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Jueves, 25 Enero 2018 03:44

Inquietud (Oscar Angeles Reyes)

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Inquietud

(Oscar Angeles Reyes)

 

 

Dámaso Pérez Prado nació el 11 de diciembre de 1917, en Matanzas (Cuba), en la Ciudad de las casa de paredes color helado, que entonces serían blancas y refulgentes.

 Yo pienso en mi vecina, con su piel tan morena, casi como si fuera mulata. No es que sea algo importante, pero su presencia distante me inquieta. Ayer la miré en la mañana y me pareció que el interés es mutuo. ¿Qué significa eso? He entrado en serios conflictos morales, en una franca discusión personal que me lleva a pensar que estoy enamorado de ella, y que estoy mandando al traste mi joven matrimonio.

 Pérez Prado llegó a México en 1948, y comenzó a aparecer en películas con actrices como Lilia Prado o Ninón Sevilla; creo que él siempre se presentaba dirigiendo a su orquesta. Era bajo de estatura, pero no pasaba desapercibido; se movía mucho, demasiado para mi gusto, mas era de esperarse de un mambero.

 No sé el nombre de mi vecina, y probablemente no conozca el Mambo N. 5, ni la deliciosa versión del Manicero del matancero, pero su rostro, dejando atrás su equilibrio y su posible belleza, es sumamente atractivo: hay rasgos indígenas debajo de su sofisticación. Es pequeña, quizá del tamaño de Pérez Prado, y debajo de sus ropa de colores siempre oscuros se dibuja un cuerpo bien cuidado. ¿40 años?, probablemente. La única vez que estuve cerca de ella sostenidamente, entendí un cuidado excesivo de su piel, una manía insistente por la humectación, por la extracción de vellos incorrectos y por su dentadura impecable. Nadie es delincuente por pensar, por desear, pero, ¿qué pensaría mi esposa? Llevamos dos años juntos, y toda esa gracia, la distinción de la pureza, se desmorona al cruzar la calle y encontrarme de frente con una mujer que sólo me ha sonreído. Chingado, yo le besaría las tetas.

 Y, ella, ¿cómo se llama? Ojalá no sea la Patricia del cubano nacionalizado mexicano, melodía más bien boba, fuera del contexto de locura de su repertorio más movido.

 Pérez Prado, Cara de foca (dicen que le dijo por primera vez Beni Moré, El bárbaro del ritmo), murió en la Ciudad de México en 1989; sé que vivió un tiempo en la calle Luis Moya, pero desconozco su último domicilio. Toda una generación de exóticas, de músicos, actrices y actores, de personajes de la cultura nacional, se involucraron con él, pero hizo bailar a muchos más.

 Lo del cara de foca es claramente una distracción, lo cierto es que estoy tratando de aliviar mi alma, la puta inquietud que despierta esa mujercita (sin afán de ser despectivo) en mi, que me deja al borde del adulterio, de un Yo que creía superado, de lo más carnavalesco de mi ser. La infidelidad comienza así, perdiéndole el miedo a los perros, vistiendo de luces a la soledad; quizá con los ojos bien abiertos de Resortes, bailando el Que rico el mambo, mientras Joan Page, de pechos generosos, se mueve a su alrededor.

 

En fin, si algo va a ocurrir, que la vida se destruya como Dios manda, y que la miseria se nos eche encima, como debe de ser; y que Pérez Prado descanse en paz.

 

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Óscar Ángeles Reyes

Óscar Ángeles Reyes nació el 12 de abril de 1970, en la Ciudad de México. Hijo de padres hidalguenses, alternó los estudios de la primaria y secundaria entre la Ciudad de México y el estado de Hidalgo; cursó el bachillerato en el Colegio de Ciencias y Humanidades, y estudios superiores en la carrera de Biología en la Universidad Autónoma Metropolitana. Realizó estudios de postgrado en el Centro de Investigación Científica y Estudios Superiores de Ensenada, obteniendo el grado de Maestro en Ciencias en Ecología Marina.

 

            En el área artística, ha escrito 8 novelas: Furia en Abril (publicada por la Universidad Autónoma Metropolitana), Accesorios, La vida simple (ganadora del Premio Estatal de novela, 2012, publicada por el ICBC), La vida por los ojos, Los perros, El viaje, 18 ojos miraron y Notas del fin del mundo.

 

Ha colaborado en diversas obras teatrales y ha sido publicado en diferentes revistas en el país.

 

 

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