Blog El descarnamiento del Arte

César Rito Salinas

César Rito Salinas

Escritor y poeta oaxaqueño. Se ha desempeñado como reportero y colaborador cultural en diversas publicaciones, entre ellas el diario Noticias de Oaxaca y el periódico El Financiero y varias revistas. Actualmente es colaborador de Quadratín agencia de información y análisis, donde publica su columna literaria "Escafandra". Ha publicado, entre otro, los siguientes poemarios: El paso de los héroes por nuestra tierra, Poemas de la marinería, Teoría de la desgracia y Una escalera junto al mar, con el que obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía "Benemérito de América" 2003. En 2010, la Secretaría de Cultura le publicó Malcontento / Una esquina de tu cama.

 

 

Imágenes de Tehuantepec

César Rito Salinas

 

Ese

círculo que

forman las sillas

Alberto Blanco, EMNBLEMAS

 

Para Angélica Ambrosio

I

Ella juntaba las hojas secas,

las ramas del árbol.

Cuando llegaba la nube de zancudos

-tarde bermeja-,

ella encendía el fuego.

Por la tarde juntaba a sus hijos en el patio.

Junto al humo,

amorosa los protegía de los zancudos.

 

II

¿Qué puedo decir de la sopa de lentejas?

Cuidó mi infancia de huérfano.

Nada sabía de quiebras económicas,

huracanes nivel 5,

desgracias.

Cuando tembló en el 17,

entre ruinas, comí lentejas.

No pude encontrar nada mejor a la hora del derrumbe.

 

 

III

De vez en cuando me arrimo al fuego,

el humo trae de vuelta las certezas.

 

IV

Incompleto puedo poner palabras,

tarde bermeja.

 

V

Con el paso de años busco el verano

de las blusas holgadas,

los aguaceros repentinos,

las huellas de la mujer en la habitación.

Tarde bermeja,

nada mueve la nube de zancudos

que vuelven con el aire.

Miércoles, 12 Agosto 2020 00:20

Cartas desde Kaba Teku / César Rito Salinas /

 

 

Cartas desde Kaba Teku

César Rito Salinas

 

 

No creo que pueda seguir.

Donde estoy todo es oscuro. Estoy perdido.

Feliz Año Nuevo.

Malcom.

Gordon Bowker, Perseguido por los demonios,

Vida de Mslcom Lowry

 

Para Angélica

 

Carta 1

Hay tardes de abril de calor y calina donde hace falta el aire, aquella brisa fresca que humedeció mi rostro en la infancia. Con los años me muevo lento, extraño el alcohol y el tabaco, tu muslo, tu cintura, digo, las madrugadas de frío pegado a tu cuerpo. A veces no aguanto el aire caliente sin tu presencia, será que me enseñaste a disfrutar los enrojecidos bocados del alba. Cruzo la calle y vuelvo. Hay un deseo de compañía cuando más crece el calor sin tu sonrisa. A veces digo extraño el tabaco y alcohol, pendencias. Las tardes de parranda, tus labios pegados a mi fuerza. El calor me vuelve impertinente. Mientras, la calle arde de pandemias, a veces, digo, sólo canto, deliro con tu espalda de luna nueva.

 

Carta 2

 

Cuántas veces

tendré que escuchar

la siguiente.

Por favor,

Mientras

la lluvia retrasa

su aroma en el valle,

madrugan las chicharras.

Cuántas digo tendré que oír

la siguiente, por favor,

antes de tomar tu mano.

 

Carta 3

 

En la hora del encierro debo dar gracias al autobús que nos llevó a la montaña donde poseías tu habitación, gracias a los árboles, al frío, la niebla puesta sobre pinos con hojas lanceoladas quiero dar gracias; a la lluvia, que nunca paró en septiembre, agradezco por siempre a la ropa mojada, latemblorosa piola del tendedero que, llena de suspiros, juntó nuestras manos; gracias a la pila de agua que, atenta, escuchó nuestros sueños; al camino, la tierra roja, el polvo que acaricia con sus labios las casas de adobe; al silencio en el cerro, que, sin inmutarse, nos enseñó que hay mañana.

