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  Miguel Angel Real

Miguel Angel Real

Nacío en Valladolid (España) en 1965. Licenciado en Filología Francesa. Reside en Francia desde 1991, donde trabaja como catedrático de español en el Lycée de Cornouaille de Quimper (Bretaña),

Algunos de sus poemas en español han sido publicados en las revistas españolas La Galla Ciencia (número ocho) y Fábula (Universidad de Logroño), en Letralia (Venezuela) y en las publicaciones mexicanas Marabunta,El Humo y La Piraña (México).

La revista “Le Capital des Mots” posee algunos de sus poemas en francés, originales o traducidos del español.

Ha participado en la revista española El Coloquio de los Perros con una reseña sobre el escritor peruano Diego trelles Paz. Otras reseñas de poesía han sido publicadas en algunas de las revistas citadas.

Traductor de poesía contemporánea en francés y español, ha publicado (solo o en colaboración) algunas de sus traducciones (Luis Alberto de Cuenca, Ramiro Oviedo, Raúl Quinto, José María Alvarez, Eric Dubois, etc) en diversas revistas en Francia y en España (Passage d’encres, Le Capital des Mots, La Galla Ciencia, La Piraña…).

 

 

 

ANGUSTIA Y RABIA DE LA PALABRA. CINCO AUTORES FRANCESES.

 Miguel Ángel Real

 

Cinco autores franceses se inscriben en nuestra Piraña transoceánica aportando preguntas sobre la rabia que encierra el lenguaje y sobre el misterio de los silencios. Catherine Andrieu, Laurence Bouvet, Eric Dubois, Jean Hourlier y Paul Sanda respondieron a nuestra invitación en la que la única condición consistía en huir de los senderos trillados de la poesía convencional, evitando a cualquier precio los versos “à l'eau de rose”.

 

No dudamos en que los cinco autores propuestos superan con creces nuestras exigencias, ahondando de maneras diversas en la búsqueda de un modo de expresión lleno de intensidad. Por ejemplo, los poemas escogidos del libro “Comme si dormir” de Laurence Bouvet parten de un tema clásico, el de la pérdida de un ser querido -en este caso su madre-, pero el hallazgo consiste en aportar un lenguaje que se inspira léxica, semántica y sintácticamente en el mundo infantil pero que se hace muy personal para expresar mejor el desgarro, evitando en cada verso la tentación de caer en el pathos fácil.

 

He perdido a mamá cuenta hasta tres

Un martillo aplasta mil abejas en mi frente los años

Toda la vida por siempre tenía una madre -ya no-

Pues tengo cinco años

Jesusito           ¡como se muera te mato!

 

Por su parte, el texto de Catherine Andrieu aporta una sensualidad intensa y cruda con ecos simbolistas y surrealistas, pero apoyándose (como en el poema expuesto el mes pasado en la Piraña) en una realidad concreta a la que la poeta se acerca sin miedo. Al mismo tiempo, el recurso frecuente a las frases cortas en algunos de sus poemas es una manera de cuidar y destilar el lenguaje para alcanzar una intensidad de significado total, creando una simbiosis de fuerza y concisión.

 

“Mi amor por ti es más ardiente que el sol que irradia en mi vientre. El fuego... Correr, zorro fantasma, de alucinación en alucinación. No conozco ningún remedio a la Angustia, planta acuática Carnívora...”

 

Esta definición nos sirve para hablar de Eric Dubois; si su estilo conciso se aleja en general del de Catherine Andrieu, lo que tienen en común estos dos autores es su compromiso con el mensaje poético. Dubois propone una obra homogénea en la que, retomando mis palabras de un artículo aparecido en la revista española La Galla Ciencia, “reivindica sin cesar el papel indispensable de la poesía en nuestra sociedad y aspira a hacernos comprender la importancia de esencializar el valor de la palabra. Precisamente, el lenguaje, las palabras, las frases, constituyen una temática recurrente de su obra, en la que son presentados como elementos constitutivos del ser pero siempre dentro de una fragilidad patente a la que a veces no sabemos plantar cara: todo se derrumba si el mensaje no tiene repercusión alguna”.

 

“Escribir es tutearle a la muerte

Decir lo imposible

Escribir o morir

Dejamos la palabra como herencia.”

 

Paul Sanda, por su parte, es un autor lleno de misterio, con una voz claramente apegada al esoterismo y al surrealismo, en el que descubre incesantes evocaciones del ser deseado y de los paisajes que le rodean, especialmente marino e insular. La forma barroca ysalvaje de sus textos, rehuye el silencio y no calla ningún sentimiento, haciendo de su poesía un deleite carnal.

