BlogRead the Latest News

 
La Piraña - Elementos filtrados por fecha: Julio 2017

 

 

Miedo al vacío

(fragmento)

Víctor Manuel Pazarín

 

Ma dimmi: al tempo de’ dolci sospiri,

a che e come concedette Amore

che conoscete i dubbiosi disiri?

 

 

El Falso Chopin; la Falsa George Sand.

Aparecen al centro del escenario de la Ballena Blanca, iluminados por hachones. Quemadas por el fuego, las figuras arden. Es el ardor lo que surge, entonces, de entre las cenizas: al fondo aparece un negro piano, en donde, consumido por la enfermedad, Frédéric besa a George. Ella viste sus pantalones de montar, albeantes como una luna creciente, que los ilumina.

La silueta de un corcel se abre —detrás de una ventana de utilería— para después desaparecer.

Son diez años de vivir juntos. Frédéric ha puesto en sus trabajos, surgidos del amor hacia George, lo que los críticos, mucho tiempo después, han diferenciado: “Liszt seduce al espíritu; Chopin habla al corazón”. Agregan: las obras que ha compuesto, en el tiempo del amor hacia la intrépida dama, son las más altas. Dicen de Chopin y sus trabajos: “la emoción está en la base de su arte y la expresión sonora es su fin supremo...”; lo cual puede ser cierto si no fuera porque “el fin supremo” es George, a quien besa ahora, antes de volver a tocar sus Preludios. Es el año de 1847.

¿Todo es una figuración?

George ha vuelto a la finca hace apenas un instante. Desde la puerta escucha los acordes arpegiados de las Baladas. Ella torna del campo, a donde ha ido en busca de la soledad. Nada está bien: es el último día que estarán juntos. El rostro registra la demarcación de la tuberculosis: a su cuerpo ha llegado, igual, el tiempo de los adioses.

Por la tarde, en soledad resistiendo, Frédéric recordó sus mejores tiempos: apegado a la música desde los ocho años, toda Europa vio al niño prodigio: con agudeza y virtuosismo presentaba conciertos. Nació cerca de Varsovia, en 1810; pero ahora la muerte está cerca. El tiempo presente no es el mismo: en 1830, todo París fue sorprendido: los críticos han dispuesto en su leyenda: “reconocen en él algo más que un simple talento”; dicen: Chopin “ejecuta sus obras ante públicos restringidos...”, al igual que en este momento toca para George.

Es el tiempo de la enfermedad, y el tiempo último del amor. Es la noche final.

El beso dura una eternidad. Después George desaparece para, acto seguido, surgir de entre la oscuridad de una escalinata: baja hasta permanecer en el filo de la noche; su cuerpo desnudo es el ofrecimiento y es el adiós. Permanece entre las sombras: no hay rostro visible; está únicamente el cuerpo desnudo, como una ofrenda. Trae George el vientre desnudo, se alcanza a distinguir la rasgadura: abierta en canal la dama otorga su interior. Es una mujer rota, sin corazón, porque lo ha ofrecido a Frédéric como antes a Prosper y a Alfred. Más ahora es distinto. Es la noche: la entrega final está a punto de celebrarse.

De entre las sombras de la escalinata llama a Frédéric, quien está ante el piano. Los tísicos ojos se abren como una luz. Ella permanece inmóvil, mientras él tose antes de incorporarse e ir hacia la puerta. Entonces llega a la breve escalinata en penumbras para encontrar el cuerpo desnudo y rasgado de George. Se besan y en el beso está la enfermedad.

¿Es la enfermedad lo que ella desea para que la noche última sea una señal del amor? ¿Es la enfermedad una metáfora de la entrega? Esa noche el contagio y su peligro otorgan al amor la revelación: la vida surge del peligro, y la muerte es la nada, un camino sin rumbo exacto: sin dirección; en la vida está la dirección, mas la vida sin riesgos no existe.

¿Es el contagio lo que George espera para signarse de Chopin?

El juego está, entonces, por dar comienzo.

Es el negro corcel; la voz de George pidiendo más y la tos de Frédéric; en el escenario se perpetúa. Es tenue la luz: hace que las sombras crezcan, bajo el rigor de la oscuridad. Es una sala sola, dominada por los arpegios. Son las bocas: se besan y hacen de la enfermedad el alimento, el caldo sexual. Es la bruja y el santo; el corcel: mira con sus ojos brillantes y amarillos, iluminados apenas por la luz; surge atrás de la ventana. El escenario del amor son los cuerpos entrelazados: gimen. La tos. El semen: se prepara. La enfermedad.

¿Hay amor sin riesgos?

La negra tela de los destinos encontrados después de diez años de amor, en su última lucha: ¿para signarse con el contagio? Es el semen del corcel; la leche del tísico; el agua: corre hasta llenar el espacio de la Ballena Blanca, hasta encontrar, entre las mesas, el cuerpo de Jonás —levanta los ojos: los dirige a la escena. El corcel monta a George; Frédéric lame sus altos senos hasta encontrar la torre de los pezones. Los muerde, primero con dulzura, y después con ardor, hasta arrancarlos. Es la sangre: hierve ahora; en tanto George es penetrada por el negro corcel. La abre en canal, para, en seguida, volver a ser la Virgen: se entrega. Camina George a cuatro patas por el escenario: ofrece su negro orificio a quien, displicente, la mira; el que mira abre su mano y golpea las nalgas de la dama. Las acaricia y, entre las sombras, la golpea con ortigas.

George respinga de dolor, de placer —pide más.

La mano hurga en las nalgas, en la vagina, hasta adentrase en lo profundo. La fuente de agua; el chorro que mana; la intimidad de donde surge, pródigo, el ardor.

George, a cuatro patas, recorre el escenario. Se ofrece. Es tocada. Es el centro en donde se detiene. Sube al negro piano para que Frédéric le otorgue el beso negro, con fruición. Las delicadas manos, los largos dedos, entran a la rajadura hasta perderse. Entran. Salen. Entran. Se pierden en vaivén. Gime la perra:  pide luego más: entra entonces la mano al negro orificio.

Primero el dolor; luego la petición de ser desgarrada.

Amamanta George al negro corcel. El corcel es amamantado. Su enorme verga escurre. George la recorre con su lengua; su boca muerde la verga del corcel: casi en seguida, baña el rostro de la dama con su blanco semen...

Se ilumina, súbitamente, el rostro de la mujer.

A pausas se oscurece el escenario.

[Fin del primer acto.]

Es el delirio de 1849. Postrado en su cama de tuberculoso, Frédéric escupe por debajo de sí mismo. La nada es lo que pervive, mas en su memoria, las blancas piernas de la dama lo hacen renacer.

En el aire acaricia su rostro, pero el rostro no existe: es la misma figura bajando la escalinata, la noche de la despedida. Rasgado el vientre, Frédéric busca dentro, como deseando encontrar el corazón: ya todo es una fantasmagoría: sólo el delirio del moribundo existe: lejana, la dama cabalga ahora mismo por los campos de Nohant.

El cuerpo del moribundo es una isla solitaria, desierta de todo lenguaje: ya no hay acordes, no hay una brizna de luz. El cielo es un mar en donde, lentamente, Frédéric cae. Negras nubes como olas furiosas; ocultas estrellas son iguales a peces ciegos en medio del silencio. Hay un mar oscuro. El cuerpo se hunde: abre un curso aún no descubierto. Se ha perdido, entonces, hacia la nada; ha perdido su absoluta totalidad, su saber: la gracia divina: ya no hay lenguaje que se torne en espíritu. Ya no hay palabra.

¿Acaso el deseo en el que se sostiene —por un instante— sea la música?

Fue gracias a Liszt que —en 1847— supo de George y se enamoró de ella. Antes había conocido, en un viaje a Dresde, a María Wodzinska, y la pretendió en matrimonio; no se logró ese amor; en su destino estaba la recia figura de Sand, en su vuelta a París después de ir a Leipzig.

En el invierno van a las Baleares. La enfermedad ya estaba en Frédéric. Sabiduría del cuerpo: la enfermedad es una metáfora que nos descubre lo que somos: lo que dejamos de ser. La enfermedad es camino. Chopin, ahora, es Frédéric, pero la historia dirá de él: “Su obra pianística es la de un artista que sufre tanto en su ser como en su alma”; y más se dice: “...la íntima unión del artista con su instrumento predilecto: el piano...”

Durante el viaje a las Baleares —¿se ha dicho ya?— Frédéric Chopin eleva su inspiración: “...de su sensibilidad tan refinada, extrae igualmente de su amor por George Sand fuerzas creadoras que le inspiran sus obras más logradas...”: —¿sus más logradas obras?—: el recuerdo, lo que hay en  la mente de Frédéric —en este instante— está en el escenario.

Es el invierno. Es el frío y los cuerpos desnudos. Están allí ante los ojos de Jonás: es como si se mirara a sí mismo.

En 1838, Eugène Delacroix pinta a los amantes. Escucha George tocar a Frédéric el piano. Delicada, Sand cierra los ojos en actitud solemne. Chopin —en su rostro la enfermedad—, centrado y concentrado en el amor, se funde a la música compuesta para la amante. La historia de la pintura y de la música conocerá este cuadro en forma de retratos: es un misterio: todos creerán que nunca estuvieron juntos: “fueron cortados por alguna razón que se ignora”; Frédéric, entonces, “hacía furor en París”; pero ahora allí, en el escenario de la Ballena Blanca: la escena describe la pasión de las Baleares. Cuerpos desnudos ante el frío. Cuerpos alimentados por la fiebre del amor. Se penetran. Se rompen.

Signados por Delacroix en aquel año benigno del amor de los amantes, la separación, la ruptura, el corte de las telas: el mundo sabe del desamor. La pintura signa a los amantes, como alguna vez signará a Jonás y a Leda. Las semejanzas: la separación. Leda se hundió en Jonás y trajo a la vida un retrato —una pintura— en donde desnudo permanece a la espera del abrazo.

Los cuerpos ante el frío: separados. No ahora en el escenario.

El fuego los signa.

La enfermedad es camino: ¿el amor es fijeza?

Arrecifes, islas, archipiélagos. La mar vuelta fuego. El frío vuelto pasión. Los amantes se tumban. Hacen de la utilería del escenario las coordenadas, los puntos cardinales: la historia de las Baleares, que fueron ocupación de los cartaginenses, los romanos, los vándalos, los árabes, para luego pertenecer al reino de Aragón. Ahora el territorio es ocupado por la pasión de los amantes. Respiración, jadeos, vaivenes de los cuerpos que se penetran. Abren las rasgaduras, se abren para saber de la sangre, de los sabores lúbricos y del fuego de la mar. No es la música, es la pasión de los cuerpos lo que pervive en la mente del moribundo: son las manos quemándose, el licor que brota de la rajadura; es el miembro chorreante; es George Sand cabalgada por Frédéric. La flagela, la abre, la penetra con la mayor violencia que otorga la pasión. Son los labios mordiéndose hasta la sangre. Es el juego  en donde todo está permitido, incluso el dolor, la sangre —vertida en las aguas de la mar enfurecida. Es el espectáculo de la yegua montada por el negro corcel. Abierta en canal, George gime y se levanta hasta el ardor. Su vientre sangra; su espalda signada por el látigo; sus nalgas púrpuras ahora; la boca penetrada. ¿La sangre une sus breves hilos?: corre a través del escenario hasta perderse. Lame Jonás. Disfruta Jonás. Sufre al mirarse repetido: no es Frédéric y Sand: es Leda y Jonás los que ahora siguen la escena.