 

 

 

 

Instrucciones para comprar sandía

César Rito Salinas

Thounsand and one: el número infinito

que se dice en un segundo.

Alberto Blanco, La vida en el diamante

Para Angélica

Elige el puesto de una chica dulce,

de labios rojos.

Nadie mejor que ella podrá guiarte

entre lo redondo infinito.

Presta oídos,

escucha el son que habita lo verde

-cascos de mil caballos,

galope en fuga.

Thounsand and one.

Palpa, sopesa,

la fruta madura entre tus manos.

Para probar la mejor sandía

entra dispuesto

a perderte.

Ignorar forma el presagio.

Vuelve –en el regreso

estallan sabores, soles

de la infancia.

Miércoles, 15 Abril 2020 01:40

Lejos del rayo del sol / César Rito Salinas /

 

 

Lejos del rayo del sol

/ César Rito Salinas / 

 

Buenos días a los seres

que son como un país

y ya al verlos

es viajar a otra parte.

Homero Aridjis, Buenos días a los seres

 

Para Angélica

 

La transcripción de la entrevista se perdió en

la noche del coronavirus.

Dr. Berna dijo:

Sólo hay tres cosas para atender a las mujeres:

“Amarlas, amarlas, amarlas”.

Sobre las piedras encontré la traducción de sus palabras:

“bien cogidas, bien comidas, bien vestidas”

-nunca nadie sabrá el orden,

el no saber el orden de las palabras

concreta la traición de la traducción, dijo Paz.

Entre los ebrios la botella corre de izquierda a derecha,

nadie sabe el por qué.

“Lo demás será cosa de la suerte,

que no está en tu mano”,

dijo Dr. Berna.

Pidió permiso, dio un trago largo de mezcal.

  • ¿Se puede conservar esperanza? -pregunté.

En la mañana de la muerte por coronavirus nadie

podía adelantar algo, los ebrios

beben, no tienen más quehacer.

En la calle corren bicicletas, sobre grandes estornudos.

Aquellos hombres cargan en los bolsillos

un montón de preguntas -tintinean,

níquel y cuerpos,

como ociosas

monedas del vacío.

Dr. Berna adelantó en la boca desdentada

su convicta sonrisa.

“Soy viejo,

fui borracho toda la vida, conservo

esperanzas de que llegue el día

en que deje de serlo”.

La historia se pierde en la tarde de la pandemia.

Del viejo ebrio, sus palabras,

sólo quedará un aguacatal cuyas hojas

una mujer cada tarde

llega a recogerlas,

el lote baldío,

un montón de piedras que nadie mueve

desde los tiempos

de Montalban.

Dr. Berna dijo:

“ámala siempre”, cerró los ojos,

recostó la sucia cabeza,

lejos del rayo del sol.

 

 

 

 

Con la quilla rota

César Rito Salinas

 

 

Supóngase que usted va cómodamente sentado,

y que, a su alrededor, como es costumbre,

la gente viaja de pie.

Eusebio Ruvalcaba, Primero la A

Empujo las batientes del bar,

la barra allá adentro se muestra

como un puerto que emerge entre la bruma.

 

Parado en la barra soy un Dios antiguo: puedo ver hacia adelante y hacia atrás. El pasado y el futuro a través del espejo. El enorme espejo de la barra refleja mi rostro entre botellas, y desconocidos. El cantinero sonríe como hermano menor, esta barra la forjó el tiempo de los hombres ebrios. Hay barras con cristal en su superficie como gimientes escritorios de oficina. En la cantina los bancos junto a la barra sólo van de adorno, son como mujeres u hombres que duermen solos. El diálogo de una esquina a otra esquina de la barra funciona como conversar en la cama puestos de espalda. Cuando entra la madrugada la barra semeja el laúd de un gigante. Los ebrios consuetudinarios acudimos al velorio de nuestro amado gigante. La barra, quilla fría que se abre paso en un mar de botellas, la luna comienza su recorrido, agita su cabellera de hojas secas a la puerta de la cantina, curiosa asoma entre botellas, desde el fondo del espejo me vigila.

El espejo de la barra me cuenta historias. Sabe de mi escritura; las líneas de mis manos

están escritas en el espejo de la barra.