 

desvestirse – retroceder lentamente – ser tapizado de colgaduras

en el esplendor, & el olor de la marea del aire

sobre el cuerpo exangüe: mi dolor contra el suyo

decir que soy sin color (carne y sangre, sin embargo)

 

En cuanto a Jean Hourlier, su lirismo preciso, nunca excesivo, es una interrogación sobre el sentido de la vida y del lenguaje. Es un poeta que también es plenamente consciente de los límites del verbo y que consigue traducir la frágil relación de las palabras -por supuesto indispensables- con los seres y las cosas, que las necesitan para no desvanecerse.

 

Y tú esperas -

el rudo refinamiento de los meteoros,

el verbo oscuro perforado por el verbo irradiado,

frente a este pozo vertiginoso donde se disuelven las voces amadas. “

 

Las palabras de Pierre Grouix para hablar de Paul Sanda pueden servir para concluir y hallar un punto común entre las obras presentadas: van a leer ustedes una poesía “que sufre, y que hace daño”. Proponemos pues cinco ácidas reflexiones sobre el papel del poeta. Cinco escritores, pero en ningún caso cinco demiurgos; seres conscientes de que la voz pética es indispensable pero sobre todo friable. Cinco autores atrapados entre la rabia y la angustia que procura el saber que el lenguaje es al mismo tiempo un arma y una alambrada, un instrumento para medir nuestra relación con el cosmos y un límite que tal vez no nos permita sino contemplar nuestra propia sangre sin esperar hallar respuestas al final de un verso. .

 

 

 

MÁS ALLÁ DE MALLARMÉ

 

Miguel Ángel Real

 

 

 

RESEÑA DE “PASEO DE VIDRIOS”

de MARTIN PARRA, Ed. Lastura, 2017

 

 

 

 

 

A este libro de poemas en prosa no le hace falta un preámbulo: en apenas unas líneas, el autor español Martín Parra (Madrid, 1986) nos agarra sin necesidad de pedir permiso, lanzándonos a la cara una poética en pura síntesis y soltándonos abruptamente a las puertas de un camino incierto.

           

            “No sucede mi abstención del compromiso con la vendimia lírica, el barrido pobre de un valle angosto, estancado de vientos.

            Sea a la mesa del éxito o masticando arena y sangre del gladiador inmediato, mi final será Roma”

 

Un camino, como se comprende desde el título mismo, de autor comprometido con el lenguaje en el que las palabras se hallarán expuestas a los temporales de la creación, a una incertidumbre de sentido que no es otra cosa que la esencia misma de la poesía. Un camino tortuoso, de evidente carácter surrrealista, del poeta-gladiador que si derrama su sangre y su sufrimiento, es para convertir cada página en placer muy duro y muy puro. Las palabras de Philippe Audouin, en el prefacio de “Les champs magéntiques” de André Breton y Philippe Soupault (Gallimard, 1971), me parecen adecuadas para darnos cuenta del paralelo entre Martín Parra y Mallarmé, para comprender qué buscan ambos. Juzguen si no (la traducción es mía):

           

            “Mallarmé había soñado con depurar el lenguaje, con sustraerlo a su función instrumental dirigida únicamente a la comunicación. En esta perspectiva en la que, finalmente, nada se dice (…) el discurso se vuelve, por reducción o exaltación, eso es cosa de gustos, un puro objeto de delectación”.

 

Delectación con la que coincide Gonzalo Gragera, que en su prólogo no sabe si nos invita “a un libro o a una orgía”. Un placer siempre incierto que se construye, tal y como corresponde a un buen paseo, a través del movimiento perpetuo que propone el autor; movimiento que nace del vaivén de esa investigación constante sobre el sentido más íntimo del lenguaje, para enseguida ensancharlo, explotarlo, connotarlo con la palabra que llega de modo certero, inesperado y sumamente evocador.

 

La pureza del poeta-buscador es constantemente inestable, como agitada en la polvareda de un camino que surge en general de lo cotidiano. Pero en cualquier caso “Paseo de vidrios” no es simple escritura automática, sino un viaje a los límites del lenguaje:

 

            “No quedan ganas de vanguardia en el abril que se demora a mediodía.

            Tomar conciencia de cicuta. Leer braille en el relieve de tu costra.”

 

La escritura de Martín Parra es poética en sí misma porque es afilada, porque no hay creación poética sin crear heridas deliberadamente. Porque por algo poesía viene del griego ποιεῖν, hacer, crear. Desde mi punto de vista, es esa exigencia de romper para crear lo que concede a este libro su carácter indispensable. Autor y lector andan constantemente por el filo del lenguaje dejándose cortar por los vidrios que se interponen en el proceso creativo. No importa si las sensaciones que se van creando cauterizan o no, sino que continuemos avanzando. Como decíamos más arriba, lo que nos hace pasar página de manera casi frenética es comprobar que en este libro lo que importa no es el éxito o el fracaso de la semántica, el símbolo o la sintaxis, sino la exigencia y la invitación permanente a dudar, a ir más allá, a vivir en el dolor-placer de lo que se cuenta, se inventa o se sugiere. Dos ejemplos:

 

            “Aprende de un pétalo las propiedades del mármol. Que luego no digas ¡todo con espinas, siempre y para mí!”

