Blog El descarnamiento del Arte

Martes, 29 Septiembre 2020 03:54

Ciudad hambrienta / Alejandro de la Concha /

 

 

Ciudad hambrienta

Alejandro de la Concha

 

Una ciudad poblada por fantasmas,

de sombras que sueñan ser hombres.

Una ciudad de ecos color cobre,

murmullos grises que sueñan ser palabras.

Una ciudad de relojes deformes,

en la que se muere al salir de casa,

en la oficina, en largas jornadas. 

 

Una ciudad de epopeyas inconclusas,

de juguetes rotos, de madera hinchada,

de faldas manchadas de sangre, rasgadas,

de jóvenes de esperanzas ilusas.

Donde la poesía ha sido olvidada,

donde lo bueno, lo malo, líneas difusas,

donde el dinero, la educación no alcanzan

para ese lujo llamado esperanza.

 

Una ciudad que tiene nombre de bestia.

Cronos devorando a sus hijos.

Una ciudad siempre hambrienta.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

MAESTRAS ESCRITORAS

EN EL MÉXICO POSREVOLUCIONARIO

Rocío García Rey

Universidad Nacional Autónoma de México

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Resumen:

Este artículo trata de destacar la participación de mujeres docentes en el periodo de reconstrucción educativa y cultural del México posrevolucionario. Se toma como eje del trabajo de dichas mujeres su participación no sólo como profesoras, sino como escritoras de textos infantiles. Asimismo, se muestra cómo el grupo oficial que llevaba a cabo la batuta de los trabajos de regeneración cultural, fue el que les dio cabida al tiempo que legitimaba su trabajo.

Palabras clave: Revistas culturales, Maestras – escritoras, homo legens, José Vasconcelos, educación.

 

Summary:

This article tries to highlight the participation of women teachers in the period of educational and cultural reconstruction of post-revolutionary Mexico. Their participation is taken as the axis of their work, not only as teachers, but as children's text writers. It also shows how the official group that carried out the baton of the works of cultural regeneration, was the one that gave them room while legitimizing their work

.

Keywords: Cultural magazines, Teachers - writers, homo legens, José Vasconcelos, education.

 

Resumo:Este artigo tenta destacar a participação de professoras no período de reconstrução educacional e cultural do México pós-revolucionário. Sua participação é tomada como eixo de seu trabalho, não apenas como professores, mas como redatores de textos infantis. Também mostra como o grupo oficial que realizou o bastão das obras de regeneração cultural foi o que lhes deu espaço enquanto legitimava seu trabalho. Palavras-chave: Revistas culturais, Professores - escritores, homo legens, José Vasconcelos, educação.

 

 

 

Los inicios de la década de 1920 representaron un cambio en la forma de concebir las prácticas educativas y de lectura. Con José Vasconcelos a la cabeza del nuevo programa cultural, México se convirtió en el puntal de una revolución en cuanto a la forma de concebir el trabajo educativo de las docentes. Esto se logró ya a través del nacimiento de publicaciones periódicas como El Maestro. Revista de Cultura Nacional, El Libro y el Pueblo y La Falange ya a través de viajes de intelectuales latinoamericanos a México y viceversa, ya mediante nuevas instituciones como la Secretaria de Educación Pública.

            Un viaje señero y por demás indeleble de Chile hacia México es el de Gabriela Mistral quien es invitada, en 1922, por el mismo Vasconcelos para apoyar la nueva campaña de alfabetización y de regeneración cultural, aunque la presencia de Mistral fue de vital importancia, esto no significa que no haya habido otras mujeres comprometidas con la labor educativa sobre todo de los párvulos. Es por ello que en este trabajo nos damos a la tarea de rescatar someramente el trabajo tanto de Mistral como de otras maestras mexicanas.

En El Desastre, José  Vasconcelos escribió su versión de las medidas que el gobierno emprendió hacia la infancia vulnerable, heredera de la revolución:

En la escuela pusimos baños y peluquerías. Y la primera campaña no fue de alfabeto sino de extirpación de piojos, curación de la sarna, lavado de la ropa de los pequeños. En seguida como era el hambre la causa de sus retrasos mentales y de sus males físicos, aprovechando una modesta asignación dimos gratuitamente el desayuno a todos los alumnos. Mucha resistencia encontró al principio esta medida, que se consideraba inaudita y antieconómica: regalar un poco de leche y pan a las criaturas desamparadas. (Vasconcelos, 1998:209-210).

 

 

            Más que una campaña primera, la higienización fue concomitante con la acción pedagógica. La revolución mexicana trataba así de posicionarse, en términos retomados por Girardet, como: “la maestra de la nación.” El programa posrevolucionario se transformó en: “punto de reunión para el ejercicio de las virtudes sociales” [...] que impone –tanto por su ritual como por su carácter repetitivo- “hábitos morales” y rudimentos de disciplina colectiva  [...]”.[i]La revolución era la maestra de la nación y las maestras de los pequeños habitantes de ella eran frecuentemente mujeres, en ocasiones con el plus de ser escritoras y estar  preparadas profesionalmente en el ámbito de la pedagogía. (Girardet, 1990, p.40)

El proyecto cultural del Estado mexicano dotó de cierta visibilidad a las mujeres y a los niños. Bajo la figura de maestras, varias mujeres formaron parte del “ejército” de la cultura oficial para emprender la faena de construcción de un nuevo tiempo que tuvo como anhelo extender la práctica de la lectura y la escritura. Las docentes que lograron ser visibles en el campo cultural fueron las mexicanas Estefanía Castañeda, Eulalia Guzmán, Palma Guillén, Rosaura Zapata, Enriqueta Camarillo, Elena Torres y como hemos señalado la chilena Gabriela Mistral. 

El mismo Vasconcelos fue el filtro para la inserción de ciertas maestras en las instituciones educativas. El Secretario hizo a un lado aquellas mujeres que, años antes, habían sido favorecidas, de acuerdo con él, “por el criterio revolucionario, es decir por los mandones.” Se trataba de maestras que “no tenían pericia en la tradición de su patria” porque habían sido formadas en Norteamérica.” (Vasconcelos, 2000: 92)

Precisamente en la lucha para deshacernos de todo el personal que el favoritismo de la anterior administración había repartido en las escuelas, se produjeron incidentes que aproveché para poner a prueba mi autoridad […] En no pocas audiencias a bonitillas que me llevaban recomendaciones de personajes, les advertía.

- Tengo puestos para feas; puestos mal pagados y de mucho trabajo; usted no necesita de eso; y las despedía sin ceremonia. (Vasconcelos, 2000:92)

 

Eulalia Guzmán (1890-1985) se tituló como maestra normalista en 1910. En la Secretaría de Educación Pública fungió, durante el periodo de 1923 a 1924, como jefa de Enseñanza Primaria y Normal y como directora de la Campaña de Alfabetización. El Maestro reprodujo una entrevista con Obregón, quien se refirió a ella con las siguientes palabras:

Está a cargo de la campaña contra el analfabetismo una inteligentísima y dedicada mujer, la señorita Eulalia Guzmán que no es más que una muchacha que nació cuando su padre era peón, esclavizado en una hacienda en el Estado de Zacatecas. (El Maestro, 1923:336)

 

 

  La figura de María Enriqueta Camarillo (1872-1968), estará presente en el ámbito de los libros de texto para niños. Su conocido título, Rosas de la infancia (1912), la colocó en el circuito de maestras- escritoras. En su caso la actividad literaria había iniciado desde finales del siglo XIX.  De acuerdo con Patricia Hurtado Tomas:

A finales de 1800 surge la primera escritora profesional de México: Enriqueta Camarillo y Roa de Pereyra, considerada entre los modernistas, como “el ángel del hogar”, por la temática tratada en sus obras. Ella rompió el paradigma femenino abriendo brechas, desarrollando su obra creativa de ésta época, tanto en México como en el extranjero  (Hurtado, http://www.comie.org.mx/congreso/memoria/v9/ponencias/at09/PRE1178941615.pdf. Fecha de acceso 13 de octubre 2009).

 

 

Rosas de la infancia era uno de los pocos libros de texto que todavía en los inicios de 1920 seguían siendo importantes; se comprende, por ello que José Vasconcelos lo haya recomendado como texto de lectura para todas las escuelas primarias del país.

En la sección “Figuras relevantes de América” de La Falange, leemos a propósito del trabajo de María Enriqueta: “[...] Ha escrito novelas, cuentos, libros escolares y versos. Una de sus obras en cuatro tomos, está, desde hace varios años adaptada como libro de texto en las escuelas oficiales de la Republico mejicana.” (La Falange, 1923:502-504)

La misma revista publicó también un cuento (La polilla) y dos poemas (Símbolo y Óptica). En Aladino, la sección infantil de El Maestro. Revista de Cultura Nacional.  participó sólo una vez con la adaptación y traducción del cuento: “La campana de la dicha.” (El Maestro, 1923: 502-504). Tanto la mención como la publicación de algunos de sus trabajos, en las revistas, nos permiten reforzar la ecuación maestra- escritora.

En el caso de Estefanía Castañeda (1872-1937) vale la pena tomar en cuenta que fue una de las docentes que desde inicios del siglo XX trabajaron para impulsar los jardines de niños basados en el modelo frobeliano. Castañeda elaboró un proyecto aprobado por el Consejo Nacional de Educación (1903), que desembocó en el establecimiento del primer jardín de niños, denominado Fröbel Número 1. Redactó varios proyectos de ley sobre educación de párvulos. Fue secretaria del Consejo Nacional de Educadores de la Escuela Federal de Educación. Fue, además, directora de cursos de verano para maestros del país y catedrática de Kindergarten en la Escuela de Altos Estudios. Es importante, además, considerar que gracias al trabajo de mujeres como ella, México y algunos países de América Latina, incluso antes del periodo estudiado, establecieron relaciones en el ámbito cultural y educativo, pues Castañeda “impartió educación en Honduras de 1917 a 1918 donde obtuvo reconocimiento de las altas autoridades de ese país.” (“Principales personajes de la historia de Tamaulipas”. www.tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/ssocial/cultura/personajes.htm. Fecha de acceso 24 de octubre 2009.)

 

Con respecto a las revistas culturales es insoslayable destacar que Castañeda publicó una sola vez en El Maestro. Su artículo, como veremos, hace un ensalzamiento de la maternidad pero además sitúa al niño como poseedor de derechos naturales, mismos que deben ser respetados en “el hogar”. La organización familiar y la maternidad tenían, para ella, la misión de cuidar y preservar a la infancia.

[…] Y de esa elevación de su alma le vendrá el propio perfeccionamiento, porque ella, miserable criatura, luchará asiduamente por corresponder al móvil supremo que puso en manos de la mujer “la alimentación de la chispa sagrada, misteriosa que se halla latente en cada niño.

[…]

Saber que el niño posée [sic] derechos naturales que tienen que ser respetados y la familia ha sido creada para el desempeño de altas misiones; esto es lo indispensable para  los que aspiran a fundar un hogar, en el ato campo de la palabra. (Castañeda, El Maestro,1921:73-75)

 

            Los avatares de la salvación y la regeneración cultural posicionaron a la infancia como un grupo que necesitaba, además de cuidados, lecturas propias así como métodos ex professo de enseñanza. Este sentimiento de la infancia, en términos de Ariès, “corresponde a la conciencia de una particularidad infantil, particularidad que distingue al niño del adulto, incluso joven”. (Citado por  Pasternac, 1996, p. 28)

            La distinción de “edad” para “caracterizar” la infancia como una etapa particular de la vida permitió que varias docentes tuvieran un papel preponderante en la nueva educación infantil. Papel adquirido al desempeñar, al escribir o al estar a cargo de alguna dependencia o impartiendo clases. Hubo un esfuerzo por acoger a la notable generación de maestras formadas en las escuelas normales de Justo Sierra, pues se trataba de “personas enteradas, profesionales que han completado en Europa y Norteamérica su aprendizaje.” (Vasconelos, 1998:28)

            De lo anterior se comprende que el conocimiento pedagógico de Castañeda y Zapata fuera bien apreciado por Vasconcelos, quien en 1921 dejó a cargo de la segunda Aladino, la sección infantil de El Maestro y en 1923 retomó las recomendaciones de Castañeda acerca de la educación preescolar.

            De acuerdo con Fell (1989), cuando Vasconcelos dirige a los delegados de la SEP una serie de recomendaciones en torno a la educación de los párvulos, considera los consejos de Estefanía Castañeda, quien había señalado que los niños no debían estar “aprisionados en la sala de clase, con las manos inmóviles sobre los pupitres, las miradas vagando en el espacio, temerosos, callados y tristes.” (Castañeda, El Maestro,1921:73-75)

            Con base en lo anterior vale la pena preguntarnos ¿por qué se asoció el trabajo de las docentes con la educación infantil? La respuesta, a manera de hipótesis, es que dicho trabajo fue una extrapolación del deber ser femenino, en el que la maternidad era un papel natural de las mujeres; es decir fue una extrapolación de la prefiguración social de éstas.

            En el proyecto para la regeneración de la infancia encontramos mujeres “estereotipadas” pero no negadas (baste releer las palabras de Vasconcelos para dividir a las maestras con y sin vocación: “feas” y “bonitillas”). Sin embargo, esto no implicó que se hubieran apartado del sometimiento a ciertos imaginarios sociales, entendidos como “representaciones compartidas por un grupo social que le permitían establecer regulaciones y autorregulaciones al orden social.” (López Pérez Oresta –coordinadora-. 2008:11) De ahí se comprende lo que Asunción Lavrín plantea con respecto a los inicios del siglo XX.

El concepto fundamental de las “aptitudes propias del sexo” raramente dejó de figurar en las propuestas incluso de las personalidades más dispuestas a    remodelar el papel de la mujer por medio de la educación. Las y los feministas    más dedicados y convencidos arguyeron a favor de la equiparación legal de la mujer [...] pero desde la óptica ideológica del “maternalismo.” ((Lavrín, 2008, p.  423)

 

            Es importante aclarar que las maestras rurales también fueron nombradas “constructoras de la patria” y su trabajo fue aplaudido por el mismo Vasconcelos, de quien rescatamos algunos fragmentos de su discurso pronunciado el día el maestro, en 1921.

            Parece que fue ayer mi paso por Valladolid, en Yucatán; se me figura la página   de una vida distinta. Las maestras nos recibieron asomadas en las ventanas de la escuela. Sus rostros eran luminosos. [...] La promesa de unos cuantos libros y un             piano, hizo estallar la alegría; teníamos que irnos y no deseábamos partir.

Llegamos después a Campeche, la ciudad desolada, las maestras sin embargo, se mostraron alegres y los estudiantes del Instituto hicieron gala de buena oratoria           y de trato cordial. Muy bellas las mujeres y muy despejados los hombres [...]

            Figuras de maestras que pasan por mi memoria en vagos desfiles que el ensueño             deslíe, rostros que pudieron ser de novias, que pudieron ser de amantes, pero se       han alejado y ya son sólo de hermanas [...]  (Vasconcelos, 1998, pp. 336-337)

 

 

            Las mujeres dedicadas a la educación infantil fueron colocadas en el ámbito de la camaradería. Quien las colocaba en aquel sitio, por su entrega al magisterio, era una voz de hombre con un rango de poder. Se trataba de maestras que, como la misma Mistral lo dejara asentado en su Oración de la Maestra, desplazaban la deontología materna por la docente: “Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes.” (Mistral, 1994:211) Y, como en el caso de Zapata, la educadora debía ser: “la niña mayor de su grupo que juegue y trabaje lo mismo en las parcelas del jardín, que con los diversos materiales que se ofrecen al pequeño para que exteriorice sus ideas  [...]”. (Zapata, 1962:211)

            Escribir temas infantiles pensando en la misma infancia como receptora de dichos escritos fue y sigue siendo un ejercicio situado por el grupo y/o el cuerpo “académico” como una actividad menor, quedando colocados textos infantiles e infancia en ciertas prácticas pedagógicas edulcoloradas. Es en este punto que quizá podamos hallar cierta antinomia, pues por un lado, hemos dicho, el leitmotiv que tuvieron como escritoras estaba en el mundo de lo irrelevante, pero por el otro formaba parte de la institución letrada. En términos de Lavrín, las maestras se hermanarían en una tarea de evangelización para llegar a la nueva patria. “El estado usaría a la mujer como vehículo y arma de cambio sin modificar la esencia misma de la relación entre hombres y mujeres”. (Lavrín, 2008, p.429)

             El mismo acto de escribir y hacer públicos los textos escritos por mujeres era de reciente data; pero en este caso la escritura para niños era parte de las faenas revolucionarias de lo que en aquel momento implicaba ser docente y pertenecer al campo cultural oficial. [ii]Con base en lo anterior, podemos plantear dos desprendimientos:

  1. Las maestras escritoras de los inicios de 1920 pueden ser visualizadas en una unidad de representación y de acción: el ejercicio pedagógico para la regeneración no sólo de México, sino del continente latinoamericano.
  2. Fueron consideradas desde el ámbito de la cultura oficial como ciudadanas culturales. En términos de pertenencia a un grupo letrado y a un espacio “geocultural” (México y América Latina).[iii]

 

            Dicha ciudadanía cultural puede ser mirada en el siguiente fragmento de un discurso de José Vasconcelos:

La Universidad no se sentirá satisfecha de sus gestiones, mientras no vea que se constituyen agrupaciones de señoritas dedicadas a la enseñanza voluntaria y gratuita. Esta Universidad convoca a las señoras y señoritas de toda la República, que no tienen trabajo fuera de sus hogares, y las invita a que dentro de sus hogares o fuera de ellos, dediquen algunas horas a la enseñanza de niños, de hombres, de mujeres, de todo el que encuentren a su          lado y sepa menos que ellas. (Vasconcelos; 1998, p. 346)

 

 

LAS REVISTAS

 

            Es pertinente prestar atención en la manera en que se asumieron los directores de las secciones infantiles de El Maestro y de La Falange. En el caso de la primera revista, Rosaura Zapata no duda en asumirse como maestra. Sus textos presentados tienen claramente un objetivo didáctico y son escritos tanto para los niños como para que las maestras echaran mano de ellos como apoyo didáctico. Su trabajo en la revista mencionada bien podemos inferir, fue una extensión de lo que, para ella, debía ser el trabajo de la educadora porque:

 Sin duda alguna que el pivote sobre el cual descansa la estructuración del           mundo de los niños es la educadora cuya personalidad debe irradiar los múltiples elementos que se precisan para que la vida del pequeño se desenvuelva de las normas que serán alimento de su cuerpo y de su espíritu.

            [...]

            La educadora debe tener una amplia cultura general precisamente para poder       obtener de ella lo fundamental, el rayito de luz formado con átomos de la vasta      claridad poseída y de la cual tenemos que extraer la dosis que necesitamos para   alimentar una vida que se inicia. (Zapata, 1962, p.210)

 

            En el caso de Ortiz de Montellano, director de la sección ABC, no se presentaba como “maestro”, sino como escritor y los colaboradores de esta sección lo hicieron bajo este segundo apelativo. Al contrario, la costarricense Carmen Lyra, colaboradora de la mima sección se unió al grupo de mujeres docentes, pues en palabras de Fernando Burgos:

Además de su vocación literaria, la escritora costarricense desarrolló una profunda vocación pedagógica que llevó a la práctica especialmente con niños y mujeres que necesitaban de una instrucción especial [...] Estudió sicología infantil en la Sorbona y educación pre escolar [sic) [...] En 1921 se hace cargo de la cátedra de literatura infantil en la escuela Normal de Costa Rica. (Burgos, 2006, p.242)

 

            ¿Qué significó ser maestra- escritora en los inicios del siglo XX? ¿Qué significó textualizar los nuevos afanes pedagógicos en un México posrevolucionario que con urgencia bregaba por y para posicionarse ante los ojos de los demás países del continente? No hay que olvidar, en este sentido, las palabras de Marie-Claire Hook; cuando dice que escribir:

Es un instrumento “de integración de las mujeres en el mundo moderno”; se trata de una “relación privilegiada con un público” que al mismo tiempo produce una “reflexión sobre sí mismas, sobre los medios que le son dados  para manifestarse y sobre su percepción del tiempo y del espacio”. (Hook-Demarle, citado por Galván Lafarga, 1998, pp-17-18)

 

            En el caso que aquí estudiamos, el espacio de escritura se halla, sobre todo, en las publicaciones periódicas y aunque en el rubro de la docencia las mujeres, desde la segunda mitad del siglo XIX, habían logrado posicionarse en el terreno de lo visible, fue en la década de 1920 cuando la unión docencia- escritura pública adquirió mayor relevancia.

            El anhelo de construir un modelo de ciudadano ideal tuvo como correlato la construcción de un lector ideal, aquel que pudiera descifrar textos, tanto de la cultura europea, como aquellos propios del continente. Con base en lo anterior resulta pertinente extrapolar la figura del homo legens, estudiada por Bolívar Echeverría, pues fue precisamente ésta la que sería transformada en el ícono de ciudadano ideal que el proyecto cultural y educativo trató de dar a luz. La reconstrucción nacional y la unión continental necesitaban en términos del mismo autor, de “hombres leídos”.  