El cielo que protege mi cuerpo busca en el espejo de la barra; cuando dormito, parado, hacia él me dirijo. En una esquina de la barra converso con mi reflejo, me dice del pueblo donde nacieron mis padres. En la otra esquina me esperan los amigos de la oficina. Las botellas de mezcal no hablan mucho, llevan los puños crispados, como de lagarto. La luna emerge en el espejo con su montón de estrellas, entre botellas de vodka.

Una mujer que reconozco sale del espejo de la barra, pone su mano sobre mi hombro, lleva los cabellos largos y cubre su rostro con un rebozo negro: oculta el rostro pero la reconozco.

Todas las voces que se suceden en la cantina se escuchan desde la barra. Si te detienes a observar bien, la barra otorga la mirada divinizada, panorámica. Acodarse en la barra será como conducir un Mustang 64, de potente motor, sólo basta con levantar la mirada, hundir el pie en el acelerador, dominar el camino.

En el espejo de la barra observo claramente el rostro de mi hermano Mario Jesús, muerto al nacer.

Un gato sale del espejo, me sonríe; la mantarraya azul vuela, se posa en mi hombro izquierdo, ordena un whisky. El diligente cantinero le sirve una copa, dotada con un largo popote. En el espejo de la barra aparecen unos garabatos, letras componen mi nombre. Pero nadie más las lee, llego a escribir a la barra esta bitácora de desaciertos.

El murciélago, el ratón, la mariposa, una paloma -buenas bestias- beben en el bar toda la noche; la barra es una vieja máquina de vapor que sale de esta terminal de tanto en

tanto. No todos los que están en la cantina pueden abordar porque, a veces, parte sin pasajeros, vacía.

El ferrocarril de la barra sólo se lleva a los que sufren desamor, los levanta sin que muestren boleto de abordaje.

Muertos, llegan docenas de muertos a esta cantina. Muertos de miedo, muertos de amor, muertos de sueños, muertos de la religión. Llegan y se instalan en la barra, gustan reflejar su cuerpo en el enorme espejo. Cuando pasa esto, cuando se acodan en la barra y piden tragos, empujan a los otros bebedores. Hasta allá vamos a dar el empujón los ue permanecemos con vida, pero ¿qué se le hace con el que sufre?, todos cabemos en esta cantina de cuarta.

Una vez se instaló junto a mi un muerto fresco, tierno, solicitó su trago. Exigió que Ángel, el cantinero, sirviera rápido porque no recuerdo de qué parte del infierno lo llamaban. Quería contar su vida, pero ya no tenía tiempo. El pobre se bebió su trago, pagó y se marchó corriendo.

La barra es medicina para mi cuerpo, calma el escozor en mi alma que dejaron ideas de revolución y libertad de otro tiempo. Acercarse a la barra y beber un trago será darñe paz a mi corazón. aquietar mi alma de viudo frente al mar.

Paso las horas acodado en la barra. Se escucha la música de las islas. Pasa el sol, las moscas, la lluvia, la gente, las voces que caminan en la calle. Llegan las sombras, suman más sombras sobre mi espalda.

Los criminales se acercan a la barra. No hay mejor lugar para esconder sus intenciones. Como el ladrón de tienda de autoservicio: se roba el producto en la caja. Donde no hay ojos que lo cuiden, que lo vigilen. Así los homicidas. Esconden sus intenciones en la

barra. Como cualquier parroquiano, como uno más que sufre y bebe y sufre y bebe y sufre y bebe. Y mira. Y bebe y elije a su víctima.

Hasta la barra de la cantina llegan los conspiradores, los que quieren cambiar el mundo. Los que no quieren que haya ricos ni pobres. Los que buscan salidas desesperadas. Llegan, beben en silencio, hablan con los ojos. Con las manos secretean. Luego se marchan sin dejar propina.

Una noche levanté la cabeza en la barra de la cantina y enfrente, en el espejo, pasó un cometa con su cauda enorme de luminoso polvo. Llegué a sentirme eterno. La barra de cantina es Babel, se escuchan todas las lenguas del mundo. En una ocasión en la barra de cantina escuché la lengua que se habla en la tierra donde nacieron mis padres.