            “Jugando al enrarecimiento, se pone en valor esta mitad oscura. Tan abonada.”

 

Todo, en suma, consiste en huir de la rutina vital, lingüística, creativa, hasta conseguir que el hecho mismo de soñar (o escribir, que es igual) se alce como un fin en sí mismo, porque es imposible refugiarse en la inestabilidad del mundo que nos rodea, lo cual remite también al poeta francés:

 

            “creemos que el tacto es certero, ¿también si cuando te palpo no eres tú?”.

 

Desde esta batalla por el ser profundo del mundo poético, “Paseo de vidrios” es una invitación al enigma y a la fascinación de la lectura y del lenguaje. Siempre como Mallarmé, el autor aspira tal vez a recrear una “noción pura” ahondando y destruyendo constantemente las impresiones que surgen de significantes y significados y paseando sin contradicciones entre la nada y la belleza.

 

Tengo la impresión, como lector, que el poeta llega en efecto a Roma. Pero no hay ciudad eterna, circo sangriento o coliseo-destino. El devenir de muchos poemas -Roma- se halla, puede ser, al final de múltiples caminos, especialmente en las fórmulas que suelen cerrar algunos de los textos, como homenaje a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, que sin embargo Martín Parra no utiliza como aforismos o sentencias, sino más bien como mojones desde los que uno puede ir reflexionando sobre el recorrido realizado

 

Este ir (y venir) concluye con un fatalismo generoso: el poeta quiere “volver sobre estas páginas, soñarles pares de ojos atentos, levantar un instante la vista cansada, el cuerpo exhausto”  y nos deja con un “sálvate tú” que no suena como una despedida sino más precisamente como una invitación de la que puede apoderarse el lector para tomar el sendero que se le antoje, para que pueda ir curando heridas o para que siga deleitándose en un universo ambiguo y lleno de significados: el del lenguaje llevado hasta sus (pen)últimas consecuencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

El futuro será corto

y no durará como quisiéramos que dure.

Ramiro Oviedo, Los poemas del coronel Aureliano Buendía




 

 

Algunos niños sueñan con que sus padres les lleven a conocer el hielo.

En su aparente inocencia no piensan en pelotones de fusilamiento.

Pero esperan año tras año a un incorrupto Melquíades

y se pasan las horas arrastrando lingotes de hierro por los parques

para atraer los juguetes de los vecinos y extirparles los sueños.

Otras veces utilizan lupas gigantescas

que utilizan de noche para quemar las arañas de sus pesadillas

y volver a creer por la mañana que la tierra es redonda como una naranja

a pesar de las noticias que llegan a casa con un tono de mordedura.

Llevan su laboratorio de alquimia a cuestas y quieren

construir piedras filosofales que lo transformen todo en trenzas.

Buscan el mar durante meses, encuentran oleajes en las mesetas

donde todos ven ocres y los árboles enseñan mal la paciencia

y ven tempestades que atraviesan las sierras sin dejar cicatrices.

Sin mapas, hallan galeones cubiertos de un musgo

que después cosechan para rellenar almohadas

que impidan conciliar el futuro de los que duermen.

El hielo es el diamante más grande del mundo

porque lo dicen sus padres y en su mundo no existen cuentos sino juramentos

y las palabras ajenas son siempre aguaceros de gotas huecas.

De algún modo saben beber en las miradas y son capaces

de fundar mil Macondos nuevos cada día,

de escapar de sus casas con un pañuelo rojo en la cabeza,

organizar una guerra que no comprenderemos

y volver siempre un minuto antes de que la cena esté servida.

Pueden refugiarse sin resquemores en la soledad de una fotografía

con cuyas sombras crean peces dorados, o se pasan las horas

moldeando notas que no son blancas ni negras ni tienen rabo de lagartija.

Bromean cuando dicen que comen tierra húmeda y le dan nombres nuevos

a un mundo en el que los daguerrotipos sobre la existencia de Dios les traen sin cuidado.

A veces se empeñan en querer dibujarte círculos de yodo en el pecho

para después tirotearte  con fusiles de madera,

o les gusta escuchar poemas porque no los comprenden;

con ellos reivindican danzas y combaten los diluvios

y los repiten, los aprenden y sonríen

cuando sus mayores les dicen, para explicárselos,

que en una vida feliz

no ha pasado, ni está pasando ni pasará nunca nada

y que hallar paraísos de soledad compartida es el objetivo.