            El homo legens no es simplemente el ser humano que practica la lectura entre     otras cosas, sino el ser humano cuya vida entera como individuo singular está           afectada esencialmente por el hecho de la lectura[...]. (Echeverría, 2006:26)

           

            El proyecto del homo legens mexicano y acaso latinoamericano nació bajo la urgencia de redimir un espacio en ruinas económicas, sociales y culturales. Esta es una primera diferencia del homo legens europeo que, de acuerdo con Chartier, cultivó el hábito de lectura en un tiempo de ocio.

Rosaura Zapata afirmó con respecto a la actividad lectora de los alumnos de preescolar:

El jardín de niños no tiene como propósito enseñar a leer; únicamente por respetar los intereses y las necesidades del niño es por lo que da respuesta a ese medio de expresión que surge en él alrededor de los seis años, procurando tan solo mantenerlo latente, para que no se debilite ni pierda. En ese sentido, unas cuantas frases desprendidas de un cuento y presentadas en la forma más sugestiva y gozosa y ya para terminar el tercer grado, bastará para sostener el deseo por ese nuevo medio de expresión. (Zapata, 1|962, p-221)

 

Mistral, por su parte, manifestó en El Libro y el Pueblo la existencia de “varias clases de libros”: Biografías; historia; geografía; ciencia; novela.  La lectura, para ella, fungía como una actividad de vida.

[...]Pero guardaos de su terrible tiranía: cuidaos bien de tejeros la vida en torno a ellos. No os encontréis padeciendo, amando o juzgando a través de Dante, de France o de Nietzche. Nuestra humanidad actual, que es débil, suele reemplazar a la vida con la lectura, por laxitud. Bienaventurados los que se vigorizan con los libros sin anegarse en ello. (Mistral, 1922:26)

 

 

La modernidad extendida en el tiempo hizo que las mujeres fueran miradas como elemento vital en la enseñanza de los niños. La figura de la maestra escritora tuvo la tarea de crear -que no criar- al futuro homo legens, aquel con un capital cultural, que, de acuerdo al proyecto posrevolucionario, se transformaría en un ciudadano ya mexicano, ya latinoamericano portando la bandera de la civilización.

            El grupo que le dio cabida a las maestras-escritoras fue el que representaba al gobierno mexicano y que, como parte del afán de reconstrucción nacional y de posicionamiento en el continente latinoamericano, elaboró lo que Steiner ha llamado un “programa mesiánico de liberación social”. El “principio de esperanza”, -que  retoma de Bloch-, parecía tener vigencia en aquellos años 20 y por lo tanto era el motor para que desde un espacio geográfico: Latinoamérica (contrariamente a Europa)[iv], cobraran vida los ecos de la educación liberal, fundándose así el correlato entre mejor escuela- mejor sociedad, al que también hace alusión Steiner.[v]  (Steiner, 1991, pp. 97-98)Por ello se entiende que El Maestro haya dado a conocer las siguientes palabras de Álvaro Obregón:

[...] El esfuerzo de México no se encerrará dentro de los límites de sus fronteras, sino que se saldrá de ellos para ir a trabajar con eficacia cerca de todos aquellos países que se encuentren en condiciones menos favorables para desarrollar esa  labor y que crean como México, que son los factores espirituales los que darían cuerpo a la grandeza de los pueblos y harán posible el bienestar humano. (“Un mensaje del señor Presidente”, en El Maestro, Revista de Cultura Nacional, México, no. 3, junio 1921:.2)

 

            Aunado a lo anterior merece la pena enfatizar que la percepción acerca de las maestras escritoras no fue sino una extensión de la visión decimonónica, pues “[...] quedó firmemente establecido que la mujer tenía capacidades idóneas para la educación de la niñez y su labor en la pedagogía era muy aceptable”.(Lavrin, 2008, p.428)

            Nos enfrentamos así a un proceso de configuración de los textos dirigidos a los niños. Configuración que se relaciona directamente con el ejercicio de escritura e incluso de adaptación y traducción de textos y de su difusión a través de un espacio específico: la escuela. Fue en la ecuación, lectura -educación escolar, que podemos hallar las relaciones entre las representaciones de un relato (literario o histórico) y las prácticas sociales que se dan a través de estas representaciones, incluyendo lo que Roger Chartier también llama la lectura y sus paradigmas. [vi]

            Si bien podemos hablar del afianzamiento de cierta feminización de la cultura docente con las prácticas de lectura para infantes que se promovieron en los inicios de la década de 1920, [vii] es necesario observar también que un buen número de hombres continuó al frente de cargos docentes e incluso de revistas pedagógicas en aquel momento. Tal es el caso de profesor Lauro Aguirre, quien dio vida a la Revista Educación, aparecida en 1922. La mayoría de colaboradores de esta publicación se constituyó de hombres, desde John Dewey hasta profesores de la ciudad de México. Una de las pocas mujeres que colaboraron con esta revista fue Palma Guillén, quien en ese momento se desempeñaba como Inspectora Técnica de Escuelas.[viii]

            El objetivo de la Revista Educación fue prácticamente la continuación del anhelo pedagógico vasconcelista. Aguirre, al respecto, mencionó en el primer número:

[...]Va este periódico a los maestros como un buen amigo, sin vanidades de dómine, sin fatuidades académicas; va al lado de ellos para alentarlos en la desesperada pugna que sostienen por formar hombres menos egoístas que acaben con tantas miserias, con tantas desigualdades, con tantas injusticias y levanten sobre los escombros sombríos de estas infamias y el arco triunfal de las manos que se estrechan. (Aguirre, 1922, p. 4)

 

            No cabe duda que la maestra-escritora que se posicionó con mayor fuerza en el ámbito de la cultura oficial del México posrevolucionario fue Gabriela Mistral, por ello la retomamos como uno de los ejemplos mayores de las redes intelectuales establecidas entre México y otros países latinoamericanos. No fue mínima su acción como pedagoga  ni como escritora. Lavrín afirma con respecto a la chilena:

            Le fascinó el periodismo infantil de la escuela, la dicción de los niños y los         mexicanos en general y la ilusión compartida con Elena Torres de que la labor            ejemplar y evangélica de los humildes serviría para reformar tanto la vida de los niños como el ambiente moral de la ciudad de México. (Lavrin, 2008, p.433)

 

             En el caso de Elena Torres[ix], vale la pena mencionar que también colaboró en un número de  La Falange y aunque no lo hace en la sección ABC, el texto publicado da cuenta, precisamente, de la labor emprendida por las maestras- escritoras de aquella época.

[…] Llegamos a la Escuela, más de quinientos niños de ambos sexos trabajaban en la hortaliza, un grupo vino a nosotros y nos rodeó, un pequeñín muy vivo y simpático nos refirió sus impresiones del día. _Señorita, ya los niños no se enojan por el desayuno, ya no ensucian la mesa y trabajan muy bien para tener derecho a su boleto”.

El veía con ternura los grupos de pequeñines y su cara estaba alegre.

De regreso no despegamos los labios, yo pensaba en sus palabras… Quizá ahora estábamos más cerca, no sería yo quien rompiera el silencio. ¿Para qué? No valía la pena discutir cuando nuestra acción tenía el mismo objeto y nos proporcionaba el mismo placer. (Torres,1923:19)

 

 

            Con la brega de estas mujeres, podemos mirar que el habitus, socialmente constituido permitió que fueran parte importante del ejército de salvación y regeneración intelectual. Es claro en ese sentido que el campo intelectual al que pertenecían les reservó un espacio más o menos visible, una vez que éstas asumieran una toma de posición estética o ideológica con respecto al campo en el que se insertaron. (Bourdieu, 2000, p.31)

            De esta manera podemos concluir que sí podemos hablar de una ecuación maestra – escritora que se unió a las filas del vasconcelismo convencidas de que a través de la alfabetización podría darse la regeneración mayor.

            Sigue pendiente seguir rastreando el papel de otras docentes, en términos de cargos honorarios y dentro de la enseñanza Ω

 

 

 

NOTAS

 

[i] La reflexión de Girardet está basada en el estudio de Mona Ozouf, La Fête révolutionnaire 1789-1799.Afirma el autor con respecto a las interpretaciones que se le han dado a la revolución francesa de 1789 que: “[...] El estudio de Mona Ozouf se esforzó por poner de relieve la significación esencial (de la fiesta revolucionaria) que la mentalidad revolucionaria nunca dejó de atribuirle. (Girardet,1999, p.140)

 

[ii] Es importante, además de interesante, mirar planteamientos que apenas una década antes de 1910 se hacían presentes en torno al ejercicio intelectual de las mujeres profesoras. Asunción Lavrín, cita las palabras del mexicano Félix Palavicini, quien, según la autora, ofrece todo su respeto a las maestras, pero les ruega: “No seáis universitarias, no seáis académicas. Quienes cayeran en la tentación de seguir una carrera universitaria podrían llegar “al pedantismo ridículo o a una brillante miseria académica [que] acaba por hacerla madre de una prole enfermiza, débil y degenerada”. (Lavrín, 2008, pp. 426-427)

 

[iii] Hacemos esta aclaración con respecto al término “ciudadanías culturales”, mencionado por Pratt a propósito del planteamiento de la politóloga británica Carol Pateman. “La teoría de Pateman no profundiza sobre las dimensiones no contractuales de la ciudadanía, dimensiones a menudo vistas como culturales. La falta de derechos ciudadanos no significa la falta de pertenencia. Existen formas y prácticas de pertenencia  -ciudadanías culturales-que no dependen necesariamente de los derechos contractuales.” (Pratt, Mary Louise, 2003, p. 33)

 

[iv] Es interesante prestar atención a la búsqueda y seducción que ciertos intelectuales europeos emprendieron hacia Latinoamérica luego de la Primera guerra mundial. Un ejemplo lo encontramos en los escritos publicados en la revista El Maestro. Se trata del “Manifiesto a los intelectuales y estudiantes de América Latina”, escrito por Anatole France y Henri Barbusse: “Con fervorosa esperanza nos dirigimos a la magnífica falange de escritores, artistas y estudiantes que anhelan renovar los valores morales sociológicos y estéticos de los jóvenes pueblos de la América Latina. Al mismo tiempo que les enviamos nuestro saludo fraternal, como trabajadores del pensamiento, queremos expresarles lo que de ellos esperamos, para servir mejor, conjuntamente a la obra enaltecedora de estimular una revolución en los espíritus, conforme a los ideales que ya alborean en la nueva conciencia de la humanidad.” France, Anatole y Barbusse, Henry. “Manifiesto a los intelectuales y estudiantes de América Latina”, en El Maestro, Revista de Cultura Nacional México, no. 3, junio de 1921  p. 253.

 

[v] Steiner hace un recuento de las creencias en torno a las que durante algún tiempo estuvieron vigentes en el mundo occidental las “certezas” de un desarrollo y crecimiento cultural. Estas creencias sin embargo pronto se vieron desvanecidas tomando forma de desencanto y desesperanza. Hechos emblemáticos para esta situación fueron las dos guerras mundiales. (Steiner, 1991, pp. 97 y 98)

 

[vi] Roger Chartier plantea que la historia de los textos puede tener varias vertientes entre ellas: “El estudio de un género textual a través de sus diversas manifestaciones materiales y editoriales [...] o la preconstitución de las prácticas sociohistóricas de las prácticas de la lectura a partir de sus paradigmas- por ejemplo la lectura compartida, en soledad, en voz alta [...]” (en Cue, (editor), 2006, p. 228) 

 

[vii] La llamada feminización docente no ha sido exclusiva de México y/o de América Latina, aunque hay matices en épocas, según los países. En Europa, particularmente en Francia, Anne- Marie Chartier, ubica este proceso en la década de  1930 y señala: “¿Qué papel desempeñó la feminización del cuerpo docente en esta concepción más “maternal” de la escolaridad? Las maestras, con más frecuencia que sus colegas varones, provenían de las clases medias, y algunas tomaron otros cursos antes de integrarse a la enseñanza primaria. En su infancia familiar y durante sus estudios de adolescentes y sus pasatiempos de adultas (a menudo eran solteras), seguramente más de una disfrutó el placer que se obtiene con las lecturas de ficción). (Chartier, Anne- Marie, 2005, p. 138)

 

[viii] En una carta de Vasconcelos dirigida a Alfonso Reyes, leemos: “Muy querido Alfonso: Te entregará la presente la señorita Palma Guillén, gloria de esta Universidad y discípula preferida de Antonio Caso. La señorita Guillén no tiene más inconveniente que ser todavía un poco reaccionaria, pero la vida se lo irá quitando, y más que la vida el espectáculo de la Europa capitalizada. La señorita Guillén que se recomendará sola después de hablar, lleva alguna comisión de esta Universidad, sobre estudios de bibliotecas populares, y te ruego la atiendas en el asunto; que le des a conocer el semanario España y todo lo demás semejante, a fin de que vuelva preparada para una labor eficaz y de acuerdo con los hechos que corren de una manera fatal en este país. Tu amigo que te quiere. J. Vasconcelos.” (Fell, Claude (Compilación y notas), 1995, p. 60)

 

[ix] De acuerdo a algunas investigaciones, Elena Torres también fue docente y se supone formó parte de la comitiva que recibió a Mistral cuando ésta arribó a Veracruz. Valdemar Verdugo Fuentes afirma: “Elena Torres, de gentileza enorme, nos compartió cuando la Mistral se integró a trabajar con ellos en la escuela Francisco I. Madero del D.F.” Verdugo Fuentes Valdemar “Susurros de México” en www.arts-history.mx/.../index.php?id...- Fecha de acceso 02 de agosto 2009.

 

 

 

 

 

FUENTES

 

 Lozada León, G. (introducción, selección y notas), (1998), José Vasconcelos, hombre, educador y candidato, México: UNAM, (Biblioteca del estudiante universitario) pp.209-210.

 

El Maestro, Revista de Cultura Nacional Tomo III, números IV y V, 1923, “Entrevista al presidente de la República con el periodista norteamericano Mr. Clapp”, p. 336. No se consigna el mes

 

 

Patricia Hurtado, Rosas de la infancia

 http://www.comie.org.mx/congreso/memoria/v9/ponencias/at09/PRE1178941615.pdf. Consultado el 13 de octubre 2009).

 

 

“María Enriqueta”, (1923) La Falange,  sección Figuras relevantes de América”, p. 244.

 

“Principales personajes de la historia de Tamaulipas”. www.tamaulipas.gob.mx/tamaulipas/ssocial/cultura/personajes.htm. Consultado el 24 de octubre 2009.)

 

 

Castañeda, Estefanía, (1921) “La organización familiar en la casa”, El Maestro”, sección Conocimientos prácticos, pp. 73 y 75.

 

 

 

Pasternac, N. Domenella A. R. y Gutiérrez de Velasco, La (compiladoras) (1996) Escribir la infancia. Narradoras mexicanas contemporáneas, México: COLMEX, (Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer).

 

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Galván Lafarga, L. E.  y López Pérez, O (coordinadoras), (2008) Entre imaginarios y utopías: historias de maestras, México: CIESAS/ UNAM/ PUEG/ El Colegio de San Luis.

 

Díaz Plaja, Aurora, (Selección y prólogo). (1994) Gabriela Mistral para niños, Madrid: Ediciones de la Torre, (Colección Alba y Mayo. Serie Poesía no. 35),

 

Zapata Rosaura, (1962) “La educadora. Jardín de niños. El juego. Expresiones propias del año en transición. En Teoría y práctica del jardín de niños, México: Imprenta Manuel León Sánchez,

 

Burgos, F. (2006), Antología del cuento hispanoamericano, México: Porrúa, (Sepan Cuantos 606).

 

Mistral, Gabriela, “Varias clases de libros”, en El libro y el Pueblo, México, no. 6, septiembre de 1922, p. 53.

 

“Un mensaje del señor Presidente”, en El Maestro, Revista de Cultura Nacional, México, no. 3, junio 1921, p.211.

 

 

Aguirre, Lauro, (1922) “Unas palabras” en Revista Educación, México

 

 Bourdieu, Pierre. “Campo intelectual y proyecto creador”, en Araujo, Nara y Delgado, Teresa, (Selección y apuntes introductorias), (2000) Textos de teorías y críticas literarias (del formalismo a los estudios postcoloniales), México: UAM/ Universidad de la Habana, (Libros de texto, manuales de prácticas y antologías).

 

 

 

 

Comentarios que se han escrito sobre la Obra de Adán Echeverría

Actualizado al 4 de septiembre de 2020

 

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"Hay una frase de un poemario escrito por un autor yucateco, llamado Adán Echeverría, que dice: 'Guardo en el ropero del suicida mi traje de vale madre' y me encantó".

(Stephani Capetillo Cabrera)

https://www.milenio.com/cultura/todas-las-personas-son-fuente-de-inspiracion-de-mis-escritos

 

 

 

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"Dos temas resaltan la obra de Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, México, 1975) el sexo -en sus múltiples y polémicas vertientes- y el grito de protesta, rebeldía o inconformidad. El género (novela, cuento, poesía, microrrelato) solo es el medio a través del cual el autor da voz a sus demonios más personales. ¡Adanizáralos!, sus textos de manufactura más breve, lo mismo ironizan que invitan a la reflexión, pero sobre todo rondan el escándalo, y quizá a no pocos lectores (o lectoras) despierten el deseo de mentarle su madre al autor. Él lo sabe, y lo provoca; su lectura no pasa desapercibida."

(Internacional Microcuentista. Revista de lo breve.)

http://revistamicrorrelatos.blogspot.com/2012/11/adanizaralos-de-adan-echeverria.html

 

 

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En Xenankó, los niños en contacto con los textos han imaginado e ilustrado criaturas de todo el mundo. La obra es autoría de Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, 1975), quien escribe poesía y cuento.

SEMARNAT

 

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Los tumultos del lenguaje en Del silencio hacia la luz: mapa poético de México.

Sondear en los actuales terrenos del arte resulta una tarea movediza, semejante a arar en el mar y –desde la perspectiva cultural, en un país tan indiferente como México– a clamar en el desierto. No obstante, se revela también como una labor necesaria, en un horizonte poblado por reminiscencias de corrientes consolidadas y en proceso de disolución; tendencias a la ruptura y a la renovación –imposiblemente– absoluta; ausencia de grupos con temas, enfoques y vías de expresión comunes; generaciones dispersas por la multiplicidad de lenguajes y concepciones vitales; creadores fascinados o repelidos por el acceso a la tecnología y la diversificación de los códigos estéticos. En el plano literario, esta situación ha derivado en consecuencias desconcertantes y luminosas: las últimas dos décadas han atestiguado una auténtica catarata de antologías que, en su disparidad de criterios, se han ganado a pulso el mote de antojolía y han colaborado a la construcción de una ciudad letrada titubeante, saturada de pirotecnias verbales y defensas críticas, en la cual se transparentan las carencias del aparato editorial mexicano –desde la selección hasta la distribución de sus publicaciones– y la postura del lector se disuelve entre la contemplación pasiva, inevitablemente neutral.

Frente a este panorama, Adán Echeverría (Yucatán, 1975), poeta y narrador asociado al Centro Yucateco de Escritores, se ha convertido en el animador central de una iniciativa nacional que aspira –al menos parcialmente– a contrarrestar los efectos de este tipo de trabajos antológicos. En 2007, convocó a los poetas mexicanos nacidos entre 1960 y 1989, radicados tanto en el país como en el extranjero, a participar en Del silencio hacia la luz: mapa poético de México. Este esfuerzo, de raigambre indiscutiblemente independiente y colectiva –en el sentido más abierto del término–, produjo un documento electrónico conformado por 1,500 páginas, en las cuales se concentran siete volúmenes de muestras literarias de más de 660 escritores, clasificados según su fecha de nacimiento y su entidad de origen, y cuatro tomos complementarios, en los que aparecen las fichas biobibliográficas de los autores correspondientes.

Así, mediante parámetros sencillos, pero claros, válidos y eficaces, esta antología –publicada en agosto de 2008 y realizada en colaboración con Armando Pacheco (Estado de México, 1980)– consigue zanjar algunas cuestiones alrededor de la valoración estética, artística e histórica implícita en este tipo de recopilaciones; al mismo tiempo, se atreve a detonar nuevas interrogantes al respecto. De esta manera, mientras restringe los argumentos estrictamente críticos de la compilación, promueve –desde una óptica amplia– un debate profundo en torno a la libertad de la creación poética, que depende más de la opción de comunión entre autor y lector que de las razones aducidas por la mayoría de instituciones culturales, consejos editoriales, jurados y florecientes mafias literarias, que se limitan a propagar ensayos teóricos sobre la poesía, sus estilos y fórmulas retóricas. En contraste, Del silencio hacia la luz propone disfrutar las múltiples combinaciones de la literatura en tanto expresión sintética –concreta e irrepetible– de una visión del mundo, susceptible de comprensión y enriquecimiento a través de la percepción intelectual y sensorial de los lectores, quienes ejercen, en última instancia, su derecho al goce, el juicio y la elección del arte.

Por otro lado, este proyecto pretende romper con el centralismo que predomina en numerosos espacios de la vida nacional; para ello, ha resuelto las exigencias propias del trabajo editorial mediante la publicación electrónica, que expande la distribución en dos vías: facilita el tránsito por fronteras físicas –más imaginarias que reales– y permite reproducir, en nuevas áreas y para distintos ojos, materiales ya aparecidos en libros, plaquettes, revistas y otras antologías de circulación local –en el caso del Estado de México, por ejemplo, coloca la poesía de Marco Aurelio Chávezmaya, Lizbeth Padilla, Patricia Solar, Félix Suárez, Eduardo Villegas y Sergio Ernesto Ríos en el vasto movimiento del país–. De este modo, lectores y escritores del norte pueden acceder a la escena literaria del sur, mientras que el valle central se abre a la rica sensibilidad de otras latitudes. Por estas razones, es posible adquirir Del silencio hacia la luz en todos lados y en ninguna parte: los discos compactos con los once volúmenes de la compilación se venden a solicitud expresa por internet (mediante el correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.), con envíos a toda la República.

