumidero,

que no basta con el resultado añejo y manido,

pero tal vez sirva el ceño fruncido asilvestrado.

Desobedecen también las creencias,

bastas singularidades de un confín de anhelos,

sobrevuelan sobre un friso de pensamientos delatores.

De aquí ya no pasan,

todo queda tapiado hasta el picaporte…

Emana la dicha por derroteros,

se empaña el metal,

la mirilla de jade se dilata

y mientras se contrae el pulso.

Doble propósito comedido; el reglamentario,

a no ser que escape de puntillas

y, el desprovisto de pautas, a trompicones.

Dificultad para un organismo definido:

¡ P E R E C E D E R O !

 

 

 

S O L U B L E

 

Qué encubre este miedo atroz;

Un traje medido en miserias,

sustento en el paladar. Sed.

Enseres incompatibles con el relato...

Qué muestra esta carne herida;

Una maleta muda de regresos,

andrajos en las huellas. Hambre.

Inaccesibles reliquias actualizadas…

Qué esperan estos pasos perdidos;

Unos ideológicos sumideros,

idealismos desmedidos. Guerra.

Incandescentes cenizas petrificadas…

Qué requieren de nosotros;

Unos ojos descarnados.

Motín económico. Fósil.

Cicatrices de caucho encorchadas…

 

 

D E S T I E R R O

 

Siento que me estoy pariendo a trozos.

Ya no me conformo con nacer a medias.

Ristras

tripas

líquidos sobre el amor de tenerme.

Estoy pariéndome a solas

y lo primero que veo

es la carne numinosa entre la hiel

porque ya parí los ojos,

que le dan vida a los sentidos.

Ya los he parido…

También nacen de ellos las manos,

jabón que quiere anclar mi boca,

restriega mi lengua, frota la nariz,

y enciende la risa anafórica.

Ya brotó mi cuello de cisne oculto.

Me construyo,

me individualizo en este esquema,

numen,

renombro mis dedos,

Vuelvo a mí

atravieso el antes.

Latidos,

pasos,

córnea de andanzas,

axioma en cultivo.

Me desafío.

 

 

 

 

S u p e r f i c i e s…

 

Ligera pluma, voy a añadirte a esta esfinge

que tupe su dermis de fuego.

(Sátira virginal donde batallan atuendos consumidos)

Frente al busto que atesoras, manantial de dunas:

Acúsame por seducirnos, parva boca,

brota, es cuestión decisiva,

sincrónica sugestión que ronda a la suerte

entre ligaduras,

en otro vespertino embate, y así

están contando los segundos las papilas gustativas

que te secuencian,

una a una, de par en par, se solapan…

Dispersos aquellos

azares, ahora se cubren por la retina,

se aprisionan hasta derrocarse en una matriz,

legendaria…

Y el parlamento sentencia el filo ardiente que da nombre

a tu furibunda silueta, montura de coces.

Te deslizo.

Entrepierna que ha desvelado

tu sentido común de arena.

Como la del reloj que se cuela por esa holgura caprichosa.

Sumidero de besos,

sacro hueco.

Donde se clama penitencia

o se renuncia al miedo.

Ancla de dones:

Pelvis suntuosa, armónico viaducto.

Contorno etéreo.

(BÁLSAMO RESUELTO)

 

 

C A R A B E L A S

 

Se han abierto a ti mis miedos.

Viento del NORTE:

¡Ven y trae a mi calma toda tu entrega!

Mandorla del riesgo, azota a la estirpe que hay en tu centro.

Viento del SUR:

¡Ven y aflora en mi dicha el sacro consuelo!

Ciclón

Huracán

Vendaval

Tifón

Azota la ira que emana espumosa.

Azota el abrupto candor.

¡Azótalos!

Viento del ESTE:

¡Ven y apila el temblor!

Arranca las pausas

Arranca los tiempos

Arranca de cuajo el silencio.

Sí, céfiro almanaque,

¡barrena certero!

Qué tiemblen, qué bramen.

Viento OESTE: Te espero.

¡Apocalipsis!

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

La llegada a los cincuenta de Ricardo Alias el drácula

Waldo Contreras López

 

 

Capitulo I

Recién salido del centro de rehabilitación fui a buscar al drácula para recuperar los meses perdidos sin droga en las venas. Lo encontré en cama, apenas recuperado de una larga convalecencia a causa de un mal en el hígado que lo dejó en los puros huesos. Daba miedo el cabrón; su cuerpo apestaba a jaula de coyote y de la boca le salía un olor a escusado insoportable; apenas y se podía respirar dentro de ese puto calabozo en donde vive. Además, sus ojos se veían como si trajera un vidrio amarillento encima y los traía llenos de lagañas; por esto y más, no podía evitar el pensamiento de contagiarme del mal que traía mi compa en el cuerpo. Su aspecto de calaca parlante me hizo entrar en pánico mariguanesco y hasta sentí que me iba a desmayar de la impresión; juro que parecía una alucinación de esas que uno ve en los sueños. Lo peor es el sonido que produce al hablar: la voz del pobre Ricardo parece salir desde un lugar desconocido, como desde un cuarto vacío, el fondo de una bodega enorme o algo así. Parece como si sus pulmones estuvieran tapados con una cobija o ese sonido aguardentoso fuera emitido por alguna cosa muerta dentro de su panza en vez de su boca. El drácula notó mis terrores funerarios y dijo entre risas que no me paniqueara y por favor, me quedara acompañándolo pues se sentía como dado a la jodida. "No seas gacho", me dijo. Lo entendí en parte. La soledad es muy culera; nada que ver con esas fantasías mafufas y puñeteras que tienen algunos intelectuales quienes nada saben acerca de lo que es estar abandonado en un anexo, recibiendo chingazos a diario y muriéndose por un perico o una jugosa nalga para alegrar la noche. Mi compa está solo de verdad, por decirlo de alguna manera; solo en su enfermedad y solo como una araña, cosa que no esperaba, pues la mujer de quien se podía esperar cualquier cosa menos que volará lejos del solar del macho lo había abandonado después de que el cabrón le puso una putiza por haberse gastado un tercio del dinero mensual de la jubilación en un negocio de licuados energéticos. El drac miraba la carpita verde del Herbalife y no podía evitar volver a encabronarse:

