Autor:José Gilberto Pérez Ornelas

La nave en la cual viajábamos dio un giro de 180° y la pantalla que teníamos enfrente enfocó un hoyo negro. Otra vez mi rostro impactado a la vista de mis acompañantes.

Me explicó mi amigo DAD que no podíamos acercarnos. Pero las cámaras que esta nave poseía eran tan potentes que podíamos mirar como este agujero negro en cuestión, engullía cuerpos celestes, de tal modo que, me aterrorizó pensar que nos pudiera atrapar.

Miré a DAD, inquiriendo más respuestas. La explicación de DAD fue:

Que nuestro creador, transforma constantemente nuestro universo y que corresponde a ciclos de vida. Transmutando la energía física de los cuerpos celestes en energía invisible a nuestros ojos, es decir convirtiéndola en antimateria. Misma que es verdadera energía concentrada, capaz de evolucionar el universo; cumpliendo un ciclo regenerativo.

Me quedé una vez más un tanto atónito, pensativo, tratando de digerir tal planteamiento.

Aprovechó DADYIN para ordenar cambiar el rumbo del viaje y retrocedió la nave. Internándonos en una galaxia próxima a las coordenadas en que nos encontrábamos. Nos acercamos a un segundo planeta de algún sistema solar de aquella galaxia. La cual antes de acercarnos se observaba en forma de una espiral. Primero arribamos a la luna de este planeta, la cual me pareció ver igual que con la que contamos aquí en la tierra. Con los mismos cráteres producidos por impactos de asteroides y grandes pedruscos cósmicos.

El plato volador se ocultó del sol cubriéndose con la sombra de la luna para observar con todo esplendor el citado planeta. Se miraban nubosidades, mareas y tierra a través de las cámaras; cuando esta enfocaba algunas partes del planeta. Le pregunté a DADYIN, cómo le nombran a este planeta o lo clasifican. Sonrió y me dijo: lo conocemos en esta galaxia y lo tenemos clasificado como Cuars-123 de la galaxia XC-57. Pero no te comento más para que puedas tú mismo obtener tus propias conclusiones al pisar la superficie del planeta al que vamos a visitar.

La gran nave se desplazó y se introdujo a la atmósfera del planeta. Se fue acercando de manera lenta y pausada, atento me encontraba en el ventanal más espacioso, diseñado como balcón, algunos volcanes aún en ebullición con magma volcánico incandescente. Le pregunté a mi único interlocutor, que si el planeta se encontraba en proceso de enfriamiento, me miró a los ojos con su mirada de águila y me dijo: “lo que estás observando es el principio de un mundo generador de vida celeste, igual como inició la vida en la tierra”. DADYIN veía mi incredulidad y me comentó: vamos a bajar a la superficie. Abrí mis ojos y en seguida comenté: ¡otra sorpresa que me parece perfecta!

Al parecer todo lo que nos comunicábamos estaba interceptado por los tripulantes del plato volador. Que en reacción inmediata se desplazó a un espacio amplio o valles, se posó en una vaguada como escondiéndose, la rampa se abrió, salimos. DADYIN tomó en su mano diestra un bastón. Le pregunté: ¿para qué te servirá? Él me contestó: es un arma. Bajamos de la nave, DADYIN y dos personajes más, con unos trajes espaciales incluyendo uno para mí. Me indica DADYIN que no me podía separar del pequeño grupo, debido a los peligros que pudiera tener esa superficie; de pronto, atrás de un montículo nos encontramos con una especie de búfalo el cual al vernos arremetió contra nosotros. Al momento DADYIN disparó sobre el gran animal, el rayo atravesó buena fracción de su cuerpo, iniciando por la cabeza y saliendo por un costado.

Seguimos avanzando, cuando apareció un grupo de habitantes de aquel mundo, que al vernos salieron corriendo despavoridos, rumbo a unas cuevas que se encontraban empotradas en unas laderas. El comandante DAD nos detuvo y nos indicó regresar nave. Al regreso nos encontramos con unos reptiles de dos cabezas, peludos; que me parecieron horrendos. Estos tres reptiles al percatarse de nuestra presencia dieron marcha atrás. Los seres que alcancé a ver se notaban más pequeños que los de nuestra raza. De grandes ojos, con una especie de aleta en la cabeza y en cada hombro. Todos ellos armados con arcos y flechas.

Regresábamos a la nave cuando está se elevó, se detuvo encima de nosotros y con un rayo de luz nos succionó. Al cerrarse la compuerta, debajo de la nave pasó una manada de enormes dinosaurios. DADYIN ordenó retornar y me comentó al mismo tiempo: que se trata de un nuevo mundo en proceso de evolución, con una nueva raza de seres pertenecientes al cosmos.

Tragué saliva y me dije: otro principio, otro planeta, otro cultivo de creación cósmica.

¡Dios, cuanta grandeza infinita tienes!

 

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