En el espejo de la barra desaparecen los oficios. Cuando uno llega y posa su planta en el tubo que se extiende pegado a la base de la madera labrada entra a un territorio libre, democrático, donde los hombres se hermanan en un solo oficio: el de conversadores. La gente olvida cosas en la barra. Un libro, el periódico, la cartera, documentos personales, anteojos. Todo lo que se porte en las manos o en la ropa, en el cuerpo. Discos, una mujer, libros de poemas, de cuentos, novelas.

Miércoles, 26 Febrero 2020 05:36

Mustang / César Rito Salinas /

 

 

Mustang

César Rito Salinas*

Una flor

cae de un ojo

Paul Auster, Escriba

 

Me acerco a la ventana.

Me duelen las piernas, los tobillos,

El pudridero.

Nunca tuve cincuenta, tengo cincuenta y seis.

Soy un hombre viejo que mira el mundo desde la ventana.

No pensé pasar de los veinticinco,

Fui un niño alcohólico.

Las calles peleaban por acción.

El negro fue el color preferido de las mujeres.

Mi viejo murió a los cincuenta y cuatro,

Nunca quise vivir más años que mi viejo,

Los hombres no deben vivir más que sus padres.

Escribo con bolígrafo de tinta oscura,

A veces me da por perderme en la ciudad,

Me enamoro de mujeres enloquecidas,

Espero la lluvia en el jardín municipal.

En un tiempo tuve un perro, oh, si, cuánto amé a mi perro.

En un tiempo tuve un Mustang del 74.

Me gusta ver el mar cuando anochece,

Puedo pasar horas frente a la oscuridad.

Escucho en la radio canciones que enamoraron a mis padres.

Será importante tener principios.

Me pongo algo violento en las farmacias,

Las oficinas,

El olor del desinfectante de pisos me perturba.

No voy al beis,

No voy al fut,

No me gustan las concentraciones masivas.

En la mañana, durante el almuerzo,

Enseño a escribir poesía a un adolescente.

Me gusta quejarme por escrito,

Lo encuentro emocionante.

Las páginas corren mejor

Sobre el respaldo de los sillones.

¿Toda la vida que pasó fue para llegare a esto?

Tengo algo, tengo ánimos.

Salgo a trotar por las mañanas,

Sonrío cuando llegan los problemas.

Me enamoro de mujeres enloquecidas,

¿Ya lo dije?

Nunca cumplí los cincuenta.

Miércoles, 29 Enero 2020 22:00

Cito lo que cito / César Rito Salinas /

 

 

Cito lo que cito

César Rito Salinas

 

 

1

El tiempo es un juez severo sobre el arte,

la poesía envejece.

 

Para obtener consuelo en un mal día

nada mejor que preparar

un té de canela

con arándanos.

Presta oídos:

hervir agua,

que el tiempo corra sobre la lumbre,

detén la mirada

sobre agua y fuego,

los opuestos.

Contar con el sitio visto forma

las horas de toda existencia.

Mirar es un riesgo,

las cosas toman forma

de quien las mira.

La naturaleza impone mudez,

el fuego crece sobre el agua

hasta el hervor.

El momento de la desdicha

requieres acción,

vierte canela y arándanos,

inhala.

Respirar salva la vida.

Los labios humedecidos forman

principio de la recuperación,

eres un perseguido.

¿Qué cosas digo?

Buscar consuelo será una mierda.

Bebe té de canela con arándanos,

estarás de regreso

incluso la mañana fría

de noviembre

cuando los días

parecen

correr hacia el final.

 

2

Té de canela con arándanos,

bien caliente.

Tendrás en tus manos

la dicha que acompaña

las bebidas de la gente sola.

 

3

Pajaritos, mugir de vacas,

el cielo abierto.

 

Estamos literalmente inundados de mentiras.

Ella dijo: “Mira al cielo”.

El viento frío corre entre los pinos,

mis manos de tierra caliente

sienten frío –nos marcan derrotas,

la infancia perdida.

Ella dijo: “Mira al cielo”.

El abismo del universo se reduce a un enunciado.

Tras la reja se abre la tierra roja,

el polvo rojo

crece

como en los valles de Marte.