-es que esta vieja es una pendeja! ¿Cómo se le ocurre armar un malviaje como este sin antes avisarme? ¡Pinche panzona! ¡Según me quiso turiquear con la verbena de que esto era pura salud y nos ayudaría a enflacar sin arriesgar los órganos vitales! ¡Semejante loquera! ¡Mírame, pinche camelias! ¿Cómo he estado físicamente desde siempre? -me preguntó levantándose la playera mugrosa y saltando las costillas forradas por un pellejo descolorido- pues bien flaco, mi Richard, le contesté a punto de soltar la risa. ¡Pura hambre, mi camelias! ¡Esto es pura hambre! -replicó con una carcajada de sarcasmo enconado- no necesito invertir siete mil quinientos pesos en semejante empresa para enflacar! ¡La cosa es bien simple! ¡Una comida diaria y un chingo de cocaína enflacan hasta al puto Victorino y su tonelada de rock! ¡Pinche capitalismo culero! Y de pilón, la pinche Carmina quería que le contratara un servicio de internet  pues según ella, iba a vender esa putada desde la comodidad del hogar con solo dar un click en un disque portal cibernético de ventas! ¡Por si fuera poco, me pidió cien pesos para sacar una tarjeta de débito del Oxxo! ¿Cómo la ves? ¡Con eso tuve! ¡La saqué a patadas y la subí al camión a punta de vergazos!

Tú me conoces, mi camelias, me conoces bien! ¡No en vano soy licenciado en filosofía y di clases en la UAS como maestro emérito y trabajé durante treinta años en la secretaría como encargado de los préstamos sindicales! Además, con lo que vendo de drogas y lo de la jubilación de la SEP, ¡vivimos como reyes! Tú sabes que no soy ni culero ni pendejo. Mal por ella, que no quiso volver y ya se largó a Durango a comer verga de alacrán. Mal por ella. Y, mírame ahora, ¡todo puteado y más solo que un perro! No seas culero. Quédate; ahorita le hablo al tingi para que te traiga un quinientón de perico y unas cahuamas, la cosa es que no me dejes esta noche; yo pago.

Cómo buen compa, me dejé querer y no tuve que hacer más que esperar el regalazo y terapearme para aguantar el choro sentimental del buen Ricardo. El drácula se empezaba a poner aburrido cuando le entraba la ventolera del coraje o empezaba a hablar de su vieja. Me gustaba más cuando nos hablaba a toda la bola de locos sobre la mentada filosofía y sus conocimientos de la vida que son muchos, aún y cuando no dejaba de pendejearnos por no estudiar y ser unos enanos mentales que no pueden ver más allá de lo rico que son las morritas y las drogas. De hecho, gracias a las aspiraciones pedagógicas de este loco, formamos un clan de superación "anti enanismo mental", como él mismo lo llamó con toda la solemnidad que le es posible expresar. El drácula comenzó a impartirnos gratis, clases de filosofía bien chingonométricas además de regalarnos algunas lecturas de poesía, cuentos y novelas. La Carmina no dejaba de pendejearlo por perder el tiempo en nosotros quienes nunca pasaríamos de perico-perro, según su juicio. Fueron muchas tardes memorables como aquella en la que se colocó cuidadosamente un cigarro en las ligas del culo y lo hizo arder con la fuerza de sus intestinos, nomás para exponer de manera científica, que tan capaces éramos de "percibir de manera gestáltica" un evento que, por ejemplo, en Suecia, no era de ninguna manera mal visto o causante de risa: "de hecho, enanos mentales, en los países nórdicos hay certámenes anuales en donde los ganadores de distintas categorías se hacen acreedores a grandes premios en euros. El actual campeón es una mujer finlandesa que fue capaz de consumir una cajetilla completa de cigarros Chesterfield en menos de seis minutos, trece segundos y 15 centésimas (récord impuesto por un gigantesco noruego) con la pura fuerza de succión aero-centrípeta en su panocha”, aseguraba. O como aquella vez cuando el runga arremetió con un palo sobre la humanidad de nuestro profe cuando éste se atrevió a compararlo, en un disparatado y peculiar afán académico, con un disque novio de un emperador romano. El runga llegaba de los barrios del sur, con la cara de asoleado y temblando como una gallina al filo del cuchillo, muriéndose por una caguama y un pase de perico; nosotros teníamos dos cubetas llenas del preciado líquido y unos garrotes tipo Bob Marley de mariguana recién bajada de Badiraguato; el Richard lo recibió a voz en pecho con esta poderosa frase: "¿¿¿¡¡¡tú también, Bruto!!!??? Pero el runga no entendió, al igual que los demás allí presentes, que el drácula estaba haciendo una referencia literaria, antropológica e histórica. El recién llegado se le fue encima garrote de guayabo en mano. Nuestro fallido profe quedó en el piso a causa de la furia ignorante del runga y, después de sobarse un rato la espalda y quejarse como un perro, nos explicó:

- ¡vayan a la verga todos! ¡Runga! Casi me cuesta una costilla tu ignorancia, así como a Adán le costó una costilla la ignorancia de dios, creador de la peor calamidad que ha habitado el mundo. ¡Entiendo tu pendejismo y te perdono los palazos! ¡Pero déjame explicarte antes de que se te ocurra hacerme algo peor! No quise ofenderte llamándote Bruto, al contrario. Sea esta paliza como una bandeja para servirles un conocimiento que ni los doctorados en historia pueden brindarles. Décimo Bruto fue el amante de un emperador romano llamado Julio César. Este hombre floripondio fue parte principal de un plan para matarlo. Cuando Julio César era apuñalado en las escaleras del Senado por todos sus testaferros, intelectuales y mayatones, su amante estaba en la primera fila de quienes se daban gusto imperial dándole de puñetes en el cuerpo hasta dejarlo como falda de hawaiana. Había recibido más o menos unas diez tarascadas de los traidores cuando entre aquellos vio a su amante preferido y le dijo, con lágrimas en el rostro y el fundillo encogido de tristeza: "tú también, Bruto?" Así terminó el pobre Julio, césar de césares y más culero que el mismísimo Cayo "Calígula". Esta memorable frase joteril y sentimental te la dije a ti, no porque seas bruto o puñalón, cosa que no me interesa comprobar; te la dije a manera de honorable recibimiento pues te vimos llegar con el envase de cheve vacía, sediento y asoleado y, pues nosotros andamos en la misma chingadera de andar tomando a estas horas del mediodía.

¿Entiendes la coherencia de la referencia, pinche burro lazado de las verijas?



Obviamente que ninguno la comprendimos en ese momento, pero el runga puso la peor cara de pendejo que hasta entonces le habíamos conocido y solo le alcanzó el talento para replicar:
-pinches romanos jotos! No conformes con usar faldas, se picoteaban el fundillo y mataban entre ellos. Todos soltamos la carcajada, pero la clase no terminó allí. El drácula nos explicó en esta memorable sesión que el uso de la falda es saludable en los hombres pues los testículos están siempre en su forma natural, colgando como bellos higos y lo suficientemente secos por el aire para evitar un corto eléctrico, por decirlo de alguna forma; nos dijo también que la ciencia ha comprobado que los testículos están directamente conectados de forma socioemocional con el cerebro y el instinto de imperialismo; nos dijo también que la ciencia explica que Roma pudo sostener, gracias al uso masculino del vestido, un reino que duró décadas gobernando los destinos del mundo y, por si esto fuera poco, que comprobado antropológica mente está, que Roma ha sido desde entonces y hasta el día de hoy, la cultura que más ha influido en la evolución intelectual de la historia humana. Todos nos quedamos con la boca seca ante el despliegue de sabiduría del drac. Yo, de mi parte, alguna vez sospeché que eso de la conquista estaba de alguna manera conectada entre el cerebro y los testículos pues, cuando por ejemplo la Rafa no quería coger conmigo, los huevos me dolían de forma espantosa durante horas y no dejaba de pensar en ella, y más concretamente, en ese suculento par de nalgas por las cuales sufrí meses antes de conquistar sus cimas y declararlas de mi propiedad única y exclusiva. Se lo expliqué alguna vez al Richard y el aprobó mi analogía. Para terminar la clase, nuestro extravagante maestro remató con la atractiva teoría conspiranoica de que las trusas habían sido inventadas por las mujeres feministas con el afán de ahorcar ese poético lazo entre los huevos y el cerebro y, por supuesto, el instinto imperialista, facultad puramente masculina la cual provocó que se escribiera en los anales de la historia el nombre de tantos y tantos hombres quienes no nomás tuvieron los huevos bien gordos sino que además, perfectamente conectados al cerebro. El drácula también nos explicó que los hombres, en respuesta al artilugio de las trusas, inventaron los brasieres, para que las mujeres no nos gobernaran con sus bellos frutos, y los tacones de aguja para que estas fallas de Dios no pudieran, además de putear a nuestra estatura, llegar tan lejos con sus pretensiosos y rítmicos pasos como alguna vez llegaron Atila, Alejandro Magno, Shen Li Ye-Gon, Carlos Salinas de Gortari, Joaquín Guzmán Loera, Julio César Chávez, Zinadine Zidane, Pablo Apóstol, Bill Gates, Jean Luc Picard, Jesucristo y todos los hombres que construyeron el negocio socioeconómico que las hijas de Lilith hoy intentan derrumbar con estrépito. Fue entonces cuando comprendí porque el drácula no usaba trusas. De esto me di cuenta aquella vez cuando unos cuicos nos hicieron la parada para pasarnos báscula a ver si traíamos algo de droga. Nos esculcaron hasta por debajo de la lengua, supongo yo, debido a nuestro aspecto de desamparo. Cuando llegó el momento de bajarnos los pantalones y sacudirnos las ropas íntimas para demostrar que no escondíamos algún envoltorio sospechoso en esta prenda, el drácula les dijo que él no usaba. Recibió un macanazo en la cabeza como respuesta y no le quedó más remedio que demostrarlo. Se llevó un puntapié en las espinillas y un jalón en los testículos cuando su dicho fue puesto en oscilante evidencia. Le preguntaron que si porque eran tan marrano; mi compa quiso explicarlo, según sospecho ahora pues lo veía a lo lejos manotear con pasión, con su teoría conspiranóica; los policías se lo habían llevado a parte en cuanto vieron sus huevos al aire, quesque para darle un trato especial. En resumen, le dejaron caer el teaser eléctrico, nomás por mamón. Cuando los policías al fin nos dejaron en paz, el drácula exclamó triunfante: "ves porque estos pendejos son lo que son? A estos infelices les ahorcaron sus madres los huevos desde que los concibieron. Las mujeres son una calamidad, aunque sean las autoras de nuestros días"
Como pueden darse cuenta, las sesiones académicas de mi anfitrión son todo un alucín si además le agregas al asunto un buen tanque de mariguana, hierba bendita que tiene el poder de elevar la imaginación hasta en el más pendejo del mundo y que él, gustosamente nos compartía de su eterno ladrillo que regalara un hijo del Viejón del Sombrero por asesorarlo para entrar a la universidad.