Pese a su amplitud, pluralidad y minuciosa confección, Del silencio hacia la luz también arroja numerosas insuficiencias: ante el océano de creaciones emergentes, independientes y marginales, apenas ha logrado recoger un puñado de las voces que convergen en el horizonte poético contemporáneo. Por ello, Adán Echeverría, ahora en estrecha colaboración con Ileana Garma (Yucatán, 1985), ha lanzado la convocatoria para una segunda edición, a la cual se encuentran invitados todos los escritores mexicanos nacidos entre 1960 y 1992, radicados en tierras nacionales y extranjeras. Los requisitos de participación recuerdan la sencillez de criterios instaurados para aquella primera tentativa: los autores deben tener, por lo menos, un libro o una plaquette de poesía en circulación, a nivel estatal, regional, nacional o internacional. Igualmente, pueden validar su experiencia literaria con un premio de poesía en idénticos ámbitos. Para enriquecer el contenido de este nuevo proyecto, es necesario que los integrantes hayan publicado sus trabajos en una revista comprendida en el Sistema de Información del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el cual se halla disponible para consultas aquí.

Si los interesados cumplen con estas condiciones, deberán enviar a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. una ficha biobiliográfica con los siguientes datos: nombre completo; lugar y año de nacimiento; estudios realizados; conjunto de obras publicadas, premios recibidos y becas artísticas obtenidas a lo largo de su trayectoria; relación de antologías, revistas y otras ediciones periódicas que han incluido sus textos, además de otras referencias importantes sobre su producción literaria. Asimismo, complementarán su contribución con hasta seis cuartillas de sus poemas –inéditos o ya aparecidos en otros espacios, en cuyo caso señalarán la fuente pertinente– y una fotografía de alta resolución de su rostro, de preferencia en blanco y negro. La convocatoria continuará abierta hasta el 30 de abril, con el propósito de presentar el resultado final –por segunda ocasión, un documento electrónico en el que confluirán piezas literarias e información biográfica sobre los artistas– en agosto de este año. Como retribución y reconocimiento, cada participante recibirá dos ejemplares de esta recopilación, que también estará a disposición de los lectores a través del mismo mecanismo: correos electrónicos y certificados, destinados sondear en los tumultos del lenguaje, en su dimensión más dinámica y vivaz.

(Margarita Hernández Martínez)

http://vocesfragmentarias.blogspot.com/2011/04/los-tumultos-del-lenguaje-en-del.html

 

 

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(…) el libro que hoy nos convoca, y que forma parte de esta nueva y post moderna corriente gore que gana cada vez más adeptos, tiene como tema central, la inmortalidad. Y es, precisamente a través de los hábitos de reproducción de estos quelonios, como se irá conformando la trama de Arena, la primera novela de Echeverría. La historia, ambientada en un ribete perdido de tierra, Las Bocas, que evidentemente remite a la reserva ecológica de Dzilam Bravo en la Península de Yucatán pero que podría ser cualquier costa del mundo, cuenta el regreso de Lucrecia en contra de la voluntad de su madre Yosefina, a ese misterioso sitio donde su padre desapareciera, y en donde el tiempo no transcurre para sus habitantes, literalmente.

Trepidante, enloquecedora, llena de una oscura ambientación que por momentos recuerda el estilo del norteamericano Lovecraft, Adán se ha enfrascado en la realización de un texto prohibido para todos aquellos que no entienden que en el arte no hay barreras y que es posible mezclar la sangre con la ironía, siempre y cuando se salpique con un toque de humor negro. A menudo, tal como sucede en las historias del escritor estadounidense, creador de Los mitos de Cthulhu, los protagonistas de Arena parecen incapaces de controlar sus propias acciones, o encuentran imposible cambiar el curso de los acontecimientos. Muchos de estos personajes –Mauricio, Lucrecia, Rulor Miranda,- escaparían del peligro si simplemente corrieran en dirección opuesta, aunque esta posibilidad nunca surge o es, de alguna forma, sometida por una entidad externa. No es casual, pues, que los moradores de Las Bocas no puedan huir debido a las fuertes corrientes del océano o a las repentinas tormentas de arena que se abaten sobre ellos. Lo interesante es que, a pesar de girar alrededor de un solo tema, el autor ha tenido la habilidad suficiente para enriquecer la trama y enseñarnos de a poco, como en aquellas legendarias cajas chinas, los motivos de cada uno de sus personajes. Y cito:

“Ah, mi madre tan bella y tan puta la condenada, siempre he pensado que he sido la mezcla de mucha leche. Yo, ¿sabes?, el mismísimo general que está acá contigo; soy la mezcla de muchas leches, porque la noche que me concibieron, a mi madre se la cogieron varios hombres, le llenaron el culo de leche, la llenaron todita de leche a la muy puta. Ay mi madre tan puta la pobrecita, éramos tan pobres, tanto; tuve dos hermanas, y creo que ambas me dieron hijos, ¿sabes?, murieron en la revuelta…”

Ahora bien, lo que creemos leer, no es necesariamente igual a lo que deberíamos saber. Pareciera que el autor, debido a su desbordante imaginación y su trabajo como investigador, observa detalles que para nosotros pasan inadvertidos. Quizá la vena poética de Adán, conjuntamente con su voluntad, contribuya también a crear esta impresión. No en balde, Adán es compilador, junto con el poeta mexiquense Armando Pacheco, de una trascendente antología digital llamada Del silencio hacia la luz, donde se dan cita 658 poetas mexicanos.

Así, en Arena, por momentos nos encontramos leyendo la novela dentro de la novela, pues es un manuscrito dejado por Mauricio a su esposa Yosefina, el pretexto para iniciar la historia. Y es también el manuscrito de Lucrecia, hija de ambos, el que cerrará el texto. (…) Nada es lo que parece. Detrás de cada ser humano se esconde otro. Así lo constatarán, estoy seguro, los que se acerquen a esta hilarante novela de Adán Echeverría.

(Carlos Martín Briceño)

https://carlosmartinbriceno.com/2010/01/13/a-la-memoria-de-charles-darwin/

 

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Seremos tumba, novela de Adán Echeverría

En el nombre del padre y del hijo de su santísima iglesia católica. Oremos.

Ese Adán está muy loco, puras pendejadas dice en Facebook. Le oí decir y sonreí con aprobación tomando aquello como verdaderas flores para una de nuestras mejores plumas, al menos para una de las pocas que admiro de por acá. Al poco recibí mensaje invitándome a comentar Seremos tumba, su segunda novela, y de inmediato dije que sí, antes de que se arrepintiese pues calibrara el riesgo de sentarme a hablar de su obra sabiendo que soy un oportunista y me iré perdiendo en mis debrayes para terminar hablando mal de algunos y muy bien de mí mismo.

 

Primera lectura.

¡Una novela, carajo! En 2009 decía de Arena, primera novela de Adán, que había caído como lluvia fresca en la ciénaga novelesca poco seca de la literatura yucateca. Y hace poco me quejaba de lo cuestionable que es la existencia de algo que se pueda llamar Literatura Yucateca Contemporánea. Hoy, con Seremos tumba, me queda claro que aquí está, en sus temas y sus voces meridanas, en sus ambientes y sabores yucatecos, en sus personajes y formas peninsulares.

Cuando, a la hora de la comida, le dije a mi mamá “está buena la novela que estoy leyendo”, no le conté que iba de una historia de amor y muerte juvenil exquisitamente narrada, ni de que cuestionase valores y antivalores escarbando con clavos oxidados en las yagas de los 'doblemoralinos' meridanos que somos casi todos, mucho menos le dije qué chingones estaban los manejos de flashbacks, los tiempos y las voces narrativas. No. Le dije que sacaba los ¿trapitos sucios? de los grupos juveniles parroquiales como aquellos del famoso templo de Cristo Rey y de paso dejaba mal parada, por si hiciera falta, a la iglesia católica institucional. Ella contestó contándome el caso de la vecina que registró como suya a la hija que su vástago, flamante corista de la parroquia le fabricó a una mocosa del mismo grupo, ello, claro, con asesoría del párroco y la correspondiente bendición de Dios. Por ello nada de trapitos sucios, pues todo mundo sabe en qué piensan los chavos y a qué van a la iglesia. Pero pérate, le dije a mi mamá. La onda de la renovación cristiana, los sitios de Jericó y esos tejemanejes de alabanza, negocio y no sé qué más, es otro rollo que también sale en la novela. Y ella dijo “ha me prestas el libro”.

 

Segunda lectura.

El caso es que cuando empecé a leer me costaba trabajo no confundir recuerdos y fantasías con lo leído. De repente desescuchaba las contundentes descripciones del narrador y ponía rostros conocidos a ciertos personajes, así como reconocía lugares y situaciones (lo que les decía de la literatura yucateca contemporánea). Por momentos, algunas realidades de la ficción que leía me rebotaban entre la conciencia y la moral o entre la memoria y cierta frustración. La obra es cercana al lector habitante, pero su arquitectura le brinda carácter universal. Y esto me lleva al primero de dos reproches que tengo para el autor:

 

Adán Echeverría: ¡deja el fondo editorial del ayuntamiento de Mérida para los piojos! Sé que en nuestro amado pueblo no existe la industria editorial, entiendo que lo tuyo es otra onda, la belleza, la subversión, que para el caso ambas cosas son la misma, el arte. Pero contras, Seremos tumba, y al menos toda tu obra narrativa, debe tener repercusiones más grandes. Que la novela es el producto que más vende y prostituye a la literatura, dicen algunos, y que mejor nos vamos por el “underground oficialista”. Adán, déjame decirte que haces novelas muy chingonas. Y dime si no te faltó al respeto un poco el ayuntamiento con sólo quinientos ejemplares.

 

Lectura del santo evangelio según este gallo.

Pensé algunas frases publicitarias. “Una vibrante y apasionada historia de amistad, amor y muerte”, “Seremos tumba, el amor es para los subversivos”, “Anecdotario de un patán que ninguna mujer liberal debe dejar pasar”. Y ésta última trae a colación el segundo reproche que tengo para el autor. Advertencia: las siguientes líneas contienen información explícita del contenido de la obra, lo cual podría enrarecer la experiencia virginal con la misma. No es cierto. En realidad es un reproche a medias. Porque dice por ahí que el amor que E siente por A es indudable. Y neta que nunca lo dudé, eso me quedó clarísimo y es entendible todo el tiempo, mi problema, como lector mega-romántico que soy, es que no lo sentí hasta el mero final, cuando leí la ultimísima palabra. Y es que la narrativa está plagada de poesía y de sensaciones verdaderas, pero ese amor de-ses-pe-ra-do que al final resulta lo que resulta no lo sentí hasta la última palabra. Por eso digo que es un reproche a medias, pues la verdad es que resulta el máximo acierto, ya que cuando la ultimísima palabra cayó, toda la piel se me erizó y viví eso que sólo el arte, y otra cosa que luego les cuento, permite, tras ciento ochenta páginas de imperdible Seremos tumba.

Demos gracias al autor, pero mejor que dé su tanda.

(Rígel Solís)

 

 

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"Cualquiera que lea el muro de Facebook de Adán Echeverría diría, con cierta razón, que pudiera tratarse de un sociópata, su lenguaje virulento, combativo y desencantado asusta a las buenas conciencias, y precisamente ese es el lenguaje que rescata para elaborar una novela, la segunda, que evoca la novela de iniciación como El guardián entre el centeno de J.D. Salinger. Esos escritos que en su contexto histórico y social crearon una piedra en el zapato del establishment. La transgresión es un arma para sabotear la placidez del entumecimiento social."

(Roberto Azcorra Cámara)

 

 

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Cuando hace unos meses el escritor Adán Echeverría nos compartió, a través de las redes sociales, la noticia de la publicación de su más reciente libro, Las sombras de Fabián, lo primero que advertí fue su vocación y destreza literaria para incursionar en un género tan poco estimado. (…) Las sombras de Fabián puede leerse como un signo de iniciación a la madurez, un despertar de consciencia que pugna por enfrentar la realidad que lo atañe; es asimismo, una metáfora del pasado: las sombras de Fabián son nuestros miedos, nuestras incertidumbres, nuestras propias sombras por supuesto. Un elemento preponderante a lo largo del libro es la presencia de lo fantástico. Lo fantástico como tema, lo fantástico como condición sine qua non, lo fantástico como vehículo para acercarse a los niños. En Las sombras de Fabián, el relato se dimensiona cuando el protagonista, tras ser enviado a su cuarto, descubre que puede jugar con las sombras proyectadas por sus manos. Es en este momento cuando acontece lo realmente maravilloso: “Y al desdoblar las manos, la sombra del cachorro corrió por las paredes.” De pronto, como si de un truco de magia se tratara, la frontera entre la realidad y la ficción se ha roto, un nuevo orden, en donde todo es posible, se instaura y los rayos de luz y la alcoba –como espacio íntimo– se vuelven requerimientos indispensables para que esto suceda. Así, lo fantástico se despliega desdibujando una atmósfera de luces y sombras, de certeros contrastes, como lo es sin duda nuestra propia vida. Otro aspecto relevante en la obra de Adán Echeverría es la representación familiar. Las sombras de Fabián, en uno de sus planos argumentativos, puede interpretarse como una refinada crítica a la comunicación familiar. El cuento, entrevera una situación de premio y castigo, de estímulo y respuesta, que se expresa cuando los padres advierten el comportamiento hostil de su hijo. Por otro lado, no es menos significativa la contribución de las ilustraciones. Presentadas con equidad de género, por lo que a grados de participación social y estereotipos respecta, las imágenes ayudan y multiplican la comprensión del texto. Las sombras de Fabián es un libro infantil que se circunscribe con sagacidad en su contexto histórico. Ya sea para quien interprete un anhelo por la fantasía o para quien defina una preocupación real por la madurez, el libro ofrece una cortina de temas actuales. Es un libro para leerse en voz alta con total disponibilidad de espíritu.

(Daniel Ferrera)

https://www.revistasinfin.com/resenas/las-emociones-perdidas-resena-del-libro-las-sombras-de-fabian-de-adan-echeverria/

 

 

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Si no fuera por el subtítulo del poemario Tremévolo, compuesto de tres libros, con la lectura de los poemas de la segunda parte sabríamos de qué se trata: Pornoversos titulados metafóricamente como Estanterías dionisiacas. Me quedo con esta segunda parte del libro para ser la que sostiene a la primera y la tercera, -desde mi apreciación como lectora- la segunda parte es la que altera, golpea el rostro con su realidad, la de una concepción decimonónica de la poesía.

Pero la poesía no solo se hace de la belleza, también en la fealdad o en lo perverso hay una estética poética, la que hay en la turbia existencia de los subyugados a sus pasiones. La pasión se ha abordado el Ars Amatoria de Ovidio, fue de invocación a Venus, a inspirar El Arte de las putas de Nicolás Fernández de Moratín, auténtico manual sobre las prostitutas del Madrid en 1777. Algo que se antoja más ligado a la pornografía que a la literatura, pero el tema es ¿la pornografía es literatura? Acaso cabe la pregunta, y como Adán con la intención y el gusto por el tema procuro la respuesta: Varios son los matices que pueden abordarse pero en lo esencial “en griego antiguo pornógrafos designaba al autor que trataba sobre la prostitución: así como pornografía designaba aun género pictórico: la representación de prostituidas…”, entonces la literatura y la pornografía se ligan hasta ser una categoría de análisis y como tal está sometida a las mismas exigencias de otras categorías de la literatura.

Cumpliendo con esta premisa, es que el autor titula al segundo libro inserto en el poemario Tremévolo: Pornoversos y calumniaditas sin censura. Así, Adán Echeverría anuncia con las palabras de Tolstoi, en un epígrafe, los linderos del poemario que va de la subyugación, el deseo, la locura, la pasión que son al mismo tiempo un dragón de varias cabezas. No es casualidad, hay una intencionalidad latente en la voz lírica del poema cuando dice: Dejen que me inflame/que suelte mi verso amoral y nocheciente, / mi verso-dardo irreparable.

El verso no se limita, ni se reprime no le teme a lo obsceno y lo pornográfico, en presentar el amor como algo carnal, y por ende lleno de humores y olores, de fluidos y nombrando al cuerpo con sus nombres, a sus partes. El discurso poético de Tremévolo se sostiene en estructuras gramaticales y estilísticas específicas y distintivas, desde una dimensión específica de descripción que atraviesa el poemario: la sexualización de la existencia. No es posible una lectura ingenua de Tremévolo, al que hay que dar una lectura intencionalmente obscena para obtener el placer del texto no solo en el sentido de Roland Barthes, sino propiamente en el entendimiento de la retórica popular, pero construido con un lenguaje poético que confirma que todo en la vida es pues sexualidad consumada en la palabra. Cito:

Todos están ardiendo en el fuego que somos crematorio

dormitadas velas de la madrugada.

 

Qué mejor entierro que enterrarnos,

enterrarte el pene y el ojo básico de cada noche,

 

El verso no se construye con la metáfora, se sustenta en la polifonía de las palabras que usa, sugiere imágenes sexualizadas latentes en el imaginario de quien lee –o escucha-, pero también se atreve a interpretar la concepción prejuiciada de la sexualidad y la perversión con una mirada de devota fascinación. En el texto pornográfico el cuerpo es frecuentemente castigado, espectáculo que produce placer en personas que han sufrido represión en sus actividades amorosas y sexuales, dice Gabriel Weiz en Dioses de la Peste, y en el poema esa fascinación por la violencia se sublima como un ingrediente más de la obra que aquí presentamos con versos sutiles o que se confrontan con imágenes descarnadas:

 

Quiero castigarte con la punta de mi lengua

rozarte con el glande sin hacer la embestida

 

 

Versos más adelante dice:

 

Ven a orinarme, ornitorrinco.

Ven a volverme paradigma

 

La poesía no es realidad pero crea una capaz de reflejar la que vivimos, y Tremévolo se inserta en una interpretación del mundo, en una cultura en la que el cuerpo en una escritura masculina que describe lo femenino como objeto sexual, pero el autor se abre, se imposta en una voz femenina pero No es otra voz lírica, es la del mismo sujeto textual que habla y se enuncia, se ofrece en esa concepción pornográfica de sumisión femenina, porque en el deseo construido en el imaginario popular solo lo femenino cabe a abrirse, a someterse, a ser poseída y penetrada. Y en el poema se confiesa el sujeto lírico sometido:

 

Qué me has dado sino el más puro dolor

purificado y rectilíneo, retardado y trovador de lunas

 

Porque hasta la pornografía a pesar de su papel transgresor reproduce modelos patriarcales de sumisión femenina frente a la embestida masculina, aunque el doliente obsesivo enamorado se torne abierto-femenino, sumiso sometido en el poema:

 

Quiero ser tu hembrecita dulce

dime si no soy buena mujercita, tú lo sabes.

Lo sabes cuando me insertas tus uñas de lodo,

 

El deseo es lo latente y a partir de esa emoción plantea una forma de amor humano, carnal y nos despierta furia con su obscenidad que nos estrella en la palabra; el recurso de la repetición busca y alcanza exasperar, alterar y enfatizar. En una concepción perversa del deseo. Cito:

 

¿Quieres que te mire coger? Déjame sodomizarte

Clávame ese bastón de aluminio que te he regalado

 

Pero también es una forma de pulsión latente en estos días en esa concepción de lo placentero de la actualidad; Renata Salecl, plantea en Perversiones de amor y de odio que la pulsión obtiene siempre satisfacción, mientras que el deseo siempre permanece insatisfecho. Cito:

 

Los espero en este punto,

en este pedazo de vértebra

en que no dejo de presentirme lobo,

quimera equidistante que nada justifica

ni el amor, ni la muerte que llevo acá en la espalda.

 

En última instancia, la pulsión es siempre la pulsión de muerte –sostiene Salecl-, la fuerza destructiva que socava sin piedad y sin fin los puntos de apoyo que el sujeto ha encontrado en el universo simbólico. Entonces no extraña que en el poemario la muerte sea un ritual sensual de sublimación. Cito:

 

Vamos a matarnos todos juntos

a brindarnos al suicidio colectivo

 

El poemario no es ni moral ni aleccionador, es amoral porque se presenta sin temor de lo que despierta, es una fotografía de una forma de intimidad humana que las más de las veces nos negamos a aceptar en lo público aunque en lo cotidiano palpamos su existencia, con toda su violencia y la fealdad de lo perverso que se entraña en formas de amar que la sociedad hoy prefiere etiquetar como decadente aunque es lo que se vive en este tiempo. Por momentos, el verso es una película que transcurre en nuestros ojos, con la referencia de las imágenes de filmes pornográficos, la sublime fantasía elucubrada en lo profundo o como la pesadilla de ser la víctima de un ataque; pero capaz de construirse como imagen escupiéndonos en la moral que nos obliga a esconder la confesión del placer o la compresión de las imágenes poética si se hace en una lectura hipócrita evasora. Algo hay siempre de grotesco en la pornografía como nos cuesta confesarnos humanos, comunes y ordinarios. (…) vale decir que el amor es también el deseo del otro, una insatisfacción perpetua por nunca poseerlo del todo. El discurso poético de Tremévolo es globalmente coherente, con una primera parte llamada Anatomía distante y sin retornos que no es ociosa, es la metáfora del tiempo del deseo el enamoramiento que se torna obsesión y empieza a agobiar, con imágenes que se confrontan y nos guía a una poesía de lo que se habla, se vive, se escribe y se hace en la realidad de las personas, de esos posibles lectores, del sujeto lírico que habla en el poema y posiblemente del autor. Cito:

¿Buscarte? Todos te buscan,

¿Quién te encontrará en el resorte de las camas?,

¿o eres tú buscándolos?