Aprenden rápido a repasar los pergaminos y encuentran

hábilmente

el antídoto

contra las mordeduras de los cangrejos y las hormigas carniceras

y poco les importa que en derredor se construyan ciudades de espejismos.

Como está estipulado, serán estirpes condenadas

que ignoran a los coroneles o a los corregidores:

son libres para oler a muerte o pasear sacos llenos de huesos

porque todo es vano y utópico: algo muy lógico en la infancia.

Nosotros los miramos pasar sin darnos cuenta,

mostrándoles nuestros dientes y toda nuestra condescendencia de adultos

dándoles  a todos nombres que ignoramos pero que nos parecen dulces

o les ponemos esdrújulas a sus risas mientras pensamos

que la magia vale poco y que todas estas quimeras

esta utopía fundacional y caribeña

debería extinguirse como se merece.

Y poco a poco

olvidaremos una tras otra sus palabras

y así

la peste del insomnio

nos irá mordiendo las entrañas.

 

Miércoles, 24 Enero 2018 23:48

Zoologías / MIGUEL ANGEL REAL /

 

Zoologías

MIGUEL ANGEL REAL

 

 

 

 

Del poemario inédito “Zoologías”. Publicados previamente en el número OCHO de la revista española

La Galla Ciencia, en octubre de 2017. (Ver también la web http://www.lagallaciencia.com/)

 

 

*

 

 

No desesperes.

Al fin y al cabo

 no lo hacen los pulpos

hasta que sienten el agua

hirviente de la cazuela.

 

 

*

 

Con una sucesión de espasmos de ameba

quise ganarle la batalla a este minuto

pero olvidé recordarte

cómo funcionaba el microscopio.

 

*

 

Cuanto más te conozco

más pienso que el mejor animal de compañía

serían los belfos

cortados, disecados,

de un dromedario

que hubiera conocido los más vastos desiertos.

 

 

*

 

 La inconstancia de las moscas me viene bien

para explicarte mis ganas de cambiar de aires

pero encontrando de algún modo

(obstinada, sinusoidalmente)

el camino de vuelta.

 

 

*

 

Me desintereso por las mareas

y dejo de creer en la responsabilidad de la luna

cuando una ofiura reseca

sobre las rocas

 me conduce a mi infancia

y a mi mezcla de fe y de miedo

en los elementos.

 

 

*

 

Problema:

¿Desde qué perspectiva

debemos observar un rinoceronte

para que parezca

un cordero?

 

 

*

 

Las huellas que borro fácilmente

-en la arena, en el tiempo, bajo las suelas de los fantasmas-.

Los gestos que olvido

-darle vueltas a la sopa con una cuchara de madera,

cambiar de velocidad en el coche,

buscar una moneda en la cartera al comprar el periódico-,

el alcohol que bebo con una rabia mecánica

-al volver a casa y enfrentarme al vacío,

cuando nadie escucha ya el chasquido de mi lengua

contra mi paladar áspero  -:

todo eso es mi camuflaje de camaleón experto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEPT POEMES DE MIGUEL ANGEL REAL

 

Traduits par l'auteur

 

Extraits du recueil inédit “Zoologías”

 

 

 

Ne désespère pas.

En fin de compte

les poulpes ne le font pas non plus

tant qu'ils n'ont pas senti l'eau

bouillante de la marmite.

 

*

 

Avec une succession de spasmes d'amibe

j'ai voulu gagner la bataille contre cette minute

mais j'ai oublié de te rappeler

comment fonctionnait le microscope.

 

*

 

Plus je te connais

plus je pense

que le meilleur animal de compagnie

seraient les lèvres

coupées, empaillées,

d'un dromadaire

qui aurait connu les déserts les plus vastes.

 

*

 

La versatilité des mouches me va à merveille

pour t'expliquer mon envie de changer d'air

tout en trouvant d'une certaine manière

(obstinément, sinusoïdalement)

le chemin de retour.

 

*

 

Je me désintéresse des marées

et je cesse de croire à la responsabilité de la lune

quand une ophiure desséchée

sur les rochers

me conduit à mon enfance

et à mon mélange de foi et de peur

dans les éléments.

 

*

 

 

Problème:

depuis quelle perspective

devons-nous observer un rhinocéros

pour qu'il ressemble

à un agneau?

 

*

 

Les traces que j'efface facilement

-sur le sable, dans le temps, sous les semelles des fantômes -.

Les gestes que j'oublie

-remuer la soupe avec une cuiller en bois,

changer de vitesse en voiture,

chercher une pièce dans mon porte-feuille en achetant le journal-,

l'alcool que je bois avec une rage mécanique

-quand je rentre à la maison et que j'affronte le vide,

quand plus personne n'écoute le claquement de ma langue

contre mon palais rêche- :

tout ceci, c'est mon camouflage de caméléon expert.