 

Capitulo II

 

Pero ahora, el gurú está postrado y deprimido. Busca en el techo de lámina de asbesto la redención. Pero antes, se pone a recordar a todos los amigos del barrio que han sucumbido al embate de los años. Espero jamás ponerme a quemar cinta de la forma en que lo hace el drácula. Y es que antes me parecía un ser superior y hoy, se me hace tan humano, tan muchachita, tan desprotegido y vale-verga. Humano y muchachita porque, ¿quién se pone a recordar compas matados como si estos pobres muertos hubieran sido jotos o, peor aún, como si el joto fuera uno?

¿Quién recuerda al sopy, leyenda urbana de los años ochenta y primer cholo asesinado de la colonia por pandillas rivales, de la manera poética con la que lo hace el Richard?

-pinche sopy, venía corriendo por dentro de la secundaria seis, huyendo de la gente del tijuanas, pero ni eso lo salvó. Estaba tomando la calle quince de septiembre, saliendo de la calle geranio, cuando recibió el balazo. Le pegó en el mero tronco de la oreja; se fue derrumbando poco a poco pero no dejaba de huir de la muerte quien ya lo traía sentenciado desde que se cogió a huevo a la hija de don Emilio, el abarrotero-gomero más poderoso de la colonia buenos aires. Corría y corría y manoteaba y manoteaba para no perder el equilibrio, como un pajarito aterrizando. Recuerdo clarito que esa tarde había una disco en las canchas de fútbol amenizada por el luz y sonido Black Stone; el Kiki estaba poniendo puras rolas perronas para bailar. Cuando el sopy estaba dando las últimas patadas, las bocinas sonaban una pieza bien locochona, el rock de la langosta. Era como si el Kiki supiera lo que pasaba pues la rola sonaba como dicen en el cine: bien incidental. Siempre que recordamos los años ochenta, época en que fuimos muy jóvenes, le hacemos los honores al sopy, tipazo valiente de los que ya hay muy pocos.

¿O quién se pone a recordar a la camada de hijos de la chingada que fueron el clan de “la primera”, ¿una enorme bola de cabrones, primos y hermanos entre sí, que conformaban una de las pandillas más temidas de la zona sur de la ciudad? ¿Quién los menciona ahora como si fueran los guerreros que vencieron a Troya, cuando en realidad fueron la peor calamidad que azotó durante años la ciudad?

El drácula los describe como si fueran sus hijos:

-grandes y bravos amigos todos ellos! A nosotros no nos cargará la verga como a ellos, gracias a la gracia de Marx. No me imagino muriendo como el Charro, por ejemplo; pobrecito, lo abatieron de tres balazos a las afueras de su hogar, dulce hogar, cuando al fin había agarrado el rollo y era un hombre de bien pues era comandante de la policía municipal y tenía a su cargo a una bola de matones para cuidar la plaza de uno de los narco juniors. Amaba a sus hijos y a su esposa. Pobrecito, un rival de la juventud lo estuvo cazando durante años para lavar el honor de su hija cuando el clan, le hizo el amor de manera tumultuaria a la chavala en uno de los predios abandonados de la diez de mayo. Esperó a que estuviera desarmado y así lo ultimó. Pobrecito. Le hablaba a su madre. Cada que decía: ¡amá! ¡Un chorro de sangre le salía del pecho! La esposa le lloró a gritos como si hubiera sido un gentón tipo Luis Donaldo Colosio; sus hijos se le quedaban viendo y riendo nerviosamente como si su padre estuviera bromeando.
Carajo! Jamás moriremos como el ñoño, el Pavel, el Erik y el huevo. A los primeros tres, ya sabes, los mataron en las canchas del Jimmi Ruiz, cuando jugaban la final del torneo de los barrios categoría libre. El Pavel y el ñoño metieron los cinco goles que les dieron la victoria contra el rival: el rancho las garzas fútbol club. El error de ellos fue ir a festejar, de manera burlesca, cada gol en las narices del dueño del rancho y del equipo. Siempre fueron así: burlescos y culeros contra quién se le pusiera al brinco; solo que aquella vez se toparon con la sombra de papá vergota y mamá chichotas. El viejo de nombre Dámaso Imperial, había apostado trecientos mil pesos contra el Pancho Arce, propietario y manager económico del equipo Bitache Aguilar FC. Narcos pesados ambos. Al finalizar el partido, cinco sicarios del güero Imperial, fueron hasta la cancha y le dispararon primero al ñoño y luego al Pavel; el Erik, que no jugaba fútbol pero fungía como aguador oficial, se quiso meter a impedir la balacera contra sus parientes pero fue tomado entre dos y un tercero le puso una enorme Glock .21 en el cuello, justo debajo de la quijada, y le boló la cabeza con una expansiva. Una triste carnicería. Meses después y en esa misma cancha, fue ejecutado el panchón Arce con balas de a erre quince; gran amigo también, un gordito muy generoso que apoyaba el deporte local y a las mujeres del barrio dándoles trabajo bien pagado en sus tortillerías, prostíbulos y cantinas.
Al huevo, que Tiresias le perdone el infierno, fue el primer objeto de venganza de aquel que terminara de redimir a su hija con la muerte del charro. Con este no batalló tanto. Lo agarró dormido. Una amiga de su hija, putilla de poca monta, le ayudó con el cuatro. Puso una pastilla para dormir en la caguama del huevo y cuando este terminó desmayado, llamó a don Nabor y aquel le vació toda la carga de la Smith & Wesson 380. El huevo era el más cabrón del clan y por eso, lo tuvieron que agarrar jetón. A los demás, al chivo, al callejas, al chavo, al pelochas, al mochomo y al pocho, los fueron exterminando metódicamente tras las paredes de la penitenciaria de Aguaruto. Ya no queda ninguno. El charro fue el último. En paz descansen todos; en la CLC, la diez de mayo, la Margarita y la república mexicana, siempre los recordaremos.