Es la hora del baile de la última noche. Es Leda surgiendo para suspenderse en medio del círculo y ascender a la danza, al movimiento.

Seduce a Jonás. Excita a Jonás.

Leda es la negra yegua de las pesadillas: surge del estertor del moribundo. Baja, desnuda y rasgada, de entre las sombras: está al filo de la escalinata. Es el centro sexual. Es el amor buscado, por una eternidad. Ahora bailan —al centro del círculo—: ¿Jonás acosa a Leda, o ella lo busca? Es la última noche. Están los estertores del amor. Es la última respiración del tuberculoso.

“Después de un viaje a Inglaterra y a Escocia, Chopin vuelve a París, donde, minado por la tisis, no tarda en morir...”.

Es la noche de 1849.

[Fin del segundo acto: Final.

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)

 

 

 

 

 

 

Testimonio

El ojo que todo lo ve

Sergio palma

                       Desde el triángulo de las Bermudas                       

  Año: 2003

 

 

 

Testimonio del Ojo que todo lo ve

 

Cursaba la Preparatoria allá por el año 2003. Cierto. Hace un buen  tiempo donde aún existía el audiocassette. En  esa época  tenía un programa radiofónico llamado Spanglish que se transmitía puntualmente los martes y jueves a las cinco de la tarde en XHNAL, Digital 89 que actualmente es concesión radiofónica del Gobierno del Estado de Chiapas. En cada transmisión compartía micrófono con Melvin y Yareth. Realmente éramos jóvenes inquietos que charlábamos sobre temas juveniles novedosos e interesantes; además, lanzábamos los demos musicales que estaban en estreno de cualquier grupo de pop emergentes y bandas de rock alternativo.

       Pero un día llegamos a la estación y no teníamos tema para abordar en el programa; nada para charlar. De inmediato se nos ocurrió hablar sobre el Ántrax que era un tema de moda en diversos medios de comunicación: tanto televisiva como vía  internet (en ese entonces me acuerdo que estaba el buscador Altavista). Y bueno, nosotros inexpertos nos guiábamos por lo que escuchábamos.  Sobre el Ántrax se rumoraba una cosa; otra cosa y raudo la histeria colectiva no se hizo expresar. Decían que mandaban por aviones paquetes y sobres con polvos letales que contenían agentes patógenos propios de una guerra química y biológica. El terrorismo a la alza, vaya. Por cierto recién había sucedido lo del 11 de septiembre, pues estaba “fresquecito” el asunto. Aún recuerdo que el gerente de la estación —que era un comunicólogo cuarentón tan inquieto con alma de joven; pero eso sí, con  un ojo crítico muy agudo y hostil—  respiró profundamente y quedó meditabundo por un par de minutos mientras en su oficina se imprimían los contenidos de  la  información en  hojas de fax.

        A las cinco abrimos cortinilla, y entramos al aire como de costumbre. Me acuerdo que abrimos con la rola  “The zhephyr song” de los Red Hot Chilli Peaper. Animosos y aireados con un poco de fama  nos presentamos; enviamos saludos y atendíamos las peticiones musicales como de costumbre.  A las cinco con quince nos destapamos como acá dicen en la costa; pues empezamos a comentar y a definir qué era el Ántrax a nuestra manera y según las fuentes consultadas. De pronto —ring, ring, rig —escucho el teléfono. De inmediato me tocó recibir la llamada puesto que me situaba al lado de aquel teléfono negro ya desgastado por el uso. ¡Para mi sorpresa! Una voz masculina media “agringada” me empezó a cuestionar que de dónde habíamos sacados la información sobre el Ántrax. El sujeto robotizado y de temple frio afirmó comunicarse desde el Triángulo de las Bermudas e insistía que dejáramos de estar de hablando sobre las guerras biológicas y químicas porque eran asuntos delicados y nos estaban monitoreando vía satélite (ahora entiendo “google maps”, pues ellos tenían una tecnología más sofisticada —me imagino—).


 

       Mis compañeros notaron en mí una palidez y un desbordante nerviosismo que de inmediato mandaron a corte musical. Pero ahí no termina todo, pues les cuento el misterio.

       Durante mi comunicación con aquella voz anónima les confieso que el sujeto tras la bocina empezó a describirnos desde los rasgos físicos hasta las prendas de vestir que llevábamos puesta. Me acuerdo que me dijeron: —A tu lado está un joven moreno con camisa de cuadros color roja; también una joven de orejas amplias; tú que portas una camisa azul y el operador que tiene audífonos puestos y se sitúa  a ustedes— recuerdo que no pude más y le colgué con cierto miedo. De inmediato les comenté a mis compañeros y de manera ingenua miraban hacia el techo y a la alfombra de la cabina en búsqueda de alguna cámara. Pero… ¿cuál cámara? sino había, solamente unos cuantos huecos de los clavos de concreto que se habían retirado.

     Al culminar el programa nadie quería salir de la estación; nadie, ni un pie fuera de las instalaciones que se ubicaba en el edificio Pineda: calle Francisco I. Madero y Avenida Juárez. Y bueno. No tardamos de comentarle al jefe y luego, luego nos exhortó a ser cuidadosos con la información y contenidos que manejábamos. Recuerdo que nos subió a su coche —un Jetta color verde— y nos fue a dejar a cada uno a nuestra casa.

   Desde ese momento entendí que el Imperio nos tienen vigilados a cada segundo, a cada minuto; el ojo luciferino y la era luciferina  va tras el control, manipulación y poder.

 

Quiebracanta

 

Sobre los matorrales dormidos

ha florecido la  quiebracanta

que en su corola blanda

guarda el rocío de la mañana

Porqué siendo tan bella

nace entre escobilla y cizaña;

entre dientes de león, pápalo y verdolaga

¡Oh Quiebracanta!

Quiebra que cantas

campana abierta del alba

que a cualquier mirada encantas:

Azul místico que callas.

Las flores de los pobres

con manos honestas son cortadas

y entre todas las que crecen en el monte

eres la más agraciada

Le pido a Dios que cuando me llame a cuentas

sea en octubre cuando tus botones estallan;

que en vez de carolinas y trinitarias

sean tus campanas que cubran mi lustrosa caja.





Santos óleos

 

 

Estoy tan enfermo que apenas despido el aliento

Mi Alma agoniza a ritmo lento

como agoniza el final de este verso

‹‹¡Ay de mí Astros longevos,

qué estaré pagando!››

―me pregunto en mis adentros―

Cuanto añoro marcharme al Valle de los Huesos

donde florece el lirio negro.

En mis ayeres creyéndome Dios

hice de mi soberbia coraza y yelmo

y de mi lengua una lanza afilada

que apuntaba a los Cielos.

Y es que el cartílago traicionero

en sapiensa de incauto

sala el Alma para años postreros.

Al fin. No tiene hueso y serpentea ofendiendo.

    En verdad cuanto me arrepiento.

¿Qué será de mí ahora que tengo

el embalse hasta el cuello y la muerte

lapida mi agonía por oscuros senderos?

Dios socórreme en esta travesía

que me estoy hundiendo

en un lago de fuego.

 

Arrepentimiento

 

 

Tanto que quise ser

Tanto que ambicioné

Tanto que desprecié

En fin…

Puedo decir tanto y tanto

de lo que me envenenó mi pasado

y seguir conjugando verbos dolorosos

que definieron mis motivos y actos

cuando jugaba a ser dios

y me proclama un divino santo.

¡Qué osadía la mía!

De pensar que nada somos en la Vida.

Nos inflamamos tanto de soberbia

que al caer derrotados en nuestro nicho de dolencias

nos tornamos más noble que una corola tierna

—¡Qué tarde lo entendí!—

Saeta clavada en mi alma gris

Ahora que no puedo probar bocado

que mi verbo se ha secado

y mis riquezas están en el bazar de la miseria

deseo un bálsamo sagrado que venga

de lo Alto o de un Monte Santo.

Dolor ya no te aguanto

Día a día estoy menguando y

mis ojos son dos cántaros llenos

que rebasan día y noche

en mi lecho almidonado

Oh mi Dios, ¿Hasta cuándo será levantado mi calvario?

 

 

 

Bendita miseria

 

 

¿Qué tengo?...

―Nada―

Ni la Vida comprada.

Como me ven me tratan:

perro callejero de las avenidas empolvadas.

Así me definen las almas pútridas de vanidad

que deambulan por los senderos de la Vida Sagrada.

Jamás expreso escozor. No es lo mío.

A menudo pudientes, opulentos  

y sarnosos de la burocracia

me humillan y escupen en mi cara

alegrándose de mí desgracia

Pero el Tiempo es buen amigo

y a la vuelta del destino

me encuentro a muchos de ellos lamiendo el piso

o durmiendo sobre bancos carcomidos.

En fin.

Así  son los giros inesperados de un andar calcinado.

En ocasiones me acerco a enseñarles

las tácticas de todo pordiosero

Desde buscar los desperdicios

en las ramplas de los basureros

hasta hacer un camastro modesto

con cartones a ras de suelo.

Y es que en los andenes de la miseria

he aprendido a ser noble porque se vive

de cualquier caridad.

Deambulando por  senderos grises

le he puesto color a lo poco que tengo

y que por permisión Divina me queda: Vida

Es un martirio vivir y morir al mismo tiempo

mientras el Mundo  se devana en alegría.

   

 

Náufrago

 

I

 

He aquí a la deriva

en este mar de aguas cristalinas

moribundo y con alucinaciones extintas

Olas de sueños me llevan al sol durmiente

donde no hay albatros o gaviotas que en cielo vuelen,

ni peces que a mis pies de muerte se acerquen

Ya van cinco soles y cuatro lunas menguando

más sigo envuelto en este telar argento

—¿Qué queda en mí?—

Un espíritu quebrantado

clamando socorro a llanto amargo

para que se abra la bóveda celeste

y devenga un milagro  

 

II

 

¿Alucinación o milagro?

Diviso a ras de agua

el venir de un Hombre

con rostro de relámpago

que en sus manos trae

constelaciones y astros

—¿Quién puede ser?—

No lo sé…

Solo me dijo:

«Tal como Yo puedes andar sobre el agua

A diferencia que mientras vos des un paso

Yo puedo saltar a otro océano. ¡Levantaos!

Cree y se salvó; salta al arrecife más cercano».

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Domingo, 30 Julio 2017 05:36

Un loco y Cálculo exacto / Ivan sidar /

 

 

 

 

 

 

Un loco y Cálculo exacto

Ivan sidar

 

 

Espirales húmedos,

callejones parecían sin salida.

Cráter de Venus el loco recorría por las noches

con orquídeas en sus manos

y cempasúchil en sus espaldas.

Deambulando errante solitario, soltando

carcajadas de muerto,

bajo las sombra de sus dientes.

El loco buscando la sombra y la plumas de quetzal

para su vuelo y dejar de interponerse

en lo profundo de tu corazón hambriento.

Loco! Loco! , estoy loco, loco de noche de solo,

loco de ti de, de no estar , de mi  de loco.