 

 

 

 

 

Domingo, 01 Octubre 2017 00:47

LEGADO /Miguel Ángel Real/

  

 

LEGADO

 

 

“escribir es sonreír con un puñal hincado en el cuello,

palabras que se abren como verjas enmohecidas

de cementerio”

Blas de Otero

 

 

Para Ileana Mayanin

 

 

Enseñaré a mi hija a pronunciar palabras;

que sepa nombrar montañas y praderas

y que sepa hablar

de la lluvia como de una alabanza.

Que con labios esmerados

declame la belleza del mundo

y no se olvide

de aclamar atardeceres y de murmurar mares.

Pero le diré sobre todo

dónde se esconden los acentos

en las cunetas donde cayeron inocentes

y que no pierda de vista

la prosodia que recortan

siempre y siempre

las balas.

Quiero que sepa traducir

los silbidos mortales de una ráfaga

en ansia de no callar

que conozca las frases para negarse

a aceptar que otros le dicten un lenguaje

sometido al rasero de opresiones.

Le enseñaré

a decir

a no comerse la lengua

mientras haya manos de niños

hechas llagas por recoger amapolas,

le enseñaré

a hablar un idioma certero

cuyas palabras tengan manos

para apartar la tierra

donde fueron enterradas.

Le explicaré que la prudencia

que muchos me aconsejan

es un sonido fácil de articular,

tan fácil

que con él nos cortamos la garganta

dejando solo un gargarismo que adormece,

un opio de silencio

del que debe alejarse.

Le enseñaré a pronunciar la palabra

solidaria de quien sabe hacerle frente

aun con sus lenguas llenas de llagas

al pobre discursear de los poderosos.

Enseñaré a mi hija a leer palabras,

le diré los adverbios

con los que aprenda a no aceptar

definiciones,

y cómo crearse humilde un diccionario

de lucha

               de resistencia

                                      de futuro

en el que no haya héroes ni valientes,

porque de nada sirve

declamar torpemente en busca de laureles secos:

le diré que hable

por el mero hecho de ser alguien

que pueda cada día mirarse en el espejo

y espero tener fuerza

para poder convencerle

de que con sus palabras

podrá después romperlo, aunque susurre

aunque todos le digan que las voces

no alcanzan objetivos ni derriban torres.

Le enseñaré el valor

de la palabra para afilar palabras

de la palabra para acallar palabras

de la palabra para vivir palabras.

 

 

 

Miguel Ángel Real

30 de septiembre de 2017

 

Entre el fuego y la muerte: el lugar del escritor peruano en "La procesión infinita", de Diego Trelles Paz (Anagrama)

Miguel Angel Real

He aquí una novela sobre las sombras, el olvido y la culpa. Sobre la soledad de aquéllos que se vieron obligados a abandonar su país natal y que, parafraseando a García Márquez, no gozarán ni en cien años de una segunda oportunidad sobre la tierra.

Culpa de recordar. Culpa de olvidar. Culpa de escribir. O de no saber hacerlo.

Originarios de "un país descompuesto donde todo es odio", los personajes están envueltos en una violencia cuyo posible atavismo es una interrogación sobre la esencia o no de lo peruano.  Todos son perseguidos de algún modo por la muerte, que se convierte en una segunda piel de la que es imposible deshacerse. En el fuego cruzado de la represión institucional y de la ceguera senderista, la población (excepto si es blanca y pudiente) vive en un desgarro permanente. Ya lo reflejó Alfredo Pita (al que se alude en la novela) en "El rincón de los muertos"; Diego Trelles Paz habla ahora de la culpa de ser un superviviente entre los estragos causados por la dictadura fujimorista, y va más allá, puesto que sus  personajes  fracasan en la búsqueda de hipotéticos paraísos substitutorios: el sexo, las drogas o el exilio en un París que nada tiene que ver con la bohemia vivida por tantos escritores sudamericanos y que a su vez se halla sumergido en una época de atentados y exasperación social. 

Culpa de no saber escapar. De no poder hacerlo. Porque Diego "el Chato”, personaje de inspiración claramente autobiográfica, sabrá a pesar suyo que la fuga es imposible; aún peor, rebuscar en el pasado para hallar respuestas es inútil. E incluso tal vez sería más conveniente encontrar el modo de olvidar un Perú que es solamente una inmensa llaga. ¿Pero cómo, con todos esos fantasmas que uno encuentra donde menos se espera? 

La virtuosa técnica de Trelles Paz descompone el relato y forma una novela exigente, en la que la variedad de registros y los saltos temporales nos transmiten un desasosiego voraz.