¿Para qué otros rostros para qué otros nombres?

¿Mi orgasmo no te basta?

 

Una tercera parte donde el yo lírico se imposta en la hipocresía de amorosas confesiones. Donde la nostalgia se teje como una forma también de sentir deseo, de consumar la pasión por la “ella” distante, una vuelta al discurso amoroso después de las probadas perversiones que le anteceden al mismo objeto del deseo porque después de todo también esas son formas del amor. Y termino citando a Tremévolo:

Hemos herido tanto, hemos sangrado poco,

lamiéndonos, paladeándonos como las hienas

hiriendo el cenit de alumbre en que nos alumbramos.

 

(Argentina Casanova, Campeche, Camp.)

 

 

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Tremévolo no es palabra muerta del diccionario. Tremévolo es una ensoñación poética (quiero decir imaginación, invención poética), es la transformación del lenguaje que exige la función estética al artista si acaso quiere poner en obra un mundo inédito. Adán Echeverría (recuerdo a Gaston Bachelard) extrajo de su cuarto de poeta la palabra Tremévolo que en la densidad de significado o en su afán de otorgar pistas al lector, la acompaña del subtítulo Tres lados de un mismo rostro. Así esta palabra otra pasa del ensueño a los hechos tangibles, a incorporarse al mundo de la palabra, el mundo del lenguaje poético. Es verdad que (cito de Bachelard) “no todos los objetos del mundo están disponibles para las ensoñaciones poéticas. Pero una vez que un poeta ha elegido su objeto, el objeto mismo cambia de ser y es promovido a lo poético”. Tremévolo, cierto, sugiere Tres lados de un mismo rostro, que en una posible lectura, puede ser el rostro amoroso. En mi criterio, el poemario de Echeverría son tres fragmentos para el amor (título que tomo en préstamo a María Zambrano de su libro Dos fragmentos sobre el amor), es esa travesía de la muy humana condición que todos emprendemos y, a veces, se convierte en un viaje sin retorno o, a veces, en un periplo porque se vuelve al punto de partida desde donde algunos creen estar listos para empezar de nuevo. La fonética de Tremévolo remite a las sensaciones de lo malévolo o al legendario trébol o, como dice un verso del belga Edmond Vandercammen, es “una palabra que puede ser un alba y aun un abrigo incierto”. Es una palabra infiel porque puede tener uno o varios significados, intenta establecer (vuelvo a Bachelard) sinonimias oníricas de una cosa o de otra. Tremévolo en su alucinación verbal dibuja y desdibuja al amor. El sujeto poético, ese que habla en cada verso, pone en obra el amor contradictorio que en la filosofía zambraniana es el amor divino: ese que sublima y de golpe conduce al abismo. Pero el lector no asiste a ese ciclo, la voz poética desde la primera parte del poemario, “Anatomía distante y sin retornos”, está ya en el abandono amoroso (cito el poema IX):

 

Déjame aullar sobre mi cuerpo / que baje a las alcantarillas para arrodillarme ante la victoria de tu vida, / que baje al inframundo en que me reconozco / ansioso por los lobos que sangran en mis muslos; / déjame enredarme el opio dentro de las vértebras, / que me sirva esta luz que se lo come todo, / que me sirva esta navaja que anida entre mis venas / para rasgar el rostro de saberme tuyo hasta el huesito. / Todo me dimite al abandono y me deshago música, / párpado y terroso laberinto / de ese fauno que soy, que he sido admonitoriamente / encorvado como el arcoíris que doblega, como el arpa silenciosa de los edificios / con temor a caer sobre los automóviles; / ahí va mi cuerpo volando en libertad.

 

En “Anatomía distante y sin retornos”, el amor divino, coincido por lo expresado en la cuarta de forros, tiene al “cuerpo como centro del universo”, en realidad todo el poemario toma al cuerpo como clave del universo poético, pero en “Anatomía distante y sin retornos” la anatomía humana se convierte en un tormentoso recuerdo del amor en fuga, del amor que cada vez más se encuentra (traigo a María Zambrano) “sin espacio vital donde alentar, como pájaro asfixiado en el vacío de una libertad negativa” (leo el poema XII):

 

“Qué me has dado sino el más puro dolor / purificado y rectilíneo, retardado y trovador de lunas, / porque siempre ha sido robarnos el tiempo y la caricia, / ha sido desecarnos junto al ventilador, / observando el odio creciendo rojo en la pupila. / Nos gusta el dolor / (somos así: cuarzo y machete desgastado) / y crece la angustia de perdernos para siempre entre los autobuses / entre las manos de otros, paso por paso / (somos así: lágrimas y golpes en el rostro), / garra por garra, labio por labio, soberbios e invencibles; / de tu piel a mi piel cuelgan los orgasmos”.

 

El segundo fragmento sobre el amor lo propone Echeverría en “Estanterías dionisiacas. Pornoversos y calumniaditas sin censura”. Aunque el autor los etiqueta como pornoversos, se trata de eroversos: es el disfrute, el goce, el placer desde la recordación del sujeto lírico. Un instintivo festín de los sentidos que no escapa a lo escatológico, con esta parte del poemario empieza la debacle del amor divino en provecho del ejercicio de una función orgánica (leo del poema VIII): “Dime dime dime que soy tu Dios, quiero violarte. / dime dime dime que no me acabo tus relámpagos, / defécame insaciable. Mírame comerte los reflejos, / dibujarte latigazos, lamer tus excrementos insípidos / y enfermos; un buscador de sombras surge de mis ojos / parasitarios, inhalantes, devoradores, regurgitantes, / explotadores calamitosos, / mis ojos que lo creen todo. Dímelo con gritos auriculares, / dímelo sobre la costra con el dedo y el masaje en los pezones. / Ciérrame los ojos. Clausúrame tus líquidos. Deja tus vómitos / sobre mis alas. Deja cogerte las axilas y volcarme intacto / hasta que los ojos se desangren”.

 

“La región en que me encuentro. Sobredosis de anormalidades y una lata vacía” es la tercera parte de Tremévolo. En este tercer fragmento amoroso, en lo personal el que más me gusta del poemario, se encuentra impregnado del desasosiego, del dolor por la indigencia amorosa, quizá, la esencia del amor de nuestros días (leo el poema IV): “He de matarme accidentariamente, / he de matarme con el símbolo de siempre /laminitas de uva suave brincan en tu espalda / con tus fotos ardiendo entre las llamas, / tus huesos limpios, / los colmillos hartos ya del abandono. / He de matarme ya con la sonrisa a cuestas / y el valor que me obsequia la Nada obscenadoriamente. / Líquidas sombras se derraman, / inundan esta casa de libros y periódicos donde no logro encontrarte, / en que ya no logro saber qué eras. / ¿Adicta? ¿qué eras? ¿ingrávida tetera hermafrodita? / Eras tú... / enamorada de este manicomio que sumerge, / ¿quién te ha pagado para hacerme feliz?”.

 

El desencanto del poeta, el amor inexistente, infinito, está simbolizado en la idílica pantera blanca. Las palabras de Zambrano son eficaces para esta parte de Tremévolo: “No es que no exista [el amor], sino que su existencia no halla lugar, acogida en la propia mente y aun en la propia alma de quien es visitado por él. En el ilimitado espacio que en apariencia la mente de hoy abre a toda realidad, el amor tropieza con barreras infinitas. Y ha de justificarse y dar razones sin término, y ha de resignarse por fin a ser confundido con la multitud de los sentimientos, o de los instintos [...] o ser tratado como una enfermedad secreta, de la que habría que liberarse”. En “La región en que me encuentro...” la condición amorosa ha quedado reducida a lo humano, apartada de lo divino ha decaído en acontecimiento (vuelvo a Zambrano), ha sido “desposeído de su fuerza y de su virtud”, despojado de su esencia divina, desacralizado, aparece bajo la forma de la arrebatadora pasión; “es como si cuidadosamente alguien hubiera operado un análisis y extrajera lo divino y avasallador de él para dejarlo convertido en un suceso, en el ejercicio de un humano derecho y nada más” (leo el poema VIII):

“Allá estoy despedazado, / fértil y poderoso me recogiste y acá me miro de nuevo, / vacío como esa lata que conducen los mendigos hasta el ojo, / fuerte y poderoso por tu silencio, fuerte y poderoso por tu impasible tiempo eternizante. Aterrizante terrorífica / dantesca solución en que nos divertimos / envueltos en el aluminio de los sueños, / oxidado tirito junto a los desperdicios / de mi nombre te miro / recorrer los puentes hacia arriba, / con tu capa roja vas recogiendo lluvia, / mirando cada gota entre los dedos; / su transparencia de luz te abre los ojos / para navegar náufragos a la mordedura de caricias”.

 

El problema de despojar el amor de su carácter sagrado, reducirlo a suceso, es condenarnos a la fatalidad de la horrorosa repetición de nuestros actos, la repetición de la Historia toda, el eterno retorno de todo, porque el alfa de la existencia se funda en el amor divino en tanto esencia filosófica. Abandonar la idealización en el amor divino, quiero decir, someterlo a causas que llamamos razones, es condenarnos a la sombra, a la oquedad. Esto es algo de lo que nos dice Tremévolo donde no habla Adán Echeverría, sino el mundo o, para reproducir las palabras de Bachelard, “La voz del poeta es una voz del mundo”.

(Kenia Aubry)

https://letralia.com/242/articulo10.htm

 

 

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La confusión creciente de la alcantarilla (Prólogo)

ADÁN ANTORCHA. Es inevitable ser arrastrados por la poesía de Adán Echeverría, por la jauría de sus versos. Adán, con su vigilia sobre la rabia, nos hace deudos y cómplices de su dolor. Con sus demonios sueltos el autor nos va guiando por sentimientos de intensidad extrema, nos obliga a mirar sus dioses muertos donde también reconocemos sus heridas como propias. Nadie escapa a su lamento, nadie comprende cuando alguien deja de amarnos: todos a la profecía, condena Adán, abierto como una pluma al aire. ADÁN MAR. Nuestro poeta hace alarde de técnica y dominio del lenguaje dentro de su único y tempestuoso oleaje interior, aquí el lector se deleita con hermosas imágenes junto a un panal de avispas donde arde y descuelga la niebla de los álamos. Es también cualquiera de nosotros caminando solitario en su pena secreta, entre sombras de iglesias y mercados, donde toda muchedumbre nos es ajena: me deslizo invisible entre automóviles/ inmóvil me contemplo entre los charcos. ADÁN SAL. Su poesía no carga inútiles culpas, no tiene remordimientos. Transcurre como cualquier día en la vida de todos nosotros, pepenadores de la caridad inalienable. Simplemente observa como todos llevamos cicatrices, pues hasta el más bravo ante la vida será nombrado confesor del mal. Adán busca en el misterio de la muerte el hueso mismo de la pérdida, aún mucho antes de que se haga presente: somos ventisca huracanada/ glaciar disuelto en las hormonas/ calcinados ojos/ cadáver/ átomo/ dios. ADÁN CARNAVAL. Hombre y poeta comulgan en cuerpo, mente, espacio y tiempo. Uno acuchilla lo que amó y el otro va sembrando voces, aquí el milagro en cada célula es nacer de la derrota. El autor escudriña y asiste al ritual de sus semejantes ignorando la pirotecnia de la noche, ¿asoma el hombre cuando afirma estas niñas debutantes se perciben limpias como los días antiguos o los apellidos de siempre? ¿o asoma el poeta cuando acusa a las mismas debutantes? … ellas encienden la entrepierna en los dedos chambelanes/que portan en solapa tulipanes blancos/camuflajeando los condones. ADÁN LLUVIA. Emocional e íntimo, Adán transita la noche, cómodo consigo mismo y en su silencio crea la palabra que ha de rehacer su mundo poético. Es uno de aquéllos viajeros que al fulgor de los cometas/ cuecen sombras en la cacerola del demonio. Contempla la oscuridad y sabe que en ella las luciérnagas anidan sus astros. Y nos deja el gozo desencadenado que fluye en cada línea hasta fundir cristal y roca/ en el fuego continuo del rostro que seremos. ADÁN LUNA. El poeta también recorre los atestados sitios de los solitarios, cada uno en su santuario a cubierto de la mentira y la falsa felicidad. La prostituta adquiere, al fin, su precio exacto junto al abismo del que se precipita en el alcohol, mientras escuchamos: En el pliegue iconoclasta de su minifalda/las hembritas marcan el trébol que afirma el culo, porque escuchamos su voz de profeta abandonado, más que leer y atestiguamos también que En las fauces de la borrachera/muy dentro de los antros/siempre hay lugar para la hembra sin partido/. Nadie es intocable, nada es inalcanzable en este su territorio onírico. ADÁN BÍBLICO. Apocalíptico en su drama, nuestro autor se vale de los símbolos, todo símbolo sagrado y pagano, habido y por haber y recién acuñado entre viejos vocablos y palabrejas en desuso. Esta es una guerra personal, un drama de festín donde el lector es engañado al asistir y quedar atrapado por la fuerza de sus furias, cantamos con él soy la ráfaga. Y palidecemos cada remolino de silencio/cada célula que ha borrado el viento en nuestra calle. Adán Echeverría, poquito Dios sagrado y dios completo, lleva su revancha con el ojo abierto del Espíritu y nos deja en su poesía su firma escrita en la palabra y dada en juramento. Amén. Con mi respeto y admiración.

(Alexandra Botto.)

 

 

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El tercer título es La confusión creciente de la alcantarilla, del mexicano Adán Echeverría (Mérida, 1975), autor de una decena de títulos entre poemarios, narrativa y antologías. En el libro hay una voz que vigila, acechante en medio de la noche, aquello que juzga e inspira a la vez el comportamiento de los hombres. Es una noche interminable de curas maldicientes y pecadores, charlatanes, poetas, prostitutas, juerguistas y una orgía interminable de todos los sentidos para que la vida misma se convierta en rueda que gira al infinito. En esa noche de vida y de todos los recuerdos racimos de voces cuelgan como telarañas / habitan en la cornisa de las tejas / habitan la ventana el desagûe los roperos [...]. En lo más profundo de las alcantarillas la muerte espera, muerte que cierra, querámoslo o no, cualquier paréntesis por largo que sea. Echeverría lo sospecha. 'Bienvenida mi muerte' es el poema que reposa al final de todos sus desagües.

(L. Santiago Méndez Alpízar.)

 

 

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La sonrisa del insecto es desde mi perspectiva crítica una catarsis desenfrenada y alegórica por el abandono en todos los sentidos, llevada al ritmo y a la cadencia de una forma poética donde la estética es el núcleo del erotismo que Adán Echeverría nos entrega en puñados de letras húmedas y carnosas; y como la belleza, al igual que la estirpe del verso no se puede negar ni esconder, el autor recurre al tono autobiográfico donde se desnuda, se desduda y se desanuda en sus adentros; es entonces, el momento justo donde no solamente escribe, describe, lamenta, reclama y grita su dolor, por el desgajamiento de sus besos, por el desangrar de su venas y el desaliento de sus versos…todo ello en un plano horizontal y en el corazón de la hoja en blanco, donde “transcurrió el presente siempre a doble espacio” ahí en el sentir del tiempo y el espacio “es hueso nuevo el laberinto”. La capacidad creativa, además de transmisión que posee el poeta, son nexos claves para que el lector entre de lleno a sus poemas y naufrague verso adentro en el mar de la angustia, donde él mismo nos ha llevado.

(Federico Corral Vallejo)

 

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Con un alto nivel de erotismo y un contenido cercano a lo escatológico, los relatos que integran este libro abordan muchos de esos temas que la mayoría, por pudor o falsa decencia, prefiere callar. Poblado de personajes bizarros —mujeres que practican la zoofilia, ancianos perversos, obreros pederastas, izquierdistas manipuladores, hembras con instintos asesinos, suicidas en potencia—, Compañeros todos es un perturbador muestrario de las distintas maneras en que se abordan las relaciones humanas y la sexualidad en el siglo XXI. No estamos ante un autor complaciente. Desde sus primeros trabajos, Adán Echeverría se ha caracterizado por salpicar sus letras de irreverencia sin preocuparse demasiado por la reacción de las “buenas conciencias”. Prosa dura, rítmica y trepidante que abreva de la poesía para suavizar las verdades que se cuentan y que mantiene al lector atento, en abierta confrontación con los personajes y, en ocasiones, consigo mismo.

(Carlos Martín Briceño)

 

 

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Grietas, una revolución a pluma armada

Sin más pretensión que la de ser un espacio de difusión para los dispuestos a publicar en este espacio que se enuncia a sí mismo como "pasquín literario" en su evocación romántica más llana, en una alianza entre poetas y narradores del Sureste se creó hace 7 semanas Grietas.

De este proyecto, emprendido a vuelo virtual de sus colaboradores, Adán Echeverría expone toda su intención irónica y mordaz razón de su existencia: "Nace debido a la enajenación existente de los lectores, autores, sociedad toda. Como una intención de protesta, un juego macabro de la burla, por el sistema político tan vilipendiado que todo mundo reconoce en las charlas de café, pero que pocos se animan a asumir desde la letra. Su objetivo primordial es Hacer del panfleto arte.

El segundo objetivo tiene que ver con reconocer precisamente esas charlas de café, que los puritanos desprecian, pero que son parte de una memoria colectiva. Todos el país tienen una opinión política. Grietas busca darles el espacio. Formado en tan solo una hoja tamaño carta por ambas caras pretende presentar una imagen de un artista visual, un comentario (que no requiera mas citas que las que el autor tenga a la mano -o a la lengua-) de dos cuartillas y media, y un poema.

Grietas pretende ser vehículo. Espacio. Apoyo. Grietas esta condenado, nacio en junio del 2010, para morir el miércoles después de las fatídicas elecciones presidenciales del 2012.”, hasta ahí señala Adan Echeverría.

Este pasquín ha presentado a lo largo de varias semanas en una clara intención de ligar el momento histórico de celebración caótica de un bicentenario y centenario como una obra de teatro cuyo escenario de fondo es el de un campo de guerra con 28 mil ejecuciones en los últimos tres años, en 998 enfrentamientos diarios, es decir casi uno por día. Un momento histórico en el que es imposible que no toque a sus individuos. No es el México que nos trastoque la existencia para quienes vivimos en un Sur donde las cifras de ejecuciones no son las del Norte, en un país colapsado y dividido, del que sabemos por el temor que asalta a la vida cotidiana de las familias de ciudades donde el miedo se vuelve algo cotidiano.

El proyecto está ahí, como un espacio para quienes escriban de estos temas con la conciencia y la voluntad, con la noción de que es una irónica representación del panfleto que en otros tiempos sirvió a los escenarios revolucionarios. En la Revolución a palabra armada.

 

tomado de "La literatura como re-evolución" / Argentina Casanova

Texto leído en el Encuentro de Escritores Jóvenes de MTY

(publicado 24 de agosto de 2010).

 

 

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Compañeros todos" es un tren cargado de realidades escondidas. Escenarios que conocemos al pestañear por las calles o con el estornudo que vuela en el aire. Todos somos los pasajes cotidianos. Comienzas clavándote una aguja en el estómago y terminas liberado por una experiencia que jamás imaginaste. Adán Echeverría es impredecible. Sus personajes gruñen y vomitan rebeldía. Las paredes parecen hacernos llorar y sus grietas son tan crudas como corruptibles. Feménite arrulla un canto de sirenas que luchan contra mareas revoltosas y mortales. Ciudadanizarse reparte corazones que se agitan para dar un último aliento. Sueños que se construyen con ladrillos vagabundos y que no tienen miedo de gritar cómo se sienten. Aquí el asombro nace de las mismas pupilas de sus personajes. Seres sexuales y dominantes, capaces de salirse de las páginas y causar una rebelión en tu propia casa.

(Paulina Jiménez Cíntora)

 

 

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Me había perdido la inauguración, pero era lo menos importante de todo lo importante. Recorrí varias veces los pasillos del gran salón admirando miles y miles de títulos de obras, ya sean novelas, poemarios, libros de cocina, arquitectura, fotografía, de periodismo, cómics, etc. Al primer lugar que acudí fue al stand del Centro Yucateco de Escritores, donde se exhibían libros de autores locales, y un joven, muy amablemente me atendió. —¿Cómo qué buscabas? Tengo libros de poesía sencilla y otras más trabajadas— señalando al del autor yucateco, Adán Echeverría, “El orgasmo de los ídolos”.