Sonrió y despierto sobre una vieja cama

de un olvidado manicomio donde solo hay heridos,

creo que estoy en el cuarto de urgencias

de un loco hospital, jajajajaa……..

 

 

 

Cálculo exacto

 

Una tentación extrasensorial

expulsando la esencia del deseo,

siento tu aliento en el tacto de mis labios,

tu respiración dilatada,

el vaho exhalado de tu alma,

me estremece  tenerte tan cerca.

Oigo tu piel hablar y me cuenta

secretos que tu no sabes,

me da las formulas de su estructura

y la cuántica exacta para la acaricia perfecta.

y transformo el segundo en un día,

el minuto en semana

y el instante se vuelca

en la eternidad de lo efímero.

Y todo brilla,  y todo estalla

fragmentando el tiempo en pastillas

para disolverlas en un vasito de agua

y beberla de mi boca a la tuya

y ser así, un siempre juntos.

Amor, amor, amor.





 

ABSTINENCIA

 

 

Y te portas tan callada, ausente y distante,

y tu castidad enloquece a mi lujuria,

y el deseo se suicida tras las puertas del desprecio

que sierras ignorando mi tacto,

tacto de flamas digitales, de mis dedos y saliva.

Y para que tu cuerpo

y para que mis labios sin recorrido,

el coito censurado, reprimido y enjaulado;

y yo,  fuego, sexo y tú ardiente pero

tan callada, ausente y distante.




 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Domingo, 30 Julio 2017 04:01

cuatro poetas / COLECTIVO COLECTIVO /

 

 

cuatro poetas

/ COLECTIVO COLECTIVO /

 

 

 

 

TARDE MARCIAL

J Alejandro Hernández


 

Dejar que los niños se acerquen a mí:

que su inocencia impregne mi alma,

que su dulce sudor me limpie el cuerpo.

Guardar mi podrida carne

en sus transparentes Tupperwere

mi pestilente polvo

bajo la tersa alfombra de jugar.

Quiero ir al cielo.

Dejarme ir en sus intestinos angelicales,

de contrabando

nadie se dará cuenta. Dios duerme a las ocho.

 

 

 Fuerzas y Cambios

 

 

Fuerzas

Sobre la dinámica permanente

la rebeldía alude a la sensibilidad

deseo

           carencia

                           curiosidad en combustión del tiempo.

Cambios

Estructura deformada en la apetencia

                            saciedad

identidad como solución

conocimiento nuevo proyecta la hecatombe

deformación en la colisión perpetua.

 

 

 

Los eternos segundos antes del minuto 90

 

 

Suicida que resbala por el aire

                                                      agitado

sin esperanza de seguir respirando como cuando dios…

la tierra giraba alrededor del sol.

Camina hacia su muerte en una guía mecánica

que sobre engranes asesina amores.

Para de recordarnos el finito con ese ruido continuo,

porque antes de comenzar algo marcas negativos hacia atrás.

no vale nada

                       pasado

        presente

                                     futuro

cabos concretándose.

Reloj ingrato, prefiero el silencio de los calendarios.

 

 

 

J Alejandro Hernández (Huamantla, Tlaxcala. 1988). Escritor, editor, y promotor cultural. Participo en los talleres de narrativa y poesía del FARO de Oriente en la Ciudad de México y en el Comité Estudiantil de Difusión Cultural del Instituto Politécnico Nacional. Desde 2010 radica en la ciudad de Cancún donde forma parte del Colectivo Colectivo y la editorial independiente Cartonera Hortera. Es estudiante de Diseño Gráfico Digital en el IPN y se desarrolla como promotor cultural.

 

 

 

 


 

 

RECUADROS

Jorge Yam

Se miran a cada foto

Resquicios de mi pasado.

Inmóviles,

empolvados de nostalgia

sólo sonríen

para ocultarse después en sus sombras.

Mi álbum guarda ahora

una carcajada mía

para divertirse.

Tomados de la mano,

mi carcajada y yo,

permaneceremos quietos

posando ante la nada.

 

 

LAS REDES

Lanzo mis redes a la noche espesa.

Lanzo también mis redes a los muertos.

Redes y más redes,

huesos y más huesos

alrededor de esta barca de sombra.

Pero a la distancia,

una hoja de ceiba cae sobre una estrella.

Titubean estas palabras.

 

 

Jorge Yam (Bacalar, 1980). Integrante del Taller Literario "Sian Ka'an" de Bacalar dirigido por el poeta Ramón Iván Suarez Caamal. Ha participado en diferentes talleres de creatividad poética. Ha publicado una plaqueta titulada "Las fauces de la luna", con la Editorial Nave de Papel. Ganó el Segundo Lugar de los Juegos Florales de Yucatán en poesía. Ha sido incluido en diferentes antologías poéticas como "En la Puerta del Cielo", "Álbum de Familia", "Voces del Agua", "Dispersión", "Navíos sin Derivas" y en “Los caminos de la lluvia: Muestra poética de Cancún". Poemas suyos han sido publicados en las revistas "Tropo a la uña", "Salvo el Crepúsculo" y en periódicos del estado. Recientemente publicó sus poemarios “Engranaje” y “Traspatio”.


 

 

 

 

 

SE SOLICITA ENTE INTERGALÁCTICO

David Guerrero

Requisitos:

 

Saber regenerar planetas.

 

Traer solicitud elaborada

de preferencia con doctorado en anticorrupción.

 

No importa su sexo

de ser así andrógino.

 

Capaz de limpiar océanos.

 

Necesario saber remover

millones de kilómetros de carpeta asfáltica

con objetivos claros para raza sin destino

y proyectista de una colonización sin bajas.

 

Religiosos abstenerse

perdieron oportunidad.

 

No se necesita traer nave

pero si gusta

tenemos espacio en los campos de Nazca.

 

Armas no necesarias

nuestra tecnología se aplaca

con sólo un matamoscas humanoide

pero si el niño hace berrinche

y se revela en Norteamérica

o en la China o en la Rusia…

traer dos o tres patadas rompe nalgas

para jefes supremos máximos

o lo que es lo mismo pa´ presidentes estúpidos

y gobernadores de mierda.

 

Por el sueldo no preocuparse

todo el oro del mundo

todo el oro del mundo

sigue en el mundo.

 

Venir cuanto antes.

 

 

NOTICIA EXPRES

Yo digo que las noticias enferman
por eso tenemos que llevarlas al médico.

Si las notamos amarillas hay que dejar de leerlas
y si son pretenciosas por achaques
ignorarlas.

Preferiría darte un vaso de agua
o invitarte un pan
antes de que leyeras una irrelevancia
en una nota de vida como lo intenta un poeta.

Si nos conociéramos invitaría una cerveza.

Y si eres mujer sí la cerveza
pero también un baile descomunal.

Yo soy más feliz sin notas rojas
y soy un monje tibetano
sin la sección de política.

Me gusta la noticia de que salió el sol
la de los gatos molestosos
la de se acabó la despensa
o la de mañana vence la luz.

No sé sí ahora me impacte un bala
o junto a un encabezado quede hecho tortilla
o sólo vaya a dar con los accidentados
o si deba de cumplir el mal augurio de un ciclista.

En fin
señor lector no se alarme
señora ama de casa no se asuste
sus manos todavía pueden moldear el mundo.

Y aunque el diagnóstico de la consulta
sea enfermo terminal
mire usted si sus ojos han podido mirar más allá
de lo que estas letras intentan
entonces por favor doble la página
y no sea malito o malita
regale una sonrisa a quien usted prefiera
que al final son las curvas
las mismas que nos llevan en una sola línea recta.


NOTA SUICIDA


Disculpa pero anoche no encontré soga que aguante
ni bala que me perfore.

Esta mañana decidí lanzarme al mar
vi la costa la arena toda esa agua y no me inunda
he tomado una foto hay gaviotas y palmeras
perdón he decidido no lanzarme.

Fui a la selva
a uno de esos cenotes
pensé hacer un ritual
vi la luz que caía desde el techo
como una estrellas deshilachada
cayendo a lo profundo de la caverna
eso me hizo pensar en la noche en la oscuridad
en mi tristeza.

Ahora estoy en casa
he vuelto a ella y sigue vacía
fría y vacía
y llueve
he decidido esperar un huracán.

Llovió ha vuelto la noche
es de mañana y nuevamente estoy con mis pensamientos
el vecino han salido al trabajo.

He abierto el refrigerador
y me he encontrado con un milagro
tengo despensa y
y una fría más muerta ha estado esperando
la he abierto
y ahora subrayo una palabra en la sección de empleos
quizás hoy no se acabe el mundo
quizás deba cambiar de sitio
planchar mi ropa
tener un perro
o cualquier cosa que me quite la tonta idea.

 

 

David Guerrero (Ciudad de México, 1982). Escritor radicado en Cancún, Quintana Roo. Integrante del grupo Colectivo Colectivo y de la Cartonera Hortera. Ha publicado el poemario La fe de los diositos (2012), Tributo (2015), Seis pasos para llegar al horizonte (2016) y participa en varias antologías del estado: Dispersión (2013), Voces de agua (2012), Los caminos de la lluvia (2014, Ediciones el Lirio), en el libro Festival Cuatro Conjuros (2015, Ediciones Librelula),  y en De Cancún a Ayotzinapa (2016, publicación independiente).

 

 

 

 

 

 

 

UNA PELÍCULA SOFT PORN

John Mcliberty Domínguez.

¿Qué jovencita luce mejor esos tacones

y el escote a punto de, como dedo en el gatillo?

Héctor Carreto

Ayer vi una película Soft Porn

En el Canal Once

Me enamoré de la protagonista

Era una Chica de cabello rizoso

Tan hermosa

Como un puñado de cien dólares

Extraviados en una calle de New york.

(Lo que le hacía ser sexy

Es que tenía una pinta budista)

La Chica se llamaba Violeta.

Bueno, en resumen la película trataba:

De que la vagina de Violeta simbolizaba

El mito de la Caverna de Platón.

Pero en la Caverna de Violeta pasaba todo lo contrario

Todos venían desde afuera y se introducían en ella

y después nadie quería de salir.

Los hombres sólitos se colocaban

Los grilletes.

 

 

COMO FORMA DE RESISTENCIA

 

Como forma de resistencia

Quieres correr a la velocidad de una piedra

Que es lanzada al azar con coraje

Quieres correr como si adentro de tu pelvis

Hubiera un tigre enloqueciendo

Quieres correr desdibujando las cartografías

Que hay en tu cerebro

Hey, muchacho, ¿de qué huyes?

¿Cuál es la conjura que tus huesos no quieren escuchar?

¿Hay un llanto que te persigue en silencio a cualquier lado que vayas?

Hey, muchacho, ¿de qué huyes?

Tu corazón está hecho un cenicero

En tu mirada hay brújulas agitándose

El velocímetro de tu sangre llegó al límite

En esta ciudad no hay salidas de emergencia

La ciudad es un reptil que constantemente cambia de piel

Aunque no lo creas la vida es ilegible

No vale la pena arrastrar tu cuerpo a contraflujo

Hey, muchacho, ¿de qué huyes?

 

 

DISLEXIA

 

Yo llegué a la poesía

Por vía de la dislexia.

Ya no soportaba la burlas

De mis compañeros.

Entonces el Profe me dijo:

Lee poemas en voz alta

Con eso te curas.