Ese traumatismo del que el autor no puede escapar ilustra además una reflexión sobre el sentido de la escritura. "Para escribir hay que matar", dirá el enigmático Pocho. ¿Es esa entonces la única salida que le queda a un autor para darle sentido a su obra? ¿De qué manera puede el personaje de Diego hacer que sus primeras novelas sean algo más que un lastre en su introspección sobre el problema peruano? Las alusiones a los primeros libros del verdadero Trelles Paz ("El círculo de los escritores asesinos" y "Bioy") provocan una mise en abîme vertiginosa y llenan algunas páginas de una ironía mordaz: la última se transforma en "Borges” y el escritor es acusado de ser tan solo un sucedáneo de Vargas Llosa de cuya sombra es indispensable alejarse.

Culpa de no saber responder a otra de las preguntas esenciales del libro: ¿"de qué sirve el escritor q desconfía de sus palabras?" En efecto, ¿cómo comprender el camino a seguir para pasar del legendario "la literatura es fuego" del premio Nobel al categórico “para escribir hay que matar" que atraviesa la novela como un escalofrío? ¿qué le queda al autor de la novela sino contemplarse en esa procesión infinita como un penitente que deberá pasear su culpa por el mundo, a sabiendas de que nunca podrá reflejar la verdad de lo ocurrido? 

Culpa, en definitiva, de estar vivo en la vorágine peruana y de vivir con el miedo a cuestas, aplastado por la roca de un Sísifo que impedirá eternamente buscar la manera cabal de conocer el lugar que le reserva a uno la muerte que acecha.

 

 

 

 

       

 

 

 

VERBOS POR DENTELLADAS, de Noelia Illán Conesa

Por Miguel Ángel Real

 

 

En 2016 Noelia Illán Conesa (Cartagena, España, 1983) publicó su segundo poemario: “Verbos por dentelladas (RavensWood Books, 2016).

La codirectora de la revista “La Galla Ciencia” utiliza en sus poemas un estilo claro, directo, evocador y nunca recargado, con algunos toques de los "novísimos" en los que homenajea a José María Alvarez y evoca la nostalgia de un pasado idealizado, en el que la cultura (con amplias referencias clásicas tanto en los versos como en las citas introductorias, pero igualmente en el sentido más amplio de la palabra) es un punto de referencia indispensable y vital.


Esa supuesta edad dorada se enfrenta de manera frontal a una realidad mediocre ("Imbéciles de tiro en la sien" en “Lunáticamente”) de la que no obstante la poeta intenta sacar partido a través de lo concreto (la música, el sexo, el cine, las cosas aparentemente banales en las que a pesar de todo encontramos un sentido: "La vida puede ser hermosa con esos pequeños gestos mundanos", en “Casillero del diablo”).

Porque de todos modos este libro nos muestra que Noelia Illán es una autora lúcida y nunca olvida que el presente es lo único que nos queda: en ese sentido no hay ingenuidad y lo real nunca se ve edulcorado. Y es que en este mundo que se hunde, entre sus dudas, nos aferramos a algunos fogonazos (Cf. La tercera parte del poemario, “In media res”).


Pero sea como sea, la tensión vital y poética surge de ese combate que debemos llevar a cabo para alejarnos siempre de todo aquello que sea banal, comenzando por una manera de luchar contra la decepción del aquí y ahora: el viaje, momento esencial que nos ayuda a ser otro y a respirar gracias a las imágenes que nos dejaron tantos lugares visitados, aunque la nostalgia de volver nos quite el aire. (Cf. la primera parte, “Los puntos cardinales”.) 

Entre esas luces, la poesía de Verbos por dentelladas nos ofrece aferrarnos, desde el mismo título, a una sensualidad muy palpable, cuyo objetivo es cambiar el mundo con un simple gesto. Una meta por alcanzar, ya que ese presente en el que nos apoyamos es esencialmente absurdo: ¿sirven de verdad las pequeñas cosas para reconciliarnos con el mundo? Noelia Illán no tiene la respuesta. Sólo nos queda entonces observar.


 

 

 

 

DESCONCIERTO

Hombre astuto

que erró mucho tiempo…

Homero

Reconozco a veces mi vida en algunos sitios.

El café, un cigarro, una taza agradable.

Las Mezquitas me tuvieron dentro,

me perdí en las calles del Bazar.

En Nueva York tengo ropa en la tintorería,

veo caras conocidas en el barrio de Termini,

tratos familiares en Alexander Platz.

A veces, perfecta realidad. Otras, abismo.

Otras veces, sólo soy real en Cartagena.

Y esa sensación me asfixia.

¿Y SI NO TE ENCUENTRO ?

Justo en ese minuto

cuando nos escapamos

al mejor de los mundos posibles

Gil de Biedma

Búscame en el salitre del mar sureño,

en la línea que separa de la tierra el cielo,

en los libros gastados de París

o en el ocaso rosa de Pest.

Búscame en la abstracción del tiempo,

en el merodeo de aquellas casas de oro,

en las sombras del almendro en flor.