El aire trae amarguras,

en las montañas la terracería se hunde

como la infancia del hombre viejo

-toda derrota resulta memorable.

“Mira al cielo”.

Sobre el frío están las estrellas,

sobre las estrellas el silbar el viento,

el camino que llama a casa

como una madre en la hora

de la cena.

 

Luna, Venus, Júpiter, qué más da,

estamos literalmente inundados

de mentiras.

 

 

4

Cuando volvimos a la habitación nos recibió

la música de los Beatles,

nos sentamos junto a la estufa,

con una taza de té de arándanos

con canela.

Martes, 10 Diciembre 2019 02:12

Hueso para el perro / César Rito Salinas /

 

Hueso para el perro

César Rito Salinas

Cuando encuentro

en este mío silencio.

Giuseppe Ungaretti, Despedida

 

Un gusto ligeramente excéntrico

 

Un perro, su cola mocha.

Con sus ojos busca mis ojos, suplicante.

Los perros buscan cariño con la cola, y con los ojos.

Algo de excéntrico hay en el gusto

por el perro de cola mocha

(Eliot dice: todos hemos de tener un gusto

ligeramente excéntrico

para tener verdadero gusto).

 

Hueso para el perro

 

La flor de cartucho en el cieno, demasiada

blanca y bella para poseer

tan larga vida

en el fango;

por las mañanas,

junto al lavadero,

observo a la eterna blanca flor

mientras lavo trastes.

Regreso

 

Mal cocida avena

que hace

la luz

de la memoria.

 

Cavando en el bosque

he encontrado

avena.

 

Sabe dulce la avena mal cocida

entre

el frío pinar,

en la boca del lobo.

 

Eternidad

 

Los niños divisan zopilotes en el cielo azul,

puntos que giran sobre nuestra cabeza.

¿Alguien quiere morir?

Los zopilotes limpian el camino de las almas,

una suerte de ruta celeste para los finados.

Los zopilotes hablan con su vuelo

de un regreso que sólo contemplan

los niños.

 

 

Vacaciones largas de verano

César Rito Salinas

Se podría decir que son elegías

de un lúcido pesimismo.

Jorge Fernández Granados

Para los lectores sabatinos del Paseo Juárez

 

Metamorfosis

Un sueño, un murmullo

-quizá el hondo caer sobre uno mismo-,

el despertar sobre encendidas sábanas –acaso

más largas las piernas, más cortos los brazos.

 

Octubre

Como si el viento fuerte de la montaña

estuviera ahí –roja tierra,

Kava Teku- para que la humilde

mujer aparezca, de pronto,

entre la niebla

con estas palabras:

___ ¿Quiere rábanos?, ¿chile canario?

 

Destreza

El árbol rama torcida

-perros y pulgas, polvo seco que ahoga

los huesos,

manos vacías sobre insomnes ladridos-

pensativo invita sobre el abismo

a la contemplación.

 

Dudas

Me pregunto si el árbol

rama torcida, que se sostiene

junto al silencio de la tierra,

podría dar respuesta

a mis preguntas.

 

Imagen

La mesa, las patas largas

de la mesa, las tablas, los

clavos que se reparten

en la madera como secretos

lunares guardan,

como una imagen

que se olvida,

silencio.

 

El agua

La lluvia, su signo de pasos,

el nocturno cielo

marino,

el mar,

la marejada

de fondo que devuelve

con vida a los

ahogados,

los zancudos,

el vuelo rasante

de los pelícanos al caer la tarde

traen de vuelta

la lluvia del pasado.

 

Proverbio

Por el ojo el ojo trama venganza.

Primera ley: cuida lo que miras.

Ojo por ojo.

 

Infancia

La lluvia es un espectáculo,

llueve desde el inicio del olvido.

En la calle la gente corre, busca refugio

pero en la cantina, frente al vaso de cerveza,

la lluvia vuelve a ser un espectáculo

de la infancia.

 

Enamorados

Tú te formas una imagen,

algo que se levanta

como inspiración de la poesía,

algo que ya estaba ahí

en tu interior,

que como principio

de clarividencia.