 

Cápitulo III.



Y así siguió el drácula, recordando toda la noche una larga lista de cabrones que construyeron con sus vidas y sus muertes las calles trágicas de estos barrios. "No hay calle que no nos recuerde un muerto" -dice el Ricardo, con lágrimas que le mojan los huesos de la cara. Casi al amanecer, me dijo que nosotros no fuimos de esa índole huevuda y que seríamos olvidados así como la historia olvidó o repudió a Eróstrato, Vlad Tapes, Nikola Tesla, Rockdrigo González, Roberto Baggio, a Heraclio Bernal y a la liga veintitrés de septiembre. Me dijo que estábamos condenados a terminar como el kiko o el chachalaco Mayorga: locos y vagando por las calles. Que terminaríamos como el Dani o el cáncer, colgados por el cuello de tanto tenerle miedo a la vida, o bien, abandonados, solos y enfermos tras haber sido vistos como pendejos por todas las mujeres del mundo, incluidas nuestras propias madres. "Me gustaría ver cómo terminan, pinches enanos mentales, pero como van las cosas con mi salud, creo que no podré terminar de darles mis clases de filosofía. Tenía pensado para el semestre próximo, introducirlos a la filosofía alemana y a un diplomado en estudios socio-filósofos basados en la saga de Star Trek. Cabrón! He llegado a los cincuenta años de edad. Dicen los jefes de la psicología de la inteligencia emocional que esta edad es crucial y el pináculo de la madurez humana. Yo creo que es la etapa más culera de la vida pues es cuando muchas cosas te empiezan a mandar a la chingada o a abandonarte" -terminó diciendo el Richard antes de envolverse con todo y cabeza con su hedionda cobija San Marcos y quedarse dormido enseguida.
Salí de su casa nomás salió el sol, con una pinche tristeza en el cuerpo y con la firme convicción de dejar las drogas y ponerme a estudiar, de perdida una carrera técnica en el Conalep.
Duré mucho tiempo, casi dos años, sin ver al Ricardo pues estuve otra vez preso en un anexo durante casi un año, pero está vez, por desición propia; duré otro tanto, buscando la manera de ser mejor persona por medio de la psiquiatría. Creí que Ricardo estaría muerto. Cuál fue mi sorpresa cuando al llegar a su casa esta ya era otra. Nada que ver con el muladar apestoso y en obra negra que nos hizo apodar al buen Ricardo con el nombre del célebre vampiro. Pintada de blanco con verde, césped y plantas florales alrededor, enjarrada y con vitro-piso; con un anuncio que decía: centro de distribución Herbalife y ciber café, la casa parecía ser ya de otra persona. Los dependientes eran una pareja como de cuarenta años. La mujer, muy delgada, atlética y bella; el hombre, un güero bien peinado, guapo y musculoso. Me di la media vuelta. Estaba a punto de tomar rumbo hacia la calle Juan N. Méndez, cuando escuché mi nombre: "ese pinche camelias! A dónde vas con tanta prisa, pinche enano mental!!"
Sí, ese hombre guapo y atlético era el buen Ricardo; no lo reconocí por su musculosa presencia y porque además, se había tumbado esas putas barbas hediondas que le daban el aspecto de filósofo ermitaño. La mujer era la Carmina. Había regresado con él al saber que se estaba muriendo. Lo salvó de la muerte y no nomás eso, lo hizo un hombre que de ser un pinche loco con ínfulas de profesor anti-capitalismo, pasó a ser un güey que ahora vive de enredar personas con tandas y esa cosa disque saludable y vitamínica. Salí del lugar con una dotación de esa putada llamada Herbalife y un tríptico en el que se me hacía la invitación a un diplomado gratis en teorías literarias femeninas basadas en Simone De Beauvoir y Sor Juana Inés de La Cruz. El curso lo impartiría obviamente, Ricardo Malcampo Ruiz.