Búscame en las manos asoladas de mi abuela,

en los sombreros de copa,

en las tumbas de un cementerio tunecino.

Búscame en las huellas de los perros

y en el relamer nocturno de Marruecos.

No me busques                                aquí.

No estoy.

CASILLERO DEL DIABLO

Y luego, en otoño, el aire seco y vibrante,

cargado de áspera electricidad estática,

que inflama el cuerpo bajo la ropa liviana.

Durrell

La vida puede ser hermosa

con esos pequeños gestos mundanos,

o cuando escuchas un disco de los Dire Straits,

o con un paseo otoñal en esa mar nuestra

que nos vio nacer y nos nace siempre.

Con una boca carente de pudor y de soberbia

cuando muerdes la manzana podrida

del deseo,

y caes torbellino abajo

al fondo más oscuro de la mente,

donde hay unas bragas

y esperma y sangre y tú luces como nunca.

O con las viejas fotografías de mi abuela,

dichosa sobre su moto azul,

donde siempre me parece estar ahí,

retratándola.

Cuando esos crepúsculos

que no son ya rojos, sino dorados y eternos,

clavados para siempre en tu retina,

a fuego en Istanbul, en Buda tatuados.

Con el blanco y negro de algunos filmes,

el grito de ¡Marcello! en la Fontana

las risas de esas chicas que se abren al mundo.

La copa de vino que empapa tus venas,

el verso que arrastra y que araña,

que embruja –oh, sí, esas lecturas

de noches adolescentes-.

Con una conversación, quizá;

una cena en Roma bajo aquellas farolas

amarillas, como las de Pérgamo,

y ese cubata agrio que nos hizo reír en Atenas.

Pero luego,

¿qué hay detrás de todo aquello?

¿comprenderemos algo al final del trecho?

Somos objetos vacíos

que alguien guarda.

AUREA MEDIOCRITAS

Evocando el pasado y los días lejanos

lloraré.

Verlaine

Mi estado es cambiante

-por qué negarlo-,

mudado en aquella o esta circunstancia,

ocasión o lugar donde me halle.

Mi estado es adverso ante una falda,

ante un cigarro mal apagado

o esa laca barata que usas los lunes.

Es catatónico si pierdo en la batalla,

nublado algunas tardes soleadas,

brillante con alcohol y noches,

fálico si la prisa apremia,

si la ley impera descarado.

Voy de lo flexible a lo volcánico,

salvaje cuando hay gente,

pacífica si me entreno.

Evitando el punto intermedio,

alejándome siempre de lo mediocre.

 

 

Noelia Illán Conesa (Cartagena, España, 1983), diplomada en Filología Clásica, es codirectora de la revista de poesía española La Galla Ciencia. Es la autora de de Calamidad y Desperfectos (Las Cosas Triviales, 2012) y Verbos por dentelladas (RavensWood Books, 2016). Ha participado en varios festivales de poesía y ha colaborado en diversas revistas como El Ciervo, El Coloquio de los Perros, Ágora o Meca. Figura en varias antologías y ha recibido diferentes premios de poesía y microrrelatos.

 

 

 

 

 

 

 

“Apalabras” 

inédito

Miguel Angel Real

 

 

 

ignorancias

 

no sé cómo son las alondras

pero me sorprende su vuelo nervioso

lo ignoro todo de las adelfas

pero podría hacer un poema y elogiar su textura

puedo pasar horas bajo un alerce

esperando a que me caiga una manzana en la cabeza

confundo sonrisas

con compromisos

me pierdo en César Vallejo

pero nunca me siento tan completo

viajo

porque no sé lo que mide un kilómetro

no me importa que el mar

no tenga límites

no sé qué es un verso

y aquí estoy

 

 

nuevos vocablos para pasar el día

 

 

parsimonear

iguanear

senderear

porosear

librear

solear

pusilanimizar

poetastrear

 

 

mAYUSCULAS

 

 

hAY qUE vER

lO qUE sON lAs mÁQUINAS:

hOY dÍA

sE oBSTINAN

eN eSCRIBIRLE a uNO

lAS iNICIALES cON mAYÚSCULAS

cUANDO a mÍ sE mE oCURRE

qUE lAS rEVOLUCIONES

cOMIENZAN aSÍ, cON pOCA cOSA.