Pero fue inútil

Ahora, no solo sigo encriptando

Vocales

Sino todo lo que observo;

Lo que es inservible en esta vida,

Es arrojado con una brutal belleza

Y eso se lo debo a la poesía.

Hasta aquí. Ya no quiero escribir más

Porque padezco de dislexia

Porque tengo miedo que poco a poco

Me coma toda esta ensartada de letras

De este poema

Y lo eche a perder.

 

 

 

 

John Mcliberty Domínguez. Licenciado en Educación. Egresado de la Red de Educación Artística en línea de la secretaria de cultura y las artes de Yucatán (REDALICY). Fue becario en el Encuentro Regional de Literatura Los signos en Rotación del Festival Interfaz del ISSSTE 2014. Pertenece al grupo literario “Colectivo–Colectivo” de Cancún.

Algunos de sus poemas han sido publicados en las antologías “Voces de agua” De la Revista Gaceta del pensamiento y “Caminos de la lluvia” Ediciones Del Lirio. Así como en periódicos locales , Tropo de la uña, entre otras.

 

 

 

 

 

En el año 2012, un grupo de aspirantes a escritores se reunían en el parque de las Palapas, donde compartían sus textos, lecturas, opinaban entre ellos y sobre ellos, lo que pasaba con la poesía en Cancún y cuál era el rumbo a seguir en el ámbito literario, pero al terminar las sesiones, los textos se quedaban en los cuadernos, en los teléfonos, en la memoria; pero, ¿y después?, ¿es que esos textos no merecían ampliar su alcance? La respuesta respecto al mérito del los textos no lo sabían, pero estaban dispuestos hacer el intento de colocarlos en la mente de otras personas. Después los jóvenes aspirantes a escritores se enteraron de un festival de poesía en el pueblo mágico de Bacalar y emprendieron el viaje.

Pero dejaremos que David Guerrero de manera de anécdota nos cuente en su experiencia personal; de cómo se le metió la idea de ser escritor, qué sucedió durante el viaje y cómo llegó ser parte del grupo literario:

Les he contado a mis amigos que utilicé google para investigar: ¿Cómo ser un poeta? La nueva caja estupidizadora me sugirió que leyera. Así que comencé comprando un par de libros en uno de esos puestos de libros usados que se instalan por temporadas en el Parque de las Palapas. Esos libros fueron: El Quijote y un libro de cuentos de Agustín Cadena. Con el Quijote me detuve hasta la página ochocientos y algo. Aún no lo he terminado, lo confieso. Y sin embargo me siento orgulloso porque sé de «escritores» que no han llegado ni a la página quinientos.

Ahora, hablando sobre el viaje, la cosa fue que Alex, Yam, Jhon y yo nos fuimos a Oxigeno Bacalar en el año 2012. Como diría Jhonatan Curiel, poeta tijuanense que conocimos en ese festival: En en ese encuentro de escritores Bacalar se convirtió en un Bacanal.

Entonces el cuarteto de poetitas se animaron a leer versitos en el ultimo día cuando casi ya no había nadie. Durante esa travesía nos enteramos que Jorge Yam desde chamaquito

ya andaba tiranto sus versos a la laguna de Bacalar; seguía siendo militante activo del Taller Syann Caan y era como un hijo pródigo del poeta mayor del estado: Ramón Iván Suárez Camaal, y no conforme con eso también resultó que Jhon Mcliberty tiene familia escritores que vive en Bacalar.

Así que nuestro alabado maestro creador del Himno de Quintana Roo nos recibió en la Casa Internacional del Escritor, de la manera mejor para un cuarteto de palimpsestos. Yo había llegado como cuando un integrante nuevo entra por primera vez a una congregación o como cuando un alcohólico, después de la terrible enfermedad, sube por primera vez a la tribuna. O sea: a buen puerto.

Regresamos de nuestro viaje y nos dimos cuenta entonces que algunas de las voces de la literatura nacional no estaban tan alejadas de un Quintana Roo ansioso por ser escuchado. Y claro: algunas de esas voces nos parecieron de lo más disimiles y chocantes, abriendo para nosotros, al mismo tiempo, un panorama de posibilidades con respecto a un taller de creatividad en el que asistíamos y que, de antemano, nos las coartaba categóricamente.

Así fue más por nuestra necesidad de expresarnos libremente, que pensamos en formar un grupo, así como algunos de nuestros coetáneos ya lo estaban haciendo en el país.

Buscar el nombre no fue algo sencillo, ya que siempre vacas, toros o bueyes hemos jalado para puntos distintos, pero algo sabíamos: el centro siempre tenía que ser la poesía. Así que a nuestro grupo no le pusimos nada que terminara con arte, como suelen hacerlo muchos. Pero sabíamos que queríamos ser una comunidad incluyente y que la cosa tenía que abarcar distintos oficios. Por eso nos pareció genial llamarlo Colectivo Colectivo.

De esta forma surgió el grupo. En la fan page de Facebook se puede leer la siguiente información: “Colectivo Colectivo es un grupo de jóvenes creadores con sede en la ciudad de Cancún. Surge a base de la necesidad por encontrar, proponer, fomentar y crear espacios para la difusión de sus obras, tanto físicos como en el pensamiento y sentir colectivo tomando los espacios y quehaceres cotidianos de la ciudad con un sentido de colaboración e

inclusión abierto a recibir propuestas nuevas, experimentales y alternativas a las ya participantes en la escena local.”

En el año ya dicho el grupo lo conformaba: David Guerrero, Jhon Mcliberty, Jorge Yam, Alejandro Hernandez, Norma Zurita, entre otros que no tiene caso mencionar, ni justificar su salida. En la actualidad solo quedan los cuatros primeros ya mencionados.

Después de sus intervenciones en lecturas, intercambios de textos, fomentar la lectura, fiestas, festivales de poesía y demás reuniones fue que en el 22 de diciembre del 2012 con el pretexto del fin del mundo según los Maya, pudieron realizar su primera lectura de manera publica y formal, titulada “lecturas para el fin del Mundo”dándose a conocer como un grupo consolidado.

Fue que hasta el año 2014 el grupo literario con el apoyo de otros colectivos y asociaciones se pudo concretar su primer y ultimo festival de arte que duró tres días en la ciudad de Cancún, cuyo objetivo fue integrar varias disciplinas artísticas. Al parecer fue un éxito, sin embargo en ese festival surgió la maldición de los egos y algunas peleas entre los integrantes del colectivo por perspectivas diferentes, que en ese momento eran aproximadamente 7 integrantes. Pero como se dijo al principió no se va hablar de eso.

Después del festival hubo un silencio de casi un año. El grupo sufrió una ruptura en su secuencia natural. Los integrantes y ex integrantes empezaron a realizar trabajos de manera independiente, incluso empezaron a formar otros grupos literarios. Ahora que se analiza desde otro panorama los integrantes actuales piensan que fue necesario la ruptura, fue un letargo de maduración, de alcanzar objetivos personales y de saber con quienes verdaderamente se cuenta.

En el año 2016 el grupo retoma su vuelo ya permanente con visión más clara. Empieza una secuencia intensa de lecturas colectivas, cuyo objetivo es reconocer las obras de escritores peninsulares que han ganado premios sin quitar méritos de las obras de los que les vale madre los premios porque sus obran salen a flote con madurez en su quehacer literario.

Hasta a la fecha llevan 5 lecturas colectivas y en cada lectura como mínimo los participantes son como 6 escritores.

En fin, hoy el grupo sigue siendo el mismo pequeño grupo, y han tenido grandes logros. Y cuando digo grandes logros me refiero a que hemos afianzado una amistad que terriblemente está dictada por nuestro pretexto de unión siempre poético. No hemos alcanzado nuestros objetivos, es verdad, pero seguimos, escribiendo y leyendo, Yam ahora a 5 años, fue él quien organizó el encuentro de escritores en Bacalar, y se puede decir que es uno de los encuentros más importantes del norte del estado, además de sus recientes libros impresos Engranaje y Traspatio.

Jhon Mcliberty a ganado alguna beca literaria y ha publicado sus poemas en revistas y antologías de renombre tanto impresas como virtuales, además espera que salga pronto sus dos libros inéditos de poesía. David guerrero puede morir sabiendo que sus amigos lo reconocen como alguien que propone algo nuevo en el lenguaje poético de Cancún y además que es un performancista nato que en cualquier momento puede salvar la noche con alguna de sus improvisaciones irreverentes o con algún poema sacado de la manga, además de ser fundador de la editorial independiente Cartonera Hortera y de tener ya sus primeras publicaciones en dicha editoral. Y por ultimo está Alejandro Hernández que es estudiante de Diseño Gráfico Digital en el IPN y se desarrolla como promotor cultural, y es cofundador la editorial independiente Cartonera Hortera, que en su primera era publicó a las voces que surgían y que aun siguen, además que ya se está cociendo la segunda era de la editorial con una nueva imagen menos rustica.

Durante el viaje de Colectivo han conocido a muchas personas geniales y otras no tan geniales, que nos han compartido su música, sus poemas, sus pinturas, sus libros o sus lecturas y están agradecidos con todos ellos. Así que Colectivo Colectivo sigue pensando hacer lo que hasta ahora le gusta, calentar el ambiente literario de Cancún y del estado. Ojalá que las personas que lean esto se les aproximen a proponer e intervenir y no echar a perder sus intentos. Ambos creen que la poesía es un viaje sin fin.

Atentamente:

Colectivo Colectivo

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

 

 

Discurso neobarroco en Muerte sin fin

Julio César Aguilar

 

[A]sí como Venus nace de la espuma, la poesía nace de la voz.”

José Gorostiza

 

¿[C]uál es el gusto predominante de este tiempo nuestro, tan aparentemente

confuso, fragmentado, indescifrable? Yo creo haberlo encontrado

y propongo para él también un nombre: neobarroco.”

Omar Calabrese

 

Está la flor de la muerte

brillando sobre la tierra,

y con su esencia perfuma

el aire todos los aires:

los rincones de la vida

donde se deshoja eterna.”

Julio César Aguilar

 

Obra poética fundamental surgida en el México del siglo XX, bajo la autoría del escritor tabasqueño José Gorostiza (1901-1973), ha sido y continúa siendo aún Muerte sin fin, de la cual existen numerosos estudios críticos que se han venido sumando desde el momento de su publicación en 1939 hasta nuestras fechas, y de la que proponemos una relectura de la misma partiendo de los conceptos y teorías del neobarroco. La mayoría de las investigaciones a las que pudimos tener acceso —y que no son pocas— se centran en desentrañar el significado del texto, y en la que observan asimismo su parentesco con la obra de otros autores como Góngora, Sor Juana y Valéry, principalmente. Sin embargo, ninguno de los estudiosos hasta el momento actual ha relacionado el texto de Gorostiza con el término “neobarroco”, motivo por el cual nos hemos dado a la tarea de escudriñar la obra mediante una lectura cuidadosa, para aseverar que entre sus versos se encuentran presentes elementos de la estética neobarroca. En otras palabras, podemos expresar que Muerte sin fin es un poema neobarroco tanto en su estructura como en su temática, por lo que tendremos que explicar en su momento las características principales del Neobarroco, pero comentemos primero algunos aspectos en términos generales sobre ese poema que ha dado tanto de qué hablar, no obstante “la modestia y el retraimiento ejemplares del autor, que no se desviv[ía] por publicidades necias… [y] la dificultad misma del poema que demanda una preparación muy singular del lector” (Godoy 11). Caso el de Gorostiza que recuerda y pudiera compararse, en ese sentido, al del otro mexicano —aunque narrador— Juan Rulfo. Igual que este último, Gorostiza sólo publicó dos obras de creación importantes: el poema al que hacemos referencia en la presente investigación, Muerte sin fin, y catorce años antes, en 1925, Canciones para cantar en las barcas, conjunto de poemas en su mayoría breves.