(Jhonny Euan Canul)

 

 

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Adán Echeverría, es ya, le guste a unos y a otros no, un referente de las letras de Yucatán y algunos dicen, los menos, que de México. Nacido unos años antes que un servidor, ambos compartimos algunas pasiones: la literatura, el fútbol (cuando juega México y los Pumas de la UNAM) y lo bizarro. Nos citamos, como es habitual de la clase media meridana, en un café céntrico de la capital yucateca, a eso de las seis de la tarde; sin embargo, las altas temperaturas ya habían hecho estragos en mi garganta y acudí a la cita sólo para cambiar el rumbo de nuestros pasos. Fuimos, como antaño, a una cantina; en esta ocasión, una céntrica ubicada a unos metros del mercado municipal Lucas del Galvez. Entramos y allá, se encontraba ya otro colega: Saulo de Rode. La ya añejada guarida de los beodos vespertinos, rodeada de imágenes de la Santa Muerte y Buda de todos los tamaños imaginables, daba un aspecto lúgubre y bizarro al Jacalito. Tras solicitar a un mesero, de avanzada edad, una misil de León Negra y una Coca-Cola para Adán, nos apartamos de los ruidos causados por una rockola moderna que iniciaba una canción de los Ángeles Azules acompañados del vocalista de Moderatto. Encendí la grabadora del celular e inició la charla.

(Armando Pacheco)

 

 

 

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Adán se llamó el primer hombre. Adán, también nombre del autor de Trapacería y Fiesta. Hombre Ave que con su canto despierta a las dormidas Gomorra y Sodoma, prostitutas que se sacuden los escombros y se encaminan a esta orgía poética para sumarse a las mujeres desnudas, mujeres de muslos lustrosos, de muslos de titanio y eucalipto que predominan en la fiesta. Ellas y sus terciopélicos muslos. Y Eva la primera mujer se deshace de la hoja de parra y su desnudez de gacela, su infame desnudez, camina hacia el Tigris o al Éufrates donde se enjuga la vagina para lavarse los pecados; ella la cuna del pecado, de la pasión y la poesía.

(Ángel Augusto Uicab)

https://revistaliterariamonolito.com/la-fiesta-del-hombre-ave-trapaceria-y-fiesta-de-adan-echeverria/

 

 

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Adán Echeverría emplea la microficción, en la cual, representa a través de ellos el conflicto al que se enfrentan los homosexuales por ocultar sus preferencias a consecuencia de la sociedad homofóbica. Son tres microcuentos: el primero llamado "El veneno de la flor"; el segundo "Si no eres honesto contigo" y el tercero "Los vestidos de Cristo."

(http://erevistas.uacj.mx/ojs/index.php/cuadfront/article/view/1791)

 

 

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Es la palabra la luz del humano para saberse distinto de los animales que le acompañan en este agonizante planeta. Crearon, como dioses, la poesía para liberarla y hacerse eternos. No fueron siete días, pero formaron rapsodas o juglares, y vivieron de ella. Fue crucificada, muerta y sepultada, la volvieron su puta, su niña de ojos de miel y la embarraron en cualquier cuarto amontada de palabras huecas, tan huecas volviéndolas nada.

Adán Echeverría en Trapacería y fiesta hace un recuento de esa poesía sempiterna, pero al mismo tiempo refriega en nuestras pupilas el mundo que ha abusado de ella. No calla, no esconde, es un blasfemo ante las formas conjuradas del poeta laureado que ha dejado a la palabra en la derrota.

La poesía es vida, es el molde de los pequeños dioses. Pero ésos, ya no existen, se han vuelto demonios en busca del oro de la cultura del escenario fútil.

(Blanca Vázquez)

 

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En "Mar Océano", de Adán Echeverría, los ojos de inocentes almas nos embarcan en la travesía por uno de los ecosistemas preferidos por los vacacionistas: las costas arenosas.

Desde el inicio del relato chocamos con la premisa: Hemos heredado un mundo tan lleno de fantasía como tan lleno de horror.

Un juego de niños que nos desafía a renunciar a lo terrestre, lleno de limitantes, y sumergirnos en la piel de monstruos incapaces de dañar, y tan hábiles para llenarnos el corazón de Océano.

(Melbin Cervantes)

 

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Ciudad adentro (comentario sobre "Ciudad Abierta" de Adán Echeverría).

La ciudad se abre al poeta como una vena adolescente frente al ocio de los sentidos. Es en ese caminar donde la voz es el laberinto de los otros, cuando se transcribe la infancia transparente, el dolor inabarcable que calla frente al espejo, el oficio descifrado entre las calles y el ruido que murmura su silencio entre los dientes. El volumen sostenido de Adán Echeverría en los versos de distancia con que forma el andamiaje de su poesía, da la pauta a la lectura de las distintas urbes íntimas que forman el orbe literario en este paisaje aéreo habitado por el aliento y el sosiego. Cada verso nos transporta desde el vértigo del eco que deja las calles para instalarse en la memoria y dejar ahí la primera piedra del olvido, a las alturas de un discurso instalado en las arterias. Este poemario se deja habitar, en la exploración de su entraña nos descubrimos de regreso al lugar del que nunca nos fuimos, sólo la lectura nos enseña que somos gota de sangre convocada por el pulso urbano, “hasta formar el charco que somos en esta ciudad abierta”.

(Raúl Cota Álvarez, Baja California Sur)

 

 

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Comentario al Poemario “En Espera de la Noche”

La poesía es un regalo sumamente valioso. Nos da la oportunidad de asomarnos y conocer la complejidad del mundo desde los ojos de alguien más. Disfrutamos la magia, nos abraza y nos empuja el amor, nos cala en los huesos el frio y nos explota en la cara aquello que preferimos esconder bajo la alfombra. La poesía se siente, se reflexiona y se comparte.

“En espera de la noche” es un poemario que guarda nudos para la garganta y mariposas para el estómago. Si pudiera definirlo en una frase, sin duda usaría la de aquel poema del buen Sabines que nos dice “No es que muera de amor, muero de ti”. Y la elijo porque, para mi corazón, eso es lo que refleja esta obra: No habla simplemente de amor, sino por quiénes sentimos ese amor, por quiénes morimos y qué hay luego del amor, ese amor profundo que nos motiva a despertar por las mañanas, y que al mismo tiempo nos hace recordar que no somos eternos.

El mensaje de cada uno de los poemas va pasando etapa tras etapa de la vida, ese ciclo que nos enseñaron en primaria como si la vida fuera cosita de nada: naces, creces, te reproduces y mueres. Pero sabemos que se vive diferente y, con toda la ternura, Adán Echeverría supo cómo contarlo.

Sus textos inspiran a voltear alrededor y resignificar lo que vemos; apreciar hasta las pesadillas; a sentirnos ricos de tener a quien amar, a quien darle las buenas noches, a quien dedicarle un verso. Cuenta que el amor también nace, crece y se reproduce y, al reproducirse, se convierte en lo más preciado que cualquiera pudiera tener; se vuelve incondicional, infinito en cantidad y tiempo, un tesoro que proteges con tu propia vida, aun después de escuchar su silencio; entiendes que el amor no acaba aunque te quedes sin nada y ya hasta te cueste respirar; que puedes morir por una mujer, por un hombre, por un niño, por tus sueños, por tus recuerdos, y no deja de ser amor.

Lees y vibras, tiemblas, recuerdas y experimentas sentimientos que tal vez jamás creías podrías sentir. De entre toda la maravilla que es “En espera de la noche” tengo un texto favorito, y este texto me dejó con un nudo en la garganta y otro en el estómago. La primera vez que lo leí no pude contener las lágrimas, pues descubrí otra cara de la vida. Y aprovecho el momento para compartirlo, y cuando se dé la oportunidad, me gustaría mucho que compartieran sus impresiones.

El texto lo pueden encontrar en la página 32 y dice de la siguiente manera:

Apenas terminaba la celebración

cuando vinieron a decir que mi hija había caído de un árbol

edificios y espinos y edificios y gritos

había caído de un árbol a sus nueve años

el vestidito rosa que recién le había comprado

raído y sucio de lodo

cerrados los ojitos dormía

siempre disfruto mirarla dormir

dormía al amamantarla

dormía al crecer dentro de mi vientre

hoy de nuevo dormía en el pavimento

en sueños iba dejando un rastro de ternura

en alguna derrota incomprensible

mis gritos se elevan con las aves

con las nubes van mis gritos por toda la ciudad

Ayúdennos señora, hágase aún lado

Shhh

que la niña está dormida

 

 

Este fue mi texto favorito.

Sin embargo, hubo muchos textos más que me provocaron, y que me parecieron tan buenos que decidí crear una lista de los poemas que más me gustaron, todo esto con el propósito de recomendarles esa parte que a mí me motivó a continuar leyendo e hizo tan especial mi experiencia.

El orden en el que los mencionaré es en el que van apareciendo en el poemario, no tiene nada qué ver con cuál me haya gustado más, aunque, ya saben cuál es mi favorito.

-Fueron pataditas (pág. 16)

-No alcanzas a trepar sobre los cobertores (pág. 20)

-Oiremos música en espera de calmarnos (pág. 22)

-Esta noche me despertó el sueño con las brujas (pág. 24)

-Hace dos años éramos eternos (pág. 25)

-La maestra ha dicho (pág. 26)

-Ella tenía 20 años (pág. 27)

-El primer día de escuela (pág. 29)

-Apenas terminaba la celebración (pág. 32)

-Dicen que debo protegerme de ti (pág. 54)

 

Para finalizar mi participación, solo me queda decirles que “En espera de la noche” ha sido, me parece, una gran oportunidad para reconocer el mundo, para sentirme viva, frágil, amada; pero, sobre todo, para sentirme humana.

(Damaris Cuevas)

Texto preparado para su lectura en la Presentación del Poemario «En espera de la noche» (Ediciones El Humo-FONCA-CONACULTA, 2015) de Adán Echeverría, en la Galería de la Ciudad del Centro Cívico Cultural y Social Riviera, Instituto de Cultura de Baja California, Representación Ensenada, el 9 de septiembre de 2016.

 

 

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Al contrario de otros escribidores que no sueltan prenda al enterarse de posibles lugares para publicar, por aquello de “cada quien se rasque con sus propias uñas”, a mí me encanta compartir con otros, como lo hace el colega Adán Echeverría, quien me da a conocer nuevas plumas para difundir su obra, otras formas y nuevos sitios para editar obras literarias.

(Edgar Rodríguez Cimé)

 

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"Ciudad Abierta", impresiones.

 

Ciudad Abierta. Publicado por Ediciones Letras de Barro. Editorial mexicana.

Es un libro de poesía. Consta de 37 poemas. Y el primer punto a destacar es el ritmo, que se sostiene en todos y cada uno de los poemas.

El autor hace un despliegue de recursos, antítesis, metáfora, reiteración, comparación. A lo largo de estos 37 poemas de extensión variada.

Hay 4 que son muy cortos, de entre 6 y 5 versos.

Uno de ellos se titula "Él me regaló la carne".

Que remata con: la carne y la noche se cubrió de labios.

El más extenso es el último de la colección:

"Deshabitarse".

Ocupa 5 cuartillas y narra la pasión de unos enamorados, desde su juventud, hasta su vejez, y lo continúa cuando uno de los dos ha fallecido.

“Los domingos todos no hay cervezas en el refrigerador”.

Aquí el hablante lírico es una mujer.

Y es un tema recurrente en el poemario.

Más allá de que el libro se titule "Ciudad Abierta", ya que, ciertamente todos los poemas tienen lugar en el ambiente urbano.

La mujer tiene fuerte presencia en más de la mitad de los poemas, sobre todo la niña o jovencita que destaca en los primeros 5 poemas.

Un ejemplo de ello es:

"Es tan larga la calle y al final el disco rojo."

Que canta la violación de una chiquilla ocurrida dentro de esta "Ciudad Abierta."

No es un libro que se lea rápido, aunque goza de buen ritmo es inevitable detenerse a paladear estos versos. He aquí un ejemplo.

"Y para el amor la sombra de luna ciega

La flor marchita en el huerto/ y este cadáver que soy."

(J.R. Spinoza)

 

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“Compañeros Todos”, de Adán Echeverría

 

Este es el segundo libro de Adán que leo y debo comenzar dejando en claro que son evidentes los esfuerzos de su autor por dejarnos una lección – una moraleja – a través de sus palabras, las cuales han adquirido mucha mayor madurez y, también, complejidad.

En “El Orgasmo de los Ídolos” Adán privilegió lo breve y directo, a mi parecer porque estaba desarrollando las herramientas que ahora aprecio en “Compañeros Todos”: una prosa feroz, a menudo confusa, pero siempre vigorosa y, sobre todo, implacable y desgarrada.

El libro consta de 14 cuentos, divididos simétricamente en cantidad en las secciones “Femenité” y “Ciudadanizarse”. Aquellos hablan de diferentes situaciones – cada una más complicada que la anterior – en las que las protagonistas son mujeres que sufren algún tipo de manía o persecución; estos hablan de diversas manifestaciones de hombres que ejercen de alguna manera su libertad, interactuando con mujeres complicadas, todos con consecuencias no precisamente afortunadas.

Dicen algunos que los escritores hablan en sus relatos de aquello que ellos viven, que se nutren de aquello que les sucede. De ser así, y a juzgar por los pocos retazos de vida que conocemos del autor, esto también se cumple en su caso. Queda claro a través de sus letras que las mujeres son personajes complejos, y Adán nos presenta en sus relatos diferentes personalidades de ellas, diferentes facetas, aunque todas con un elemento común: todas son – o han sido – desgraciadas. Los personajes masculinos – ¿reflejos de la experiencia? – cometen errores comunes y tampoco tienen un final feliz.

Hay algo que también se percibe en este libro de Adán: hizo un esfuerzo consciente para ser más extenso de lo que normalmente es, y aquí es en donde me parece que el libro falla un poco. Si bien nos conduce adecuadamente al desenlace de la historia, en ocasiones sus palabras, y el hilo de la trama, se tornan confusos y difíciles de seguir.

Adán es un asiduo colaborador en nuestro "Diario del Sureste", y sus historias cortas son apreciadas no únicamente por nosotros que colaboramos junto con él, sino por muchos de nuestros lectores que lo siguen semana tras semana. Al comparar estas historias con las de “Compañeros Todos” se observa inmediatamente la extensión adicional que abarcó. Esfuerzo plausible a todas luces, y tal vez efectuado a sabiendas de que el cuento corto lo domina a la perfección.

Este es el único pero que encontré en su libro.

Al finalizar su lectura me surgió una pregunta que quisiera compartir con él: ¿cómo resultaría un cuento cómico de Adán? Si es cierto lo de los clichés, entonces también podría ser cierto que por sus vivencias podría escribir una magnífica comedia, puesto que el sarcasmo y el humor negro también parecen dársele muy bien.

Así pues, estimado Adán, ¿qué tal una comedia?

Recientemente avecindado en Morelia por motivos de trabajo, Adán es una pluma honesta entre tantos que se enamoran de sus propios textos, narcisistas que se abanican con los presupuestos y regalos de las secretarías. Él no lo es, él ha picado – y continúa – picando piedra. Tan solo por esa autenticidad y esfuerzo le lleva un buen trecho de ventaja a muchos de los otros “escritores” yucatecos.

 “Compañeros Todos” es un buen libro y una magnífica adición para cualquier biblioteca.

Que se te cumpla, Adán: que Morelia pronto reconozca que un talento de las letras yucatecas les ha llegado, y que el éxito te acompañe.

(Gerardo Saviola)

 

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LOS ELEMENTOS DEL POEMA.

NI LA POESÍA NI LOS POETAS están hechos del mismo molde. De ser así la poesía sería aburrida y el poeta apenas se alcanzaría a distinguir en unas cuantas formas.

Un poema de plástico puede que sea pegajoso pero sus días están contados. Un poema de piedra, obviamente, es más consistente y habrá en su interior misterios por indagar, secretos por develar y si se le talla un poco es probable que la materia que la integra le dé consistencia y la piedra deje de ser piedra y dé a luz un poema.

Hay en los campos estériles de la poesía poemas de hule, de espuma, de madera, de agua, sólo de palabras, de lodo, de arena, de bisutería. Los más consistentes son de hierro forjado, de material fosilizado; los textos de huesos de animales suelen resistir.

Diría que los poemas de Nicanor Parra tienen una consistencia extraña, como de elementos corroídos por el tiempo. Antielementos, quizá. ¿Y Vallejo? Sin duda de material imposible de encontrar en los tiempos frágiles que nos toca vivir.

Neruda estaría hecho de materiales tan consistentes como endebles; Olga Orozco y José Carlos Becerra de materiales que se antoja imitar, aunque pocas veces se logre hacerlo con tino.

¿Qué es lo que le da consistencia al poema para que el lector de hoy y de mañana lo distinga entre en el caos de la selva urbana, en el fondo del mar, en las vías del tren o en los basureros de la miseria intelectual?

Creo en la posibilidad de una ética del poema más allá de los valores morales impuestos por la sociedad.

Pienso esto mientras leo Alter ereré del poeta Adán Echeverría (Mérida, Yucatán, 1975). Desde título, la casa elegida por el poeta para reunir sus poemas, llama la atención que el autor elija un nombre propio para su libro alejado de las convenciones. No es de extrañarse en virtud de que sus libros anteriores: El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004) y Xenankó (2005) navegan por la misma ruta de los títulos poco comunes.

En principio estamos ante una irrupción de voces. Echeverría es una voz que proviene de muchas, una voz que es muchas voces porque no sigue una sola ruta sino varias. Aunque al final podemos decir que los caminos elegidos confluyen en uno: el desencanto, cierto hartazgo por las cosas o quizá una especie de desilusión que nos hace preguntar, ¿qué ruta emprenderán ahora sus versos?

Cierto que para llegar a ese descreer hay un largo camino en el que se dan cita el éxtasis por la vida, los encuentros eróticos, las heridas que sanan en la luz, la oscuridad de la noche transformada en día gracias a la materia del poema, hecho con desgarraduras, confesiones, emoción, sentimiento y garra.

Dice Kapuscinski, refiriéndose a los periodistas, que los cínicos no sirven para ese oficio. Con los poetas sucede lo contrario, hay que serlo y tener un poco de ese material para sobrevivir. Hay demasiados fenómenos naturales oscilando en el mundo de la poesía capaces de arrasar todo en un instante, desafortunadamente no todas las casas del poema quedan de pie.

Los poetas suelen tener el ego muy elevado. A veces es una pose y otras un arma para seguir con vida en la manada. Poco importa si la herramienta para construir el texto no es la adecuada. "Lo mejor acerca de la poesía —dice Simic— es que molesta mucho a los maestros, predicadores y dictadores, y a todos los demás nos alegra".

La poesía contemporánea, demasiado encerrada en sí misma, es a veces un largo y aburrido monólogo. Dialogar es preciso. Intentos hay muchos, resultados, pocos.

 

Los poemas de Echeverría siguen ese camino, el del coloquio, casi siempre extensos, a veces ajenos al candado de los títulos, fluyen de manera natural en un momento en que su generación se hace oír. A gritos a veces, derribando puertas otras, pero que el grito se escuche.

Diversidad temática, otra constante de este libro. Un tono que pocas veces mantiene la mesura, pero que sabe bien hacia donde dispara. Los blancos de Adán, previamente localizados, están a la vista de todos, pero el que dispara y atina es él.

Por una parte la ciudad, expuesta, abierta, alerta, despierta. La condición humana en su alegría y su miseria. La calle que bien puede depararnos desde un encuentro grato hasta una llamada de terror. El bien y el mal concentrados en las esquinas y en la boca de lobo de la noche. Queda claro que vivir una ciudad y reconocerse en ella hace que tengamos que destrozarla un poco. "De qué nos sirven los poetas si siempre mojan la cama", es el título de uno de los poemas de este libro. Y no puede uno dejar de pensar que hay una verdad cruel en todo esto.

La violencia, la deshumanización, el nihilismo, son a veces parte de la atmósfera de los poemas de Echeverría, temas además propios de la historia de la humanidad, acentuados quizá en ciertos momentos. No podía ser de otra manera en una civilización en que los tiempos de guerra son más prolongados que los de entreguerras.

El autor de estos textos no juzga, sólo expone, pone en evidencia, descubre y deja expuestas las heridas del mundo. Cada quien con sus cicatrices, sus fobias y su forma de armar y desarmar el rompecabezas de la vida. Y lo que hace a lo largo de Alter ereré es un muestrario de tópicos de la existencia que van mucho más allá de la tarjeta postal. Creo que estamos más cerca de la radiografía que de la simple exposición.

Cielo y tierra cayéndose a pedazos y el ser humano sobreviviente único entre los vestigios de vida, con sus alegrías, sinsabores, vicios, imaginario, sentido del caos y del equilibrio.

Hay momentos de aspereza, ¿qué material hecho de la dureza de las cosas no lo es? Uno quisiera decir algo de la época en que vive, dice Simic. En esta intención creo entender más la poesía del autor de estas páginas, en las que se dan cita las atmósferas de un mundo en convulsión al que la poesía le toma el pulso.

Hablar en verso es la manera más desparpajada que eligen los poetas para hacerse a entender.

 

"RECONSTRUIRSE

Un hueso   un poco de polvo   una costilla

construir los pasadizos de la Muerte

Muerte de muertes y cuerpos descarnados

muerte pequeña dibujándose los muslos

como en las cuevas de Altamira

prehistórica unión de muerte amordazando los cabellos

Así es tu rostro en las paredes

      dos líneas curvadas de negro

y el rojo destino que secuestra las miradas"

 

He aquí un fragmento de un libro que es y no que promete. El principio o el fin de un viaje en el que incursiona todo libro en el que hay una ruta previa. Piedras que sangran, utopías del silencio, rompimiento de vértebras.