 

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)
Miércoles, 20 Enero 2021 05:32

Laura y Aura / Aída López /

 

 

Laura y Aura

Aída López

Premio Estatal de Literatura 2020: Tiempos de Escritura

 

 

Pasa, Aura, dijo con su voz vieja. Mamá, ya te he dicho, soy Laura, contesté enfadada Con sus casi setenta años no disminuía su preferencia hacia mi gemela; otro día escuchando las “virtudes” de Aura y los “defectos” de Laura. Mi hermana era la bonita, la inteligente y todos los calificativos que engrandecen a un ser humano. El espejo confirmaba sus dichos, con minutos de diferencia nací baja de peso y una marca en el cuello la cual se fue agrandando con la edad. Mamá, durante el eclipse de luna se rascó la panza estando embarazada y por eso la “chivaluna” en mi piel. Los dermatólogos no lograron con cremas, ni con láser, borrar la mancha violácea o tan siquiera difuminarla. Urgía que transcurriesen las seis semanas del postoperatorio y el médico le quitara la venda de los ojos; la venda respecto a Aura nunca se la podría quitar yo.

         Lo bueno es que tú sí vienes a acompañarme, Laura ni se para por aquí. A pesar de tus ocupaciones con mis nietos y tu esposo, no me desamparas. Cuando una hija es buena, una madre lo nota cuando es pequeña. Esas palabras retumbaban en mi cabeza, las había escuchado desde que tuve uso de razón. Una vez más le repetí que mi hermana no podía estar por las razones mencionadas por ella misma. Las vacaciones del despacho me facilitaban cubrir el turno diurno; el nocturno lo hacía la enfermera. No solo estaba ciega, sino también sorda; mis palabras, no las oía, seguía llamándome Aura como su nombre; el desdoblamiento de su perfección. Narcisista en exceso. Decidí cumplir su anhelo, no le aclararía quién era y que siguiera creyéndose junto a la sacrificada de mi hermana y no conmigo, la solterona mala hija.

       ¿Tan ocupada estará la malagradecida? Atiende mejor a su perro, por eso no me arrepiento de haberte dado más a ti. Siempre se lo dije a tu padre, la gente fea es mala, pero él decía que soy clasista y por eso la traigo contra Laura. Quiero que sepas, todas mis joyas son para ti, hija, en cuanto me quiten estos trapos de los ojos te las entregaré. Mejor en vida, así ella no tendrá derecho a reclamar. La casa la pondré a tu nombre... La interrumpí tajante, ¿crees justo dejar a mi hermana sin la mitad de la casa? Ella no se quedará conforme, trabaja con abogados y reclamará lo que por ley le corresponde. Mi madre estuvo callada y pensativa por segundos que parecieron eternos, enseguida reaccionó, ¿Me estás pidiendo la propiedad en vida? En automático repelí esa posibilidad. No, no te estoy diciendo eso.

Sus deseos de orinar desviaron el tema. La ayudé a levantarse de la cama y con cuidado la dirigí al sanitario. Vinieron a mi memoria los días cuando en ese mismo lugar el shampoo entraba a mis ojos. Mi “mala suerte” a la hora de la ducha era habitual. La mirada de Aura nunca se vio empañada con el jabón, pocas veces tenía motivos para llorar mientras que a mí me sobraban. Mamá, ¿recuerdas lo chillona que era Laura cada vez que la bañabas? Me sorprendió cuando dijo que adrede me lo echaba y el placer al verme con los ojos enrojecidos. Un sentimiento de rabia e impotencia me atrapó, sin embargo, la levanté del inodoro con el mismo cuidado y la regresé a su cama. No tengo hijos, pero supongo que a todos se les quiere por igual. Quizá mi mala suerte no era eso y mis desventuras eran provocadas por su perversidad.

Mi gemela acostumbraba hablarme por las noches para saber cómo había pasado la jornada nuestra madre; su familia la tenía absorta y por eso no iba a verla. Los compromisos sociales de su marido, empresario exitoso digno de ella, y de sus hijos adolescentes a quienes llevaba a la escuela, al karate y al ballet, además de dirigir un séquito de servidumbre, la tenían agobiada. Aura cumplía con pagarle la enfermera a doña Aura, la diferencia conmigo es que yo no contaba con el dinero para solventar el costo de otro turno. Desde las ocho de la mañana llegaba para prepararle todas sus comidas, bañarla, administrarle sus medicamentos y ser depositaria de los sentimientos de la mujer que me parió y nunca me quiso.

A ratos la dejaba hablando sola y recorría la casa: el cuarto de cada una de nosotras, el jardín trasero con el centenario árbol de mango, la salita de música con paredes de madera donde papá solía escuchar a Elvis Presley, a Los Platters… ooonlyyy yuuu… Cada rincón estaba impregnado de recuerdos buenos y malos. Apenas advertí, el cuarto de Aura es más grande que el mío y tiene closet, eso le permitía tenerlo arreglado, motivo frecuente de mis castigos al no mantener el mismo orden. Mi periplo culminaba en la cocina preparando la dieta recetada por el doctor: baja en grasa y sal, abundante verdura.