Precedido por tres epígrafes bíblicos tomados del libro de los Proverbios, el poema al que se alude consta de diecinueve segmentos de versos libres y blancos en su mayoría, aunque con predominio del endecasílabo y heptasílabo. Ramón Xirau opina que “[t]anto si nos atenemos a la estructura exterior de Muerte sin fin como si penetramos en su organización formal, la impresión que sacamos de la lectura es de que se trata de un poema-río, un poema que crece y progresa con el tiempo” (56). Efectivamente es un texto de largo aliento cuya suma de cantos conforma un pequeño libro de profundas significaciones filosóficas, “poema de la luz que arroja conocimientos sobre nuestro desamparo cósmico; sobre el escaso pero refulgente vivir” (Fernández 18), pues el tema central de dicho poema es, en última instancia, el del eterno proceso de la muerte que late constante en el espacio interminable del tiempo. Según Evodio Escalante “[e]l poema de Gorostiza quiere devorar el infinito —derrotar a la muerte. Es a la vez exaltación lírica de la luz y gemido agobiado de la criatura, monólogo de la inteligencia y epopeya de la imaginación, escenificación de la condición ‘caída’ del hombre y supremo intento de reconciliarlo con la esfera suprasensible” (15).

Los primeros versos de la parte inicial del poema nos remiten a un hablante lírico, en primera persona, que expone un conflicto de índole existencial en manos de un ente externo, y que dará pie a una serie de eventos en los que la imagen del agua y el vaso serán recurrentes, a manera de leitmotiv:

 

Lleno de mí, sitiado en mi epidermis

por un dios inasible que me ahoga,

mentido acaso

por su radiante atmósfera de luces

que oculta mi conciencia derramada,

[…]

No obstante —oh paradoja— constreñida

por el rigor del vaso que la aclara,

el agua toma forma (107).

 

Como puede observarse en los versos anteriores, Gorostiza parte de un Yo que pretende englobar a la humanidad, de un Yo impreciso y en cierto modo ficticio, ya que

nada personal —de él, del hombre llamado José Gorostiza— se deja ver en el poema; nada como no sea, claro, el participar en la desolación del ser. Al igual que Góngora, el individuo se evade para dejar en estado de pureza dramática al verso, puesto en libertad de confrontarse a sí mismo con el universo del cual es imagen soñada” (Fernández 18-19).

En la opinión, deslumbrante casi siempre, de Octavio Paz, Gorostiza pertenece a la clase de poetas que saben contenerse —pues recuérdese su escasa producción literaria— y que sólo escriben cuando sienten que la idea del texto está lista o ha madurado lo suficiente como para vertirse en su escritura (85). Más adelante, el mismo Paz ofrece su interpretación del poema: “En las primeras estrofas del poema el poeta ‘se descubre en el agua’, esto es, en la substancia derramada, informe por naturaleza y que no es sino tiempo: mero transcurrir. Pero ese ser disperso —agua, tiempo— madura en una forma: la del vaso, la de la conciencia. La coincidencia entre forma y substancia se da como una maduración del tiempo” (87).

Pero volviendo al planteamiento inicial de este ensayo, en el que propugnamos por la lectura neobarroca de Muerte sin fin, resulta pertinente entonces hablar ahora de los principales atributos de esa estética o por lo menos definir a grandes rasgos sus cualidades intrínsecas. De acuerdo a Omar Calabrese, estudioso del tema en su libro La era neobarroca, “[e]n qué consiste el ‘neobarroco’, se dice rápidamente. Consiste en la búsqueda de formas —y en su valorización— en la que asistimos a la pérdida de la integridad, de la globalidad, de la sistematización ordenada a cambio de la inestabilidad, de la polidimensionalidad, de la mudabilidad” (12).

Búsqueda la que menciona Calabrese que bien pudiera insertarse dentro de los componentes del fenómeno postmoderno en términos de su historicidad. En el terreno literario, por otra parte, neobaroque is a term that has been largely credited to Severo Sarduy, and it refers to a style marked by its complexity, its lack of external referentiality, or its focus on the textual surface and on the metalinguistic aspects” (Kuhnheim 116). A Muerte sin fin, como se expuso ya anteriormente, se le ha comparado por su estructura y complejidad barrocas a las Soledades, en la medida en que “[e]n Gorostiza hay ecos de Góngora y del romance español” (Rubín 180). Sin embargo, dadas las diferencias obvias de épocas entre uno y otro autor, ¿no sería mejor, y a la vez más acertado, estudiar o al menos referirse al texto del mexicano como un poema neobarroco? Pero no es solamente el lapso de tiempo lo que distingue a ambas estéticas, sino que, además de eso, explica Roberto Echavarren en el último párrafo del prólogo a Medusario:

La poesía barroca y la neobarroca no comparten necesariamente los mismos procedimientos, aunque ciertos rasgos pueden ser considerados, por sus efectos, equivalentes. Lo que comparten es una tendencia al concepto singular, no general, la admisión de la duda y de una necesidad de ir más allá de las adecuaciones preconcebidas entre el lenguaje del poema y las expectativas supuestas del lector, el despliegue de las experiencias más allá de cualquier límite (17).

 

Bajo esta premisa nos acercamos nuevamente al texto de Gorostiza, en cuyos versos transita la inteligencia, desde la sensibilidad poética de su autor, por los recovecos de los vocablos e imágenes que insisten en el juego de la abstracción:

¡Oh inteligencia, soledad en llamas,

que todo lo concibe sin crearlo!

Finge el calor del lodo,

su emoción de substancia adolorida,

el iracundo amor que lo embellece (119).

 

Partiendo de un análisis estructural del texto, el lector se enfrenta ante una obra metafóricamente arquitectónica que remite a las fortalezas de las catedrales europeas del Siglo de Oro español, en cuyos relieves la saturación de formas se expande en busca de múltiples significados. Jill S. Kuhnheim sostiene que en el aspecto literario

[the] complicated neobaroque style of writing is frequently so elaborate or condensed that it exemplifies the poetic use of other structural elements (such as space, line break, or sonority) to create an alternative “language” that brings the issue of representation to the forefront. This is one of the links between the baroque and the postmodern: both styles constantly remind us that we cannot have unmediated access to reality (11).

 

Varios autores, estudiosos de la materia, utilizan a veces indiscriminadamente casi como sinónimos los términos barroco y neobarroco. Sin embargo, creemos que resulta más apropiado considerar una obra moderna con elementos barrocos como neobarroca, ya que de esa manera contribuiremos a despejar las confusiones que la terminología pueda generar.

El ensayista y catedrático de la Universidad Pedagógica Nacional de México, Samuel Arriarán, se dedica a explorar en la segunda parte de su libro Barroco y neobarroco en América Latina, la obra de algunos escritores latinoamericanos que considera neobarrocos. Allí menciona, entre otros, a García Márquez, Carlos Fuentes, Borges, y al poeta Xavier Villaurrutia, quien fuera también miembro del grupo Contemporáneos al que pertenecía de igual manera José Gorostiza. Resulta curioso observar que Arriarán repare en los elementos neobarrocos de algunas obras de esos autores, y no obstante la cercanía generacional y geográfica en el caso de Villaurrutia, omita la poesía de Gorostiza. ¿Será que cada investigador busca y encuentra, al final de su labor, lo que en última instancia quiere ver? Sin lugar a dudas, por otra parte, Arriarán tiene razón cuando expresa que frente a la realidad innegable de la globalización “el concepto de neobarroco es más pertinente y eficaz en la situación posmoderna en que vivimos” (22), en el caso particular de Latinoamérica, pues es en esta parte del continente donde surge por primera vez la nueva tendencia de la poesía neobarroca, dadas las condiciones socioeconómicas imperantes de las naciones que lo conforman. Ante esa realidad histórica, tal vez los escritores neobarrocos “write against the mass-market models of consumption and advocate a slower, more attentive and measured reading that highlights the particularity of poetry and extends the limits of language” (Kuhnheim 11).

Algunos de los rasgos distintivos que identifica Kuhnheim en la obra neobarroca de los escritores hispanoamericanos es la apariencia “decorative, fascinated with excess, and filled with figures such as anamorphosis, and they evidence a desire to exploit multiple possibilities in every word” (117).

De acuerdo a Calabrese, el neobarroco se caracteriza por ciertos principios que él mismo menciona desde el punto de vista filosófico en grupos binarios, tales como el ritmo y la repetición, el límite y el exceso, el detalle y el fragmento, la inestabilidad y la metamorfosis, el desorden y el caos, el nodo y el laberinto, la complejidad y la disipación, la distorsión y la perversión, y lo infinito y lo indefinido o lo que Calabrese también denomina el poco más o menos y el no sé qué (92-100). Echavarren, por su parte, considera que

[l]a poesía neobarroca es una reacción tanto contra la vanguardia como contra el coloquialismo más o menos comprometido. a) Comparte con la vanguardia una tendencia a la experimentación con el lenguaje, pero evita el didactismo ocasional de ésta… la poesía neobarroca promueve la conexión gramatical a través de una sintaxis a veces complicada. b) Aunque pueda resultar en ocasiones directa y anecdótica, la poesía neobarroca rechaza la noción, defendida expresa o implícitamente por los coloquialistas, de que hay una “vía media” de la comunicación poética (13-14).

 

Lenguaje concentrado en sí mismo y a la vez multiplicándose entre las figuras retóricas es el de Muerte sin fin, poema en cuyo discurrir y a decir de Mordecai Rubín, quien compara y contrasta la obra de Gorostiza y Góngora,

la acumulación de epítetos y de imágenes; la complicación de la metáfora por la intervención de un recuerdo personal; la antítesis y la predilección por el endecasílabo musical, todo es característico de ambos poetas. Pero si Gorostiza ha querido alcanzar o recrear la intensa atmósfera culta y pura de Góngora, ha buscado métodos más aceptables al oído y al genio españoles. Su léxico es enorme, pero no inventa mucho, por contraste con los cultismos etimológicos y sintácticos de Góngora (200).

 

Gorostiza parece encontrar cierta fascinación por la palabra de acentuación esdrújula, que le imprime evidentemente un ritmo al verso por su sonoridad, como si se tratara de una sinfonía verbal. Entre dichos vocablos, pueden mencionarse, entre muchos otros, los siguientes: atmósfera, atónita, ángeles, agónica, cánticos, cúmulo, pájaros, cándidas, monólogos, tímidas, altísimo, mínimo, cóncavo, espíritu, catástrofe. La cadencia presente en las estrofas del texto, nos remite a la predilección de Gorostiza por la música, y a la vez confirma y refuerza sus propias ideas que escribió en las “Notas sobre poesía”, al mencionar que

[s]i la poesía no fuese un arte sui generis y hubiese necesidad de establecer su parentesco respecto de otras disciplinas, yo me atrevería a decir aún (en estos tiempos) que la poesía es música y, de un modo más preciso, canto… La historia muestra a la poesía hermanada en su cuna al arte del cantor; y más tarde, cuando ya puede andar por su propio pie, sin el sostén directo de la música, esto se debe a que el poeta, a fuerza de trabajar el idioma, lo ha adaptado ya a la condición musical de la poesía, sometiéndolo a medida, acentuación, periodicidad, correspondencias (13- 14).