 

"ALTER ERERÉ

Escribiré para mi

algo que contenga mis propios símbolos

dioses en los cuadernos

y para las noches tormentas

porque las tormentas son como gatos sarnosos

tan llenos de amor por las palomas

palomas negras palomas moradas palomas anaranjadas

que picotean los corazones de las medallitas milagrosas"

 

Poemas-río que desembocan en mares densos.

Desprecio, angustia, abandono, una escritura que atraviesa los valles del desasosiego y no se queda quieta.

Los versos de Echeverría son como peces, mejor dicho, como anguilas de fuego abriéndose paso desde el aire de la noche.

Los dioses se aburren con los hombres que no tienen historias que contarles, dice Simic. He aquí una galería de claroscuros para que el hipócrita lector, nuestro semejante y hermano, busque su propia máscara.

(Margarito Cuéllar)

Septiembre 21 de 2014.

 

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Sobre "El corredor de las ninfas".

"Muy interesante, densa, bastante novelesca, te mantiene en suspenso; tema fuerte pero te hace pensar y analizar cada situación ..déjame decirte que acabo de ver una serie y habla más o menos del tema en otras situaciones pero me hizo recordar tu novela; me gustó en definitiva".

(Rosy Vera)

 

Ramiro Padilla Atondo

Cómo discutir con un

intelectual mexicano

 

A continuación, expondré algunas reglas básicas

para mantener una acalorada discusión con un

intelectual mexicano. Por favor, siga al pie de la letra

las indicaciones para que el intercambio sea positivo.

 

—El intelectual es dios. Infalible. Sus opiniones

deben tomarse como de inspiración divina.

 

—Evite el uso de todo tipo de jerga académica. El

intelectual mexicano tiene el monopolio indiscutible

de las palabras rimbombantes. No estudió maestrías y

doctorados para que usted venga acá a quererla hacer

de pedo dándole mal uso al lenguaje.

 

—Si usted es objeto de la furia de la intelectualidad,

acurrúquese. Sí, acurrúquese y cierre los ojitos.

Puede practicar la posición fetal, hacerse el muerto

también, como si un oso hubiese llegado de repente

a olisquearlo. No abra los ojos, no respire, porque eso

puede hacer enojar al intelectual aún más.

—Empiece los intercambios pidiendo disculpas

de antemano. Sabe usted que es imposible que un

intelectual acepte que se equivocó. Hágalo usted por

él. Eso permitirá que el debate fluya.

 

—No se atreva a citar ningún libro. El intelectual ya

los leyó todos y tiene el monopolio de su interpretación.

Aléjese de la marca Octavio Paz. Esa marca tiene

dueño y usufructo, biógrafos con una cédula especial

de interpretación del pensamiento Paciano.

 

—Jamás, bajo ningún concepto conteste de

inmediato y de manera sobria. Su contestación tiene

que ser de al menos cincuenta cuartillas. Los tweets

están prohibidos. Altera la calidad del debate.

 

—El intelectual tiene diez oportunidades de

rebatirlo. Usted solo una.

 

—Es muy mal visto que a los intelectuales que

viven de los contratos del gobierno se les mencione

esa parte. Los irrita. Busque maneras más creativas

de hacerlo.

 

—Nunca de los nuncas intente hacer controversia

en fines de semana. Debe haber un horario claro de

nueve de la mañana a cinco de la tarde. Los viernes se

cierran discusiones a las 3 pm, para dar oportunidad

a la réplica. No se debe molestar a un intelectual en su

casa de descanso.

 

—Si el intelectual escribe un ensayo larguísimo en

contra suyo, aunque esté lleno de mentiras, dude de

usted mismo, cuestiónese. Quizá ese largo ensayo lo

hizo por su propio bien.

 

—El intelectual tiene el monopolio del insulto. Esta

condición tiene que quedar clara. Usted bajo ninguna

circunstancia puede usar una palabra que pueda ser

interpretada como insultante. Si lo hace discúlpese

de inmediato. Y si el intelectual se siente insultado,

aunque usted no le haya dicho nada, el intelectual

tiene derecho a rebatirlo de manera pública con otro

ensayo el doble de largo que sea aclaratorio.

 

—Bajo ninguna circunstancia debe usted

identificarse con ninguna posición ideológica. Es

menester del intelectual asignársela. Si el intelectual

decide que usted es de derecha, acéptelo, y corrija

su discurso para que responda a las necesidades del

mismo.

 

—Si el intelectual lo acusa de ser agente de un

gobierno extranjero, empiece a mirar su círculo de

colaboradores, investigue quién habla algún otro

idioma, quizá el intelectual le está avisando por los

medios, y por su propio bien para que se deshaga del

potencial peligro.

Ya con estas sencillas reglas, usted tendrá las

armas necesarias para enfrentar con éxito los embates

que se le presenten. Sonría y la fuerza estará con usted.

Publicado en NORTEC

 

A la Rosa de Xavier Villaurrutia

Cristina Arribas González

 

Mi rosa habla con engrandecidos dientes

No como gardenias en tangos fáciles

Mi rosa se mueve como pelo hacia el viento

Ese gesto es mi rosa

Cada molécula de caricia en invocación telúrica

Mi rosa llama como un teléfono sin alambres

Siempre está oscura y silenciosa

Aquí como la tuya

Pero habla mucho cuando se la necesita

Aquí hay tanta rosa como rosas

Haciendo limones

Haciendo otros frutos 

Como un paladar de ácido y rosas

 

Nacientes rosas en espectros de agua dulce 

espejos de sal 

Moradas que golpean en el agua 

Rosas que amo y olvido

Me llaman a veces con el mismo nombre

Rosa de puñal, rosa roja 

que galopa 

Visiblemente castigada hacia el cielo 

En mi sombra yo la llamé rosa

Rosa que ya no existe cuando hacia el amor llega

 

 

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)
Jueves, 24 Septiembre 2020 04:38

ABURRIMIENTO / José N. Méndez /

 

ABURRIMIENTO

José N. Méndez

 

Tim insiste en salir a jugar a la plaza a medianoche, pese a todo lo que estamos viviendo el movimiento no parece haber cesado, ahora los rostros son irreconocibles debido a los barbijos, hace tiempo que no sabemos cómo luce una sonrisa sincera o una mirada con una pizca de bondad; pero tampoco es algo que nos haga mucha falta.

 

Ya le expliqué por tercer día consecutivo que hay un virus mortífero en el ambiente y salir sin precauciones no es algo que podamos permitirnos, además un par de relámpagos anuncian una tormenta y mi camioneta sigue haciendo ese ruido extraño en el motor; pienso que no debí forzarla tanto en el último paseo, también siento que no debí tomar tanto café para pasar la noche reflexionando estupideces o escuchando los lloriqueos de Tim porque está aburrido.

 

Aquí vamos de nuevo, es la cuarta vez que explico todo esto.

 

Encierro, virus, Tim, aburrimiento, lluvia y motor; repito los conceptos como si de un mantra se tratase para convencernos de que esto terminará pronto, muy pronto.

 

Ok, quinta vez, es suficiente.

 

Mañana iremos de paseo, pero será una caminata corta, jugamos con alguno de los vagabundos que pide dinero a las afueras de la alcaldía y regresamos a casa a tiempo para que pueda dormir dignamente y él por fin se quede callado de una condenada vez, definitivamente está muy malcriado.

 

Supongo que eso es lo que pasa cuando la voz que te seguía de niño se queda a vivir en un cuchillo y se acostumbra a hacer cada tercer día, una dieta de sangre de algún infeliz.

 

 

 

Publicado en NARVÍBOROS(Narrativa)
Jueves, 24 Septiembre 2020 04:23

Miguel Ángel Real / ARRECIFE /

 

 

 

 

Miguel Ángel Real

ARRECIFE

 

Banco o bajo formado en el mar por rocas

 o poliperos a casi flor de agua

 

Si bien resulta inconcebible para un ser de las llanuras,

mis costillas quieren recordar a veces algún escondido escollo.

Inventarlo tal vez. Da lo mismo.

Trampa, secreto, accidente y naufragio en devenir

ante las luces que se balanceaban en los cuernos de los bueyes como señuelo y promesa de saqueo

yo me inclino

pues dicha estrategia -si era cierta- concebía la luz como una guía hacia la nada

encumbrando el oxímoron.

Pero la poesía descriptiva es a la realidad lo que las flores al amor:

promesa falsa, ilusión fugaz, verdad ajada de antemano.

 

Son caprichosas las formas de la asfixia,

pero los arrecifes son anfibios y a veces respiran el mismo aire

que necesitan mis pulmones:

una mezcla de horizonte mesetario y de abismo marino

que todos los mapas desconocen.

 

Contra los arrecifes, la alta mar: es un bálsamo, un refugio.

Sin embargo, la proximidad de la costa sugiere -contra lo que podría pensarse- una inmensa amenaza mineral.

 

Por eso, para ir más allá de la certeza de la humanidad acosando las noches,

más allá de la certeza de las pesadillas

en las que las maderas crujen en el choque,

seguir la singladura y alejarse del prójimo

arropándose

                        en un silencio

                                               indispensable.

Publicado en OIDOS NEGROS(Poesía)

 

SAMUEL MARTIN-BOCHE

Traducción de Miguel Ángel Real

 

 

  • Poemas inéditos – Publicados en la revista Recours au Poème

https://www.recoursaupoeme.fr/samuel-martin-boche-autoportrait-dapres-nature-et-autres-poemes/

 

 

AUTORRETRATO DEL NATURAL

 

a la manera de Jean Tardieu (menos los últimos)

 

Si yo fuera pintor; pondría en mi cuadro:

mi firma, abajo a la derecha del lienzo blanco, comenzando

por el final, y luego en el centro un árbol boca arriba, de tal modo

que muestre sus raíces a un cielo de turmalina, con sus dudas

irisadas en suspensión, sobre el que fijaría algunas estrellas muertas

como un fuego para avivar la nostalgia y subrayar mejor el silencio;

a un lado, un indio que se encargaría de la luna (fuera del marco),

centinela estoico, con los brazos cruzados, rodeados por lo real, testigo

mudo de mi suficiencia; a su izquierda un libro abierto en la página

del crimen o de las reconciliaciones, salida o escapatoria del espíritu,

porque es la única ventana pintada;

más a la derecha, un espejo roto cuyos pedazos dispersos yacen

en el suelo (¿o es el cielo?), en el caso de que le dieran

unas ganas bárbaras de desgarrar el espacio para despegarse del tedio;

y con una última pincelada, cuando una vez lanzado

el gesto no puede detener su impulso de ave que sale vencedora,

(como esos ramos de falanges de Garouste

tan redobladas que parecen escaparse de las manos),

-¿cómo no torcer las figuras y ahogar por completo el paisaje?

 

 

 

 

 

AUTOPORTRAIT D’APRÈS NATURE

à la manière de Jean Tardieu (sauf les derniers)

 

Si j’étais peintre, je mettrais dans mon tableau :
ma signature, en bas à droite de la toile blanche, commençant
par la fin, puis au centre un arbre renversé, de telle sorte
qu’il retourne ses racines vers un ciel de tourmaline, avec ses doutes
irisés en suspension, auquel je fixerais quelques étoiles mortes
comme un feu pour attiser la nostalgie et mieux souligner le silence ;
sur le côté un indien en charge de la lune (hors du cadre),
guetteur stoïque, bras croisés, cerclés par le réel, témoin
muet de ma suffisance ; à sa gauche un livre ouvert à la page
du crime ou des réconciliations, issue ou échappatoire de l’esprit,
parce qu’il est la seule fenêtre peinte ;
plus loin sur sa droite, un miroir brisé dont les morceaux épars gisent
au sol (ou est-ce le ciel ?), au cas où il lui prendrait
cette envie barbare de déchirer l’espace pour s’arracher à l’ennui ;
et dans un dernier coup de pinceau, lorsqu’une fois lancé
le geste ne peut arrêter son élan d’oiseau qui l’emporte,
(comme ces bouquets de phalanges chez Garouste
si démultipliées qu’elles semblent s’échapper des mains),
– comment ne pas tordre les figures et noyer absolument le paysage ?

 

 

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DEAMBULACIONES

 

leyendo a Zéno Bianu

 

 

Con la mirada atenta

                                                                                   recorres la calle

y piensas en todo lo que se evade

                                                                                   escapa a tu vista

de transeúnte relativo

                                                                       en las ventanas que se cierran

en los rumores que se apagan

                                                                                              subidos

                                                                                   a las escaleras

                                                                                   proporcionalmente

en los orígenes que siempre serán tu fuente

                                                                                   de inútiles especulaciones

en la vida por la que pasas

                                                           sin penetrar en el misterio de las cosas

ni la singularidad de los seres sin saber

                                                           si el gato vecino que desapareció ayer -

si el restaurante cerrado por obras-

                                                                                   o si mañana el obrero

desde su andamio-

                                               ignorando el cartel sucio en la fachada

Enredándose como ramas

                                                                       de madreselva o como

esa hiedra en lo absoluto del cielo    

                                                                                   el barrio se te escapa

por todas sus salidas

                                                                                   tus pasos que los muros

repercuten van

                                                                       tartamudeando tu nombre

se pierde

                                                                       en la ciudad

 

 

 

 

DÉAMBULATIONS

 en lisant Zéno Bianu

 

 

L’œil attentif
                                                                                          tu arpentes la rue
et tu penses à tout ce qui s’évade
                                                                                    échappe à ton regard
de passant relatif
                                                                          aux fenêtres qui se referment
aux rumeurs qui s’éteignent
                                                                                                                 gravies
                                                                                                 des marches
                                                                                  à proportion
aux origines qui te seront à jamais source
                                                                               d’inutiles spéculations
à la vie que tu traverses
                                                        sans pénétrer le mystère des choses
ni la singularité des êtres sans savoir
                                                       si le chat voisin la veille disparu –
si le restaurant fermé pour travaux –
                                                                            ou si l’ouvrier demain
du haut de son échafaudage –
                                                   ignorant l’affiche salie sur la façade
S’enchevêtrant comme des branches
                                                                 de chèvrefeuille ou comme
ce lierre dans l’absolu du ciel
                                                                           le quartier t’échappe
par toutes ses issues
                                                                           tes pas que les murs
répercutent vont
                                                                             bégayant ton nom
se perd
                                                                                      dans la ville

 

 

 

**

 

 

 

 

LA SED DEL CÓNSUL

 

La noche circula en mis venas

            Cioran

 

 

En busca del secreto del ser a las horas de las conclusiones que aúllan

a la luna te agarran por el cuello vas buscando en

cada trago incandescente de tu vaso una respuesta oh

búsqueda de absoluto en la que cada trago más amargo por lo visto te

acerca más al centro mientras que el siguiente en el borde roído

de la voluntad prorroga tu sed y su obstinación que lleva más lejos

el enigma la interrogación en el eje ciego del mundo su revelación más

alejada por lo visto en el momento turbio en el que esa otra vida vendrá a repetir la

promesa pasajera de una bienvenida para cobijar al volcán y a su misterio

la angustia de la existencia entre los tuyos y el conocimiento

imperfecto forzosamente pero es una verdad

de ahogado la que recoges en el fondo de tu vaso vacío

 

 

 

LA SOIF DU CONSUL

« La nuit circule dans mes veines. »
Cioran

En quête du secret de l’être aux heures des conclusions qui hurlent
à la lune te prennent à la gorge tu vas cherchant dans
chaque gorgée incandescente de ton verre une réponse ô
poursuite d’absolu dont chaque gorgée plus amère semble-t-il te
rapproche davantage du centre tandis que la suivante sur le bord rongé
de la volonté reconduit ta soif et son obstination portant plus loin
l’énigme l’interrogation sur l’axe aveugle du monde sa révélation plus
éloignée semble-t-il au moment trouble où cette autre viendra répéter la
promesse passagère d’un accueil pour abriter le volcan et son mystère
l’angoisse de l’existence parmi les tiens et la connaissance
imparfaite nécessairement mais c’est une vérité
de noyé que tu cueilles au fond de ton verre vide

 

 

 

 

 

**

 

 

 

2- Poemas de La ballade de Ridgeway Street, Coll. Polder (Décharge-Gros Textes) 2019

 

 

¿En verdad cuándo empezó el viaje

fue el día antes de partir

con el itinerario y las maletas cerradas en la mente

con el sonido del silbato brutal marcando

la llamada en el andén de la estación

o al bajar del tren en una algarabía

de lenguas y de hombros

a no ser que el trayecto no haya comenzado nunca

sino mucho después

en el umbral del espacio turbulento

de la página

sobre la cual intentar que coincidan

tantas salidas falsas?

 

            (La salida)

 

 

 

 

Le  voyage quand véritablement  a-t-il commencé

était-ce à la veille de partir

lorsqu'en tête l'itinéraire et les bagages bouclés

au coup de sifflet brutal pour sonner

le rappel sur le quai de la gare

ou à la descente du train dans un brouhaha

de langues et d'épaules

à moins que le trajet n'ait jamais débuté

que longtemps après

au seuil de l'espace turbulent

de la page

sur laquelle essayer de faire coïncider

autant de faux départs  ?

 

                            (Le départ)

 

**

 

 

 

Tres metros por dos aproximadamente

techo bajo con armario

cama individual secreter silla

cuatro nacionalidades en dos pisos

y la melancolía abuhardillada

a pesar de la disposición y de la luna

como un guiño

¿cómo las ideas

no se habrían

golpeado la cabeza?

 

            (Habitación con vistas)

 

 

Trois mètres sur deux environ

sous plafond bas avec armoire

lit d'une place secrétaire chaise

quatre nationalités sur deux étages

et la mélancolie mansardée

malgré les agencements et la lune

en clin d'oeil

comment les idées

ne s'y seraient-elles pas

cogné la tête ?

 

                (Chambre avec vue)

 

 

**

 

 

 

Extrañas avenidas donde los árboles

cambian de creencia

con las aceras

los jardines enigmáticos

aportan frutas con púas

ante la desesperación de los tordos

sobre los tejados y el césped

celosamente

las lluvias riegan el mástil

de las banderas

flores guerreras tras

las vallas

 

            (Calles de Belfast 2)

 

 

 

Étranges avenues où les arbres

changent de croyances

avec les trottoirs

les jardins énigmatiques

y portent des fruits barbelés

au désespoir des grives

sur les toits et les pelouses

jalousement

les pluies arrosent la hampe

des drapeaux

fleurs guerrières derrière

les clôtures

 

                (Rues de Belfast, 2)

 

 

Publicado en VENTANA FRANCESA

 

 

 

J.M. BARBOT

 

Trois poèmes de Agua serás y lo olvidaste, ed. Lastura, 2019

Traduction par Miguel Ángel Real

 

 

ARCHEOLOGIE

 

Nous avons entre les mains un palais en ruines.

RODRIGO GARRIDO

 

La boue que nous portons dans les mains

nous dit qui nous fûmes dans les ombres,

ces mythes et ces dieux que tu me nommes

du temps où nous n’étions pas encore humains.

 

Cette poussière qui salit nos mains

fut le lit et l’aliment des ombres,

des décombres que tu respires et que tu nommes

avec  l’ardeur curieuse des humains.

 

Elles ne tomberont pas dans l’oubli toutes ces ombres

si nous pouvons sauver avec nos mains

ce qui pendant des siècles fut silence,

 

car vivront à nouveau  tous ceux que tu nommes,

ils redeviendront lumière et souffle humains

quand tu prêteras ta voix à leur silence.

 

 

ARQUEOLOGÍA

 

                 Tenemos en las manos un palacio en ruinas.

                                   RODRIGO GARRIDO

 

El barro que  traemos en las manos

nos dice quiénes fuimos en las sombras,

esos mitos y dioses que me nombras

de cuando aún no éramos  humanos.

 

Ese polvo  que ensucia nuestras manos

fue lecho y alimento de las sombras,

escombros  que respiras y que nombras

con el curioso afán de los humanos.

 

No caerán al olvido tantas sombras

si podemos salvar con nuestras manos

lo que durante siglos fue silencio,

 

pues vivirán de nuevo cuantos nombras,

volverán a ser luz y aliento humanos

cuando prestes tu voz a su silencio.

 

 

 

 

dIEU(x)

 

(…) et il semblait nécessaire, en indiquant son métier,

d'écrire le D majuscule qui n'était essentiel dans aucun

autre métier.

ENRIQUE GRACIA TRINIDAD

 

On dit qu’on écrit dieu en Majuscule.

Mais je ne sais pas très bien de quel dieu on parle.

Peut-être du jardinier cruel et insomniaque

qui engraisse ses rosiers et son potager

avec notre pourriture.

Ou peut-être de cet autre

qui rend les femmes invisibles

et les hommes esclaves d’eux-mêmes,

sinistres messagers de la mort.

 

On dira qu’il y a d’autres dieux

sans haine dans leurs pupilles ni dans leurs mains,

sans rancune ni jalousie, vermoulus

entre quatre murs d’un temple quelconque.

Il y en aura même qui diront que c’est de l’amour,

qu’il donna sa vie pour nous

ou que il rend meilleurs certains.

Mais à vrai dire plutôt que dieu

je le vois très humain dans toutes ses facettes.

 

Je dis cela car je ne veux pas discuter

parce que le voir, ce qu’on appelle le voir, je ne le vois pas.

