Blog El descarnamiento del Arte

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Sábado, 19 Noviembre 2016 23:11

SIENTO NO AGRADARTE

 

SIENTO NO AGRADARTE

 

La tía Magda siempre creyó ser una mujer libre, locuaz y divertida, capaz de alegrar la fiesta, y de tener la última palabra en toda discusión de la familia. Tomaba sus decisiones con firmeza, y uno tiene que reconocerle la confianza en sí misma, aunque la realidad sea que todos, yo incluida, la detestamos.

Recuerdo que desde niños, cuando nos quedábamos a su cuidado, tía Magda nos gritaba para beneficiar a sus hijos; y eso que sus hijos nunca fueron un problema para mi; mis primos y yo nos queríamos lo suficiente como para saber que todo pleito de niños se olvida minutos después de iniciar cualquier otro juego. Era ella la que lo hacía todo insoportable, a mí, a sus hijos, a todos.

Nos reíamos de sus ocurrencias, pero no bastaba; continuaba chingando y chingando hasta que algún familiar se sentía humillado, y la fiesta terminaba siempre en llanto. Cuando hizo abortar a su hija su mundo se cerró más. Se fue quedando sola. Se jactaba de que su hija era un ejemplo de alumna, jovencita pura, de buenas maneras, y me restregaba lo mucho mejor chica que era respecto de nosotras, las tontas mujeres de la familia.

Mi prima sufrió la decisión que su madre había tomado, pero sus 16 años no le dieron el valor para enfrentarla. Sin dignidad, sobajada como una rapazuela inocua,  terminó haciendo lo que su madre quiso. Aún hoy noto la tristeza en sus ojos.

Era sobre todo en cuestiones de fe y amor que la tía Magda manipulaba a sus hermanas, sobrinos y sobrinas. Presumía su sagrado matrimonio, su perfectísima familia. Pero ese castillo de ideales terminó por caer. Su esposo la dejó por una mujer veinte años más joven. Días después mi prima se largó de casa con el señor que le arreglaba el jardín, y su hermanito confesó ser homosexual, abandonándola. Desesperada busco refugio en sus hermanas, pero éstas, liberado el yugo, le cerraron la puerta en las narices.

Uno tiene que ser firme en sus convicciones, sin embargo, la vida nos permite ir para atrás y para adelante las veces necesarias, con el fin de entendernos a nosotros mismos y recomponer la ruta si lo deseamos. Odio a la tía Magda, la odio hasta el cinismo, y me causa alegría llevarle de comer a su casa, donde vive recluida en el abandono, lo disfruto.

Su semblante desorbitado es una delicia para mi pequeña venganza. Al verme sonríe tierna. Carcajea y carraspeando grita: Pasa hija, pasa, la tarde es espantosa para que te quedes en la calle con este sol. Bebamos refresco de jamaica para que te refresques… y bien… cuéntame como va todo.

Yo le platico, con prestancia, hasta los detalles más insignificantes de sus hijos y de la familia. Ella es un cuervo detenido en el tiempo, al que es fácil arrancarle las plumas.

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Domingo, 23 Octubre 2016 15:40

Testimonio

Testimonio

 

 

Guillermo Fernández Ampié

 

 A Danilo F., que presenció los hechos

 

--¡El Mercurio! ¡La  Prensa! ¡Nuevo Diario! ¡La Prensa! ¡Sucesos! ¡Nuevo Diario!,  grita el chavalo con una energía que contrasta con su figura desnutrida y  que pareciera consumirle todo lo que come. Pareciera no  tener más de siete años, aunque su rostro y gestos, además de la fuerza que demuestra al soportar sobre su cabeza el enorme fardo de periódicos,  indican que seguramente lo menos tendrá unos doce.

 

Hago una seña con la mano y le entrego tres córdobas a cambio de El Nuevo Diario.  Leo rápidamente todos los titulares, página por página, y me detengo en la sección de Sucesos. Me encanta leer esa página de cabo a rabo. En realidad es la única que leo a conciencia, pues es donde uno puede informarse de las muchas cosas graciosas que ocurren en este rejodido país, y porque de vez en cuando aparece la fotografía de uno que otro conocido, algún piche del barrio, involucrado en algún escándalo o delito.