Cada vez me resultaba más difícil levantarme temprano e ir a atender a mi madre para escuchar el nombre de mi hermana en vez del mío. Deseaba tener los recursos para pagar a alguien que lo hiciera, pero mis ingresos no eran fijos. En pocas semanas conoceríamos su estado. Era probable que al quitar el vendaje siguiera necesitando ayuda, en tal caso tendría que solicitar licencia indefinida en el bufete. La sola idea me avasallaba.

                       

La rutina hubiera sido benévola de no enterarme de sus patrañas. Un día me dijo, ¿te acuerdas de Fernandito, el niño que jugaba contigo en el parque? Apenas recordaba sus lentes y el pelo negro y crespo del regordete. Pues tuvo una hermanita mongolita y un día me contó su mamá que la niña se ahogó en la bañera. En aquel tiempo las señoras comentamos que ella seguramente la dejó sola para que la muerte se la llevara. Sin titubear deduje que eso mismo hubiera deseado hacer conmigo. Quise adentrarme en su mente, le pregunté si consideraba justificado hacer eso con un hijo enfermo, tomando en cuenta que ella se reconocía como una verdadera católica y no de esas que van a misa los domingos y de lunes a sábado las invade el “efecto Lucifer”. La ambigüedad de su respuesta me orilló a pensar que sería capaz “por el bien de la familia”.

Enajenada, tratando de recordar a la mamá de Fernandito, aquel día olvidé administrarle los medicamentos a la hora precisa. Mientras le llevaba el consomé a la boca, me horrorizó la vulnerabilidad de los niños ante sus padres: así como te dan la vida, te la pueden quitar sin uno poder defenderse. En más de una ocasión me sacó de mis pensamientos cuando levantaba la voz porque le mojaba la bata con el caldo. Mi silencio la preocupó: ¿tienes problemas con tu marido?, estás muy callada, dijo convencida de ser conocedora de los conflictos de pareja, los cuales eran constantes con papá por los extremosos cambios de humor de ella.

No veía el fin del martirio. Mis vacaciones arruinadas y con el riesgo de prolongarse sin sueldo, sin alternativa de huir o deslindar en alguien la losa que cargaba a cuestas. ¿Y si en lugar de que la mamá de Fernandito se deshiciera de su hija, la hija se deshiciera de su mamá? La idea iba y venía, rondaba y se agazapaba…se olvidaba.

Corrían los días, se aproximaba el plazo para conocer el rumbo de mi destino. El trasplante de córneas le devolvería la vista o no a mi madre, ¿y si no? Aura estaba en condiciones de seguir pagando a la enfermera, pero yo no tenía la disponibilidad para atenderla indefinidamente. Mis malos modos fueron resentidos, el agua del baño demasiado caliente, la comida salada, escueta conversación, heladez por el aire acondicionado, la música estridente. La mamá de Fernandito, la hermanita de Fernandito, Fernandito…

Una mañana llegué a la casa de mi infancia como siempre, me invadía una felicidad inexplicable, ella misma lo percibió. Mi yerno con seguridad te trató con cariño anoche, es evidente, dijo maliciosa. Así es, mamá, respondí dándole por su lado. Puse en el reproductor a Elvis, ambas recordamos a papá. El árbol de mango daba sus primeros frutos, el cielo de intenso azul resplandeciente, la primavera revoloteando en las coloridas alas de las aves.

A las doce del mediodía el agua de mango, la favorita de mi madre, estaba lista. Agradeció a la naturaleza su generosidad. Recostada en su mullido colchón, antes de ingerir sus alimentos, elevó una oración “por el pan nuestro de cada día”.

A la señora Aura le di de comer y beber y beber y beber y beber… Mojando la bata, las almohadas, las sábanas, la cama… Llenándole la boca, la garganta, la nariz, los pulmones, del dulce néctar amarillo hasta ahogar su respiración.

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

Planosecuencia de una mujer maravilla

Fabiola Amaro

 

 

Conspiración

Soy quien te permitía seguir, quien te motivaba de tal manera que cambiabas de forma, te seducía con poderes únicos, extraordinarios. Fui quien te llevó al abismo y luego te sujetó. Te convertí en héroe de mi vida, desaté tus manos y escapaste del enemigo. Te arrastré a la paz de mis ojos, te di de beber materia de mi cuerpo. ¿Aún lo recuerdas?

 

Mujer de maravillas

Soy esa clase de mujer
que se queda parada en la cornisa
esperando al viento y la verdad de una noche

Las calles no siempre cuentan historias gratas hay un vértigo seduciendo
se cruza con mis piernas de acero
me hace inmortal

Este corsé no es utilería para encontrar mi sex appeal

no se define en las líneas precisas de una cintura

Es mi armadura
un caparazón de heroína no se rompe
con cualquier viento

 

Doble de acción

Sacó del bolso
un secreto
lo puso en mi sien
Déjame ir murmuró
En otra dimensión
Adoptó una identidad distinta indescifrable
Apretó el gatillo de palabras
y libre fue

 

Mujer de mundo

No te culpo
también mi vida secreta
se deriva en el reconocimiento de dos mundos

Queda reducida
a la piel que seduce tu disfraz

 

Guerra ordinaria

Recibió propuestas para quedarse en casa
hornear un pastel de manzanas
cuidar niños
dormir de noche
Pero a ella le gusta vivir de su espada
el miedo es un peligro que le permite
ser guerrera de su destino
 
 
Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

EL DIA EN EL QUE SE PERDIÓ EL DO Y LA CANCIÓN FAVORITA

Roberto López Moreno

 