 

Visto, o mejor dicho juzgado —y con mucha razón, desde luego— por la crítica y

sus lectores como un texto filosófico, metafísico, hermético, místico, ambiguo, intelectual, irónico, nihilista, esotérico, cabalístico, mítico, enigmático, la supuesta dificultad del poema de Gorostiza, según Paz, se sustenta en su claridad. Para el Premio Nóbel, paradójicamente, esa circunstancia obstaculiza el entendimiento cabal del poema, aunque por otro lado sin esa dificultad el texto no existiría (85-86).

En entrevista realizada allá en la década de los sesentas con Gorostiza, el crítico literario Emmanuel Carballo le cuestiona sobre el significado de ése su poema-libro. “¿Qué es y qué quiere decir Muerte sin fin?” (256), interroga Carballo; a lo que el poeta acierta a responder:

No sé ni qué es ni qué quiere decir Muerte sin fin, lo ignoro. Las especulaciones de estudiosos que han querido desentrañar este punto (haciendo favor inmerecido a la obra) cuentan en mí con su primer lector estupefacto. A mí sencillamente se me ocurrió (y no era ninguna novedad) que la vida y la muerte constituyen un solo proceso unitario y que cada una de ellas, muerte y vida, podía ser admirada en toda la esplendidez de su desarrollo desde la orilla opuesta (256).

 

Hemos dicho desde el principio que al poema de Gorostiza se le ha equiparado con las Soledades de Góngora. Veamos un fragmento de la Soledad primera:

Era del año la estación florida

en que el mentido robador de Europa

(media luna las armas de su frente,

y el Sol todos los rayos de su pelo),

luciente honor del cielo,

en campos de zafiro pace estrellas,

cuando el que ministrar podía la copa

a Júpiter mejor que el garzón de Ida,

náufrago y desdeñado, sobre ausente,

lagrimosas de amor dulces querellas

da al mar, que condolido,

fue a las ondas, fue al viento

el mísero gemido,

segundo de Arïón dulce instrumento.

 

En la opinión de Raúl Romero, “[n]o es la exuberancia lo que necesariamente caracteriza al barroco, sino la extremosidad, la ansiedad de la abundancia y de la dificultad”. En ese sentido, los versos de Góngora son un claro ejemplo. Por su parte, Ramón Xirau encuentra en Muerte sin fin los atributos que logran su perdurabilidad a través del tiempo, los gustos, los estilos y las costumbres, y en ese aspecto lo compara con las obras de Góngora y de Sor Juana (55). Hay innegablemente, en la obra de Gorostiza, cierta influencia del poeta culteranista español. En uno de sus cantos, el autor de los Contemporáneos expresa:

 

En la red de cristal que la estrangula,

el agua toma forma,

la bebe, sí, en el módulo del vaso,

para que este también se transfigure

con el temblor del agua estrangulada

que sigue allí, sin voz, marcando el pulso

glacial de la corriente.

Pero el vaso

—a su vez—

cede a la informe condición del agua

a fin de que —a su vez— la forma misma,

la forma en sí, que está en el duro vaso

sosteniendo el rencor de su dureza

y está en el agua de aguijada espuma

como presagio cierto de reposo,

se pueda sustraer al vaso de agua (132).

 

De entre algunas de las similitudes que comparten ambos textos —el de Gorostiza y el de Góngora— pudieran mencionarse el uso de frases o períodos largos, la interposición de aposiciones que rompen la continuidad del discurso, el hipérbaton, la repetición de ideas o versos, la proliferación de léxico y la anfibología, es decir la figura que consiste en emplear cláusulas de doble sentido (Rubín 201). Además, como apunta Romero, “la escritura enigmática constituye otro de los procedimientos claves de la poética barroca. El enigma como esencia del texto”, y que en la obra de los dos poetas es de sobra evidente.

Muerte sin fin, libro publicado en 1939 como ya dijimos, ¿tendrá algún parentesco, alguna posible relación con Muerte de Narciso del también poeta neobarroco Lezama Lima, y cuya publicación ocurrió dos años antes que la del mexicano? Interesante resultaría investigar, indagar correspondencias entre ambas obras, pero éste ya es tema para otro estudio. Definitivamente el poema de Gorostiza pertenece a aquellos textos a los que se vuelve siempre, los que exigen la relectura y merecen una reinterpretación. Discurso proliferativo, que se expande ilimitado tras cada verso, es el de Muerte sin fin. Es decir, confesémoslo: discurso neobarroco.

 

 

Obras citadas

 

Aguilar, Julio César. Brevesencias. Guadalajara: Gobierno del Estado de Jalisco, 1996.

Arriarán, Samuel. Barroco y neobarroco. Estudios sobre la otra modernidad. México:

Ítaca, 2007.

Calabrese, Omar. La era neobarroca. Trad. Anna Giordano. 2ª. Ed. Madrid: Cátedra, 1994.

---. “Neobarroco.” 2 Barroco y neobarroco. Ed. Christine Buci-Glucksmann y Francisco

Jarauta. Madrid: CBA, 1992.

Carballo, Emmanuel. Protagonistas de la literatura mexicana. 1965. México: Ediciones del Ermitaño, 1989.

Echavarren, Roberto. Prólogo. Medusario. Muestra de poesía latinoamericana. Ed. de

Roberto Echavarren, José Kozer y Jacobo Sefamí. México: FCE, 1996.

Escalante, Evodio. José Gorostiza. Entre la redención y la catástrofe. México: Juan Pablos, 2001.

Fernández, Sergio. Homenajes a Sor Juana, a López Velarde, a José Gorostiza. México:

SEP, 1972.

Godoy, Emma. Sombras de magia. Poesía y plástica. México: FCE, 1968.

Góngora y Argote, Luis de. Soledades. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. 20 abril

2009 <http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/p48/014705187001

25095209079/ p0000001.htm#I_2_>.

Gorostiza, José. Poesía. México: FCE, 1992.

Kuhnheim, Jill S. Spanish American Poetry at the End of the Twentieth Century. Austin:

University of Texas Press, 2004.

Paz, Octavio. Las peras del olmo. 1957. Barcelona: Seix Barral, 1971.

Romero, Raúl. “Barroco y Neobarroco. Naturaleza, apoteosis, dificultad, oscuridad.”

Babab. Nov. 2003 <http://www.babab.com/no22/neobarroco.php>.

Rubín, Mordecai S. Una poética moderna. México: UNAM, 1966.

Xirau, Ramón. Poesía iberoamericana contemporánea. México: CONACULTA, 1995.

 

 

Publicado en Estancia del escriba
Sábado, 29 Julio 2017 06:35

LA MADERA HABLA / Víctor Hugo Díaz /

 

LA MADERA HABLA

Víctor Hugo Díaz

 

“Una playa sin mar, un invierno”

Grafiti anónimo en Caleta de Horcón

 

 

 

La madera ya no cruje, sólo recuerda

                                  “para ella todo es presente”

 

Él, olvidó su nombre y donde vivía

era caminar, caminar… doblar algunas esquinas

 

-es que las calles cambiaron de nombre

con el nuevo Gobierno.

 

Desde aquí despegan aves marinas

que vuelan sin ninguna razón continente adentro

 

No se alimentan de peces

son bandadas de aviones de guerra

buscando presas, ojalá dormidas

 

esas que no quieren ser penetradas por extraños

así como el mar y los navíos que se detestan

o los monumentos de mentira

                                que para nadie son necesarios.

 

Las ciudades y los puertos

se pueden disfrutar desde lejos

pero no de sus ruidos nocturnos

                                                de la música

                                                               y sus luces

 

sino cuando los brillos se apagan

cuando cambia la fecha y comienza otro día.

 

Es así, tan definitivo

                       tan violento y suave

como un puñetazo en la pared.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Sábado, 29 Julio 2017 06:13

Finding Victor / Saúl Hernández /

 

 

Finding Victor

Saúl Hernández

 

 

 

 

 

 

            We sit across from each other at Barnes and Nobles at the Fountains Shopping Mall. I catch him day dreaming as he stares out the window. He picks up his Passion Iced Tea, takes a sip, and continues to watch out the window. I look out the window to see what he is staring at, its dusk time outside, people move across the sidewalk towards their vehicles as cars pause for them to walk across, he looks back at me, smiles,  “What’s the question again?”

            I ask him, “How involved are you with this character, is she a character, or is she even real?”

            “She’s definitely a character. I’m Victor Fernandez right now up until the minute I put on the last lash then I am MARIA KAHLO. When I take off my shit then I’m Victor again. Because drag, while it is fun and empowering it is also unhealthy. It’s important to differentiate yourself from being a drag queen.”

            I remember the first time I saw her, a year ago, I was quite petrified to be honest. I was among the audience waiting for the next drag performer to take the stage. It was at Alive Club, back when it was still open, the MC introduced her as MARIA KAHLO. Her name stayed with me, as well as her performance, because it held so much power like a punch. I wondered why she decided to go with that name.

            She came out of the dressing room and walked towards the stage with a cape on, her head was the only visible part of her body at this point. But even just her head held this kind of beauty, the kind of beauty that no one can replicate. Every eyelash perfectly placed, the crimson lipstick wisely chosen to make the rest of the make up pop out, and her hair up revealing the fine structure of her cheek bones.

            Once she graced the stage with her presence “Did On Em” by Nicki Minaj came on, her cape came off about thirty seconds into the song, which revealed her curvaceous body. With every move of her hips the crowd cheered and handed her dollar bills. Not once did her facial expression change from her concentration until the end. At the end she smiled, but not an ordinary smile either, it was a smile of being pleased, of achieving something.

                        After that first performance I did see two more of her performances and I would bump into her when I went out for a drink or two at the Gay Bars in El Paso. I’ve always been curious to find out more about her and how she came to be. I contact her via Facebook and ask her if she can meet me for an interview. She agrees. I tell her we can meet at a bar downtown (The tap or International), Starbucks, or Barnes and Nobles; she chooses Barnes and Nobles. We set the date for 6:30PM on Wednesday October 26, 2016.

            Three hours before our meet up I picture how they will come dressed, will I be expecting him or her? I picture how people will perceive us at Barnes and Nobles, if they come dressed as her, will they look at us funny, laugh at us, avoid us, or look at us in disgust? I wait in the parking lot of The Fountains, decide to make my way to the cafe inside Barnes and Nobles and wait for her arrival. 

            Back at the cafe inside Barnes and Nobles I underline the word unhealthy and continue to ask him, “Unhealthy? What do mean by unhealthy?”

            “I mean, the next day when I’m done doing drag I feel exhausted.  You exert yourself, you constrict your body with corsets and layers of padding and tights, your standing on heels, you can’t pee because you’re tucked tight, you have bruises, and even part of you hair gets yanked out because you glue stuff to your head,” he laughs and raises both of his hands up as a theatrical gestures.

            I laugh too.