 

 

instrucciones para el optimismo

 

 

1.- Dejar la página en blanco

2.- Esperar

3.- Apagar el ordenador

(3 bis.- Eventualmente, dejar la pluma sobre la mesa)

4.- Salir de casa

5.- Pasear

6.- Pasear

7.- Pasear

8.- Volver a casa, suspirar

9.- Quitarse los zapatos

10.- Lavarse los pies con agua tibia en una palangana de porcelana de Limoges

11.- Secarlos suavemente con una toalla blanca

12.- Sentir la tarde en la piel de los pies

13.- Sentarse

14.- Encender el ordenador

14 bis.- (Excepto en caso de escribir a mano. En ese caso, antes de mirar la página,

comprobar que el sol no la ilumina directamente,

para evitar ser deslumbrado)

15.- Ante todo, no tocar el teclado

15 bis.-  Eventualmente, y ante todo, no tocar la pluma

16.- Admirar el poema

 

 

contra el fatalismo

 

desti NO

 

 

a favor del fatalismo

 

Sí ma

 

LA CIUDAD DE LOS LABIOS FRUNCIDOS

Miguel Angel Real

 

 

Es una ciudad de viejos que han abandonado sus años

En un pozo olvidado por los años

Hoy camino entre decrepitud como hace tantos años

Desabrimiento, labios fruncidos, frentes que no han arrugado los años

Sino el negar constantemente lo desconocido todos los años

Es decir una insoportable afrenta a los años

Que pasan pero son solo sombra de años

No me explico que los que hace veinticinco años

Tenían treinta años

Hayan recogido el testigo de los años

Firmemente, como un juramento tácito y sólido sobre los años

Y te sigan mirando de arriba abajo como si los años

Y su tierra y su calle y su ignorancia de años

Les diera algún derecho para hacer de los años

Un pretexto para juzgarte y su gesto adusto trabajado con los años

Fuera la única bienvenida a tus años

Paseando por esta ciudad noble y hermosa y con sequedad de años.

Años que envuelven su pereza de años

Su desidia para simplemente sonreír –con los años

Pido ya poco, pero al menos quisiera que los años

Hubieran servido de algo para superar años-

En una cicatriz sobre la cara que impresiona a mis años

Y me hiela y me disgusta y calcifica mis años

Mis ojos mis pies que admiraron las plazas durante años:

La ciudad de las bocas fruncidas tiene aún por delante muchos años.

 

ecos

                                                                                                                     blancas y se

                                                                               lo guardamos                extienda el fuego

                                                     tan solo              entre algodones             por nuestros oídos

                                   en              las voces            para apagar                    provocando un

            ecos                nuestra      que queremos    cuanto sea posible          dolor que ni siquiera

los       que                  mente        recordar              la reverberación            somos capaces

            resuenan         son            mientras              de las cicatrices            de concebir es el

                                   a veces      que aquello         aunque basta con          precio que debemos

                                                     que nos hiere       una chispa para            pagar por pretender

                                                                                 que ardan las fibras     ser cándidos

                                                                                                                     guardianes de ecos

palabra

Basta la palabra para aplacar hachas.

Calma las almas, pasa las alas a la nada,

basta para ajar alambradas hasta la cáscara

para dar a las almas fantasmas la rara paz.

Palabra parada: arpa para la garganta,

mata las larvas de zarzas armadas,

arranca barcas varadas, ataca las fachadas falsas.

Alarma jamás apagada:

la palabra labra, magma a magma,

faca a faca,

zarpa a zarpa,

las amargas babas.

Avanza la palabra,

lacra la mala mañana, la gabarra rajada.

Alhambra alfa, amagada carga, arma.

Palabra: amar a rajatabla

a Amaranta hasta Aracataca.

dudas

El sueño de escritura automática

no es más que un robo

un robot

de malintencionadas maravillas que trascienden.

Se asombran los pies

los peces

los pecios

sumergidos en un vasto

vástago

rechinar de dientes de tan puro

pero llega acaso al corazón el verso

cuando se desquebraja

de inmediato

como una losa podrida por la lluvia y los helechos

por hache o por be

Visitamos Granada

y nos desgarraron el corazón

las alhambradas

*

Él echó

el hechizo

y el hecho

se volvió

helecho

*

Dios

Es una hache.

Por mucho que lo pronuncies

Que lo grites

No existe.

*

e – BOCARTE

es no decir tu nombre

y encontrar una metáfora

para pensar en tu humedad

*

e – BALUARTE

es comprobar que no te resquebrajas

o que es muy difícil

hacer un examen de conciencia

para llegar a ti

 

 

antiguo hotel

El pasado son ángulos
lámparas que ningún soplo de aire balancea
y arcos que no acogen.
En el vacío esplendor
mis pasos no tienen eco
y les falta fuerza a las luces
para ser fantasmas.
Conversa el barniz de las sillas
y las camas esperan disciplinadas.
La geometría del tiempo
ha encontrado una fórmula absurda
que ya nadie escribe sobre las paredes blancas
y las escaleras
conducen hacia la nada de los olvidos.

 

 

Cinco poemas de “Apalabras” (inédito) - Obra finalista en el VI PREMIO DE LITERATURA EXPERIMENTAL, convocado por el SPORTING CLUB RUSSAFA CARLOS MORENO MÍNGUEZ (España, mayo de 2017), y uno más.