 

Moda

Porque se puede hablar de la muerte

o de las ondas concéntricas

en el río, que se agitan

hasta integrarse

con el cauce.

 

Bipolar

Quizá el silencio sea una tarde,

la hora en que las agujas cambian,

quizá fuera la temperatura –la luz

que se niega a morir,

que arrastra sus miedos.

 

Imagen

Pongo un mar como imagen,

humedecidas piedras sobre la espuma,

la tarde puesta en el mar

(el nombre de la cosa, la cosa por el nombre).

 

Secretos

En el botecito de las vitaminas

reposa, en alcohol,

el puñito de mariguana.

Vacaciones largas de verano

Retumba el tumbo en la playa,

cielo azul contra el azul marino

-en la arena de pronto brotan

diminutas huellas

de gaviota.

 

La clasificación de Stern

El agua a los tinacos,

entre el tiempo de espera

no sube el agua a los tinacos.

Intento y espera,

significación.

 

Deseo

La pera, carnosa pera sobre la mesa.

 

A finales de septiembre en la Mixteca

César Rito Salinas*

 

 

Angélica 1

 

El mundo vendrá, ya es otro.

Nos tocamos las nalgas

antes del zumbar de la licuadora,

recién después de tu cara de sueño,

a la hora en que sobre Kaba Teku

la niebla atraviesa los árboles,

a la hora en que la gota de agua rompe estalla,

antes del juego de la mañana

nos tocamos las nalgas.

 

 

Angélica 2

 

De las cosas dolorosas nos salva el rostro

de la niña y el niño que fuimos,

que somos.

¿Qué nos lleva a recordar el pasado?

¿Qué amor nos pone ante la desgracia pasada?

Me dices de tu hermana,

de las horas de dolor buscando remedios,

del hábito carmelita que le hicieron portar

todo un año

mientras esperaban el milagro

de la muñeca que le regaló tu abuela

-dices muñeca y tus manos buscan entre

nuestra ropa recién lavada.

Puedo ver el amor,

el perdón que entregas a las horas ingratas.

El mundo vendrá con su carga del pasado,

será otro.

Puedo mirar en esta hora de la mañana

a la niña enferma,

al cordón de su hábito lleno de polvo.

El amor nos lleva a recordar las horas duras del pasado

para saber que nada pudo matarnos.

 

 

Angélica 3

 

Si pudiera decirte las cosas

que caben en una balada

te diría que la niebla avanza

sobre el camino

con su paso de flores azules,

si pudiera decirte algo, cualquier cosa,

esta noche en la que estás en la cama

y yo en la cocina.

Si pudiera decirte que necesito dormir

contigo, si pudiera

sólo hacer los pasos

hasta llegar a la cama

y abrir las sábanas

y descansar contigo.

Suena la balada triste.

Tú estás en la cama

y yo en la cocina.

 

 

Angélica 4

 

Hay un aire sagrado en cada intento

que nos conduce a la derrota.

Las flores crecen al borde del abismo.

Hay algo que se derrumba y nos contempla,

que nos mira

como si fuéramos viejos amigos.

Tal vez esta noche sólo puedo decir cosas tristes.

Tal vez esta noche sólo soy insomnio.

Quiero escribirte de las flores y el abismo,

quiero decirte que los aires del desastre

nos empujan –hay niebla, frío-,

puede ser que algo muera cuando estas letras nazcan.

El abismo llama a las flores,

la niebla empuja fuerte hacia el barranco.

Mi mano busca esta libreta como único

espacio para fugarnos.

 

 

Angélica 5

 

Quiero decirte esta mañana

que tus calzones vuelven por sus fueros.

La mañana ocurre entre rebuznos enamorados.

El sol se abre sobre nubes rojas, “hará calor”, dijiste,

La tierra arde desde lo diminuto,

así, como cuando tú pones

la planta de tus pies

sobre mi empeine.

Quisiera decirte que tus calzones azules

vuelven a enamorarme

con su justa tensión

sobre sobre tus nalgas.

Tu vientre entra a la tela

como un guante a la mano,

cabeza al sombrero,

espuma y arena.

Sales reina,

del cuarto de baño.

 

 

* Tehuantepec, Oaxaca, 1964.

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