Moi, d’après ce qu’il paraît,

il me refuse le don de sa présence.

 

Je soupçonne donc que tous ces dieux

-y compris le seul dieu véritable-

ne sont que des mirages

de passions mondaines

comme les tiennes et les miennes,

les plus ordinaires, celles qu’on écrit

dans l’ombre et en minuscules.

 

 

 

dIOS(es)

 

             (..)y parecía necesario, al escribir su profesión,

             poner la D mayúscula que no fue imprescindible

             en ningún otro oficio.

                            ENRIQUE  GRACIA TRINIDAD

 

 

Dicen que dios se escribe con Mayúscula.

Pero no sé muy  bien de qué dios hablan.

Tal vez del hortelano cruel e insomne

que abona sus rosales y su huerto

con nuestra podredumbre.

0 acaso de aquel otro

que hace a las mujeres invisibles

y a los hombres esclavos de sí mismos,

siniestros mensajeros de la muerte.

 

Dirán  que hay otros dioses

sin odio en sus pupilas ni en sus manos,

sin inquina ni envidia, carcomidos

entre cuatro paredes de algún templo.

Habrá quien diga incluso que es amor,

que dio su vida por nosotros

o que a algunos les hace ser mejores.

Pero es que más que dios

lo veo muy humano en todas sus facetas.

 

Lo digo por no discutir,

porque ver, lo que es ver, yo no lo veo.
A mí, según parece,

me niega el don de su presencia.

 

Sospecho así que todos esos dioses

-incluso el único dios verdadero-

no son más que espejismos

de pasiones mundanas

como las tuyas y las mías,

de esas de andar por casa, que se escriben

a oscuras y en minúsculas.

 

 

 

 

 

AGRAFES

 

Nous vivons fissurés.

Nous sommes coupure, fracture, cicatrice,

des mots et des futurs qui ne protègent pas,

des passés et des silences qui se brisent.

 

Et cependant, nous prétendons

sauver les meubles,

nous bercer dans la même litanie

et recoller les routines qui se brisent.

 

Agrafer et rattacher les crevasses

pour qu’elles guérissent et que nous puissions

imaginer que tout reste tel quel,

même si c’est constamment démenti

par les traces sur la peau

                                   et les jours de pluie.

 

 

GRAPAS

 

Vivimos  agrietados.

Somos  corte, fractura, cicatriz,

palabras y futuros que no abrigan,

pasados y  silencios que se quiebran.

 

Y sin  embargo, pretendemos

salvar los muebles,

mecernos en la misma letanía

y pegar las rutinas que se rompen.

 

Grapar y unir las grietas

para que sanen y podamos

imaginar que todo sigue igual,

aunque  lo sigan desmintiendo

las marcas en la piel

                     y los días de lluvia.                                  

 

 

 

 

La verdadera musa de Manuel Acuña.

Adán Echeverría.

“Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan / se yergue como una cobra de oro / el canto ardiente del orgullo”, escribe Enrique Molina en su poema Alta Marea; y es que la separación de dos amores tiene mucho de debilidad, malentendidos, chismes, rencores, falta de diálogo; impedimentos todos que se suben unos sobre otros, y hacen tomar decisiones a la pasión que no al cerebro. Los rencores abonados en el orgullo poco pueden resolverse en acuerdos para destrabar antiguos sentimientos que nos hacían sentir plenitud por la compañía del ser amado. El rencor es “como una cobra de oro” dice el poeta, y la figura es fría como el metal: la helada sangre de la cobra, una de las serpientes más venenosas, y hermosas, que ha dado la naturaleza; sumados al brillo del oro, la textura de las escamas del ofidio; una cobra que además nos trae a la mente la muerte de la gran Cleopatra que decide morir por las mordeduras de uno de estos animales luego de enterarse que Marco Antonio había sido asesinado por el ejército de César. Todo eso va sumando en el imaginario, al reconocer la tremenda fuerza que el poeta argentino ha puesto en sus versos, seguido de “el canto ardiente del orgullo”; para la pareja será muy difícil ceder y reconocer las equivocaciones propias.

Viene a cuento el poema de Molina por ese rencor que queda entre una mujer y un hombre que se amaron y que terminaron por separarse. En esos versos me ha hecho reflexionar la lectura del excelente trabajo de Leticia Romero Chumacero, sobre la historia de amor, desamor, malentendidos, intrigas, abandono, entre una mujer a la que Manuel Acuña, en verdad, dedicara su célebre poema “Nocturno”. La broma o fantasía de la dedicatoria que todos conocemos sucedió después; pero hemos aceptado que el poeta fue quien lo escribiera bajó del título como epígrafe-dedicatoria: A Rosario, para luego realizar el acto de quitarse la vida. Hoy nos damos cuenta de que la dedicatoria solo fue una forma para proteger la historia de amor-desamor que muy pocos conocieron y que, desde hace algunas décadas, apenas comienza a llamarnos la atención.

Esa otra mujer, nos cuentan Raúl Cáceres Carenzo y luego Leticia Romero, es nada menos que Laura Méndez de Cuenca (1853-1928), quien naciera como Laura Méndez Lefort, en la hacienda Tamariz, jurisdicción de Amecameca, en el Estado de México; y sobre la cual la discreción de los amigos del poeta y de Laura misma, cargados en su humildad y respeto por el fallecimiento de quien fuera el padre de su hijo tramaron el epígrafe. Han sido esos pocos amigos que conocieron de sus relaciones, quienes decidieron callar por muchos, muchos años, dejando que los lectores y la tradición se encargaran de hacernos creer el cuento de que Acuña se había enamorado de Rosario de la Peña y que al no ser correspondido se había quitado la vida. Ahora, incluso se puede pensar, que la dedicatoria “A Rosario”, fue añadida al poema durante la publicación póstuma del poema. Juan de Dios Peza fue testigo del amor de Laura y Manuel, y testigo en la boda de Laura y Agustín F. Cuenca.

Luego de leer el trabajo de Romero Chumacero, regresé al trabajo que en el 2003 publicara el maestro Raúl Cáceres Carenzo en la revista La Colmena, titulado: “Laura Méndez, la pasión y la voz”, en el que el estudioso crítico literario yucateco expone, en vísperas de celebrar los 150 años del nacimiento de la poeta mexiquense: “La voz lírica de Laura Méndez de Cuenca aportó imágenes y palabras verdaderas en su momento: en esa fuente de nuestras ideas estéticas: el segundo romanticismo mexicano. En la obra poética de Méndez de Cuenca encontramos, no siempre acallados por el ritmo verbal o las diversas imágenes: las quejas, la desolación, el grito, la angustia y el deseo de su vida. La poesía de esta escritora mexiquense se ha venido valorando en años recientes como experiencia necesaria para el destino de la voz femenina en el panorama literario nacional; José Emilio Pacheco afirma: "fue persona de insaciable curiosidad intelectual" y también "una de las primeras y más activas feministas mexicanas".

Y es en ese “segundo romanticismo mexicano”, en el último tercio del siglo XIX, donde nos deberíamos situar e imaginar cómo fue en aquella época la Ciudad de México; imaginar la situación de la mujer intelectual mexicana de aquellos días, que a pesar de que con las Leyes de Reforma se establecía que las mujeres tendrían las mismas oportunidades educativas que los hombres, la realidad distaba mucho de verlo cumplido. Leticia Romero nos ayuda a entender cómo fue para Laura Méndez: “fue aplaudida y objetada a un tiempo debido a la índole no siempre dócil de su obra, así como a elementos biográficos relacionados con su juventud, pues fue madre soltera y amante de uno de los poetas más afamados del siglo XIX mexicano. Estos datos extratextuales han tendido a opacar su recepción y a limitar su aparición en la historia de la literatura mexicana”. Ya que la mujer de aquella época, que quisiera dedicarse a la literatura o a otro arte, tenía que hacerlo con base en lo que las “buenas conciencias” de los escritores hombres habían determinado. Romero lo expone así: “intelectuales mexicanos convencidos de que la misión vital de sus contemporáneas consistía en salvaguardar la moral, se consagrasen o no a las letras”.

Cáceres Carenzo nos cuenta que la inclinación de Laura Méndez por las letras la llevó, antes de los veinte años, “a frecuentar los círculos literarios e intelectuales capitalinos donde brillaba, arrasadora. la figura del joven estudiante de medicina Manuel Acuña”. Eran sus maestros en la Escuela de Artes y Oficios: Enrique Olavarría, Guillermo Prieto e incluso Ignacio Manuel Altamirano, con quienes Laura entabló amistad de inmediato. Se reunían en veladas literarias a las cuales asistían ocasionalmente una o dos mujeres. En uno de esos encuentros Laura conoció al poeta más querido y afamado de la República Restaurada: Manuel Acuña, quien ya era reconocido en el Salón Nezahualcóyotl, y entre sus compañeros de la Escuela de Medicina. Ya había sido elogiado por Ignacio Manuel Altamirano. Ese muchacho de 22 años tuvo el atrevimiento de elogiar en público el trabajo intelectual de Laura Méndez.

Pero no solo fue Acuña quien entendió la capacidad creadora e intelectual de Méndez Lefort. Romero comenta: “Hay quien opina que en esa época Laura y Manuel eran “los dos poetas jóvenes más dotados de su generación”. Juan de Dios Peza publicó sobre Laura: “Es, si no la mejor, una de las mejores poetisas de México” Adalberto A. Esteva llega a decir sobre Laura: “Ella y sor Juana Inés de la Cruz, son las mejores poetisas del país”.

Aquel amor que había crecido entre dos poetas Manuel Acuña y Laura Méndez planteaba que su amor sería capaz de sobrevivir a la pobreza a la que había que enfrentarse. Laura no solamente era una estudiante a finales del siglo XIX, no solamente asistía a las veladas literarias, apenas acompañada de una o dos mujeres más entre puros hombres. Además, había decidido vivir con Manuel Acuña; su relación con sus padres, por todo lo anterior, se había hecho ríspida, pero la juventud y libertad intelectual de Laura era suficiente para saberse capaz. Los poemas que, uno a otro, se leían y se escribían, como parte de su amor intelectual, eran publicados en los periódicos de la época. Pero la maliciosa presencia de Guillermo Prieto, quien fuera director en la escuela a donde Laura Méndez acudía, vino a destruirlo todo. Mílada Bazant lo señala de la siguiente forma: “Laura tuvo que sobreponerse a las muertes de Manuel Acuña padre, en diciembre de 1872, y luego la de Manuel Acuña hijo, en enero del año siguiente. No sólo debió sobrellevar estas penas, sino, además, hacer oídos sordos a los chismes e ignorar que la gente la señalaba cuando iba por las calles.”

Cuenta la leyenda que la joven pareja, Laura y Manuel, se habían decidido a vivir juntos, compartiendo las posibilidades; lo poco que él recibía lo compartía con la mujer amada y admirada. Laura queriendo colaborar con el hogar que comenzaba su formación, quiso solicitar "boletos de alimentación" al director de la Escuela de Artes y Oficios donde era alumna, y podemos ver a Guillermo Prieto diciéndole que sí, pero solo si le entregaba sus favores carnales. Muchos dicen que Laura cedió al chantaje, basados en que Prieto lo quiso divulgar. Ella dice que no ocurrió jamás, que ella siempre se negó. Los mismos aduladores de Prieto, le calentaban la cabeza diciéndole, al patriarca de las letras, que "no era posible que el joven Acuña estuviera teniendo más éxito y fama, y que comenzara a ser tan leído y buscando por los críticos"; alimentando en el anciano un odio creciente hacia el joven Acuña, de 24 años, quien además era el amor de la solicitada Laura, su pupila en la Escuela. Señalan que tal vez esos fueron algunas de las intrigas que hicieron a Prieto actuar, como lo hizo, contra una joven mujer admirable. Sin embargo, los comentarios, las mentiras, las alusiones, que Prieto y sus aduladores dejaron crecer llegaron a los oídos de Acuña, y la relación Acuña-Méndez terminó.

Manuel Acuña al dar por terminada la relación aún no estaba enterado de que Laura estuviera embarazada. Luego de los reclamos, coge sus cosas y regresa a su cuarto en la Escuela de Medicina, y presa del desamor comienza a acudir a las reuniones en casa de Rosario de la Peña, mujer a la que no pocos cortejaban, y Acuña decide hacer lo propio para olvidar, con la ayuda de Rosario, y mediante la bohemia, a Laura. Amigos hay que cuentan que Acuña había pedido no ser molestado, durante aquellos días, en aquellos trances, pero los verdaderos amigos hacen caso omiso de este escollo de meditaciones íntimas. Llegan a él, y es así que el poeta les enseña dos cartas de despedida, que en aquel momento a los compañeros del poeta les parecen otros de sus ejercicios que, como "textos literarios", eran asiduos del poeta (léase la historia del “libro de hueso”, que narrara años después Juan de Dios Peza), y le piden no quedarse encerrado, salir y disfrutar las noches a su lado —recuerde usted que estamos hablando de jóvenes cuyas edades giraban entre los 19 y 25 años de edad.

Además de las cartas que el poeta les enseñara, algunos estudiosos señalan que Acuña llegó a esgrimir comentarios como el siguiente: " ¡El que contrae obligaciones sin poder cumplirlas es un miserable! ", ellos no sabrían entonces que Acuña se estaba refiriendo al hecho de haber tenido un hijo con Laura. Se acusaba de haberse precipitado en sus juicios, dejándose llevar por la maledicencia de los que querían verlos sufrir, y se arrepentía de haber terminado su relación con ella. De haberla juzgado de ligera sin siquiera haberla escuchado. Arrepentido, insultado por Prieto y sus camarillas, necesitado de dinero, Acuña va cayendo en un remolino de pensamientos que aletean la sombra de la depresión en su intelecto.

El resto es historia: Acuña muere por su propia mano “que no se culpe a nadie de mi muerte”, Laura pierde al padre de su hijo; poco después el hijo de Acuña y ella comienzan a morirse de hambre, de enfermedad, de pobreza, de abandono. Pues no tienen donde vivir, la familia de Laura la rechaza por ser madre soltera. Hasta que se decide a vivir de nuevo con otro hombre, a ser rescatada de ese lodo de tristezas por un amigo de ambos, por el escritor Agustín F. Cuenca, quien siempre quiso mantenerse a su lado, conocedor de su historia, y de la tragedia que se había cernido sobre ellos.

La historia y la tradición que nos han hecho llegar, cuentan que el poeta Acuña se mató de amor por la tal Rosario, pero esta mujer poco tenía que ver en esta historia, más que apuntalar la tristeza de un hombre que no pudo con su tiempo y su depresión: chismes, romance, pobreza, intimismo, extrema sensibilidad, son el escenario para el drama en que se debatieron. Y de esa batalla de pasiones en las que se confunde la ficción con la realidad, los poetas nos dejaron algunas obras literarias.

He acá los tres poemas que narran esta historia. El primero es el “Adiós” escrito por Acuña para Laura, dando por terminada la relación. El segundo la respuesta de Laura (publicada muchos años después de los sucesos; por lo que ahora se sabe, leída por el poeta Acuña antes de morir, donde se entera del hijo que tendría con Laura, al que ve nacer, pero con el que no puede convivir como hubiese querido porque la relación entre ellos no logra componerse); y el tercer poema es el famosísimo “Nocturno”; en el que se puede notar, de la pluma de Acuña, la intromisión del "hijo de Laura y el poeta", que toma la voz del hablante lírico, siendo el niño aún no nacido (Manuel Acuña Méndez) el que dice "y en medio de nosotros / mi madre como un dios"; pues eso es justo lo que es una madre para todo niño, y Acuña puede darse cuenta de ello, al borde la locura en la que se debate.

Todo este diálogo poético se desprende al notar que los tres textos están construidos con el mismo ritmo y medida; y muchas de las imágenes escritas por Laura Méndez son retomadas por el poeta Acuña, quien los acomoda y recompone para continuar el diálogo poético que ha sostenido siempre con su Laura. Veamos:

El primer Poema que transcribiremos fue escrito por Manuel Acuña (dirigido a Laura Méndez). Se titula “Adiós a…”; el poema apareció publicado el 4 de marzo de 1873:

“Después de que el destino/ me ha hundido en las congojas/ del árbol que se muere/ crujiendo de dolor,/ truncando una por una/ las flores y las hojas/ que al beso de los cielos/ brotaron de mi amor./ / Después de que mis ramas/ se han roto bajo el peso/ de tanta y tanta nieve/ cayendo sin cesar,/ y que mi ardiente savia/ se ha helado con el beso/ que el ángel del invierno/ me dio al atravesar./ / Después... es necesario/ que tú también te alejes/ en pos de otras florestas/ y de otro cielo en pos;/ que te alces de tu nido,/ que te alces y me dejes/ sin escuchar mis ruegos/ y sin decirme adiós./ / Yo estaba solo y triste/ cuando la noche te hizo/ plegar las blancas alas/ para acogerte a mí,/ entonces mi ramaje/ doliente y enfermizo/ brotó sus flores todas/ tan solo para ti./ / En ellas te hice el nido/ risueño en que dormías/ de amor y de ventura/ temblando en su vaivén,/ y en él te hallaban siempre/ las noches y los días/ feliz con mi cariño/ y amándote también.../ /

¡Ah! nunca en mis delirios/ creí que fuera eterno/ el sol de aquellas horas/ de encanto y frenesí;/ pero jamás tampoco/ que el soplo del invierno/ llegara entre tus cantos,/ y hallándote tú aquí.../ / Es fuerza que te alejes.../ rompiéndome en astillas;/ ya siento entre mis ramas/ crujir el huracán,/ y heladas y temblando/ mis hojas amarillas/ se arrancan y vacilan/ y vuelan y se van.../ / Adiós, paloma blanca/ que huyendo de la nieve/ te vas a otras regiones/ y dejas tu árbol fiel;/ mañana que termine/ mi vida oscura y breve/ ya solo tus recuerdos/ palpitarán sobre él./ / Es fuerza que te alejes/ del cántico y del nido/ tú sabes bien la historia/ paloma que te vas.../ El nido es el recuerdo/ y el cántico el olvido,/ el árbol es el siempre/ y el ave es el jamás./ / Adiós mientras que puedes/ oír bajo este cielo/ el último ¡ay! del himno/ cantado por los dos.../ Te vas y ya levantas/ el ímpetu y el vuelo,/ te vas y ya me dejas,/ ¡paloma, adiós, adiós!

 

Es un poema por demás hermoso. Los versos “mañana que termine/ mi vida oscura y breve/ ya solo tus recuerdos/ palpitarán sobre él”, parecen una prefiguración del aciago desenlace del poeta.

En un segundo trabajo, Romero Chumacero describe lo que Balbino Dávalos cuenta a uno de los biógrafos del poeta: “fue novia y, después, amante de Acuña: por estas relaciones, vivió sola, alejándose de familiares y amigos; económicamente dependía del poeta, paupérrimo a la sazón. Buscando alivio, [...] se dirigió a Prieto; lo reputaba leal amigo de Acuña, quien tenía un elevado concepto del exministro. Éste ofreció conseguirle boletos de alimentación gratuita y proporcionarle otros subsidios, siempre que la joven concediera sus encantos al vejete. [Ella] rechazó las viles proposiciones”.

Ahora vamos a dar lectura al poema 2 de este Diálogo Poético en el que la pareja se embarcó en aquel momento. Es escrito por Laura Méndez en respuesta al poema de Manual Acuña, y aunque éste no fue publicado en su momento, las investigaciones reconocen el tiempo en el que se escribió como respuesta al poema de Acuña, y cuyo ritmo e imágenes fueron retomadas por el poeta saltillense para componer su Nocturno. Se sabe que Laura hizo llegar su poema a la redacción del periódico que publicara el primer poema que ya hemos revisado; pero éste fue recibido por el mismo Acuña, quien de esta forma se entera que su Laura está embarazada, y cae en cuenta de lo que ha hecho, al exponer su relación, y su rompimiento dentro de una publicación, y por haberse marchado como lo hizo de aquel hogar, abandonando a la mujer embarazada. Coge el poema y acude a ver a Laura, pero el golpe ya está dado. No logra encontrarla pues ella también ha abandonado el cuarto, para vivir algunos meses con una hermana; Acuña vuelve a casa a repasar y repasar las letras del poema que le han entregado. Pasan los días, semanas, los meses en esta opresión, que apenas son paliadas con las visitas a las veladas literarias en casa de Rosario de la Peña, o con las salidas que hace junto a los amigos que intentan arrancarle el sentimiento que le oscurece el rostro; el niño nace dos meses antes de que Acuña decida quitarse la vida.

Cáceres Carenzo nos informa que Laura y Manuel se enamoraron: “estas dos almas románticas se enamoraron y procrearon un hijo, Manuel Acuña Méndez, que moriría a los tres meses de nacer, un mes y días después del suicidio de Acuña.” Esto evidencia que, a pesar de los intentos de Acuña, no pudo recomponer la relación con Laura, y con su hijo, y recurrió al suicidio cuando su hijo tenía alrededor de dos meses de nacido.

La historia y la tradición nos muestran al taciturno Acuña en la casa de Rosario de la Peña. Al poeta en charlas con Juan de Dios Peza, al estudiante pobre pidiéndole a Celi que le lave y le planche bien la ropa y se la deje muy temprano sobre la cama. Lo demás lo sabemos ya.