            “That’s just the physical part of it and let me tell you it’s so easy to get a hold of drugs and consume alcohol too. That’s something I still struggle with because you become friends with club management, staff, and drug dealers. People want to buy you drinks or drugs, I mean come on I even have a relationship with the Burrito Lady. I’ve seen people get drunk off their ego because they get what they want when they are in drag. I’ve been through it. I felt entitled because I was a popular drag queen in Austin. It can also ruin friendships and relationships when you’re in character. That’s why it’s unhealthy.”

            He finishes his sentence and looks out the window again as if reflecting on his younger years. He says, “You know as child I was scared of drag queens. My uncle is gay and when I was little I went over to a party and there was a drag queen. She looked at me and told me I was a cutie pie. I screamed and ran to my mom crying. I was traumatized.”

            “What made you want to do drag then?” I ask.

            “While I was studying Art History at St. Edwards University in Austin, TX I was lost in terms of who I wanted to be. But in the back of my mind there was always this character, a girl, that wanted to like emerge. So JADE to me, I created her as a character who sold her soul to the devil for eternal beauty. In return of course she lost her humanity, so she’s trying to figure out how to become human again. You know, like socialize with people. Through her performances she always tells a story of being lost and finding well… her humanity.”

            “That’s interesting that you have developed this persona with precise detail, ” I say.

            He responds by saying, “I’m a storyteller after all. The fact is that people in the gay community are savages, you know that, if something isn’t right or well correlated they will critique and talk shit about you. Like… No…”

            “What?”

            “I have to remind myself that I’m not going to talk shit about other people because their work speaks for itself. But like I was saying its tough out here for a gay person. Even within the gay community you have those people who stereotype you.”

            “What do you mean?”

            “Like when it comes to being feminine. Guys want a guy and the minute they see you not be masculine they don’t want anything to do with you. Being MARIA KAHLO has helped me accept my femininity and be confident. People even ask me sometimes if I would ever transition and my answer is no. I don’t want to live as a women because I know my truth.”

            He looks at me waiting for a reaction from me as a sort of approval to confirm that he is right. I try to relate and say, “It’s a hard to balance trying to act like something that you’re not.” 

            “Exactly! Like when I came out, I escaped to school in Austin. I didn’t want people judging me here. I felt like I was wearing a mask. And in Austin I was able to be more of myself. Then when I came back to El Paso as a performer I felt like I was wearing a mask under the mask. It was like this constant struggle to hide my true self or my feminine qualities from people or society in general.”

            He continues to say, “There are just many expectations, regardless if you do drag or not, that people expect from you like if you owe them something, you know?”

            I nod my head, he looks out the window again, and talks to the outside world, “You know I left Austin because I got lost in the unhealthy part of being a drag queen. I suffer from manic depression, anxiety, and being bipolar. But like doing drag, being MARIA KAHLO I get to escape from being Victor and take on this persona who’s unapologetic, beautiful, and trying to find her humanity. It’s like wearing a mask all over again. But this mask is more like a part of you. You have to wear this mask for survival. It doesn’t hide who you are, it only allows you to be a different side of you. Like putting on a uniform or a name tag, you become someone else. You play another character, you know?” He pauses again, looks at me, and says, “At some point sometimes you need that mask, name tag, uniform, or whatever it be to reaffirm that it is okay to act a certain way. Ultimately drag opened up the door for me to become comfortable with myself. I don’t know. I feel like I got off tangent.”

            He chuckles.

            “Can you picture your life without being MARIA KAHLO?”

            “Hell no. She’s like an old friend. She knows me and I know her. She’s taught me so much and has given me so much confidence. Sometimes I talk to her, you know, like I tell her, ‘hey girl I know you’re there, thank you for pushing me and giving me confidence.’”

            We both look at each other and laugh.

            He smiles at me, “Oh god, I sound psycho don’t I?”

            “Not at all,” I reaffirm.

Sábado, 29 Julio 2017 05:48

HISTORIAL DE MIS MUERTOS / Aída López /

 

 

Arte Gráfico: Pablo Saldaña

 

 

HISTORIAL DE MIS MUERTOS

Aída López

 

 

En el centro de la mesa,

están las flores que adornan cementerios.

Mis muertas comen de su blancura

y beben el llanto de los rezos.

¿Qué tan blanca es Mérida después de Felipe Carrillo Puerto?

En esta ceniza tarde,

la cotidianidad duerme en el flagelado 1924

porque el 4 nos ha educado a la Mérida Blanca

como el cuarto mes del caído Pedro Infante.

Su avioneta estrelló con la muerte

y ahora su voz sobrevive en las cuerdas de los trovadores.

Porque el 4 nos ha educado a la Mérida Blanca,

como los gritos del Charras

y los dedos no encontrados

que cargan las huellas desde 1974.

Porque el 4 nos ha educado a la Mérida Blanca,

como las 4 muertas que se levantaron de la mesa

llevándose la flores entre su vientre.

En la orfandad de las casas

el llanto ha perdido contorno

porque el 4 nos ha educado a la Blanca Mérida.

 

 

 

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

Muestra poética de:

 Sergio García Díaz

 

 

 

 

I

 

creía en todo
en todos
hasta en las lágrimas
en la capacidad infinita 
de decir ¡YA BASTA!
de mentar madres contra todo
de gritar y rezar
el desasosiego
pero pensándolo bien
sigo igual soñando en un mundo mejor
en el amor y por supuesto en la cogedera
en tardes que seguirán ahí en tu pelo

 

 

II

 

 

te hago el amor 
te olfateo como un perro
como lo haría cualquier animal en estro
hueles a calle
a piropo
a mandarina
absorbo tus feromonas 
de fémina 
licor hierba galope
hueles a todo tu pasado
te hago el amor con la nariz
galopo por tu espalda
me detengo en el alambique de tu axila
en el frasquito a perfumado de tu vagina
beso tus labios
y no logro ver tu aroma
sé que tu 
estas ahí

 

 

III

 

 

El perro es atraído por el aroma de la hembra
arrastrado por el olor a sangre
cuando llega hasta ella
ya hay una jauría lujuriosa
e impúdica de canes 
de todas las razas
de todos tamaños
de todas edades
ella ladra 
muerde por aquí por allá
hasta cierto punto coquetea
elige
enerva 
los perros se van eliminando
se van cansando
no comen
no duermen
hocicos rotos          patas heridas
sangre        baba      sudor         lagañas
a veces la perra ya de noche es encerrada
ellos fieles maltrechos esperan afuera
cesan las peleas 
duermen bajo la luz de algún arbotante
quizá piensen que el amor es 
una cosa inútil 
un sueño terrible

 

 

 

Sergio García Díaz. Nació el 11 de junio de 1962, en México, D.F. es narrador y poeta hasta el momento le han publicados varios libros entre Cuento: Border line (Mixcoatl, 2002), Pasión por las moscas (Coyoacán, 2005) y Agazapados (Casa del poeta las 2 Fridas y Fridaura, 2011); Novela: Regueiras (Casa del poeta las 2 Fridas 2012 y Cofradía de coyotes, 2007), Briggete (Taller nuclear y las 2 Fridas, 20014), Ayac Nican Nemiz (Taller Nuclear y las 2 Fridas, 2014), Nezayork (Taller Nuclear y las 2 Fridas, 2016); Poesía: Dos entradas por un boleto (Cuadernos del borde y Neza Educa A.C. 2002), Sueños de un chamán (Fontamara, 2004), Pétalos de mar (Práxis, 2006), Animales impuros (Coyoacán, 2006), Alicia en mi espejo (Práxis, 2007), Bajos fondos (Práxis, 2009), Basktage (Ediciones del Borde y las 2 Fridas, 2015), Hotel (Fridaura y las 2 Fridas 2015), Salir de la Caverna (Ediciones de Borde y las 2 Fridas), Beso amapola (taller Nuclear y las 2 fridas, 2016)Ha coordinados dos antologías de poesía del Taller Charles Bukoswki (Hojas de verano y Allí donde suenan las campanas) editado por las 2 Fridas. Así como coordinado el Taller de poesía C. Bukoswki. Es Secretario de las Casas del poeta A.C.    E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

 

El baúl y el féretro

SEIS POSTALES DESDE EL INFIERNO

Gustavo Alatorre

 

 

 

Para Mariángel Gasca Posadas y Marcela Rojas Santos Burgoa,

estrellas en el alma de estos poetas sin fondo…

 

 

Qué bella. Espero que estos poemas despetrifiquen nuestra ausencia física.

Tal vez sea una prueba del Espíritu, para que nuestro amor pase y vuele sobre la ilusión

que produce la corporeidad sola. Confundiendo como siempre veo en todas las parejas que el Amor es sólo la presencia física”

 

(Rogelio Treviño, en misiva para Mariángel Gasca Posadas)

 

 

1

El baúl y el féretro

 

Toda antología concreta en sí, más allá de las apariencias estéticas y serias del trabajo –las cuales suelen incluirse en las primeras páginas de toda solemne antología– un proyecto personal e injusto, muchas veces, por las ausencias, e inclusive por algunas inclusiones. La literatura mexicana no es por ningún motivo la excepción. Tal es el caso de la ya conocida ausencia del poeta Jorge Cuesta en la antología coordinada por Octavio Paz Poesía en movimiento (1966), o la exclusión de poetas como Ramón Martínez Ocaranza (1915-1982), Enrique González Rojo Arthur (1928), Mario Santiago, cuyo nombre primero fue el de José Alfredo Zendejas (1953-1998) y Rogelio Treviño (1953-2012), no sólo en antologías que nacieron o comienzan a forjarse como oficiales junto a aquella mítica antología del 66 ya citada, sino fuera del panorama literario mexicano. Sin embargo, tales ausencias sólo son visibles cuando el poeta y su obra se hacen necesarios dentro del tedioso o ya conocido mundo oficial de las letras mexicanas. La obra del poeta ausente es la que precisa lugar en su contexto literario y la que subyace más allá del anonimato y cumple el ciclo para la cual fue hecha: ser leída y conocida. Así es como estas ausencias se tornan rápidamente en erupciones colosales y señalan, si es el caso, las intrigas o divorcios viscerales que las hundieron en el anonimato. O, en el mejor de los casos, simplemente concretan el ciclo que fue marcado desde el inicio por el poeta quien prefirió ante todo trabajar en su obra y exiliarse del mundo literario. Tal es el caso de Max Rojas (1940-2015), quien desde hace unos años ha comenzado a ser más leído y su obra empieza a ser referencia sólida dentro de la producción literaria nacional.

Sea cual sea la intención primaria de una antología, no escapará jamás al ojo crítico, complaciente –a veces– o resentido, de los lectores de poesía que en su mayoría son los mismos poetas, los mismos creadores de este germen inmenso llamado literatura mexicana.

 

2

Epístolas para después de morir

 

Busco por Internet a un poeta totalmente nuevo para mí: Rogelio Treviño. Lo poco que encuentro no me dice mucho puesto que la mayoría de los documentos que me facilita la herramienta electrónica son notas de algún blog que hacen referencia a su muerte, algunos correos entre el poeta y una mujer que son manejados como epístolas literarias y un par de videos donde el poeta recita y resume, a grandes rasgos, lo que no se puede resumir: su estética. Y eso es todo. Desde su muerte, se presume ocurrida en plena calle dada su última condición indigente o en un hospital junto a dos camaradas suyos (hay varias versiones según se puede enterar uno), pasan casi dos meses para que su cuerpo sea encontrado, o mejor dicho, reclamado en la morgue de alguna delegación del Distrito Federal, hoy Ciudad de México.