 

“Martínez, de 22 años,  declaró que él también venía en el bus, pero negó toda complicidad con los hechores…”, leí en una parte de la nota roja, y recordé la declaración que mi novia debió mecanografiar en los juzgados, de la que es secretaria. El testimonio más o menos decía así:

 

… Venía en el bus, y cuando pasábamos frente a los Parrales-Vallejos,  vi cómo un señor comenzó a forcejear con dos hombres. Entre los dos le pegaban, pero el viejito se defendía bastante bien. Al parecer, ellos querían robarle, pero el señor se dio cuenta y opuso resistencia. Entonces, entre los dos lo empujaron y lo tiraron del bus, que ya había continuado su marcha. El autobús iba a toda velocidad porque venía compitiendo con otro de Tipitapa. La gente gritó, y con el griterío se detuvo. Todos los pasajeros nos bajamos, los tamales fueron los primeros en bajarse, y apenas tocaron suelo se fueron corriendo hasta desaparecer en un callejón de ese barrio. El resto nos acercamos hasta el señor que estaba todo reventado y se revolcaba del dolor. Le salía sangre por la boca y los oídos. Quería quejarse o decir algo pero no salían sonidos de su boca. Alguna gente comenzó a ponerle  pañuelos y  otros trapos en la cara.  Cuando todos estábamos abajo, el bus se fue veloz siguiendo su ruta. Se fue vacío. Ningún pasajero logró montarse de nuevo. Al rato llegaron los del cuerpo de bomberos y una ambulancia. Dijeron que ya no podían hacer nada por él, que en vano habían llegado,  que mejor llamáramos al forense o a la policía.  La gente comenzó a protestar porque el señor todavía seguía vivo, pues aún se movía.

Y se armó un alboroto, porque la gente comenzó a gritar. Fue ahí, en medio de toda la gritadera y empujadera, cuando vi  caer una cartera, y como ya no andaba riales para seguir mi viaje, se me ocurrió recogerla disimuladamente. Yo tenía que estar a las ocho en punto por el kilómetro doce y medio de la Carretera a Masaya, donde están construyendo unas casas,  pues me habían dicho que me iban a dar trabajo. Ya tengo casi ocho meses de no trabajar. Somos nueve en mi familia, y  yo soy el mayor. Por eso pensé irme en un taxi si encontraba algo en esa cartera, porque como ya dije el bus se fue veloz cuando todos estábamos abajo viendo al señor que habían tirado al pavimento. Fue entonces cuando dijeron que yo había sacado la cartera a un señor,  y todos los que estaban ahí casi me linchan.  Nadie me creyó que la había encontrado en el suelo. Y me hubieran linchado si la policía no llega  en ese momento. Por eso estoy aquí, y algunos hasta dijeron que yo andaba con los que tiraron al señor del bus. Pero eso no es cierto.  A mí, en realidad, de pura gorra me agarró la policía. Porque si nos atenemos a la verdad, yo ni le robé a nadie. Mi familia nada sabe, porque no les he avisado. No tengo como avisarles, pues no tenemos teléfono. Nadie en el barrio tiene teléfono, pues vivo en un repartito que hicieron en las afueras de Tipitapa con los que fuimos evacuados de La Bocana, después de la última  inundación…

 

 “Aseguró que la cartera la encontró en el suelo,  pero el informe oficial de la policía asegura que fue capturado in fraganti, y muchos testigos también lo incriminan…”, decía el final de la crónica noticiosa.

 

 

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Miércoles, 28 Septiembre 2016 06:40

Palabras del Editor

La literatura como elemento de raciocinio de una comunidad, una ciudad o una nación, solamente logrará su razón de ser, en la medida  de las exigencias que ejerza directamente la crítica. A falta de un ejercicio critico la literatura como todas las artes, errarían dando tumbos con una insoportable sequedad en el alma o invirtiendo en moldes estrechos que al menor tacto se rompan. Por qué un crítico de arte es tan importante tanto como aquellos que la hacen. Un crítico es el que desentraña al animal para luego encontrar muy dentro, al ensayista, al poeta, al dramaturgo, al pintor y aún más  estudia su intencionalidad, los periodos, los valores estéticos, sociales, políticos etcétera que en cada obra se contiene.

Pero el camino para alcanzar una sociedad más culta, no está en las manos de críticos improvisados cuyos artículos domésticos parecen una extensión de su  misma ignorancia, ni de aquellas publicaciones o instituciones que proclaman a los cuatro vientos un espíritu crítico y a la primer valoración, vituperan barbaridades contra lo que ellos mismos dicen practicar: la crítica y la libertad de expresión. Es por eso que la crítica de arte y en nuestro caso, la crítica literaria, no puede subsistir ayudada de retóricas y discursos protagónicos, alejados del análisis y la polémica seria y objetiva. Es a través del vigor de la razón, de estudios sólidos y minuciosos  y de la confrontación intelectual precisa, que podremos alcanzar una sociedad cultural más consciente.

Aunque a decir verdad en nuestra sociedad la crítica no toma las proporciones que debiera y arrastra una vida lánguida, llena de desalientos y deserciones, por no persuadir lucro ni gloria, pero aun así  es importante no aplazar esta práctica vital y esforzarnos del mismo modo que luchamos  para hacer llegar a las manos del lector un buen libro.

Desde este contexto la PIRAÑA abre puertas y ventanas para todo aquello que proporcione un desarrollo eficaz en el crecimiento y desenvolvimiento de las letras en general. Por qué creemos firmemente que el estado de una excelente critica es parte del fomento de una buena literatura.

 

HOMENIC FUENTES

 

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