“Al casarse con Laura y darle su apellido, Agustín E Cuenca, íntimo amigo de Acuña, logra que a ella se le recuerde siempre como ‘Laura Méndez de Cuenca’... y no como ‘Laura la de Acuña’; como se recuerda a la otra, a Rosario”; termina diciéndonos el maestro Raúl Cáceres Carenzo, conocedor de la historia, y del valor literario de la obra de Méndez, que por su relación con Acuña, y por el rumor esparcido por Prieto ha sido olvidada como la gran mujer de letras que fue.

He acá el poema número dos de este diálogo poético que estamos ensayando, y con el cual la mente de Acuña terminó por trastornarse. También se titula “Adiós” (por Laura Méndez Lefort):

Adiós: es necesario que deje yo tu nido;/ las aves de tu huerto, tus rosas en botón./ Adiós: es necesario que el viento del olvido/ arrastre entre sus alas el lúgubre gemido/ que lanza, al separarse mi pobre corazón./ /

Ya ves tú que es preciso; ya ves tú que la suerte/ separa nuestras almas con fúnebre capuz;/ ya ves que es infinita la pena de no verte;/ vivir siempre llorando la angustia de perderte,/ con la alma enamorada delante de una cruz./ / Después de tantas dichas y plácido embeleso,/ es fuerza que me aleje de tu bendito hogar./ Tú sabes cuánto sufro y que al pensar en eso/ mi corazón se rompe de amor en el exceso,/ y en mi dolor supremo no puedo ni llorar./ /

Y yo que vi en mis sueños el ángel del destino/ mostrándome una estrella de amor en el zafir;/ volviendo todas blancas las sombras de mi sino;/ de nardos y violetas regando mi camino,/ y abriendo a mi existencia la luz del porvenir./ / Soñaba que en tus brazos de dicha estremecida,/ mis labios recogían tus lágrimas de amor;/ de nardos y violetas regando mi camino/ y abriendo a mi existencia la luz del porvenir./ /

Soñaba que en tus brazos, de dicha estremecida,/ mis labios recogían tus lágrimas de amor;/ que tuya era mi alma, que tuya era mi vida,/ dulcísimo imposible tu eterna despedida,/ quimérico fantasma la sombra del dolor./ / Soñé que en el santuario donde te adora el alma,/ era tu boca un nido de amores para mí,/ y en el altar augusto de nuestra santa calma/ cambiaba sonriendo mi ensangrentada palma/ por pájaros y flores y besos para ti./ /

¡Qué hermoso era el delirio de mi alma soñadora!/ ¡Qué bello el panorama alzado en mi ilusión!/ Un mundo de delicias gozar hora tras hora/ y entre crespones blancos y ráfagas de aurora/ la cuna de nuestro hijo como una bendición./ /

Las flores de la dicha ya ruedan deshojadas./ Está ya hecha pedazos la copa del placer./ En pos de la ventura buscaron tus miradas/ del libro de mi vida las hojas ignoradas/ y alzóse ante tus ojos la sombra del ayer./ / La noche de la duda se extiende en lontananza;/ La losa de un sepulcro se ha abierto entre los dos./ Ya es hora de que entierres bajo ella tu esperanza;/ que adores en la muerte la dicha que se alcanza,/ en nombre de este poema de la desgracia. Adiós.”

 

El maestro Cáceres Carenzo repasa de esta forma el oleaje de juventud pasional en la que Laura Méndez tuvo que bogar: “época de juventud apasionada, —en la que sufrió los asedios galantes de dos patriarcas liberales: El Nigromante: Ignacio Ramírez y Fidel: Guillermo Prieto—, es la que dicta sus mejores páginas románticas, entre las que destacamos, como documento literario y humano, de extraordinario valor, el poema "Adiós", que asume la respuesta femenina (y premonitoria) al desolado "Nocturno" de aquel "niño sentimental" que fuera Acuña. Porque tuvo el destino del siglo XIX la desdicha de impedir que los poemas de Laura Méndez no fueran publicados de forma inmediata en las revistas y suplementos, como los de los hombres de su época; recordemos que para esos años el trabajo literario de las mujeres era apenas vista como una actividad de esparcimiento, y así lo señala Leticia Romero: “la de los hombres es literatura, sin más; la de sus pares femeninas es literatura ‘de mujeres’”.

Y si a ello sumamos que este poema de Laura cayó primero en manos de Acuña, quien se dio el tiempo de enfermarse en su lectura, reconocemos que tardó en llegar a ser publicado.

Ahora repasemos el Tercer Poema del Diálogo Poético en el que nos hemos encauzado; fue escrito por Manuel Acuña, y es el que la gran mayoría del México lector conoce. La fama de Acuña, así como sus relaciones, hicieron que el poema fuera publicado como recuerdo de su desaparición de este mundo terrenal, y aquel epígrafe que dejara: a Rosario, terminó pasando a la posteridad, quizá como una idea de Juan de Dios Peza, o de los mismos Agustín F. Cuenca y Laura Méndez, para terminar de una buena vez por todas con la novela que se había comenzado a escribir en la prensa mexicana.

Dejar la dedicatoria, en un poema con el que finaliza la vida, a otra mujer que no fuera la verdadera amante, la verdadera musa, la mujer amada, madre de su hijo, la mujer a la que había abandonado presa de los celos, era una forma de acallar las voces que sobre Laura habían caminado, señalándola, o sobre su propio hijo que había muerto en la pobreza, o también sobre el mismo Prieto, que algo de oscuro tenía en este drama. Romero documenta: “el 17 de enero de 1874 un periodista había comparecido ante el Registro Civil para notificar la muerte del “hijo natural del finado Manuel Acuña y doña Laura Méndez”. Para qué publicar los dos poemas en el orden cronológico en que fueron escritos. Si Acuña había conservado el poema de Laura para enloquecer con él, aprenderse el ritmo y recuperar las imágenes (amor, hogar, madre, cuna, desamor, olvido, adiós) para intentar responderlo mediante su Nocturno. Lo mejor fue escribirle un epígrafe que hiciera que la atención se alejara por completo de Laura Méndez.

Se conoce que las intrigas de Prieto contra Acuña eran amplias, al grado de que la misma Rosario de la Peña cuenta que el gran patriarca le dijo en una ocasión: “Sé que te corteja Acuña y creo es de mi deber, por la estimación que te profeso, decirte que mantiene relaciones con dos mujeres: una poetisa y una lavandera. Es más, a una de ellas se le acaba de morir un hijo, hace poco tiempo. Así es que tú sabes lo que haces”. Tal vez la fama de un joven de 24 años no dejara de molestar a Prieto. La historia no puede ser cierta, puesto que Manuel Acuña Méndez murió un mes después de que su padre se suicidara. Esto evidencia incluso que la misma Rosario de la Peña ayudó a crecer la falsa dedicatoria, al querer creer en ella. Algo debe representar el sentirse amada hasta la inmortalidad.

Pero es en los versos de Laura Méndez en su poema “Adiós” es donde queda muy claro el reclamo, el rencor perlado, el dolor, y la incapacidad de la reconciliación (la cobra de oro que se erige) con el poeta Acuña:

“La noche de la duda se extiende en lontananza

la losa de un sepulcro se ha abierto entre los dos.

Ya es hora de que entierres bajo ella tu esperanza;

que adores en la muerte la dicha que se alcanza,

en nombre de este poema de la desgracia. Adiós.”

 

“La noche de la duda” es justo la forma de reconocer con claridad el reclamo que Manuel Acuña debió haberse permitido sobre la mujer que vivía con él. La duda sembrada por Prieto y sus seguidores habían anidado en un espíritu frágil que tuvo que ser el de Acuña. Y que le hiciera perderse en ese abismo de dejar de reconocerse a sí mismo, hasta arrastrarse en pos del suicidio. Era verdad lo que decía Laura, Acuña había dudado de ella; no le había importado las vivencias juntos, las decisiones que se habían tomado, las amplias charlas luego de las horas de pasión, carne contra carne: de qué habían servido, si un tipo infame podía venir a verter aquel veneno, y Acuña había decidido recibirlo, calentarlo en su dolor, y restregárselo en la cara a Laura. Resulta incomprensible que el poeta hubiera caído presa fácil de la insidia, pues fue el mismo Manuel Acuña “una de las primeras conciencias mexicanas en advertir (y anunciar) la naturaleza y destino literarios de su amada Laura Méndez”, como nos dice Cáceres Carenzo, el poeta de Saltillo había reconocido la capacidad intelectual de la mujer a la que amaba. Lo reacción de Acuña ante el rumor soltado por Prieto habla de una confrontación personal y ególatra; y Laura se vuelve un pretexto en esa historia entre el ego de dos hombres. Porque como ha dicho Romero, Laura sabía que Acuña admiraba y respetaba al viejo escritor, y es por considerarlo su amigo que decide acudir a él en busca de ayuda. Ver que Acuña le reclamara debió ser duro para ella, enterarse que rompen con ella, y la lanzan a la calle, mediante un poema escrito y publicado en un periódico, evidencia el infantilismo del hombre de quien se había dejado embarazar. Por eso el verso: “mi corazón se rompe de amor en el exceso”.

Sobre aquella muchacha lavandera a la que Prieto hace maliciosamente mención, el mismo Juan de Dios Peza señala, tal vez para lavar la memoria de su amigo y, por supuesto, también de la chica: “Acuña en sus ideales, en su amor de lírico, no fijó nunca sus ojos en los negros y brillantes de Celi, que lo miraban con ternura y respeto”. Con ello sacamos que mienten Prieto y Rosario de la Peña.

Por todo lo anterior, y antes de leer el tercer poema, demos paso a lo que Romero Chumacero vuelve a declarar a manera de cronología de hechos: “Ciertamente, hacia el mes de octubre de 1873 dio a luz a su “hijo natural” Manuel Acuña Méndez, primogénito del poeta Manuel Acuña; el 6 de diciembre de ese mismo año éste se suicidó en su habitación de la Escuela de Medicina, y el 17 de enero de 1874 falleció el bebé. Así las cosas, a los veintiún años de edad, Laura era madre soltera y el mundillo literario la sabía vinculada con el célebre escritor extinto.”

Ahora repasemos el tercer poema, como hemos prometido: Nocturno. (Siempre se ha publicado con la dedicatoria: a Rosario).

Pues bien, yo necesito/ decirte que te adoro,/ decirte que te quiero/ con todo el corazón;/ que es mucho lo que sufro,/ que es mucho lo que lloro,/ que ya no puedo tanto,/y al grito que te imploro/ te imploro y te hablo en nombre/ de mi última ilusión./ / De noche cuando pongo/ mis sienes en la almohada,/ y hacia otro mundo quiero/ mi espíritu volver,/ camino mucho, mucho/ y al fin de la jornada/ las formas de mi madre/ se pierden en la nada,/ y tú de nuevo vuelves/ en mi alma a aparecer./ / Comprendo que tus besos/ jamás han de ser míos;/ comprendo que en tus ojos/ no me he de ver jamás;/ y te amo, y en mis locos/ y ardientes desvaríos/ bendigo tus desdenes,/ adoro tus desvíos,/ y en vez de amarte menos/ te quiero mucho más./ / A veces pienso en darte/ mi eterna despedida,/ borrarte en mis recuerdos/ y huir de esta pasión;/ más si es en vano todo/ y mi alma no te olvida,/ ¡qué quieres tú que yo haga/ pedazo de mi vida;/ qué quieres tú que yo haga/ con este corazón!/ / Y luego que ya estaba?/ concluido el santuario,/ la lámpara encendida/ tu velo en el altar,/ el sol de la mañana/ detrás del campanario,/ chispeando las antorchas,/ humeando el incensario,/ y abierta allá a lo lejos/ la puerta del hogar.../ / Yo quiero que tú sepas/ que ya hace muchos días/ estoy enfermo y pálido/ de tanto no dormir;/ que ya se han muerto todas/ las esperanzas mías;/ que están mis noches negras,/ tan negras y sombrías/ que ya no sé ni dónde/ se alzaba el porvenir. //“¡Que hermoso hubiera sido/ vivir bajo aquel techo./ los dos unidos siempre/ y amándonos los dos;/ tú siempre enamorada,/ yo siempre satisfecho,/ los dos, un alma sola,/ los dos, un solo pecho,/ y en medio de nosotros/ mi madre como un Dios!”/ / ¡Figúrate qué hermosas/ las horas de la vida!/ ¡Qué dulce y bello el viaje/ por una tierra así!/ / Y yo soñaba en eso,/ mi santa prometida,/ y al delirar en eso/ con alma estremecida,/ pensaba yo en ser bueno/ por ti, no más por ti./ / Bien sabe Dios que ése era/ mi más hermoso sueño,/ mi afán y mi esperanza,/ mi dicha y mi placer;/ ¡bien sabe Dios que en nada/ cifraba yo mi empeño,/ sino en amarte mucho/ en el hogar risueño/ que me envolvió en sus besos/ cuando me vio nacer!/ / Esa era mi esperanza.../ más ya que a sus fulgores/ se opone el hondo abismo/ que existe entre los dos,/ ¡adiós por la última vez,/ amor de mis amores;/ la luz de mis tinieblas,/ la esencia de mis flores,/ mi mira de poeta,/ mi juventud, adiós!

 

El maestro Cáceres Carenzo es fuerte en sus comentarios al realizar el análisis, y escribe: “Es al poema 'Adiós’ del poeta saltillense al que da respuesta el desolado e intenso poema de Laura Méndez, del mismo título, que parece ser el modelo imitado en el famoso "Nocturno" (A Rosario). La plenitud expresiva del 'Adiós" de Laura Méndez no la logra alcanzar Acuña en su "Nocturno". En estos textos observamos el mismo metro, parecida lamentación por el infortunio amoroso, pero la riqueza idiomática del testimonio de ella hace que, al ser confrontados, la última despedida de Acuña se muestre plagada de excesos retóricos, ripios, carencia de ideas, dispendios verbales y desorden formal.”

Sin embargo, no deja de ser claro el diálogo poético entre Laura y Manuel que se observa en los tres poemas que hemos transcrito. Usted lector puede constatar conmigo lo que ella le responde; esa tristeza de poder realizar juntos una familia, de pasar de la dulzura de ser ellos dos a la ternura de ahora ser tres (“la cuna de nuestro hijo como una bendición”); y en el que se puede percibir la presencia del hijo de ambos.

Esto dialoga con fragmentos del poema final de Acuña:

“¡Que hermoso hubiera sido

vivir bajo aquel techo. (los poetas ya vivían juntos, y compartían su pobreza)

los dos unidos siempre (que fuera triturado por la noche de la duda, escribe Laura)

y amándonos los dos; (creyendo los maliciosos chismes de Prieto, los poetas se separan; porque aun cuando ella hubiera cedido, “la noche de la duda”, jamás dejaría en paz al joven Acuña. Laura terminó por convertirse en una de las primeras feministas reconocidas de México, y ya mostraba en este drama que no sólo podía colaborar con Acuña para obtener el sustento de su hijo, sino de la forma en que se necesitara para conseguir el alimento, la renta, en fin... lo necesario para mantenerse juntos)

tú siempre enamorada, (el amor se sostiene dentro de la confianza; Laura escribe: Y yo que vi en mis sueños el ángel del destino/ mostrándome una estrella de amor en el zafir; donde deja más que claro el estar enamorada. Acuña lo sabe)

yo siempre satisfecho, (acá Acuña, da muestra de saber que Laura lo amaba; y con "satisfecho", el poeta intenta señalar que los disparates vertidos por Prieto no le habían hecho mella; por lo trata de decirle a Laura que la razón por la que se quita la vida, no es por celos, sino sabedor que no se siente capaz para enfrentar la pobreza a la que conduce al hijo que Laura y él han procreado; pobreza que incluso pone en riesgo a su amada, dado que al no poder él con los gastos, ha impulsado a Laura a conseguir dinero para ayudarlos, volviéndola presa de personajes como Prieto; los cuatro versos siguientes muestra a la familia toda, junta, desde la voz y los ojos de su hijo:)

“los dos, un alma sola,

los dos, un solo pecho,

y en medio de nosotros

mi madre como un Dios!”

 

Dice Raúl Cáceres Carenzo que “Bien sabemos que los críticos suelen pasarse de listos o de oscuros”. Y así es como hemos transcurrido a través de esta historia, en este drama Laura Méndez-Manuel Acuña, recurriendo a fuentes, y ficcionando presa del romanticismo en el que nos hemos querido situar.

De esta relación amorosa, cargada de pasión, nos cuenta Cáceres Carenzo que, en la emotiva biografía de Manuel Acuña, escrita por José Rojas Garcidueñas, que las relaciones amorosas de estos dos poetas de nuestro romanticismo "parecen haber durado menos de dos años (l872 y parte de l873)". En los inicios de la pasión romántica que floreció entre ellos, Manuel tendría veintidós años y Laura diecinueve. Ya desde 1872, en el mes de abril, Acuña leyó ante los miembros del Liceo Hidalgo reunidos esa noche en el Conservatorio, el poema “A Laura”, que había sido ya divulgado en las páginas de “El Eco de Ambos Mundos”, una serie de tercetos endecasílabos encadenados en los que termina diciendo: “y que hallemos en ti a la mujer fuerte / que del oscurantismo se redime”. Y con eso es con lo que debemos quedarnos al hablar de Laura, con su capacidad intelectual, creativa, su fortaleza de espíritu que siempre la hizo seguir adelante.

Durante largas décadas, la de Laura Méndez ha sido una voz injustamente olvida por las memorias, diccionarios y recuentos poéticos nacionales. Leticia Romero Chumacero termina señalándolo de esta manera: “Sus piezas de crítica social, su destacada participación como representante de México en el extranjero, su nexo con los círculos literarios más importantes del país, su labor escritural de varias décadas, su feminismo y la admiración que suscitó, se disolvieron poco a poco. Fue tan estrepitosa (si vida y obra), que la mejor estrategia para silenciarla fue el olvido.”

Para terminar, tenemos que reconocer que justo ahora es cuando más nos debe llamar la atención el poema “Acuña” del maestro Marco Antonio Campos, que dice cosas como éstas:

“Ah paradoja aflictiva: Laura, la poeta de la época, se enamoró de él,

y él no la quiso, y él se enamoró a su vez de la inteligencia glacial,

de la piel lasciva y la figura cleopátrica de Rosario de la Peña,

que siempre pero siempre le marcó distancias”

 

para luego rematar con un muy sentido:

“Molido, raspado, gargajeado,

dejad en paz a Acuña, por Dios, dejadlo en paz.”

 

Yo añadiría: Y reconozcamos la obra de Laura Méndez Lefort. Leamos no solo su vida, leamos su obra, ese es su mayor legado. Reconocer a Manuel Acuña y a Laura Méndez como dos personajes creativos capaces, a los que el destino decidió juntar por tan solo dos años, colisionando en una tremenda y novelada historia de amor pasional; pero separemos su obra. Hacerlo nos permitirá reconocer la vida de este enorme poeta de 24 años, y reconocer la calidad vital de Laura, no solo como la mujer de la que se enamorara, y por cuya terrible relación no pudo caminar más sobre este “valle de lágrimas” en que siempre acabamos por coincidir; sino como la mujer que fue capaz de hacer sucumbir por la claridad de su pensamiento, actitud y obra literaria, a las grandes mentes literarias del final del siglo XIX y principios del XX.

Lo sucedido es triste en verdad. Pero más triste es el olvido en que se ha sumido la obra de Laura. Sin embargo, eso no puede hacernos olvidar que lo que Acuña nos regala no es solo su obra, sino esa capacidad de admiración por una mujer de una inteligencia incluso superior a la suya.

Una mujer que era capaz de dibujar en el poema una pasión mucho mayor que la del admirado poeta del siglo XIX. Porque el poema “Nocturno” de Manuel Acuña, que tanto ha sido leído y admirado por tantas personas, no es más que una caricatura, una mala copia, una respuesta apenas al poema “Adiós” de Laura Méndez Lefort, que le había removido tanto las entrañas, haciendo que el poeta se precipitara en una espiral de palabras que, si bien sí logra esbozarse como una respuesta, jamás tendrán la calidad del poema que Laura había escrito para dar por terminada toda relación con el padre de su hijo. Lo cual deja demasiado claro al reclamar con fortaleza: “La noche de la duda”; una duda que se anidó de tal forma en el poeta coahuilense que terminó por horadarle el alma y la cordura.

 

Referencias.

Bazant, Mílada. Una musa de la modernidad: Laura Méndez de Cuenca (1853-1928). Rev. hist.edu.latinoam - Vol. 15 No. 21, julio-diciembre 2013 - ISSN: 0122-7238 - 19 - 50.

Cáceres Carenzo, R. Laura Méndez la pasión y la voz. La colmena. Oct-Dic 2003. No. 40. UAEM.

Peza, Juan de Dios. (1982) Manuel Acuña íntimo. Publicado en “Cuadernos mexicanos”. Varios. Secretaría de Educación Pública. México. Páginas 1-32.

Romero Chumacero, Leticia. (2008). Laura Méndez de Cuenca: El Canon de la Vida Literaria Decimonónica Mexicana. En: RELACIONES 113, INVIERNO 2008, VOL. XXIX.

Romero Chumacero, Leticia. (2013). Laura Méndez y Manuel Acuña: Un idilio (casi olvidado) en la república de las letras. En: FUENTES HUMANÍSTICAS 38.

Publicado en La pluma sobre el ojo
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