Busco al poeta por recomendación de otro que me ha dicho y asegurado que encontraré una grata sorpresa, y para persuadirme agrega: “encontrarás algo de parecido entre su alma y la tuya”. Movido más por estas últimas palabras, busco...busco...busco...

Y comparto:

 

El Espíritu contigo y tus hijas. Aquí respiramos los antropopeces el aliento amniótico de Dios, por eso puedo decir que te respiro, que nos respiramos. Dice uno de los grandes del XX, Rainer Maria Rilke, mi maestro…Respirar, invisible poema… Cuántos vientos son como hijos míos…Así, Mariángel, nos respiramos nosotros dos, porque lo semejante atrae y se une con lo semejante…Agua mental, agua dulce, somos agua que piensa, que imagina principalmente, agua que sueña, que camina, agua que habla, que ama, agua que respira, agua que ve, agua que escucha, agua pequeña, de abajo, que se hace a un lado como agua psicológica para que descienda el agua de arriba, como el agua madre…Aguadulce…Te amo, Benji…Roi”

 

(e-mail dirigido a Mariángel Gasca Posadas)

 

3

El León Dorado

 

A Max Rojas lo conocí una noche de septiembre del año 2001. Por ese tiempo asistía a un taller de literatura impartido en la delegación Iztacalco por el poeta Marco Tulio Lailson, él me presentó a Max Rojas. Íbamos al taller Manuel Becerra Salazar y yo, dos jóvenes cuyas ambiciones estaban puestas en la poesía, las mujeres y la bebida, ésta última, razón por la que habíamos esperado toda esa tarde-noche pese al retraso del profesor. La ausencia de dinero era otra circunstancia más por la que el taller resultaba necesario: nunca faltaron las cervezas y demás tragos invitados por el tutor.

Esa noche conocí a un poeta. Todo en él, su persona, su voz, su obra, cimbró algo dentro de mí; había sido invitado a una epifanía ocurrida justo en un lugar lúgubre y brillante dentro de esta ciudad misteriosa. El León Dorado forjó con su nombre, sus muchachas y sus tragos, la amistad que me uniría desde ese día al poeta.

Años después, en su casa, con su cuerpo más gastado y con la misma insistencia por el cigarro, observo a Max: me cuenta que fue jurado en un concurso de poesía, que está buscando un premio, que ya no lee por los problemas que la enfermedad le ha traído. Sirve el café, me ofrece tequila, y yo lo observo. Pienso algunas cosas: no busca fama o reconocimiento, eso no lo buscó de joven, ahora menos que se le empieza a dar. Busca el dinero, tal vez; su condición y las responsabilidades que aún tiene no hacen buena amalgama. Bebo el tequila y dejo el café servido y frío. Salgo de su casa, él ya no baja a despedirme pues su enfermedad le impide moverse ágilmente por las escaleras y le evito ese esfuerzo. Minutos después, volteo, desde la calle, hacia la ventana grande de su sala donde sé que él se queda, que él está ahí. Y me alejo de esa casa azul inmersa en un mar de construcciones de esta ciudad que no termina por nacer definitivamente.

 

 

4

La ciudad, el cáncer, o el muñón de la estrella

 

Miro y leo la antología Poetas de una generación (1940-1949), publicada por la UNAM en 1981 y transcribo lo siguiente: “Acaso por ese descubrimiento primario del espacio urbano que fue, entre otras muchas cosas, el movimiento del 68, la ciudad es en ellos no un tema, sí una razón de ser.” Esto que afirma Vicente Quirarte con respecto a esta generación me da pie a fijar mi atención en dos circunstancias que han estado latentes en estas líneas desde el inicio: un poeta que escribe dentro del caos de la ciudad (Max Rojas), y otro que muere tragado por una ciudad (Rogelio Treviño). Este último, si bien no pertenece a esta generación, es lo mismo víctima y beneficiario de la historia de las letras mexicanas en su última mitad del siglo XX y la primera década de este siglo XXI. Ambos poetas forman pues, el pretexto para estas líneas. Abro la página al azar y sigo leyendo:

 

Metí mis versos entre las patas de los caballos

La palabra

cáncer

el poema

cáncer

canta

se corrompe

y deja discípulos que dejarán maestros

y muere

la palabra

el poema

y el poeta

A cada cáncer se le llega su géminis

Metí mis versos entre las patas de los caballos

:

No quedó ni el muñón de una estrella”

 

Reconozco el poema y sé que es de Orlando Guillén. Ahora busco una página escogida desde el índice y transcribo:

 

Caidal mi pinche extrañación vino de golpe

a balbucir sepa qué tantas pendejadas;

venía dizque a escombrar lo que el almaje me horadaba,

y a tientas tentoneó para encontrarse

un agujero tal de tal tamaño que en su adentro,

mi agujereaje y yo no dábamos no pie

sino siquiera mentábamos finar

de a donde a rastras pudiera retacharse nuestro aullido.

Esto es lo que me queda -dije- de tanta extrañación”

 

Dejo la transcripción a un lado y cierro el libro. Pienso en las increíbles formas oscuras y misteriosas que tiene la poesía para manifestarse y ser. Este poema, el canto X de El turno del aullante le ha dado mucho a Max Rojas, y casi siempre que se le incluye al escritor en alguna antología es con este poema, o al menos, no debe de faltar. Pienso entonces en Décima muerte de Villaurrutia o en Muerte sin fin de Gorostiza y mi efervescencia disminuye. Veo entonces la enorme cantidad de palabras subrayadas con rojo por el ordenador en tan sólo nueve versos y no puedo evitar reír un poco, reír...poco, pero reír.

 

5

De fantasmas y apariciones

 

La segunda vez que vi a Max Rojas fue en el trasporte público, habían pasado casi dos años desde la visita al León Dorado y ahora me lo encontraba rumbo a nuestra cita. Habíamos quedado de vernos en una casa de cultura de la delegación Coyoacán donde Max Rojas recién había iniciado un taller de escritura y donde además se encargaba de atender un cafecito instalado dentro de la misma casa. Junto a sus hijos, Marcela y Pablo, Max daba orden y vida a lo que en ese entonces era parte de su forma de subsistencia. Lo vi subir al microbús e instalarse en un asiento del frente, sacar una libreta y comenzar a escribir en ella sin hacer caso de la gente que subía y bajaba, que lo empujaba o distraía pidiéndole permiso para sentarse a su lado o pasar junto de él. No quise llamarlo ni interrumpirlo, además, a pesar de su libreta y su perfil, algo dentro de mí no se sentía seguro de saber si en realidad se trataba de Max o de una aparición, de un fantasma que ocupaba un asiento más en medio del tráfico y la histeria de esta ciudad. Cuando bajamos, justo enfrente de la casa de cultura, lo saludé.

Su libreta, una de tantas después me enteré, contenía su poemario Cuerpos, o al menos los primeros libros de éste. Me pareció que esta segunda vez tomó forma dentro de mí la imagen ahora sí completa de Max Rojas, y del poeta en sí para mis ojos. Por un lado toda la energía de la noche, la bebida, la poesía recitada en el bar, y por otro: la luz sin gracia del día común, la ocupación por la sobrevivencia atendiendo el café y la labor, aún en esas circunstancias, de dedicar incluso el mínimo detalle de la vida a la poesía, precisamente con el taller de escritura justo a las doce del día de todos los sábados.

Salí esa tarde, triste. Y contento. Quizás más lleno de melancolía que de alegría en sí o de tristeza. Fui testigo de aquellos momentos que verdaderamente nutren al hombre en su poesía, lejos del canon literario o del reconocimiento de la obra, que en ese entonces aún no llegaba del todo a Max Rojas, presencié algo misterioso que hasta ahora, años después, se me revela con verdadera luz: la poesía es y estará siempre en todos lados, menos donde pretenden meterla, acomodarla, justificarla.

 

 

6 y última

De alacranes, viento y espera

 

Miro por una ventana de las muchas que tiene la Biblioteca Vasconcelos. Espero sin ninguna ilusión la aparición de un rostro conocido que traiga luz a este día nuevo y nublado; sin embargo, pese a la desesperanza, miro por la ventana, atento, y espero algo, a alguien. ¿Qué hace en estos momentos Max Rojas? Seguro está fumando. Quizá tomando café o escribiendo. Pienso en las antologías y en los antólogos, abro una que tengo a la mano y cito: “la presente es una antología de divulgación, y en ese término, deseo centrar el argumento de su necesidad. A diferencia de las antologías académicas o de crestomatías de grupos, sectas y cofradías, estas páginas se proponen entregar a los lectores –en medio millar de poemas– algunos de los momentos más significativos de la poesía mexicana a lo largo de los dos últimos siglos”*, cierro cita. Hay dos cosas seguras que podemos sacar de estas palabras: la primera es que efectivamente hay un mal que todo antólogo sabe y que tiene como primer premisa atacar, al menos en apariencia o como labor principal de su objetividad y seriedad, y esto es el asunto que involucra a los grupos literarios, a las mafias y a las visiones académicas o de grupos de poder literario que dictan o que ayudan a construir lo que debe ser considerado como poesía y lo que no, y que se manifiesta o cobra presencia muchas veces en la antología misma –curioso, ¿no?–. Y dos: hay momentos brillantes en la historia de nuestras letras...

Lo significativo de esto es lo siguiente: sin importar la causa o razón, una antología siempre revelará más de lo que incluye en sus entrañas. Las ausencias serán estrellas negras en las páginas, universos inevitables que pronto aparecerán en la escena y reclamarán su lugar. Entonces, ¿habrá que agradecer al antólogo? ¿Su acto de concretar

un panorama o una muestra es, pues, una manera de sacrificio en pos de una revelación? Pienso esto mientras observo por la ventana, una de las muchas que hay en esta biblioteca –ya lo escribí–. Miro el reloj del ordenador y el tiempo transcurre de prisa y sin perdonar un segundo. Nadie llegó, al menos nadie que yo esperara. Un alacrán oscuro pelea con el viento del otro lado del cristal, del otro lado del espejo. Hace frío, infiero que el animal de oscura perla también lo siente, pese a que lucha contra el viento. Pienso en la noche fría de la muerte de Rogelio Treviño, pienso en los días, más de treinta, de la morgue, en su familia, en su amada. El panorama de las letras no es distinto, a veces salen cadáveres de la morgue a construir la página que faltaba en el libro de la historia o a veces hay una congeladora esperando a más de uno de ellos. Pienso en esto, en el viento, en las antologías, en los poetas muertos y en los que no dicen nada estando vivos, y espero sin ilusión un rostro que venga a iluminarme este día nublado. Hace frío, y mucho. Por eso miro por la ventana. Por eso a veces, muchas, lucho contra el viento, como aquel animal de oscura perla.

 

 

Gustavo Alatorre

Ciudad de México/2014

 

 

 

 

 

 

 

* Juan Domingo Argüelles en Dos siglos de poesía mexicana. Del XIX al fin del milenio: Una antología, Selección y prólogo de Juan Domingo Argüelles, México, Océano, 2001.

 

 

Página 1 de 5

Invitados en línea

Hay 1251 invitados y ningún miembro en línea