 

 

 

 

EL DÍA EN EL QUE SE PERDIÓ EL DO

 A María Granillo

Ese día, ninguna sinfonía pudo ser ejecutada en ninguna parte del mundo, porque el Do había desaparecido de los pentagramas. Musicólogos, etnomusicólogos , investigadores en tablaturas cargadas de ayeres, maestros de conservatorios, directores de orquesta, ejecutantes, melómanos y hasta no melómanos, morbosos se lanzaron a la búsqueda del Do tan extrañamente desparecido No estaba el Do ni en las ondas del agua, ni en los fuelles del viento, ni en la garganta del pájaro. No encontraban al Do en ninguna parte y esto desvinculaba el resto de las actividades humanas, desordenaba el mundo. No encontraban el Do. Y así las horas hasta que alguien dijo haberlo visto en el panteón del Monasterio Novodevichiy. Hasta ahí llegó el contingente de afligidos. Si, ahí estaba el Do, compungido, triste, postrado ante la tumba de Shostakovich. Le hablaron al oído tiernamente, le enjugaron alguna lágrima y regresaron con él a la tibieza de los pentagramas. Entonces volvió a funcionar la maquinaria de la música y del mundo, perfecta, exacta, como si nada hubiera pasado.

 

 

LA CANCIÓN FAVORITA

 

La noche entera se la pasó planeando el crimen. Su canción favorita repetida una y otra vez, y otra vez, y otra, y otra más, estuvo siempre ahí, a lo largo de la larga noche, para inyectarle el valor que requería durante el desarrollo de su plan. Llegado el momento maldito se dirigió hacia donde le llamaba irremediablemente la cruz de sangre. Cometió el crimen con saña, luego, el hurto consecuente. Y luego, se fue directo a su condena eterna, cuando se enteró por los periódicos del día siguiente, de que su víctima había sido precisamente el autor de su canción favorita. Cada vez que escuchaba aquello de Volver, Volver, Volver... volvía el cuchillo asesino hacia su propio vientre, hacia el centro de su corazón podrido, sentía con terror aquel filo, frío, fino, fijo rompiendo lentamente las venas, los tejidos, las células del alma gangrenada. Y así por siempre, hasta llegar sin llegar nunca a ese inasible al que llaman el infinito.

Publicado en La nave de los locos
Domingo, 17 Enero 2021 16:56

Hoy amaneció incoloro / EL SEIS /

 

Hoy amaneció incoloro

EL SEIS

 

 

 

Hoy amaneció incoloro

M

u

e

r

t

o

como si todo se lo tragasen algunos ángeles ebrios

el olor pestilente/penetrante/ de la sol-edad

es absorbido

por esos entes quiméricos de vestimentas inauditas

y de modales afeminados

que en estados de fabulosas conveniencias etílicas

le dan miles de vueltas/con sus alas de pajarracos de-mentes

a la tierra macilenta/enferma de senectud cósmica

 

Tristeza /llenas de gusanos azabaches  la noche

 

Allá

a

b

a

j

o

los humanos se carcajean/falos sonrientes

mientras miran volar un cortejo de hermosas mujeres

que hacen piruetas sobre la neblina gélida/oscura/bruna

mostrando desenfadas las curvas de sus encendidos cuerpos

que en semejante travesía arrojan infantes llorones/fetos garzos

es apocalipsis venenoso/pues… llueven orgasmos enloquecidos

sobre la tierra embravecida

para fecundarla de pura sexualidad/de gemidos eternos

y hasta de frenéticos suspiros/delirantes/ ¡extravío puro!

 

Tristeza/llenas de mariposas negras las almas

Ni siquiera los relámpagos furiosos/ que salen de la boca universal

con sus flechas flamígeras/llenas de venenos pavorosos

pueden “apagar” los gemidos perpetuos/del avispero mujeril

que preparan sus aguijones suculentos/para seducir con sus arcos de pechos

/sus lanzas de caderas tersas

y sus sudores pandémicos de lúbricos ardores

que envuelven/cercan/a los hambrientos de libídine

y hasta de amores/de amores…

Tristeza/lloviznas las caras pálidas de las mujeres excitadas

 

En brama/en celo sempiterno/se desmoronan desde la cúspide erótica

/las diosas desnudas/convertidas en mujeres aladas de orgiásticos cantos

/buscando oídos célibes/mancebos/ para extasiarlos/transportarlos

/Hasta los confines eternos del Cuadrilátero Voluptuoso

 

Tristeza/perra con dientes de marfil… y ojos de gata A

Z

U

L

 

 

  

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

Brevísimo ensayo sobre la belleza

 Homenic Fuentes 

 

 

La belleza no está en las cosas

 

                                          que acarician los sentidos

 

Lo sé por la vagina que arde

                     Los labios se desprenden danzarines

                      alejados de un simple beso

 

La belleza son los dientes amarillos

                          que muerden la manzana

                                        y sangran las encías

 

Es el olor de axila

la mirada que atraviesa

                      Los fieros dedos

                      que hurtan a hurtadillas

 

                              "eso es la belleza"

             el nudo de alientos amargos

             la suciedad del contacto

las ingles que transpiran

 

La belleza no es el campo que dibujas

                           es el chancro

          la hepatitis de unos labios

las nalgas derramadas

 

La belleza es lo que somos

                                    jugos gástricos

                                            fluidos viscosos

 

                                                      también el asco

 

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
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